HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! BIENVENIDOS AL SEGUNDO CAPÍTULO DE LA SECUELA DE "Eternidad"! Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

En fin, comencemos ya, que este capítulo es de oro XD

Capítulo 2: Un bizarro recuerdo.

La rubia abrió la puerta y sonrió, contenta.

— ¡Mira a quién tenemos aquí! A la preciosa Reina de Broadway. — Anzu hizo una mueca.

— No me llames así, Mai…— La rubia se rio con humor y la invitó a pasar. — Con permiso…

— Disculpa el desorden, ¿sí? Katsuya sí que es de la mierda a veces cuando se trata de limpieza…

La castaña sonrió. Jonouchi y Mai habían comenzado a vivir juntos unos cuantos años atrás. A veces se peleaban y sabía que el rubio paraba a la casa de Atem y la suya para suplicar por un refugio. Era lo típico, pero su relación nunca corría peligro. Era firme y estable además de las estúpidas discusiones que tenían.

Ambas entraron al living, donde Rebecca, Shizuka y Kisara les esperaban con una sonrisa. Cuando todas se acomodaron, fijaron sus maliciosos ojos en cierta peliblanco de ojos azules que se sonrojó de la pena.

—… ¿Así que…? ¿Tú y Kaiba? — La de ojos lilas alzó las cejas con picardía.

Kisara se mordió el labio y se cubrió el rostro rojo con sus manos. Anzu sonrió.

— Seto me pidió que lo hiciera, porque no quería que sus fans me hicieran algo…-

— Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaawww… ¡Qué tierno! Jamás creí que describiría así a Kaiba. — Se carcajeó Mai.

— Seto es una buena persona. — intervino la castaña de ojos azules. — Solo que es muy petulante. — Se encogió de hombros. — Mai le dirigió una mirada acusatoria. — ¿Qué?

— ¿Sabes qué pasaría si Atem te escucha hablar así de él? — La de ojos azules le devolvió la mirada con una mueca. — ¡Así es, preciosa! ¡Mandaría a ese sujeto al Reino de las Sombras!

—… Mai…-

— ¡O algo peor! ¡Tal vez…!

— Creo que ya entendí. — Le cortó.

— Nop. No lo entiendes. El tiempo que le ocultaste que Kaiba salía con Kisara, te volviste muy amiga de ese fanfarrón. — Se cruzó de brazos. — Y Atem estaba que le sacaba los ojos.

—… ¿De verdad? — Vaya, no fue su intención hacer sentir inseguro a su novio… Pero Kaiba y Kisara le habían pedido guardar el secreto, y así lo hizo. Claro, hasta que Kisara se descuidó un par de días atrás y Jonouchi los vio. Y como el bocón que es, lo soltó a los cuatro vientos.

Aunque claro, para luego terminar despellejado por Seto.

— Mmm… Pero Kaiba…— Rebecca se reajustó sus lentes. Miró a Kisara. — Oye, Kisara-chan. ¿Cómo es Kaiba en sus citas?

— ¡¿Eh?!

— ¡Vamos! ¡Dinos! O al menos, cuéntanos cómo te fue en tu primera cita.

—… Pues… Me llevó al restaurante del centro de Domino…-

— ¡¿DE VERDAD?! — Le miraron perplejas. — ¡Esa cosa cuesta una fortuna! — Mai se mordió las uñas. — Tch, y Jonouchi solo me lleva a comer hamburguesas…— Las demás se rieron. — ¡No se rían! ¡Yugi cumple todos tus caprichos, Rebecca! — Señaló a la blonda menor. — ¡Y tú, Shizuka! ¡Honda te consiente demasiado! — La hermana de Jonouchi se sonrojó con una risita nerviosa. — ¡Y TÚ! — Miró a Anzu. — ¡Atem te ha llevado a ese maldito restaurante más de diez veces! ¡Deberías cuidar tu figura!

— ¡Yo no estoy gorda!

— ¡Eso crees tú!

—… Pero…— Decidió intervenir Kisara. — ¿Cómo fue tu primera cita con Jonouchi-san, Mai-san?

—…— Hizo una mueca mientras que Anzu le sonreía con malicia. — Tch… Estuve con él en un festival de San Valentín. No es nada como los otros chicos, él sabe hacer reír a una chica. — Sonrió, recordando las estupideces que hacía su rubio novio.

— La mía con Yugi fue en el cine. — Exclamó la blonda con una sonrisa soñadora danzando en sus labios.

— Mi primera cita con Honda-kun fue en una heladería. — Shizuka sonrió, encantada.

Todas dirigieron sus ojos Anzu, esperando que dijera algo, pero esta miraba el suelo con una expresión de horror en su rostro. Mai no lo soportó más y soltó una sonora carcajada. Kisara, Rebecca y Shizuka miraron a ambas con desconcierto.

—… ¿Qué…?

— Vamos, Anzu. No hay nada de qué avergonzarse. De todas las primeras citas entre nosotras, la tuya fue la mejor. — La castaña tenía el rostro sonrojado con una expresión de pura vergüenza.

—…

— ¿Y tú cómo sabes?

— Pues… Como saben, Atem y Anzu son muy famosos. Pero querían ir a una cita simple y verdadera. — Se burló de las palabras. — Y Yugi les sugirió un lugar muuuuuuuuuy especial…

— Mai, ya basta…-

— ¿Y cuál era esa lugar?

Mai solo se rio y comenzó a relatar la historia.

-T-r-e-s—A-ñ-o-s—A-t-r-á-s-

Anzu se removía nerviosa en el autobús, su corazón latía desbocado y tenía unas enormes ganas de vomitar.

¿Anzu?

Se giró para ver a su flamante novio dirigirle una mirada de preocupación.

¿Te encuentras bien?

¿Eh? Ah, s-sí. ¡Estoy de maravilla! — Se rio.

¿Segura?

¡Por supuesto!

Atem no se vio muy convencido, pero prefirió no insistirle. Anzu se mordió las uñas. Iban al parque. A ESE PARQUE. Ese maldito parque que había ido con Yugi años atrás en su adolescencia. El solo recordarlo se moría de vergüenza, esa vez se puso en peligro porque tenía sus hormonas alborotadas por un chico, que era el que estaba a su lado ahora mismo, pero que aún así no había sido correcto.

Ra, qué estúpida fue…

Solo era una adolescente que deseaba tener a su príncipe, en este caso faraón, para rescatarla y estar a su lado.

Pero, joder, las estupideces que hizo para tratar de hacerlo aparecer…

Suspiró, resignada.

Maldecía a Yugi por haber recomendado ese lugar.

El bus se detuvo, así que ambos se bajaron sin soltar sus manos y caminaron en dirección al parque. Estaba realmente soleado. Anzu llevaba un vestido celeste de verano, mientras que su novio llevaba una camisa gris de mangas cortas y pantalones negros. Ambos llevaban un pequeño bolso, que si fuera por Anzu, los lanzaría a una fogata.

No ha cambiado mucho por aquí, ¿verdad? — Comentó el faraón. La castaña dio un respingo.

¿Eh? No… Supongo que no…

Aunque, a sus espaldas, los seguía un cuarteto. Uno era un tricolor, casi igualito al novio de la castaña, una pareja de rubios con intenciones maliciosas y un castaño con una sonrisa divertida.

Muy bien, hay que hacerlo. — Ellos asintieron a lo dicho por la rubia. — Tenemos que llevarlos al parque acuático.

Yugi suspiró con una sonrisa. No tuvo mala intención en mencionar este lugar, pero le resultaba divertido espiar la primera cita de su hermano y su mejor amiga.

¡Sí! ¡Pero hay que hacerlo del modo simple y rápido!

Concuerdo contigo, cariño. — Mai se rio entre dientes.

Caminó hacia un chico y posó su mano en su hombro.

¿Eh?

¡Oh, disculpa! Lo que pasa es que no puedo ver bien, ¿sabes si esos dos de allí no son los famosos reyes?

¿Eh? Claro…— dirigió su vista hacia donde la rubia le había indicado y los vio. — Emm, sí, sí lo…— entonces comprendió. — ¡¿EH?! ¡SON MUTO ATEM Y MAZAKI ANZU! ¡LOS GRANDES REYES! — Gritó a todo pulmón.

Todos desviaron sus atenciones para ver a la pareja que había palidecido y había comenzado a correr a toda velocidad de sus fans. Mai soltó una victoriosa carcajada, seguida de su novio. Aunque, Honda y Yugi miraban lo ocurrido con cierta preocupación.

—… Mai… ¿No crees que se te pasó la mano? — Preguntó el castaño.

¡Tonterías! ¡Necesitábamos que esos dos se fueran para allá! — Se rio nuevamente. — En fin, deberíamos seguir con nuestra misión.

Los dos asintieron, sin decir nada.

.

.

.

Atem y Anzu terminaron en el sector acuático del parque, para la horrible desgracia de la castaña y curiosidad del faraón. La bailarina quería morirse, ese era el último lugar donde quería estar. Aún recordaba lo estúpida que fue como para ponerse en peligro con tal de ver a…

Me trae muchos recuerdos este lugar.

La castaña dio un brinco y miró con sorpresa a Atem, quien le miró y le sonrió con amabilidad y afecto.

U-Uh… Sí… Ha pasado mucho tiempo. — Comentó, tratando de calmarse.

¿Deberíamos cambiarnos?

¡¿EH?! Cl-Cl-Claro…— Sus dedos apresaron con fuerza el bolso que traía y se fue al vestidor de mujeres.

Suspiró de alivio. Agradecía haber traído un traje de baño de una sola pieza. No era que odiara su figura, pero desde que salía con el faraón, temía tremendamente lo que el joven pensara de ella en cuanto a su apariencia. ¿Acaso eso ocurría cuando tenía novio o solo era ella la extraña que se preocupaba? Aunque un pensamiento la consoló, Atem a veces también le costaba mucho comportarse normal con ella ante ciertas cosas que sentía que eran muy vergonzosas hacerlas en público.

Abrió su bolso y metió su mano para encontrar el bañador azulado.

Sin embargo… No lo encontró.

Palideció notoriamente. ¿No lo había traído? Ella pudo jurar que lo había echado… Buscó con más insistencia, y al sentir la tela de un bañador, sonrió. Aunque claro, la sonrisa duró MUY poco.

Ese no era su bañador…

Era un bikini negro.

Todo el color que había abandonado su rostro, había vuelto con violencia, tiñendo rápidamente su cara de rojo.

¡¿Qué diablos hacía esa cosa allí?! ¿Cómo llegó allí? ¡¿Y POR QUÉ ESTABA ALLÍ?!

Del traje, cayó un trocito de papel, para curiosidad de Anzu. Lo cogió y lo desdobló.

¿No es lindo? Lo escogí especialmente para esta cita.

¡Que lo disfrutes!

M.-

—… Mai. — Rechinó los dientes, aún sonrojada. La rubia se las iba a pagar…

Pero… ¿Qué iba a hacer?

¿Debería ponérselo? ¿No debería? ¿Estaba siendo muy exhibicionista? ¿No lo era?

Apretó los puños y se cambió sin pensárselo mucho. Cuando terminó, se miró el espejo. Su cabello ahora largo se veía muy bien con el condenado bikini negro. Siempre supo que las prendas oscuras resaltaban mejor la figura de las personas. Anzu tenía una bonita figura, ¿verdad?

Nuevamente, las inseguridades la atacaron. Ya no se sentía tan a gusto con el maldito traje. ¿Y si se lo quitaba y le inventaba a Atem que Mai le hizo una broma y supuestamente se lo había sacado de la mochila? Aunque eso no estaba muy lejos de la verdad… Pero no podía hacerle eso a la rubia. Porque Mai fue la que más se había entusiasmado que tuviesen su primera cita después de volver a Domino.

¿Anzu? — Dio un respingo al oír el toque de la puerta y la voz del faraón. — ¿Te encuentras bien? ¿Ocurre algo?

—… N-No, es solo que…— Se apoyó en la puerta e hizo una mueca. — Lo siento, aún… Me da un poco de pena. — Admitió.

—…— Escuchó un suspiro del otro lado, pero sonó entremezclado con una risa contenida. — No te preocupes, Anzu. No eres la única. — La castaña no pudo evitar sonreír, porque ese pensamiento realmente le reconfortaba. Además, podía imaginarse la sonrisa que su novio le dedicaba. — Es nuestra primera cita de todos modos. Puede pasar cualquier cosa.

Anzu se rio un poco.

—… Sí. Supongo que tienes razón. ¡Saldré en unos minutos!

Después de prepararse mental y emocionalmente, decidió salir. Vio el rostro de su novio congelar su expresión de sorpresa, y ella le imitó. Anzu se sonrojó al admirar el bien formado torso de Atem. Cerró los ojos con fuerza, reclamándose a sí misma que era una pervertida.

Por otro lado, el faraón miró de arriba hacia abajo a Anzu, sintiendo la garganta seca. Tragó saliva, tratando de ahorrarse el momento tan vergonzoso. ¡Vamos! ¡La había visto así antes!

Y aunque la castaña no lo supiera, no fue imaginación de ella que él se haya tomado ciertos segundos para admirarla años atrás. No sabía si era porque estaba dentro de un cuerpo adolescente que le incitó hacer aquello, o simplemente porque quiso. Incluso, antes de llegar a sentir algo más que amistad por su amada castaña, siempre la consideró una joven muy bella.

Y ahora que era una mujer…

¡Vaya, qué calor hacía!

—… Te sienta bien. — Comentó para aligerar el ambiente.

—… Gracias…— hubiese querido devolverle el cumplido, pero sentía que sonaría como una degenerada.

¿Y… qué quieres hacer? — Atem se cruzó de brazos, un poco más calmado. — A ti te gustaba el tobogán de este lugar.

¡Ah, es cierto! — Se animó. — ¡Vayamos, me encanta ese tobogán! — Tomó su mano y jaló de él.

Atem no pudo evitar sonreír. Anzu parecía una niña.

Aunque claro… La tranquilidad no duró mucho para el faraón.

Ahora se encontraban ambos sentados encima de un flotador, Anzu adelante, siendo abrazada por el faraón atrás. La castaña estaba tan emocionada y feliz de estar en compañía de su novio, que no notó el nerviosismo de este.

Atem se regañó mentalmente por sentirse tan avergonzado, pero no podía evitarlo. Había abrazado a Anzu muchas veces, cada contacto con ella era especial para él. Sin embargo, ahora que estaban en paños menores, sentía la unión más íntima. La blanca y suave piel de su espalda apoyada contra su pecho le causó una extraña felicidad. Y al no describir bien la sensación, hizo que se sintiera más nervioso.

¡Aaaww! ¡Qué emoción! ¡Anda, lancémonos de una vez! — La voz de su novia le despertó de sus pensamientos. Anzu se inclinó hacia adelante para que el flotador se resbalara por el agua del inicio del tobogán y cayeron.

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Mai soltó una risotada, al punto de derramar algunas lágrimas de tanta carcajada que se le escapaba. Había sacado cinco fotografías a la pareja en secreto y ahora que las veía una por una, sentía que se moriría de un ataque. La primera era la reacción de Atem al ver a Anzu con el bikini que inocentemente había colocado en el bolso de la castaña, Jonouchi al mismo tiempo le había sacado una foto a Anzu en cuanto a su reacción cuando vio a Atem sin camisa.

La tercera fotografía fue cuando ambos se lanzaron del tobogán, esa ya era más tierna a ojos de la rubia.

Y las otras dos…

¡Esto vale oro! — Se carcajeó nuevamente Mai. Jonouchi le siguió la mirada a las dos últimas fotografías y soltó una sonora carcajada.

¡Mira sus caras!

Yugi cogió las fotos y les echó un ojo. No pudo evitar sonreír al verlas. En una, Anzu les dirigía una mirada asesina a las chicas que se comían a su hermano con la mirada. En la otra era casi lo mismo, solo que era Atem amenazando públicamente a un idiota por haberle lanzado un piropo a su mejor amiga.

Negó con la cabeza mientras reía suavemente.

. . .

Anzu tenía los ojos cerrados, disfrutando el sol en su piel mojada.

Cuando se libraron de los piropos en contra de su novio y a su persona, también fueron seguidos por unos cuantos fans, aunque estos les dejaron en paz después y lograron disfrutar cierto tiempo juntos.

Se había cansado un poco de nadar y fue a tomar un poco de sol, acompañada de Atem, quien miraba la piscina en un aire distraído. Eso le provocó algo de nostalgia. Recordaba que había imaginado verlo allí, a su lado, cuando era una adolescente con hormonas alborotadas. Abrió sus ojos para verle. Realmente estaba allí, con ella. No era ninguna ilusión, y con un cuerpo que se le había otorgado al ganar el duelo con Yugi. Un cuerpo que era de él, que no compartía con otra alma. Solo… él.

Parece un sueño. — Musitó.

¿Mm? — Atem se giró a verla. — ¿Qué dices?

Digo… que parece un sueño. Cumplí mi deseo más anhelado, tengo a mis amigos…— Lo miró mientras se sentaba. — Y te tengo a ti. — Negó con la cabeza mientras se reía. — Es demasiado perfecto para ser realidad.

Anzu. — La ojiazul le miró. El tricolor le sonrió. — Apreciemos este momento que es perfecto para nosotros.

La castaña le miró sorprendida un segundo, pero finalmente sonrió. Se acercó un poco a él para depositar un suave beso en los labios de Atem, quien había quedado un poco atónito, para luego volver a sonreír.

¿Quieres algo?

Un jugo de frambuesa estaría bien, gracias. — El tricolor asintió y se levantó para ir por el pedido de la castaña.

Anzu lo siguió con la mirada sin borrar la boba sonrisa que tenía en el rostro.

Mira, es la novia del Rey de los Juegos.

¿Eh? — Se sorprendió cuando unas chicas se sentaron a su lado, desconcertándola un poco. — ¿Puedo ayudarlas en algo?

Si terminas con nuestro amado Rey, nos harías un gran favor. — Una castaña de las tres chicas le sonrió con cinismo. — Él no se ve bien con una interesada como tú.

—… ¿Interesada? — Frunció notoriamente el ceño.

¡Así es! Conocemos a las celebridades como tú. — Una pelirroja el miró mientras posaba sus manos en sus caderas. — Siempre metiéndose con las mayores celebridades para luego dejarlas y tú tomes una mejor posición.

¡¿Disculpa?! — Anzu se levantó abruptamente. — ¡Ni siquiera me conocen! No tienen derecho a juzgarme. — Apretó los puños. — Además, Atem y yo nos conocimos mucho antes de que fuésemos lo que somos ahora.

Sí, claro. — Una rubia chasqueó la lengua. — Él estaría mejor solo que mal acompañado de víboras como tú.

—…— Estaba a punto de lanzársele encima, pero se calmó rápidamente. No tenía por qué hacer una escena como esa. Estas chicas solo la estaban humillando sin razón alguna. No se dejaría influenciar porque sería caer muy bajo.

Se ve mejor con esa duelista con la que se enfrentó antes que llegaras tú.

Anzu se paralizó.

¿Quién…?

. . .

Oh, no…— Mai bajó los binoculares. —… Están tocando terreno peligroso.

¿Qué pasa, Mai? — Se acercó el rubio.

Pues… Esas chicas están liberando la bestia que vive en Anzu. — La rubia rio con nerviosismo. — Lo mejor será detener esto. — Suspiró para encaminarse a la escena.

. . .

¿Qué… duelista?

Oooh, no te contó, ¿eh? — Se burló la pelirroja. — En el último torneo de Kaiba Seto, apareció una extraña duelista que casi venció a Atem. Solo conocen su nombre. Se llamaba Esmeralda. — La castaña apretó los puños. — Y era taaaaaaaaaan bella, tan elegante, no como tú. Una pobre bailarina que le dieron fama solo por una cara bonita.

—…— Muy bien. Se estaban burlando de ella, estaban prefiriendo a otra chica random que no era ella como pareja ideal para Atem, y para colmo de males, estaban ridiculizando su profesión.

Apuesto a que él sale contigo porque eres una zorra.

¡Crack!

Mai llegó justo cuando escuchó lo último, dejándola en blanco…

Luego… Ira.

Mucha ira.

¡¿Cómo se atrevía a insultar a su amiga de esa forma?!

Y Anzu, por otro lado…

¡A la mierda su paciencia! ¡Eso ya era el colmo!

¡AHORA SÍ…!

¡YO TE COMPAÑO, AMIGA! — Se metió Mai de la nada, aunque lo agradecía.

Anzu fue por la pelirroja y Mai por las otras dos. La castaña tiraba de los cabellos rojizos de la chica que le había insultado mientras que Mai lanzó a las otras dos a la piscina.

¡Apuesto a que ni siquiera sabes complacerlo en la cama!

¡Cállate! ¡Tú no sabes de mi vida! ¡Y Atem es MI novio!

¡Tch! — Empujó a la castaña y la agarró de un tirante del bikini, haciendo que este se soltara.

Oh, Ra, por favor no.

Anzu se congeló al ver la sonrisa triunfadora de la pelirroja cuando terminó por aligerar el nudo de la parte superior de su traje.

¡OH, POR FAVOR NO!

¡Anzu!

¡Anzu!

Las voces de Mai y Atem fue lo último que escuchó cuando cayó al agua al ser empujada por la pelirroja

.

.

.

Abrió sus ojos para encontrarse con unos orbes violetas preocupados mirándola.

—… ¿Atem?

¿Estás bien?

—…— Se incorporó lentamente, hasta que notó algo. Miró que llevaba la camisa del tricolor puesta. Miró con horror a su novio. — ¡¿Acaso yo…?!— Atem la miró sorprendido, después avergonzado cuando un rojo vivo apareció en sus mejillas y permaneció en silencio.

Anzu comprendió. La estúpida esa que le había desabrochado la parte superior del bikini le había empujado a la piscina, semidesnuda. Como cayó mal, pudo haberse ahogado, de no ser por Atem, sin embargo…

No cambiaba la enorme vergüenza que debió pasar.

Sus orbes azules se llenaron de lágrimas y sus mejillas se calentaron de la vergüenza.

Anzu. — Le llamó Atem. — Vamos, no llores. No vale la pena.

P-Pero…— Sollozó.

No deberías llorar por algo como esto. — Interfirió una tranquila y melodiosa voz femenina.

Anzu alzó la vista para encontrarse a una bella joven de ojos azules y cabellos azabaches. Al juzgar por su traje de baño negro de una pieza, y el identificador que llevaba como colgante, le dio a entender que era la guardavidas de la piscina.

—… Tú…

¡Esmeralda!

Giró abruptamente la cabeza cuando Atem pronunció su nombre. Volvió a mirar a la pelinegra. ¿Esa era Esmeralda? ¡Joder, con razón dijeron que su novio se veía mejor con ella! ¡Esa mujer era bellísima!

Ella sonrió.

No puedo creer que te vuelva a ver en una situación como esta. — Atem se sonrojó y miró el suelo. — Bueno… Tú debes ser Mazaki Anzu. — Caminó hacia ella. — La nueva Reina. — Extendió su mano y le sonrió con amabilidad. — Soy Esmeralda. Un placer.

—…— Con la mano temblorosa, correspondió el gesto.

Y no te preocupes, tu amiga rubia rescató tu dignidad junto con tu novio.

—… ¿Eh?

Cuando caíste al agua, Atem te cubrió con su cuerpo para que nadie te viera, mientras que la rubia iba por algo para cubrirte.

—… Oh. — Suspiró, mucho más aliviada. Pero no bajaba la vergüenza de…

¡Oh, Ra! ¡Atem la había visto!

No pongas esa cara. — Miró a Esmeralda, quien le sonreía con diversión. — Es tu novio, ¿no? Ya deberían hacer algo a estas alturas.

—… ¿Eh?

Ustedes dos. — Señaló a ambos. — Tienen escrito "virgen" aquí. — Señaló su frente como ejemplo mientras se reía. Atem y Anzu se sonrojaron furiosamente y apartaron la mirada del otro rápidamente. — Y no te preocupes por esas zorras de allá. — La castaña le miró, sorprendida por su lenguaje. — Ya pagaron muy caro lo que hicieron.

—… ¿Pagaron?

Atem suspiró.

Esmeralda es cinturón negro en karate. — Mencionó.

La castaña abrió la boca, desencajada.

De repente, sintió lástima por esas tres…

¡Anzu! — La castaña vio a su rubia amiga acercarse. — ¿Estás bien?

—… Sí…— Le sonrió, pero después frunció el ceño y se puso de pie. — ¡¿Y tú que rayos haces aquí?!

—… Es cierto, Mai. — Atem también se levantó. — ¿Qué haces aquí? Apareciste tan de la nada.

Oh, uh, pues…— Se rascó la mejilla mientras se reía con nerviosismo. — Verán, lo que pasa es que…-

Esos cuatro los han estado siguiendo desde hace Ra sabe cuánto. — Mencionó Esmeralda mientras se ataba el cabello.

— "¿Eh?" — Atem miró a la pelinegra sorprendido.

¡MAI! — La castaña se le acercó. — ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Además, cambiar mi traje de baño…!

¡Deberías agradecérmelo! ¡La otra porquería que traías era de una mojigata!

Esmeralda soltó una sonora carcajada.

—…— Anzu apretó los puños, sonrojada. —… P-Pero, si no los hubieses cambiado, yo no tendría que haber pasado por esto. — Se cruzó de brazos.

¿De qué te quejas? Nadie te vio nada… Salvo este apuesto de ahí. — Señaló a Atem, quien se ruborizó de golpe y miró el suelo. — Deberías darme las gracias, Atem. Te regalé una buena vista.

¡MAI! — Le regañó Anzu.

¡Oi, Mai! — Jonouchi apareció. Y apreció la escena. — Uh, ¿me perdí de algo?

No. — Esmeralda se cruzó de brazos.

¡Oh! ¡Tú eres la chica que noqueó a las tres que insultaron a Anzu! — el rubio señaló a la pelinegra. — ¡Eres genial! ¿Me enseñas a pelear así?

Hmph. — Sonrió. — Como quieras.

¡Gracias! ¡Oh, por cierto! ¡Aquí están las fotografías, Mai! — La rubia sonrió, victoriosa.

—… ¿Fotos? — Repitió la pareja de reyes.

—… Ups. — Soltó la rubia.

—… Mmmmm…— Jonouchi frunció el ceño al ver con detenimiento las fotos y asintió. — Sí, Anzu tiene un cuerpo más sexy de lo que esperaba.

. . .

Esmeralda sonrió con curiosa malicia.

Anzu se sonrojó un poco.

A Mai se le fue el buen humor.

Y Atem perdió los estribos.

Jonouchi se dio cuenta de sus palabras, y palideció. Vio con horror la mirada de desconcierto e ira de su novia, y luego miró a su amigo. Pegó un brinco del susto cuando este le dirigía una mirada de muerte.

—… Jonouchi…— Comenzó la rubia mientras tronaba sus dedos, listos para formar sus manos en puños.

—… ¿Qué demonios has dicho…?— Completó el faraón mientras se le formaba el ojo de Horus en su frente.

—… V-Vamos, chicos… No se lo tomen enserio, era una observación solamente. — Levantó las manos en señal de defensa y cierto temor. — Vamos, Mai… Sabes que te amo, ¿cierto?

—… No lo sé…— Susurró mientras caminaba hacia él, seguida del faraón.

¡He-Hey! ¡A-Atem, amigo, hermano, compañero! — Comenzó a sudar. — Era un comentario, nada personal…-

—… Ajá…

El rubio, ya sin nada que hacer, no pudo más que salir despavorido seguido del rey y su novia.

¡SOCORRO!

-E-n-d-s-

Rebecca y Kisara miraban boquiabiertas a las chicas. Mai apreciaba el recuerdo con una sonrisa burlona, mientras que Anzu estaba roja de la vergüenza.

— Yugi y Honda no lograron proteger a Katsuya. Atem y yo de verdad estábamos cabreados. — Se carcajeó con humor. — Sí, definitivamente la mejor cita fue la tuya, Anzu.

La castaña le miró mal.

— Por cierto…— Kisara intervino. — Esa chica Esmeralda… ¿Quién era de Atem al final?

— Ah, Esmeralda fue una duelista que se enfrentó a Atem unos años atrás, según me contó, ella casi le venció, pero por alguna razón, ella se rindió voluntariamente. — Se cruzó de brazos la castaña. — Aunque nos hicimos buenas amigas. Desgraciadamente viaja mucho y solo me comunico con ella por cartas. También es amiga de Atem, de vez en cuando van juntos a Egipto.

—… Ten los ojos abiertos, Anzu. — Rebecca entrecerró los ojos. — En cualquier momento, te lo pueden quitar.

— O puede que alguien te robe de los brazos de Atem, Anzu. — Comentó la rubia.

La castaña solo sonrió.

Eso no sería posible…

No sabía lo equivocada que estaba.

.

.

.

Atem caminaba por las solitarias calles de Domino. Era más de medianoche y apenas había salido de una conferencia en la Corporación de los Kaiba. No era de su incumbencia, pero Seto le había invitado ante una nueva remodelación en los duelos de monstruos. Se dirigía a su casa cuando escuchó unos pasos aproximarse.

— Eres demasiado observador, ¿verdad?

Iba a voltearse, pero sintió su cuerpo paralizarse y su mente se nubló junto con los sentidos de su cuerpo.

Se dejó caer al suelo, sin fuerzas.

La sombra solo le sonrió.

— Lo siento, pero ella desea verte.

. . .

¿Atem?

Abrió sus ojos, para encontrarse con otro par de ojos violetas mirándole con afecto. Soltó un jadeo de sorpresa.

—… ¿Madre?

Atenea le sonrió. En efecto, era su madre.

Continuará…

Jeje! Este capítulo me costó muchísimo de hacer, pues… Necesitaba un muy buen humor como para publicar esto.

Espero que les haya gustado, y nos vemos en la próxima!

Rossana's Mind.

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