LAUREN 1.

Veo como Bo se aleja de mí en busca de su destino. Mientras la veo marcharse, todavía con el sabor de sus labios en mi boca, tentada estoy de salir corriendo detrás de ella, abrazarme a ese cuerpo cálido que tanto deseo y dejar que me arrastre con ella en pos de su destino. Ella me lo ha pedido, me ha besado, lleva mi collar. Que más pruebas necesito de que me quiere a su lado. Pero yo, como siempre, saco mi lado científico, analizola situación fríamente y me doy cuenta que después de haberle hecho lo que le hice a la Morrigan supongo más una amenaza que una ayuda para Bo. Todos los faes querrán eliminarme ahora y no puedo dejar que Bo se pelee con toda su especie solo para tenerme a su lado. Y si algo sé hacer bien es proteger a Bo aun a expensas de mi dolor y mi desgracia.

Allí, parada en medio del camino, viéndola alejarse, siento como mi corazón se rompe, pues empiezo a tener plena conciencia de que nuestro amor es imposible. Que por mucho que lo intente siempre habrá algo que nos separará.

Retrocedo en busca de una pared en la que apoyarme , me siento con la cabeza entre las rodillas y dejo que toda esa rabia, esa angustia que me atenaza aflore. Empiezo a llorar, grandes lágrimas corren por mis mejillas mientras mi cerebro abotargado por tanto dolor me envía señales contradictorias. Ideas locas y absurdas para justificar mi amor, mi pasión, para intentar que estuviéramos juntas.

«¿Y si convierto a Bo en humana?» pienso. No, eso no puede ser. No seria Bo entonces. La magia de Bo es esa precisamente. Su naturaleza es la que la define y la hace tan absolutamente maravillosa.

Revertir el proceso. Eso lo se hacer. Puedo convertirme en fae y así estar a su lado. ¿Y ser uno de ellos? ¿Convertirme en aquello que mas he odiado estos últimos años? La prueba definitiva de amor, cambiar mi naturaleza para poder estar con el ser amado. Quizás esa sea la solución. Pero supone para mí tanto sacrificio. ¿Merecerá la pena?

Esas y otras tantas preguntas me vienen desbocadas a la cabeza amenazando con romper mi cordura. Estoy perdida, sumida en el dolor de permitir marchar a Bo de nuevo. No puedo más.

Dejo mi mente en blanco, cierro los ojos y me sumerjo en un duermevela suplicando que la tranquilidad llegue, que mis ideas se aclaren y así poder pensar con claridad el rumbo a tomar.

No sé cuanto tiempo paso en ese estado. Quizás son minutos, quizás horas. Solo sé que al final mi mente se despeja, mis ideas se aclararan y puedo tomar de nuevo el control de la situación. Ya tengo las cosas claras. Tengo que huir y esconderme de los faes, si estos me atrapan me matarán. Buscaré un lugar donde esconderme y me llevaré a la Morrigan, es un seguro de vida contra los ataques de los faes. Siempre está el hecho de que puedo revertir su estado y eso cuenta, y mucho, a mi favor. Después ya pensaré en como resolver la situación con Bo.

Vuelvo al archivo y examino a Evony. Está fría, casi hipotérmica y en un estado semicomatoso. La tapo con una manta que encuentro en una esquina de la habitación y me pongo a registrar la chaqueta de Massimo en busca de las llaves del coche. Evony necesita medicamentos para ayudarla a salir de su estado. Un hospital estaría bien pero no puedo acudir a ninguno. Demasiadas explicaciones. Cogeré el coche de Massimo, meteré a Evony dentro e iré a mi apartamento. Allá tengo medicamentos suficientes.

Encuentro las llaves del coche y salgo al exterior del archivo. Arranco el coche y lo acerco a la entrada. Cuando vuelvo de nuevo al archivo escucho unos ruidos en la habitación, alguien ha llegado.

¡Dios mío, que no sea Bo! Si Bo ha vuelto a por mí esta vez no seré capaz de decirle que no. Me llevará con ella. Se empeñará en protegerme, con lo cabezota que es, y todo se complicará más. Me escondo tras una columna y miro con cuidado hacia la habitación. Junto al cuerpo de Evony está Vex, arrodillado, mirándola fijamente, con ojos tristes.

Ha venido a por mí —pienso—. Tengo que escapar. Me doy la vuelta y calculo con la mirada la distancia que me separa de la salida. No hay mucho espacio, quizás sea capaz de salir de ahí. Cojo aire y me doy un impulso y arranco a correr hacia la puerta. A mitad de camino siento como si una mano invisible me atrapara las piernas y trastabillo, cayendo al suelo.

—Quieta ahí doctora —me grita Vex.

—No creo que vaya a ningún lado Vex, me tienes atrapada.

Vex se acerca a mi y, librándome de sus poderes, me coge de la barbilla y me alza la cara hasta que sus ojos se encuentran con los míos. Veo en ellos una profunda tristeza. Me imagino el dolor que debe de estar sintiendo al ver a Evony en ese estado.

—No está muerta —le digo con suavidad, intentando no alterarlo mucho. Tengo miedo de lo que me pueda hacer si pierde el control.

—Si, está muerta. Yo vi como moría —me dice con voz queda mientras me quita la mano de la cara y se apoya en la mesa del archivo visiblemente afectado.

—¿Tú estabas aquí? ¿Vistes lo qué pasó? Déjame explicarte.

—No me refiero a Evony —me aclara—. Soy un cobarde, pero no soy tonto. Así que aunque me escondí y rehuí la lucha me acerqué al templo. Sabia que lo que estaba por venir, aquello que quería salir de ese portal era muy peligroso, una amenaza para los faes, así que quise ver lo que pasaba.

—¿Qué pasó vex? —le pregunto alarmada—. ¿Está Bo bien?

—Ella está bien. Tu amorcito no ha sufrido daño alguno…físico. Fue Kenzi. Ella cerró el portal y cayó muerta delante de todos.

Súbitamente se echa a llorar desconsoladamente. Me acerco a él y, pasándole el brazo por los hombros, le abrazo intentando consolarle. Nunca imaginé que Vex pudiera tener esos sentimientos por Kenzi. Abrazada a el dejo que mi tristeza salga también. Unas amargas lágrimas asoman a mis ojos. La pobre Kenzi muerta. Algo así tenia que pasar. La otra humana en el mundo fae muerta. Injusto pero cierto, los humanos no estábamos hechos para este mundo.

Vex deja de llorar. Se libera de mi abrazo y, secándose las lagrimas con las manga de su camisa, mira en dirección a Evony.

—¿Y con ella que ha pasado? —me pregunta.

—Vino a ayudar a Bo a luchar contra Massimo —le digo—. Massimo tomó su chi y casi la mató. Luego Bo, después de acabar con Massimo, le dio su chi y la revivió. Pero está semicomatosa. Yo me quedé aquí para ayudarla.

—Para ayudarla. ¿Solo para ayudarla? —dice con una media sonrisa que delata que sabe más de lo que yo creo.

—Vamos Lauren que soy el malo de la película por si no te acuerdas. Y los malos somos los mas inteligentes. Y sabemos descubrir una persona inteligente cuando la tenemos enfrente. Sabemos discernir sus motivaciones. Tu te has quedado aquí por lo mismo por lo que he venido yo aquí. Para ayudar a Bo.

—¿Y cómo crees que la voy a ayudar quedándome aquí? —le pregunto, temiendo saber la respuesta.

—Escapando Lauren. Te quedaste aquí para huir con la Morrigan. Sabes tan bien como yo que si te quedas con Bo debilitaras su posición delante de los faes. Todos los de la oscuridad te quieren muerta —me dice mirando de reojo a Evony—, y casi todos los de la luz también. Bo se empeñaría en protegerte a toda costa y sabes que eso seria malo para ella.

—¿Y tú? —le pregunto—. ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres de mí?

—Ayudarte —me dice—. Ahora que has dejado a Evony hecha una piltrafa "humana" el poder de la oscuridad recae en mí. Soy el nuevo Morrigan y como tal tengo que preocuparme por mi gente. He visto lo que nos acecha, algo oscuro y diabólico que amenaza con destruirnos. El sacrificio de Kenzi ha sido un pequeño inpass, pero estoy seguro de que volverá. Retornará para destruirnos. Como Morrigan tengo el poder de enfrentar a Trick. Estoy seguro que el sabe mas de lo que dice sobre la amenaza que se cierne sobre nosotros. Quiero que se sincere y, después de saber la verdad, quiero llegar a un acuerdo con el para que derogue las leyes de sangre y nos una a todos en un solo bando.

—Eso es muy inteligente de tu parte Vex. ¿y donde entra Bo en tus planes?.

—Ya lo sabes Lauren. Si no no estarías aquí dispuesta a huir a pesar de lo mucho que deseas estar con ella. Bo es la clave. Solo ella puede defendernos de lo que nos acecha.

—Entonces, ¿planeas darle el poder a Bo?

—Exacto —me dice comenzando a reírse—. Un plan genial. Le otorgamos todo el poder de los faes a Bo y nos retiramos detrás de la barrera a ver como la súcubo derrota el mal. Y tú y yo sabemos que eso no pasará si estas con ella. Así que te voy a ayudar a esconderte. Tengo un refugio en las montañas, un sitio que uso de vez en cuando para llevar alegres compañías y desmelenarme un poco. Ya sabes, mi nidito de amor. Y como he escuchado una interesante historia de cómo Evony se convirtió en humana creo que será el sitio perfecto para vosotras dos.

—¿Qué has escuchado? —le insisto viendo como aquel tema le diverte sobremanera y ayuda a disipar la tensión existente entre nosotros.

—Digamos que Evony se comió algo en mal estado y se indigestó —me dice mirándome pícaramente.

—Bueno, no fue exactamente así —le respondo mientras se asoma a mi cara una sonrisa de satisfacción al recordar a Evony y su sabor salado en la boca—. Lo que se comió no estaba en mal estado, simplemente tenia un aderezo secreto. Un picante especial de mi invención.

—Pues si alguna vez me invitas a mí a comer acuérdate que a mi me gusta la carne cruda, sin especias.

Me entra la risa solo de pensar en Vex metido ahí dentro entre mis piernas. Surrealista total.

—Vamos doctora, metamos a evony en el coche y marchémonos de aquí —me dice con una sonrisa en la cara.

Esa sonrisa derrumba el muro de desconfianza que todavía mantengo con respecto a Vex. Realmente él disfrutaba con lo que le había pasado a Evony y el hecho de ayudarme era la manera que tenia de agradecermelo.

—Necesito medicamentos y material de laboratorio, Vex.

—No hay problema. Vayamos al complejo de la oscuridad y allá puedes coger lo que quieras. Además tengo una sorpresa para ti, un regalo de despedida.

Cargamos a Evony entre los dos y la introducimos en la parte de atrás del coche. Cuando me estoy montando en el coche Vex me detiene.

—Aun queda algo por hacer Lauren —me dice

—Dime, Vex.

—Massimo. Este no es sito para el hijo de una Morrigan. Tenemos que llevarlo con nosotros.

—Vamos pues —le apremio—. Si nos demoramos mucho puede que aparezca Bo. Si ella viene no voy a ser capaz de marcharme.

—¡Pobrecita doctora! —exclama dando vueltas a mi alrededor y riéndose—. ¿Que duro es el amor, verdad?

—No seas cabron, Vex.

Entre los dos cargamos el cadáver de Massimo, lo introducimos en el maletero del coche y ambos nos montamos en la parte delantera, yo en el asiento del copiloto y Vex al volante. Tras unos minutos de carretera llegamos al complejo de la oscuridad. Vex pasa de largo la entrada principal y nos introduce al interior a través de una puerta lateral que carece de vigilancia. Una vez dentro nos dirigimos a los laboratorios y, usando mi tarjeta, entramos en ellos.

Rápidamente me pongo a seleccionar medicamentos que podrían ayudar a Evony a superar su estado así como todas las formulas del cambio de especie. Cojo también mi ordenador personal, en el que están todos los archivos referentes al caso. Por ultimo me dirijo al comedor del laboratorio para coger algo de comida para el viaje. Vex se ha marchado nada mas llegar a los laboratorios en dirección a sus habitaciones personales. Me dijo que volvería enseguida.

Cuando estoy acabando de empacar los alimentos que he recogido del comedor oigo un ruido a mi espalda y me vuelvo con el cuerpo tenso, temiendo que alguien me haya descubierto.

Delante mía me encuentro a una mujer enfundada en un traje de cuero, un traje que resalta un hermoso cuerpo, un cuerpo que yo conozco muy bien.

—¡Dios mío, Crystal! —grito mientras corro a abrazarla—. No sabia dónde estabas ni que te habían hecho desde que nos separaron en la celda. Estaba preocupada por ti.¿Estás bien?

—Sí —replica Crystal—. He vivido en las habitaciones personales de Vex y no me ha faltado de nada. Me ha tratado bien.

—Perfectamente bien doctora —dice Vex—. Por si no lo sabes yo soy mas de recibir que de dar así que, después de que la sacara de la celda donde la tenia Evony, se ha pasado todo el tiempo azotando mi culo noche si y noche también.

—Bien —digo mirando fijamente a Crystal—. Me marcho. Tengo que huir de aquí, alejarme de Bo. ¿Quieres acompañarme?

—Por supuesto que si —me dice con voz sollozante—. Yo tengo tanto que hablar contigo. Tengo que arreglar de algún modo lo que te hice. Te acompañaré y te ayudaré.

—Perfecto —clama Vex—. Tres mujeres solas en mi nidito de amor. Lo que daría por ir yo también. Una pena de mis obligaciones.

—Aquí tienes —me dice tendiéndome un papel con una dirección apuntada—. Escóndete aquí y no te muevas hasta que yo te me ponga en contacto contigo. Yo me encargaré de hacerle saber a Bo que estas bien y la llevaré junto a ti cuando todo esto acabe.

Asiento con la cabeza y me abrazo a él.

—Gracias —le susurro al oído dejando un leve beso en su mejilla—. Cuida de Bo, por favor.

—Crystal ayúdame con los bultos.

Ella coje la mitad de los paquetes y yo la otra mitad. Lo metemos todo en el coche y arrancamos. Me invade una gran melancolía mientras conduzco en dirección a las afueras de la ciudad. Una parte de mi se siente aliviada al haber conseguido la ayuda de Vex y haber podido escapar, pero otra parte de mi se siente devastada.

Noto la ausencia de Bo muy dentro de mí y, aunque mi corazón me dice lo contrario, mi mente me hace ver que, quizás, esta es la huida definitiva. Que la tranquilidad de espíritu solo la conseguiré lejos de ella.

Las lagrimas anegan mis ojos al ver alejarse la ciudad. Me siento sola, vacia.

—Mucho dolor veo en esa mirada…y mucho amor —me dice Crystal.

—Demasiado —aciero a musitar mientras rompo a llorar amargamente.

Crystal me coje dulcemente la mano. Me la apreta con ternura y, apoyando su cabeza en mi hombro, me susurra unas hermosas palabras al oído:

—Yo te cuidaré. Intentaré mitigar tu dolor y reparar todo el daño que te he causado...