El Sol asomaba por el mar, el aire se sentía frío, era temprano todavía. Su habitación estaba polvosa y fría, un ambiente triste. Esa mañana Kanda ya no se encontraba ahí, despertó con los brazos vacíos, melancolía en su cuerpo, el dolor estaba ahí penetrándole lentamente. ¿Por qué se sentía tan mal después de ese acto tan necesitado del amor por parte del mayor? No hubo nada, no hubo caricias afectuosas, palabras bonitas ni tactos delicados, era algo extraño, solamente sexo. Placer, dolor, una cópula.
Tras una mañana de constantes pensamientos y remordimientos caminó desganado al comedor. Este se encontraba lleno, ''al parecer todos regresaron de sus misiones esta madrugada'' pensó sarcástico Allen. Se sentó junto a Lenalee y Lavi, en esa mesa también estaban sentados Miranda, Kanda, Krory y Marie. Casi todos platicaban animados. Raro era ver al pequeño Allen comer poco y estar tan callado, pero estaba petrificado, los ojos del pelinegro le penetraban el alma, fríos, amenazadores, asesinos. Tan silencioso como siempre anda se levantó de la mesa marchándose sin mirar atrás.
-Allen, ¿estás bien? Casi no has comido nada- preguntó Lenalee.
No hubo respuesta por parte del menor, seguía horrorizado por esos ojos escalofriantes. En efecto Kanda le odiaba, probablemente su relación había empeorado, tal vez fue su imaginación lo que pasó esa madrugada. Todos sus recuerdos y pensamientos iban en una espiral lenta y mareadora.
-¡Allen! – Gritó Lavi- reacciona, ¿quieres?
-Ah, lo siento, me distraje – se disculpó - ¿Por qué mejor no nos cuentas de tu última misión? Escuché que te metiste en varios problemas.
…
Kanda caminaba por los oscuros pasillos de la orden, en su mente venían imágenes de la noche anterior. Esa madrugada había llegado agotado, cerca de su habitación se encontraba de pie ese peculiar albino, se veía tan vulnerable. El ver como murmuraba su nombre le disgustó, sin embargo, se vio impulsado a besarle. Con solamente un beso su cuerpo pidió más de ese contacto humano, la terquedad de ese chico le hizo perder el control, le hizo suyo en la cama sin temor a las consecuencias. ¿Por qué habrían de haber consecuencias? Lo que le molestaba era el ser tan débil, dejarse chantajear por la mirada de ese niño, le molestaba tener esa necesidad de llenarse de placer, ya había hecho eso varias veces con otras personas, todo para satisfacer sus necesidades carnales. Pero, ¿por qué con el maldito Moyashi? No quería que Allen le malinterpretara o que pensara que tenía algún tipo de exclusividad así que cada que le viera le fulminaría con la mirada. Siguió caminando hasta toparse con Allen, le miró inexpresivo aun así el menor le miró aterrorizado y así durante muchas semanas. El albino le evitaba a toda costa, parecía horrorizado cada que cruzaban las miradas. ¿Tal vez se había excedido? Harto de esa actitud, le sujetó del brazo con fuerza, el peliblanco intentó zafarse cabizbajo pero Kanda incrementó el agarre, le obligó a mirarle a los ojos. ¿Por qué le molestaba tanto su actitud?
-¡Maldito Moyashi! ¿Qué te traes eh?
-¡Suéltame! Ya sé que me odias- se resguardó Allen – lo siento ¿vale?
Kanda le arrastró al interior de su oscura habitación, le arrojó a la cama y se posó sobre él.
-Tus excusas no me convencen, no te odio. Mírame.
Allen observó los ojos del mayor, tenían cierta tranquilidad ya no amenazaban con asesinarle, le calmaban, el menor besó suavemente los labios del otro exorcista a lo que este respondió intensificándolo. Con sus labios rozó la clavícula del albino descendiendo por su blanco pecho, besó cada parte de él, mordía su piel como si fuera si propiedad. Con su lengua trazó rastros de saliva, regresó a los labios del chico que jadeaba torpemente. Su cuerpo se sentía caliente, su tacto era frío, Allen lo sentía.
-¡Espera! – Gritó el menor – detente.
Allen abrazó a Kanda, no quería ponerse sentimental pero tampoco quería ser víctima de sus propios deseos íntimos. -¿Qué quieres Moyashi?
-No está bien, tu manera de tocarme no está bien.
Se aferró al pecho del mayor, este le rodeó con los brazos. Suspiró pesadamente… -Sabes que no te amo, ¿verdad? – Simples palabras que destrozaron su pecho, ¿amor? Ciertamente esperaba que él le amara, al parecer soñar es destructivo… Se recostó sobre la cama del pelinegro, ahí durmió sin camisa y con el corazón fragmentado. Allen dormía placenteramente en un sueño profundo. Kanda le observó, era un chico atractivo, su pecho elevándose le recordó lo frágil y humano que era. Deslizó su dedo gordo por los labios entreabiertos de su compañero, suaves y rosados, posó sus propios labios contra ellos, ligeramente profundizó el beso. Se recostó a un lado del él, sus pensamientos todos estaban dedicados a ese bulto comedor-compulsivo encima de su pecho. No le amaba, la pregunta era clara. ¿Llegaría el día en que él le amara pero el Moyashi ya no?
…
Tomato dice: Waaaa este capítulo está corto cortito, es que ya es navidad y ¡yo soy la que cocina! Pero prometo que el próximo será mucho más largo y mejor escrito (soy una pésima escritora lo sé lo sé…*se ahoga*) ¡Feliz navidad a todos y muchas gracias por leer mi fic! Gracias a Akkira Nala por tu review, ¡los reviews me hacen feliz! *ABRAZO* Espero que les guste y que continúen leyéndome. .
