Tardé más de lo que creí. Gommen~ En mi defensa, quise que el capítulo no fuese un intento de reencuentro cliché-amoroso entre el par principal, pero siempre me salía algo así. Así que he dado todo de mí para evitar ello. No es que no me gusten ese tipo de reencuentros, los adoro, enserio, pero creo que lo he leído mucho antiguamente y para este fandom.
Gracias a esos tres reviews~
Soul Eater © Atsushi Okubo(#Respect)
"El Negocio de Papá"
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Capítulo 02: Trabajo es trabajo
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—Maka, no pongas esa cara—dijo la pelinegra mirando mi rostro—. No es como si fuera la primera vez que trabajará-
—Ser barista, no es lo mismo a ser mesera… Voy a tener que llevar tragos a los demás—dije sin apartar mi mirada de ella.
—Entonces, ¿no puedo contar contigo?
¡NO! O eso me hubiese gustado decir, pero no le podía decir que no.
— ¿Tengo que usar algo llamativo?
Dejó escapar un largo suspiro, me miró fijamente antes de ponerse de pie.
—…Creo que unos shorts bastarán—dijo abriendo mi armario de par en par—, si quieres ponerte una casaca o polera lo puedes hacer…—sugirió con una sonrisa cansada, sabía que no había mucha ropa llamativa en ese mueble.
Cinco minutos después habían unos shorts de jean, descocidos en las partes inferiores y algo gastados. Clasificados como muy cortos, en mi opinión, aunque no dejaban ver nada más arriba de mis muslos. También había un polo sin mangas color blanco y una polera amarilla pastel de capucha, elegí yo un par de Convers que también estaban igual de gastadas que los shorts. Toda la ropa la había dejado Arachne encima de mi cama, no estaba en desacuerdo en su elección como de costumbre.
— ¿Enserio te pondrás esa gorra?
Miré la gorra entre mis manos y no dude más antes de esconder todo mi cabello debajo de este. Bajé un poco la visera, suficiente para poder ver pero para que no me viera a mí.
—Sí—dije sonriendo satisfecha al mirarme al espejo, no podría llamar la atención.
—Eso sí que no—sentenció a mi lado mi mayor quitándome la gorra.
Me giré directamente a mirarla rendida, no tenía intenciones de protestar sabiendo que no ganaría una pelea con ella. Rodé los ojos antes de meter mis manos en los bolsillos de la sudadera.
— ¿Bajas con nosotras o…?
—Creo que las escaleras de atrás están mejor—dije apagando la luz de mi habitación antes de salir al pasadizo en donde ellas se encontraban.
—Bien, Blair va contigo entonces, suerte—dijo desapareciendo en las escaleras principales.
La casa estaba construida en base a un terreno de seiscientos metros cuadrados, los tres pisos posteriores a los que ya existían hacían que pareciese más un edificio que una casa. Tenía un patio trasero, que Eruka y BJ habían convertido en un jardín, muy bien cuidado debo agregar. Ambos solían pasar sus horas de verano en aquel lugar antes de irse de vacaciones, las que solían tomar cuando yo también estaba de vacaciones.
Este lugar descansaba un mes por año, todos juntos se iban a la playa o no sé a dónde. Después de mis quince años comencé a desistir de aquellas vacaciones, por lo que cambiaron la fecha de estas. Ya que solían coincidir con mis vacaciones de verano, aprovechaban para llevarme con ellos y descansar todos de todo. Pero mi padre y los demás merecían un momento para dejar de meterme en todo lo que hacían… Claro que el primer año que me dejaron sola en casa recibí como cinco llamadas por día en la primera semana. Empero cuando comencé a trabajar en Deathbucks, sin que ellos lo supiesen en ese entonces, las llamadas sólo eran una vez por semana.
—Geko~ Maka-chan, que sorpresa.
Sonreí al entrar a la barra desde la puerta de la cocina.
Eruka Frog, era mayor que yo por un año de edad, y podría decir que se parecía a mí físicamente pero no era así. Tenía un par de peculiares lunares por cada comisura de sus labios. Había llegado el año que yo terminé de estudiar y al principio dudó de trabajar aquí o en donde yo comenzaba a trabajar. Pero de hecho que aquí la paga es buena y no dudó mucho en aceptar quedarse. Era la actual barista del lugar y Mizune, con quien había llegado, también de la misma edad era la usual mesera…
—Bien, son pocas órdenes hasta ahora, pero recién han comenzado a llegar más personas.
La tarde comenzó como de costumbre, solía ayudar a la peliblanca con la barra, se me había hecho sencillo preparar tragos… No, no soy alcohólica, que los prepare no tiene nada que ver con que me gusten. Muy aparte de que soy intolerable al alcohol.
Con cada pedido y el transcurso de la tarde, los murmullos comenzaron. No tenía que ser adivina sobre el tema que llevaban aquellos comentarios.
Cuando mi padre inicio el negocio, yo tenía cinco años, era muy pequeña para entender a qué se referían algunos. Porque obviamente los comentarios fuera de lugar siempre estaban presentes, nunca eran los que me sacaban una sonrisa al final del día. Sobre por qué una niña estaba siendo educada de esa manera, o por qué un padre se podía preocupar tan poco por su hija. Esos eran los rumores que circulaban algunas mujeres en la ciudad de la muerte, la mayoría creía que yo estaba siendo educada para trabajar en el negocio.
Mi primer día de escuela, llegué tarde, porque no quería ir. Fue un tema más de: Me trae recuerdos de cuando mamá y papá estaban juntos y me llevaron de la mano al nido. Pero mi joven padre creía que algo había oído yo en la ciudad y esa era la razón por la que me sentía avergonzada. Contrató así a Mosquito, un señor de baja estatura y nariz puntiaguda que es mi chofer hasta el día de hoy. Él nunca más me llevó de la mano a algún lugar.
El segundo día de escuela no fue el mejor, todos los niños comentaban que era mala. Porque desde luego la palabra "mala" era la más usada cuando tienes seis años. Ellos decían, seguro lo que repetían de sus padres, que yo era mala porque paraba con niñas malas. Y así fue como mi primer grado de primaria me quedé sin amigas.
Ahora podía sentirme igual. De no ser porque me había comenzado a dar igual lo que la gente dijera, tal vez Mosquito hubiese mirado a todo aquel que hablaba de mí. Lo que pasaba cuando me iba a recoger desde que tengo memoria, a todo lugar donde me llevaba y me abría la puerta para salir. Sabía a dónde iba dirigido cada comentario y no hacía ningún esfuerzo por disimular su enojo por las malas lenguas. La pelinegra también se hubiese acercado a mí con esa voz que dejaba a todos mudos. Ella misma, el último día de clases de mi primer año escolar, me fue a recoger. Recuerdo haber ido corriendo a donde ella estaba mientras el resto guardaba un total silencio al notar la belleza exótica que desprendía.
— ¿Te divertiste hoy?—me preguntó luego de haberme levantado en sus brazos, su sonrisa era algo que de pequeña sólo provocaba que llorara… esa vez no fue la excepción— ¿Alguien te ha molestado para que derrames lágrimas?
El tenaz tono de voz con el que había hecho la pregunta, había logrado que toda persona presente huyera de donde estaba. Siempre había respetado el efecto que causaba en las personas de cualquier género, era sencillamente impresionante.
— ¿Todo bien Maka?
Si bien esa pregunta ahora también causaba el mismo efecto en la clientela, me preguntaba cómo era posible que llegara a los oídos de todos.
Asentí con una sonrisa.
—Bien—dijo la pelinegra llegando a mi lado—, si sucede algo me lo informas, ¿bien?
Asentí nuevamente mientras volvía a la barra, donde Blair se encontraba sentada comiendo. Al parecer BJ había hecho bolitas de queso.
Los pedidos llegaron y fueron cumplidos, no fue muy complicado porque no me sentía observada, así que pude hacer el trabajo sin ninguna demora. Me fije en la cartilla, si había algún precio que no fuera el que yo había cambiado, a mi padre le gustaba ser solidario y le bajaba el precio a todo. No es que fuese una tacaña, ni usurera, pero de esto vivimos, y yo cobro lo que BJ me dice que gastamos en comprar. Negocios son negocios.
La música comenzaba a cambiar más seguido y yo comenzaba a quedarme sin mucho trabajo, la gente se iba y sólo habían mesas llenas con gente hablando. Grupos de chicos con los que me topaba normalmente en clase, también me percaté de que un par de chicos de mi facultad estaba en una de las mesas.
Las noches como estas no duraban mucho, sólo hasta las dos de la madrugada, no era un club nocturno después de todo. Aquí sólo venían por algún espectáculo o porque tenían falta de cariño, el resto sólo se quedaba para saber si alguna de estas chicas lo acompañaría a pasar la noche. Un servicio que ninguna prestaba en este lugar.
—Sherlock siempre sabe lo que hace.
Levanté la vista de mi libro y me encontré con un par de aburridos ojos rubí. Si hubiese sido la primera vez que veía un par de ojos de ese color me hubiese limitado a mirarlo.
Después de que el ambiente se hubiese tornado aburrido me quede sentada en la barra, leyendo un libro que al parecer quien estaba a mi lado conocía. Vestía un polo negro de mangas cortas y un pantalón rojizo, tenía su cabello sujetado con una liga. A simple vista no parecía el tipo de chico que conociera quienes eran Edgar Alan Poe y Arthur Conan Doyle.
— ¿Disculpa?
Él mismo chico me miró por unos segundos y luego de pestañear movió su rostro a un lado, aún apoyado en su mano.
—Pareces decepcionada.
Y en vez de preocuparme por responder a su pregunta, sólo me percaté del extraño acento con el que me hablaba.
—No eres de por aquí.
— ¿Qué te hace pensar eso?
En la Ciudad de la Muerte abundaban bastantes personas peculiares, así como quien estaba a mi lado aburrido. En realidad él encajaba perfectamente, tenía rasgos que no veías en personas a diario. Pero el dejo era neutral, a pesar de que abundaran emigrantes, todos se acostumbraban al tono neutral a los dos meses… Así como por ejemplo, Blair.
—Tienes acento…
Él me miró y luego a su alrededor asintiendo.
—Bien, tienes razón.
Sonreí de lado al escuchar esas palabras. Era difícil escucharlas desde que salí del Shibusen o en este caso, cuando estaba de vacaciones y trabajaba… El cliente siempre tiene la razón. ¿Cliente? Cliente.
— ¿Deseas algo de tomar?
Volvió sus ojos hacia mí y asintió.
—En realidad llevo un rato esperando que me sirvan algo…
Me sorprendí y avergonzada le pedí disculpas, buscando con la mirada a la peliblanca que debería estar detrás de esta misma barra. Ni si quiera estaba la pelimorada, había salido hace un buen rato con la excusa de fumar un par de cigarros. Parecía que no estaría ni la cajetilla cuando volviese, si es que se dignaba en volver, puede que se haya ido con Justin al final. Después de todo Gorgon no la había obligado a quedarse conmigo.
— ¿Trabajas aquí?
Asentí pasando al otro lado para poder entregarle la carta.
— ¿Es tu primera vez aquí?
—Sí, no sabía que seguían existiendo cabarets… ni mucho menos en Estados Unidos…
—Bueno, estamos cerca a Las Vegas, no debería sorprenderte—dije sonriendo.
—Hm… Sólo un whisky.
Le respondí afirmativamente con mi cabeza nuevamente, mientras dejaba un vaso en su delante y servía lo que había ordenado.
— ¿Hielo?
—Por favor—pidió.
Agregué un par de hielos al vaso y me cobré del billete que había dejado.
— ¿Pero no hay ningún espectáculo?
Sonreí divertida dejando las monedas de su vuelto entre el vaso y la servilleta de papel que le había dado.
—Ya que lo mencionas, este lugar está así un día antes de que vuelvan a comenzar los… espectáculos—dije con énfasis en la última palabra.
—Lo que quiere decir que mañana estarás bailando y no atendiendo.
Sentí mis mejillas enrojecerse ante el comentario, sentía que mis cejas se había arqueado lo suficiente… Mi expresión de incredulidad avergonzada nunca era la mejor.
—Yo no bailo.
Rió secamente antes de terminar su vaso.
—Una pena. Tienes lindas piernas.
Reí divertida. Arachne eres una maldita bruja.
—Como digas.
—Oh. No me crees—dijo sorprendido.
—Sólo pienso que he escuchado suficientes bromas de mis vecinos como para caer en otra de ellas, y de un extranjero.
Sonrió de lado dejando ver una interesante sonrisa, sus dientes tenían algo que los hacían ver como de tiburón. Afilados, peligrosos pero atractivos. Aunque esta sonrisa desapareció pronto, dejando una seriedad que me dejaba muda.
— ¿Tampoco das bailes privados?
Debido a que ese tipo de proposiciones las había escuchado e ignorado por más veces de las que podía contar con mis dedos… No lo golpearía, aunque ganas no me faltaban para darle un Maka-Chop.
— ¿De qué planeta eres?—pregunté divertida y con el ceño ligeramente fruncido.
Era cierto que había escuchado ese tipo de burlas, pero la seriedad con la que lo dijo me había dejado sin muchas palabras. ¿Él realmente creía que yo trabajaba aquí?
—Oh. Ahora ya no soy extranjero, sino… ¿extraterrestre?—preguntó sarcástico.
— ¿Desea algo más señor extraterrestre?
—No, eso es todo—dijo poniéndose de pie y tomando una casaca gris de la banca de al lado.
Era del tamaño de Blair con tacos, y eso ya era bastante.
—Espero verte bailando mañana… ¿cómo te llamas?
—Maka.
—Maka a secas, ¿no apellido? ¿Cómo se supone que te acose en facebook?
— ¿Existes?
—Sé que soy demasiado bueno para ser verdad, pero no te preocupes, no estás soñando—dijo antes de irse rumbo a la puerta.
Negué moviendo ligeramente mi cuerpo como si hubiese tenido escalofríos. Locos como estos abundaban diariamente… No, a decir verdad, no. Creí que este tipo de flirteo se había quedado en los libros o en alguna historia colgada en internet.
Me dispuse entonces a lavar el vaso del que había tomado, encontrando no sólo el vuelto que no se llevó encima de la servilleta blanca. Sino también un número de celular escrito arriba de Soul Evans.
¿En qué momento lo hizo?
—Ese chico era muy apuesto.
El salón había quedado vacío, Eruka había vuelto minutos antes para poder sacar cuentas y terminar de limpiar la barra. Habíamos comenzado a barrer, mientras que Arachne estaba tomando su taza de manzanilla. Había estado mirándome fijamente durante un buen rato, ahora entendía que se tenía guardadas estas palabras por un buen rato.
—Supongo que sí—dije limpiando la mesa donde ella se encontraba.
—Creo que deberías bailar mañana.
¿Cómo lo supo?
—Tengo oídos por todos lados—dijo con una sonrisa—. Si no lo llamas tú, lo llamaré yo.
— ¿Es broma?
—No, hablo enserio sobre que tienes que bailar y sobre llamarlo si no lo haces tú. Encontraré la forma de perder a tu padre.
¿Qué?
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