Hola, espero estén recibiendo este capítulo con ganas, porque he amado esta pareja desde hace un buen rato y deseaba escribir algo que valiera la pena. Pero como siempre, ya saben las reglas si llego a tercer capítulo con menos de ocho comentarios, pues díganle adiós.
Sé que es una regla estúpida, pero tengan en consideración que mi tiempo es súper limitado y no puedo desperdiciarlo escribiendo algo que nadie lee. Me estoy arriesgando a ser linchado por los de la categoría de How to train your Dragon. Porque estoy actualizando primero este fic. Ellos son grandiosos y merecen todo de mi parte.
Atte: Ciel Phantomhive.
Capitulo 2 Contrariedad
Jack Frost dio un brinco agraciado desde la punta de un pino perteneciente a los grandes Alpes Suizos, dejando que el viento le diera un empujón rumbo al polo. Ya casi terminaba el otoño y pronto volvería a ese lugar en donde lo esperaba el joven más especial del mundo; la única luz que había perdurado aun después de cumplir catorce años.
—Jamie. —Susurro sintiendo una emoción desconocida; era cálida, suave, desesperante, ansiosa y sedante. Todo y nada. Un universo en expansión que se convertía en vacío en un solo instante que era en realidad una eternidad.
A pesar de las advertencias de Conejo, Jack se había mantenido cerca de Jamie. Siempre vigilando desde la distancia, admirando su sonrisa inocente y cristalina, sus lágrimas sinceras, hasta sus enfados infantiles o justificados. En cada momento deseo acercarse, formar parte de su vida, de su mundo, porque Jamie era especial, era su niño especial.
El primero, el único; como anhelaba escuchar su voz pronunciando su nombre, que sus hermoso ojos color avellana se clavaran en los suyos. Volver a ser el centro de su atención, saber que solo lo miraba a él, sentir la calidez de su cuerpo humano contrastando con el frio invernal del suyo.
—No sueñes con imposibles. Él va a olvidarte como lo hacen todos, es una ley natural y no lo puedes cambiar. —repetía incansablemente Conejo, molesto por la ridícula esperanza de que la luz de Jamie jamás se apagaría.
—Jack, es cruel para Jamie, si él no deja de creer no madurara lo suficiente para enfrentar el mundo de los adultos. Pueden incluso creerlo demente por asegurar nuestra existencia. Él debe olvidar, no lo que representamos, sino que nos ha conocido. —Argumento Hada con tono triste.
Jack sabía que tenía razón, pero se alegraba cada año cuando volvía con Norte antes de las nevadas y veía esa hermosa lucecita aun encendida. No podía disimular el inmenso gozo de su corazón. Tanta alegría no le cabía en el pecho haciéndolo volar con mayor ligereza a ese pueblo, a su hogar, a su niño especial.
—Sus sueños son aun las dulces quimeras de un puro corazón, pero está creciendo. Comenzaran a entusiasmarle otras cosas y… —Meme que hasta hace un año se había mantenido ajeno se atrevió a opinar, dejando sorprendido al albino.
¿Acaso había visto algo en los sueños de Jamie?
No se atrevió a preguntar, pero la duda estaba ahí, creciendo, desarrollándose para convertirse en miedo. Es que acaso ¿ese era el principio del final de su relación? ¿Cuál relación? Ellos no tenían nada como eso, él se había alejado y a pesar de observar cada año la mirada anhelante de Jamie, nunca volvió a pararse frente a él. Dejo que su creencia se extinguiera, si es que ese era el caso, pero no, ese año Jamie también brillo cual estrella.
Como un soplo de aire refrescante Jack aterrizo justo sobre el gran balcón de la habitación que Norte utilizaba de taller. Con pasos seguro y una enorme sonrisa se adentro buscando a su amigo. Le extraño no encontrarlo trabajando, incluso la fábrica se escuchaba raramente silenciosa.
Tratando de no perder la sonrisa Jack penetro al lugar, poco a poco los cuchicheos se hacían más fuertes conduciéndolo directamente hacia la sala del globo terráqueo. Las voces rápidamente las reconoció, Hada parecía lamentarse mientras Norte preguntaba ¿Quién se lo diría? No pudo evitar cuestionar en su cabeza ¿decirle qué, a quien?
Conejo simplemente alegaba que con él no contaran, y Jack casi podía ver en su cabeza la imagen del guardián de la pascua dando golpecitos sobre el suelo con su pata peluda, listo para irse por uno de sus túneles. Jack rio, a pesar del tiempo ese cuarteto siempre tendía a discutir por cosas sin importancia y de forma graciosa.
—No voy a estar aquí cuando se lo digan. —Declaro Conejo con tanta seguridad que a Jack se le borro la sonrisa, a pesar de su carácter era muy malo escuchar ese aplomo en su voz.
—Pero… no puedes dejarnos esa tarea a nosotros, también eres su amigo. —Exigió Hada molesta.
Esto ya se estaba saliendo de los limites, pensó Jack decidiéndose a entrar, la situación parecía una emergencia, más bien una catástrofe de nivel mega. Ya sin dudarlo y dejando de lado todo su humor fanfarrón entro a la estancia completamente listo para ayudar.
Tal como lo había previsto los cuatro guardianes tenían un aura lúgubre. Incluso Meme dio un paso atrás de solo verlo entrar como si buscara refugiarse detrás de Norte.
Norte observo a todos, era el único que se había mantenido en su lugar dejándolo un paso al frente de sus amigos. El hombre dio un suspiro con los labios apretados y las mejillas rojas delatando su aprensión se dispuso a hablar.
Jack recorrió con la vista a todos los presente y en un dos por tres supo de que iba ese asunto tan incordio entre ellos. De un salto se trepo al globo terráqueo cayendo sobre E.U. más específicamente sobre la ciudad en donde esperaba ver brillar su luz especial.
Con un jadeo ahogado y los ojos demostrando lo perdido y angustiado que se sentía despego para salir de ahí como ráfaga de viento.
Escucho la voz de Hada intentando llamarlo, la de Conejo gruñendo sin atreverse a decir una sola palabra y a Norte pidiéndole se quedara; pero nada le importo, solo deseaba estar solo, asimilar que la única persona que logro verlo, aquel que lo saco de su soledad lo había abandonado, lo había olvidado.
—Jamie— Susurro dejando que sus lagrimas rodaran por sus mejillas. Pensó que ya había aceptado la idea de que el castaño crecería y paulatinamente lo olvidaría, pero se había equivocado. Dolía, dolía peor que todos esos siglos de silencio. Lastimaba porque ahora conocía la brillantez de esa mirada color avellana, le destrozaba el alma porque recodaría para siempre la calidez de su mano tomada a la suya, la bondad e inocencia de su sonrisa.
Ya no lo soporto mas, dejo que su cuerpo descansara en uno de los tantos arboles que mantenían sobre sus ramas la nieve perpetua del polo.
—Sabias que esto sucedería tarde o temprano. —Argumento Conejo recargado contra el tronco del árbol en donde se encontraba. Jack había olvidado que el guardián de la Pascua era demasiado veloz y un buen rastreador.
—Sí, lo sabía. Ahora déjame solo. —Remilgo el albino sin mirarlo a la cara, simplemente se mantenía de cuchillas, con la cabeza gacha.
—Eres un guardián, entonces compórtate como tal y deja de actuar como un niño. —Reclamo Conejo sin dejar mostrar sus verdaderos sentimientos, su rostro parecía ecuánime y su voz sonaba taciturna, incluso aburrida.
—¿Y que si no quiero? Y que si lo único que me importa es desquitar un poco de mi frustración lanzando una tormenta. ¿Quién me lo impedirá? —Grito fuera de sí, ¿que podía saber Conejo sobre sus sentimientos?
—Nadie. —Hada acaba de llegar y volaba hacia él con rostro apenado. —Jack, todos sabemos lo especial que es Jamie para ti, pero, debes entender que…
—Y lo comprendo. —Dijo el joven colocándose en pie, sin desear desquitarse con su amiga, pero haciéndolo de todos modos. —Solo necesito tiempo para asimilarlo.
—¿Asimilarlo? ¿O para guardar tu dolor? —Norte lo observaba analítico desde abajo a un lado de Conejo. —Jack, sé que no estás muy acostumbrado a la compañía, y aun que nos tienes a tu lado nunca nos cuentas nada de ti. Estamos preocupados, deja que te ayudemos a…
—No quiero su ayuda, quiero… quiero… —Dijo sin lograr completar la oración, refunfuño dando un golpe sobre el tronco sacudiéndolo y haciendo caer la nieve, sus manos peinaron sus cabellos blancos, estaba tan desorientado y desesperado.
"Quiero a Jamie". Grito en su mente, pero no se atrevió a decirlo porque entonces lo cuestionaría. Él mismo no sabía a qué se refería con eso. ¿De qué modo? ¿Con cuanta intensidad?
Cuando murió apenas tenía dieciséis años, un año más que la edad de Jamie actualmente. Jamie ese año cumplía quince.
Mientras recorría el mundo de un lado a otro había notado que los jóvenes a esa edad comenzaban a buscar a su persona especial. Jack siempre lo creyó una tontería, que no existía nadie con la capacidad de llamar su atención. Hasta que lo conoció a él, a ese niño de cabello y ojos color avellana que olía a caramelo y galleta. A Jamie Bennett. Que con solo dos palabras cautivo su corazón.
—Jack Frost—
—Dijo mi nombre.
—Jack Frost
—Espera puedes verme
Fue el momento más especial de toda su existencia, porque sintió una alegría inconmensurable. La misma que inundaba su corazón cada que lo escuchaba llamarlo en las noches de tormenta a pesar de no recibir respuesta; cuando cada año veía su luz brillar y pensaba: Es por mí, aun cree en mí.
Pero ya no, la luz se extinguió y con ella el lazo que los unía.
—¿Hace cuanto? —Pregunto con la cabeza gacha seguro de que ellos entenderían a que se referia.
—Ayer por la tarde. — Contesto sin ánimos Norte. —Jack…
—No pasa nada, voy a estar bien. Ahora si me disculpan quiero estar solo un rato— alego el albino levantando el vuelo, notando las ganas de Hada de seguirlo anexo. — Regresare en la noche. Lo prometo.
Y ella comprendió que no lograría detenerlo, Jack iría con a Jamie a pesar de saber que ya no podría verlo. Tenía que comprobar por sí mismo la verdad.
Continuara…
Comienzo a dudar de mi escritura, no sé si estoy manejando bien los personajes, así que cualquier duda, reclamo o aclaración respecto al carácter, datos o hechos son bien venidos.
Atte: Ciel Phantomhive.
