Capítulo 1. La (probablemente) nueva vida y el jodido Amargado.

- Está bien, entonces, ¿quedamos a las siete allí para ver la casa? - dije con un tono alegre que no podía disimular. ¡Por fin! No me lo creía. ¡Por fin iba a vivir decentemente! Eso sí, espero que sean buenos tíos; al menos, con el que estoy hablando por teléfono parece agradable, aun que su voz me suena remotamente a la de alguien conocido. A saber.

- Sí, a las siete te esperamos aquí y si te gusta y estas de acuerdo con todo pues ya te puedes quedar inmediatamente. - escuché a través del altavoz del móvil. Suspiré aliviada.

- Muy bien, pues en una hora nos vemos. ¡Muchísimas gracias! - Y seguidamente, después de soltar una despedida pulsé el botón rojo de la pantalla y me tiré en la cama soltando un pequeño gritito de emoción. ¡Por fin me iba a ir de este antro y viviría en una casa normal! Lo único que esperaba es que no me fallara esta buena suerte y todos mis compañeros de piso fueran agradables.

Así, enseguida me levanté de la incómoda cama y me dirigí a la ducha para empezar a prepararme y salir. Cogí la primera ropa que encontré, puesto que lo demás lo guardé en la maleta; se trataban de unos vaqueros y una camiseta de manga corta básica y bastante ancha que me quedaba dos tallas grandes, y unas bambas cualquiera sin marca. Dejé mi pelo rubio suelto, no me gusta demasiado hacer peinados de esos tan dificultosos, soy bastante torpe para ello. Salí de casa emocionada con una mochila, la maleta, y muchísimas esperanzas puestas en ese lugar que a partir de hoy sería su hogar. El viento me dio de pleno en la cara moviendo mi pelo y generando un escalofrío que me bajó de la nuca hasta el final de mi espalda. Hace un poco de frío, pero que más da, a partir de ahora ya no tendré que preocuparme más. ¡Apenas me lo creía!


- ¿Ves como he encontrado a alguien enseguida? Suerte por Levy, que ha hablado con una amiga suya que llevaba tiempo buscando piso. - Dijo el moreno con un ápice de superioridad por haber encontrado una solución rápidamente.

- Sí, pero también sabes que él no sabe nada, y que llegará justo a la hora a la que has pedido a esa chica que venga, ¿no? - dijo el pelirrojo colocándose las gafas. - Y sobretodo, es una MUJER. Aquí todos somos hombres, y ya sabes que él no ha querido nunca aquí a una mujer. - dijo tartamudeando y haciendo hincapié en ese él con algo de temor.

- No me puedo creer lo que has tenido valor de hacer, Gray. - dijo otro chico, de pelo largo oscuro, acercándose a ellos que se encontraban en la barra de la cocina sentados.

- No había otra solución, y la he encontrado hoy. - dijo Gray con un suspiro. - ¿Qué más íbamos a hacer? Yo no tenía intención de que fuera una mujer, pero si nos ha salido esta oportunidad, mejor que mejor. Así, podremos repartirnos los gastos y todo será mucho más beneficioso para todos. - El chico de pelo largo, Gajeel, asintió dándole la razón.

- Que conste que, aun que te de la razón, tú tendrás que ser el que pague su furia. - dijo Gajeel divertido moviendo uno de los numerosos pendientes que tenía en su oreja. Gray bufó exasperado.

- Qué va, no tendré que ser yo – dijo divertido. - La peor parte se la llevará nuestra futura compañera – dijo soltando una risita. - A no ser, que a el señorito le de porque le guste la muchacha. - Todos soltaron una risotada que rebotó en la cocina.

- A ese no le gusta nada… - dijo con exasperación Loke, el pelirrojo. - Por cierto, ¿Laxus sabe de todo esto? - Gray negó con la cabeza.

- ¿Qué va a saber ese? Si no para por casa. Seguro que aún no ha acabado la fiesta a la que se fue anoche – dijo riendo. Los demás negaron con la cabeza, a penas veían a su compañero de piso.

De pronto, todos dieron un bote de sus asientos al escuchar el timbre de la casa. Gray sonrió ampliamente mientras se levantaba de su asiento, yendo hacia la puerta.

- Parece que ya ha llegado nuestra salvación – dijo con una voz cantarina y alegre.


Estaba nerviosa, muy nerviosa, como la noche antes de abrir los regalos de navidad. Los segundos que tardaron en abrir la puerta se me hicieron larguísimos, casi como un día entero. Tragué saliva pero me dolió la garganta, estaba realmente seca.

Por fuera, el edificio parecía hermoso, muy moderno y limpio. ¿Por qué pondrían una habitación tan barata en un piso tan lujoso?

Absorta en mis pensamientos, me sorprendí al escuchar el distintivo sonido de la puerta al abrirse y me encontré de frente con un chico moreno, atlético, alto, y… sí, mi amiga Levy tenía un muy buen criterio, el chico no estaba nada mal; y además tenía una bonita sonrisa. Aun que, al verla, hizo una mueca de sorpresa.

- ¡Vaya, qué sorpresa! ¿Acaso no te acuerdas de mí? - dijo con un tono agradable pero un poco chulo.

- Me temo que… ¿no? - dije algo confundida, girando la cabeza un poco hacia el lado. El chico me dedicó una sonrisa burlona.

- ¿Cómo está tu trasero después de la caída de hace unas horas? - dijo, guiñándome un ojo. La temperatura de mi rostro subió a niveles insospechados en segundos, y me empezaron a arder las mejillas.

- ¿E-eras tú? - dije tartamudeando y mirando al suelo, confundida y avergonzada. Él, me puso una mano en el hombro y me levantó la cabeza con la otra empujándome la barbilla con delicadeza, obligándome a mirarle.

- Sí, pero no te preocupes – dijo divertido. - Fue algo gracioso, y además al final he encontrado lo que buscaba con esos papeles – soltó una risa alejándose de mi y haciendo una seña indicándome que pasara a la que se suponía que iba a ser mi casa.

La primera sensación que tuve fue amplitud y luminosidad, las dos cosas que ansiaba y las dos de las que carecía en esa horrible habitación de hotel. Casi se me humedecen los ojos de la felicidad; además, estaba muy ordenada y limpia para ser una casa dónde vivían tantos hombres. Un punto a favor.

- Bueno, primero vamos a presentarnos – le miré, seguía teniendo esa sonrisa en su rostro. - Mi nombre es Gray, y éstos capullos que ves aquí que no se dignan ni a levantarse a saludar – miró de una forma despectiva a dos jóvenes que estaban sentados en un gran sofá de color café. - Son Loke – saludó con la mano un chico pelirrojo con gafas que parecía bastante inteligente – Y ese de ahí que tiene tan mala pinta es Gajeel – dijo seguido de una risita burlona.

- ¿Quién dices que tiene mala pinta, cabrón? - se levantó un chico de pelo negro y larguísimo lleno de piercings, y con rostro de mala leche. Gray le hizo una mueca y hizo una señal con la mano para indicar que pasaba de él.

- Siento si te asusta un poco nuestra actitud, nos pasamos todo el jodido día así – se pasó la mano por el cabello y sonrió tímidamente. - ¿Nos vas a decir tu nombre, o…?

- Esto… ¡Claro! - Tonta, van a pensar que eres muda. - Yo soy Lucy, encantada. - dije haciendo una leve reverencia como saludo. Todos pusieron un rostro algo confundido.

- Déjate de formalismos anda, aquí lo hacemos así – Gray me cogió de los hombros y me empujó a su pecho dándome un abrazo cálido. De nuevo mi temperatura corporal debía estar a mil, porque me sentía la piel hervir.

- Vas a asustar a la pobre chica con lo gran pervertido que eres, Gray – dijo Gajeel burlón, devolviéndole la jugarreta que le había hecho él antes. Gray le mostró su dedo corazón mientras que con el otro brazo seguía rodeando mi espalda. Yo no me moví. Lo cierto es que como mis padres siempre me habían mantenido bien protegida del sexo masculino, no había tenido demasiados acercamientos, así que cualquier cosa me hacía reaccionar, y qué mejor modo elegía mi cuerpo que el rubor, para quedar bien en ridículo.

- Qué dices cabrón, mira, si ella esta perfectamente, ¿a qué si? - dijo separándose de mi y poniendo una mano en mi cabeza, que miraba al suelo para ocultar lo máximo posible el rubor. Gajeel suspiró exasperadamente.

Y aun que nos acabábamos de conocer y quizá la situación fue un poco violenta y extraña, se sentía mucho más como un hogar que ese horror en el que he estado viviendo hasta ahora.

De pronto, el sonido de las llaves abriéndose rompió el silencio que estábamos manteniendo y todos mis futuros compañeros se quedaron paralizados y pálidos.

- ¿Qué es lo que pasa? ¿Algo no va bien? - dije en un susurro, como temiendo que alguien o algo me escuchara.

"Pobre chica, va a huir de aquí por patas" Pensaron Loke y Gajeel a la vez.

- No cielo, no te preocupes, ¿qué iba a ir mal? - dijo Gray, aun que esta vez con una sonrisa gélida como el mismísimo hielo.

- La puerta de cerró de un golpe quizá demasiado brusco, y entró un chico que se dirigió a la cocina y pasó por delante de todos nosotros con los ojos cerrados y sin prestar demasiada atención. Tenía una mueca seria pero aún así era guapísimo. Suspiró con cansancio mientras dejaba unas llaves en un cuenco en la barra de la cocina y siguió su camino aún con los ojos cerrados (¿Acaso se sabía la casa de memoria?) hasta que chocó contra mi brazo y gruñó con molestia, abriendo los ojos como si le resultara un gran esfuerzo hacerlo. Al verme, arqueó una ceja y me miró con una mueca de asco. Qué desagradable, no tenía nada que ver con los rostros buenos y amables que había en los otros jóvenes.

- ¿Y quién coño eres tú? - dijo con una voz profunda que, aun que me resultaba difícil de reconocer, también era bastante… atractiva.

- ¿Perdona? - dije ya un poco alterada por su actitud, poniéndome las manos en la cintura como si fuera a regañar a alguien. Fruncí el ceño amargamente. Él se limitó a mirarme de arriba a abajo y suspirar agriamente.

- Os he dicho mil veces que no traigáis a mujeres a mi casa – reprochó a los demás, mirándoles uno a uno, e ignorándome a mi. Cada vez me estaba cabreando más la situación.

- Perdona pero si tienes algo que decir sobre mí, me lo dices a mi, no a ellos. - dije interrumpiendo a Gray, que iba a decir algo. El moreno soltó una risita provocadora que no pudo aguantarse y "el amargado", sí, ese era un buen mote para él, le fulminó con la mirada.

- Por estas razones no quiero que las traigas – le dijo a Gray con una voz tranquila pero aterradora. El se encogió de hombros.

- Pues tendrás que acostumbrarte bastante a su presencia, porque será nuestra nueva compañera de piso. - dijo con una sonrisa tímida que buscaba apaciguar la situación.

La tensión podía palparse. Me quedé helada al ver el rostro de el amargado. El silencio proseguía hasta que lo rompió una pequeña risa terrorífica y helada por parte del mismo.

- Perdona, creo que no te he escuchado bien. ¿Qué es lo que has dicho? - dijo acercándose a Gray peligrosamente. Él era un poco más alto que el moreno, la verdad es que los dos comparados conmigo eran enormes, pero el amargado le sacaba unos centímetros a Gray.

- Lo que has oído. Teníamos que pagar las facturas e ir más desahogados, y ella es la solución – dijo señalándome con la cabeza, cosa que me hizo mirar al suelo algo nerviosa e incómoda por la situación.

- ¿Y me tienes que traer a una niñata para esto? Además, ¿no crees que ya somos demasiados? Y, ¿qué coño hace una mujer rodeada de tantos tíos? Que se busque un piso de esos de tías hormonadas e inmaduras – dijo gritando con una voz amarga. Este tío está haciendo que saque mi lado más enervante, y mira que casi nadie lo consigue. ¿Por qué el sí, tan fácilmente? Me moví y me puse enfrente de él dándole con mi dedo índice en el pecho.

- ¿Quién te crees que eres para ir diciendo esas cosas en mi cara? ¿Ni si quiera me conoces pero ya me vas insultando? ¿Quién coño eres tú? - dije molesta y con la sangre hirviendo, pero esta vez de furia y exasperación. El me miró con esos ojos divertidos y criticones que ya me estaba dando cuenta de que le caracterizaban y me cogió sin ningún esfuerzo de la muñeca de la mano con la que le había dado el pequeño golpecito.

- Para empezar, niña, no me toques. - dijo apretando más mi muñeca y haciéndome querer soltar un gritito de dolor, que reprimí, porque no le quería dar el placer de escuchar. - Ni quiero ni voy a conocerte, es más, no necesito hacerlo para criticarte; con lo transparente que eres, solo mirándote ya sé cómo eres, una niñata sin educación y que se cree que puede hacer lo que le venga en gusto solo por ser mujer.

- Eres un puto cínico, no tienes derecho a decir esas cosas. ¡Tú sí que te crees con el derecho de hacer lo que te de la gana! Para empezar, ¿por qué deberías decidir tú si me quedo o no? - dije apretando mi mandíbula con fuerza. Menudo cínico, gilipollas, cabrón y estúpido.

- Pues soy el dueño de la casa – dijo levantando el mentón con aires de superioridad. - ¿Te parece suficiente, niña? - miré a Gray nerviosa, y este giró la cabeza hacia otro lado. No me podía creer lo que estaba pasando.

- ¡Suéltame! - le dije mientras movía mi muñeca y el me soltaba de su agarre.

- Esto… - dijo Loke por primera vez después de toda la escena que acabábamos de vivir. - Gajeel y yo también estamos de acuerdo en que se quede, si no, no podremos con las facturas que nos llegan y tendremos que marcharnos de aquí… - dijo algo temeroso mientras se revolvía el pelo.

El amargado les miró con furia y soltó una risa amargada y nerviosa que hizo que se me erizara el vello de la nuca.

- Vale, parece ser que ya no soy el jodido dueño de esta casa y lo decidís todo por vuestra puta cuenta – dijo mientras se cogía una botella de lo que parecía ser alcohol y se servía una gran copa. - Así que mejor me largo, haced lo que os venga en gana, ya que parece ser que ni mi criterio ni yo existen por aquí – dijo dando un golpe en el armario donde se encontraban las copas y encerrándose en una de las habitaciones dando un portazo que creo que se escuchó hasta en el jodido Himalaya.

Nos mantuvimos en silencio unos minutos. Yo estaba deliberando qué hacer, si coger mi maleta y largarme de ahí por patas o quedarme y joder un rato a ese amargado hipócrita, asqueroso, y mal hablado.

- Bueno, parece que ya has conocido a otro de los compañeros y además dueño, Natsu – dijo Gray cortando el silencio e intentando sonar gracioso.

Realmente, mis piernas sí querían huir de aquel lugar. Ya.


¡Hola hola! Jajajaja, bueno, aquí estoy otra vez. Sí, muy pronto. Me he animado a subir el primer capítulo hoy ya que he visto algunos follows que me han subido la moral muchísimo (ya tengo follows, madre mía!) y bueno, como no había ningun review decidí subir esto para ver si os convencía de escribirme algo bonito, ¡que quiero saber vuestras opiniones y responderos! No seáis tímidos, que es mi primer fic y no sé si lo estoy haciendo demasiado bien.. ¡jajajaja! Bueno, como este año tendré bastante tiempo libre decidí empezar a hacer esto ya que soy una gran fan de los fics y de NaLu, y haber cómo salía el experimento. En fin, espero que os guste mucho pero sobretodo espero leeros! Me encantaría saber que opináis, y en fin... también me dará ánimo para subir más a menudo! Aun que esta historia me apasiona y la verdad me encanta escribirla. Sé que la personalidad de Natsu no suele ser la que le dan en los fics puesto que es un personaje muy alegre y amistoso, pero quería experimentar y hacer la típica historia de te odio pero me gustas... aun que shhh! Que ellos aún no lo saben, es un secreto... jijijijijij. Me siento en cierto modo malvada (sí, soy tonta.) Bueno, voy a ir yéndome ya porque si no, no os dejo en paz nunca. En fin, lo dicho! Espero reviewsssss :333 jajaja