Harry Potter no me pertenece es propiedad de J.K. Rowling, este fan fic está hecho sin fines de lucro y solo con la intención de entretener.
E P I F A N Í A
C A P I T U L O II
Lo que el Death Eather se llevó
"¡Maldita sea Snape! Ponte a trabajar, ¿No esperarás que yo sea la única que torture por aquí?"
Exclamó Bellatrix de mala gana mientras caminaba entre los cuerpos de los muggles que acababa de eliminar. La pequeña villa ya ardía casi por completo, solo faltaba aquella pequeña casa verde, habían tardado mucho en encontrarla ya que se hallaba muchísimo más apartada del el resto, pero al final Rodolphus la había descubierto tras un gran Encino, ningún muggle se les escaparía aquella noche, Voldemort había ordenado acabar con todo ser viviente en aquella población y así se haría.
"Yo no torturo Bellatrix, yo elimino"
Contestó el hombre con voz calma, y dándole a entender que no agregaría nada más a su respuesta se dio la vuelta haciendo ondear su túnica para luego internarse en la oscuridad del bosque que bordeaba el lugar. No había podido avisar a la orden de aquel ataque, sabía que Bella lo creía un traidor y sus continuos comentarios estaban haciendo mella en el señor tenebroso, no podía darse el lujo de ser descubierto; además era una pequeña villa, con pocos habitantes. Sacrificar unos pocos para salvar millones, cerró los ojos con aquel pensamiento rondando su mente y se alejó… ya todo había terminado.
La mujer lo observó con fastidio y soltó un suspiro de desesperación para luego alejarse un poco de las orillas del bosque, dispuesta a esperar un poco más a que su esposo y Yaxley salieran de una buena vez de aquella casa. ¿Qué tan difícil era matar un par de asquerosos muggles indefensos?
Snape se había internado unos 30 metros en el bosque cuando escuchó el crujir de unas ramas, había algo a unos cuantos pasos de él, tal vez un animal, abrió los ojos y se acercó con lentitud esperando encontrarse con cualquier cosa excepto con aquello.
Frente a él estaba un gran San Bernardo agazapado entre unos arbustos, y a su lado lo que él creyó un pequeño niño con no más de cuatro años, de cabello cobrizo muy oscuro y tez blanca repleta de pecas. Se apoyaba en el perro mientras que con sus brazos sostenía sus piernas ocultando su cabeza entre ellas.
Toda la atención del hombre se concentraba en la escena, así que al caminar entre los arbustos no pudo evitar provocar un ruido seco al chocar con uno, la niña levanto entonces su cabeza con el miedo impregnando su semblante, tenía rastros de lagrimas en los ojos y varios cortes en la cara, brazos y piernas, posiblemente producto de algunos roces con las ramas del bosque. El hombre le sostuvo la mirada por unos instantes y pudo ver como repentinamente la mirada de la pequeña cambió a una llena de esperanza y sin que la pregunta saliera de sus labios, Severus supo que ella clamaba por ayuda.
"¡Snape!"
Escuchó que lo llamaban, la niña volteó hacia el lugar de donde provenía la voz y el perro que hasta ese entonces había permanecido quieto se levantó comenzando a gruñir amenazadoramente en la misma dirección.
Severus permaneció quieto en su lugar, parecía pensar en algo y solo un ligero atisbo de inquietud se divisó en sus ojos.
"¡Snape!"
Se volvió a escuchar la voz, esta vez con más potencia y en ese momento la pequeña percibió como el hombre murmuraba algo incomprensible que la hizo caer en la inconsciencia junto con su perro.
"¡Snape! Por fin te encuentro, debemos irnos de inmediato, la marca ha sido colocada y los aurores no tardarán en llegar"
Exclamó Pettigrew con voz apremiante, al parecer no había ido en su búsqueda por propia voluntad, era de esperarse, al fin y al cabo era una rata traicionera para la cual no había nada más importante que él mismo.
Severus volvió el rostro hacía el pequeño hombre, enviándole una mirada de autosuficiencia que Peter apenas si notó, ya que sus ojos se habían posado sobre la pequeña niña que yacía tendida unos metros más allá de ellos.
"Está muerta, y será mejor que te aparezcas rápido en otro lugar si no quieres morir también"
Terminó por decir el hombre frente a él, señalando unas pequeñas luces que se divisaban a lo lejos, el profesor de pociones sabía que se trataba de luciérnagas pero Pittigrew cogió el anzuelo al creer que eran las varitas de los aurores que el ministerio había mandado al percatarse de la marca que aún se divisaba sobre sus cabezas. Pequeño idiota, cualquiera con dos dedos de frente razonaría el hecho de que los aurores tardarían en llegar como mínimo una media hora y en caso de que fuesen más rápidos no se arriesgarían a ser detectados de aquella forma tan estúpida.
El hombre más pequeño dejó de contemplar a la pequeña y abrió los ojos con horror, lo último que deseaba era quedar recluido en Azkaban, así que sin más se transfiguro a su forma animaga y se perdió entre los arbustos.
Snape sonrió con desprecio en la dirección por la que la pequeña rata había desaparecido para después volverse hacía la niña.
"¿Qué haré contigo?"
Pensó en voz alta observándola con detenimiento, sabía que si dejaba que los aurores la encontraran y la niña les mencionaba el nombre que había escuchado de labios de Pettigrew lo identificarían de inmediato, eso le acarrearía problemas tanto a él como a Dumbledore,si es que dichos aurores no estaban relacionados con la orden. Tampoco podía llevarla a San Mungo, sería ridículo que un Death Eather ayudara a una niña muggle, no podía correr el riesgo de que Voldemort se enterara de algo como aquello o podía darse por muerto. Tal vez sería buena idea matarla…
-Es una simple muggle, ahora huérfana. Le haría un favor si acabara con su vida-
Definitivamente estaba de acuerdo con su mente pero por alguna razón su cuerpo no, de un momento a otro la niña ya se encontraba entre uno de sus brazos, con su mano libre sostuvo por el pelaje al gran San Bernardo y después de prorrumpir un ligero gruñido de fastidio, el profesor de pociones desaparición en la oscuridad que la noche le brindaba un minuto antes de que un par de aurores llegaran al lugar.
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"¡Persephone, papá!"
La niña se revolvía en la fría cama pronunciando una y otra vez aquellas dos palabras, Snape sabía que eso era más que natural, un ataque mortifago no dejaba precisamente hermosos recuerdos; se alejó del caldero y volvió al cuarto junto a la pequeña con una botellita entre sus manos, le daría una poción para dormir sin sueños. La niña en si no estaba mal físicamente, un par de rasguños que una poción curativa arregló de inmediato, el problema era que hacer con la pequeña cuando despertara. ¿Llevarla a un pueblo muggle quizá? O a un orfanato, esa sería la solución más adecuada. Finalmente decidió esperar a que ella abriera los ojos, por ahora tenía asuntos más importantes en los cuales pensar, como que cuentas rendir a la orden sobre el ataque; no podía decir lo que verdaderamente pensaba, sabía como era Dumbledore… como eran todos.
"Que estúpidos, estamos en guerra, las pérdidas son necesarias"
Se dijo a si mismo mientras caminaba fuera de la habitación, pero era inútil convencerlos de aquello y después de todo se sentía en deuda con el director de Hogwarts. Y como si lo invocara en ese preciso instante una llamarada verde apareció en la chimenea de su sala mostrando el rostro del anciano.
"Severus, buenas noches"
Saludó afablemente el hombre
"Buenas noches"
Contestó escuetamente el profesor de pociones, cosa que no asombro para nada a su interlocutor, estaba demasiado acostumbrado a las formas de proceder de Severus.
"Supongo que sabes porque estoy aquí, desearía decirte que te equivocas y que solo eh venido a saludar, pero lamentablemente no es así"
Comenzó por decir ya más seriamente, la gravedad del asunto se reflejaba en sus ojos como una infinita tristeza.
Snape por su parte lo observaba sin expresión alguna, aunque en su interior no se podía identificar otra cosa que fastidio y una mínima pisca de lastima por la situación en la que veía al director.
"Es claro que esta aquí por lo ocurrido esta noche, solo dígame a qué hora y estaré ahí"
Habló al fin ambiguamente, no podía ser más claro, las paredes escuchaban, Albus simplemente sonrió.
"Mañana a primera hora, gracias Severus y buenas noches"
Se despidió el anciano no sin antes sonreír una vez más con calidez paternal para luego disolverse entre las cenizas.
Snape pegó un suspiro casi imperceptible que más bien sonaba como un bufido para luego dirigirse hacia uno de los sillones tras él, quizá por fin podría terminar aquel libro que hacía semanas había iniciado, todo su tiempo se concentraba en la orden y en los Death Eathers por lo que agradeció infinitamente un tiempo de paz aunque solo durara escasos minutos, y en este caso iba a durar escasos segundos ya que en ese mismo instante una ráfaga blanco y café atravesó el lugar hasta posarse sobre él.
Severus sintió el vértigo al caer de espalda sobre el frio piso para luego sentir un peso encima, abrió los ojos con cuidado y observó con enojo al gran perro que se encontraba sobre él, lo había sentido llegar pero no había sido lo suficientemente rápido como para esquivarlo.
"Apártate"
Espetó el hombre tratando de incorporarse, pero el perro parecía tener más fuerza, gruñía cerca de su cara y parecía no tener intenciones de separarse de Snape, el cual simplemente frunció el seño y rebuscó entre su túnica con un poco de esfuerzo debido a la poca movilidad que tenía, aún así de un momento a otro encontró su varita y sin decir una sola palabra hizo que el San Bernardo levitara.
"Maldita sea, no debí traerte"
Gruñó observándolo con desprecio
"Deja en paz a Nerón"
Se escuchó de repente una vocecilla aguda tras de él, Snape se dio la vuelta y se encontró con unos ojos negros enmarcados por un ceño y una pequeña nariz fruncida. Ahí parada con el cabello todo revuelto se encontraba la pequeña niña del bosque con actitud desafiante, Severus reprimió una sonrisa burlona, ¿Qué podía hacerle ella? Era una simple muggle.
"¿Porqué tendría que hacerlo?"
Respondió con voz mortuoria completamente serio en contraste con sus pensamientos, quería intimidarla pero al parecer no funcionaba.
"Porque no le gusta volar, ¿Qué no lo vez en su cara? Va a vomitar si no lo bajas"
Explicó simplemente con un toque de enfado en la voz mientras que caminaba hasta sentarse en uno de los sillones, ya no fruncía el seño pero tenía cara de circunstancia. Snape abrió los ojos asombrado dejando esa expresión por un par de segundos; era su imaginación ¿O una niña lo había dejado sin palabras?
"Yo no limpiare si vomita"
Exclamó nuevamente la pequeña interrumpiendo sus pensamientos, entonces el profesor giró la cabeza hacia él perro para comenzar a bajarlo con cuidado, y en efecto esté tenía un aspecto no muy saludable, ya no gruñía si no que se había agazapado en una esquina de la sala como si realmente intentara aplacar un mareo. Severus lo observó incrédulo volviéndose una vez más hacia la niña.
"Te lo dije"
Comentó ella señalando al perro
"Nerón se marea hasta en el auto"
Terminó su comentario alzando los hombros y sentándose en posición de loto. El hombre arqueó una ceja observándola con desagrado.
"¿No te han dicho que es de mala educción tutear a tus mayores?"
Preguntó tranquila y peligrosamente sereno
"Persephone me lo decía siempre, pero papá decía que eso se dejaba solo para las personas ¡Realmente! importantes, las que hacen una diferencia"
Recitó la pequeña de memoria, marcando la palabra realmente con un gesto de sus brazos. Snape alzó ambas cejas entonces, no sabía si reír o llorar, al final no optó por ninguna y se quedó ahí parado observándola con su mirada más gélida pensando que hacer con ella ahora, él se imaginaba que despertaría hasta el día siguiente pero era claro que se había equivocado.
"¿Qué te pasa?"
Preguntó ella parándose sobre el sillón y observándolo extrañada
"Escúchame bien niño, no lo repetiré dos veces: No debes subirte al sillón de esa manera, cuanto te dirijas a mi no debes llamarme en segunda persona y no quiero que sigas un minuto más en esta sala ya que deberías estar durmiendo"
Prorrumpió por fin como si estuviera reprendiendo a alguno de sus alumnos en Hogwarts. La niña lo observó contrariada, parpadeando un par de veces.
"No sé que es segunda persona, subirse a los sillones es divertido, no tengo sueño y no soy un niño, soy una niña"
Explicó la pequeña con un toque de indignación en la voz
"Me llamo Will Renée Burett"
Completó con orgullo bajándose de un salto del sillón y colocándose a un lado de Snape
-Niña-
Pensó para sí, la verdad no lo parecía, la observó con minuciosidad por un momento y la encontró totalmente andrógina, sin mencionar que ninguno de sus dos nombres le ayudaba de forma alguna a diferenciarse de su sexo opuesto.
"Bien, niño o niña estas en mi casa y por lo tanto debes obedecer mis reglas"
Objetó al final cruzándose de brazos pero sin conseguir una pose demasiado desafiante ya que no pudo permanecer recto sino que tuvo que encorvarse un poco para poder alcanzar una vista completa de Will, era bastante pequeña a penas y le llegaba un poco más abajo de la cadera, comenzaba a lamentarse por no haberle permitido permanecer de pie sobre el sillón.
"¿Dónde están mis padres?"
Preguntó dejando al aire su labio inferior como si hiciera un puchero, estaba por decirle a aquel hombre que ella no le había pedido que la llevara ahí pero después de todo si él no la hubiese ayudado sabía que algo malo habría pasado con ella al final, así que mejor optó por hacer la pregunta que la sacaría de ahí sin sentirse culpable.
Al escuchar la pregunta Snape descruzó los brazos y la observo con seriedad pero sin asombro, ya comenzaba a parecerle extraño y anormal que la niña no preguntara sobre ellos, lo que no sabía es que la pequeña aun albergaba la esperanza de que sus padres también hubiesen sido ayudados por aquel hombre. Era demasiado pequeña y su inocencia se conservaba intacta, de ahí que se encontrara tan tranquila al despertar de lo que ella pensaba era una horrible pesadilla.
"¿No sabes qué pasó con ellos?
Preguntó después de una pausa, la pregunta se le hacía innecesaria pero quería ganar un poco más de tiempo, no sabía si realmente sus padres estaban muertos o si seguían vivos y habían perdido a su hija una vez lograron escapar internándose en el bosque. En su experiencia la primera situación era la más acertada.
"No, no lose, si lo supiera no te preguntaría"
Contestó la niña frunciendo el seño
"Solo alcance a escuchar abracadabra, lo que dicen los magos cuando sacan los conejos de los sombreros, una vez fui a una fiesta con uno"
Continuó pensativa. Snape supo al instante sin duda alguna que los padres de la chiquilla habían fallecido ya que concia a la perfección los efectos de aquella palabra que ella había pronunciado mal; un maleficio imperdonable era imposible de evadir para un muggle. Gravo bien aquella información en su mente mientras que al resto de su parloteo no le dio importancia.
"¿Qué es un muggle?"
Prosiguió con su monologo mientras la curiosidad se reflejada en sus ojos al recordar una de las palabras que los Death Ethers habían pronunciado antes de que ella y Nerón desaparecieran en el bosque.
"Una pregunta a la vez salamandra"
Respondió Snape con voz seca retomando la palabra una vez más
"Tus padres fallecieron"
Comenzó por decir después de una pausa sin tacto alguno mientras observaba a la pequeña Burett sin ninguna expresión en su rostro.
"Y un muggle, un muggle es lo que tus padres eran y lo que tú eres"
Completó cruzando sus brazos una vez más, la pequeña por su parte abrió los ojos con asombro, sus padres no podían estar muertos
"¡Mientes!"
Gritó al punto del llanto sin poder contenerse
"Los Burett no lloran"
Susurró al final limpiando sus lágrimas con el dorso de su mano, la voz de su madre aún resonaba en su cabeza y pensó que tenía razón. Todo tiene solución excepto la muerte solía repetir su padre una y otra vez pero a su corta edad jamás lo había tomado seriamente a pesar de que ambos le hablaban de la muerte como si conversaran sobre el clima.
Al final decidió que llorar no valía la pena, así que se sentó sobre el sillón y observo la chimenea por un largo rato, hasta que de repente se le vino a la mente la misma pregunta que Snape se había hecho desde que la recogió en el bosque: ¿Qué haría ahora? A su edad no pudo pensar en otra respuesta que no fuera el vagar por el mundo en busca de comida y aventuras, tal como hacían los personajes de los libros que su padre solía leerle todas las noches antes de dormir, de repente se le antojo una idea genial, después de todo ella vivía en un eterna lucha contra la rutina.
Severus la observaba con detenimiento, de haber sabido lo que pensaba seguramente la hubiese creído una loca, pero la inocencia de la pequeña Burett le impedía ver que al quedarse sola terminaría por morir de hambre o de alguna enfermedad durante el invierno, la vida no era tan fácil y las cosas no eran como en los libros.
Pero Snape había decidido que no quería saber que era lo que Will pensaba así que ni siquiera intento utilizar legilimency por más curiosa que le resultara la reacción de la salamandra, como había decidido llamarle debido a la similitud de la pequeña con aquellos anfibios escurridizos de cuerpos delgados y patas cortas; sin mencionar que su cabello le recordaba al fuego que los monstruos míticos con el mismo nombre podían apagar.
La niña parecía tranquila lo cual hizo que el hombre pensara que quizá no entendía muy bien el significado de sus palabras, mejor para él, así no tendría que soportar lloriqueos innecesarios; al principio cuando había escuchado su gritó un escalofrió lo había recorrido por entero, ver a la gente llorar le incomodaba y exasperaba en gran medida, estaba enfrascado en aquella cavilación cuando sintió un golpe que hizo que se inclinara hacia un lado, era el San Bernardo que se abría paso entre una pequeña mesa y el profesor de pociones para lograr llegar hasta su ama para después comenzar a lamerle una mano en son de apoyo.
"Estoy bien Nerón"
Le respondió ella con una sonrisa, si su mamá decía que los Burett no lloraban entonces ella no lo haría… Pero entonces ¿Porqué sus ojos seguían lagrimeando?
¿Review?
