Ryoga.

Japón

Oh glorioso país rodeado de agua marina, aquella sensación de estar en su hogar aunque aquel país nunca lo haya sido, el tan solo saber que volvería a ver a su viejo, su madre y sobretodo al mocoso, era lo que más alegría le daba. Poder volver a ver aquella cara malhumorada, escuchar refunfuños y reír al ver su mirada tosca pero avergonzada.

Claro, aquel mocoso ya había crecido. Tenía más de tres años sin visitar a su familia, en aquel año ya Ryoma tendría 17 años, había crecido, se había llenado de experiencias tanto como tenista como en toda su vida, esperaba que tuviera alguna novia o al menos algún arrejunte, alguna persona que le diera sentido a su vida y así poder tener algo para enloquecerlo.

Casi siempre que los visitaba, trataba de pasar la mayoría del tiempo con el Chibisuke, como si tratara de reforzar todo el tiempo de ausencia que le había dejado, en cierto modo le molestaba no poder estar allí para él, para verlo crecer, estar en sus triunfos y en sus pérdidas, no ver todo aquello.

Pero, como bien había leído en un libro viejo, para obtener algo debes dar algo a cambio. Había sacrificado un tiempo valioso con Ryoma pero era por algo que amaba, lo que hacia en el exterior lo llenaba de manera excesiva, era el hilo del que pendía su vida, su única razón de ser y no podía renunciar por algo que realmente le encantaba, era su vida a final de cuentas.

Por eso siempre intentaba hallar el equilibrio en todo, en su tiempo de ausencia siempre intentaba mantener su relación familiar viva mediante cartas, de las cuales nunca esperaba alguna respuesta y realmente no le importaba con tal de darle a entender a todos ellos que seguían siendo algo importante en su vida. Y, por otro lado, compensaba la ausencia con presentes de los lugares que visitaba y conocía y sobretodo, ofreciendo cariño incondicional en su presencia, que a veces se confundía con una conducta fastidiosa pero su intención era lo importante

Aquel día había llegado a la mañana, hora en la que su hermano seguramente estudiaba. Por lo que optó por asentarse en su casa, saludar a todos, acomodar sus cosas. Su estadía allí sería prolongada, unos seis meses para ser precisos y debía aprovecharlos al máximo, pues luego de aquello volvería a viajar por varios años, agradecía que en esos meses recibiera el año nuevo con su familia y celebraría en mucho tiempo el cumpleaños de su hermano.

Ya caída la tarde decidió pasearse un rato por la ciudad, tenía tiempo sin visitar aquellos lugares y revisó cada cancha de tenis que veía buscando al ambarino, mas no lo encontró, siguió caminando por las calles envolviéndose por la tarde otoñal, pronto caería el invierno y aquella época le encantaba.

Detuvo su paso cuando encontró a una pequeña llorando en un rincón de la calle, cuando se acercó descubrió que no era ninguna pequeña, la chica cargaba con un uniforme de tenista que estaba completamente sucio, su cabello tejido en dos trenzas estaba alborotado, como si lo hubieran jalado con fuerza y su preocupación aumentó cuando vio sus tambaleantes piernas, heridas, moradas y sangrantes.

— Hey –Se acercó rápidamente a ella.

— Ryo - Ryoma kun -La chica se alejó de el lo mas que pudo y le dio la espalda limpiándose las lagrimas, se sorprendió cuando lo confundieron con su hermano.

— Espera no soy Ryoma –Dijo rápido tratando de entender todo lo que pasaba.

— L-lo siento -Ella se alejó de inmediato, cubriendo su rostro completamente rojo y agachándose de la vergüenza - te confundí con alguien –

Él negó con la cabeza, haciendo ademán de que no se preocupara y se volvió a acercar a ella.

— ¿Qué te sucedió, te puedo ayudar con algo? –No sabía qué más ofrecerle, seguramente lo vería como un chico más que intentaba ayudarla.

— Nno, yyo solo... ahh... –Estaba hecha un mar de lágrimas y balbuceos, no quería hablar ni mucho menos que interrumpieran sus momentos de llanto. Sin embargo, él necesitaba saber que relación tenía la chica con su hermano.

— ¿Quién te hizo daño? -La sujetó por el brazo y acarició con ternura su cabeza, ella seguía llorando escondiendo su rostro entre sus manos, comenzó a hacerse malas ideas en la cabeza - ese tal Ryoma ¿te hizo daño? -

— Nno, pero debe estar decepcionado -

— ¿Why? –Preguntó en inglés pero antes de rectificarlo ya ella había comenzado a hablar.

Necesitaba Desahogarse con alguien.

— Yyo solo quería sorprenderlo, que viera cuanto había mejorado en el tenis gracias a él pero la pelota llegó muy lejos, unas chicas la agarraron, ellas comenzaron a golpearme diciendo que no me lo merecía que él no me amaba y yo no pude hacer nada para defenderme, porque ellas tienen razón -

Ella aun seguía agachada y él llegó hasta su altura, la abrazó por encima y apretó con fuerza. Comprendía que se trataba de una niña tímida que amaba a Ryoma y quizás él no se había dado cuenta.

— Se que somos novios y que él hace su mayor esfuerzo para complacerme y ayudarme pero es difícil sonreírle cuando todas las semanas me pasan cosas como ésta, no quiero serle molestia -Aguantó la respiración por un momento y luego sonrió orgulloso ¡el chibisuke tenía novia!

— Por eso no quieres que te vea llorar -Ella asintió con poca energía - cuando alguien te quiere se preocupa aun sin que le des razones y aunque Ryoma quizás no sea una persona tan centrada para algunas cosas, se que si le dices lo que sucede quizás te sientas mejor -

Ella subió su mirada, notó como aquellos grandes ojos rubíes lo miraban con ilusión y esperanza, apartó la mirada de él y luego se levantó con mirada decisiva.

— ¿Qué harás? -

— Aún no lo se, pero no quiero derrumbarme por cosas así -Sintió mas orgullo por su hermano al ver que se había encontrado a una buena mujer, ella volteó a verlo con curiosidad - ¿cómo conoces a Ryoma kun? – ¡Mierda!

— Ehh...luego te enterarás -

Sonrió preocupado, quizás Ryoma no le había mencionado nada sobre él a esa castaña, se alejó unos pasos de ella para después escuchar como desde los arbustos se acercaba alguien, preso del miedo se alejó corriendo de aquel lugar y se escondió detrás de uno de los dispensadores de bebida. Enseguida vio como su hermano se acercaba corriendo a ella.

— Ryuzaki - Aquel apellido se le hacia muy conocido.

— Ry Ryoma kun

— ¿Qué sucedió? -Su voz era entrecortada, había estado corriendo durante mucho tiempo.

— Yo...yo... -Ella suspiró y luego negó con la cabeza, mierda no lo iba a decir - busqué la pelota y me tropecé... nada importante -le sonrió tan alegremente que hasta él le creería si no conociera la verdad.

Su hermano la miró detenidamente por unos segundos, como si la estuviera analizando y luego suspiró, rascó su cabeza y se alejó de ella comenzando a caminar. Él los siguió en silencio, no podía ver como las cosas terminaban así.

¡Vamos Chibisuke, date cuenta!

— Ryuzaki, te han ocurrido este tipo de cosas últimamente y siempre me dices algo parecido -

— Y… yo -

— Te seguí -

Ambos se detuvieron de improvisto, ella lo miró asustada y de inmediato las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.

— Lo siento, yo quería ser más fuerte quería decirles que yo si estaba a tu altura, que si estaba mejorando en el tenis que si te merezco -Cubrió su rostro de nuevo y rompió a llorar. Ryoma la acerco a él estrechándola contra su pecho, cubrió su rostro con su gorra y besó su cabeza, aspiró hondo y subió su cara, como para que ella no lo viera.

Oh, comprendía

Estaba sonrojado

— No hace falta decirle a los demás esas cosas, ese es solo mi problema y para mi tu eres perfecta -

Joder que tierno, él levantó la cara femenina y la besó con fervor, Ryoga por otro lado se volteó y dejó a la parejita a solas, ahora sabía que apenas llegara su hermano tendría mucho, mucho de que hablar.

O mejor, que diría la pequeña Ryuzaki cuando lo viera, no podía esperar ver sus caras…

Oh y lo más importante: sería divertido ver la cara de Nanjiro cuando se enterara.

N/A

Siento que a veces toco temas importantes pero muy por encima.

¡Abajo el bullying!