Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. La idea principal de la trama corre por Elenear28. A quien dedico este fanfic. Yo elegí los hechos, lugar y personajes involucrados. Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro El diente de león.
"PRIMERA NAVIDAD EN PANEM"
CAPÍTULO 1:
PREPARATIVOS
(POV PEETA)
Estamos desayunando con Katniss, hoy como es un día especial. Nos pasamos los últimos días preparando un montón de comida para la ocasión. Estamos agotados, pero aún trabajamos duro en que todo sea perfecto. La nueva presidenta de Panem, es comandante Paylor y varias autoridades políticas se pusieron de acuerdo en volver a las costumbres de nuestros antepasados y crear una celebración nueva que fuera aplicada y festejada en todo Panem, con la intención de traer paz y alegría a toda la nación y que a pesar de nuestras pérdidas, podemos disfrutar por primera vez de todo lo que nos negaron a los distritos en el pasado en completa libertad. La Navidad, que a partir de ahora se festejará cada veinticinco de diciembre.
Veo a Katniss muy agotada, yo me encuentro a su lado ambos con una taza de café, porque de verdad la necesitamos. El horno electrónico emite un ruido que me indica que la última tanda de pan esta lista. Voy rápido a controlarlo y lo apagó. Espero unos minutos para sacar la bandeja del horno. Katniss se acerca para ayudarme y me hace espacio en la gran mesa que se encuentra en el centro de la cocina, para colocar la bandeja. Ambos revisamos que no se haya quemado nada y tapamos la bandeja con varios trapos, luego de apartamos algunos bollos de queso y una hogaza de pan con frutos secos para comerlos ahora. Los bollos de queso siguen siendo la debilidad de Katniss, y como siempre trato de complacerla, casi todos los días los preparo para ella.
Ella se sienta nuevamente con su taza en mano y toma uno, con una servilleta para no quemarse y lo empieza a comer. Yo me vuelvo a sentar a su lado.
-¿Qué te parece si descansamos un poco después? Annie, Effie y Johanna llegaran en algunas horas. Y necesitamos descansar.
-Creo que es una estupenda idea. No creo que llegue a la noche de otra forma.
Katniss se acurruca a un costado de mí y yo la abrazó, besando su cuello. Parece increíble que ella ahora sea mi esposa desde hace casi dos años.
Pasan unos minutos hasta que ella se acaba su desayuno, y se inclina hacia mí para besarme. Es uno de esos tantos besos que nos hacen perder el aliento y la cordura a ambos, sin embargo ahora lo único que conseguimos hacer es apartarnos y tomar la mano del otro para subir a nuestra habitación. En la cama, la atraigo hacia mí y ella apoya la mayor parte de su cuerpo descansando su cabeza en mi pecho y sus brazos en mi cadera. Solemos dormir así cada noche, es algo que a los dos tranquiliza. Nos cubro a ambos con las sabanas, y empiezo a acariciar su cabello. Ella se relaja y cierra los ojos.
-¿Crees que salga todo bien? –Me pregunta.
-No lo creo, estoy seguro.
En nuestra última visita al Capitolio, Paylor de cierta manera nos delegó parte de la responsabilidad a nosotros, al nuevo alcalde del Doce y varios ayudantes que se presentaron voluntariamente a trabajar.
Como vencedores estuvimos trabajando mano a mano con ellos en las últimas semanas. Lo mismo hicieron Annie, Beetee y Enobaria en sus respectivos distritos, excepto Johanna que se negó a colaborar, eso no era algo que me sorprendiera.
Aun así, ni Annie y Johanna se quedarían en sus distritos, con Katniss pensamos que luego de todo lo que habíamos pasado juntos, podíamos pasar este día especial en un mismo lugar. Annie aún no estaba bien, Johanna pasaba la mayor parte del año junto a ella, para ayudarla a criar a su hijo.
Antes de que Finnick partiera al Capitolio, él le había pedido como un favor personal, que no la abandonará a Annie, si a él le sucedía algo y Johanna se lo prometió. Él sabía que era muy probable que muriera en el Capitolio, que no a sobreviviera a la rebelión. Luchó, lo intentó, pero no lo logró. Él murió sin saber que iba a ser padre, a veces pienso, que si de haberlo sabido, las cosas podrían haber sido diferentes. Tal vez él hubiera abandonado la misión y hubiera decidido no ir al Capitolio. Tal vez hoy podría estar vivo disfrutando de su vida en familia. Sin embargo, las cosas no fueron así, y no es fácil para Annie. Es increíble que a pesar de todo ella se mantenga fuerte, por el amor que le tiene a Finnick, el hijo de ambos, y por la promesa que una vez le hizo a su esposo.
Nos costó convencerla a Johanna de que pasará Navidad con nosotros, pero al final cedió. Annie estaba feliz por la invitación, ella no tenía ánimo alguno de estar en el Distrito Cuatro hoy. Effie también decidió abandonar los lujos del Capitolio por unos días y estar con nosotros. Pero la verdad es que Effie también está iniciando algo con Haymitch. No dudo que ella venga por él. Por lo que las tres están en camino en el mismo tren.
-Tengo sueño.
-Duerme. –Le doy un beso en la frente.
-Te amo. –Susurra y no puedo evitar sonreír como cada vez que me lo dice.
-Y yo te amo a ti. –Ella me mira con una sonrisa en su rostro y los ojos brillando. Acaricia mi rostro y vuelve a juntar nuestros labios por bastante tiempo, el beso se vuelve intenso a medida que pasan los segundos, nuestros labios se acoplan a los movimientos de los labios del otro como si fueran parte de un rompecabezas y desearan encontrar una manera unirse de forma definitiva por siempre. Ella introduce su lengua en el interior de mi boca y yo me quedo sin aliento cuando me sujeta por el cuello de mi camiseta y me acerca a ella, profundizando el beso. Gimo y la dejo libre para que haga lo que quiera conmigo. La tomo de los hombros y la ubico encima de mi cuerpo. Es como una manera silenciosa de indicarle que estoy de acuerdo, que deseo que siga y que estoy a su entera disposición.
-Sabes a canela. –Comenta gimiendo mientras su lengua golpea la mía. –Creo que se me antojo.
Río contra sus labios y luego empieza la lucha de nuestros labios y nuestras lenguas por estar jugueteando en el interior de la boca del otro, cambiando levemente de posición, sujetándonos de nuestras ropas, hombros o nuestra nuca intensificando los besos, sintiéndonos más cerca el uno del otro. Mi cuerpo desarma y estremece bajo sus toques suaves o desesperados y sensuales, al igual que el cuerpo de ella. Nuestros cuerpos también encuentran un ritmo y se mueven en sintonía, buscando esa misma unión.
-Y tú sabes y hueles a frutillas.
-Lamento haberme comido todas. No te deje ninguna. No sabía que pensabas darle otro uso.
-Oh, no te preocupes por eso. –Le sonrío. -¿Estás segura? –Pregunto contra su cuello mientras la beso y paseo la punta de mi lengua por su piel suave; con mi mano bajo su camiseta y la otra paseando por sus muslos. –Creí que estabas cansada.
-No tanto como para no hacer esto. –Dice desprendiendo los botones de mi camisa y sonriendo de forma traviesa.
-Bueno, si esto quieres. No seré quien te lo niegue. –Contesto en tono sensual. Vuelvo a atacar sus labios y ella me devuelve el beso con fervor y hambre. -¿Sabes? Yo tampoco tengo sueño. –Digo empezando a levantarle la camiseta, para quitársela. Ella ríe y se aparta y levanta sus brazos para que se la pueda quitar para luego volver a unir nuestros labios en un beso profundo.
-Asi que, podemos hacer algo mientras tanto ¿no?
-Todo lo que tú quieras, cariño. –Le prometo.
-Eso suena perfecto. –Dice mirándome a los ojos. –No te salvarás, Mellark.
-Oh, no. Eres tú la que no se salvará, señora Mellark.
Muerdo su labio inferior, arrancándole un gemido mientras continúo recorriendo su cuerpo con mis manos.
-Eso está por verse. –Murmura.
Esto es mejor que dormir. Pienso mientras saboreo sus labios y antes de continuar el juego hasta llegar al final. Estamos solo nosotros dos demostrándonos nuestro amor de la manera más pura y natural y en todas las formas existentes.
