Capitulo 1
Había anochecido ya, Ciel Phantomhive se encontraba revisando los informes acerca de una serie de asesinatos, los cuales no habían podido ser descifrados por Scott Land Yard.
- - Tsk- chasqueo molesto, arrugando el papel que sostenía en las manos y arrojándolo a un lado- Esos inútiles!
- - Sucede algo Bocchan?- pregunto Sebastian entrando para servirle el te
- - Ha habido 4 asesinatos y Scott Land Yard no ha podido hacer nada
- - Por eso ha solicitado la cooperación de usted
- - como perro guardián de la reina es mi deber detenerlo antes de que se cometa otro asesinato mas; Sebastian! Prepara todo inmediatamente
- - Yes my lord!- respondió este haciendo una reverencia- Parece que esta noche tendremos visitas Bocchan- murmuro el demonio antes de retirarse
- - Visitas?!- exclamo Ciel dándose la vuelta hacia la enorme ventana que estaba detrás de el.
Ahí estaba ella recargada, su ondeante cabello azul que se mecía con el viento era inconfundible. Así como su vestimenta, poco común en una chica de esa época.
- - Hi mocoso- lo saludo alegremente entrando al estudio, a pesar de que Ciel ya era más alto, ella jamás había dejado de llamarlo así
Ella siempre había sido de esa manera, aparecía en las ventanas o los tejados,
- - Parece que apareces justo a tiempo- le dijo Ciel burlonamente
- - Bueno, supongo que sabes que tengo un importante trabajo
- - Sabes algo acerca de esto?- le pregunto entregándole un diario con la noticia de los 4 asesinatos
- - Tal parece que te implicaron en esto- le dijo la shinigami tomando el diario- es un ritual, acaso no es obvio…. Parece que hoy es el ultimo día
Ciel la miro con sorpresa, tomo su capa y sombrero y salió apresuradamente de ahí.
Esa noche seria el desenlace, estaban frente a una casona destartalada en las afueras de la ciudad, a juzgar por la fachada, dirían que ese lugar llevaba muchos años abandonado
Entraron, todo ahí olía a humedad, cera de velas y sangre, se escuchaban canticos y rezos en lo más profundo de la casa, que hacen un profundo eco que retumbaba en las paredes.
Recorrieron sigilosamente la casa, llegaron al sótano, donde había un altar, y frente a estas varias personas con capas, recitando los rezos y los cantos.
Justo cuando los cantos aumentaron, legaron al clímax haciendo el sacrificio de la víctima, una terrible energía se desato en la sala, y un fuerte aeronazo apago las velas de la estancia, después una a una se encendieron con llamas azules. Sobre el altar apareció una chica alta, delgada, bastante bien atribuida, vestida con un sujetador de piel negra, y pantalones cortos ceñidos del mismo material, traía unos guantes con dedos recortados, y botas de tacón muy alto, sus ojos emitían un brillo rojo sangre, en su ombligo tenía una arete de diamante, y en su cuello un collar de piel. Llevaba con ella un boken de madera, además de que su larga cabellera castaña le llegaba a la cadera,
Observo detenidamente a los presentes, que no dejaban de alabarla, se aproximo a uno de ellos, seductoramente lo tomo de la barbilla, sonrió macabramente y en un instante acabo con él. Después con agiles movimientos acabo con todos ellos, exceptuando una pequeña de aproximadamente 10 años que estaba encadenada a la pared, su cabello lucia lleno de polvo, y tenía manchas de suciedad en la piel.
- - Cuál es tu deseo? - le pregunto a la niña
- - Crear una noche eterna- respondió la niña fríamente- hacerlos sufrir a todos, y hacer que el caos reine en este mundo
La chica se hecho a reír macabramente, después se aproximo a la niña y mordió suavemente su cuello, haciendo que brotara sangre e su pequeña herida la cual de inmediato tomo la forma de una estrella de 5 puntas.
Ciel ordeno detenerlas de inmediato, Sebastian se quito sus guantes blancos, y se lanzo al ataque con Jill. Aquella demonio ni se inmuto con la presencia de ambos, Jill lanzo una rápida estocada, pero la esquivo con mucha facilidad, después le planto una patada en el estomago.
- .
- Z- Ara?!- exclamo al ver a Jill en el suelo- Una shinigami- después volteo a ver a Sebastian- Y mi amado demonio, que nombre estas usando esta vez? Y que haces vestido de pingüino?
- - De verdad esperaba no tener que volver a verte… Luna- dijo Sebastian cortantemente- Además, soy el mayordomo de la familia Phantomhive
- - Un mayordomo- se rio- Vaya que has caído bajo esta vez Kalipso
- - Mi nombre es Sebastian- la corto repentinamente- Ese es el nombre que me fue dado por mi amo- agrego lanzando los cuchillos de plata contra ella
Luna los tomo con la mano, y los lanzo contra Sebastian y la joven shinigami que acababa de incorporarse. Sebastian tomo a Jill en brazos para esquivar el ataque de Luna, pero ella aprovecho que habían bajado la guardia y le propino un par de fuertes patadas a ambos. Estaba por golpearlos más, pero la niña ordeno que quería retirarse.
- - Me he aburrido de este juego- le dijo fríamente- no es para nada emocionante si tu presa ha dejado de defenderse
- - Tiene razón my lady- le dijo Luna a la niña aproximándose al altar nuevamente. Una vez que la presa deja de defenderse, solamente queda….desmembrarla!- Agrego de pronto lanzando la daga del sacrificio contra Sebastian, pero antes que este pudiera hacer algo, Jill se interpuso cubriendo a Sebastian con su cuerpo, recibiendo la daga en su hombro izquierdo- Hubiera sido denigrante ver cómo te arrastras- agrego Luna tomando a la niña- Nos volveremos a ver Kalipso- le dijo a Sebastian desapareciendo con su joven ama.
Jill estaba herida en brazos de Sebastian, este la sostenía con preocupación ya que la herida no dejaba de sangrar.
- - Bocchan!
- - No tenemos tiempo de llevarla a la mansión del bosque!- exclamo Ciel- Sebastian, tenemos que ir a la casa de Londres rápidamente
- - Déjense de tonterías- dijo Jill con dificultad- soy una shinigami recuerdan, pronto estaré bien
Sebastian cargo a Jill en sus brazos para llevarla a la casa de Londres de Ciel. Una vez que llegaron, Sebastian instalo a Jill en la habitación del fondo, después le quito la camisa blanca de vestir dejándola solamente con su blusa ceñida al cuerpo. Limpio la herida y le puso un vendaje para contener la hemorragia. Después preparo la cena para Ciel, y lo ayudo a preparase para dormir.
Una vez que Ciel se retiro a dormir, Sebastian le llevo la cena a Jill, cuando entro descubrió que sus vendajes estaban manchados de sangre.
- - Parece que era peor de lo que pensé- murmuro Jill sentándose en el colchón- que es lo que traes ahí?- le pregunto al ver la bandeja de plata
- - Su cena lady Sutcliff
- - El dolor me ha quitado el hambre
- - Entonces permítame revisar su herida- dijo Sebastian quitándose el saco y arremangándose la camisa
Jill se quito la camisa de vestir de nuevo, dejando a la vista los vendajes, Sebastian se quito sus guantes blancos y se aproximo con un trapo humedecido con agua tibia, retiro los vendajes y comenzó a limpiar la herida.
- - Eso duele!- se quejo Jill
- - My lady tengo que limpiar profundamente
- - No es necesario frotar con tanta fuerza
- - Tal vez lady Sutcliff desee otra clase de tratamiento
- - Cualquier cosa sería mejor que esta tortura- murmuro, no bien termino de decir esto Sebastian de aproximo besándola dulcemente- De..déjate de juegos Sebastian!. - Le reclamo Jill nerviosa completamente sonrojada
- - Acaso lady Sutcliff no me pidió otro tratamiento
- - Pues no esperaba esta clase de trucos sucios de tu parte- murmuro completamente sonrojada
Sebastian volvió a besarla, mientras pasaba sus manos por debajo de la blusa de Jill, después se alejo de sus labios un momento y se quito la corbata y el chaleco, para después continuar desvistiendo a Jill.
- - E...espera! Sebastian.. espera- murmuro Jill nerviosa
- - Bocchan está durmiendo si es lo que le preocupa my lady- le dijo Sebastian seductoramente al oído mientras desabrochaba el sujetador de Jill por debajo de su blusa
- - Se..Sebastian- susurro Jill agitadamente tratando de alejarlo, pero Sebastian no se movía en absoluto
- - Le aseguro my lady, que después de esto ya no sentirá dolor en ninguna de sus heridas- le susurro Sebastian al oído mientras besaba su cuello
Jill se rindió y de dejo llevar por las caricias de Sebastian, este termino de desvestirla al sentir que la joven shinigami cooperaba un poco más. Las seductoras caricias de Sebastian hicieron a Jill olvidar el dolor de los golpes y el ardor de las heridas
