Prusia & Hungria

Prusia, vale, vale. No parece convencido. Pero vale. Hungría se ríe agudito. Es que Prusia...

¿Se niega? Está bieeeeen, no queremos que se enfade. No, no. De hecho, ella me gusta mucho. Es verdad, con fem!Austria. Hungría te pregunta si prefieres que sea ella misma *se rasca la cabeza* o si las deja solas.

Y con todo no hace nada... Vale, Hungría se ríe con voz grave y se sobresalta a sí misma al oírse, dando un saltito y tapándose la boca. Se va corriendo a mirarse las regiones vitales porque antes, antes de Austria, hubiera matado por tener una verga aunque fuera pequeñita, pero de hombre.

¡Hungría, no hay de esas de mujer!

—¡Es que tengo una! ¡Es awesome! —da saltitos y es que se la quiere enseñar a todos.

oxOXOxo

Hungría clava los esquís en la nieve y mira a Prusia de reojo, sonriendo. Prusia que está haciéndose otro estúpido selfie otra vez... como se ha hecho como un millón desde que se ha levantado.

—Vengaaaa, se te va a acabar la memoria de la cámara.

—He traído más —las saca del bolsillo y se las muestra, arreglándose el pelo y poniendo morritos para hacerse otra.

—Ni que estuvieras tan guapa —le pica y se acerca a ella, sacando la lengua para salir en su foto y quiero decir que Hungría es un chico barbudo aparte del pelo largo recogido en una coleta.

—¡Nooo, la estropeaste!

Hungría que quería ser todo un boy... Vale, Germania piensa que eso es sólo para quedar bien con él.

—Que voy a haberla estropeado —la empuja un poquito y se ríe.

—Claro que sí —se pone las gafas de esquí y se saca otra, ¿por qué no? Y el chico vueeeelve a meterse, poniéndole cuernos con las manos enguantadas —. ¡Para!

—¡Ha! —se muere de risa, poniéndose los esquís.

Prusia pone los ojos en blanco y se guarda el teléfono igual. Hungría se acomoda el gorrito con la cámara goPro que tiene perfectamente puesta ahí para filmar todo lo que ocurre, y sonríe para la alemana.

—Entonces.

Was?

—¿Carrera?

Nein, soy demasiado buena para ti.

—Que vas a ser demasiado buena para mí —se muere de risa. La albina levanta una ceja, medio indignada.

—Desde luego que lo soy.

—No eres mejor que yo.

—Como mil veces y soy generosa contigo —movimiento con el pelo. El húngaro se sonroja un poco porque joder, ¡sí que es un pedazo de mujer! Se ríe un poco tontamente.

—¿Y por qué estás conmigo si soy tan poco hombre según tú?

—¡No estoy contigo! Tú estás conmigo y yo te soporto porque soy awesome.

—¡Ah! ¡Ahora resulta que yo estoy contigo! —se ríe un poco, haciendo los ojos en blanco.

—Desde luego que sí —sonríe de lado.

—Yo creo que más bien soy yo el que te permite estar conmigo.

—Pfff y no podrías estar más equivocado.

Extiende un brazo y la abraza de la cintura, atrayéndolo hacia él. Ella levanta la barbilla, deteniéndose su gorrito de lana con una mano sin impedírselo.

—Yo creo que bien que te gusta estar conmigo... Yo y mis awesome cinco metros.

—¡Cinco centímetros, dirás! —toda "¡Ha!". Hungría se ríe y hace los ojos en blanco.

—Yo creo que con tus ojitos rojos no alcanzas a ver bien... Pero bien que lo disfrutas.

—¡Pues cómo voy a ver bien con lo pequeñito que es!

—Será que no estás lo bastante buena para que se me levante.

—¡HA!

—Sabes que es cierto, tú en cambio estás siempre toda mojadota en la cama.

—¡Yo no estoy toda mojadota!

—¿Quieres ver cómo sí? —va la mano para allá y ella se la golpea un poco.

—Se me habría congelado ahora y no podría ni andar.

—Como si pudieras estar a esta distancia mía y congelarte —se ríe, sonrojadito.

—Del calor que desprendes de ir caliente por mí todo el día —le devuelve.

—¡¿Yo... caliente por ti?! ¡Ha! Yo creo más bien que tú... Tú... —vacila porque no sabe bien que más decirle.

—Dilo, guapo. Tú eres awesome y hasta me dejas sin habla —sonríe y él arruga la nariz.

—Pues un poco, pero eso es... ¡Recíproco! Bien que te gusto yo.

Nein —juega—. Y ahora aparta que me están poniendo comentarios en Instagram.

—Uy, perdóname... ¡Que te estoy quitando el tiempo! ¡Yo te estoy pidiendo comentarios en vivo!

—Pero ellos me los dejan a mí, no me los piden.

—Yo te estoy pidiendo también que hagas carreras conmigo, y yo tengo prioridad —le busca el teléfono y aprovecha para abrazarla de nuevo un poco más.

—¿Quien dice que la tienes?

—Yo, ya deja de hacerte la interesante —protesta un poco picándole las costillas, haciéndola reír —. ¿Vas a esquiar o solo vas a jugar a la chica inalcanzable? —la empuja un poquito.

—Eso no es un juego.

—No eres inalcanzable en lo absoluto, eres rebasable —le sonríe con seguridad.

—Esa es una gran mentira.

—Pues a ver si bajas tan RÁPIDO si no es rodando —otro empujoncito y sonríe un poco más pensando que, quizás sea mejor hacerlo un poco más divertido. La levanta de golpe como princesa y se resbala con los esquís porque es un idiota. Acaban cayéndose los dos al suelo.

—Waaaaaah! —¡Prusia hace un grito de nena! Y se cae sobre él, desde luego.

Hungría no puede evitar reírse un poco a pesar de que se ha dado un buen golpe en el culo.

—¡Ah! ¡Mira lo que hiciste! ¡Torpe!

—¡Es tu culpa!

—¿Cómo va a ser mi culpa que seas torpe?

—Tú eres la torpe que se movió y me tiró.

—Tan débil eres ahora —se levanta.

—¡Ah! ¡Ahora resulta que débil! Será que tú estás gorda.

WAAAAS?

—Has subido de peso, ni creas que no me he dado cuenta. Tienes rollitos.

—¡De qué vas! ¡Todo se me pone en las tetas!

El chico se ríe otra vez porque en realidad le estaba tomando el pelo.

—Esas también las tienes muy bonitas, no vamos a decir que no. Ven.

—En tu vida has visto unas más bonitas.

—En mi vida... Nunca, ningunas, ni las de las modelos de Playboy —sube una mano y se las intenta tocar.

Nein, ni siquiera esas —le impide.

—¡Eh! ¿Por qué no puedo?

—Confórmate con las revistas que tanto te gustan.

—¡Qué me voy a conformar! —protesta y la alemana se ríe —. Voy a dejarte a ti sin mi hermosa hombría todas las vacaciones y verás.

Prusia se ríe más, un poco nerviosa, ahora.

—A conseguirme otra chica —se cruza de brazos y levanta la nariz.

—Venga, ve, que yo lo vea. No encontrarás otra más awesome.

—¡Prussiaaaaa! Mejor sé buena chica... —le sonríe. Ella se alivia y se mueve el pelo.

—Di que soy awesome.

Él levanta las manos y le endereza el gorrito. La germana levanta una ceja, brazos en jarras.

—Que soy awesome.

—¡Que lo soy yo, no tú!

—Mmmm... Dame un beso y lo diré —se ríe.

—Pfff, mucho más que eso tendrías que decir para conseguir un beso —nariz levantada. El chico pone los ojos en blanco e igualmente le abraza un poco.

—Mucho más que eso. Ya lo he dicho. Quiero mi beso.

—¡No literalmente, lo que quiero que digas es de mí! —frunce el entrecejo. Hungría se humedece los labios y se sonroja un poco.

—Eres... Muy guapa y sensual de un modo... Extraño.

—¿Extraño?

—Esa piel blanca y ojos rojos es... Es... —se sonroja más —. Y además eres divertida, y un poco insoportable y...

—Ehmmm ja, ya lo sé —se sonroja un poco.

—Y vale, puede que sí me traigas un poco loco, porque pueeeeede que sí seas un poco awesome —se muerde el labio. Prusia se sonroja más y se ríe nerviosa —. Sólo un poquito.

—Un poquito... —repite.

—Bueno, vale, no un poquito —sonríe un poquito. La albina sonríe y se sonroja otra vez. El húngaro le sonríe de vuelta —. ¿Y yo?

—Tú no.

—¡¿Cómo de que no?!

—¿Qué parte no entiendes? —sonríe maligna.

—Que claro que sí soy awesome y me amas con pasión y locura porque soy tu media naranja.

Prusia se ríe nerviosa y se sonroja un poco, pero no lo niega. El chico se ríe un poquito nervioso también... y se relaja de que no lo niegue.

—¿Ves? ¡Ahora dilo!

—Mmm... nein.

—¡Dilo!

Nein, nein —niega, riéndose.

—¡Ningún Nein!

—¿Por qué no? —sonríe traviesa aun.

—¡Porque sí que me gusta oírlo!

—Ah, ¿sí te gusta? Claro, ¿pero quien dice que lo mereces?

—¡Desde luego que lo merezco!

—Ah, sí... ¿y eso por qué?

—Pues porque soy awesome y... ¿Cómo que por qué? ¡Porque sí! ¡Porque soy el poderoso Hungría!

—Como si Ungarn fuera tan genial lugar.

—¡Claro que es un lugar genial! ¡El mejor lugar del mundo!

—Pfffff.

—¡Bah! ¿Qué otro lugar te parece bonito que no seas tú, egocéntrica?

—Ninguno, pero no es por egocentrismo, es porque las cosas como son.

—Ni creas que tú eres TAN bonita. No tienes nada tú que no tenga yo.

—Claro que sí.

—¿Qué tienes tú que no tenga yo, a ver?

—Tetas.


Este salió raro, pero raro de cojones... creo que fue culpa de hacerlos a los dos a la vez... es un error que no se volvio a cometer. ¡No olvides agradecer a Josita!