[Unas cuantas horas atrás]

"Te agradecería que fueras discreto, Gabriel" dijo Castiel, jugueteando con uno de los tirantes de su gabardina, con la cabeza gacha y las mejillas levemente encendidas. De no ser por esa poderosa aura invisible y la inexplicable estática que su cuerpo generaba, sería igual que una muchachita con las hormonas alborotadas enrollando el cable del teléfono en uno de sus dedos mientras charla con su mejor amigasobre el chico que le gusta. Una parte suya se arrepentía de haberle contado a su hermano lo que de un tiempo a esta parte había comenzado a sentir por el mayor de los Winchester. Discreto…cualquier otra palabra sería mejor aplicable al arcángel.

"Tranqui, Cassie. No se lo diré" exclamó Gabriel, imitando el gesto de promesa de los scouts y tratando de imprimir seriedad es sus facciones. Siendo honestos, esto último no le resultó mucho.

"No quiero incomodar a Dean" agregó Castiel. Y tal vez, si no lo hubiese hecho, no hubiese activado el extraño sentido del humor de su hermano.

"Ya" soltó lacónico Gabriel. Resultaba ser que su hermanito había caído (Ah…la ironía) por el bruto ese. ¿Estaba enojado, sorprendido, shockeado o asustado con la noticia? No, nada de eso. Gabriel podía ser muchas cosas, pero nunca ciego. Fue cosa de mirar a su hermanito mientras le confiaba su secreto, de ver como la Gracia en su interior danzaba y se revolvía, subía y bajaba, disipábanse los contornos un segundo, repletando el recipiente humano, y al siguiente volvía a su estado normal de agitación, siempre resplandeciente y segadora. La esencia de su hermanito brillaba como ninguna que él hubiese visto jamás mientras le hablaba de Dean Winchester. Era un evento único. Estaba feliz por Cassie. Cumpliría su promesa. Pero la naturaleza de Gabriel lo llamaba. Piensa, oh gran pensador.

Castiel levantó la mirada ante la repentina quietud de su hermano. Gabriel era un arcángel parlanchín. Solo guardaba silencio en dos circunstancias. Antes de la batalla o antes de…

Gabriel chasqueó los dedos. Una enorme sonrisa que alcanzaba sus juguetones ojos, se dibujo en su rostro.

Castiel abrió la boca para protestar, pero en vez del "¡Espera, Gabriel! ¿Qué haces?" que pretendía, lo único que salió de sus labios fue un rasposo gruñido. Castiel, confuso, sin saber lo que ocurría, intentó de nuevo y esta vez lo único que consiguió modular fue un extenso y (muy) embarazoso "miaaaau".

Gabriel tomó al animal peli oscuro, que se retorció entre sus manos, poniéndolo a la altura de su rostro pero lo bastante lejos como para no recibir los zarpazos de un furibundo Castiel, reducido a la forma de un pequeño gatito sin dejar de ser menos letal.

"Aw. Y yo que creía que no podías ser mas adorable" le sonrió Gabriel, con los labios apretados, casi como si lanzase un descuidado beso. De haber podido, Cas hubiese fruncido el ceño tanto que las arrugas ni con mojo angelical se las quitaría.

"Gabriel. ¿Qué significa esto?" maulló Cas devuelta. En su esencia Cas era un ángel y por tanto, aun confinado a esa forma felina, era capaz de entender el lenguaje humano con que Gabriel le hablaba. Y claro, Gabe le entendía porque también era un ángel poderoso. El de las lenguas era uno de sus muchos dones.

"Cassie, Cassie, Cassie. Hermano, ya verás como Doctor Corazón aliviará tus pesares" dijo Gabriel, girando sobre sí mismo con el gatito aun en las manos. La colita peluda de Cas seguía el movimiento, ondulando en el aire. Hubiese sido una escena de cuentos para niños, de no ser por la penetrante mirada asesina del gatito y sus afiladas garras soltando destellos.

Mirando la sonrisa complacida de su hermano a través de sus nuevos ojos felinos, Cas se alegró de no haberle contado lo del beso. Mejor ni lo pensaba, Gabe podría leer su mente.

Gabriel era un ángel de palabra. No le diría al tontuelo Winchester lo que su hermanito acababa de contarle. Pero claro, una cosa era decirle a Dean y otra my distinta dejar que se diera cuenta por sí mismo.