Ok, ok, aquí esta el segundo capitulo espero lo disfruten ya que a mi me costo un buen subirlo.

Estoy en exámenes y próxima ha hacer mi examen profesional así que me tiene bien checada para que no tontee en vez de estudiar.

No se olviden de dejarme un reviews.

CAPITULO 1

-¿Por qué no puedes parecerte mas a Emmett? Es el hijo que nunca he tenido-.

Edward Cullen reprimió un gemido y apretó el respaldo de una de las sillas para invitados de su padre.

-Tienes un hijo, papá. Yo-.

-Últimamente Emmett parece mas hijo mío que tu-.

Edward odiaba aquella conversación, que tenia lugar al menos una vez al mes desde hacia dos años, desde que Carlisle Cullen había decidido jubilarse en un futuro cercano. La elección se reducía a dos opciones: Emmett, el yerno, o Edward, el hijo que no cumplía las expectativas paternas.

-Dime- replico Edward. -¿Ha sido Emmett el que ha duplicado el valor neto de la compañía en solo cuatro años? ¿Fue el que consiguió el proyecto Winterbrook o el trato con West Washington?- hizo una pausa efectista. –No, espera. Fue tu otro hijo el que se deja la piel por esta compañía. ¿Cómo se llama?-.

Edward era asesor y vicepresidente ejecutivo de Cullen Comercial Properties, pero había subido desde abajo, donde empezó cuando estaba todavía en el instituto y donde entro en un puesto fijo cuando se licencio en Derecho. Poseía talento y ambición para continuar lo que había empezado su padre treinta años atrás y mejorarlo. Lo que no tenia era una esposa, que por alguna extraña razón que solo su padre conocía parecía ser importante en aquel terreno.

La mera idea de casarse le hacia ponerse nervioso. Sabia que podía haber matrimonios felices, el de sus padres así lo probaba. Pero sabia también que esa felicidad podía desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

-Emmett no esta preparado para dirigir esta empresa- dijo. –Es muy conservador, tiene que pensar tres veces cada decisión y la mitad de las veces la tima mal. ¿No lo has observado pedir de comer? "Tomare el salmón, no espere, ¿Cómo esta el bistec? O quizá deba pedir una ensalada, ¿Alguien ha probado el chuletón?" Me extraña que no se haya muerto de hambre-.

-No te extrañe- declaro su padre. –Tiene una esposa en casa que le prepara la cena todas las noches-.

-Esta asentado. Ha tomado decisiones en su vida y tiene responsabilidades, tu hermana y mis nietos. No tengo que temer que se fugue a las Fiji con la próxima azafata que conozca-.

-Se llaman auxiliares de vuelo. ¿Y quien dice que no puedo tomarme unas vacaciones de vez en cuando?-.

Su padre hizo una mueca.

-Llamaste el martes por la tarde para decir que no vendrías a trabajar el lunes por la mañana-.

-Me confundió el cambio de horario-.

Su padre suspiro.

-Se que tienes que disfrutar también, hijo, pero en la vida hay que tomar opciones y no puedes seguir siempre soltero-.

Edward soltó un gruñido de frustración. ¿Por qué siempre tenia que volver a la misma discusión? El no evitaba el matrimonio, simplemente no había encontrado a la mujer ideal. Y el, que no conducía el mismo coche mas de un año seguido, ¿Cómo iba a elegir una compañera para los siguientes cincuenta años?

-No todo el mundo tiene lo que tuvieron tu y mamá-.

Pensar en su madre le produjo una punzada de dolor a pesar de loa años transcurridos. Esme Cullen había muerto cuando el tenia doce años y su hermana diez. Después de su muerte, Carlisle se enterró en el trabajo y convirtió su pequeña compañía inmobiliaria en una de las empresas de construcción de desarrollo de más éxito de Chicago. En el proceso, dejo que sus dos hijos sufrieran solos y básicamente también se criaran solos.

Rosalie se había escondido detrás de las responsabilidades de llevar la casa y aprender a ser la sustituta perfecta de su madre. A los veinte años, se caso con su novio del instituto, Emmett McCarty. El entro a trabajar en el negocio familiar, ella se unió a un club de jardinería y juntos crearon a tres niños perfectos.

A Edward la muerte de su madre el produjo la reacción contaría. Apenas podía soportar estar en casa, asi que busco consuelo en los amigos primero y en las chicas guapas mas tarde. Con los años las chicas se habían convertido en mujeres y, aunque siempre había asumido que encontraría una esposa, las mujeres con las que salía no parecían apropiadas para ese papel.

-¿Qué quieres que haga?- pregunto. -¿Casarme con una mujer a la que no quiera solo para poder decir que estoy casado?-.

-Me has presentado a seis o siete novias tuyas y cualquiera de ellas habría sido buena esposa. Tienes que madurar y decidir que es importante para ti… si tu futuro o la próxima mujer hermosa que se te cruce en el camino- su padre se cruzo de brazos. –Yo me jubilo en abril y o pones orden en tú vida privada o tendrás que aceptar ordenes de Emmett-.

Edward apretó la mandíbula y pensó que quizá debería olvidarse del negocio familiar. Era un buen abogado y en los últimos años había tenido ofertas de trabajo de los mejores bufetes de la ciudad ¿Por qué no empezaba de cero?

Se retiro a su despacho y, cuando estuvo sentado en su mesa, gimió con suavidad. ¿Cómo iba a pensar en marcharse? Llevaba aquella compañía en la sangre, había ayudado a construirla y un día debería ser suya por derecho.

Miro los mensajes que su secretaria había dejado en la mesa pero su mente seguía ocupada con el ultimátum de su padre. Carlisle Cullen era muy fácil. Solo tenía que buscar una mujer, enamorarse, casarse y vivir feliz con ella. Pero el amor nunca había sido fácil para el, no sabia por que.

Llamaron a la puerta y su secretaria, la señora Coppe, entro en la estancia. La mujer, elegida para el puesto por su padre después de que Edward hubiera salido y roto con las tres secretarias anteriores, era una antigua sargento del ejército muy eficiente y correcta. Y mas voluminosa que el.

-Tengo correo- dijo. – Han llegado los contratos para el proyecto de la urbanización de Bucktown y el cálculo para la remodelación de DePaul- levanto una revista. –Y la publicación de la que fuera su universidad. Este mes aparece usted en la lista de alumnos-.

Edward tomo la revista que le ofrecían.

-¿Cómo saben algo de mí?-.

-Enviaron un cuestionario hace unos meses y usted me dijo que lo rellenara en su lugar por que no tenía tiempo-.

La lista ocupaba las seis o siete últimas páginas de la revista. Edward busco su nombre y se dio cuenta que estaba ordenado por el año de las promociones. Iba a volver a la página anterior cuando vio un nombre familiar y se detuvo.

-¿Lo ha encontrado?- pregunto la señora Coppe.

-No- el cerro la revista con rapidez. –Lo buscare luego, ahora tengo trabajo-.

En cuanto la secretaria salió del despacho, tomo la revista y volvió a la página.

-Isabella Swan, licenciada en Botánica en el 2000- leyó en voz alta. –Isabella tiene un negocio propio de paisajismo. Windy City Gardens, y ha diseñado una amplia variedad de jardines residenciales y comerciales en la zona de chicago-.

No había pensado en Bella Swan en… ¿Cuánto? ¿Cinco o seis años?

-Ella si habría sido una esposa perfecta- murmuro. –Era tierna, atenta y…- hizo un pausa, se levanto y se acerco a las estanterías que llenaban la pared opuesta, donde busco el libro de textos de contratos de la facultad. Contuvo el aliento y abrió la portada.

Allí estaba, donde lo había dejado años atrás. Desdoblo el papel y lo leyó despacio, sorprendido de que hubiera logrado escribir un contrato decente cuando tenia tan poca experiencia practica. Los términos estaban muy claros y había cubierto todas las contingencias. Una idea cruzo por su cerebro.

-No, no puedo-.

Dejo el contrato en su mesa y volvió a su ordenador para seguir trabajando, pero cuanto mas pensaba en ello, mas comprendía que podía haber una solución fácil a sus problemas. Bella Swan era el tipo de mujer que gustaría a su padre y, veía que salía con ella, quizá retrasara su decisión hasta que encontrara una esposa apropiada.

Levanto el auricular del teléfono y marco la extensión de su secretaria.

-Señora Coppe, quiero el número de teléfono y la dirección de Windy City Gardens, de aquí de Chicago. ¿Y quiero hacer el favor de intentar buscar el número de teléfono personal de Isabella Swan? Seguramente sigue aquí-.

Se sentó en el borde de la mesa y releyó la información de la revista. A Bella siempre le habían gustado las plantas, así que su profesión parecía natural. Y conociendo su determinación y su ambición, seguramente su negocio era un éxito.

De su vida personal no sabia nada. En la revista aparecía su nombre de soltera, pero eso no implicaba que no hubiera encontrado al hombre de sus sueños en los seis últimos años. Después de todo, era lista, bonita y seria una gran esposa para cualquiera.

Volvió a leer también el contrato. Aunque estaba bien escrito, cualquier juez con dos dedos de frente lo rechazaría en un tribunal. Pero era un lugar donde empezar, una excusa para llamar a Bella y ponerse un poco al día. Si tenía suerte, podía reiniciar su relación con ella y ver adonde llevaba.

El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos.

-Señor Cullen, tengo la dirección de Windy City Gardens- Edward anoto la dirección y el teléfono. –No he encontrado el teléfono de su casa, hay varias I. Swan, pero ninguna Isabella-.

-Bien-.

Arranco el papel con la dirección, se lo metió en el bolsillo y tomo las llaves. Al salir se paro en la mesa de la señora Coppe.

-Cancele mis citas para esta tarde-.

-No se va a las Fiji otra vez, ¿verdad?- pregunto la mujer.

-No, solo voy a Wicker Park. Si hay una urgencia, llámame al móvil-.

No había mucho tráfico y, quince minutos después había llegado a su destino.

Aparco delante de un edificio pequeño de oficinas, pero le costo decidirse salir del coche.

-Esto es una locura- murmuro. –Puede estar casada o saliendo con alguien. No puedo presentarme así y esperar que se alegre de verme- se disponía a poner el coche en marcha cuando vio una figura que salía del edificio. Reconoció inmediatamente su cabello chocolate y su aire delicado. Bella se detuvo en la acera para hablar con una chica bajita y demasiado esbelta que le resulto vagamente familiar y un momento después se despidieron y Bella cruzo la calle hacia el coche de Edward.

Este abrió la puerta, sin detenerse a pensar lo que hacia, y salió.

-¿Isabella?- la joven se detuvo y la miro. -¿Isabella Swan?-.

-¿Edward?- una sonrisa ilumino el rostro de ella. –Eres la última persona a la que esperaba ver aquí-.

-Me ha parecido que eras tu- dijo el, fingiendo sorpresa. La miro detenidamente. Era la misma Bella pero diferente, se había vuelto mas hermosa. La última vez que la vio tenía diecinueve años, pero ahora era una mujer.

-¿Qué haces aquí?- repuso ella.

Edward cerró la puerta del coche.

-Iba a… calle arriba aun restaurante- estiro el brazo y le tomo la mano y, aunque lo había hecho sin darse cuenta y no había sido su intención tocarla, en ese momento comprendió lo mucho que lo había echado de menos.

Bella había sido una constante en su vida durante dos años, una amiga que amiga que siempre estaba hay cuando la necesitaba. Sintió una punzada de remordimientos. Nunca se había molestado en darle las gracias ni en devolverle los favores que le había hecho. Miro su mano y paso despacio el pulgar por la muñeca.

-Me alegro mucho de verte-.

Ella se movió nerviosa y aparto la mano.

-¿Qué restaurante?- pregunto.

-¿Que? Oh, no se el nombre- repuso el. –Solo se que esta en esta manzana- sonrió. –Estas muy bien. Ha pasado mucho tiempo. ¿Qué es de tu vida?-.

-Mucho tiempo- repitió ella. –Sí, casi seis años. La ultima vez que te vi, fue el día que te licenciaste en Derecho, pero ya sabes lo que pasa… estamos muy ocupados y…-.

-Siento que no lo hayamos hecho- musito el con sinceridad.

-Yo también-.

Edward sintió el impulso de abrazarla y cerciorarse de que se trataba de ella.

-¿Sabes?- dijo. –Falta meda hora para que tenga que ir al restaurante. ¿Por qué no tomamos un café?-.

Bella retrocedió. –No puedo- repuso. –Llego tarde a una cita. Pero ha sido un placer verte, de verdad-.

-¿Y cenar?- insistió Edward. -¿Este fin de semana? Hay un restaurante asiático nuevo en el centro. Te gusta la comida asiática ¿no?-.

-Este fin de semana no me viene bien- dijo ella. –Oye, me he alegrado mucho de verte-.

-¿Comer?- pregunto el. –Seguro que comes-.

-Nunca tengo tiempo- lo despidió agitando la mano y se alejo por la acera sin volverse.

Edward se quedo al lado del coche, sorprendido de lo deprisa que había terminado todo. Se quedo mirándola hasta que doblo en una esquina.

-Genial- murmuro para si. –Si no puedo conseguir que venga a tomar un café ¿Cómo voy a conseguir que salga conmigo?-.

Lanzo una maldición, pero recordó el contrato y se dijo que solo era cuestión de volver a intentarlo. Y si Bella Swan seguía resistiéndose a sus encantos y rechazando sus invitaciones, no le quedaría otro remedio que usar la única arma que disponía: la ley.

-Quizá podamos pedir un aplazamiento del alquiler-.

Bella Swan se llevo las manos a las sienes y miro el programa que aparecía en la pantalla del ordenador, sabedora de que la sugerencia no supondría ninguna diferencia. Las columnas de números pasaban borrosas ante sus ojos y volvió a sorprenderse soñando despierta con su encuentro de la semana anterior con Edward.

Estaba igual de guapo he interesante, pero diferente, mas sofisticado y mundano. Cuando lo vio parado al lado de su coche, su pulso se acelero y no supo que decir.

Abrumada y exasperada por su reacción, escapo lo mas deprisa que pudo. Ahora era una mujer y no la chica feúcha que estaba loca por el.

Pero Edward no se lo ponía fácil. La había llamado tres veces desde su encuentro y ella le había puesto una excusa tras otra. Se sentía tentada, pero sabia que no podía confiar en si misma cuando estaba con el, que podía hacer que se enamorara de nuevo solo con una sonrisa.

-Bella-.

Levanto la cabeza y puso las manos en la mesa.

-¿Que? Estoy escuchando. Las cifras no encajan, ya lo veo. No ganamos lo suficiente para mantener la oficina-.

Alice Brandon movió la cabeza.

-De acuerdo, ¿Qué pasa? Llevas toda la mañana distraída. Se que tienes muchas presiones aquí, pero siempre te concentras mas. Dime que te ocurre-.

Alice era amiga suya desde la universidad y socia suya de negocios, pero ya había tenido que oír hablar bastante de Edward para que Bella volviera a incluirlo ahora en sus conversaciones.

-No es nada- murmuro.

-Dímelo-.

-No te gustara- le advirtió Bella.

-Eres mi mejor amiga, se supone que tienes que contármelo todo. Es parte del trato. Hablamos de cosas muy personales-.

-Si te lo digo, me tienes que prometer que no le vas a dar muchas vueltas ni intentar analizarlo una y otra vez-.

-Prometido-.

-La semana pasada vi a Edward Cullen- Alice la miro con incredulidad.

-¡Oh, no! ¡Otra vez no! Hace casi dos años que no mencionabas su nombre. No puedes volver ha hablar de el. Ese hombre te ha estropeado para todos los demás-.

-¿Por que?-.

-Por que en los seis últimos años no has conocido a ninguno al que no hayas comparado con el. Cualquiera diría que era una especie de dios, y solo es un imbécil que no supo valorarte cuando te tenía cerca-.

-Estaba en la acera de enfrente, salía de su coche y me lo encontré así de repente.

Alice se tapo los oídos con las manos.

-No pienso escucharte. No te oigo-.

Bella le quito las manos de las orejas.

-De acuerdo, no hablare mas de el, volvamos al trabajo- respiro hondo. –Estamos en noviembre. Aunque consigamos diez contratos nuevos para la primavera, no nos pagaran antes de abril. Cuando decidimos poner este negocio aquí, conocíamos los riesgos. Sabíamos que los jardines no cresen en invierno-.

-¿Y que te dijo?- pregunto Alice.

-Creo que la única alternativa es diversificarse. Haremos decoraciones navideñas. Colocaremos luces exteriores y adornaremos arboles. Podemos llamar a la competencia a ver si les sobre trabajo, tal vez nos subcontraten-.

-¿Sigue siendo tan guapo?- Alice se giro en la silla. –Antes estaba como un tren y lo sabia. Supongo que es mucho esperar que haya engordado unos treinta kilos y se le haya llenado la cara de granos-.

-Recortamos gastos todo lo posible- continuo Bella. –Dejamos la oficina y trasladamos el teléfono. Tenemos que conservar el garaje para guardar el equipo y llamamos a todos nuestros clientes presentes y futuros para ofrecer nuestros servicios como decoradoras navideñas. Y luego buscamos un sitio que nos haga un descuento en luces de decoración-.

Suspiro hondo.

-Pero no creo que pueda poner al día el alquiler. Debo dos meses y tengo menos de cien dólares en mi cuenta-.

-¿Podemos hablar de Edward, por favor?- suplico Alice.

Bella la miro de hoto en hito.

-Has dicho que no querías que te hablara de el-.

-Esta bien admito que tengo curiosidad-.

Bella no necesitaba que la empujaran mucho para hablar del tema. Llevaba seis días pensando en el y sentía que iba a explotar si no podía podía poner sus pensamientos en palabras.

-Estaba diferente- dijo. –Guapo y sexy. Y respetable. Llevaba un traje que le hacia los hombros mas anchos, y el pelo mas corto. Pero parecía tan seguro de si mismo y tan encantador como siempre-.

-¿Qué te dijo?-.

-No lo recuerdo. En cuanto me toco, me… me puse nerviosa. Me invito a tomar un café, luego a cenar y después a comer. Y yo le dije que no y me marche antes de que empezara a babear-.

-Lo rechazaste-.

-Sí. Y no solo entonces. Esta semana me ha llamado tres veces para invitarme a salir. Pero soy fuerte; he decidido que salir con el seria un grave error y estoy dispuesta a no volverlo a ver. Fue un encuentro casual y ya ha pasado-.

-¿Y todavía hace que te suden las manos y se te acelere el corazón?- musito Alice.

-No- repuso Bella. –Bueno, un poco. Pero no soy la chica tonta que rellenaba sus diarios con fantasías de el y no podía dormir pensando en el. Ya no- mintió. –Además, tengo un novio-.

-¿Te refieres a Jacob?-.

-Sí,. El mes pasado tuvimos dos citas. Me llevo al teatro y la segunda vez al cine y a cenar. Es guapo, amable y educado. Un hombre en el que puedo confiar. Un hombre que no me partirá el corazón-.

Jacob Black era un arquitecto que las había contratado para diseñar un jardín para una casa que construía el. Después de eso habían trabajado juntos en otros seis proyectos y Bella se había echo amiga suya. Aunque el parecía conformarse con alguna cita ocasional, ella tenia esperanza de que su relación avanzara a un nivel mas intimo que un beso de despedida en la mejilla.

-Yo sigo pensando que es gay- declaro Alice.

-No lo es. Si viste bien y es muy educado. No todos los hombres que se cuidan son gay-.

-¿No recuerdas que fue lo que los unió? Su amor por Celine Dion y Audrey Hepburn-.

-Tenemos interese comunes. Es tierno, sensible y comprensivo. Y no como Edward, que jamás vería dos películas seguidas de Audrey Hepburn-.

-Y volvemos a Edward- murmuro Alice.

-Si tuviera que elegir entre los dos, elegiría a David sin dudarlo- le aseguro Bella-

Sonó la campana de la puerta y las dos se volvieron a ver entrar a un mensajero.

-Seguro que este hombre nos trae trabajo- murmuro Alice. –O a lo mejor un sobre lleno de dinero-

-¿Es usted Isabella Swan?- pregunto el mensajero.

Alice señalo a su amiga.

-Es ella-.

-Tengo que entregarle esto personalmente y cerciorarme que lo lea-.

Bella tomo el sobre.

-Personal y confidencial-.

-¿De quien es?-.

-No hay remitente- rompió el sobre y saco una fotocopia de un documento escrito a mano. En cuanto empezó a leerlo, reconoció la letra. Miro su firma al pie de la página. -¡Oh, santo cielo!-.

-¿Qué es?- pregunto Alice.

Bella le tendió el contrato y leyó la carta que lo acompañaba.

-En el tema del contrato entre Edward culle y Isabella Swan, debemos discutir el cumplimiento de los términos lo mas pronto posible. He fijado una reunión en mi despacho para mañana las 10:00 de la mañana. Sinceramente, Edward culle, abogado de ejercicio-.

-¿Vamos a hacer su jardín? Vaya, Bella estoy impresionada. ¿Has conseguido sacarle un contrato y evitarlo al mismo tiempo?-.

-Lee el contrato. Esto no tiene nada que ver con los jardines, sino con… matrimonio-.

Alice abrió los ojos. Leyó el contrato y miro estupefacta a su amiga.

-Era una broma- dijo esta. –El estaba triste y yo vulnerable y sugirió que, si seguíamos solos cuando cumpliéramos los treinta…-.

-¿Tiene algún mensaje de vuelta?- pregunto al mensajero.

-No- repuso Bella. –Espero, si- se acerco al joven y le puso el índice en el pecho. –Dígale a Edward Cullen que no pienso casarme con el ni salir con el. Y que si cree que soy la misma chica ansiosa y tonta que lo beso aquella…- se mordió el labio inferior. –No importa. Se lo diré personalmente-.

El mensajero asintió y salió del despacho.

-¿Cuándo besaste a Edward Cullen?-.

-El 14 de febrero de 1998, hace seis años. El estaba borracho yo estaba loca- le quito el contrato Alice. –Esto no puede ser legal, esta escrito a mano y ni siquiera parece mi firma-.

-¿Es tu firma?-.

-Sí-.

-Entonces creo que puede ser legal-.

Bella se ruborizo y sintió un nudo en el estomago.

-Creo que tendré que buscar un abogado-.

-O eso o casarte con Edward- contesto Alice.

Bella se aliso la falda, donde se había formado una arruga durante el recorrido al centro. Había dudado mucho sobre lo que debía ponerse para la reunión con Edward y optando al fin por un traje de chaqueta y falda con zapatos de tacón alto, una ropa que se ponía pocas veces.

El despacho de Edward estaba situado en una de las numerosas torres de oficinas que dominaban el centro de Chicago. Había aparcado en una rampa cercana y, una vez en el vestíbulo, había dedicado unos minutos a descansar y recuperar la compostura.

Todo aquello era muy raro. Con contrato o sin el, no se podía forzar a una mujer al matrimonio, aunque no podía evitar pensar que esa boda podría solucionar algunos de sus problemas mas apremiantes, como el de donde vivir cuando la echaran de su departamento o como juntar dinero para recuperar el negocio.

-No lo amo- murmuro para si. Y repitió mentalmente esas palabras como una especie de mantra.

Se aliso la falda de nuevo y se dirigió al ascensor. Cuando salió en el piso de Cullen Comercial Properties, se encontró con unas puertas de cristal. Una recepcionista guapa se sentaba detrás de un mostrador circular y le sonrió.

-Buenas tardes. ¿En que puedo ayudarla?-.

-Quiero ver a Edward Cullen-.

-Usted debe ser la señorita Swan- la joven salió de detrás del mostrador. –El señor Cullen ha pedido que la lleve a su despacho. Ahora esta reunido, pero no tardara en llegar. ¿Quiere que le traiga algo?-.

Bella hubiera querido pedir un frasco de Valium.

-No, gracias, estoy bien-.

La recepcionista la guio por un pasillo largo y abrió una puerta situada al final.

-Le diré al señor Cullen que esta aquí-.

-Gracias-.

Cuando se quedo sola, Bella miro a su alrededor, demasiado nerviosa para sentarse. Tomo una foto de un pastor alemán que había en el escritorio.

-Se llama Thurgood-.

Bella se volvió y vio a Edward en el umbral, con el hombro apoyado en la jamba. El corazón se le paro y tubo que tragar saliva con fuerza.

-Es bonito-.

-Es un sinvergüenza y lo destroza todo, pero lo adoro. ¿Tu tienes animales de compañía?-.

Bella no contesto. No había ido allí a conversar amigablemente. Abrió el bolso y saco la copia del contrato.

-Me has enviado esto- dijo.

-Sí- sonrió Edward.

-¿Por que?-.

-Creo que esta claro en la carta- repuso el.

-No puedes hablar enserio- Bella miro el contrato. –Cuando hicimos esto, habíamos bebido whisky y champán-.

Edward saco una mano que llevaba a la espalda y le tendió un ramo de rosas.

-Para ti- dijo sonriente. –Rosas inglesas. Tus predilectas, ¿no?-.

Bella sintió un escalofrió en la espalda y su resolución vacilo. Solo tenía que sonreírle y ella aceptaba cualquier cosa. Gimió interiormente. Solo llevaba unos minutos en su presencia y sus fantasías regresaban con fuerza.

-Vas a necesitar algo más que rosas y este contrato ridículo para conseguir que me case contigo-.

Edward dio un paso hacia ella, sin abandonar la sonrisa.

-Pues dime lo que quieres, Bella-.

Ella se arriesgo a mirarlo con detenimiento. Sus rasgos, infantiles en otro tiempo, habían adquirido una cualidad más dura parecía poderoso, decidido. Si de verdad se había empeñado en el matrimonio, ella estaba en apuros. Por que, cuando Edward Cullen quería algo, encontraba el modo de conseguirlo. Maldijo en silencio su pulso, que latía con fuerza, y el rubor que cubría sus mejillas.

-Supongamos por un momento que este contrato es legal, cosa que dudo. Tu estabas borracho y yo estaba bajo la influencia de…- se interrumpió. -¿Por qué quieres casarte conmigo? No hemos hablado desde que terminaste la universidad-.

Edward se acerco hasta quedar delante de ella.

-Puede que no- dijo. –Pero eso no significa que no haya pensado en ti-.

-Eso no cuenta- repuso ella, que si había pensado mucho en el.

-Vamos, Bella. Antes éramos amigos, ¿Por qué no volver a serlo? Estábamos juntos-.

-¿Has sufrido un golpe en la cabeza últimamente?- pregunto ella. -¿O alucinas tu solo? Nunca estuvimos juntos. Tú estuviste con la mitad de las chicas de campus, pero nunca conmigo-.

-Tu eres la única mujer con la que he tenido una mistad-.

Subió una mano por el brazo de ella, pero Bella lo había visto conquistar a muchas chicas, había visto su técnica y no estaba dispuesta a dejarse engañar por sus trucos.

-Vamos ha ser sinceros- dijo.

-Estupendo- repuso Edward. –Estoy a favor de la sinceridad-.

-Por alguna razón sientes de pronto la necesidad de casarte conmigo. Tal vez es una crisis vital tuya o has salido ya con todas las mujeres de Chicago. O quizá se han casado todos tus amigos y ya no tienes con quien salir de juerga, pero en lugar de cortejar a una mujer como es debido, me envías

Era este contrato. Supongo que pensabas que estaría encantada. Después de todo, una chica como yo seria una tonta si rechazara una oferta de matrimonio de un hombre como tu-.

Edward frunció el ceño con expresión confusa.

-¿Qué quieres decir con eso?-.

-Que no me voy a casar contigo. Ya ni siquiera nos conocemos y yo no recuerdo haber firmado este contrato- lo arrugo y lo empujo contra el pecho de el.

Era mentira. Recordaba cada momento de aquella noche y como había soñado que el volviera algún día a intentar cumplirlo.

Edward respiro hondo y soltó el aire con lentitud.

-Has cambiado- dijo. –Antes eras más…-.

-¿Débil, patética, tonta? No soy la misma imbécil que te hacia galletas y te cosía las camisas-.

-Yo no iba a decir eso- el tendió una mano y le toco la mejilla con aire vacilante. –Ya no eres una chica. Eres una mujer muy hermosa, apasionada y testaruda-.

Bella cerró los ojos y se sumergió por un momento en el calor de su mano. Así empezaba precisamente una de sus cinco fantasías principales. Unos momentos después la tomaría en sus brazos y la besaría con pasión. Y si por alguna extraña razón su fantasía se hacia realidad, tal vez pudiera empezar a buscar un vestido blanco y un ramo de novia.

Por que era imposible que pudiera evitar enamorarse de Edward otra vez, suponiendo, claro, que hubiera dejado de estarlo alguna vez.

Trago saliva con fuerza.

-¿Qué quieres de mi?- pregunto.

-Solo que olvides el pasado y vengas a cenar conmigo esta noche. Quiero que tomemos una botella de champán y aprendamos a conocernos de nuevo-.

Bella apretó los dientes. ¿Por qué estaba tan decidido a conquistarla de nuevo? ¿No comprendía lo que podía costarle eso a ella? Movió la cabeza.

-No, no pienso salir contigo y no me casare contigo-.

-¿Por qué no?- pregunto el con frustración. -¿Qué tengo de malo? Soy un tipo decente. Te portas como si fuera un asesino psicópata con joroba y mal aliento-.

-No tienes nada de malo. Simplemente no nos compenetramos-.

Edward soltó una risita.

-¿Cómo puedes saber eso?-.

El se encogió de hombros y se aparto.

-En ese caso, nos veremos en los tribunales-.

Bella cerro los ojos he intento reprimir la ira.

-Tenemos que llegar aun acuerdo- dijo. –Si no me hubieras visto el otro día en la calle, no te habrías acordado del contrato y los dos habríamos seguido con nuestra vida-.

-Puede que si- dijo el. –Pero nos vimos y comprendí lo mucho que he echado de menos, y lo mucho que te quiero en mi vida-.

Bella procuro no pensar mucho en sus palabras; formaban parte de su plan de conquistarla y no significaban nada.

-¿Y el matrimonio es la respuesta?- pregunto. -¿No seria más natural empezar por una cita?-.

-Te lo pedí y dijiste que no. Además, ahora que lo pienso, estoy harto de citas y quiero dar un paso adelante en mi vida- se sentó en su escritorio y la observo con una sonrisa suave.

Bella lo miro de hito en hito.

-No me casare contigo ni saldré contigo. No quiero volver a verte en mi vida y, si crees que puedes imponerme ese contrato estúpido, inténtalo. Te reto-.

Se acerco a la puerta con el corazón galopante y salió deprisa. Cuando llego al ascensor, se apoyo en la pared y cerro los ojos. Imágenes de Edward cruzaban por su mente. Gimió con suavidad. La única alternativa parecía ser luchar contra el. ¿Pero lo era?

-Solo necesito tiempo- murmuro con desesperación.

Tiempo para arreglar sus problemas económicos sin la amenaza de un juicio caro colgando sobre su cabeza, tiempo para entender su atracción por un hombre al que no era posible que amara, y tiempo para convencerse que Edward Cullen no era el hombre de sus sueños.

Pero en un rincón secreto de su corazón no podía evitar preguntarse que pasaría si se casaba con el.

Trago saliva. ¿Y si se arrepentía toda su vida de aquella decisión? En aquel momento parecía ser la única alternativa, ¿pero pensaría igual diez o quince años después?