En verdad disfruté mucho del recibimiento que tuve con este one-shot, así que estoy decidiendo volverlo una historia completa, claro que todavía tengo que pensar en algunos detalles, sobre todo ya que quiero hacer una historia que sea una parte muy romántica y la otra sumamente trágica (de lo cual todavía no estoy muy seguro); entretanto me gustaría seguir leyendo lo que sienten y piensan con los favs, follows o reviews, así que espero que lo disfruten :)


¿Hay algo entre nosotros?

Sin duda la notificación de Madame Maléfica sobre que los cuatro seríamos enviados a la Preparatoria Auradon es algo que puede cabrear a cualquiera, considerando también que estaremos ahí de entrada por salida, todo por conseguir una estúpida varita mágica para que ella pueda controlar el bien y el mal a su antojo. Corrección, al antojo de nuestros padres.

Recupero la respiración mientras decido arremeter y charlar un poco con Jay mientras atracamos la reserva de golosinas que posee la osada limusina que fue ordenada a adentrarse en la Isla. Solamente Mal, Evie, Jay y yo podremos pisar esas tierras plagadas de buenas personas y situaciones que podrían poner incómodo a cualquier villano. Sólo los cuatro, mamá se quedará aquí mientras nosotros hacemos la misión de vida o muerte, o quizá hasta que Madame Maléfica pueda destruir la barrera. Sea lo que sea, soy libre de ella por las siguientes horas, un gran alivio y un peso que desaparece de mis pequeños y débiles hombros.

—¡No! —grita Evie, atrayendo la atención de todos.

La barrera, esa cosa que nos mantiene presos como ratas está ahí, brillando con ese enfermizo y aberrante tono amarillo, al cual nos acercamos cada vez más. Estoy seguro de que no soy el único que comienza a pensar que todas esas historias de personas desintegrándose al tocarla son reales.

—¡Es una trampa! —respondo, haciendo que el pánico explote.

Jay decide volverse el protector de todos, como siempre que algo peligroso nos amenaza a los cuatro. Su brazo hace un firme agarre alrededor de mi cuello mientras supongo que hace lo mismo con Mal e Evie; la incómoda posición es eso, incómoda, y mi expresión no ayuda en lo más mínimo, pero no puedo negar que en verdad me siento protegido ante cualquier situación, y si justo ahora es el momento en que nos desintegraremos por intentar salir de la Isla de los Perdidos al menos sabré que pude confesar mis sentimientos por Jay.

Pero nada ocurre, el auto sigue moviéndose y todo sigue como hace diez segundos, intacto y con nosotros yendo a tierras desconocidas.

—¿Qué es lo que pasa? —Jay nos libera y puedo respirar en paz mientras los cuatro miramos hacia atrás. La Isla, nuestro hogar, lo que sea, ahora la estamos dejando atrás, todo por apenas un corto periodo de tiempo.

—Debe ser magia —dice Evie, animada.

—Hey —Mal golpea un pequeño control remoto contra la ventanilla para llamar al conductor—, oye, ¿es éste botón el que abrió la barrera mágica?

—No —responde el conductor, sacando un artefacto dorado de quién sabe dónde—, éste abre la barrera mágica —vuelve la mirada al frente, ahora ese aparato es una de las cosas que debemos conseguir, como precaución—, y ése abre mi garaje —coloca un dedo sobre otro botón y vuelve a girar la cabeza para hablar con ella—. Y éste botón…

La ventanilla vuelve a subir, dándonos otro tanto de privacidad. Ahora quizá sea un poco más difícil conseguir ese aparato; supongo que la única opción es conseguir la tal varita mágica, o que Jay decida usar esas técnicas de robo que tanto ha desarrollado en lugar de quitar los adornos de las partes frontales de los autos.

—Okay —Mal gira la cabeza lentamente, frunciendo los labios con satisfacción, cruza una rodilla sobre la otra y se acomoda completamente en el asiento—, odioso. Qué lindo sujeto.

Ruedo los ojos y sigo comiendo esos pequeños gusanos de goma agridulces, Mal vuelve a sumirse en sus pensamientos e Evie le dedica un par de gestos extraños pero raramente encantadores a su espejo.

Miro de reojo a Jay, cierra los ojos mientras termina de masticar unos cuantos trozos de tiras cubiertas de azúcar, la mano del brazo que está sobre mí se coloca en mi hombro derecho, enviando un escalofrío por todo mi cuerpo.

He tratado de no pensar en ese momento que tuvimos cerca de la torreta de vigilancia ayer, pero es como si el recuerdo se hiciera más presente conforme trato de ignorarlo. No hemos tenido otro momento similar desde entonces, hemos vuelto a ser ese par que se golpea sin razón aparente, pero los momentos en los que busca tener contacto conmigo (de cualquier tipo) ahora son más constantes.

—Si sigues mirándome así voy a morir, estoy seguro de ello —lo miro mientras ensancha esa enfermiza sonrisa de satisfacción, suelto un bufido y él abre el ojo derecho para mirarme—. Además de que estoy casi seguro que eso no te gustaría.

—No todo en mi cabeza gira entorno a ti, ¿lo sabías? —gira la cabeza para mirarme directo a los ojos, se acerca tan rápida y peligrosamente que ni siquiera recuerdo por qué demonios estamos metidos en este despampanante auto.

—Seguro que sí —la punta de su nariz se frota con la mía, y antes de que cualquier otra cosa pueda suceder un atrevido beso también se coloca ahí.

—Oh… —digo y lo acompaño con un ruido extraño en mi garganta, fue algo así como un chirrido de sorpresa combinado con el hecho de que Mal e Evie vieron ese pequeño momento, se habían limitado a mirar por la ventana y en el espejo respectivamente.

—Bien, eso sin duda fue el sonido más adorable del universo.

Ignoro por completo el hecho de que Evie junta las manos de tal forma que sus dedos forman un corazón y trato de no morir por avergonzamiento, el calor en mis mejillas que también se apodera de mis orejas es tan intenso y demasiado que simplemente no creo que pueda mirar a ninguno de ellos a la cara en los próximos veinte mil años.

—¿E-eso era completamente n-necesario? —me muevo en mi lugar, buscando una manera de alejarme de su agarre y acurrucarme en la parte más alejada del asiento. Otra vez mis grandes amigos deciden desatar su maldad en mí.

—Ugh, ven aquí.

Su mano se coloca en mi mejilla derecha y obliga a que mi cabeza se coloque en su hombro, levanto la vista para ver a Mal ladeando una sonrisa mientras también rueda los ojos, Evie nos dedica una amplia sonrisa y levanta un poco más ese horrible movimiento que decidió hacer con las manos.

—No las escuches, simplemente están celosas —susurra en mi oreja, su aliento envía una sensación rara por toda mi espalda mientras miro hacia abajo y dejo de pensar en que podría conseguir algo que sé que ninguno de nosotros podrá tener.

—La verdad no entiendo por qué…

Dejo la frase sin terminar ya que la sonora música empieza a retumbar en sus auriculares, veo que se muerde el labio inferior mientras mueve la cabeza al ritmo de la batería y el bajo, trato de no pensar en las miles de veces que solía pensar en los momentos que hacía eso antes de dormir.

Su mano vuelve a mi hombro, esta vez traza pequeños círculos sobre la manga de la chaqueta que traigo puesta, escucho el lento latido de su corazón mientras veo que Mal decide comenzar la lectura del libro de hechizos de Maléfica e Evie se arregla el brillo labial después de cada mordisco que le da a un par de caramelos.

Llevar un cachorro a casa, ¿es en serio? Mamá literalmente ha arrasado con los pocos perros que hay en la Isla, incluso los que mantiene presos en el sótano están comenzando a decrecer en cantidad. Espero que al volver ya no estén ahí, me aterra tener que vigilar esa puerta cada que decide fabricar alguna prenda para que sus bestias no escapen. Todo lo que hace es cruel y despiadado, pero estoy seguro de que podría hacer toda esa clase de cosas con personas. Conmigo…

Cierro los ojos lentamente mientras un escalofrío se apodera de mí, la respiración de Jay se acompasa y su agarre se vuelve un poco débil. Decido que no está mal (o eso creo) acompañarlo en su siesta mientras llegamos a ese sitio que será nuestro hogar por el siguiente par de horas.

La Isla de los Perdidos ya no me parece un hogar, Auradon tampoco lo es. ¿A dónde pertenezco si es que hay un sitio para mí?


—Muchachos, despierten, estamos a punto de llegar —Evie sacude mi brazo para despertarme, y agradezco haberlo hecho ya que no creo que a Jay le hubiese gustado saber que mi cabeza estaba en su regazo.

Jay vuelve en sí con un salto tan alto que casi estuvo a punto de golpearse la cabeza con el techo del auto, musita un par de cosas y parece algo desorientado sobre lo que acaba de suceder, o si realmente acaba de suceder, pero el momento en el que me mira y guiña el ojo derecho es como si hiciera que mi cuerpo olvidara el modo correcto de respirar.

Miro sobre su hombro y en el camino veo a montones de personas vestidos en brillantes colores, todos saludando en nuestra dirección. Desde ahora empiezo a sentir náuseas por lo que está pasando, o quizá sea por el montón de caramelos que decidí comer. Sea lo que sea, no me gusta.

—Míralos —gruñe Mal, rodando los ojos y expresando todo el desagrado del que es capaz con su voz y sus gestos—. Son repugnantes.

—Sólo estaremos aquí por un par de horas, M, no hace falta la mirada de odio —Evie trata de animarla, pero todos aquí sabemos que eso no sucederá.

—Como sea.

El auto se adentra en un camino circular y ahora los sonidos de tambores, trompetas y aplausos es más presente, como si fuéramos algún tipo de persona importante de algún reino muy, muy lejano. Técnicamente lo somos, pero no estamos aquí para asistir a un aburrido baile o algo por el estilo, estamos aquí para liberar a las personas más asombrosas que han pisado la Tierra. O algo.

—Quiero quedarme aquí —digo en un tono de voz que quería mantener para mí mismo, pero el auto se detiene en ese preciso instante.

Finalmente echo un vistazo a todos los objetos que viajaban con nosotros pero a los cuales no les presté la debida atención por dormir. No hay mucho que llame mi atención, pero una cosa que se asemeja a una manta tiene un estampado que me parece vagamente familiar, seguramente el mismo que debí ver en algunos barcos que se acercan a los puertos de Auradon de vez en cuando, parece pedirme salir del auto conmigo. La quiero.

—Supongo que no echarán de menos nada de esto, así que llevaré esto, y esto, y oh demonios, esto tiene que ser mío.

Los dos estiramos la mano al mismo tiempo, sujetando extremos opuestos de esta cosa. Jay tira con un poco de fuerza, a lo cual respondo tirando también, me mira a los ojos y sonríe antes de hacerlo, no me dejo vencer por las cosas estúpidas que se formulan en mi cabeza y vuelvo a tirar.

—Esto no resultará en nada bueno —susurra Evie en voz alta, divertida por todo esto.

No esperaba que la puerta del auto se abriera pero tengo que agradecer que el conductor lo hiciera ya que seguramente esto habría terminado con un golpe en mi brazo por parte de Jay para que lo soltara, pero mi plan de escape no puede completarse, una parte porque decidí caer al suelo, pero la otra porque estoy peleando contra él, no hay ninguna salida. Hago lo único que tengo como opción: gritar y aferrarme a esta cosa.

—¡No! —grito y eso parece alentarlo a pisarme en el estómago—. ¡Tienes todo lo demás! ¿Por qué quieres esto, que no sé qué es?

—¡Porque tú lo quieres! —tensa la mandíbula y puedo ver el odio irradiando en sus ojos pero me niego a soltar esta cosa porque en verdad la quiero, aunque no sepa qué diantres sea.

—¡No! —trato de apartar su maldita bota pero pisa con más fuerza sobre mí, quitándome el aliento de la peor manera.

—¡Dámelo! —por un momento nuestros ojos se encuentran, pero estoy tan seguro de que quiero esta cosa que prohíbo que estos sentimientos salgan a flote.

—¡Chicos, chicos! —dice Mal después de disfrutar de este espectáculo, los dos dejamos de hacer esto, por supuesto, ya que no es muy común que alguien la atrape con la guardia baja—. Tenemos público.

Los dos giramos la cabeza hacia el público, el momento justo en que una mujer de baja estatura hace su aparición entre un montón de personas con montones de instrumentos y en uniformes, junto a ella aparecen una chica y un chico, y no siento ánimos de hablar con ellos, parecen la clase de personas que sudan bondad, y eso es asqueroso.

—Sólo… limpiábamos —dice él, dándoles una de sus siempre presentes y muy atractivas sonrisas, escupiendo quién sabe qué que tenía en la boca—. Levántate —gruñe y con un movimiento veloz estoy de pie y tratando de aparentar que nada acaba de suceder con esta nueva audiencia.

De ahí todo se vuelve en un montón de presentaciones y la mujer diciéndole que deje las cosas como estaban, Jay presentándose a sí mismo y llamando a esa chica 'bonita' (como si realmente me importara que lo hiciera, y claro que lo hago) y aburridos discursos sobre nosotros al llegar aquí y eso. Tanto sonreír debe ser doloroso, y me gusta mucho que Mal quiera arrancar la cabeza de Audrey.

No puedo negar que estaba realmente asustado cuando esa aterradora estatua se transformó en una bestia real, y quizá fue un reflejo que haya saltado a los brazos de Jay por protección, cosa que no le gustó ya que me obligó a pararme y me empujó. Es… diferente, o algo.

Cuando el tal Doug nos dice que debemos tomar una clase llamada "Bondad Correctiva Inicial" es como un golpe en la maldad a cada uno de nosotros. Como si una persona hablando de muchas cosas buenas mañana por la mañana pudiera convertirnos en personas buenas así nada más. Tendrán que hacer su mejor esfuerzo, y de cualquier manera no estaremos aquí mañana por la mañana.

La única cosa que tomo como importante es la hora de trabajo de la biblioteca. No lo sé, quizá pueda encontrar algo bueno ahí.

—Bien chicos, este es su dormitorio —Doug se pone de pie frente a una puerta, sigue sin atreverse a mirarnos a los ojos por más de dos segundos. No tengo nada contra él, seguro es a Jay a quien más le teme—. Si necesitan algo…

—Sabemos a quién acudir. Largo —agacha la cabeza y sale corriendo por el pasillo como una exhalación ante la orden de Jay.

Abro la puerta del dormitorio y me encuentro con una habitación espaciosa, con demasiada luz solar entrando por grandes ventanales, rodeada de madera, literalmente parece que cada uno de los muebles fue pensado para emplear quince árboles en cada uno.

Jay me empuja y sin decir nada se lanza sobre la cama que está más cercana a una ventana, extiende los brazos sobre el respaldo y lanza la cabeza hacia atrás, como si realmente eso fuera suficiente para marcar su territorio.

—Yo quiero esa cama —gruño entre dientes mientras cierro la puerta del dormitorio detrás de mí.

—¿La quieres? Bueno, eso no sucederá en las próximas horas —ruedo los ojos y le lanzo lo primero que tengo a mi alcance, una estatuilla considerablemente pesada que golpea su abdomen, y no se inmuta en lo más mínimo.

Recordatorio: tiene músculos.

Levanta la cabeza con un movimiento tan veloz y tan agresivo que puedo jurar que tendrá algunas vértebras lesionadas por un par de días, pero eso no borra la estúpida sonrisa que siempre debe tener presente. No es tan amplia y tan llena de bondad como la de las personas que acabamos de conocer, es más su marca personal, como degollar a un enemigo o algo así en algunas personas de la Isla.

—Si quieres la cama sólo tienes que pedirla —se muerde el labio inferior y habla frunciendo los labios, arquea la ceja derecha un poco y me niego a usar esa horrenda palabra que dijo Evie en el auto.

—Quiero esa cama —respondo, usando un tono de voz más bajo, agachando la mirada ya que no puedo mirar esa expresión sin que un suspiro amenace por salir.

—Ven por ella.

Lo miro apenas lo necesario para ver cómo coloca el gorro sobre su rostro y coloca los brazos detrás de su cabeza; está mofándose de mí y de que quizá ayer mencioné en algunas ocasiones lo… 'cautivadores' que son sus brazos.

¿Qué es lo que espera? ¿Que suba a ese colchón y encuentre una manera de que pueda dormir ahí? ¿Que simplemente tome la que está a un lado? ¿Dormir en el suelo? ¿Renunciar a las sensaciones? Viéndolo así ninguna es una opción, y debo agregar que en algún punto de la noche estaremos volviendo a la Isla.

No sé qué es peor, si la idea de volver a la Isla o la idea de que ella salga de ahí y vuelva a traer su ola de asesinatos caninos para satisfacer sus maniáticos deseos.

—Justo ahora la biblioteca parece un sitio en donde me gustaría estar.

—Siempre me ha parecido interesante que seas inteligente.

Un calor bochornoso se apodera completamente de mí, mis rodillas se vuelven un poco débiles y tengo que recargarme en la puerta para no caer. Lo veo suspirar mientras levanta el gorro de sus ojos, guiña el derecho y simplemente no puedo con esto, aunque huir no sea una opción ya que hay que planear un robo.

—C-como sea.

Lanzo las pocas pertenencias que traje conmigo a los pies de la cama y me acerco para desplomarme ahí, a la mitad del suelo, confundido de todo esto pero al mismo tiempo un tanto aliviado; confundido en cuanto no tengo idea de cómo tratar de acércame a él otra vez sin sentir que me rechaza, o sin sentir que todos mis intentos son inútiles ya que él puede hacerlo mil veces mejor y sin siquiera pensarlo; aliviado de que al menos algo en él realmente siente lo mismo que yo, no tengo idea si con la misma intensidad pero al menos hay algo.

Tal vez no debería pensar tanto las cosas, o tal vez deba sentir que mis pensamientos van a matarme, eso funcionó la última vez. O tal vez…

—O podríamos compartir la cama, lo cual me parece una gran idea ahora que lo dije en voz alta —su cálido aliento y los gruñidos en su voz contra mi oreja derecha borra 'cordura' de las palabras que conozco. Antes de que cualquier otra cosa pueda suceder muerde ligeramente mi lóbulo—. Pero, después de todo, no estaremos aquí después de esta noche.

Se pone de pie y me obliga a hacerlo, comienza a abrir todos y cada uno de los cajones y compartimentos que hay en la habitación mientras me quedo ahí, congelado, estático con algo extraño atrapado en mi garganta.

¿Hacia dónde está yendo esto? No tengo la menor idea.

—Entonces, ¿qué piensas sobre todos esos bienhechores? —asoma la cabeza por la ventana y por los movimientos que hace con la cabeza, al mismo tiempo que coloca ambos brazos en el marco, sé que debe haber alguien ahí abajo, una chica es la opción más viable.

Y esta vez no me siento enfadado por ello. Es su naturaleza.

—¿Tengo algo que decir al respecto? Son horribles, y buenos, entre más pronto salgamos de aquí será mejor.

El profundo gruñido de mi estómago parece retumbar por toda la habitación, casi puedo jurar que fue audible en el extremo opuesto del enorme edificio. No es la primera vez que hace un sonido similar, lo ha hecho desde que tengo memoria, pero hoy parece querer molestarme más ya que estuve huyendo toda la mañana de mamá hasta estar con los chicos para recibir nuestra misión de Maléfica; mamá se comporta al estar en público, ahí es menos probable que busque una manera de castigarme por no hacer algo, y solamente disminuye la probabilidad, no significa que siempre lo haga.

Jay se aparta de la ventana, rueda los ojos y sonríe, me da una palmada en el hombro antes de colocar su brazo sobre mis hombros y me obligue a caminar.

—Busquemos algo de comer primero o arruinarás el plan, además también muero de hambre.

Sucede de nuevo que algún tipo de sincronía que existe en los cuatro es perfecta y actúa al mismo tiempo en todos ya que encontramos a Mal e Evie a la mitad del pasillo, encaminadas también a buscar algo de comer.

Mientras avanzamos por los pasillos y los jardines, amplios pero llenos de personas, en la formación acostumbrada (Jay al frente, Mal e Evie con los brazos entrelazados detrás de él, y yo al final) puedo notar que las personas aquí no conocen nada sobre discreción: no dejo de escuchar murmullos y preguntas sobre si Ben perdió la cabeza al traernos aquí, eso acompañado de una u otra persona que tiene el atrevimiento de señalarnos.

Es gracioso el momento en que entramos a la cafetería. Todo, todo se queda en un silencio tan profundo que podría igualar al de un cementerio, o al bosque en el que estuvimos aventurándonos ayer, las expresiones de sorpresa son demasiado notorias, incluso hay algunas personas que huyeron por la salida de emergencias.

—Si así se comportan al vernos no puedo dejar de imaginarme la manera en la que suplicarán piedad cuando la varita sea nuestra —dice Mal entre murmullos, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja derecha.

—Viviré en un enorme castillo y habrá cientos de príncipes para cumplir mis peticiones —Evie parece estar más perdida en sus pensamientos que en lo que está pasando, Mal hace una expresión como diciendo '¿estás hablando en serio?' similar a la que hizo cuando escucho lo de los príncipes en la Isla.

—Necesitaré más brazos para poder llevar todo el botín que conseguiré —Jay sonríe como si todo esto le perteneciera. Los tres giran la cabeza en mi dirección, esperando a que deje salir mis planes a futuro cuando dominemos Auradon y todos los reinos adjuntos.

—Eh… me gustará ver algunas cosas en llamas.

—O destruirás algo ya destruido, como es tu especialidad —dice con una sonrisa que hace suspirar a una chica que no había visto parada junto a él, Mal e Evie ríen mientras me encojo de hombros. Eso fue un golpe bajo.

Ignoramos por completo la enorme fila frente a la gran mesa repleta de comida, haciendo caso omiso a las quejas de las personas que estaban esperando a los demás para servirse, y simplemente tomamos todo lo que podemos juntar con nuestras manos. Evie nos mira con decepción, supongo que por la falta de modales o algo, pero tiene la brillante idea de darnos algunas bandejas, las cuales usamos simplemente para vaciar un poco del cargo extra que llevamos en brazos.

Mal ahuyenta con la mirada a un par de chicas en una de las mesas más alejadas de la cafetería, ella e Evie se sientan frente a nosotros, sus hombros se tocan mientras yo trato de mantener un poco de distancia de Jay. Lo que dijo en verdad fue un poco hiriente.

¿Por qué me estoy volviendo sensible?

—¿Al menos tienen alguna idea de lo que tomaron? —Evie estira la espalda y nos mira a todos, comienza a cortar pequeños trozos de algo que parece un trozo de carne excesivamente cocido bañado en salsa de arándanos—. Justo ahora estoy en un punto intermedio entre qué es más desagradable: Jay mostrando los peores modales del universo o Carlos todavía cubierto de chocolate.

Agacho la cabeza y uso el cuadrado de tela que supongo se usa como servilleta para tratar de eliminar los restos más notables del pequeño atraco del auto. Es embarazoso, pero cuando levanto la cabeza la satisfecha, amplia y blanca sonrisa de Evie me dice que logré eliminar el desagrado que tenía hacia mí.

—Sea lo que sea es demasiado, y es gratis, así que no escucharán una queja de mí por ahora —gruñe Jay con la boca llena, Evie cierra los ojos y hace un gesto de asco para tratar de eliminar la imagen de él usando las manos y el dorso de su mano para eliminar los restos. Fue lo suficientemente inteligente para apartar su largo cabello de su camino.

—¿Podrías usar un tenedor? Las personas suelen usarlos para comer —dice Mal mientras estira uno en su dirección, le responde con un bufido.

—Sabes que en la Isla lo usarían para sacarte un ojo si miras algo en el plato de alguien por más de diez segundos.

—Si lo intentas estoy segura de que sería lo último que hagas —Mal gira el tenedor entre sus dedos, una amenaza.

—Chicos, las personas nos miran. Planeemos homicidios después.

Dejan de retarse con la mirada y volvemos a la comida, o algo así: Mal mastica y trata de disfrazar la expresión de gozo al probar algo tan bueno, Evie sigue concentrada en los modales y en su brillo labial, Jay devora, traga y gruñe con todo lo que tiene enfrente y lo que logra tomar de mi bandeja cada que estira la mano izquierda, toma algunos vegetales con formas demasiado extrañas, trozos de carne envueltos en champiñones y papas a la francesa.

Mi almuerzo se basa en una manzana (a medio terminar) y pequeños pedazos de la corteza de un pan de centeno. De repente no tengo tanta hambre, él lo nota.

—Come algo —gruñe mientras baja unas cuantas rebanadas de pan de centeno con un vaso de agua.

—No tengo hambre.

—No estoy preguntando, hazlo.

Ruedo los ojos y empujo la charola como protesta ante su orden, coloco ambos brazos en la mesa y apoyo la barbilla sobre mis antebrazos. Lo escucho susurrar la palabra 'idiota' y se pone de pie, supongo que para encontrar algo más que no haya probado aún, pero ahora me siento de muy mal humor como para seguirlo. Auradon es tóxico.

—Creo que iré por otro par de panecillos, ¡son deliciosos! —Evie limpia las comisuras de sus labios delicadamente con la servilleta de tela, la dobla en un cuadro y se pone de pie, Mal va detrás de ella.

Me quedo mirando fijamente un par de semillas de girasol mientras los fuertes sonidos de una escuela como esta taladran hasta lo más profundo de mis tímpanos. Estoy demasiado harto y frustrado por esto y muchas otras cosas que estar perdido en los bosques de la Isla no parece una mala idea, el sonido de una pesada charola colocándose junto a mí decide frustrar mi ensoñación.

—Necesitarás energías para esta noche —encojo los hombros un poco más y sigo mirando las semillas—. Como sea, te veo después —levanto la mano derecha apenas lo necesario para que sepa que lo escuché, me da una palmada en el hombro y camina hasta marcharse por la salida de emergencias.

Recorro la cafetería con la vista y algo extraño se apodera de mí, es otro de esos momentos en los que me detengo a pensar en cómo sería mi vida si no fuera yo, o al menos si no fuera un De Vil.

¿Estaría inscrito en esta misma escuela, rodeado de estas mismas personas, con padres que se preocupen por mí en lugar de ordenarme y castigarme, haciendo exactamente las mismas cosas que las personas buenas hacen en la vida diaria aquí? No es como si quisiera algún hechizo para poder cambiar el pasado, de una u otra forma volvería a lo mismo.

Destino, tengo que tener eso en consideración de ahora en adelante. Es mi/nuestro destino robar la varita, es mi/nuestro destino destruir la barrera, es mi/nuestro destino presenciar el nuevo orden que tendrán las cosas cuando Madame Maléfica gobierne. Es mi/nuestro destino cambiar todo.

—¿Dónde demonios está Jay? —pregunta Mal mientras vuelve a sentarse, sumamente irritada y con ese brillo verde aterrador en los ojos—. Estaba aquí hace un minuto.

—¿No es obvio? —me levanto y noto la pila de postres que está a mi lado. Me rehúso a tocarlos—. Acaba de comer, fue a ejercitarse, y con eso me refiero a robar algunas cuantas cosas que encuentre por ahí.

—Pareces conocerlo bastante bien —Evie coloca ambos brazos en la mesa y su rostro descansa sobre sus manos abiertas, arquea las cejas para tratar de decir algo más, que no entiendo del todo.

—Hemos sido amigos desde hace casi mil años, tendría que aprender algunas cosas sobre él de una forma u otra.

—Y tal parece que su tal 'amistad' decidió cambiar ayer, ¿no es cierto? —Mal frunce los labios en su sonrisa de satisfacción. Estoy a punto de responder que lo hizo cuando un momento de racionalidad se apodera de mí, porque la respuesta no es un sí, pero tampoco es un no; la respuesta es un 'no tengo la menor idea'.

—En realidad no hemos hablado al respecto —el nerviosismo en mi voz y un ligero aumento de temperatura en mis mejillas hablan mejor por mí. No estoy seguro si quiero escuchar algo al respecto.

Comparten una mirada de complicidad, luego una sonrisa y finalmente un par de cejas levantadas. Seré más pequeño que ellas pero sé lo que están tramando.

—E, nos vamos, dejemos que el inteligente descifre algunas cuantas cosas —Evie asiente y se levanta, girando un par de veces para lucir su atuendo—. Los visitaremos más tarde para… pensar las cosas, si sabes a lo que me refiero.

—Sí, sí, lo que digas, nos vemos.

La varita. Madame Maléfica. Jay. Sentimientos. Auradon. Volver a la Isla si somos atrapados. La maldad apropiándose del mundo. ¿Todo eso puede lograrse en tan poco tiempo? No me imagino el resultado.


Misión: Robar la varita del Hada Madrina y liberar a nuestros padres de la Isla para que la destrucción gobierne Auradon. Estado: Fracaso. Fracaso épico.

El camino de regreso a la Preparatoria es silencioso, demasiado para el gusto de cualquiera. Mal e Evie intercambian miradas apenadas y se mantienen con la cabeza agachada, Jay va al frente de todos, tiene cerca de cinco metros de distancia a nosotros e incluso así lo escucho susurrar un amplio repertorio de insultos que no creí que poseyera.

El Hada Madrina tendría un infarto si lo escuchara.

Me mantengo lo más alejado de ellos ya que no quiero compartir las miradas apenadas de las chicas, además porque Evie me seguiría viendo como un animal herido o algo así, Mal no disfruta mucho estar conmigo, y realmente no parece haber nada que pueda subirle el ánimo a Jay, no algo que pueda respirar después de que termine de sacar su frustración.

Entramos al camino circular de la escuela y evitamos a un par de guardias, entramos al pasillo principal unos dos minutos antes de que escuchemos el cierre de pesadas puertas. Casi puedo jurar que hay arqueros en los techos para evitar cualquier tumulto, aunque esto es Auradon, seguro el mayor peligro que puede haber aquí es una jauría de cachorros en busca de su madre.

Jay ignora el deseo de buenas noches de Evie (pesadillas y alguna amenaza acechando debajo de su cama) y sigue caminando en línea recta, gira a la izquierda para comenzar a golpear los muros que puede encontrar, lo sé por el sonido que parece retumbar por todo el edificio.

—Espero que esté mejor por la mañana —Evie encoge los hombros, no deja de mirar el punto por el que Jay desapareció.

—Da igual, prefiero pasar una eternidad castigada a pasar otro día aquí —los ojos de Mal destellan con ese verde característico de su familia.

—Eso espero.

Hay cerca de doscientas cosas que quiero decirle al respecto formulándose en mi cabeza, pero ya que tiene magia a su disposición prefiero no ser convertido en cenizas, al menos no hoy.

Apresuro el paso hasta que estoy a unas dos zancadas alejado de él, abro la boca para iniciar alguna conversación pero no estoy seguro de poder continuarla, no sin saber que recibiré monosílabos o que simplemente me mandará al diablo.

—Es una estupidez, ¿no? —se detiene en el acto y gira la cabeza un poco—. Me refiero a que no tiene sentido poner una alarma sobre un objeto tan estúpido como ese si supuestamente nadie aquí haría algo malo con ella.

Los sonoros pisotones que da cuando camina de nuevo hacen evidente que volví a recordarle su fracaso, lo cual no era mi intención en absoluto.

Cuando llegamos al frente del dormitorio busco en los bolsillos de mi pantalón corto la llave de la puerta, decide sacar un poco de ira y abre la puerta con una patada. Sorprendentemente la cerradura no se rompe, pero el golpe de la puerta al choca contra el muro hace que algunas luces se encienda, nos apresuramos a entrar y a seguir lo que sea que salga de esto aquí dentro.

—Escucha… todo estará… —gira sobre los talones y me señala de un modo acusador con un dedo, su brazo tiembla por la fuerza que aplica en ello, se acerca con zancadas y retrocedo hasta que mi cabeza es la primera en chocar contra un pared, después todo mi cuerpo encuentra apoyo contra el muro.

—No te atrevas a decir que todo estará bien mañana, no te atrevas —tensa la mandíbula y ya puedo verme con un moretón en el ojo derecho.

Cierro los puños con tanta fuerza que escucho algunos chasquidos, me atrevo a mirarlo a los ojos y puedo ver eso contra lo que lucha tanto, eso que lo ha tenido en búsquedas sin sentido y deseando causar impresiones con lo que hace: decepción.

Jafar le habría dicho que es inútil y un bueno para nada, eso habría causado que saliera hasta tarde en la noche y robara todo lo que no esté fijo al suelo para tratar de enmendar su error. En las noches en las que mamá me tenía cepillando todos y cada uno de sus abrigos solía verlo correr a toda velocidad en la protección de la noche, llevando y trayendo montones de objetos.

Si en algún momento pensé en detenerlo ahora sé que me enfrentaría a una mirada y reacción tan violentas como las de ahora.

—S-si vas a golpearme h-hazlo y ya —me quedo sin aliento y muevo la cabeza hacia la derecha, dándole espacio para que al menos pueda decir que tropecé con algo o que caí de la cama.

El golpe no llega, en su lugar sostiene mi barbilla con la gentileza que nunca creí que podría poseer alguien que haga lo mismo que él. Abro los ojos con nerviosismo y su expresión cambia por completo, el total opuesto a lo que lo atacó hace unos milisegundos: frunce las cejas un poco, tiene los ojos un tanto más abiertos y su labio inferior tiembla, la respiración entrecortada dice otro poco.

—Y-yo … —titubea y rompe nuestro contacto visual, se rasca la nuca con la mano libre y suspira pesadamente. Esto es nuevo—. B-bueno, creo que l-lo que quiero decir es que…

Aparto sus brazos y extiendo los míos para envolver su torso, coloco la mejilla derecha sobre su pecho mientras todo su cuerpo se pone rígido, respira de manera entrecortada y no sé si es el quien tiembla por lo que estoy haciendo o yo por haberlo hecho sin pensar a hacerlo. Dejo salir el suspiro al sentir su cuerpo tan cerca del mío.

—Está bien —un segundo después su mano derecha se adentra en mi cabello y la otra se coloca en mi espalda baja, acaricia cada mechón mientras lucho contra mi impulso de restregar mi nariz contra sus músculos—. Está bien.

—No, no está bien… —el suspiro entrecortado que acompaña eso me hace mirarlo de inmediato. Es la primera vez que lo veo tan… triste, cabizbajo, derrotado, lo que sea que lo haga sentir así—. No quiero ser una decepción, no quiero decepcionar a ninguno de ustedes, o a papá… a nadie en la Isla.

Es fácil notar que no dice en serio esa última parte, pero decido no hacérselo notar y dejar que bufe lo necesario para tranquilizarse un poco.

—Supongo que conseguiremos la varita de alguna manera —gruñe por lo bajo, eso hace que algo dentro de mi cabeza no parezca estar bien, todo parece estar ligeramente brumoso y demasiado cálido—, lo tomaré como un accidente, y los accidentes suceden todo el tiemp…

No sé qué es realmente lo que me orilla a hacer algo así; quizá fue el hecho de que algo en su voz decía todas esas cosas pero entrelíneas decía 'hazlo', tal vez fue la cercanía entre nosotros y el calor que irradia de él, quizá fue el recuerdo de la suavidad de sus labios contra los míos. Sea lo que sea, me levanto en las puntas de los pies y la presión de ese pequeño beso no dura más de dos segundos, dos segundos que sin duda parecieron largas horas.

Cuando coloco completamente los pies en el suelo una de sus manos acuna mi mejilla, su pulgar se mueve sobre mi pómulo y algo así como un chillido escapa de mi garganta sin mi autorización. Me mira a los ojos, puedo notar lo impactado que está por lo que hice, también puedo sentir ese calor enfermizo en las mejillas.

—Bien… esto es nuevo —la punta de su nariz se mueve contra la mía, los dos soltamos estúpidas risas que, en la Isla, habría provocado que su deseo por golpear a las personas se hicieran presentes—, nadie me había besado antes —frunzo el ceño ya que eso es mentira, puedo hacer una larga lista de personas que lo han besado—. Me refiero a que usualmente soy yo el que lo hace, eres la primera persona que logra besarme sin que esté prevenido.

—¿Puedo hacerlo de nuevo? —el nerviosismo agradable en mi voz me toma por sorpresa, pero en verdad quiero hacerlo de nuevo. Una y otros cientos de incontables veces… si me lo permite.

—Mmmmh, —aleja la mirada por apenas un segundo, luego la sonrisa más amplia que alguna vez he visto adorna sus labios antes de que asienta un poco—, sí, puedes hacerlo.

Vuelvo a levantarme en las puntas de los pies y otra vez presiono sus suaves labios contra los míos, cierro los ojos y por un segundo me pregunto si él también siente lo que se apodera de mí: las rodillas débiles, el acelerado latido del corazón, el escalofrío en la espalda, todo eso y más, pero al menos en mí resalta una profunda necesidad y un gran deseo por nunca apartarme.

Soy tan malditamente sensible y débil, él lo sabe.

—¿Qué es todo esto? —pregunto cuando me aparto y vuelvo a abrir los ojos, en verdad me siento confundido respecto a… no sé si llamarlo 'nosotros', por eso decido llamarlo 'esto'—. Me refiero a que usualmente las personas hacen esta clase de cosas porque hay algo muy fuerte entre ellos, y no sé si todo esto sean señales de algún tipo o si me estoy volviendo loco.

Frunce el ceño de una manera tan confundida que me resisto a reírme en su cara, además de que es un tema 'serio'.

—Corregiré todo eso: ¿hay algo entre nosotros? —la respuesta es una presión de sus labios sobre mi frente. Suficiente.

—Hablas como si fueras una persona de aquí —noto el desagrado en lo que dice, y también lo noto en mi cuerpo porque eso es un gran insulto—. Por ahora diré que sí, lo hay, pero estoy demasiado exhausto, frustrado y necesitado de una larga ducha como para discutirlo. Mañana por la mañana.

Me acerca un poco más a su cuerpo, besa la parte superior de mi cabello y su barbilla se coloca ahí un par de segundos, luego los dos decidimos terminar con el abrazo al mismo tiempo.

Entra en el pequeño baño de la habitación y lo único que puedo hacer es sentarme sobre el colchón, la esponjosa sensación debajo de mi cuerpo hace que mis manos viajen sobre toda la extensión de las mantas que lo cubren. En casa cama es una palabra que no tiene el mismo significado que aquí: en la Isla, o al menos para mamá, y para mí, cama significa un montón de trozos de cartón sobre una base de tubos de metal junto con algunos restos de tela para protegerme de la noche. Aquí es como buscar maneras para definir suavidad y calor.

Todo cambia cuando mi cabeza toca las almohadas, en ese momento es cuando todo el abatimiento, cansancio, una sensación de haber corrido diez mil kilómetros se apodera de mí. Mis párpados pesan cientos de kilogramos, mi cuerpo se sume en estupor y somnolencia. Dormir parece algo increíble ahora.

No escucho la puerta del baño al abrirse pero sí cuando se ríe ligeramente, la sensación de cada una de las partes de mi cuerpo sumiéndose en un profundo sueño es demasiada como para que pueda hacer algo, así que lo dejo quitarme las botas y los calcetines, me levanta para que así pueda deslizarme entre las mantas y cubrirme con ellas.

—Duerme bien —el susurro y un beso en mi frente es lo último que percibo.