Alice POV
Recuerdo que cuando era pequeña, mi padre siempre me decía que era una princesa, la más bonita de todas y que me casaría con mi príncipe azul. Ahora con diecisiete años me doy cuenta de que nada de eso es cierto, yo no soy ninguna princesa empezando por el hecho de que estoy gorda casi hecha una vaca y porque ningún chico se fijaría nunca en mí, es decir, soy tan mediocre y fea que ni siquiera he tenido novio y ya me estaba convenciendo de que nunca lo tendría.
Ese día lunes lo empecé como todos los días. Me levanté y me fui a duchar, odiaba verme reflejada en el agua o en los espejos pero sabía que a veces era necesario.
Cuando terminé de bañarme me quedé viendo mi reflejo en mi espejo de baño, no podía creer que aun estuviera tan gorda. Me decidí a confirmar mi teoría de que había engordado subiéndome a la pequeña báscula que tenía escondida en mi cuarto de baño. Suspiré con pesar, rabia y tristeza al comprobar que había subido por lo menos tres kilos.
Comencé a llorar como una tonta mientras envolvía mi horrible cuerpo en la toalla. No quería vomitar, no quería hacerme eso pero sabía que si no lo hacía terminaría cortándome con las tijeras o la regla en el instituto, además de que si lo intentaba bajaría más rápido de peso, sería una princesa en poco tiempo y todos me querrán para siempre. Me aferré a esas razones positivas y llevé mis dedos a mi garganta para provocarme el tan ansiado vomito mientras las lágrimas aun escurrían por mi rostro.
Una vez finalizado este necesario procedimiento debía limpiar el baño y chequear que en mi aliento no se notara nada. Primero me enjuagué la boca con bicarbonato de sodio y me eché unas cuantas pastillas de menta para que el olor acido desapareciera lo antes posible. Limpié el baño y salí hacia mi cuarto para escoger la ropa que usaría ese día.
Mi ropa no era gran cosa, es decir, admiraba a las modelos y los diseños prestigiosos pero nunca llegaría a usar la ropa que ellas usan, soy demasiado imperfecta para eso. Me puse casi lo primero que vi en el closet y me cubrí con mi eterno abrigo negro. Nunca me lo sacaba a no ser que fuera extremadamente necesario ya que aunque suene algo extraño no quería que los demás vieran mi cuerpo ¿Para qué mostrar algo tan feo cuando en el mundo hay un millón de chicas hermosas?
-¡Alice, a desayunar!-me llamó mi madre desde la cocina.
Suspiré con algo de pesar y bajé al lugar donde mis padres y hermanos desayunaban animosamente. Me senté en mi lugar, a un lado de Edward y me serví un poco de jugo de naranja y una muy pequeña tostada. No quería comer ya que después o tendría que vomitar o me sentiría más que culpable y eso me llevaría a cortarme.
-Come Alice-dijo mi mamá mirándome con algo de pesar-, apenas has tocado tu pan.
-Sí estoy comiendo-susurré bajando un poco la mirada a mi vaso de jugo.
Era normal que mamá se preocupara, ya me había encontrado una vez vomitando en mi baño y eso me acarreó problemas y varias visitas a psicólogos que en vez de ayudarme solamente me hacían sentir peor. No quería que mi familia pensara que estaba enferma porque yo sabía que no era así, solamente quería ser una princesa y eso solo se logra con fuerza de voluntad al no comer.
Mis hermanos terminaron de desayunar y se encaminaron al auto, yo iba a hacer lo mismo pero mamá me interrumpió.
-Hija-comentó rápidamente mientras se levantaba-, hoy te llevaré yo al instituto.
Asentí una sola vez para tomar mis cosas y encaminarme al auto de mamá. No me gustaba viajar en auto ya que si caminaba podía bajar más rápido de peso. Me senté en el asiento del copiloto y esperé hasta que el auto comenzó a moverse.
-¿por qué no comiste nada en el desayuno?-preguntó ella de repente, tomándome casi por sorpresa.
-Porque no tenía hambre-susurré sabiendo que mi mentira era obvia.
-Sabes que no es eso-mi madre dejó de conducir y estacionó el automóvil cerca de una plaza-. No trates de engañarme porque te conozco de antes de que nacieras y sé que tú no estás comiendo porque quieres ser delgada, lo supe desde que te encontré vomitando y llorando en el baño.
-Mamá, tu no entiendes-sollocé tratando de reprimir inútilmente el llanto-. No sabes lo difícil que es ir todos los días a un lugar donde nadie te quiere, donde todos te ven como una chica rara, donde desde siempre fui humillada y tratada con desprecio ¿o es que no te acuerdas que llegaba todos los días llorando del colegio? Mi vida es horrible, mamá y lo peor es que nadie entiende que quiero encajar y ser bonita por una sola vez en la vida.
-No tienes que querer ser bonita porque ya eres bonita-susurró mi mamá tomándome una mano con cariño-, no tienes que desear ser delgada porque ya eres muy delgada.
-Yo no me veo así –respondí con la voz quebrada-. Cada día que pasa estoy más y más gorda y por eso nadie me quiere además tu puedes decir que soy bonita y todo lo demás porque eres mi mamá y es normal que las madres quieran a los hijos pero no todos son como tú.
Mamá optó por quedarse en silencio y comenzó a conducir hasta que llegamos al instituto. Por supuesto mi hermano Edward ya había llegado y Emmett debía de estar en la universidad. Mis hermanos y yo manteníamos una buena relación pese a todo, Edward siempre me defendía cuando los otros chicos del instituto me molestaban a me trataban mal, sin embargo, ese día no lo vi en el estacionamiento por lo que supuse que debía de estar en clases.
Mientras caminaba por los pasillos del instituto sentía las miradas o los comentarios de mis compañeros. Casi siempre me trataban como si tuviera la lepra o algo así, de hecho hace algún tiempo unas chicas me encerraron en el baño creyendo que sería una buena broma verme llorando y pidiendo ayuda por horas.
La primera clase era de música donde nos comunicaron la horrible noticia de que tendríamos que cantar una canción al final del semestre. Odiaba tener que exponer y hablar cosas en público por dos simples razones la primera era que soy demasiado insegura como para eso y la segunda, consecuencia de la primera es que me desmayo casi siempre que tengo que hablar frente a una gran multitud de personas.
Mientras pasaba la hora de clases una horrible sensación de culpa invadía a mi conciencia, quería vomitar pero sabía que ya no valía la pena ya que había pasado más de una hora de haber comido y las calorías ya habían sido consumidas. El sentimiento de culpa comenzó a ser ansiedad, ansiedad por cortarme y autocastigarme por lo que había hecho.
Apenas sonó el timbre corrí al baño y me encerré en un cubículo para sacar las pequeñas tijeras que llevaba en mi abrigo. Me arremangué un poco la manga de mi ropa y comencé a dibujar líneas horizontales sobre la piel recién cicatrizada de mi brazo. La sangre comenzaba a caer y a manchar el piso pero eso no me importaba, lo que importaba era aprender a no comer y este castigo me ayudaría a eso. El dolor era intenso y me hacía llorar pero no se comparaba al dolor que sentía cuando me cortaba el estómago o las piernas. Cuando terminé mi castigo guardé mis tijeras y acaricié con la yema de los dedos mis nuevas cicatrices y las vendé con la venda que guardaba en mi bolso.
Salí del baño para escuchar un poco de música durante el receso. La canción Torn de Natalie Imbruglia me acompañó mientras me sentaba en una de las escaleras y abrazaba mi brazo que ahora me dolía muchísimo.
Fue en ese momento, en el que el coro de la canción resonaba en mis oídos, en el que mi brazo me dolía más que antes y en el que me acurruqué un poco más en mi abrazo cuando sentí el flash de una cámara fotográfica. Me incorporé casi de inmediato y vi a un chico que nunca antes había visto en el instituto, él era alto, de cabello rubio y ensortijado, con ojos hermosos y azules como el mar y una sonrisa realmente increíble. Tenía una cámara fotográfica colgada en el cuello por lo que la lógica me dijo que él me había tomado la fotografía.
-¿Qué se supone que estás haciendo?-le pregunté mientras lo fulminaba con la mirada.
-Nada, simplemente te tomé una foto porque quiero participar en un concurso de fotografía-contestó con un deje de acento sureño-, ¿quieres verla? Salió muy bonita.
-¡No!, no quiero verla-exclamé casi de inmediato-. Quiero que la borres, de seguro salí horrible.
-Nada de eso-dijo mientras se sentaba a mi lado- saliste preciosa, por cierto ¿cómo te llamas?
-Soy Alice ¿y tú?-pregunté con algo de pesar al saber que ese chico tenía una foto mía en su poder.
-Jasper-contestó sonriéndome con alegría.
-Bueno Jasper-comenté riendo-, te informo que con esa foto no ganaras nada. Al contrario es muy probable que pierdas o ganes un premio a la fotografía más horrible.
Jasper me sonrió y negó con la cabeza a la vez que guardaba su cámara fotográfica. Fruncí un poco el ceño ya que no me gustaba que me tomaran fotografías, como dije antes odiaba las cosas que reflejaran y una foto era un buen ejemplo de ello.
Bueno he decidido continuar este fic y espero que les guste *-*. Ojala sigan leyendo y espero dejen sus reviews *-*. No tengo mucho que decir solamente gracias por leer y perdón por lo cortante pero es que tengo que salir. Feliz Halloween a los que lo celebran y espero que estén muy bien *-*
Reviews n.n
.crepusculo: Hola! c: como estás? Espero que bien n.n , gracias por leer y como podras ver he decidido incluir a Jasper en el fic y hacerlo romántico aunque aun no se nota mucho eso xd. Espero leerte pronto y ojala que estes bien. Feliz Halloween *-* nos vemos pronto, isa.
