Notas de autor: Pues esto cambió tanto de forma que terminó siendo encuentros predestinados para cada ship: Jerza/Gruvia/Nalu&Gale. Cada pareja tendrá 5 capítulos =) así que el jerza tendrá continuidad. Solo espero que no sea molestia para las personas que siguieron este fic, creyendo que sería únicamente jerza. PD: la parte Jerza le sigue perteneciendo a Sabs & Vita. :D
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.
Fanfic de premio a Stormy por haber ganado el segundo lugar en el maratón de brotps en el foro Cannon Island. Ella pidió Nalu&Gruvia. Pero de momento te ofrezco Nalu. El gruvia ya llegará.
Encuentros predestinados
Capítulo II: Maldad
«Nalu»
Lucy comenzaba una nueva etapa en su vida. Estaba ansiosa y completamente nerviosa al iniciar un capítulo, una donde era una mujer independiente y renunciaba a cualquier riqueza que pudiera darle su apellido. Aunque dolía saber que estaba en malos términos con su padre, pensaba que era mejor poner distancia y tiempo entre los dos, para que él entendiera su verdadera vocación. Y separados, él podía comprender por qué se aferraba tanto a sus objetivos ―aunque el dijera que era rebeldía y por darle la contra.
Apenas llevaba medio mes siendo independiente, sus ahorros estaban casi agotados y aunque compartiera cuarto con su amiga y ella no le cobrara o pidiera algo a cambio, la rubia no quería ser una atenida. Quería aportar en el mantenimiento de su nuevo hogar. Quería aprender a ganarse la vida por lo que era. Y además, con o sin su padre, seguía siendo dependiente de alguien y eso era algo que no se podía permitir.
Su vida había sido relativamente fácil, los lujos le sobraban y si algo le gustaba, solo estiraba su brazo para obtenerlo. Los Heartfilia eran una familia adinera, de renombre. Y al ser ella única hija, era normal que su padre quisiera heredarle todo ese imperio.
La relación con su papá, no era ni buena y ni mala. No era el padre amoroso, quien llegaba después de la jornada laboral a preguntar cómo había estado su vida. Pero, tampoco era un desconsiderado, si ella tenía un problema, podía acudir a él y la escucharía para apoyarla.
Pero las diferencias entre ambos, empezaron a la hora de estudiar una carrera profesional. Él quería, la obligó, que estudiara lo mismo que él, para que aprendiera a administrar el negocio familiar, pero ella sentía otra pasión.
En un principio, había empezado a estudiar lo que su padre le dijo, pero conforme pasaba el semestre, se dio cuenta que no era lo suyo y que amaba el periodismo. Por lo que decidió abandonar la carrera y su casa para ir en busca de sus sueños ―que básicamente fue la última petición que le hizo su madre―, y cumpliría esa promesa sin importar qué.
Tras ello, decidió salirse de su casa y demostrarle a su padre que podía ser independiente. Que no moriría de hambre y que sería una periodista importante. Que valía por ser Lucy y no una Heartfilia.
Se salió de estudiar administración, se salió de casa, se había inscrito en su nueva carrera y ahora, se estrenaba en su nuevo trabajo ―para poder pagarse los estudios―. Lucy, trataba de ser positiva día con día. Cuando el sol salía, ella se miraba en el espejo para decirse que el hoy sería mejor que el ayer. Que se esforzaría al máximo.
A veces se derrumbaba, pero tenía el apoyo de sus amigas.
Ahora la vida parecía apuntar a algo mejor. ¡Por fin tenía empleo! Y por fin podía contribuir en su hogar. Hoy era el día en que se sentiría útil. Hoy sería el día en que descubriría lo que se sentía ganarse la vida. Hoy sería el día en que Lucy comenzaba a ser independiente.
La rubia sostenía una pequeña libretita y un bolígrafo en sus manos. A la espera de que llegara un cliente para tomar su pedido. Su jefe y sus nuevos compañeros habían sido muy amables con ella, la habían instruido bien y tras afirmar que estaba segura, le dijeron que el siguiente cliente sería el suyo.
Esperaba con impaciencia el momento en que la puerta se abriera y alguien la atravesara. Era emocionante: ¿cómo sería su primer cliente?, ¿hombre o mujer?, ¿alguien que iría solo?, ¿una pareja?, ¿una familia?, ¿ancianos? Lo que fuera. Ella lo recordaría por ser el primer comensal que ponía punto y final a la vieja Lucy.
―Este es el tuyo ―su compañera susurró cerca de su oído.
Toda ansiedad se convirtió en nervios. Lucy vio como un muchacho de cabello rosado, abría la puerta del restaurante y caminaba hacia una de las mesas más alejadas del local. Le llamó la atención el tono de su cabello. Un color peculiar. Un color que pensaba era una señal que le enviaba su mamá desde el cielo. ¡La estaba viendo y la haría sentir orgullosa!
―Recuerda: sé amable y sonríe ―asintió. Pronto sintió la necesidad de verificar si su uniforme estaba bien. Una falda negra, una camisa de botones blanco y un chaleco de color negro ―estás bien ―su compañera le sonrió amenamente, ya había pasado, hacía mucho, por todas aquellas inseguridades de los primeros días de trabajo ―vamos, el cliente no debe esperar.
Un rubor cubrió sus mejillas. ―Lo siento. Estoy nerviosa ―le dedicó una sonrisa nerviosa antes de emprender camino hacia su primer cliente.
#
―¡Bienvenido a The Rainforest cafe! ―moduló su voz. Estaba sonriente y en todo el camino se había dicho mentalmente que todo saldría bien.
El chico de cabellos rosados alzó una ceja como respuesta.
―Aquí está nuestro menú ―la rubia ofreció una carta ―lo dejaré un momento para que pueda decidir qué comer.
El hombre se quejó.
Lucy parpadeó confundida. ―¿Se encuentra bien, señor?
―¡Tengo mucha hambre! ―chilló. Sus tripas gruñeron ferozmente. La rubia se sonrojó y no sabía muy bien cómo actuar.
Le había tocado un cliente con un cabello de color bien peculiar y ahora, descubría que en personalidad era igual ―o hasta más―.
―Bueno, puede ordenar algo y lo prepararemos rápido ―aseguró. Alzó su pulgar y le guiñó un ojo.
El chico la vio con los ojos entrecerrados. ―Naaah ―se dejó caer sobre la mesa.
Ignoró lo vergonzoso que estaba haciendo. Se dijo a ella misma que era un cliente como todos y que ese, era solo un obstáculo que pasaría. ¡Ella era capaz de todo! ¡La habían capacitado bien en su trabajo!
―Puede pedir hot cakes… o hue…
―¿Son rápidos? ―el joven se enderezó. Lucy no pudo evitar que su rostro se pusiera rojo ante la mirada esperanzadora del cliente de cabello rosa. En primera, porque la miraba como si fuera su salvadora.
Parecía que tenía días sin comer o un niño pequeño, que hacía berrinche a sus padres para que le dieran comida lo más pronto posible.
Sus ojos brillaban con esperanza. ―Pues… sí. ¡Y son lo mejor que tenemos!
―Confiaré en ti ―le sonrió.
Lucy asintió y empezó a anotar la orden. ―¿De tomar?
―¿Qué me recomiendas? ―parecía que había perdido la fuerza y volvió a desplomarse sobre su asiento.
―¡Jugo! ¡El de naranja es muy bueno! ―arrugó la nariz con disgusto ―¿una malteada? ―sentía que le drenaban toda la confianza adquirida momentos atrás.
―Bueno, eso estaría bien ―dijo indiferente.
Sintió el impulso de patearlo. ¡Por favor, qué definiera una emoción! O estaba hambriento, o esperanzado de sus recomendaciones o aburrido. Tomó aire un par de veces para ganar paciencia: era cliente, era un cliente, era su primer cliente.
―¿Sabor?
―El que sea. Tengo hambre.
Apretó la libreta para desquitar su rabia. ¿Se creía el centro del universo? ¡Todos iban a ese lugar porque tenían hambre!
―De vainilla, será ―el chico frotó con una de sus manos su estómago y con la otra la despidió ―en un momento más le traigo su orden, señor ―dio media vuelta indignada. ¿Por qué le tenían que tocar atender a ese tipo de personas?
#
Lucy esperaba alguna queja acerca de la tardanza. Al hambre y la actitud que mostraba el cliente, solo podía esperar lo peor de él. No obstante, fue una gran sorpresa para ella descubrir que al contrario de lo que pensaba, el hombre la recibió con una sonrisa amable y unas cálidas palabras:
―¡Muchas gracias!
Apenas y puso la orden sobre la mesa. Él le agradeció y se lanzó a devorar su desayuno. Pestañó varias veces, admirando la forma tan veloz y voraz en que la comía todo. Parecía como si se le fuera a ir la comida.
¿En verdad estaba masticando?
No fue ni mucho tiempo el que se quedó anclada viéndolo. Pero era un error estar ahí. ¡Debía trabajar!
―¿Le apetece algo más? ―parecía estar en un sueño. Aún no creía que en menos de diez minutos, se haya terminado todo.
―¿Tiene postres? ―Lucy asintió y empezó a recitar todo el menú que tenían disponible.
Pareció meditarlo. Se lo imaginaba saboreando las posibilidades para decidirse por la que más le gustaba. ―Pay de limón estaría bien.
―¿Desea algo más?
―Otra malteada, por favor.
―¿Vainilla?
Asintió y Lucy respondió que en unos minutos más, traería su orden. Mientras se alejaba, pensaba en lo irónico de ese hombre. ¿Literalmente se estaba muriendo de hambre? Era amable, nunca había sido grosero pero se comportaba muy extraño.
Suspiró. En fin, era un cliente y no debería perder tiempo en esos pensamientos.
Pasado más de quince minutos. El cliente de cabellos rosas le pidió la cuenta.
―Eeh… ¿Te puedo pedir un favor… ―se inclinó y forzó la vista para leer el nombre de su gafete ―Luigi?
―Lucy ―corrigió.
―Lucy. Bien ―corrigió. Vio que el cliente rascaba la parte trasera de su cabeza y le sonreía amistosamente ―no tengo dinero para pagar la cuenta.
La rubia se puso de todos los colores. ¿Por qué a ella? ¿Por qué el primer día de su trabajo? ¿Por qué no dejó pasar al cliente? ¡No estaba preparada para ese tipo de situaciones! ¿Había hablado en serio? ¿No llevaba dinero? Quizás era una broma, la novatada, porque el chico estaba despreocupado.
―Y quería saber si me prestas dinero. Te miras amable y bueno, eres quien me atendió.
Negó.
No podía hacer.
¿Por qué era tan confianzudo? ¡Con qué cara! Lucy debía controlarse porque era un cliente y ella estaba trabajando. ¡Ni siquiera decía bien su nombre y le pedía dinero prestado! ¡Un desconocido!
―Olvidé mi cartera.
―Ni siquiera te sabes mi nombre.
―Luce ―dijo. Quiso darle una patada por confianzudo. Le sonreía como si fueran viejos amigos.
―Yo no me sé tu nombre. Es la primera vez que te veo ―se dio por vencida, tenía que marcar los límites entre cliente y mesero.
―Soy Natsu Dragneel ―se presentó cordialmente ―¿Qué dices? ¿Me prestas el dinero?
Una era ser amable. Dos era que tenían que pagar o si no, ¿Qué medidas se tomaban? ¿Lo iban a poner a lavar platos? ¿Iría a prisión? Y tres era que no tenía mucho dinero.
―¿Cómo me lo vas a regresar? ―había aprendido de su padre a hacer negocios. Podía cobrarle el favor caro, porque ni propina le iban a dejar.
―Te dejo mi número de celular y mi dirección ―mantenía la serenidad y su sonrisa. Se embobó con los hoyuelos que se formaban en sus mejillas.
Sacudió la cabeza. Si algo había aprendido con su papá era el préstamo más los intereses. Si algo había notado era que a los meseros les iba mejor con la propina. Y si quería desquitarse del mal rato que la había hecho pasar ese peculiar muchacho, debía cobrarle caro su servicio.
―Te presto con interés.
―¿Eh?
―Eso o ir a la cárcel ―la rubia se cruzó de brazos, indignada.
Él resopló. ―Bien. Trato hecho, no quiero ir a prisión.
Ella sonrió y estiró el brazo para estrechar su mano. ―No se diga más, Natsu Dragneel, tienes una deuda con Lucy Heartfilia ―y que recordara bien su nombre: no era Luigi y ni Luce. ¡Era Lucy!
Y tras pasarle su número de celular, el de cabello rosa se despidió de ella. Agradecido, hasta el infinito, por su bondad. Y claro, su sonrisa no servía de nada para desviar sus intereses monetarios…
Ahora hasta su papá estaría orgullosa de ella. Luego lo vería para cobrarle su dinero.
Agradezco los comentarios, los favoritos y los follows. Espero que la dinámica del fic no los decepcione. Además que cambié todo después de publicar. ¡Maldita indecisión!
Stormy, espero que te guste.
Reviews: Sabastu, yoxitha94, lady-werempire, Ookami Nightwalker. ¡Ruego para que no se sientan estafadas! El Jerza volverá en dos capítulos más, me falta el gale y el gruvi gruvi =)
