¡Hola, hola! Para empezar, quiero agradecer a todas las personitas que respondieron al primer capítulo de Eternally, les amo con todo mi ser. Quienes ya me leían desde antes, sabrán que me gusta apartar un momento para responder a los reviews que tienen dudas, siempre y cuando éstas no arruinen el flujo de la historia y se coman el suspenso. Me alegra mucho que tuviera cuatro reviews para el primer capítulo—oigan, mi mínimo es tres(?)—, así que les responderé a cada una por su atención:
DULCECITO311: por lo general voy muy rápido al grano con las explicaciones (?) Aunque no tengo intenciones de que este sea un Short-Fic, no sé cómo va a terminar, pues estoy publicando mientras escribo. Sin embargo, para no generar mucha confusión, quise ponerles una explicación en éste capítulo. Espero que lo disfrutes mucho, y te agradezco por tus lindas palabras!
xXKushinaXx: pos aquí está la continuación, oiga (?) Mira que me preocupaba que les interesara la ambientación, me alegra que sea así. ¡Disfrútalo!
Maricel: ¡Se me está dificultando que sea así! Un Sasuke que admite sus sentimientos sin temor, porque está afectado por lo que le pasó en su vida anterior. Si tienen duda, en ésta capítulo se explica porqué Sasuke hizo lo que hizo, y qué hizo exactamente ;D
Noemitg-chan: Cuando vio a Sakura en el restaurante, fue la primera vez que la vio en esta vida, y fue ese el momento en el que todas sus memorias vinieron a él. Estaba como en "suspensión" hasta ese momento! Sobre si todos recordarán su vida anterior, aun no lo he decidido, pero eso se verá con el tiempo, supongo. Y sobre el novio, pues agárrense de algo y siéntense, señoritas. Ésta no la ven venir :v -evil laughing-
Dicho eso, les dejo el segundo capítulo de Eternally, que supongo ya saben porqué se llama así 7w7 ¡Gócenlo!
PD: Como aclaración, y para evitar confusiones, les dejo avisado que este capítulo empieza con un FlashBack de la vida anterior, el cual termina con el título del capítulo. Eso es todo ~
Disclaimer: Los personajes de Naruto y Naruto Shippuden—ahora también Boruto: Naruto Next Generations— NO me pertenecen. Son obras y propiedad de Masashi Kishimoto, a quienes uso en homenaje, con ningún fin de lucro, por diversión y entretenimiento del lector.
—¿Qué te parece, papá? —la sonrisa de la pelinegra era, sin lugar a dudas, uno de los grandes tesoros de Sasuke Uchiha. Ella estaba ahí, había vuelto tras su viaje, y ahora le mostraba su nuevo hogar—. ¿Qué opinas?
—Parece apropiado para ustedes dos —contesto entonces él—. Puedo imaginar la vida que tienen por delante.
—Lo sé. Pienso que a mamá le encantaría —su cabello largo le recordaba un poco a los tiempos de su niñez, y su rostro reflejaba el recuerdo de la mujer más importante de sus vidas. Ella había obtenido muchas características Uchiha, pero tenía la complexión y las facciones que Sakura poseía a su misma edad. Era la reencarnación perfecta de un equilibrio entre ambos—. Pero no me imagino que vengas solo a ver nuestra casa, escuché que tienes un viaje.
—Así es. Es algo que he estado esperando por un largo tiempo, pero quise esperar a que volvieras antes, Sarada —sus ojos analizaron la habitación una vez más, antes de que una sonrisa se sentara en sus labios—. Vine a despedirme, al fin.
—¿Cuánto tiempo piensas irte, papá? —preguntó ella, de forma distraída, mientras servía un poco de té y lo ponía frente a su padre.
—No pienso regresar.
El cuerpo de su hija se quedó estático apenas escuchó aquellas palabras, y un silencio sepulcral abordó la casa completa. Después de su viaje de Luna de Miel, ambos habían terminado su casa, y ahora él estaba ocupado con unos entrenamientos, así que no había forma de que interviniera en ningún momento para salvar a cualquiera de los Uchiha. Sasuke no parecía estar dispuesto a mirar a la mujer que había criado, pues probablemente era consciente de que ella tendría la capacidad de hacerlo cambiar de parecer. Por otro lado, Sarada había estado preocupada durante mucho tiempo por su padre. Cometió el error de pensar que él ya habría superado la muerte de Sakura después de tantos años, pero el recuerdo de su madre parecía un alma en pena aferrada a su padre. Ella no la culpaba, por supuesto. Sabía que la pelirrosa se había ido en paz, había lamentado no poder quedarse más tiempo, pero jamás los habría amarrado a un adiós doloroso. Sin embargo, Sasuke se había aferrado a su memoria, aun cuando no hablara de ella todo el tiempo. Estaba empeñado en mantenerla viva en su corazón, y lo admiraba, pero eso lo había destruido en silencio. Como siempre, él había ocultado sus emociones más fuertes, hasta el día de hoy.
—La única razón por la que me quedé todo este tiempo, fue protegerte —él fue quien rompió el silencio—. Eres lo único que queda en este mundo que representa nuestro legado, y ahora eres la esposa de un hombre que yo mismo forjé. Estoy muy orgulloso del resultado.
—Tenemos una vida por delante —respondió ella—. Podrías ser un gran abuelo, algún día.
—Ansío ese momento, pero no es suficiente para mí ahora. Espero que no malinterpretes mis palabras, pues yo te amo más que a nadie en este mundo —apoyó su mano en la mesa, para después ponerse de pie—. Ahora tienes a alguien que te ama tanto como yo lo hago, y si su matrimonio es fuerte, eso es porque tú sientes por él lo mismo que yo por tu madre —un escalofrío recorrió el cuerpo de la pelinegra—. Debes imaginar lo desesperado que estoy por reunirme con ella.
—¡Papá, no hagas esto! ¡El mundo perdería una parte muy importante! Eres el mejor hombre que…
—Una vez fui un traidor —interrumpió—, pero tu madre y Naruto hicieron todo lo posible por recuperarme. Naruto me convenció de perdonarme a mí mismo para volver, y tu madre me hizo un buen hombre cuando se casó conmigo. Así, el día que Sakura murió en mi abrazo, en una cama de hospital, fue el día que me volví un ser horripilante. Ella fue mi luz, y tú te convertiste en el ancla que me mantuvo cuerdo, pero ya no tengo que preocuparme por tu bienestar.
—¿Piensas morir para estar con ella? Papá, mi madre está descansando en paz. No tortures a su espíritu con tu egoísmo. No puedes hacernos esto.
—Ya lo he hecho, Sarada —la mirada mixta de su padre le hizo dar un respingo—. Sakura ha estado esperando por mí en el limbo, objeto de mi capricho, pues no fui capaz de dejarla ir entonces. Me aferré al último soplo de su vida y le hice algo imperdonable. Abusé de mis habilidades oculares, y terminé amarrándola a mí eternamente. Lo menos que puedo hacer ahora es terminar con su espera, para que podamos volver a nacer en otro mundo. Así, cuando volvamos a encontrarnos, volveré a hacer las cosas como debí hacerlas en primer lugar, y me disculparé cada día de mi vida por la agonía que le provoqué por mi inmadurez.
—¿Cómo pudiste hacerle eso a mamá?
—Después de que lo hice, si no me hubiese quedado contigo todo este tiempo, Sakura me odiaría, y yo mismo lo haría. Tuve la oportunidad de verte convertirte en una mujer espléndida, Sarada. También estoy convencido de que serás una hokage superior a tus predecesores. Espero que algún día puedas perdonarme.
—¡¿Perdonarte?! —contestó enardecida, frunciendo el entrecejo.
—Eres lo más preciado para mí y para tu madre —Sasuke la sorprendió con un golpecito en la frente, que la sacó de su inminente arranque de ira—. Prometo que volveré a tenerte, Sarada. Esta vez estaré contigo y Sakura todo el tiempo. Solo espera por nosotros y renace. Tu madre estará feliz de poder sostenerte, una vez más. Voy a hacerlo bien, esta vez. Recuerda que nosotros siempre, siempre te hemos amado.
Capítulo Dos: La Amabilidad de la Suerte
Ugh. Le parecía que revivía el tremendo golpe que recibió en la mandíbula después de eso, y mira que solo se trataba de un sueño. Sarada se había opuesto a dejarle ir en ese entonces, así que Sasuke tuvo que ser un poco cruel con su propia hija para poder huir de ella. Aplicó en sí mismo la misma sentencia que le impuso a Sakura, y partió de ese mundo para ser encontrado horas más tarde, víctima de un suicidio. Él no estuvo para ver el dolor que ocasionó a sus familiares y amigos, pero a pesar de todo, Naruto estuvo entonces para defender su memoria. Sasuke se había ido a un sitio donde encontraría la paz que la muerte de Sakura le arrebató, hace muchos años, cuando ella enfermó a causa de una técnica prohibida, en la que la hicieron perder control de sus puntos de chakra y, por lo tanto, ni siquiera ella pudo sanarse de esa forma. Tanto su esposo como su hija tuvieron que despedirse de ella, en aquella habitación de hospital, convencidos por la misma pelirrosa de que la venganza no era una opción.
La sensación agridulce de recordar no solo la pelea con su hija, sino que la despedida de Sakura, le hizo quedarse sentado en su cama, mirando al vacío. Era ahora tan joven como cuando se enteró de que sería padre, pero se sentía tan maduro como cuando se quitó la vida. Existían un montón de diferencias a las que tenía que acostumbrarse, aunque ya lo estuviera de todos estos años. No sabía por qué todos estaban en este mundo, pero esperaba que no hubiese creado un nuevo tipo de tsukuyomi infinito en su arrebato. Por supuesto, él sabía que no era así. Miró a su alrededor para reconocer la habitación en la que estaba, y ubicó una foto del verano pasado con su madre, en un parque acuático. Jamás se le habría ocurrido un mundo como este, así que realmente debieron haber renacido en otra dimensión… ¿un universo alternativo? Le había estado dando vueltas, para concluir que eso era lo único lógico. No quedaba asomo de la historia que ellos vivieron, así que la probabilidad de una reencarnación en el mismo mundo era nula. Habían vuelto a la vida en otro mundo, en el que lucían y se llamaban igual, estaban rodeados de las mismas personas, pero parecía que la suerte era más amable en este caso.
Se miraba las manos, un poco sorprendido. Las había tenido—ambas— los últimos veinte años, y aun así se sentía extraño tras despertar. No podía evitar sonreír un poco, como un idiota, porque tanto él como Naruto seguían completos. A la edad de diecisiete años habían perdido un brazo, cada uno de ellos, reforzando su amistad. Ahora estaban aquí, cruzando el pasillo el uno del otro, en un mundo completamente distinto. Le causaba un poco de gracia que hace veinticuatro horas no tenía ni idea de quién era Sakura, y ella solo necesitó presentarse para traerlo al presente. Pero todos estaban como apagados, a diferencia de él, que era el único consciente de que estaba en un mundo distinto al que pertenecía. Resultó que, empleando su rinnegan y su sharingan, logró crear un jutsu nuevo que debería estar prohibido, cuyo resultado fue éste. No se lo había dicho a nadie, no les había dado los detalles, así que sería imposible que se duplicara ahora que su hija era la única Uchiha en el mundo ninja. Pero resultaba solitario ser el único que recordara aquello. Aun así, no se trataba de algo que no pudiera soportar. La única compañía que tuvo toda su existencia, incondicionalmente, fue esa pelirrosa que se había vuelto a presentar en su vida.
Ah, pero había un delicado asunto que tratar. La noche anterior, mientras él hablaba por teléfono con su hermano mayor, Ino le preguntó a Sakura si se había conseguido novio, y ella respondió que sí. Había escuchado que cuando se conocieron, él ya estaba graduado, así que debían tener unos años de diferencia. Ahora estaba terminando su especialización en cirugía general, con una beca para investigación en la facultad de medicina, así que se veían constantemente, especialmente porque ella era su asistente. A Sakura, a diferencia de ellos, le quedaban tres años de estudio en lugar de uno, para obtener su título universitario. Después estaba su internado, y quién sabe cuánto más haría para especializarse. Le quedaba claro que era el tipo de mujer que no tenía prisas con los asuntos de la vida, pero comprometida con su carrera. Ellos, que para ésta edad ya estaban casados en Konoha, resultaban ser ahora muy jóvenes para algo así. Sasuke sufrió un poco al encarar que ni siquiera él estaba interesado en una relación hasta que ella se cruzó en su vida. Se pasó una mano por la cabellera negra, más parecida al estilo que llevaba en su adolescencia que a aquél de sus primeros años de matrimonio. Los tiempos y la madurez era tan distintos, que estaba un poco descolocado. Sería impensable que se casaran pronto, que tuvieran a Sarada, que fueran felices a corto plazo. Había, ahora, tantas cosas dificultando la felicidad que deseaba, que soltó un chasquido exasperado, aunque era tan temprano por la mañana. Muchos obstáculos de por medio. Un novio que no deseaba en su vida. Tanto qué hacer.
—Necesito un café —se sorprendió en cuanto lo dijo. Estaba tan acostumbrado a éste mundo y carecía del nivel de disciplina que el mundo ninja exigía. En su vida pasada nunca habría dicho algo por asomo similar, a menos de que se encontraran en campaña, y se trataría de una píldora de alimento de Sakura… ¡Qué horrible sabían!
Salió de la cama con su pantalón y camisa holgados, que usaba para dormir. Caminó por el pasillo hasta la cocina, se asomó para ver si Naruto seguía tendido en el sofá, pero no era así. Aparentemente, en algún momento de la noche, el rubio había ido a su habitación. Aquello significaba que no pasaría nada si había un poco de ruido, así que puso la cafetera y sacó todo lo pertinente para preparar su café. Descubrió, en el proceso, que sus movimientos eran silenciosos, mudos casi por completo, lo que le hizo comprender que quizá su cuerpo no poseía las disciplinas que le daban agilidad, habilidad y fuerza, pero la técnica estaba grabada en su mente. Si se esforzaba, su cuerpo podría volver a ser el de entonces, aunque sería complicado amaestrar a un cuerpo adulto. Por fortuna, Sasuke Uchiha era lo suficientemente necio como para tomar la decisión de lograrlo, pero primero tomaría su café. Negro, debido a su paladar quejumbroso de los dulces, lo que demostraba que su gusto no había variado mucho. Un poco caliente, era cierto, aunque no quemaba su lengua. El sabor le agradaba y, de alguna forma, lo tranquilizaba. Lo despertaba, lo llevaba a un punto de paz, que era lo que necesitaba en ese momento. Era una suerte que Naruto estuviera dormido, pues el ruido del rubio lo perturbaría. Pocas mañanas eran tan agradables y silenciosas como esa…
Oh, no.
El cerrojo hizo los ruidos de una llave abriendo la puerta, y sus ojos negros miraron inmediatamente al pasillo que separaba la cocina con desayunador de la sala. Sabía que una criatura terrorífica iba a aparecerse, así que se apresuró a tomar una taza, ponerle un poco de azúcar y crema, mientras escuchaba que la puerta se abría y volvía a cerrarse. Alcanzó a verter el café cuando una figura se asomó lentamente por el arco de la puerta, y él se mantuvo al otro lado del desayunador. El reflejo de unas gafas llegó hasta él, que emitió un suspiro. Por supuesto, otro aspecto que no parecía cambiar ni siquiera por las diferentes dimensiones. Ahora, Sasuke estaba de pie con un mueble de por medio, con su taza negra en su mano izquierda y una taza púrpura en la mano derecha. La paz había terminado.
—Mmh… ¿Naruto sigue dormido?
—Sí —sus miradas se encontraron—, es probable que le tome un par de horas ponerse de pie, llegó un poco borracho.
—Es así —confirmó ella, entrando con una bolsa de compras en sus manos, su maletín al hombro, y una sonrisa cómplice que cruzaba de oreja a oreja sobre su rostro, además de una expresión con intenciones depravadas—. Sa-su-ke ~
—Buenos días, Karin —dijo él, mientras extendía su mano con la taza de café.
—Ow, ¿es para mí, Sasuke? —ella dejó todo sobre el desayunador, rodeándolo para alcanzar la mano del moreno, pero en lugar de tomar la taza que le correspondía, sus manos fueron directo sobre la que sostenía aquella taza—. Eres tan atento ~
—Me enamoré anoche, Karin.
Como un vaso cayendo, el sonido del corazón de Karin rompiéndose pareció una realidad, a la par de que ella detenía las caricias a la piel del Uchiha. Se quedó estática, mirándole al rostro, sin poder hacer movimiento alguno. Estaba claro que sus párpados se habían separado con incredulidad, que estaba sorprendida, pero que también intentaba averiguar si las tres palabras que había mencionado tenían algún motivo oculto. Él estaba sereno, mirándole directamente a los ojos, como confirmándole que no se trataba de una broma de mal gusto, sino que de una realidad inexpugnable. Por supuesto, no se imaginaba el sentido del humor de Sasuke tornarse a temas amorosos, o que alguien con su nivel de frialdad intentara destrozarla con esas palabras, ya que siempre hacía caso omiso a su flechazo por él, pero esto… era inaudito. Tanto que necesitó respirar profundo una sola vez para después deslizar sus dedos a la taza y apartarla de la mano del muchacho. Sopló sobre el líquido color marrón, atrajo la taza a sus labios, sorbió con cuidado de no quemarse y suspiró de placer, pues él sabía preparar su café. Ese hombre era el tipo de persona que detestas por su carácter indiferente, pero que tenía la delicadeza de prestar atención a la forma en la que te gustaba tu café. Era el tipo de persona del que ella quería enamorarse perdidamente, y no ser una amiga flechada y ya.
—¿Qué significa esto, Sasuke? —no podía ser tan amable y cruel con ella.
—Me alegra que lo tomes con tranquilidad —señaló él, antes de ofrecerle una silla, que ella tomó por salud propia—. Fue amor a primera vista.
—¡¿AAAAAAH?! —ahí estaba ella. Alzó la voz y lo miró con el entrecejo fruncido—. ¡No me estés jodiendo con esa mierda!
—No digas "mierda".
—¡Al carajo! —ella se levantó, apoyado las dos manos en el desayunador, para volver a estar a una altura decente—. ¿Qué mierda es eso de "amor a primera vista"? ¡No te burles de mí!
—No estoy bromeando —se sentó con tranquilidad, para beber de su taza—. Está en tu facultad, me parece. Pero, no es el tipo de chica con la que harías amistad fácilmente, supongo. Puedo verla más como tu rival.
—¿Cuál es su nombre?
—Sakura.
—Ah, es una gran chica —la voz de Karin se transformó al escuchar ese nombre, lo que detuvo los pensamientos de Sasuke, mientras la veía volver a sentarse junto a él—. Haruno no se presenta con su apellido por su padre, y trabaja más duro que cualquiera. Aunque es un genio.
—¿La conoces?
—Claro que la conozco —se mofó—. Las mejores notas, asesora a muchos, es jefa de grupo, la favorita de los maestros. ¿Sabías que ya está en una investigación? Esa chica es asombrosa y rinde mares. Compartimos un par de clases y de vez en cuando tomamos un café.
—… No imaginé que serían amigas aquí.
—¿Aquí?
—Entonces, si sabes lo asombrosa que es, deberías ser capaz de entenderlo —cambió el tema inmediatamente, para evitar dar explicaciones.
—Me parece completamente imposible que tú te enamores a primera vista, no importa de quién se trate. Uno diría que no tienes la habilidad de amar —ella lo dijo con cierto desagrado en su tono de voz, para volver a tomar su café—. Entonces, ¿esta es tu forma de rechazarme, Sasuke?
—Estoy enamorado de ella —un escalofrío recorrió a Karin—. Odio decirlo en voz alta, pero si no lo hago, Sakura nunca va a creerme.
—Ella tiene novio, ¿sabes?
—Eso no tiene importancia —se encogió de hombros, recargándose en la silla—. Es una molestia, pero me encargaré de ese asunto eventualmente. Ahora tengo que encontrar una forma de acercarme a ella.
—Tú no entiendes nada, ¿cierto? —ella levantó una ceja, mientras lo miraba. Luego suspiró, con total resignación—. Está bien. Voy a mostrártelo.
—¿Mostrarme qué cosa?
—Tu competencia —la pelirroja se tomó su café de un trago, para entonces ponerse de pie—. Ve y ponte decente. Prepararé unos sándwiches para más tarde. Iremos a que conozcas mejor a los "señores perfección".
Karin pudo admirar, por primera vez en su vida, un poco de ansiedad en él. Sasuke tomó su taza de café en velocidad record, para entonces apresurarse a su habitación. Ni siquiera se detuvo a levantar las tazas, las cucharas, o acomodar lo que había utilizado en la cocina, así que ella sintió un vacío en su pecho, pues aquello parecía imperdonable. Por otro lado, escuchó la regadera en menos de cinco minutos, ya que ella había lavado las dos tazas. ¿Habría acomodado su habitación antes? Seguro que no. Una sonrisa nostálgica se le dibujó al descubrir que él estaba emocionado por ver a una chica, así que preparó sus emparedados en un silencio doloroso. Sasuke nunca se tardaba en prepararse, pero él volvió a la cocina después de quince minutos con el cabello muy mojado, pues no se daba el tiempo de secarlo apropiadamente. Se preguntaba, entonces, si Sakura podía ser tan importante como para que él descuidara cosas que existían en su rutina, así que se lo señaló antes de empacar la comida para cuando tuvieran oportunidad. El café ahuyentaba al hambre, pero ésta reaparecería en el camino, se dijo a sí misma. La verdad era que ella nunca había esperado enamorarse perdidamente de Sasuke, pero sí lo adoraba de algún modo. Le gustaba tanto que le desesperada saber que una chica común y corriente le había ganado con tan solo presentarse ante él. No comprendía qué tenía ella para habérselo robado así, pero tampoco podía enojarse. Karin tenía su propia historia con Sakura, algo que no quería contarle ahora.
—Listo —dijo él, mientras se abrochaba su reloj de estilo deportivo.
—Oh —admiró ella—. Me alegra que te pusieras algo casual. Quizá tengamos que andar y cargar algunas cosas, así que no es bueno ir formal —señaló, asomándose a ver sus zapatos, que resultaban apropiados para caminar—. Ponte una hoodie. Quizá entremos al laboratorio.
—Bien.
Karin era amiga de Sasuke desde el bachillerato. Ella molestaba al club de fans del Uchiha por ese entonces, rechazándolo en un principio, hasta que sus amigos—a quienes ella siempre negó— le presentaron al pelinegro. Jugo y Suigetsu conocían a Sasuke gracias a actividades extracurriculares, aunque el primero les llevaba un par de años por delante, estando por graduarse. Era el único de tercero que tenía una relación con los de primero, y parecía ser cualquiera del grupo, excepto por el hecho de que destacaba gracias a su complexión. Karin recordaba que un día, después de clase, Suigetsu la convenció de ir al arcade, donde se encontraron con Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki, donde jugaron durante gran parte de la tarde. Resultó que el chico les ganaba en todo sin inmutarse siquiera con un espíritu competitivo, y el orgullo de la pelirroja la llevó a hacerle competencia donde se parara, como el rubio. Karin terminaba perdiendo sin remedio, tomándole más recelo al muchacho. Semanas más tarde, ella descubrió que Naruto era un pariente lejano, y se encontró con ellos en la fiesta luego de la graduación de Jugo, donde unos chicos ebrios intentaron acercarse. Sasuke dijo que era su novia y dejaron de molestarla, algo que lo puso en una situación bastante favorable. Desde entonces, Karin decidió que alguien como él debía gustarle. Él era un caballero.
—¿Sakura sabe algo de todo esto? —preguntó Karin, mientras iban en el auto.
—Sí. Se lo dije en ese momento —admitió, encogiéndose de hombros—. Sin embargo, no tenía idea de que tenía novio, hasta que Naruto me lo dijo más tarde. No me agrada tener competencia, pero no hay mucho que pueda hacer al respecto.
—No es propio de ti.
—Ciertamente, no soy el tipo de persona que se mete en una relación para destruirla.
—Que te guste alguien —lo corrigió ella, con un respiro pesado—. Si ella te gusta en serio, eso quiero saberlo. Pero creo que solo lo entenderé si lo veo.
—Es decir: no puedes creerme.
—Es tu culpa —bufó Karin—. Nunca te has interesado en nadie y, repentinamente, te presentan a Sakura, así que decides que te enamoraste a primera vista de ella. Es injusto.
—Es verdad. No es como que realmente se tratara de algo a primera vista, es más bien que —se detuvo un momento, mientras estacionaba frente a la entrada de la facultad de medicina. Si tenía que darle un nombre a aquello, era obvio—, estamos destinados a estar juntos.
—¡¿AAAAAH?!
—Te ves horrible cuando dices eso —le dijo, sincero—. No intento molestar al decirlo, pero si fuera a detalles, me creerías un loco mientras te cuento.
—Yo ya pienso que enloqueciste por completo.
—En el momento en el que vi a Sakura, desperté de algún tipo de sueño extraño —decidió decirle la verdad a medias, pues nadie entendería su predicamento—. Fue como volver a verla, como si hubiesen pasado décadas sin que pudiera hablar con ella. Me sentí aliviado, me quedé pasmado, me dolió el pecho. Me dije, "ella es Sakura", pero nadie había dicho su nombre.
—¿A qué te refieres?
—Supongo que fue un déjà vu —mintió—. La cuestión es, quiero pasar más tiempo con ella. Quiero hablarle y verla sonreír. Quiero el lazo más importante en éste mundo.
—Aaaaaaah. Me das asco —se quejó en voz alta, antes de abrir la puerta del auto—. Me voy a quedar dormida mientras siga escuchando tu triste historia de amor. Anda, muévete. Ella debe estar en el laboratorio.
—¿Y cómo se supone que vamos a entrar? —cuestionó, mientras abría la puerta del piloto y bajaba por igual.
—Trae mi mochila —ordenó Karin—. A veces me ayudas con algunas tareas, ¿recuerdas? Le diré algún pretexto. Todos saben que somos amigos, o algo —se encogió de hombros—. Hice unos sándwiches de más, así que les llevaremos algunos.
—¿Les? ¿A ellos?
—Te dije que iba a mostrártelo, ¿recuerdas?
Detrás de Karin, fue Sasuke Uchiha. Ella tenía en sus brazos unos recipientes, que le entregó a Sasuke para que los cargara mientras se arreglaba el cabello. Aunque él, de vez en cuando, pasaba a recoger a Karin, nunca había entrado a los edificios de la facultad, pues era rarísimo que bajara del auto en esa zona. Así, muchos de los alumnos que estaban por ahí—ya que algunos llevaban curso en sábado o tenían proyectos, inclusive experimentos— les reconocieron y miraron con algo de asombro. Si no le conocían por su reputación, al menos eran atraídos por el atractivo físico del Uchiha. Ambos calzaban zapatos deportivos y jeans, pero mientras él usaba una camisa blanca y su hoodie gris, Karin solo usaba una blusa azul marino de botones. Se dejó la cabellera en una coleta y siguió caminando, dejando que él llevara toda la carga. Encontró el ascensor y subieron a éste.
—No niegues cualquier cosa de lo que diga, ni agregues detalles.
—¿Me crees idiota?
—Solo digo. Déjame llevar el control, para que ella se lo crea —se encogió de hombros—. Tú no tienes mucha credibilidad ahora que le declaraste su amor.
—Venga, ya supéralo —un tintineo se escuchó antes de que las puertas se abrieran en un pasillo amplio, que corría en ambos lados.
Karin volvió a tomar el liderazgo, giró en el segundo pasillo a la izquierda, y después anduvo un par de puertas antes de tocar una de ellas. La puerta en cuestión fue abierta después de unos segundos, mientras les atendía un alumno promedio de la universidad, probablemente de los nerds del primer año que estaban adelantando su currículum ayudando a los de cursos más avanzados, como Sakura lo hizo en un momento, según le contó Karin en el camino. Los dejaron pasar, y se encontraron con una habitación de tamaño promedio—como cualquier dormitorio—, donde estaban dos escritorios con sus respectivos computadores, algunos estantes colmados de carpetas de títulos complicados, además de otros tantos archiveros aquí y allá. En medio de la habitación había una mesa con tres sillas plegables, mientras que se alcanzaba a ver otras acomodadas a un lado de los escritorios. Había un minibar y un microondas, lo que evidenciaba que pasaban mucho tiempo ahí. También, había una puerta en la pared izquierda, pero ninguna ventana que pudiera permitir la vista al interior. En la puerta estaba un letrero de "Acceso Restringido", mientras que la puerta que habían pasado tenía uno de "Laboratorio", acompañado por un número al que no le puso atención. Sasuke dejó los recipientes en la mesa del centro, como se le indicó. Se puso a curiosear, aunque no tocó nada, hasta que—al cabo de unos minutos— escuchó que la puerta se abría.
—Karin, debiste avisarme —reconoció la voz, aunque ésta era obstaculizada por el tapabocas.
El asistente de laboratorio se acercó a retirarle los guantes azules, por los que había mantenido las manos alzadas hasta ahora, sin tocar nada. Luego de eso, Sakura se retiró el tapabocas y los lentes de seguridad, así como la cofia, tirando todo a un recipiente de basura con la leyenda "Desperdicio Médico". Después, se quitó la bata, y se volvió visible que estaba usando un uniforme de hospital desechable, mientras que abajo tenía una blusa de manga larga de color rojo. Inclusive sus tenis deportivos estaban cubiertos en un protector médico, que también tiro a la basura, antes de darse cuenta de que su amiga iba acompañada. Sasuke no había podido quitarle la mirada de encima, algo que se volvió muy claro para todos. Era como si fuera adicto a mirarla cada vez que se encontraran, y ella parpadeó, un poco sorprendida de encontrárselo.
—Sasuke Uchiha —admiró.
—Ah, ¿se conocen? —preguntó Karin, fingiendo demencia, al punto en el que fue creíble—. Sasuke y yo somos amigos del bachillerato. Lo obligué a acompañarme porque necesito un material pesado, pero mientras preparaba unos sándwiches se me ocurrió traerles un poco. ¿Ya comieron algo?
—Oh, ¿en serio? —se acercó ella, entonces, a revisar uno de los recipientes—. Me viene de perlas, no he comido nada para el desayuno.
—Qué bien —se cruzó de brazos la pelirroja—. Nosotros tampoco. ¿Te importa que lo tomemos con ustedes?
—Para nada. Tomen una silla. ¿Trajiste suficiente?
—Traje de sobra para que se queden con algunos —respondió ella, antes de volver su vista al pelinegro, que parecía fuera de éste mundo—. Hey, Sasuke. ¿Por qué no pones un par de sillas más?
—¿Dos? —preguntó él, mirando a Karin confundido.
—Pues sí —dijo ella, obviándolo—. Supongo que el doctor estará por aquí, ¿no? —para volverse hacia Sakura, esperando una respuesta.
—Sí, estaba terminando de revisar una muestra —aseguró, mientras abría el minibar—. ¿Algo de beber? Hay té, jugo, agua.
—Agua está bien —contestaron Sasuke y Karin al unísono, una vez que él hubo puesto las dos sillas y se sentó junto a su amiga. Se miraron el uno al otro, pero en los ojos de Karin pareció haber cierto resentimiento al hecho de que lo dijeran ambos, a la par.
—Qué coordinados —dijo Sakura con diversión, mientras les dejaba botellas de agua, sacaba dos de té, y una de jugo. También puso un plato a cada uno, y sirvió un sándwich extra.
—No sabía que llevabas una investigación —comentó Sasuke, para romper la tensión.
—No es mía —contestó ella—. El doctor está por terminar su especialidad en cirugía general, aunque pidió esta beca. Yo estoy aquí acumulando experiencia, será bueno para mi currículum. Y no es como que sea lo primero que cuento a desconocidos.
—Pero es sorprendente —agregó él, mientras la miraba—. Tú, eres sorprendente —Karin se quedó pasmada al escuchar aquello, mientras todos callaban un momento.
—¡Es increíble! —pero, para su fortuna, una voz los interrumpió. Sakura no se había sentado, así que se volvió para ayudar al hombre que salía del laboratorio restringido—. No me imaginaba que las recomendaciones de mi maestro resultaran tan efectivas, los resultados superan mis expectativas, ¿no lo crees así, Sakura?
—Déjeme quitarle el tapabocas primero, doctor —dijo ella, mientras se adelantaba a quitarle también los guantes. Fue en ese momento que Karin le dio una pequeña patada a Sasuke.
—Es él —murmuró.
—Tenemos visitas —agregó Sakura, mientras le ayudaba con los cubrebotas por igual—. Nos trajeron un poco de comida, doctor. Son Karin y su amigo, Sasuke Uchiha. Él es uno de los chicos que Ino me presentó anoche.
—Pero qué amables —dijo él, retirándose entonces la cofia—. Es un placer verte de nuevo, Karin. Aunque estoy seguro de que nunca había visto al señor Uchiha en nuestro departamento
En aquél momento, cuando el doctor se retiró el equipo de seguridad para quedar solo con su bata y su vestimenta de hospital, Sasuke sintió que el mundo estaba a punto de terminar. A pesar de todas las señales que el destino le había mandado, siempre pensó que el mencionado novio de Sakura sería un desconocido para él. Sin embargo, por algún motivo, este mundo resultó no ser tan amable con él como pensaba. De todas las personas que ella pudo haber escogido, resultaba que no se trataba de, al menos, "solo un conocido". Era un hombre que había estado presente en su vida por un periodo largo y que, además, había fungido un papel importante en la Cuarta Gran Guerra Ninja. Se le puso la piel como de gallina y apretó las manos, pues a pesar de las enmiendas que se dan con el paso del tiempo, que precisamente él estuviera con Sakura era algo desastroso. Sin embargo, tuvo que ver el rostro de la que fue su esposa en la vida pasada, para descubrir lo peor: una sonrisa dulce hacia el caballero amigable que tenía las manos en los bolsillos, la sonrisa con la que él un día lo recibió de regreso a casa.
"Bienvenido a casa… querido."
—Mi nombre es Kabuto Yakushi. Bienvenido a nuestro laboratorio, señor Uchiha.
[Continuará…]
