Slytherin
Ella era Pansy Parkinson, cabecilla del grupo de chicas de Slytherin. La contraparte de Draco Malfoy. Juntos todos, a pesar de ser tan pequeños, se paseaban por el castillo a sus anchas y dejaban en claro qué tan poderosa sería su generación. Se lo hacían saber a todos, en especial a Gryffindor.
Sabía que a Draco le encantaba hacer rabiar a Potter, y en el mejor de los casos, también a sus amigos. Por eso orgullosamente se burlaba del torpe e inútil de Longbottom, y cuando alguien como Parvati salía a defenderlo, se regodeaba diciendo que debía ser muy vergonzoso ser la novia de alguien tan lerdo. Los humillaban.
Así era ella. Así eran ellos. Eran listos, astutos, rápidos. Eran pudientes, elegantes, encantadores. Eran calculadores, fríos, indiferentes. Eran Slytherin.
Se lo hicieron saber a Hogwarts.
xx
Lo bueno de ser una sangrepura… no, no. Lo mejor de ser una sangrepura era la aceptación de la familia Malfoy.
Sus padres habían recibido una invitación cordial a su lujosa mansión para las vacaciones de verano. Eso implicaba mucho tiempo a solas con Draco.
Los cuatro adultos parecían aprobar su relación, y aunque a ella no le importaba mucho su opinión, se sentía en las nubes.
Ella sólo quería estar con Draco. Por eso se las arregló para que los demás invitados, específicamente Crabbe y Goyle, se mantuvieran ocupados con la comida mientras ella subía con vehemencia a la habitación del rubio. Él había rehusado bajar a comer. "Arrebato adolescente" había dicho Narcisa Malfoy; y ella no estaba contenta por tal desplante.
Así que ahí lo encontró, en el balcón de su habitación. Estaba fumando esos asquerosos cigarrillos mágicos. Sintió rabia por saberse reemplazada por un horrible vicio, por eso se encargó de romper y destrozar cada uno de esos dichosos cigarros frente a él, sin magia.
Él la insultó, sus ojos refulgiendo en furia, y ella le pegó en la cabeza, enojada también. Luego él le tiró de los cabellos negros y le siseó que nunca más volviera a pegarle, y ella lo hizo. Entonces, como castigo, él la besó. Con rabia y desespero.
Así fue su segundo beso. Fue amargo, con sabor a humo, seco, con los dientes chocando. No era tierno. Era una batalla. Un mudo y salivoso duelo. Él luchaba para demostrarle quién tenía el control y ella sólo suplicaba más pasión.
Así que durante el verano de 1992, en Malfoy Manor, hubo muchos duelos.
