Blaine no sabe por qué lo hace (sí sabe por qué, simplemente no quiere pensar en ello), pero a la mañana siguiente se levanta quince minutos antes, lo que significa que son las 4:30 am y está seguro que sus vecinos aman el sonido de sus tuberías crujiendo cuando se ducha así de temprano. Recuerda la semana pasada, cuando el niño rebelde por el pasillo pateó su puerta a las 9:00 pm, despertándolo de un sueño inquieto en el sofá, y están a mano.

Mira en su armario, a la colección de polos negros que están amontonados en el extremo izquierdo, tan lejos del resto de su ropa como sea posible. No importa; todo lo que le pertenece, huele a café. Su ropa. Sus libros. Su maldita cama. Él huele a café. Duchas y colonia no hacen nada para enmascarar el olor de los granos de café tostado y molido que perdura en su piel, que se filtra en sus poros, que gira a través de su cabello. Al principio lo odiaba, pero eso fue hace años. Ahora simplemente es.

Blaine agarra el más nuevo de sus polos estándar y se lo pone. Éste no ha sido lavado un millón de veces y sigue siendo de un fresco color negro oscuro, libre de manchas de crema batida que simplemente no saldrán. No ha planchado sus pantalones, porque su plancha se rompió hace dos meses y no quiere gastar dinero en una nueva, no con la escuela comenzando otra vez y sus horas a punto de caer drásticamente (por no hablar de sus propinas). Pero él es cuidadoso en colgar sus pantalones por la noche, y los que escoge para el día, negros y adaptados para mostrar un poco de tobillo (porque nada en el código de vestimenta dice que no puede), están libres de arrugas. Esta mañana, es muy importante para él estar tan pulcro y libre de arrugas como le sea posible.

Pasa más tiempo de lo normal mirándose en el espejo esta mañana, poniéndose un poco de producto en sus rizos, teniendo cuidado de estilizarlos justo así. Atrás quedaron los días en que había peinado su cabello pegado a la cabeza. Nueva York le ha proporcionado una serie de cosas, la menor de las cuales es el coraje de llevar su cabello al natural. Pero esta mañana, él quiere que se vea un poco mejor, un poco menos fuera de control.

Blaine atrapa sus propios ojos muy abiertos en el espejo y se ruboriza. Hay una razón obvia por la que le importa su apariencia esta oscura y temprana mañana.

La Semana de Kurt, mientras él piensa en ello (y demonios, ahí está el palpitar de su pulso cada vez que piensa en el alto y extraordinariamente bien compuesto joven), fue una feliz casualidad. Usualmente no trabaja tan seguido, o tan constantemente en las mañanas. Su programa de posgrado en TISCH va a ser intenso, exhaustivo la mayor parte del tiempo, y él sólo se apega a veinte horas a la semana, y no menos para calificar para el seguro médico.

Sin embargo muy pronto, las veinte horas se van a sentir como demasiado. Él lo sabe. Lo recuerda. Trabajó en Starbucks a lo largo de sus estudios de pregrado en la Universidad de Nueva York, y recuerda los largos y dolorosos días cuando pensó que nunca lograría otro paso, otra nota. Pero puso un pie frente al otro y siguió.

Aunque es apenas la segunda semana de clases, y la carga de trabajo es todavía lo suficientemente ligera, por lo que Blaine toma turnos extras de su desesperado compañero de trabajo sin preocuparse demasiado acerca de ello. Pronto no será capaz de hacerlo, según le han advertido los que han pasado el primer año del programa. Un poco de dinero extra tampoco hace daño.

Pero ahora, ahora está agradecido de que lo hizo, porque si no lo hubiera hecho, si se hubiera rehusado a las horas extras, nunca habría visto a Kurt. Kurt con sus insondables ojos y piel perfecta. Kurt con su ropa cara, exquisitos hombros amplios y esbelta cintura. La forma en que sus manos se envuelven alrededor del vaso de café.

Blaine se da cuenta que ha estado de pie en su estrecho cuarto de baño por mucho tiempo, con la mirada perdida en el espejo y sacude la cabeza. Está siendo un idiota. Kurt está claramente fuera de su alcance. Él es el asistente de alguien lo suficientemente importante para necesitar un asistente, y alguien que le compra café a su asistente cada mañana con la tarjeta de la compañía. Blaine simplemente es un estudiante graduado que lucha y que no puede comprar una plancha nueva, y que ya está más preocupado por su próximo trabajo escolar que por su verdadera vida social.

Blaine toma su delantal que cuelga constantemente de la puerta del baño (el negro de "Coffee Master" que no puedes ganar más), y sale a prisa de su apartamento.

. . .

Una gran cantidad de compañeros de trabajo no se preocupan por ellos, pero a Blaine más bien le gusta el turno de apertura. Hay un ritmo para eso -lograr tener el café y el té helado preparado, la vitrina de pastelería surtida, el horno caliente. Si los del turno del cierre han hecho bien su trabajo, los platos están limpios, los vasos están en stock, y el polvo mocha está esperando en el mostrador para ser mezclado. Ellos no tienen mucho tiempo entre su hora de entrada y la hora de abrir las puertas, pero cuando se hace correctamente, con el equipo adecuado, todo confluye maravillosamente y tienen todo listo para el momento en que el primer hombre de negocios impaciente, o el turista con ojos somnolientos viene a tocar a su puerta.

Eso no quiere decir que Blaine quiere abrir cada vez que trabaja -él prefiere apagar su alarma y dormir como casi todos los demás, pero la belleza de la apertura es que tienes media hora sin clientes, y muchas veces está tan adormilado que el tiempo vuela a su primer descanso de 10 minutos en una bruma de practicada repetición, sonrisas falsas, y un sinfín de extracciones de espresso.

La apertura también significa que él está allí, en su lugar habitual detrás de la barra, cuando Kurt entra.

Es una brillante y cálida mañana de otoño en Nueva York, y Kurt está vistiendo lentes de sol que ocultan sus ojos. Su atuendo es más ligero que la semana anterior, cuando había habido una leve gelidez en el aire, pero no es menos impresionante. Blaine no sabe mucho, o nada, acerca de diseñadores, pero la chaqueta blanca que Kurt trae puesta, con la cremallera hasta arriba sobre una camisa con cuello en V de color gris oscuro, parece que cuesta por lo menos un mes de sueldo de Blaine. Ni siquiera quiere pensar en el valor de los botines que Kurt viste. También trata de no pensar en la delgada longitud de las piernas de Kurt en sus oscuros vaqueros ajustados.

Blaine traga cuando Kurt se quita sus gafas de sol, metiéndolas en el cuello de su camisa (Blaine está seguro que Kurt no quiere echar a perder el cuidadoso peinado de su cabello, empujando sus gafas en la parte superior de la cabeza) y escanea la tienda. Su rostro se abre y se ilumina cuando ve a Blaine y Blaine espera, estúpida, tontamente, que Kurt se dé cuenta de su cabello. Él recuerda demasiado tarde que Kurt nunca verá sus pantalones porque está detrás de la barra, la mayor parte de su cuerpo fuera de su vista. Él está agradecido, sin embargo, que sus zapatos estén ocultos... viejos Chucks negros andrajosos que llevan las cicatrices y manchas de leche derramada y Frappuccino tirado.

Blaine ignora el hecho de que no sabe si Kurt siquiera está interesado en hombres.

Blaine levanta dos vasos vacíos -uno venti y uno grande- y levanta una ceja inquisitivamente. Desde atrás de la poco común pequeña fila, Kurt se ríe y asiente con la cabeza hacia él. Si Blaine hoy no hace nada más que valga la pena, por lo menos ha hecho reír a Kurt.

Kurt apoya una cadera contra el mostrador de la barra cuando ha ido a través de la fila y pasado la caja registradora. En general, existen dos tipos de clientes de Starbucks en la tienda de Blaine -los que se agolpan con impaciencia alrededor del final de la barra, listos para arrebatar su bebida de la mano del barista (o la bebida de otra persona si realmente no están prestando atención), y los que permanecen demasiado lejos, charlando en sus teléfonos celulares y que nunca escuchan que su bebida es anunciada.

Kurt no parece ser ninguno de ambos; él está de pie, cerca, pero su lenguaje corporal es lánguido y casual, con el torso formando una línea suave a partir de la curva de la cadera que está apoyada en el mostrador.

Así de cerca, su cabello castaño tiene reflejos rubios y sus ojos son azul marino, brillantes en la luz del sol de la mañana que se filtra a través de las ventanas. Blaine intenta y falla, en no sentirse acomplejado por su propio cabello oscuro y aburrido (cabello en el que pasó ese pequeño tiempo extra en la mañana) y ojos nada interesantes. No puede imaginar que alguien como Kurt pueda estar interesado en alguien como él, pero todavía le gustaría que su esfuerzo fuera apreciado.

— Tu cabello se ve bien esta mañana, —dice Kurt, y Blaine se enreda con el Splenda que había estado desgarrando. El edulcorante vuela por todas partes y Blaine deja caer los paquetes en la taza. Se ruboriza en un profundo y avergonzado rojo, y alcanza uno nuevo, evitando lo que sin duda debe ser una mirada de lástima de Kurt.

— Yo, gracias. —Blaine finalmente levanta la mirada, y Kurt está mirando directamente hacia él, mordiéndose el labio inferior un poco, con las mejillas teñidas en un lindo rosa.— Me gusta tu chaqueta.

Kurt pasa la mano sobre la manga del abrigo en cuestión, acicalándose, sólo un poco.— Increíble ¿no? No puedo creer que me estén dejando usarla. Afuera, en el mundo real, donde cualquier número de cosas puede pasarle.

Blaine quiere preguntar a qué se refiere, pero la leche ya está humeante y las cargas están listas. La bebida es para la jefa de Kurt, y no hay manera de que Blaine la arruine porque no puede alejar sus ojos de la delgada piel en la base de la garganta de Kurt.

— ¿Por qué no llevas una etiqueta con tu nombre? —Kurt le pregunta de repente.

Blaine mira hacia su pecho, donde su delantal está desprovisto de una etiqueta con su nombre, o cualquier señal en absoluto.— La perdí, hace un tiempo. Y nunca conseguí un reemplazo. Nadie dijo todavía nada al respecto.

— Apuesto a que también ayuda a mantener alejados a todos los clientes lascivos, ¿huh?

Blaine no entiende el comentario; las personas no ven al bajo barista con loco cabello y propensión a los pantalones que dejan al descubierto los tobillos. Blaine cubre su torpeza empezando la bebida de Kurt. Él no ve la manera en que las mejillas de Kurt se oscurecen con su propia vergüenza.

Vaporiza la leche de manera diferente de como lo haría para un latte, dejando que el tubo de vapor caiga a la parte inferior de la jarra. Él no quiere que se forme ninguna espuma, no para esto. Tal vez otra mañana preparará un cappuccino para Kurt, oxigenando la leche hasta una ligera y suave perfección. Desearía tener mejores ingredientes que la mezcla en polvo de la mocha para Kurt, desearía tener chocolate fino y cáscaras de naranja para que pudiera crear una experiencia de sabor verdaderamente maravillosa para Kurt.

Blaine se conforma con ajustar la cantidad de mocha utilizado, una menos que la estándar, y adicionar una inyección de vainilla (sin azúcar, porque Kurt ordenó sin grasa y sin crema) como si estuviera haciendo un chocolate caliente. Saca las cargas de espresso justo para ristretto (1), manteniéndolas un poco más dulces. Sabe que se está tomando todo tipo de libertades con la bebida de Kurt, pero no le importa. Le prometió a Kurt la mejor condenada mocha que pudiera preparar y eso es lo que está haciendo. Revuelve mientras vierte la leche libremente, asegurándose de que esta vez no haya ninguna posibilidad de que el chocolate no quede totalmente incorporado. Todavía está molesto de que le dio a Kurt esa bebida el día anterior y quiere borrar el sabor de la misma de la memoria de Kurt.

Blaine coloca una tapa en el vaso. Le hubiera gustado un bonito diseño en la parte superior -tal vez una hoja por la estación entrante- pero Kurt está mirándolo con esos ojos hermosos, brillantes, y sus manos se sienten demasiado inestables.

Desliza la bebida hacia Kurt, quien la toma, pero no la mete en la bandeja con el latte de su jefa.

— Entonces, —comienza Kurt; sus dedos largos jugando con el borde de la tapa.— Ese comentario acerca de tu identificación era un poco mi forma de preguntar tu nombre. Supongo que no fue tan bien como pensé que lo haría.

— ¡Oh! —Idiota idiota idiota. Retuerce el trapo desinfectante con el que había estado limpiando el tubo de vapor.— Es Blaine. Soy Blaine. Mi nombre es Blaine.

Dilo una vez más, idiota.

— Bueno, Blaine, es un placer conocerte. Debería irme antes de que el resto de tus clientes comiencen a lanzar paquetes de azúcar hacia mí.

Blaine no había notado la acumulación de pedidos de bebidas hasta ese momento. Él no puede obligarse a que le importe. Kurt le pidió su nombre.

— ¡Espera! —Blaine dice en voz alta cuando Kurt da la vuelta para irse.— ¿Lo... probarás antes de irte? ¿Me dirás lo que piensas? No es exactamente la receta estándar.

Kurt levanta una ceja, claramente intrigado, pero lleva el vaso a sus labios. Sus ojos están clavados en los de Blaine y él puede sentir su corazón latiendo en su garganta. En algún lugar en el fondo, un temporizador de café está sonando incesantemente.

Los ojos de Kurt pestañean brevemente hasta cerrarse mientras traga, y Blaine puede decirlo, él simplemente lo sabe por el cambio de expresión de Kurt, la sonrisa sutil, el movimiento de su garganta, que la bebida es deliciosa. Por supuesto que lo es, pero significa algo que Kurt piense lo mismo.

— Es perfecto, —dice Kurt, y su lengua se lanza a atrapar una gota en su labio inferior. El horno podría incendiarse y Blaine no se daría cuenta.— Gracias.

— Cuando quieras. —Y Blaine lo dice en serio.

Mientras Kurt sale de la tienda hacia la acera llena de gente, la mente de Blaine es un hervidero de todo tipo de cosas únicas y maravillosas que podría crear para Kurt.


(1) Ristretto: Es una medida corta de Espresso que sólo las cafeterías más conocedoras sirven y sólo los bebedores de café más conocedores piden. Mientras que un Espresso regular es una medida de 1 onza (sin incluir la espuma), un ristretto es una experiencia de 0.75 onzas de café puro: más fuerte, más pleno y con más cuerpo.