La escuela se roba mi alma, la Universidad es una tirana que se secuestra a mi musa en tiempos que más la necesito. Pero me puse de objetivo esta vez no desaparecerme por 6 meses entre lo que tengo vacaciones –risas– así que aquí está la actualización, espero les guste y pronto poder subir el tercer capitulo.

Advertencias: Uso de nombres humanos:

Dinamarca: Soren

Disclaimer: Hetalia y ninguno de sus personajes es mío, solo esta historia y por eso aquí puedo hacer lo que se me de la gana –Insertar risa maligna–


Capitulo 2

Primera cita

Apenas era el primer día desde el inicio del desafío, Berwald esperaba desde temprano alguna provocación por parte del danés, lo que menos deseaba era tenerlo molestando en su casa desde tempranas horas, rogaba a todos los dioses que su plan iniciara muy lejos de ahí.

Para suerte del sueco, a primera hora de la mañana se escuchó el timbre, pensó lo peor pero con agrado observó a un chico vestido de verde y el logo de una florería en la camisa de este. Un enorme ramo de flores había sido entregado en su casa, todas rosas rojas, con ellas vinieron otras dos cosas: Una nota que decía "Estas rosas no son nada comparadas con mi belleza pero te dejaré tenerlas de consuelo. Yo las escogí personalmente. Atte. Soren" y un recibo por cobrar al que recibe de la florería.

Aquel regalo consiguió un tic en el sueco, nunca había sido de que alguien "regalara" flores que después debía pagar el destinatario como modo de conquista. Se le hizo la cosa más extraña del planeta aunque a juicio del danés aquel era un detalle que no podía superarse ni con toda la cerveza del mundo.

Sin más y resignado pagó aquel regalo y fue a dejarlo en la meseta de su cocina, se quedó viendo el arreglo durante unos segundos pensando en que a pesar de haber tenido que pagarlas las flores eran hermosas. Se le hizo como si cada una hubiese sido escogida meticulosamente porque todas parecían estar en el mismo tiempo de sus vidas, no muy abiertas aún pero lo suficiente como para ver los pétalos de esta. Acarició una por mera inercia, notando apenas en ese momento que tenía que hacer algo así con el danés si seguía el consejo de Tino.

Sin notarlo en ese momento el sueco empezó a sonrojarse ya que en su mente se sobrepuso la imagen del danés a la de las rosas, imaginaba diferentes reacciones, desde una cara de pervertido pensando que lo está provocando hasta una cara inocente sonrojada como una colegiala. Sacudió la cabeza, alejando de las flores como si fuesen radioactivas, por un segundo se sintió atraído por la imagen del danés en su mente eso no podía ser bueno en ningún sentido. Se auto convenció que le atrajo solo porque parecía lindo y a él le gustaban las cosas lindas. Tenía que ser por eso.

Decidido a no quedarse atrás, tomó su teléfono y mandó un mensaje algo sobrio pero que supuso el danés entendería: "Al medio día en la cafetería de siempre". Justo en ese instante fue cuando notó que pasaban bastante tiempo juntos, una de sus rutinas era que cada viernes iban a una cafetería en el centro de Copenhague, los dulces en ese lugar le resultaban deliciosos y cerca de ahí había un bar donde ocasionalmente terminaban o al menos el danés lo hacía.

Del otro lado de la línea, el celular del danés comenzó a sonar, mientras este se regodeaba de que su regalo había sido la declaración de guerra perfecta, ese era un reto que ganaría y puede que sacase algunas cosas buenas. En la noche se había puesto a pensar lo que sería tener al sueco rendido a sus pies, puede que se esforzara en darle cosas o prepararle cosas de comer solo para él, incluso se pasó por su mente la idea de tener al sueco en su cama, eso le bastó para despertar con cierto problema usualmente incómodo en la entrepierna producto de un vívido sueño húmedo que había tenido esa noche. Ahora la apuesta se escuchaba mucho mejor que antes. Finalmente dio cuenta del aparatito junto a él y observó el mensaje del sueco, logrando que una sonrisa se formase en sus labios, sabía perfectamente que ese era el primer movimiento del sueco, claro que lo del día anterior no contaba porque no estaba preparado y no era justo.

El danés mandó un mensaje de respuesta: "Claro, ahí te espero Sve, no llegues tarde" Aunque el que siempre llegaba tarde era él pero ese día sería diferente, tenía que esperarlo llegar y recibirlo con su segundo movimiento del día. Sonrió malicioso al pensar en ello, yendo rápidamente a arreglarse. A pasos rápidos corrió a la ducha, metiéndose bajo el agua caliente lo más rápido que podía, luego salió con el misma pero completamente desnudo y a merced de los curiosos. Sacó de su armario un pantalón negro liso y una camisa de un rojo oscuro, claro que si iba a ver al sueco debía ser con sus mejores ropas en ese día. En su cuello como complemento se puso un colgante con la forma de la cabeza de un lobo en plata, eso lo había leído en internet que decía que para dejar una buena impresión debías poner accesorios que hagan a la persona recordarte. Finalmente se alborotó el cabello y se colocó la loción suficiente como para minar una habitación con su aroma, pero suponía que una buena parte del olor se iría en el camino, debía estar seguro de tener un buen y seductor aroma.

Berwald por su parte casi imitó al danés en su casa, salvo lo de salir desnudo al pasillo. Él había pensado en algo parecido, colocándose unos pantalones de un color azul oscuro y una camisa completamente blanca, lo que acentuaba el color pálido de su piel pero al igual el de sus ojos. Su reloj y sus llaves fue lo único que tomó antes de salir de casa, debía confiar en el consejo de Tino y tocarlo lo más posible.

El reloj marcaba las 11:45 por una vez en la vida, Soren había llegado temprano a una cita, por lo que aprovechó para escoger una mesa en el interior, un poco más apartada que otras en todo caso no quería que los curiosos fuesen a echar a perder sus planes. Observó la hora en su celular, comprobando que era temprano, por lo que una sonrisa traviesa se formó en sus labios.

Justo a las 12 en punto, el sueco llegó a la cafetería, llamando un poco la atención como era costumbre al llegar a ese tipo de lugares. A Berwald no le costó nada encontrar al danés, literalmente lo halló por el olor que desprendía, cerca de donde estaba no había nadie más cerca, supuso que era por ese olor que los apartaba. Resignado se fue acercando, viendo la sonrisa del danés cada vez más amplia.

– Buenos días – Dijo el sueco tomando asiento, viendo como lo más natural el hacerlo frente al danés.

– Llegas tarde – Le contestó el danés, pero estaba listo para su movimiento, por lo que se levantó un poco del asiento, inclinándose hacia adelante – Solo por hoy te voy a perdonar. – De la nada plantó un beso en los labios ajenos, provocando que el sueco que apenas pensaba en replicar que llegó a tiempo, se sonrojara como un niño pequeño. Estaban en público, todos los veían, sino era por el aroma casi de zorrillo recién asustado era por la apariencia intimidante del sueco.

–… – Cuando Berwald finalmente reaccionó, se hizo hacia atrás, pegando todo su cuerpo a la silla y mirando paranoicamente hacia los costados escuchando los murmullos de la gente que los había visto. – ¡S-Soren! – Al fin recordó como replicar, mirándolo acusadoramente.

– ¿Qué? Solo te saludé Ber – Exclamó el mayor con una sonrisa que bien se sabía no tenía nada de inocente en ella en ese momento.

Berwald hacía un llamado mental a todos los dioses de que le diesen paciencia en ese momento, para no darle un buen zape en la cabeza para ver si es que lograba acomodarle las ideas. En eso estaba cuando una jovencita, por la ropa que vestía se notaba evidentemente que era la camarera, decidió tomar su orden, extendiéndoles a ambos un par de menús para que escogiesen lo que deseaban pedir. El danés escogió una buena taza de café, uno americano con un trozo de pastel de chocolate blanco. El sueco hizo lo mismo, pidiendo por su parte un capuccino y un trozo del mismo pastel. Ese simple pedido provocó una sonrisa en el rostro del danés.

– ¿Qué? – Preguntó el sueco aún algo enojado pero ahora con cierta curiosidad en el tono de su voz.

– Si querías probar lo mismo que yo, bastaba con pedirme un beso para que lo saborees. – El danés completamente quitado de la pena miraba sonriente al sueco, incluso teniendo el descaro de guiñarle el ojo apenas vio como el color rojo subía lentamente por el rostro sueco.

Aunque claro, en esta ocasión el sueco no se dejaría ganar, tenía que empezar a moverse ya que Soren empezaba a sacarle ventaja con cada palabra que daba. Por lo que un poco nervioso apoyó un codo en la mesa y la palma de la mano en su mentón, para luego extender su otra mano y dirigirla al cabello del danés y sin decir nada, ni quejarse de sus palabras empezó a acariciarle con lentitud. Esta acción tomó al danés por sorpresa, los movimientos del sueco eran lentos y calmados, colmados de algo que no supo distinguir, puede que fuese… ¿Ternura? No estaba seguro de ello, solo de lo bien que se sentían.

Los comensales habían dejado de verles hace un tiempo atrás, por lo que era un espectáculo solo de dos, ver a ambos con un leve color en sus mejillas.

Al sueco se le hizo que jamás había tocado de esa forma a su eterno rival y vecino, justo en las palmas de sus manos, al menos en ese momento ya que incluso el rubio más alegre había cerrados los ojos repegando su cabeza a la mano que le acariciaba. Los minutos se hicieron eternos y por un instante Berwald deseó bajar más la mano y tocar el rostro frente a él, sentir sus mejillas la textura de sus labios o incluso, el sabor de estos. Ese último pensamiento era nuevo, antes había sentido la necesidad de tocarlo, pero el tiempo y la sangre se habían encargado de sepultar ese deseo en lo más profundo de su ser. Era algo indebido a su parecer, algo sucio para alguien como él.

¿A quién le importaban las apariencias? Al menos no a él, eso era algo secundario en ese momento. Le daba la impresión que incluso el aroma del café se había tragado esos litros de colonia que usaba Soren y había dejado su aroma natural, uno que sin lugar a dudas era capaz de hipnotizarlo en muchas maneras.

Finalmente Soren abrió los ojos de nuevo, mirando fijamente al más alto, su mirada no reflejaba su acostumbrada burla sino que era una mirada fija que le daba la impresión al sueco que era capaz de ver dentro de su alma y rebuscar hasta lo más recóndito las piezas que deseaba, jugar con ellas y dejarlas hechas un desorden en su interior.

Si tan solo Berwald supiese, que el que se sentía atrapado en ese instante era Soren, como esas manos lo habían enviado de un momento a otro al cielo y creado el infierno en él ante la idea de perderlas. Trató de negarse a si mismo, lo agradable que era sentirlo de esa forma, sin golpes o insultos de por medio, incluso el silencio que el menor siempre era capaz de crear de una u otra manera, en ese lapso de tiempo se había vuelto algo precioso y sumamente valioso. Sus ojos atentos, seguían el movimiento más fino del cuerpo ajeno, el subir y bajar de su pecho al respirar, el movimiento de sus pestañas, la contracción de su cuello al tragar saliva, la tensión de los músculos cuando se movían para acariciarle.

Era simplemente el instante perfecto, tan perfecto que fue como escuchar un disco rayado cuando la camarera se acercó con el pedido de ambos. Los dos se separaron bruscamente, el mayor con una risita agradeció a la chica, tratando de mostrarse tan coqueto como siempre pero en sus palabras se notaba el nerviosismo que lo embargaba. Por su parte el sueco desvió la mirada, cubriéndose la boca con una mano para que nadie fuese capaz de verlo en un rato.

Debían admitirlo, sus miradas cómplices lo sabían, el día de hoy había sido un empate.


¿Les gustó? Pensaba poner un beso pero creo que aún es demasiado pronto para esas cosas, estos dos tienen que hacer más burradas primero. Agradezco a mis amados lectores por tenerme paciencia, sus reviews me dan ánimos para buscarle un tiempo entre trabajos para actualizar. Cualquier comentario, sugerencia de metiches para aparecer en este fic y que pongan su granito de arena para unir a estos dos o felicitación(osea envíen lo que quieran) es bien recibido.