Realmente la vida pasa en un segundo… quiero decir, hace unos meses planeaba el cómo le propondría matrimonio, y ahora estoy aquí, ya que prácticamente no puedo regresar, no hay manera de que pueda regresar... y él tampoco. Es lo mejor, definitivamente más para él que para mi… será feliz… tendrá una vida perfecta… Ah, mierda. Mierda! Mierda! Mierda! Mierda! No… no estoy llorando, por milésima vez se me metió algo en el ojo. … La vida me ha sorprendido muchas veces, pero ese día, ese día se lleva el premio al mejor de las peores sorpresas. No se me ocurre otra cosa más que nunca dejar este lugar, así que… esta es mi historia. Oh, por cierto, mi nombre es Jean, Jean Kirchstein.
I'll be seeing you
Capitulo II. Héroe
"No existe amor sin paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas, y tristezas profundas."
Paulo Coelho
La oficina del Doctor era medianamente grande, y grande era el espacio ocupado por tantos reconocimientos y diplomas a su nombre, y el mismo nombre estaba en una placa colocada en su escritorio: "Dr. Erwin Smith". El sujeto no tenía mi edad, pero tampoco era un anciano, su cabello aún conservaba ese color dorado el cual encajaba perfectamente con sus ojos color turquesa. Cualquiera pensaría que es un modelo, y que perdía su tiempo siendo un médico. Desde que salió de la habitación me pidió que lo siguiera, y accedí sin decir una sola palabra; tan pronto como habíamos llegado a su oficina ambos tomamos asiento, y abrí mi boca para comenzar con el cuestionamiento, pero fue él quien comenzó a hablar sin quitar su mirada de los papeles que sostenía en sus manos.
-Sr. Kirchstein, después de controlar el ataque de nervios del señor Bodt, hicimos todo tipo de estudios que fueran necesarios y-
-Fueron los sedantes, ¿verdad? Muchos sedantes afectaron su cabeza, y como acababa de despertar-
-Sr. Kirchstein… tengo entendido que usted ayudó con el rescate del paciente.
-… Así es.
-Entonces sabe perfectamente las condiciones en las que se encontraba.
-…Sí… - me estaba impacientando – dígame de una buena vez cómo está Doctor.
-De acuerdo – dejó de ver sus papeles para ver mi rostro - El Sr. Bodt sufrió un gran golpe en la cabeza.
-…
-Le hicimos unas preguntas al paciente…
-…
-Entre ellas, le cuestionamos quién era usted.
-… ¿Y?
-…
Se quedó callado. Y algo comenzó a resonar en mi cabeza, algo que jamás creí que experimentaría. Es cuando ves esas tontas novelas en la televisión, y te burlas de los sucesos estúpidos y sin sentido por los que pasan los protagonistas… y no dejas de quejarte y decir "sí, claro, como si eso fuera a pasar" … Marco… Marco… Ugh… amor… Ah… ya lo sabía. Desde el momento en que me lanzaste esa mirada aterradora… una parte muy pequeña dentro de mí ya lo sabía, pero no quería aceptarlo, quería pensar que eran los medicamentos. Fue el doctor quien lo corroboró.
-El paciente sufre de pérdida de memoria.
-…
-Al impactarse ambos autos, el del señor Bodt volvió a sufrir impacto contra ese poste, y podemos deducir que el lado del cerebro más dañado-
-¿Me está jodiendo verdad?
-… Sr. Kirchstein-
-¡¿Pérdida de memoria?! Haha… - sí, quería reírme de lo absurdo que sonaba eso – no, no no no no, no puede ser, no puede ser – en un instante ya estaba de pie caminando por todo el lugar – ¡No! ¡No Doctor! Él… él no puede simplemente…
-No es algo que dependa de él.
-No… no… qué… ¿qué tanto no recuerda? – lo miré a los ojos, y él hizo lo mismo, sin decir una sola palabra, y con eso me dio una respuesta - … hahaha, claro, ¡¿por qué no?! – lo dije riendo sarcásticamente mientras me volteaba y daba la espalda al doctor.
-Sr. Kirchstein, escuche-
-¡De todo – volteé sorpresivamente - absolutamente de todo lo que pudo haber olvidado, tenía que ser yo! No podía olvidar su primer año de escuela, o su primera travesura, o la vez que hizo trampa en un examen. ¡No! ¡Claro que no! ¡Ni olvidarse de esos estúpidos vecinos molestos, ni de esos familiares que no soporta ver, no! Lo único que tenía que borrar de su vida era a mi… ¡A MI! Respiré e inhalé varias veces hasta tranquilizarme. El doctor apoyó los codos en el escritorio, y su barbilla en ambas manos. Me lanzó una mirada tan fría y desafiante, pero no me importaba en lo absoluto… estaba cegado por el dolor de saber que no era más que un extraño para Marco.
-Lo comprendo-
-No, no lo hac-
-Sí lo hago, Sr. Kirchstein. Comprendo perfectamente. Solo puedo decirle que será cuestión de tiempo en que todas sus memorias regresen.
-Defina tiempo, Doctor.
-Es indefinido. Semanas, meses, me atrevería a decir que años – maldita sea - varía de paciente en paciente, pero déjeme aclararle algo: una persona en estas condiciones, no puede recibir de golpe tanta información… solo afectaría más su salud, esos ataques de pánico y ansiedad se repetirían y repetirían y el paciente llegaría a un punto en el que-
-¿Qué debo hacer entonces? ¿Pretender que no lo conozco? ¿Actuar como un completo extraño?
-Es mejor así, de esta forma el paciente se encontrará en una estabilidad mental, y poco a poco regresarán sus recuerdos… es sumamente necesario que no se encuentre bajo presión, que no sea forzado a recordar.
-… ya veo… - agaché la cabeza y llevé mi mano a mi frente, permaneciendo callado sin saber qué decir, qué hacer, cómo actuar. Levanté mi mirada, y fácilmente pude ver su expresión de asombro en cuanto vio las lágrimas correr por mis mejillas – todo era normal en la mañana… todo…
Daría lo que fuera por hacer que esas horas de la mañana se volvieran eternas, daría lo que fuera porque nunca dejaran de ser las 6 AM, y no tuvieras que apagar el despertador, ni dejar la cama. Marco, mi amor… lo lamento… lo lamento tanto. Enseguida limpié las lágrimas de mis mejillas, y el doctor prosiguió.
-¿Ustedes viven juntos, señor Kirchstein?
-... ¿deberé dejar el departamento?
-Todo lo contrario, es el paciente el que debe dejarlo, ya que llegar ahí, aún si usted no está presente, puede alterar su salud y mente. ¿Cuenta con familiares que puedan hospedarlo? Sus padres no han podido ser localizados.
-Su padre murió hace muchos años. Entonces… ¿su madre, eh? Esa mujer me odia… yo mismo le contaré todo.
-Lo dejo en sus manos.
-Doctor Smith…
-¿Mmm?
-… - pensaba si debía preguntarle o no, pero no lo hice – no… nada. Gracias, por las atenciones.
-Gracias por su cooperación.
Ambos asentimos, y dejé la oficina. Lo siguiente que debía hacer era llamar a la madre de Marco… ah, esa vieja. Esa mujer creció en un mundo de absoluta perfección, así que no debía perder la oportunidad de hacer de su hijo alguien, o algo, perfecto… pero no contaba con la posibilidad de que su pequeño conociera a este gay, y bueno, las cosas se dieron; desde el principio Marco me dejó en claro sus relaciones familiares, y que estaba aliviado porque su novio no encajaba en el clan. Bien, nunca quise hacerlo. En el instante en que recordé que no podía usar mi celular, me acerqué con las enfermeras para preguntar si tenían alguna noticia de la arpía, cuando de pronto las puertas del elevador se abrieron, y vi dos caras familiares: el chico llevaba sus jeans y puesta una playera que lo identificaba como cocinero del Maria's Restaurant, y tan pronto como se percataron de mi presencia y corrieron hacia mi, se quitó la gorra de la cabeza y su calvicie se dio a notar; la chica vestía un vestido de una pieza color vino, con su característica cola de caballo.
-¡Jean! ¡¿Cómo está Marco?! ¡¿Ya hablaste con él?! ¡¿Se pondrá bien?!
-Viejo, lo siento tanto. Es nuestra culpa que él este aquí.
-Lo siento Jean, ¡lo siento mucho! – Sasha comenzó a llorar – nos…noso… nosotros le insistimos… en que se quedara, en que… en que debía haber una buena razón para que… ah… tardaras en llegar.
-Todo fue porque recibió esa llamada…
-¿Llamada? ¿Llamada de quién?
-…
-¡Habla Connie!
-Fue…
-Fui yo.
No nos dimos cuenta que el elevador volvió a abrirse, no nos dimos cuenta que ella estaba caminando hacia nosotros, no nos dimos cuenta de ese asqueroso y repugnante perfume en el ambiente, y sin darme cuenta ya estaba recibiendo una cachetada de esa mujer: todo un acumulamiento de 3 años de odio y desprecio. Esta vez las palabras y reclamos no iban a ser suficientes, tuvo que hacer eso para restablecer quién era y cómo debería comportarme… a la mierda si creía que iba a lamerle los pies. Esa mujer… siempre con su falda y abrigo de mismo color, con unos zapatos de tacón exagerado, y no me hagas empezar a hablar del maquillaje.
-Sra. Bodt, ¡¿qué hace?! – Sasha como siempre, defendiendo a su amigo.
-Dices que la culpa es mía, ¿Connie? – esa arpía le lanzó una mirada fulminante.
-… yo…
-Está bien, es obvio que defenderás a este sujeto.
-También me da gusto verla – enderecé el rostro, sin darle el gusto de quejarme del dolor.
-Imbécil. ¡Si Marco está aquí es por tu culpa! ¡Nunca llegaste! ¡¿Dónde estabas?!
-Surgieron cosas en el trabajo, tuve que quedarme pero no pude llamarl- en todo caso, ¡¿por qué lo llamó?! ¡¿Qué fue esa llamada como para hacer que saliera del restaurante?!
-No te atrevas a hablarme de esa forma. Todo lo que hice fue llamar a mi hijo, ¡¿una madre no puede hacer eso?! Me dijo que estaba en el restaurante esperándote, pero ya habías tardado casi dos horas, y no le habías llamado ni nada.
-… y discutieron.
-Por favor… todos estos años has disfrutado ver a Marco en mi contra. Le dije que estaba perdiendo el tiempo, que aún tenía la oportunidad de poner fin a esta relación… pero claro, él siempre defendiéndote, siempre dando la cara por ti… - se llevó la mano a la frente, haciendo un gesto de cansancio y fastidio – me dejó con las palabras en la boca y colgó.
-Fue entonces cuando dejó el restaurante – prosiguió Sasha – se acercó a nosotros y nos dijo que iría a buscarte, que lo más seguro era que te habías quedado a doblar turno.
-Le dijimos que era obvio que llegarías, pero aún así decidió ir.
-¡Ah, maldita sea! – cubrí mis ojos con las manos, he hice que corrieran por todo mi cabello hasta llegar a la nuca, cuando esa vieja volvió a hablar.
-No estabas en el trabajo.
-… ¿Perdón?
-Te aburriste de Marco, ¿verdad?
-No me esté jodiendo.
-¡¿Con qué razón lo citas en un restaurante para luego dejarlo plantado?!
-Hija de-
-¡Oigan oigan! ¡Es suficiente! – Connie al rescate - si siguen así terminarán por sacarnos del hospital. Lo importante aquí es la salud de Marco.
Seguimos viéndonos a los ojos, hasta que las palabras de Connie surtieron efecto.
-Bien… Jean, ¿ya hablaron contigo? ¿Sabes cuál es su situación?
-…Sí…
-¿Y? – esa mujer volvió a hablar.
Les conté todo, cada palabra del doctor. Los tres se quedaron perplejos, pero era tan estúpidamente obvia la mirada de satisfacción de esa arpía por saber que su hijito querido no recordara a su novio. Cada palabra que les decía me mataba, solo estaba complaciéndola, solo estaba ayudando a expandir su mundo de perfección perfectamente perfecto… por más que quisiera evitarlo, solo estaba dándole felicidad.
-Oh, vaya… la vida es maravillosa.
-Sra. Bodt, por favor. Entiendo que goce de esto por su eterno odio hacia Jean – gracias Sasha – pero piense en Marco. Jean es su novio, viven juntos, tienen planes para-
-Sasha, aprecio que pienses en el bienestar de mi hijo… y eso mismo haré. - Esa sonrisa leve en su rostro desapareció por completo cuando giró su cabeza para encontrarse con mi mirada - Escúchame muy bien Kirchstein, esto no es algo por capricho, es por las circunstancias y el bienestar de Marco. No quiero verte cerca de él… ni hoy, ni mañana, ni pasado mañana… Te dejaron en claro que puede tardar en recuperar la memoria, quién sabe, quizás nunca lo haga. Así que mientras lo averiguamos, si es verdad que lo amas tanto como dices, demuéstramelo, y mantente alejado de él… por favor.
-… así será.
-… gracias.
La mujer se puso de pie, se acercó con las enfermeras para preguntar por su hijo, e inmediatamente fue llevada a la habitación. Por más sincero que se haya escuchado eso, ¿quién se lo tragaría? En otras palabras, "no te acerques o mandaré matones a darte el mayor susto de tu vida."
-Jean, eso significa, ¿que nosotros...?
-No, no lo creo. Ustedes ya nos conocían desde antes de que nosotros dos nos conociéramos… lo más probable es que no recuerde ninguna anécdota de los cuatro juntos.
-¿Y qué pasará ahora, Jean?
-Ah… no lo sé… no lo sé – tenía mi cabeza agachada, creo que casi toco el suelo – hasta que recuerde, me mantendré alejado.
-Pero Jean…
-Es lo mejor Sash, tal como dijo el doctor, es por el bien de Marco. Yo salgo sobrando aquí, no tiene caso que me quede más tiempo. Será mejor que me vaya.
-Amigo… - me puse de pie y comencé a caminar.
-Cuando entren a verlo tengan cuidado con lo que vayan a decir, no hay que alterarlo. Cualquier cosa llámenme – les di la espalda y me dirigí al elevador.
-¡Jean!
-Déjalo Sash, no nos queda otra opción.
-¡Pero Connie! ¡Me parece ridículo que lo haya olvidado por completo, ese idiota de Marco!
-¡Sashaaaa, baja la voz!
-¡No voy a bajar nada! ¡¿Qué pasará con Jean?! ¡¿Qué pasará con Marco?! ¡¿QUÉ PASARÁ CON LA BO-?!
-¡Cállate! ¡Esa mujer no sabe nada, no debe enterarse hasta que sea el momento!
-¡MARCOOOOO!
-¡SASHA!
-¡SEÑORES, BAJEN LA VOZ O LLAMARÉ A SEGURIDAD!
No recuerdo cómo llegué al auto, ni todo el tiempo que conduje, solo recuerdo llegar a nuestro departamento... y cómo subí a nuestra habitación y me recosté en mi lado de la cama, contemplando el otro lado completamente vacío… nunca antes la cama se había sentido tan grande y tan fría. Tenía grandes expectativas para esa noche, más allá del grandioso sexo que tendríamos, visualizaba a Marco haciendo todos los preparativos, hablando y hablando hasta el cansancio sobre dónde haríamos las reservaciones, a quiénes invitaríamos, el platillo, el pastel, … y lo único que yo haría sería contemplarlo… acercarme a él… y abrazarlo… y… sentirme el hombre más afortunado del universo, aunque ya lo era por el simple hecho de conocerlo. Tomé su almohada, aún con su aroma impregnado, y comencé a llorar hasta quedarme dormido.
Siempre dicen que después de la tormenta viene la calma. Al día siguiente me dispuse a recoger todas sus cosas y acomodarlas en cajas para llevarlas a casa de esa arpía, por más que me molestara la idea, Marco debía vivir con ella tan pronto le dieran de alta. De pronto el teléfono comenzó a sonar.
-¿Diga? … sí… soy yo. ¿Le pasó algo a Marco? … ajá… ajá... …¡¿QUE ÉL QUÉ?!
No sabía si reír, o llorar, o gritar, o si debí quedarme en el departamento… todas esas cuestiones rumbaban en mi cabeza cuando ya estaba de nuevo en el hospital, siguiendo a la enfermera que me llamó, ya que me estaba llevando a la habitación 102.
-¡No puede estar hablando en serio! ¡Ayer mismo el Dr. Smith me dijo que me mantuviera alejado!
-Pero señor…
-¡¿Y ahora usted quiere que entre ahí y hable con él?! ¡¿Acaso no leen los expedientes?!
-Lo siento señor, pero tampoco podemos contradecir las peticiones del paciente, y mucho menos de este con su condición.
-No lo puedo creer.
-Haga lo que tenga que hacer.
Esa maldita se quedó ahí, clavándome una mirada, esperando a que entrara. Inhalé y exhalé lentamente, y abrí la puerta, y aún podía sentir el extraño ambiente del día anterior, cuando abrió los ojos y no hizo más que temerme. Ahí estaba él, tan guapo y atractivo como siempre, no importaban los vendajes ni las cicatrices ni heridas; abrió los ojos poco a poco cuando escuchó mis pisadas, enderezó la cabeza un poco y había una leve sonrisa en su rostro. Cómo ansié ver esa sonrisa la noche anterior. Por más que trataba de evitarlo, mi voz temblaba y sonaba aterrado; no quería volver a ver esa mirada, no podría soportarlo.
-Ah… hola.
-… hola
-Escucha yo-
-Perdona, no quise-
-… Tu primero.
-… Quisiera disculparme por cómo actué anoche, tu solo estabas asegurándote de que estuviera bien.
-No, no te disculpes. Soy yo el que actuó mal, estaba suponiendo que recordarías mi cara, a pesar de que… la viste solo por unos segundos.
-… Lo lamento, no te recuerdo. Pero, al enterarme por las enfermeras que un joven había ayudado en el rescate, no dudé en pedirles tu número… para conocerte y agradecerte.
-Tch, ese doctor tiene algo que ver en esto.
-¿Perdón?
-Ah, nada.
-Incluso eres amigo de Sasha y Connie.
-… ¿Qué?
-Son amigos míos del colegio. Anoche me visitaron, y me sorprendí cuando me dijeron que ese mismo chico era un buen amigo de ellos desde pequeños.
-… ¿Ah si? El mundo es muy pequeño, ¿eh? – vaya mentira.
-En serio que sí… Por cierto, ¿cómo supiste lo del restaurante?
-¿Huh?
-Anoche, cuando desperté, dijiste que tuve el accidente justo después de dejar el restaurante. ¿Cómo sabías eso? – mierda mierda mierda mierda mierda.
-Am… verás, justo cuando dejé tu habitación, recibí una llamada de esos dos. Me dijeron que… lo habían visto… - vamos Kirchstein, ¡actúa natural! - todo en las noticias, e inmediatamente - ¡piensa piensa piensa! - nos reconocieron a ambos, así que me contaron que eras amigo de ellos, y que justamente acababas de ir a visitarlos a su trabajo.
-Ya veo… - perdóname, por mentir y mentir y mentir.
-… – y me atreví a preguntarle – ¿recuerdas algo de ese lugar?
-No, nada… por más que intento, no recuerdo absolutamente nada – quejándose de dolor, se llevó una mano a la cabeza.
-Está bien está bien, no debes presionarte.
-Y anoche… que desperté y estabas aquí…
-Sí… am… me enteré que no podían localizar a tus familiares, así que pensé que lo correcto sería acompañarte hasta que alguien llegara.
-¿Fue así como te enteraste de mi nombre?
-… Sí… sí, así fue.
-… Ayudaste en el rescate. Así, tan… desinteresadamente.
-Bueno, hice lo que tenía que hacer.
-No todos hacen algo tan desinteresado por alguien totalmente desconocido.
-Cualquiera lo haría.
-Al parecer fuiste el único 'cualquiera'. No, perdón, esa no es la palabra. Fuiste… fuiste un héroe.
-También lo fueron los paramédicos y rescatistas.
-Sí, pero ellos ya lo tienen preestablecido. Tú eras un civil que estaba casualmente en ese lugar y decidiste actuar de esa manera.
-Sí, bueno… no podía quedarme parado sin hacer nada.
-Gracias otra vez.
-Insisto, ni lo menciones.
Y apareció un silencio, un largo y doloroso silencio. Tanto él como yo no dejábamos de mover nuestras miradas hacia cualquier parte, menos hacia nosotros mismos. Entonces decidió hablar, siempre amé esa iniciativa que tiene de acercarse y conocer a las personas… gracias a esa iniciativa fue que lo conocí, y me enamoré de él.
-Creo que nunca habrá suficientes gracias, y quisiera pagártelo de alguna manera – 'di mi nombre, abrázame, bésame', creo que casi lo digo en voz alta - espero que no sea rescatándote de la muerte.
-Haha, esperemos.
-¿Algún favor? ¿Alguna ayuda en el trabajo?
-No tienes por qué, de verdad. El saber que ayudé a salvar una vida es suficiente.
-No por favor, insisto. Mmm…
-Am… escucha, no tienes por qué molestarte-
-¡Oh! ¿Qué tal una cena?
-… ¿Cena?
-El lugar que prefieras, para ti y tu novia.
"¿Novia? ¿Bromeas, verdad?" Pensaba en lo irónico y tonto que sonó eso en su boca. "¿Novia?" Desde que nos conocimos le había dejado muy en claro mis preferencias sexuales. "¿Novia?" Comencé a preguntarme si en aquella vez todavía dudaba sobre fijarse en mí. "¿Novia?" En alguna parte de él, ¿había arrepentimiento por malgastar tantos años en una relación con un hombre? "¿Novia?" ¿Era alguna clase de subconsciente? "¿Novia?" ¿No quedaba ninguna pizca de homosexualidad en él? "¡¿Novia?!"
-Haha, no, no hay- bueno… tal vez pero… no por ahora.
-Oh, lo siento – no amor, yo lo siento.
-Está bien…
-Bueno, ¿qué tal una cena con esos dos?
-¿Esos dos…? ¿Sasha y Connie?
-Así podremos pasar bien el rato. Podremos conversar, y saber más de nosotros… cómo fue que nos conocieron.
-… sí, suena bien – no me había percatado del poco entusiasmo en mi voz.
-¿Supongo que ahora te arrepientes de haberme rescatado, eh?
-¡No! Claro que no, en lo absoluto – estaba a unos segundos de decirle 'te amo'.
-Bien, cuando me mejore y pueda dejar el hospital tendremos oportunidad para esa cena.
-…Sí, claro.
-Bien… ¿comenzamos de nuevo?
-… ¿De nuevo?
Lentamente y con un poco de esfuerzo extendió su brazo izquierdo, y su mano quedó en frente de mi, y sentí como si hubiéramos retrocedido 3 años. En ese momento, no podría hacer otra cosa más que abrazarlo y pedirle hasta el cansancio que me recordara; tratando de retener las lágrimas y opacarlas con una leve sonrisa, hice lo mismo con mi brazo y le tomé la mano… la mano que debería llevar un anillo de compromiso.
-Soy Marco Bodt.
-Jean… Jean Kirchstein.
No tuve el coraje para preguntarle al doctor… qué debería hacer si por alguna razón… por una mera, casual y extraña razón, Marco insistiera en mantenerme cerca de él.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Gracias por las visitas! :D me da muchos ánimos para seguir publicando y escribiendo esta historia :3 No es taaaaaanta felicidad, pero al menos Marco quiere que Jean se mantenga cerca… it's something! Algunos personajes aparecen, y ahora le he inventado una madre a Marco. Espero la odien tanto como yo jajajaja.
En el siguiente capítulo Jean tendrá que afrontar las consecuencias de sus decisiones… cuáles son éstas? Lo averiguaremos el próximo Lunes :3
Cualquier comentario, sugerencia, queja, amenaza, son totalmente bienvenidas! :D
