¡Buenas noches!

Aquí les traigo el primer capítulo.

¡Un saludo!


I.

¿Cómo conseguir el dinero?

Lo sentimos. El número que marcó está suspendido o está fuera del área de servicio. Gracias.

- ¡Mierda! – exclamó Inojin mientras corría por las calles de un Tokio a punto de reventar de gente.

Eran las 10:50 de la mañana. Las calles del barrio especial de Nakano estaban infestadas de un tráfico usual en fechas cercanas al Festival del Tanabatha.

Inojin estaba desesperado.

Definitivamente no era su día: Aparte de que le secuestraran a la novia, descubre demasiado tarde que su motocicleta tenía una bomba programada a explotar a eso de las 10:45, causando caos y confusión tanto en el personal del hotel como en los turistas y ciudadanos que estaban en las cercanías del incidente. A eso se agregaba el hecho de que se las tuvo que ingeniar para pasar desapercibido ante los ojos de la policía, intentar robarle a un infeliz su motocicleta sin éxito y tratar de comunicarse sin éxito al autor de todos sus problemas.

Maldito Shikadai, ¡¿qué carajo has hecho?!, pensó mientras se detenía un momento e intentaba comunicarse nuevamente con el Nara.

Mientras tanto, en alguna parte de ese mismo recuadro de la ciudad, un joven de piel blanca, cabellos negros amarrados con una cola de caballo, ojos verdes y ataviado con pantalones negros, camiseta y camisa blancas y con un dije de cristal colgado en el cuello, renqueaba en un callejón.

Malherido, se apoyó en la pared.

- Mierda – murmuró -… Malditos hijos de puta…

Empezó a recordar lo sucedido a primeras horas de la mañana: Meizu y Gouzu, miembros de una pandilla yakuza rival, lo habían asaltado por sorpresa de camino a la caseta telefónica en donde se supone llamaría a Inojin, su mejor amigo de la infancia. Los infelices querían los diamantes que ya estaban en manos de Suigetsu para ese entonces, mas al descubrir que él tenía el efectivo, lo secuestraron, lo golpearon, le arrebataron el paquete y lo dejaron ahí, en huyeron con él, dejándolo solo en el barrio de Nakano.

De solo pensar en cómo reaccionaría Orochimaru Ankou, el yakuza más peligroso de Japón, ya sentía un severo escalofrío por la espalda.

El tipo tenía una fama de ser un asesino despiadado; sin tentarse el corazón es capaz de mandar a matar a toda una familia entera si así lo deseaba o si el empleado no cumplía con sus expectativas.

Tenía que hacer algo.

Con trabajo se llevó la mano al bolsillo de su pantalón para sacar su celular; había apagado su celular por precaución, ya que Inojin le había advertido que su teléfono podría ser intervenido y rastreado por la policía o por la misma gente de Orochimaru.

Suspiró aliviado.

Afortunadamente el móvil no se había roto en la salvaje golpiza que le impusieron los matones de los Outsutsuki, el clan rival de los Ankou. Apretó el botón de encendido y esperó a que el software de su Moto G se cargara.

- Mierda…

Tenía unas 15 llamadas perdidas, todas de Inojin.

- Pobre, ha de estar preocupado…

El celular empezó a sonar, a lo que el Nara, levantándose con trabajo, contestó:

- Hola, Inojin.

- ¡Maldito hijo de puta, hasta que contestas! – le reclamó el Yamanaka desde el otro lado de la línea.

- Lo siento, viejo. Debí haberte llama-

- ¡Ahórrate tus disculpas para después!, ¡¿dónde carajo estás?!

- Estoy… Uhmmm… En alguna parte del barrio de Nakano. Viejo, sucedió un problema con los matones de Outsutsuki…

- ¡¿Qué?! ¡¿Los Outsutsuki?!

- Sí. Sus matones me agarraron por sorpresa… Hey, te veo desde aquí… Estoy detrás de ti.

Con dolor agitó el brazo. Un rato después, los dos amigos se encontraron en el callejón; Inojin, al verle en tan lamentable estado, exclamó:

- ¡Rayos!, ¡sí que te dieron una buena golpiza!

- Y la que me darán los de Orochimaru si me llegan a ver así.

Inojin guardó silencio y le miró con seriedad. Shikadai, al ver la expresión seria de su amigo, temió lo peor.

- ¿Él llamó?

- Sí. Me pidió que te buscara y me entregaras el dinero. De lo contrario… De lo contrario matará a Himawari.

- ¡¿QUÉ?!

Inojin asintió.

- ¡¿Cómo está eso de que tiene a la hermana de Bolt?!

- ¿Olvidas que ella es mi novia? El maldito bastardo se enteró de mi relación con ella.

- ¡Oh, mierda!, ¡mierda!, ¡mierda! ¡Viejo, lamento mucho haberte metido en esto! De haber sabido qu-

- Olvídate de las disculpas – le cortó el rubio -. Tenemos que buscar el modo de salvarla. El problema es que tenemos poco tiempo.

- ¿Cuánto?

- Hasta el mediodía…

- ¡¿Mediodía?! ¡¿O sea que tenemos…?!

El joven rubio asintió de nuevo con la cabeza.

Shikadai bufó con frustración. Inojin, ayudándole a caminar, empezó a sortear varias posibilidades de obtener y reponer la cantidad perdida de dinero; había muchos candidatos a ser su prestamista, varios de ellos amigos suyos ligados a los yakuzas y a gente poderosa, todos estos con favores a deber. Descartaba a los que posiblemente se negarían a darle el préstamo y a aquellos que se lo prestarían a cambio de algún favor a largo plazo. Los que quedaban todavía pasaron por un filtro mayor, hasta que finalmente llegó a una conclusión.

Cero.

Nadie.

- Demonios… - masculló mientras ayudaba a Shikadai a sentarse en el banquillo.

- ¿Qué? – inquirió el Nara.

Miró su reloj.

11:05.

- Parece ser que estamos solos en esto – comentó el rubio cabizbajo -. Estaba pensando en quién podría prestarme esos 100 mil yenes, pero voy descubriendo que tendría que pagar con favores o intereses, y la verdad yo ya no quiero hacer eso.

- Es comprensible dado los problemas que te acarrea. ¿Y qué haremos entonces?

Inojin levantó la mirada… Y sonrió.

- ¿Inojin? – inquirió Shikadai antes de voltear a ver hacia el frente.

Un supermercado, precisamente un Dragon Mart.

¡Tiene que estar bromeando!, reflexionó el pelinegro al captar el plan de su amigo rubio, quien se levantó y, con decisión, se encaminó hacia allá.

- ¡Espérame, Inojin!

&%&%&

Shino Aburame no podía creer en qué lío se había metido el hijo de su compañero de misión encubierta. Es más, tenía la impresión de que esa vez Shikadai no saldría de esa si es que Inojin lograra encontrarle. Su desaparición no solo le estaba causando un serio problema a sí mismo, sino que además provocó el secuestro de quien menos se había imaginado.

Ahora sí que a Naruto le va a dar su ataque…, pensó mientras se acercaba sigilosamente a la jovencita de largo cabello azul que estaba sentada al borde de la cama.

Himawari, al levantar la mirada, se sobresaltó.

- ¡¿A-Aburame-sama?!

El hombre de lentes oscuros le tapó la boca rápidamente.

Himawari, comprendiendo que quizás podría causarle problemas al mayor, murmuró:

- Lo siento… ¿Qué está haciendo usted aquí?

- Estoy aquí en una operación encubierta.

- Oh…

- ¿Estás bien?, ¿ya no te duele la cachetada que te dio ese idiota de Suigetsu?

La adolescente, con una sonrisa, negó con la cabeza. Luego, volviendo a su expresión seria, replicó:

- ¿Qué sabe de Inojin y de Shikadai?

- Absolutamente nada.

Himawari se entristeció. Aburame, con preocupación, añadió:

- Dudo mucho que Inojin logre recuperar ese dinero a tiempo. Son las… 11:10 ya.

Inclinándose ante la adolescente, Aburame añadió:

- Himawari, ¿estás consciente de lo que pasará si Inojin falla? ¿Si sabes que podrías… morir?

Himawari asintió con la cabeza mientras que un recuerdo del pasado florecía en su mente.


::Flashback::

- ¿Te das cuenta de que, al ser mi novia, correrías peligro? – inquirió Inojin con seriedad y franqueza, con la mirada puesta fijamente en los ojos azules de su ahora novia -, ¿te das cuenta de que podrías sufrir algún secuestro o incluso morir a manos de cualquier clan yakuza?

Himawari, con serenidad y firmeza, respondió:

- Sí. Sé que a tu lado correré toda clase de peligros, pero por amor soy capaz de dar mi vida por la tuya así como tú lo harías con la tuya por la mía.

Inojin, sorprendido y enternecido ante semejante respuesta, llevó una mano a la mejilla de la chica. Con una sonrisa sincera, unió su frente con la de ella y murmuró mientras que unas lágrimas salían de sus ojos:

- Gracias, Himawari… Muchísimas gracias.

- Gracias a ti, Inojin… Te amo.

::Flashback::


- Sí, lo sé, y no tengo miedo de morir en su lugar.

Aburame se sorprendió ante la resolución de la muchacha; definitivamente percibió en ella un poco de Hinata, su mejor amiga y esposa de Naruto, el líder del Escuadrón ANBU, el llamado "SWAT Japonés": Las mismas palabras, la misma resolución y hasta la misma mirada de una mujer dispuesta a todo.

Increíble pero cierto: Himawari estaba experimentando desde quién sabe cuándo el verdadero amor.