Capitulo 2. Una charla esclarecedora.

- ¡Vamos Harry! ¡Que no llegamos! -grito David desde el asiento trasero derecho del coche. Jess a su lado, le dio una colleja. - ¡No le metas prisa!

Harry salió con una mochila roja a la espalda que guardo en el maletero. Entro al coche bostezando.

- ¿Tan lejos esta el "Thorpe Park para tener que salir a las ocho de la mañana? -pregunto cogiendo un cojín y apoyando la cabeza en el.

- La realidad es que tenemos que hacer un par de paradas previas antes. -dijo Tamara con una sonrisa cómplice.

Arranco el coche y silenciosamente empezaron a circular por una de las carreteras radiales de Londres. Tras veinte minutos llegaron a una zona residencial al norte de la ciudad. Tamara se bajo del coche y llamo a la puerta de una casa que no tenia nada de particular a primera vista. Harry pudo ver como una mujer de pelo castaño y ojos verdes abría la puerta y saludaba cariñosamente a Tamara. Entrecerró los ojos para intentar enfocar mejor a la mujer. El pelo se le hacia muy familiar pero no conseguía adivinar la causa de esa familiaridad. Se giro para preguntarles a David y a Jess, pero estos solo se alzaron de hombros y le señalaron a la puerta de la casa. Cuando volvió a mirar, vio como salía detrás de la mujer alguien a quien si conocía muy bien. Hermione Granger se acercaba al coche corriendo con su pelo sujetado en una coleta; coloco con cuidado su mochila verde pálida en el maletero y entro en al coche sentándose en la tercera fila de asientos. Harry inmediatamente paso a la fila de atrás para hablar con su amiga.

- Hola chicos. -saludo alegremente Hermione.

- ¿Tu también vienes? -pregunto Harry después de abrazarla.

- Claro que si. Los padres de David llamaron a los míos justo el día después de que te sacaran de casa de tus tíos y... aquí estoy. -cambio de tema radicalmente.- ¿Habéis leído sobre el "Phoenix"?. Dos kilómetros y doscientos metros de recorrido a una media de ochenta kilómetros por hora, acelera de cero a cien en menos de tres segundo, alcanza una velocidad máxima de 137 kilómetros por hora... -decía emocionada.

-¡Para ya Hermione! -dijo Harry sin poder aguantar la risa.- Creo que ya tenemos suficientes datos.

Tras una hora de viaje, Harry, David y Jess vieron una estampa familiar. La Madriguera se alzaba impertérrita y eterna como si fuera una venerada estatua de un dios o héroe legendario. David se fijo en que, a diferencia del año pasado, toda la piedra si que parecía igual. Al llegar a la puerta vieron como los Weasley estaban esperándoles en el jardín. Ron, Fred, George, Ginny y Arthur vestían con camisetas y bañadores de diferentes colores. Ron había crecido otros cinco centímetros y ya era casi tan alto como los gemelos. Ginny había cogido un favorecedor color moreno que disimulaba sus pecas. Los gemelos vestían igual y hablaban entre ellos, mientras Arthur se acercaba al coche visiblemente complacido.

- Hola chicos. -dijo Jess cuando se bajo del coche.

- Hola. -respondieron a coro todos los Weasley. Arthur se acerco a Tamara y se puso a examinar el coche mientras hablaba con ella.

- ¡Eh pequeño cambiante! ¿Como llevas el verano? -pregunto Fred a David. Este se giro y vio como Jess y Ginny hablaban animadamente mientras Ron les contaba algo a Harry y Hermione.

- Pues entretenido. Y vosotros, ¿que os contáis? ¿Algún plan interesante?

- Oh si, muchas cosas. Ya te contaremos. -respondió George haciéndose el interesante.

- Tu que sabes mas que nosotros. ¿Que tal ves lo de hoy? -pregunto Fred interesado.

- Os aseguro que os va a gustar. Quizá cuando lleguéis allí y lo veáis por primera vez en funcionamiento os de un poco de respeto. Pero si lo probamos, ninguno de nosotros seremos capaces de montarnos solo una vez. -aseguro David.

- Suena interesante. -dijeron los dos con los ojos iluminados. Su expresión era la misma que cuando planificaban una broma.

- Pero no os quedéis solo con el Phoenix... también están el Colossus, el Némesis Inferno, la Tidal Wave y el Loggers Leap que son de agua... así que preparaos para mojaros y mucho, sobre todo en la primera. -apunto haciendo memoria.

David dejo a los gemelos mientras hablaban con Harry y Ron sobre quidditch. Paso por delante de Jess y Hermione que hablaban sobre las asignaturas nuevas y se acerco a Ginny que veía interesada como su padre examinaba el interior del coche a la vez que hacia movimientos con la varita.

- Hola Ginny. -la saludo David. La chica se dio la vuelta y sonrió a David.

- Hola David. -respondió. El sol de la mañana se reflejaba en su pelo rojo y hacia que pareciera una llama viva.

- ¿Que tal has pasado el verano? -preguntaron los dos a la vez provocando que se rieran a carcajadas al darse cuenta de la coincidencia.

- ¿Que hace tu padre? -la pregunto David al fijarse en el señor Weasley.

- No lo se exactamente. -respondió alzándose de hombros.- Pero lleva un buen rato examinando el coche. No me sorprendería si no fuera porque lleva la varita en la mano y debe de estar haciendo algún hechizo a juzgar por sus movimientos. Papa suele ser muy respetuoso con los juguetes muggles de los demás y no los hechiza... por lo menos al principio. -bromeo haciendo reír a David.- Oye David...

- Dime Ginny. -respondió David preocupado por como la pequeña de los Weasley había pronunciado las ultimas palabras.

- Quería darte las gracias por salvarme el año pasado. -dijo con dificultad. Se giro para darle la espalda a David e impedir que este viera su tez enrojeciéndose. Este con un rápido movimiento se colocó enfrente de ella e impidió que volviera a girarse cogiéndola delicada pero firmemente del brazo.

- Hice lo que debía... sin saber exactamente a lo que me enfrentaba, eso es verdad. -mintió.- Lo cual no fue muy inteligente por mi parte. -confeso

- ¿Te arriesgaste por mi? -pregunto sorprendida la pelirroja.

- Pues si. -confirmo.

- ¿Por que?

- No iba a ser siempre Harry el que se llevara el merito, ¿no crees? -la mirada de la chica le hizo saber que no había sido la mejor respuesta posible. -Era broma. Ginny, tal y como te dije el año pasado en el Expreso de Hogwarts, eres mi amiga. Es una razón mas que suficiente. -la chica le miro enormemente agradecida.

- ¿Puedes contarme como fue? -pregunto temerosa de la respuesta. David se sentó en la tierra con las piernas cruzadas y respiro hondo. Ginny se sentó enfrente de el, imitando su postura. David le conto la misma historia que le conto en su momento a Dumbledore. Sin embargo, que el interés de la pelirroja se trasluciera en sus gestos hizo que fuera mas relajado que en el despacho del director, donde la pétrea cara de Dumbledore desanimaba bastante. La pelirroja ahogo un grito cuando el metamorfomago le describió su aspecto físico influido por el Doppelganger. Cuando David acabo, la cara de Ginny mostraba visiblemente el esfuerzo que estaba haciendo para comprender lo que acababa de escuchar.

- La quieres mucho, ¿no? -pregunto Ginny en un susurro.

- ¿Te refieres a Jess? -inquirió David sorprendido por la pregunta de la pelirroja. Esta afirmo con la cabeza.

- Si. Es mi mejor amiga. Nos conocemos prácticamente desde que nacimos, hemos estado siempre el uno al lado del otro y desde que... -intento hablar sobre el accidente pero no pudo.- bueno, ya sabes, estamos aun mas unidos. Creo que fue por eso por lo que el Doppelganger despertó.

- ¿Podría despertarse por otra persona? -pregunto entre el interés y el miedo.

- Espero que no vuelva a pasar. -dijo con mirada sombría.

- ¿Por que dices eso?. Fue bueno que pasara. -replico Ginny.

- No Ginny. El resultado fue lo único bueno. El resto... fue horrible. -confesó con un escalofrió.- Ni te lo imaginas. Es como caer a un pozo sin fondo. Te ves rodeado por una oscuridad impenetrable que te aterra y te atrae a la vez. La sientes familiar y extraña al mismo tiempo. Tu consciencia, tu sentido común, todos los buenos sentimientos, todo lo que hace que seas una buena persona va siendo engullida por el Doppelganger. No quiero volver a pasar por la misma situación si puedo evitarla. -dudo un momento antes de seguir.- Pero si te soy sincero, creo que podría volver a despertar si alguna persona muy querida para mi estuviera en verdadero peligro o estuviera sufriendo. Podrían ser mis padres Harry, Ron, Hermione, los gemelos, tu misma... Pero espero que no... espero que no. -repitió otra vez en un susurro quedo.

- ¿Yo también? -pregunto sorprendida al escuchar su nombre dentro de la lista de personas muy queridas del metamorfomago.

- Si Ginny, tu también. Eres muy importante. -reconoció el.- Y no sabes hasta que punto. -finalizo mentalmente.

- Tanto como para ser el gran motivo que mantuvo la chispa de Harry durante la odisea de los Horrocruxes. -refuto Hermione en la cabeza de David.

- David, Fred, George, Harry, Ron, Hermione, Ginny, el señor Weasley, Tamara y yo misma. -conto detenidamente Jess.- Algo no cuadra. En el coche solo caben ocho.

- Eso era antes. -comento Fred misteriosamente.

- ¿Como? -pregunto Jess.

- Ya lo veras. -respondió George siguiendo la broma. Jess hizo que se enfadaba y les amenazo - Respondedme o huid.

- ¿Por que deberíamos hacerte caso? -preguntaron burlones los dos.

- Porque David me ha enseñado una de sus sumisiones. -dijo marcándose un farol digno de una jugadora profesional.- ¿Como decías que se llamaba? -le pregunto al chico girándose para guiñarle un ojo disimuladamente.

- STF. -respondió siguiéndole la broma. Quería ver como los gemelos eran ganados en su territorio.- Por si os interesa, es la segunda mas dolorosa de las que se hacer.

- ¿Cual es la primera? -pregunto Ginny interesada en esa faceta del metamorfomago que tantas risas provocaba en sus hermanos mayores cada vez que recordaban los "encontronazos" entre este y Malfoy.

- La que le hice a Malfoy, el "Sharpshooter". -respondió David sorprendido por el interés de Ginny. Al escuchar esta conversación, las sonrisas en las caras de los gemelos desaparecieron.

- Nuestro padre ha hechizado el coche temporalmente para que entremos todos. -respondieron los gemelos rápidamente para evitar posibles problemas.

David y Ron abrieron las puertas y entraron en el coche. En vez de las tres filas de asientos que tenia el coche en origen ahora solo haba dos. La primera fila seguía teniendo el asiento del conductor y el del copiloto; la única diferencia era que eran unos centímetros mas anchos y mucho mas cómodos. La segunda fila contaba con ocho sillones parecidos a los de la sala común de Gryffindor, aunque algo mas pequeños. Estaban colocados de forma semicircular y en medio se situaba una mesa circular. El maletero también se había ampliado, aunque en este caso no era necesario ya que las mochilas hubieran entrado sin necesidad de recurrir a la ampliación mágica del mismo.

- Iremos mas cómodos, ¿no creéis? -pregunto sonriente el señor Weasley que apareció de repente sentado en el asiento de copiloto. Sus ojos brillaban ansiosamente y tenia un ligero temblor en las manos seguramente provocado por la emoción de ver una de las mas grandes obras de ingeniería construida por los muggles

- Venga, arriba todo el mundo. -dijo Tamara desde el asiento del piloto.

El "Phoenix" se alzaba amenazador en el centro del parque. Se vislumbraban sus railes rojos y dorados desde un par de kilómetros antes de llegar a las puertas del parque de atracciones. Hubo un pequeño problema con el señor Weasley y la cajera a la hora de pagar; la estaba sacando de quicio al mirar uno a uno cada billete y cada moneda que costaba la entrada. Harry actuó rápidamente antes de que la cajera pudiera montar un follón quitando el dinero de la mano al señor Weasley y pagar las entradas de toda la familia.

- Ginny, Ron, ¿hay alguna forma de que a tu padre no se le note tanto que esta emocionado? -pregunto Jess.

- Difícil lo veo -respondió Ron.- Mi padre se emociona casi con cualquier cosa que tenga que ver con los muggles, así que imagínate.

- Déjamelo a mi -dijo Ginny convencida.

- ¡Ahhh! ¡La mirada de mama! -exclamaron Fred y George.- Jess, puedes estar tranquila, mi padre se va a portar como un angelito.

La chica se giro para mirar la conversación entre Ginny y su padre. Por la cara que estaba poniendo el señor Weasley y la intensidad de los gestos de la pequeña estaba bastante claro que la pelirroja había sido poseída por el espíritu de su madre y le estaba echando una buena charla intimidatoria a su padre. Ginny regreso con una sonrisa de oreja a oreja y el brillo de locura en los ojos del señor Weasley había disminuido claramente.

- Ya no habrá problemas. -dijo Ron al resto riéndose.

- ¡Que miedo das Ginny!. -dijo Hermione a la pelirroja.

- Nota mental: "No hacer enfadar a Ginny" -dijo en voz baja David a Harry. No fue lo suficientemente baja. La pelirroja se acerco a el.

- Bien pensado. -dijo Ginny golpeando el pecho con el dedo índice.- No te gustaría verme enfadada. -Harry se quedo mirándola mientras se daba la vuelta y se juntaba a Hermione y Jess. David sonrió al ver como Harry no le quitaba los ojos de encima.

- ¡Menuda cola hay para subir! -exclamo Harry cuando vio la inmensa cantidad de personas que formaban una fila que serpenteaban durante varias decenas de metros.

- Avanza mas rápida de lo que tu te crees. -dijo David con voz de experto. Todos menos Jess le miraron interesados.- Fijaos. -dijo señalando a los trenes. Cada uno de ellos tenia cuarenta asientos distribuidos en diez filas de cuatro. Las partes metálicas estaban pintadas en rojo mientras que los asientos y los arneses eran amarillos brillantes. Verlo en funcionamiento le recordaba a Harry a Fawkes, una sombra dorada, roja y amarilla que volaba a gran velocidad. Mientras avanzaban por la cola, Hermione continuaba la explicación sobre la atracción que había empezado en el coche.

- La atracción empieza con una pequeña bajada antes de emprender la subida principal. Luego empieza la gran caída para afrontar el primer loop, después un par de corkskrews, otro loop seguido de un cobra roll; un diving loop y un roll de gravedad cero para acabar con otro loop antes de llegar. -explico Hermione casi sin coger aire.

- ¿Alguien ha entendido algo? -pregunto Ron. Todos negaron con la cabeza con la misma cara de desconcierto del pelirrojo.

- Una montaña rusa hay que vivirla no descomponerla en datos. -dijo David. Se dirigió hacia Hermione. -Hermione, en serio, hay momentos en que tienes que ser menos analítica.

- ¿Que insinúas? -pregunto con gesto contrariado la morena.

- Lo que he dicho, Hermione. -respondió con tranquilidad David. La chica se quedo mosqueada intentándole buscar un sentido oculto a lo que le acababa de decir el metamorfomago.

Una estruendosa ovación surgió del grupo que acababa de terminar su vuelta en el Phoenix. Los comentarios de admiración, sorpresa y, sobre todo, un completo deseo de volver a probarlo llenaban el aire.

- Nuestro turno. -dijo Tamara pasando los tornos.

- Harry guárdate las gafas en la mochila. -le recomendó Hermione mientras guardaba la suya en las taquillas. El moreno le hizo caso inmediatamente, no quería que se le salieran volando. Ocuparon las tres primeras filas; en la primera, se sentaron Fred, George, Ron y Ginny; detrás de ellos, Tamara, el señor Weasley, David y Jess; finalmente, en la tercera fila, dejando un hueco libre, el trio dorado, Harry, Ron y Hermione.

- ¿Preparados? -pregunto retóricamente el encargado de la atracción. No hubo respuesta por parte de ninguno de los que ocupaban el tren, la tensión que se palpaba en el aire había atado las lenguas de todos los presentes. David se fijo en la cara de intranquilidad de Jess y estirando la mano izquierda a través del apretado arnés de seguridad le cogió a la chica su mano derecha para tranquilizarla. La mirada de agradecimiento de Jess provoco un sensación burbujeante en el estomago del metamorfomago. Tamara sonrió complacida al ver esta imagen; esta, prácticamente confirmaba lo que había sospechado... David estaba enamorado de Jess. Sin embargo, no sabia si el sentimiento era reciproco. Al igual, que siempre había sido sencillo para ella vislumbrar el estado de animo de su hijo, los sentimientos de Jessica eran mucho mas complicados de intuir. No le desagradaba que Jessica fuera la novia de su hijo, si era sincera, no se le ocurría ahora mismo una persona mejor para David; pero temía que los sentimientos de su hijo no fueran recompensados y la chica le hiciera daño.

La tremenda aceleración de la caída principal del Phoenix elimino cualquier pensamiento de la mente de Tamara y la obligo a centrarse en el recorrido que se presentaba frente a sus ojos. Nadie abrió la boca durante todo el recorrido, la mayoría estaban preocupados únicamente en mantener todo sus órganos en su sitio. Este silencio se mantuvo hasta que salieron del edificio.

- ¡Guau! -exclamaron los gemelos a la vez.

- ¿Es cosa mía o en un momento he flotado dentro de mi arnés? -pregunto Jess.

- Yo también he flotado. -respondieron Ron y Hermione.

El día en el parque de atracciones fue maravilloso para todos, pero especialmente para el señor Weasley y Harry. El primero porque vivía un sueño al estar rodeado de tanto objetos muggles y poder preguntarle a Tamara todo lo que quisiera sin que nadie le mirara de forma rara. Para Harry fue sencillamente la primera vez en que había sido realmente feliz en el mundo muggle.

David estaba apoyado en el alfeizar de la ventana de su habitación. A pesar del cansancio acumulado de todo el día dando vueltas por el parque de atracciones, no podía conciliar el sueño. Los últimos días había sentido sensaciones que no conocía y eso le preocupaba e intrigaba a partes iguales. No era amigo de expresar sus sentimientos así como así, excepto cuando estaba con Jess y, en menor grado con sus padres. Así que analizo detenidamente lo que había pasado.

¿Que había cambiado respecto del verano pasado? El Doppelganger, pensó inmediatamente. Pero Dumbledore le había asegurado que lo había enterrado en el subconsciente de su cabeza; y si se podía confiar en algo, era en que Dumbledore era un mago muy poderoso. Así que no podía ser algo referido al mismo. Siguió pensando. Esa sensación acida cuando Jess abrazo a Harry era nueva para el, pero no le encontraba ninguna explicación; al igual que tampoco se la encontraba al burbujeo cuando le cogió la mano en el Phoenix. No lo entendía.

Dejo que su mente se perdiera mientras veía el paisaje de la noche de Londres. Las luces del centro de la ciudad brillaban a lo lejos como un cartel de neón de un solo color. Cuanto mas se iban alejando de allí, las luces estaban mas separadas unas de otras, como islas en medio de un oscuro mar. El aire recorría el dédalo de calles moviendo las hojas de los arboles y haciendo que la sensación térmica fuera algo menor que los veintitrés grados que marcaba el termómetro. Los faros de un coche iluminaban una de las calles paralelas hasta que se paro en la esquina mas alejada. Un hombre paso al lado del coche acompañado de un perro.

- ¿No puedes dormir, cariño? -esta pregunta despertó a David de su observación del mundo. Su madre estaba en la puerta de la terraza. David se sentó en una de las sillas de plástico mirando hacia su habitación donde dormía Jess. Su cara estaba iluminada por la luz de la luna. Tamara acerco silenciosamente otra de las sillas y la coloco al lado de la David.

- La quieres mucho, ¿verdad? -pregunto Tamara a su hijo.

- Creo que ya conoces la respuesta, mama. -respondió el sin dejar de mirarla. Tamara sonrió, su hijo aun no se había dado cuenta. Ella lo veía en sus ojos. Ya no tenia ninguna duda.

- No has entendido el verdadero sentido de mi pregunta, pero es culpa mía. -dijo comprensivamente.

- ¿El verdadero sentido? -pregunto David mirándola. Tamara le agarro de la mano y le miro con cariño.

- Si, cariño. Tus sentimientos por Jess están por encima de la amistad. Estoy seguro que ahora mismo es la persona mas importante de tu vida... incluso mas que nosotros.

- No digas tonterías. -reclamo David. Tamara le acaricio el pelo.

- Examínate a ti mismo. -dijo Tamara.- Pregúntatelo. David bajo la cabeza y pensó en lo que le acababa de decir su madre. Hizo un repaso a sus experiencias mas recientes y llego a la conclusión de que podía ser verdad. Pero aun seguía sin comprender la razón para este cambio en su escala de valores. Miro a su madre desconcertado.

- Puede que tengas razón -reconoció con miedo.- Pero, ¿que significa esto?

- Tranquilo, mi niño. -respondió Tamara abrazándolo al ver como empezaba a temblar y no precisamente por el frio.- No es nada malo, justo al contrario, es algo que puede ser maravilloso.

- Pero, ¿que es? -pregunto con ansiedad.

- David, escúchame bien lo que te voy a decir. -dijo Tamara mirándole a los ojos.- Tus sentimientos por Jess son lo mejor que te puede pasar en tu vida. Es lo mismo que tu padre y yo sentimos por el otro. David, tu amas a Jess. Estas enamorado de ella. Me he fijado como la miras cuando duermes, como estas siempre pendiente de ella, como la cuidas...

La frase de su madre resonaba en la cabeza de David llenándola por completo, sin dejarle pensar en nada mas: "David, tu amas a Jess". No supo cuanto tiempo se quedo allí sentado, mirando a la nada, intentando comprender, intentando entender lo que significaba todo eso... ni siquiera se dio cuenta que su madre se había ido. Al final, el cansancio fue la causa de que volviera a la cama y se quedara dormido.

David se despertó pronto la mañana siguiente y la conversación de noche anterior con su madre volvió a su cabeza. La mañana transcurrió mientras pensaba, girando y moviendo en la cama sin encontrar una posición cómoda. En uno de los giros se encontró con la cara de Jess que le miraba con los ojos abiertos. Se quedo sin aliento... su madre tenia razón... estaba prendado de esos ojos... estaba enamorado de Jess.

Comentarios.

Hola a todos. Otro capitulo mas y empieza el tema amoroso-festivo. Pido especial clemencia en mi escritura sobre este tema. Los tios tenemos un cierto problema con este tipo de cosas.

Por fin puedo volver a escribir agradecimientos:

- A carlypotter por agregar este tercer año a favoritos. Espero que te este gustando ahora este fic y los de los años anteriores.

- A ficlius por agregar a favoritos el fic del primer año. Mira que lo haces raro.

- A Karen Ximena por agregar a Favoritos mi fic "Decision". Gracias a ti tambien.

Espero que os guste. Un bratzo, xotug.