Benvenuto~ Ok, no.

Hello de nuevo, personas. Vengo aqui con mi miserable fic a continuarlo a pesar de la falta de comentarios :( Pero igual, no lo dejare inconcluso.

He aqui el cap de nuestro Giiiil~. Hay insinuasiones de OzGil unilateral, aunque quien sabe, no siempre todo es lo que parece ;)

Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son propiedad de Jun Mochizuki.


Gilbert Nightray

Oz Vessalius.

La vida de Gilbert Nightray, solo se centraba en un individuo. Cabello rubio, ojos esmeralda. De nombre, Oz Vessalius.

Gruño y apago el cigarrillo. Entrecerró los ojos llevándose una mano a la cabeza, apartando los ondulados cabellos de su rostro. Llevaba encerrado todo el día, y mantenía la vaga esperanza que Oz viniera a buscarlo, y al mismo tiempo rogaba porque no lo hiciera.

¿Qué vería Oz en el?

¿Vería al mismo niño de 14 años que lloraba constantemente, que no podía protegerlo? ¿Aquel niño que, infantilmente, dejaba que su amo lo protegiera? La única vez, pensó, la única vez que había hecho algo por Oz acabo lastimándolo terriblemente. Cada vez que intentaba ayudarlo, lo lastimaba.

¿Cómo Oz podía confiar en el?

¿Cómo podía verlo a los ojos y sonreír de esa manera?

Gruño de nuevo, palpando sus bolsillos en busca de mas nicotina que llenase sus pulmones y nublase sus sentidos. Estaba consciente de que moriría pronto si mantenía la misma actitud, pero aquello le hacia extrañamente feliz. Pensar que cuando muriese, Oz seguiría con vida. Pensar que aquel sello no acabaría con Oz antes que la vida acabara con el.

Ah… Aquel maldito sello.

Odiaba con todo su ser aquel sello que manchaba la blanca piel de su amo, que marcaba su inevitable destino. Todo por aquella estúpida chica, todo por Alice. Y odiaba aun mas la forma en que Oz se despreocupaba de aquello y apoyaba a la chica en todo lo que ella deseara; sabia que Oz era capaz de seguirla a aquel infierno llamado Abyss si era necesario para mantenerla a su lado. Y odiaba aquello. ¿Por qué ella? Pensó de nuevo, pero sabia que era inútil buscar lo que Oz veía en ella pues era imposible verla de la misma forma. De igual modo que era imposible que alguien viera a Oz como él lo veía.

-¡Gil! ¿De quien te escondes, Gil?- escucho, vagamente y demasiado lejano como para identificar aquella voz. Entonces, entre la penumbra, vislumbro el tono dorado de su cabello.

-¿Oz?- musito intentando enfocar la mirada, vanamente.

-¿Oz? ¡No! Vamos Gil, le llevo mucha altura a ese mocoso como para que me confundas con el- recrimino sonriéndole, Gilbert suspiro al notar la presencia de su hermano- ¿Estas molesto? No tienes buena pinta…-

-¿Qué quieres, Vince?- musito, paso por su mente preguntarle como había entrado sin que Break lo encontrara pero estaba demasiado cansado como para preguntar mas que aquello.

-La rata aquí presente venia a decirte que debes salir de tu… ¿Cuál es la palabra Emily?- cuestiono dando su aparición, saliendo de un armario. No se cuestiono porque Break aparecía de aquella forma.

-¡Cueva!-

-¡Eso! ¡Debes salir de tu cueva!- anuncio sonriendo burlesco, miro a Vincent y su expresión se endureció notablemente- Sal de aquí rata, yo me llevare a Gilbert-kun a Pandora… Imagino que no quiere quedarse el resto del día de ocioso ¿verdad?-

-Ese era mi plan- musito entrecerrando los ojos- Pero entiendo que tu "¿verdad?" significa "Si no te mueves de ahí voy a sacarte a patadas, y no quieres eso"-

-¡Muy bien, Gilbert-kun!-

-Demasiado agresivo con mi hermano- farfullo Vincent forzando una sonrisa amable, que Gilbert sabia usaba para controlar su rabia- ¡Que tengas un lindo día Gil! Ya sabes que no soy bienvenido aquí… ¡Si puedes pasa por la casa Nightray!-

-Ambos sabemos que eso no pasara- musito notando como su hermano desaparecía por la entrada. Miro a Break, quien sonreía a Emily y con enorme dificultad se puso en pie, tomo el sombrero y acomodo su chaqueta para luego salir al pasillo.

-¿Por qué das la impresión de estar ebrio?- pregunto Break sonriéndole malicioso, Emily profirió una aguda carcajada que logro crispar mas al joven Nightray.

-No estoy ebrio, solo he fumado y bebido toda la mañana- murmuro sorprendiéndose a si mismo- Oh espera, puede que si este ebrio entonces…-

-¿Motivos?-

-Lo mismo de siempre- respondió tirando de la punta del sombrero con nerviosismo. Frunció el seño notando repentinamente que seguía a Break sin saber exactamente a donde ni porque- Oye Break…-

Callo abruptamente al notar, irónicamente, la ausencia de Xerxes. Suspiro, dándose un leve golpe en la cabeza pensando que Break nunca cambiaría aquella forma de ser tan pérfida e indiscutiblemente torcida. Siguió por el pasillo, pensando que si iba al vestíbulo de la mansión podría acudir a la biblioteca y encerrarse en la vasta colección de Holy Knight que poseía la casa Rainsworth.

-¡Gil!-

Entrecerró los ojos, intentando ignorar aquella voz. Podía escucharla, incluso en su mente, gritando su nombre y haciéndolo alertarse por un peligro inexistente. Oz no estaba en peligro… Y, por mas que doliera admitirlo, el podía defenderse solo. Y aquel pensamiento logro clavarse en su pecho con una fuerza increíble. Oz no lo necesitaba, pero el lo necesitaba exageradamente. El dependía del joven Vessalius, era su pilar, su mundo. Su todo. Pero el estaba consiente de que no era el todo de Oz.

-¡Gil! ¡Te estoy hablando!-

Sabia que él se iría, seguiría avanzando y corriendo hacia adelante. Avanzando hacia la luz, dejándolo sumido en la oscuridad… Abandonándolo. Porque Oz corría a un lugar al cual el jamás podría seguirlo, porque lo único que los unía era la oscuridad en la que ambos estaban sumidos. Todo el tiempo, desde siempre, ellos estaban juntos en aquella interminable oscuridad que invadía cada rincón de ambos.

Pero… Entonces llego la luz.

-¡Por favor Gil! ¡Para ya!-

Alice. Tenso la mandíbula y apretó los puños con solo pensar en aquel nombre. Ella, solo ella, Alice Baskerville. Los había separado, había sumido a Oz en la verdadera y aterradora oscuridad. Y al devolvérselo, ya no era el mismo. Al devolvérselo, se lo arrebato para siempre. Porque sabia que Alice se había vuelto el sol para Oz, que ella lo sacaba de aquella oscuridad que compartían y le mostraba un mundo que brillaba. Un mundo hermoso, no el mundo cruel e injusto que ellos dos veían siendo niños.

-¡Te estoy hablando Gil!-

-¡¿Qué demonios quieres, Oz?!- grito encarándolo, con los ojos dorados llameando con fuerza. Oz le miro, asustado y confundido.

Gilbert lo miro, conteniéndose de llorar y reír. No tenia en lo absoluto la imagen imponente del amo al que había servido 10 años atrás. Lo veía ahora, como un pequeño chico con el cabello rubio brillante y expresivos ojos esmeralda. La piel pálida corrompida por aquel sello en su pecho. Las facciones delicadas, las largas pestañas doradas que bordeaban aquellos grandes ojos verdes. Cada detalle, que solo el podía admirar. Alice jamás podría ver a Oz de aquella forma, y aun así, Oz prefería la forma en la que Alice lo veía.

-¡Te estaba hablando y no me contestas, Gil!- reprocho frunciendo el seño- ¿Has estado evitándome, no? Exijo saber porque-

-¿Es una orden de mi amo?- replico, con el sarcasmo impregnándose en su voz. Noto como Oz abría ligeramente mas los ojos, sorprendido por la insolencia que mostraba

-Estoy preocupado por ti, Gil-

Aquello, aquella frase lo enfureció mas que cualquier otra cosa que pudiese hacer o decir el joven Vessalius.

-¡Maldita sea! ¡Cállate Oz!- grito alzando el puño, y golpeando la pared. Sintió una punzada en la mano derecha y escucho el sonido del cristal romperse, aquel sonido resulto lejano e irreal- ¡Yo no pedí que te preocuparas!-

-¡Gil!- grito, su voz elevándose, sonando aguda- ¿Qué has hecho?- musito mirando el espejo que acababa de romper- ¡Si estas molesto dímelo, idiota! ¡No te dediques a solo hacerte daño!-

-Oz…-

-¡No! ¡Ahora te callas!- grito molesto, tomando su mano. Gilbert observo distraídamente la sangre manar del corte ocasionado, sostenía firmemente un pedazo de cristal en la mano- ¡Suelta eso!-

-No-

Gil observo, con cínica diversión, como Oz se sonrojaba de la rabia e indignación por su desobediencia. Bajo la mirada al cristal que devolvía su reflejo, manchado de sangre. Y se sintió miserable, al ver que no poseía 14 años. Al ver que no estaban en la mansión Vessalius. Que nada era como antes.

-Dime Gil…- musito retirando delicadamente uno de los dedos de Gil que se aferraban al cristal, continuo con delicadeza, retirándolos- ¿Qué pasa por tu mente? Se que debajo de ese pelo negro de algas hay un cerebro que piensa, sobre cosas estúpidas pero lo hace-

-¡No me insultes, Oz!- grito molesto, sintiendo como enrojecía repentinamente. Tomo una bocanada de oxigeno, sintiendo que la garganta le ardía pidiendo a gritos su dosis de tabaco- ¿Realmente quieres saberlo?-

-Quiero saberlo- susurro con los ojos verdes fijos en el cristal que sostenía su amigo. Sostenía su mano, intentando librar un segundo dedo.

-Tu seguirás avanzando Oz, y yo me quedare atrás- susurro, apenas audible y con la voz sonando mas ronca de lo usual. Noto como le temblaban las comisuras de los labios al joven Vessalius, y se pregunto si era por no poder fingir una sonrisa o porque reprimía la risa.

-Que ridículo- murmuro, librando el segundo dedo e intentando con el tercero. Faltaba poco, y se dejaría de hacer daño.

-¡No es ridículo!- reprocho con la vista fija en el rostro de Oz, aunque este mirase fijamente el cristal en su mano.- Tu estas avanzando hacia la luz… Yo siempre estaré... No puedo seguirte Oz, y tu seguirás avanzando… No puedo impedirlo, el que crezcas, el que sigas, el que busques. No puedo impedirte que seas tu-

El cristal cayo al suelo, y los miradas se encontraron. Oz fijo, finalmente, sus ojos esmeralda en los dorados de Gilbert. Y sonrió.

-Yo nunca iré a un lugar donde no puedas seguirme, Gil- dijo suavemente, Gil noto como entrecerraba los ojos de aquella forma que indicaba que esa sonrisa era autentica.

Una verdadera sonrisa, solo para él…

-¿No me dejaras nunca?- musito con un hilo de voz, noto como Oz se regocijaba con aquel momento de vulnerabilidad que mostraba- ¿No me abandonaras? ¿Ni por la coneja estúpida?-

-¿Y que tiene que ver Alice con esto?- pregunto sorprendido, Gil sonrió cínico. Había cosas que Oz jamás entendería.

-Es porque ella te gusta- afirmo logrando que el joven Vessalius enrojeciera repentinamente. Adoraba aquellas reacciones, aun inocentes, de Oz.

-Alice no…- murmuro con el nerviosismo impreso en su voz- ¡No seas tonto Gil!-

-Anda Oz, admítelo- dijo, logrando que se molestara aun mas. Y que el sonrojo se expandiera en su rostro.

-¡Que te calles, Gil!-

Coloco las manos en los hombros de Oz. Y dejo caer la cabeza en el hombro, encorvándose completamente. No le importo, quería estar cerca de Oz. Noto como el se tensaba, y volvía a relajarse. Podía escuchar el latido reticente de su corazón, sentir la suave temperatura de su cuerpo. Oz era tan pequeño… Y el siempre acababa, de uno u otro modo, cargándole sus penas. ¿Cuánto peso mas lo haría cargar?

-Gil… No importa adonde vayamos, o lo que pase entonces…- susurro entrecerrando los ojos- Te lo dije, puedes dejarte caer sin miedo, porque estaré ahí para atraparte. Y se que tu estas ahí para mi, así que deja de pensar tonterías-

Sonrió, porque Oz Vessalius era la única persona capaz de lograr que se derrumbara y que renaciera de sus cimientos. La única persona capaz de tirarlo y levantarlo. La única persona en la que podía reflejarse.

Solo el.

Oz Vessalius.


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