Era un ofertón, la casa era reciente, sólidos cimientos, extremadamente resistente al desgaste pues dejando de los pisos de madera y algunas columnas decorativas en dos dormitorios de la primera planta. La piedra, el concreto y vigas de acero mantenían aquella construcción de pie y la dejarían así por décadas.
Pujando contra una pareja joven, ganaron la propietaria de un centro comercial y un coronel de las fuerzas armadas de Equestria.
Pero hablemos como un agente de bienes raíces por favor, la casa tenía un total de trescientos setenta metros cuadrados de superficie, arquitectura de la que aparece en las películas, un jardín frontal con césped y arbustos, garaje con capacidad para dos camionetas, las herramientas del señor e incluso una mesa de trabajo. La puerta frontal daba a un pequeño espacio donde habían unas cuantas macetas, los paraguas, unos colgadores para la ropa, la alfombra para limpiarse las suelas estaba justo allí, o, en su defecto, si se era de la costumbre de andar descalzo, se podía poner perfectamente un pequeño estante para los calzados y tres puertas en tres direcciones diferentes, la central daba acceso a la sala que además de tener una hermosa chimenea de piedra negra a mano izquierda, con espacio para colgar una pintura y los premios que deseasen lucir sobre ésta, tenía, si se seguía de frente unos paneles transparentes que daban vista del hermosísimo jardín trasero, a mano derecha, yacía un espacio tan grande como para que cualquier niño se la pasase jugando.
Unas cuantas plantas en el fondo y la piedra aledaña a la chimenea, así como las paredes finamente pintadas con un blanco marfil eran el perfecto lugar. En medio de la espaciosa sala de estar, se situaba un juego de living, del blanco, dos sofás grandes y cuatro individuales, sí, ese sofá blanco que la nueva pareja había mancillado se encontraba descansando en medio de la sala.
Volvamos a la entrada frontal; si se elegía ir a la puerta de la izquierda, se encontraba uno en el comedor, donde había una mesa de madera de aspecto elegante y que tranquilamente alcanzaba para doce invitados, unos vitrales, un vinero e incluso un espacio para colocar otro mueble adicional en el fondo, donde había otro acceso a la sala de estar. La iluminación era fenomenal, viniendo tanto del este como sur por ventanas corredizas.
Nuevamente, volvamos a la entrada frontal, nos queda ir por la mano derecha y, con toda justeza, debe decirse que allí se encontraba una cocina amplia, con una isla de tres metros por dos, un equipamiento completo y el infaltable espacio para el refrigerador súper grande. Ventilación y un acceso a la sala de estar. Si se pasaba por ésta a la sala, se podía apreciar un acceso en frente que no pertenecía al comedor; pero también otra puerta a mano derecha.
Llevemos nuestro recorrido por la derecha; del otro lado de la puerta, unas escaleras en caracol conducían a una planta subterránea; se mostraba un pasillo con dos puertas ubicadas a la izquierda; ambas vacías, podían usarse como se desease. Con eso, nuestro recorrido vuelve a la sala, específicamente al acceso que daba de frente con la cocina.
Allí se encontraban un espacio con escaleras que llevaban a la primera planta, debajo de éstas se encontraba un baño para invitados. Subiendo por las escaleras a la segunda planta, se mostraba la belleza de esta parte de la casa, pues, junto con los barandales, se mostraban dos columnas decorativas de roble. Una ventana de dos metros de ancho alumbraba el pasillo por el que se tenía que girar en 180° hacia la derecha y que daba hasta otra ventana de dos metros, conectando así, visualmente, dos caras de la casa, la que daba con el jardín delantero y la del jardín trasero. A la mitad de aquel pasillo, girando a mano izquierda.
Desde allí, se hacían visibles tres puertas, dos a la izquierda, una a la derecha. La que estaba a la derecha conectaba con una habitación grande, con un baño para la pareja. Mientras las otras dos puertas estaban a la izquierda, dando cada una con una habitación diferente, separadas ambas por un pasillo que ocupaba dos terceras partes de su extensión y terminaba en un estante empotrado. Estas dos eran destinadas para los niños. Pero, tenían la peculiaridad de tener ambos un pasillo exterior, de esos con barandales y una vista del jardín trasero y dos columnas de madera; además, unas plantas colgantes asomaban sus flores para que resaltaran la prominencia del lugar visto desde abajo y hacía un espectáculo el pasearse por allí arriba.
Lo extraño residía en que ambas habitaciones compartían un mismo baño, y que éste tenía una puerta corrediza de un grueso vidrio blanco que con su tamaño, dejaba ingresar una basta cantidad de luz al interior del baño, donde el piso era de baldosas rugosas, las paredes de azulejos blancos con un tema decorativo de tres colores en los bordes, el inodoro a la izquierda, una tina a la derecha y una ducha al centro.
Salvo por el hecho de que ese baño sustraía un poco de espacio de ambas habitaciones que debían obtener su iluminación con ventanas, ubicadas estratégicamente al lado de las puertas que daban a ese pasillo exterior como ventanas en el techo que alumbraban el lugar donde bien podrían estar las camas de los niños o jóvenes en éste caso.
Bien, la casa tenía un precio elevado, el recorrido que hizo el agente de bienes raíces no bastó; pero la casa se vendió sola cuando observaron el jardín.
Desde la sala, solo se puede apreciar el verde del césped, el tronco de una palmera y otro de un pino bastante alejado, en el borde del jardín que daba con una cerca a un callejón que comunicaba la casa con las demás del vecindario y que, de la misma forma, tenían acceso a éste. Pero ya una vez saliendo al jardín, la vista se topaba con una piscina de siete metros por quince, se tenía que ir por la derecha para pasar a la parte trasera del jardín, a la que debían quedarle otros quince metros de distancia, sumados a los veintidós de ancho de la casa, eran un espacio espectacular para poner una mesa de jardín y hasta para jugar.
Sí, con ese detalle, la casa se vendió por sí sola. Los defectos eran el mantenimiento y que se encontraba algo alejada de la ciudad. Era una hora de conducción hasta el trabajo para ambos, cuarenta y cinco minutos para la Crystal Prep, media hora para la Canterlot High School. Pero lo valía, el vecindario era amigable y bastante pacífico, además, los montes llenos de verde estaban a diez minutos de caminata. ¿Cómo decirle que no?
Y como la boda esperaba hasta julio y ya estaban en enero. No hubo más objeciones al juicio de ambos maduros que se habían enamorado como jovenzuelos.
Bueno, así podríamos poner la escena el día de la compra y los subsiguientes.
Pero mis socios y socias, otra fue la realidad al momento de dar la explicación de mudarse a otra parte a sus respectivos hijos.
La hermosa e independiente Sunbed Gleam tuvo que soportar el mayor berrinche de su hija desde los trece años. Claro que, cambiar de un departamento en el centro de la ciudad a un área residencial suburbana con un aire más fresco y sin tanta contaminación humana le fue un completo reto. La promesa de hacer instalar el internet Wi-Fi el fin de semana calmó en algo a la adolescente. Pero ella tenía amigos, tenía una vida hecha allá. No se iría a mudar solo por la crisis de la edad de su madre que se manifestaba en la búsqueda de una pareja.
Ahí Sunny Flare selló su suerte, fue sacada del departamento y puesta en el asiento trasero del convertible de su madre y en cuestión de una hora, llegaron a la propiedad.
Allí estaban dos hombres, había visto a la pareja de su madre, habían tratado de presentarle al hijo del señor militar, pero él no se presentó en esa cena. No tenía nada en contra de ese hombre, era apuesto para su edad, tenía una figura envidiable y esa mirada asertiva típica de los que siguen esa ocupación.
Pero ese no era motivo para alejarla de su casa. Por qué casarse en esa época, ¿Por qué no se esperaban hasta que ella estuviera, no sé, en la universidad? Pensaba al estacionarse el automóvil de su madre.
Bueno, al lado de ese sujeto estaba su hijo, tenía lentes que parecían las bases de los vasos de cristal unidos por cinta adhesiva blanca, una nariz poco atractiva, un cuerpo que estaba dando señales de cambiar y un rostro con granos que ni se molestaba en ocultar. Aquel si era el contraejemplo de su padre. Sobre todo, porque su postura era insegura, con los hombros caídos, algo jorobado, la mirada distraída e incluso las manos inquietas tomándose la una a la otra.
Si en algo podía parecérsele era tal vez en los hombros algo anchos que poseía. Pero, a través de esa chompa de lana amarilla se podía apreciar la fineza de sus brazos; para una muchacha con su pericia era fácil adivinar la anatomía del sexo opuesto y, a juzgar por la postura que tenía, esas piernas flacas de pollo apenas acostumbraban el ejercicio.
En fin, rodando los ojos, apreció ese rostro entre enjuto y sin mucha masculinidad que digamos, una vez más. Le conocía de algún lado. Salieron del coche, por supuesto, su madre fue la primera en saludar a su amante y al hijo de su amante.
Y, por lo visto, la crisis de su madre era tan poderosa que se había enamorado de ese tipo en menos de un año… ya ni recordaba de dónde, ¿Tal vez la iglesia? Pfff… pensó, cómo si ellas fueran a misa. ¿de algún evento que se realizara en el centro comercial? Sí; probablemente era eso... ¡Eso era! Al tipo de lentes le conocía de los juegos de la amistad. Compitió con un tipo de rastas verdes algo atractivo en carpintería. No pudo evitar sonreír por el intento de pajarera que hicieron esos dos.
Dios mío… ¿Qué su madre no pensó en algún momento que un cambio de vivienda sería una completa locura? Pero bueno, ese tal Chips no tenía pinta de pervertido; tampoco era como si fuese capaz de hacerle algo, en la Crystal Prep había uno que otro curso de autodefensa y era humilde al decir que sabía defenderse… solo unos pocos saben qué pasó con los que se pasaron de la raya con la señorita Flare.
En fin, sus cavilaciones llegaron al final cuando el militar le tendió la mano. Por supuesto con una sonrisa saludó amablemente, sin dejar de estar desconcertada. Por supuesto, el hijo de aquel hombre no dejaba de echarle el ojo; claro que, viniendo de él, daba más ternura que indignación. Porque, aceptémoslo, muchachos de su tipo no tenían la menor posibilidad con chicas con el status de ella, romper con eso era romper con el statu quo, es decir, llamar a los perros de la guerra y liberar la anarquía.
Con un labio y una expresión de mírame a los ojos, bastó dar un pequeño golpe con la punta de su pie en el pavimento de la acera para que él se espabilara. Saludarse fue extraño, él le tendió la mano o al menos eso pareció, porque al último momento se retractó y ella tuvo que dejarla extendida, levantar una ceja expectante; solo entonces él la estrechó y, a diferencia de su padre, él tenía un agarre tan suave que se soltaron sin darse cuenta.
Afortunadamente pasó eso… rayos, las manos de ese muchacho sudaban bastante; luego de pasarse su mano por la falda para quitarse ese líquido corporal ajeno, Sunny Flare se esforzó en mantener esa sonrisa.
Era quizás algo difícil de ver; pero el muchacho era indefenso, así como un nido de hormigas pequeñitas en el jardín, de esas que no tienen guerreras que hagan gritar las ciento veinte maldiciones por minuto al picar. Pero de todas formas eran indeseables; la sola idea de vivir allí con él era una locura. Pero su madre ¡A la que debía respetar aun cuando tomaba las peores decisiones le un ultimátum! Y ningún berrinche ni teatrito podría convencerla en esa ocasión.
Era demasiado tarde para jalarse así por un hombre; el otro también parecía de la edad de un adolescente, vamos… tomar esa clase de decisiones… ¿En qué pensaban esos dos?
Pero claro, nadie le pidió jamás su opinión; parece que peor lo era con el muchacho que tenía frente a ella. Abriendo la cajuela de las cosas que habían decidido llevar consigo, ropa, un poco de maquillaje, dos bolsos cada una, unos zapatos y, al diablo, unas pocas maletas de pertenencias personales fueron cargadas en hombros del militar que, sin ningún problema las llevó dentro de la casa.
"Qué hacemos aquí afuera, mejor entramos." Ordenó más que sugerir el de mandíbulas gruesas y mirada firme.
Como si fuese arrastrada por cadenas invisibles, la adolescente siguió a su madre hacia el interior. Seguida por el nerd, miró hacia atrás y vio que éste ya tenía la mirada abajo, pensó en darle una bofetada. Pero no, era un nerd en toda regla, pues no la veía a ella; sino su celular, y no, no estaba chateando, estaba jugando algo, lo intuyó por los ruiditos bobos que salían de su celular. Típico… dijo para sus adentros.
Fue al voltear la vista que se topó con un paisaje digno de un cuadro; los jardines de los vecinos dejaban ver la lejanía, una colina con una arboleda infinita, el césped verde. No fue hasta que entraron a la sala que pudo ver la piscina. Sabía que empacar el bikini era una buena idea.
"Vamos a la cocina, hay algo importante que tenemos que hablar" Sentenció el militar. Ella siguió una vez más a su madre… ya enserio, después de unos minutos, ese tonito autoritario del hombre ese era algo irritante.
Y pues, la cocina era amplísima, para qué molestarse, ni ella ni su madre eran buenas en eso, comer afuera era lo mejor… pero bueno, nunca está de más. Allí, en la isla del centro estaba Laurel, sí, ese era su nombre con las manos apoyadas sobre esta, con la frente arrugada y una mirada seria.
"Deja ese aparato un rato" le ordenó a su hijo y éste volvió a la realidad. "Gracias" Después observó a Sunny Flare. "Sé que todo esto es repentino; Sunny Flare, tu madre y yo lo hemos pensado y considerado; así que a ambos les propongo un trato" ¿Estaba negociando o blofeando? Con esa cara de pocos amigos y esa pinta de tipo duro era difícil saber. "Nosotros pensamos vivir juntos y tal vez a ustedes no les guste todo éste cambio. Así que la propuesta es esta, se quedan ésta semana y si les gusta, se quedan, si no, ya veremos alguna alternativa".
Solo por eso, el tipo se ganaba unos puntos; su madre seguramente había sido difícil de convencer. Pero era una grandiosa idea.
Microchips por su parte, mantenía una expresión poco expresiva, casi una expresión de idiota.
"¿Por qué no van a dar un recorrido por la casa?" Algo tenía ese tipo que simplemente no podía sonar como una sugerencia o un deseo, siempre, todo lo que decía sonaba a orden. "Deja ese aparato" volvió a decirle a su hijo y éste le obedeció guardándolo en el bolsillo de su pantalón caqui, que está por demás decir, que parecía de vendedor de una tienda de electrónicos.
Y sin más ambos fueron prácticamente echados a la sala; era hermosa, era amplia, ya tenía una alfombra, de esas que podrías pisar con los pies y sentir el terciopelo más fino. Se sintió tentada a hacerlo, pero vamos, no era adecuado.
"Sunny Flare, no sé si me recuerdas" empezó diciendo el muchacho; al menos no tenía una voz ronca o el gallito exagerado. Era algo suave, pero bien definida, bastaba con eso.
"¿Los juegos de la amistad?" Preguntó retóricamente.
"Sí"
"Oye, no te ofendas, pero no recuerdo tu nombre"
"Oh, soy Microchips" Respondió éste.
"No se repriman, vean la casa, será suya después de todo" La voz de laurel desde la cocina los tomó por sorpresa.
"Creo que mejor le hacemos caso al general"
"Es un coronel" Dijo el muchacho con poniéndose en marcha.
"Ajá" Respondió ella con algo de altivez. Por supuesto, a ambos algo les guio hasta el jardín y allí estaba la hermosa piscina, los árboles y el césped perfectamente cortado. Era hermoso, esa era la principal diferencia a un departamento en el centro de la ciudad o la anterior casa en los suburbios cercanos a la CHS.
De inmediato la muchacha se fue a sentar al borde, quitándose los tacones para sentir el agua entre sus pies. Era simplemente maravilloso. A ella le encantaba ese tipo de cosas. Él se quedó en la puerta.
Todo era extraño, pasaba demasiado rápido… ya ni siquiera sabía cómo reaccionar; claro que volvería a su departamento. Pero… maldito militar, de seguro sabía que esa casa era de ensueño. Pero su vida cerca de su escuela no podía irse sin más; sabía que la distancia mataba la misma, tal vez hasta tendría que dejar de ir a su escuela.
Eso bastó para que sacara los pies de la piscina y observara al muchacho. Éste, tomado por sorpresa.
"Oye, acércate" le dijo con un susurro. Y, éste obedeció. "Todo esto es una locura, está bien que nuestros padres quieran; pero eso no es razón para que nos hagan esto ¿Me equivoco?"
"No, claro que no" Le respondió el adolescente.
"Bien, escúchame Micro… eee…"
"Microchips" Dijo el muchacho con algo de molestia
"Perdona, tu nombre es difícil" se excusó "El plan es que mañana por la mañana tú y yo hablamos con nuestros padres y les decimos que basta de ésta estupidez"
"No sé si vaya a funcionar"
"Tú solo hazlo, ya verás que funciona" Insistió ella. Poco antes de girar la cabeza para apreciar la segunda planta. Sus ojos se deleitaron con la fabulosa arquitectura, con las plantas colgantes, con el balcón que daba a una habitación en lo que parecía ser la parte trasera de otras dos.
De inmediato se levantó para entrar a la casa, dejando al muchacho callado, se encontró con Laurel y su madre en la cocina.
"Lo de arriba"
"Son sus habitaciones, cariño. Pueden elegir la que gusten" Ni bien lo oyó, la adolescente ya estaba subiendo las escaleras que apenas encontró. Llegó a la segunda planta, se confundió con el corredor, pero reconoció a la perfección las puertas. La de la izquierda daba a una habitación con una ventana en el techo, tenía un espacio amplio, más que su habitación; pero algo tenía que no le gustaba. Quizás el color vino de las paredes… salió y llegó hasta la puerta de la derecha, allí estaba, se enamoró de ella ni bien puso un pie en ésta, no tenía la ventana en el techo, es cierto; pero tenía una más amplia, una cama en el centro que era bastante amplia, un escritorio a su derecha, un armario enorme empotrado y la puerta que daba con el balcón; una vez afuera se topó con la mirada de Microchips.
"No me mires desde allá abajo" Dijo ella dándose cuenta de que estaba usando falda y usando sus manos para apegarla a sus muslos.
"Yo no estaba"
"Como sea, ésta es mi habitación y la de la derecha es la tuya" Ordenó la muchacha.
Lo sé, no fue un capítulo zabroso. Eso vendrá pronto. Gracias por comentar. Y, para aclarar las cosas, el padre de Microchips y la madre de Sunny Flare son mis OCs. Hasta la próxima socios y socias.
