Inicio Parte II
ROCES
Estaba mal y ambos lo sabían por eso era que no hablaban de ello. Es más, casi ni se hablaban después de que ella dejaba la habitación. Esta vez era la de él. La primera vez había sido en el verano del mundial de Quiditch. La tercera en la habitación de una posada de Hogsmeade, justo después de Navidad.
La quinta, un año completo después de que las cosas hubieran iniciado entre ellos, justo la noche anterior. Ambos estaban de vacaciones, el del trabajo, y ella en del colegio y aunque él había evitado quedarse en la casa familiar su madre rogándole que se quedara y pasara unos días con ellos había ganado. Una semana. Tres días después se encontró sentado al lado de ella, de nuevo sin querer, y observando una tevelisión vieja que Hermione les había mandado, nervioso y en un impulso hizo lo que llevaba más de una hora evitando, no sabiendo si aún seguía interesada le había rozado la pierna levemente, ella había prácticamente brincado de su asiento y ni diez minutos después se había marchado. Después de la media noche ella en silencio se había aparecido en su habitación.
Ahora la sexta, como en la quinta, estaban en la habitación de la niñez de él, en la casa de sus padres. Escondidos en la oscuridad, talvez facilitando más las cosas.
Bill llevaba la cuenta, sólo de las veces que habían estado en una cama y el uno detrás del otro. Aun no estaba seguro de que esto fuera su perdición, su pase al infierno, pues no hacían más que rozarse el estómago.
Su perdición era incitarla, sobrio, con pequeños roces inocentes a que volvieran a hacerlo. A lo que ella accedía. Sin palabras.
Su perdición era dejar que esto hubiera sucedido desde un inicio.
Pero su morbo con cada día aumentaba más. Y el de ella también, podía sentirlo.
En el momento se encontraba acostada de lado y dándole la espalda, como siempre. La mano de él debajo del pijama de ella, rozándole suavemente el costado. En su estómago las caricias no tenían el mismo resultado, no la hacían erizar ni temblar.
Él hacía y ella se dejaba. Ninguno reconociendo lo que pasaba. Ella también hacia y él se dejaba, así había iniciado todo.
La quinta vez debió desempatar la situación, pero no lo hizo si tenía en cuenta que en una misma noche hacía seis meses él la había tocado a ella y seguidamente ella a él, tocándolo como él no se atrevía a hacerlo con ella.
No se sentía justo. Tanto como no se sentía justo pensar aquello.
Subió otro tanto su mano y sintió los músculos tensándose, Bill inmediatamente leyéndola y regresando a sus costillas a apenas y a rozarla.
Dos noches llevaban de aquella manera, él no propasándose más que esto. Su necesidad en el momento era llevar sus caderas hasta las de ella y restregarle su poya, tiesa, y goteante dentro de sus bóxers, seguramente azul también, y demostrarle que esto que hacían tenía repercusiones, él no era un muchacho como se lo había dicho ella antes, era un hombre. Pero al mismo tiempo realizar aquello sería una transgresión grandísima.
Una que talvez no tendría vuelta atrás.
En vez decidió incorporar otro tipo de caricia, sacó la mano de debajo del pijama y le hizo el cabello a un lado, rozándole el cuello, lentamente llevó su boca a apoyarla contra su cuello suavemente, solo a apoyarla. Ella de inmediato quejándose y tensándose, y sintió la reacción en su brazo erizado. Bill no se movió y después de acariciarle desde el hombro hasta la muñeca varias veces, devolvió su mano hasta su costado debajo de la camisa a seguirla acariciando. "¿Te gustan las caricias en el cuello?" le preguntó, asegurándose de rozarle la piel con sus labios y hasta ahora no había encontrado a una mujer que no le gustara ese tipo de caricias.
Ginny no contestó.
Pasaron dos minutos antes de volverse a arriesgar, "Está bien..." le susurró en la oreja antes de acercarse hasta su cuello nuevamente. Se tensó antes de tocarla más no lo detuvo, por minutos por su parte fue solo presión, respirar contra su cuello, luego pequeños picos a boca cerrada. Ella quejándose bajamente y relajándose por unos instantes para volver a tensarse. Cuando se atrevió a aumentar un poco el tono y la lamió la sintió asustándose de nuevo, "Shh, está bien," le susurró, haciendo círculos en su estómago con la palma de su mano como si estuviera enferma, no sospechando el fuego que acababa de despertar en ella.
Al ver que no le dijo que se detuviera volvió al primer tipo de caricias para después escabullir un lametón aquí y allá. Pasado un rato se preguntó si dejarlo pues siempre había detenido sus caricias para ser prudentes, no porque ella lo pedía pues nunca lo había hecho y esto definitivamente ya no era prudente. Ya había cruzado la línea. Su poya palpitó en ese momento nuevamente y decidió ver hasta dónde estaba Ginny dispuesta a llegar.
Ginny con cada minuto se sentía exhalando más fuerte, sin pena quejándose un poco más duro e incluso dando varios Dioses al sentir cosas que no sabía eran posibles sentir mientras se estremecía. Sentía sus pezones tiesos, más tiesos que cuando él le tocaba el costado, casi y le dolían, y la saliva de él en su cuello provocaba más aquella voz en su mente que le decía que estaba mal. Sin casi moverse pudo sentir bastante humedad entre sus piernas…
"Mañana tendrás que usar una camisa de cuello alto…" Bill susurró mientras practicaba en hacerle un chupado entre hombro y cuello. Cuando de repente se encontró mordiéndola en el cuello, nada gentil, ella prácticamente brincó y por primera vez le dio un gemido alto, apasionado, de gusto, mientras su espalda se encorvaba sensualmente.
Fue la primera vez que pensó en ella como un ser sensual, al ver la curvatura de su espalda mientras tiraba la cabeza hacia atrás.
Por su parte la sostuvo fuertemente para que no le fuera a dar por alejarse, no tuvo cuidado de esconder de ella su erección más no importó gracias a la diferencia de alturas entre ambos. "Sí que te gustó eso…" le susurró sonriéndose, para succionarle el lóbulo de la oreja, ella tensándose nuevamente. Bill no le dio tiempo ni esperó respuesta y volvió a morderle el cuello, ella dándole la misma respuesta, varias veces hizo aquello, cada vez más seguido, sintiendo sudor de un momento a otro, cuando la dejó descansar pudo escuchar una risita baja provenir de ella. Le estaba encantando esto. Se encontró sonriendo también mientras le besaba el hombro y hasta donde alcanzaba de su antebrazo, sintiendo la piel de gallina contra su boca cerrada.
Minutos después y sin haber proseguido con nada más se encontraba pensando que para ahora sus inhibiciones parecían menores, las de ambos, se soltó de la mano de ella quien se la sostenía contra el estómago, como temerosa de que al soltarla le fuera ir a dar por tocarle el pecho. Ella lo soltó con duda. La hizo girar sobre la espalda, ella respirando profundo, sin aire. No mirándolo. Estaba sudando, sin aire y roja, "Ginny," quiso llamar su atención, tocándole el mentón y ella lo miró tras unos instantes. Los dos se mantuvieron la mirada Bill estudiando sus ojos dilatados, "¿Sientes que en algo de esto o en todo esto te estoy obligando?" era mejor hablar aquello y la vio ruborizando.
Ginny volvió a evadir su mirada, "No." Contestó bajamente. Le gustaba lo que le hacía, aquello no podía negarlo. Talvez al principio siempre había más miedo que ganas, pero después las cosas cambiaban y el miedo desaparecía…y las ganas se mantenían, o aumentaban.
"Bien," le dijo notando su vergüenza al admitirle aquello, "…Tan sólo quería dejarlo claro." Por supuesto, que fuera ella quien viniera a su habitación lo decía todo. "Tan solo quiero que sepas…que con un no basta; me detendré." Cualquier cosa que le estuviera haciendo.
Ginny asintió, 'no' con un no bastaba y le creía. Sino no estaría haciendo esto con él.
La recorrió con la mirada, encontrándola sudada, la camisa de su pijama desabotonada en los botones bajos, dejándole vislumbrar la piel blanca de su estómago y las pecas y lunares rojos que podía ver en este. La vio respirando y creyó ver la protuberancia de sus pezones sobre la tela y pasó saliva. Sus dedos ardiéndole en ese momento. Le miró el cuello y el hombro viendo allí la muestra de la marca que le había hecho, que se notaría más al día siguiente. Continuó ascendiendo con su mirada, la boca de ella entreabierta, su lengua. Se imaginó acariciando aquella lengua con la suya lentamente, y eso sería lo peor, dejó de pensar en ello y estudió las mejillas rojas como si hubiera jugado un partido de quiditch, su frente sudada, sus ojos abiertos y podía decir con un velo de deseo. Se quedaron mirando unos instantes. "¿Tienes los pezones duros?" se escuchó preguntando pues aquel sería el paso a proseguir. De inmediato vio los ojos de ella abriéndose como platos, como si no creyera lo que le hubiera preguntado aquello. Sintió calor emanando del cuerpo de ella y envolviendo el frente de él.
Ginny aún no creía que Bill le hubiera preguntado aquello. Los últimos momentos parecían salir de las fantasías que tenía con él. El viento helado entrando por la ventana abierta le dio su respuesta en ese momento, "…También se ponen así por el frio." O por el roce con una tela suave, o por una brisa. Por cualquier cosa la verdad, eran sensitivos.
Bill le asintió sonriéndole, recordándole a la niña inquieta que siempre contestaba alguna tontería para salirse con la suya o por delante. "Bien…sí." Realmente Bill no había llegado a pensar seriamente en que sucedería si ella quería algo más que le tocara el estómago. Todo siempre había quedado en fantasías sucias que le habían pasado por la mente. Y en ese momento no pensó, tan solo actuó y se encontró tomando una de las protuberancias entre pulgar, índice y corazón, girando y apretando. Cuando la sintió respirando fuertemente y sorprendida fue que cayó en cuenta en lo que había hecho.
Calor se volvió a esparcir por ella, ella siempre se lo había imaginado preguntándole si podía tocarla…no esto. Su instinto fue detenerlo, pero se quedó petrificada del susto y Bill no se detuvo, y cuando pensó que lo iba a hacer el solo soltó su pezón y apoyó su mano abierta sobre su teta, amasándola, tomando su tamaño y prontamente volviendo a tomar su pezón entre sus dedos para apretárselo y después halárselo. Al él hacer eso ultimo sintió la sensación bajando directo hasta entre sus piernas, como si hubiera una conexión de la que ella no había estado al tanto. Cerró los ojos, sintiendo sus mejillas al rojo vivo, y estudió la sensación, no deteniéndolo incluso cuando la dejó y de inmediato ella lo miró.
Bill le sonrió, pues pudo leer en su mirada indignada que quería que continuara, y eso hizo, metiendo la mano debajo de la camiseta, debajo de su brasiere el cual no lo había dejado sentirla del todo bien, al ver la sorpresa a su osadía se detuvo…y esperó, esperó con la mano abierta y apoyada a que lo detuviera, pero no lo hizo. La vio pensándolo. El calor en su piel llamó su atención, de nuevo le masajeó la teta, y se la apretó una y otra vez, suave, su tamaño normal, pequeño para su gusto pero no podía pedir más, el pensamiento pasajero de que aún estaba en desarrollo le pasó por la mente pero hizo ese pensamiento a un lado.
Ginny se dejó, sintiéndolo pasar de un seno al otro y sentir más sensaciones en una que la otra, lo que le daba tiempo para calmarse, pero él volvía a cambiar. La sensación entre sus piernas se hizo más incesante y su centro empezó a palpitar al son de las caricias de él, la bola de nervios palpitando cada vez más.
De un momento a otro Bill vio a Ginny levantándose de la cama en un apuro y marchándose, dejándolo confundido. "Mierda…" se dijo y aunque debía de estar preocupado no hizo más que bajarse el pantalón y apretarse la poya fuertemente recordando lo que acababa de suceder y lo que había deseado continuar haciéndole. En menos de dos minutos se estaba corriendo.
Tres minutos después estaba arrepentido de todo. La embarró.
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El día siguiente no vio a Ginny en todo el día más no se la pudo sacar de la cabeza. Más cuando pensaba que ella tuvo bastante tiempo de detenerlo o marcharse antes pero no lo hizo. Cuando se sentaron en la misma mesa a cenar ambos se miraron, pero aquella mirada no le dijo nada.
Cuando aquella noche ella entró en la oscuridad a su habitación no supo a que jugaba, pero al mismo tiempo supo que ya todo estaba dicho. Bill hizo un encantamiento de silencio con tan solo mirarla, el mismo que había hecho la noche anterior y la anterior a esas. Ella sin palabras se metió en su cama, dándole la espalda y colocándose la cobija encima.
Se acomodó detrás de ella y esta vez su mano no fue a su costado sino directo a su teta, a ver si ella lo detenía, pero no lo hizo. "Tienes que decirme cuando haga algo que no te guste o actúe demasiado rápido. Cuando te marchas sin decir nada y a la carrera me haces pensar que me he propasado."
"Está bien," le contestó.
Bill iba a meter la mano debajo de su camisa cuando sintió que había alguien afuera de su puerta. "Vete," le dijo en un apuro y empujándola.
Entendiendo Ginny se desapareció hasta su habitación, preocupada y asustada. Después de unos momentos escuchó risas provenientes de la habitación de Bill y rato después fingiendo pasar hacia la cocina por un vaso de leche se asomó mientras pasaba. George y Fred con él, todos muertos de la risa, Bill le hizo una seña que le hizo saber que no lo buscara esa noche, o al menos eso fue lo que entendió.
Bill tenía que compartir con sus otros hermanos, aunque en el momento no se la pudiera sacar de la cabeza y la estuviera pasando bien con esos payasos. El día siguiente le comunicó que George y Fred habían planeado una reunión entre hermanos para esa noche también, dándole a entender que esa noche tampoco tendrían tiempo juntos. "¿Puedo ir?" preguntó Ginny entusiasmada de dejar la casa.
"Lo siento hermana. Noche de hombres." Dijo George burlándose.
"En esta casa solo hay tres hombres." Ginny contraatacó con la verdad. "El resto son niños."
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Cuando a la noche siguiente por fin pudieron compartir juntos ambos ya estaban cansados de esperar más ninguno lo dijo. Se iba a repetir lo mismo, vio a Ginny caminando hacia su cama sin siquiera haberlo saludado, sentándose en esta y acomodándose hacia el rincón antes de acostarse, Bill pasó saliva, "¿Puedes quitarte el brasiere?" preguntó, se había decidido a tomar un rol más…dominante en esto que hacían y con sorpresa vio que la voz no le salió con la seguridad que quería, pero ella le hizo caso de todas maneras. Sentándose lentamente, la vio temblando mientras trataba de desabrocharse el brasiere desde atrás y sobre su camiseta…solo como una mujer parecía poderlo hacer, y al ver que no lo lograba casi corrió hasta donde ella a ayudarla.
"No, así no…a la derecha…" se escuchó instruyéndolo sin aire, de repente la sensación entre sus piernas estallando a mil, haciéndola sentir como si llevara un buen rato posponiendo…el momento.
Cuando Bill sintió los dos ganchos zafándose la soltó, viendo como el peso de su busto cedía ante la pérdida de sostén y caía unos centímetros, le tocó la espalda con la mano abierta como tratando de calmarla y ella lo miró nerviosa después de unos momentos sobre su hombro, luego agachó la cabeza y la vio temblando mientras se sacaba las tiras por las mangas y después dejó caer el brasiere a su lado. Él lo tomó, sintiendo el calor aún emanando de este mientras acariciaba la tela, luego lo hizo a un lado, notando que Ginny se rehusaba a mirarlo. Se inclinó y le dio un beso casto en el hombro, y ella exhaló asustada. No supo que tanto tiempo estuvieron los dos así de esa manera, en silencio y temerosos.
"Si quieres regresar a lo anterior está bien."
Sacudió la cabeza, "Estoy asustada."
¿Estaba asustada porque nunca había llegado hasta este punto? ¿O porque vino a recordar que eran hermanos? "No necesitamos hacer nada."
"…Gracias."
Bill se acostó en la cama, dándose por vencido, y se sorprendió cuando ella también lo hizo, boca arriba y llevó su mano hasta la de él, enlazando sus dedos, él se los apretó queriéndole dar valor. Esperó a que ella dijera algo o se marchara más no lo hizo. En mutuo acuerdo no hablado durmieron en su habitación las dos o tres horas que quedaban para el amanecer manteniendo sus distancias. Cuando el sol empezó a repuntar y le dio en la cara Bill la fue a despertar pero la encontró con los ojos abiertos.
Ginny pasó saliva, mientras ambos se estudiaron, los ojos, la piel, las pestañas.
Bill no por primera vez la descubrió más crecida que el año pasado, ya no parecía tanto una niña. Y era hermosa, angelical, divina, más no atractiva. Si tenía algún sentido.
Ginny a su hermano lo encontraba demasiado atractivo, tanto que le daba vergüenza quedándose mirándolo de aquella forma.
Ambos escucharon los primeros pasos matutinos por el corredor y antes de que Bill olviera y se girara hacia Ginny ella se había desaparecido.
Los próximos días fueron incomodos, pero ambos trataban de seguir actuando como si nada delante de su familia. Ayudaban en la casa, participaban en las actividades con sus hermanos, jugaban quiditch, cartas, cantaban por las noches, pero en esos instantes cuando la miraba iba a parar al otro ambos se rehuían sabiendo que algo monumental quisieran lo o no ya había cambiado.
Fue en una tarde calurosa y después de un partido de quiditch que estaban tomando limonada, Bill y Fred estaban sin camisa pero era solo a Bill quien Ginny miraba disimuladamente y, entre risas con sus hermanos descubrió una vez más que la curiosidad de ella lo estimulaba. Se colocó la camisa y después de unos minutos uno a uno sus hermanos empezaron a marcharse, cuando ambos se quedaron solos no hablaron, fueron las miradas sutiles y fijas, la respiración acelerada de ambos, el sonrojo de ambos, lo que dijo más que mil palabras. Bill marchó hacia el cobertizo y Ginny lo siguió cerrando la puerta tras ellos.
El resto del día transcurrió con ellos robándole el tiempo a sus quehaceres, escondidos y apurados, en diferentes habitaciones de la casa. La cara de él escondida en su cuello o visceversa, haciéndola estremecer. Las manos acariciándole el pecho, al principio solamente rozándola, ya después amacizándola y cuando ya sintió total confianza la apretaba fuertemente haciéndola gemir.
Decir que no se sentía como un tren para cuando llegó la noche sería mentirse a sí mismo. La prudencia y el tacto habiéndose ido a la basura para cuando ella entró a su habitación. La vio sentándose en la cama, "Podrías-" no terminó de decir nada pues la vio empezando a quitarse el brassiere así como lo había hecho varias noches atrás. Caminó hacia ella y cuando la vio que se fue a acostar la detuvo, "un momento," se escuchó diciendo, acomodándose mejor detrás de ella y en esa posición metiendo las manos en su camisa y cogiendo sus senos, uno en cada mano, ella gimiendo y yéndose hacia adelante, mientras se las amacizaba por unos momentos. "Ahora si acuéstate," le dijo, cuando se empezó a cansar de la posición. Sin sacar sus manos de debajo de la camisa, ella pareció entender lo que quería porque suspiró acostándose de tal forma que dejaba pasar su brazo por debajo de ella sin incomodarla.
Ginny apoyó el codo contra el colchón y levantó su frente hasta su mano, apoyándose en esta y dejándole acceso.
Bill no hizo más que jugar con aquellos pezones sensitivos, a ratos dejándola quieta, tan solo amacizándola, otras veces pasándole el pulgar por encima, apretándolos entre sus dedos, y girándolos, halando, eso ultimo parecía ser lo que a ella más le gustaba porque se quejaba bajamente cada vez y curvaba su espalda tratando de aplicar más tensión, que le doliera, o al menos hacer la sensación más placentera. "¿Extrañaste esto?"
"…Sí…" para que le iba a mentir si él ya lo sabía.
Continuó tocándola con paciencia y cuando recordó la existencia de su cuello y el chupado que le había hecho más temprano le hizo el cuello de la camisa a un lado, viendo la mancha morada en el lugar. Su sorpresa fue llevar su boca un poco más arriba y chuparle fuertemente la piel...
Un gemido aniñado como los que no sabía podía hacer la dejó desde lo más profundo de su ser. A su vez sintió a Bill sonriendo contra su piel, lo sintió que se fue a retirar y llevó su mano hacia atrás, enredándola en el cabello de él y empujándole la cabeza contra su cuello.
A su vez Bill también se quejó altamente, su poya contrayéndose, y haciéndolo dejar sus dudas por última vez. De aquí en adelante dejaría de pensar en los contras de todo esto. Le gustaba, le encantó como respondió a sus caricias. Quiso volverla a hacer gemir, pero supo que se estaba controlando por no hacerlo. Le haló ambos pezones, con una duda, "¿Has dejado a tus novios hacerte esto?" había estado con Neville en diciembre en al baile de navidad en Hogwarts cuando se le había metido a la cama por cuarta vez…y ahora estaba de novia con Michael Corner a quien aún no había visto aparecer por la casa. No podía ser tan inocente en todo esto, una parte suya le decía, si la dejaba manosearlo así. No que hiciera alguna diferencia.
"…No." Le respondió sorprendida por la pregunta.
Bill le besó el hombro, "Puedes decir la verdad, no juzgo…" Si algo le molestaba era que era muy joven para andar dejándose hacer todo esto…de otros. Y en ese momento podía ver lo absurdo de aquel pensamiento que muchas veces con cabeza fría no lo dejaba dormir. "…El sexo está para disfrutarlo…"
"No," Ginny repitió su respuesta, "Neville es sólo un amigo y Michael y yo sólo nos besamos."
Que la frase más larga de la noche, desde que empezaron todo esto probablemente fuera para defenderse le llamó la atención. Iba a preguntarle qué tanta era su experiencia cuando ella interrumpió sus pensamientos.
"Y tu y yo no vamos a tener sexo." Le dejó en claro.
Eso ya lo había asumido, "…Entiendo." Se dijo, preguntándose hasta donde llegarían entonces. "Hasta donde quieras llegar, lo acepto. Tu mandas." Le susurró contra la oreja decidido a no entretener esa clase pensamientos en ese momento. Si más se daba entre ellos bien, y si no…la paciencia era una virtud que tendría que practicar.
Las caricias continuaron siendo largas y suaves, tan solo jugando con sus pezones, lentamente.
Cuando por fin la hizo girar sobre la espalda por su mirada supo que estaba al tanto de lo que iba a tratar, y parecía haber llegado a la conclusión de que esto se lo podía permitir. Decidió no actuar de la forma en que ella seguramente pensaba, estaba anhelando, y se sentó en la cama quitándose la camisa de su pijama. Cuando la miró la vio con la mirada puesta en su erección cubierta y se sintió cómodo en haber elegido un pantalón largo y alto en la cintura. La vio pasando saliva y mirándolo a los ojos, "Acaríciame tu a mi…"
"…No te voy a tocar ahí…" se dijo impactada y sentándose…hasta que lo escuchó apurándose a hablar.
Bien, si era su culpa por no haberse explicado bien, pero tuvo que contener la risa al escuchar su tono indignado, "…No…no me refería a eso, quería que me tocaras como en Hogsmeade."
"Ah…" se empezó a calmar, pero le quedó la duda si era verdad.
"…No me has tocado desde Hogesmade." Y en aquella ocasión él también le había tenido que pedir que lo tocara.
"…Lo sé." No dijo nada más, recordaba aquella noche haber estudiado bastante el pecho de Bill con su mano hasta quedarse dormida, "¿Te gustó?" Ginny frunció el ceño, "¿A los hombres en serio les gusta eso?"
Bill le frunció el ceño, "Sí, me gustó." Sintió su propio corazón apurándose ante la realización total de su inocencia y quiso hacer aquello a un lado. "Y sí, a los hombres nos gusta que nos toquen, no tanto como a las mujeres…pero sí." Volvió a mirarla, pero ella no lo encaró, "¿Crees que me paso de dos a tres horas diarias en el gimnasio tan solo para que las muchachas vean que tengo un buen cuerpo?" Además, a ella le gustaba su cuerpo, o al menos su torso, por eso había comenzado todo esto.
Ginny lo empezó a tocar suavemente, no mirándolo a los ojos sino al recorrido que hacían sus dedos, él siguiéndolos también con la mirada, cuando su mano bajaba demasiado su erección no hacía más que tensarse y ella también lo hizo las primeras ocasiones, "No te asustes…Significa…que le gusta lo que me estás haciendo."
Ginny no vio, pero pudo escuchar la sonrisa en la voz de Bill, se sintió sonrojando nuevamente ante sus palabras descaradas. Sabía todo en cuanto a esto -o había creído saberlo- y lo que le sucedía a los hombres, pero no sabía que aquello podía moverse y brincar solo. Curiosidad junto tentación llegó y su mano se empezó a deslizar cada vez más abajo, ella de reojo a veces viéndolo sacudirse dentro del pantalón y volviendo a repetir el movimiento para ver si volvía a suceder, pero no pareciendo ser siempre así.
Cuando ella escondió la cara contra su cuello y se quejó bajamente antes de empezarlo a succionar suavemente él ya se estaba preguntando si alguna vez lo haría. Ginny lo empezó a besar, a succionarlo, a pasarle la lengua, a prácticamente repetir lo que le hacía él. Con la mirada puesta en el techo Bill se dejó, volviendo a trabajar con la mano que pasaba debajo de ella y acariciándole a ratos el costado, el estómago o una de sus tetas. Pasados varios momentos y cuando menos se lo esperó ella levantó la cara y se quedó mirándolo.
"¿Te gusta?" le preguntó con duda. "¿Lo estoy haciendo bien?"
"…Sí." Bill le respondió viendo que tenía dudas en cuanto a su táctica. "Nunca has hecho esto antes, ¿verdad?" le preguntó pues quería confirmación en cuanto a su inocencia. Era joven pero las jóvenes de estos tiempos…y además, después de todo una mujer no se le metía a uno en la cama tan solo porque sí…o eso había creído él.
"No." Le dijo la verdad apenada, "Nada de esto."
"…Está bien." Bill se dijo, se iba a ir al infierno. La vio dudándolo por unos segundos y volvió a agacharse a continuación. Pronto la sintió aplicando mayor fuerza, como tratando de hacerle un chupado a él y no la detuvo. Cuando en una succión lo hizo quejarse del dolor, no de placer, ella sonrió contra su cuello y le pasó la mano por el estómago, orgullosa de lo que había provocado. La iba a sacar de su error pero la sintió aventurándose un poco más bajo, hasta su clavícula y volviendo a subir, esta vez por la parte delantera de su cuello, cuando continuó subiendo se preguntó si de repente iba a buscar su boca pero en vez de eso ella cogió su manzana de Adam entre los labios y la succionó mientras le pasaba la lengua por esta. Esta vez sí lo hizo quejar y tomarla fuertemente de un seno, sus caderas subiendo buscando algo contra que restregarse. Bill inclinó la cabeza, dándole espacio para que volviera a hacer aquello y lo próximo que supo fue que lo empezaba a aburrir minutos después con lo mismo, solo que en algún momento ella había empezado a apretarle una tetilla. Antes le había acariciado los pectorales, entre estos, pero no se había acercado a sus tetillas.
Ginny volvió a levantar la cabeza y se encontró con Bill respirando fuerte y una capa de sudor en su cuerpo, lo que hizo que le llamara más la atención, también le llamó la atención la mancha en los pantalones de él, ¿Los hombres también se mojaban? ¿O había ya el terminado y ella no se había dado cuenta?
Bill la tomó del mentón y la hizo mirarlo al notar la mancha de líquido pre seminal en su pantalón claro, "Está bien," dijo sin aire, "significa que en verdad le gusta lo que estás haciendo." Nada más fue decirle aquello para sentirse temblando del morbo y que más liquido lo dejaba al tiempo que la sintió empujando sus caderas contra el costado de él. Ginny escondió la cara apenada en su cuello nuevamente, "…Está bien. Nos podemos detener ya, si quieres."
Ginny levantó la cara del hombro de Bill tras unos momentos, se remojó los labios mientras él la miraba, "¿Puedo hacer algo primero?" le preguntó, creyendo que él no quería continuar porque ya estaba cansado.
Ante eso Bill le subió las cejas, interesado, "¿Qué?"
"Quiero besarte." A penas que lo dijo se apuró al ver lo que él creyó que quería, "No, no en la boca. Quiero besarte aquí," le dijo colocando la mano entre sus pectorales, se sintió sin aire al ver a su pantalón temblando de nuevo, "y aquí," bajó la mano nuevamente hasta sus abdominales.
"Está bien." Bill dijo, más rápido de lo que le gustaría admitirse.
Los próximos minutos Bill los pasó entre el cielo y el infierno. Los labios de Ginny, su lengua, su aliento tibio, ella le hizo cosas que ninguna mujer le había hecho y con la parsimonia con que lo estaba haciéndolo. Besó cada centímetro de su pecho, de sus hombros, sus pectorales, la línea que bajaba entre estos, su six pack, succionaba la piel, la lamia, dejaba salir soniditos que le dejaban ver que ella también lo disfrutaba de sobre manera. Le rosaba el costado mientras lo hacía, subía y bajaba, volvía a repetir el procedimiento, al ver que él lo estaba disfrutando de sobre madera le sonrió en uno de esos momentos en que sus miradas se cruzaron y para la próxima vez la sintió chupándole la tetilla suave y cortamente, luego la otra. Bill no se pudo contener más, con una mano en el cuello de ella evitando que mirara y la otra en su poya se apretó cinco, seis veces y se corrió en sus pantalones, quejándose bajamente.
Definitivamente ese pasó a ser el momento más lujurioso de su vida.
La dejó continuar por unos momentos, y cuando la detuvo ella lo miró extrañada, Bill tan solo le sonrió agradecido, lentamente los giró, quedando ella ahora boca arriba. Sin palabras, bajó su cara hasta el pecho de ella y le acarició el pezón marcado sobre la tela con la nariz. La sintió tomándolo de la cabeza, más bien de la oreja, pero pasados unos segundos no pareció ser para detenerlo sino para sostenerse de algo. La chupó sobre la tela, haciendo presión con su lengua, queriendo sentir aquella pepita. "¿Esta bien?" le preguntó ya después de haber comenzado y no deteniéndose. La respuesta de ella fue un quejido bajo. Haló la tela para sentirla lo más que podía, y empezó a succionar el pezón y a morderlo levemente. Trató de ser suave, pero después de unos instantes abrió la boca y se metió la mitad de aquella teta en esta, luego la otra.
Ginny no podía dejar de quejarse bajamente y sentirse sin aire. Lo sintió levantándole la camiseta y con un movimiento rápido él estaba debajo de esta. Por unos instantes no lo sintió haciendo nada, tan solo apretándoselas de formas distintas, y con vergüenza se imaginó mirándolas, luego sintió su lengua recorriendo el valle entre sus senos lentamente, subiendo y volviendo a bajar, Ginny se quejó bajamente cuando de repente su seno derecho se sintió siendo envuelto por humedad tibia. Bill no continuó y de repente se arrodilló en la cama, halándola de los brazos cual si fuera una muñeca la hizo sentar, él le quitó la camisa, ella reaccionando y cubriéndose.
Bill le sonrió, con una mano haciéndole todo el cabello hacia atrás de la espalda para poder verla descubierta. "…Eres hermosa."
Sus palabras no la calmaron, dudaba que algo lo fuera a hacer. Él se agachó de repente, empezándole a besar el brazo que la cubría. Ginny sabía que era tonto de ella, pues después de todo ya la había visto debajo de su camisa. Y la habitación continuaba en penumbras. Y ella lo quería. Con vergüenza pero lo deseaba. Con vergüenza se descubrió.
No era sólo ver un pecho desnudo por primera vez, era la emoción de saber que de ahora en adelante tendría este acceso, que ella lo deseaba, y quería que fuera él quien le saciara la curiosidad que la avergonzaba.
Ginny se quedó inmóvil cuando él tomó una teta en cada mano y después de jugar con sus pezones de diferentes maneras, le empezó a apretar los senos, a unírselos, a soltárselos viendo como se le separaban, a subírselos a ver cómo le caían…a apretárselas de nuevo.
Bill notó que Ginny no disfrutaba de sus manoseos por estar estudiando las expresiones de él, "Son perfectas."
"Son pequeñas." Él seguramente había visto más grandes.
No, no lo eran, Bill le sonrió, "Son suficiente para que me encanten."
"Bill-"
La interrumpió, "Ya te crecerán más, no te preocupes." Se acercó a besarle el cuello, haciendo que se acostara. De inmediato él estudió como el peso de las tetas las hacían ir hacia los lados contrarios. La miró a los ojos, "Tranquila…" le dijo viéndola a un más nerviosa, con tacto le abrió un poco las piernas y se agachó a besarle el vientre.
Lo detuvo en cuanto sintió que su cabeza estaba demasiado abajo, "No." Le suplicó cerrando sus piernas alrededor del torso de él.
Bill le asintió, entendiendo lo que ella creía, "Te iba a besar el vientre." Se explicó, no lo que ella creía.
"Oh," Ginny le asintió, sintiéndose humedecer incluso más. Sintiendo demasiado calor y contrariada.
Bill agachó la cabeza nuevamente, esta vez hasta su ombligo, sintiendo sus músculos contrayéndose debajo de sus labios mientras lo rodeaba y metía su lengua en este. Le besó las caderas, su estómago completo y no se atrevió a bajar más que un par de centímetros debajo su ombligo. Cuando llegó hasta sus tetas jugó con estas de nuevo entre sus manos, estudiando su textura, su curvatura y peso. Cuando le succionó suavemente el pezón derecho lo hizo estudiando su reacción. La cabeza apoyada en el colchón, su ceño fruncido y remojándose los labios, su cuerpo lleno de piel de gallina. Ginny estaba disfrutándolo, de eso no le quedaba duda y se dispuso a alabarle el torso, así como lo había hecho ella con él.
Sin aire y deleitándose Ginny estuvo atenta de cada beso, de cada lamida, de cada succión, de sus manos, de sus dedos, de su aliento, del peso de su cuerpo, la estaba haciendo sentir tan bien que en ocasiones no pudo dejar de frotarse contra él sobre todo cuando le besaba las tetas, e hizo esto, bastante.
Los sonidos que inundaban la habitación no era algo de lo que hubiera estado al tanto antes. A veces la apenaban, pero también le agradaban, sobre todo los sonidos de las succiones fuertes o cuando él se quejaba fuerte y varonilmente.
De un momento a otro Ginny se notó doblando la espalda, casi metiéndole a la fuerza las tetas a la boca mientras él daba un sí…que la dejó cerrando las piernas contra su torso, y él pasó los brazos debajo de ella manteniéndola en aquella posición mientras la succionaba con abandono. "Te gusta esto, cielos, te encanta esto…" Bill trataba de decir pero la boca llena no lo dejaba del todo. Con la mente blanca por el deseo besó hacia debajo de su pecho, una vez pasando el ombligo y continuando ella lo tomó de las orejas nuevamente y le dio a entender que no continuara.
Ginny tomó aire ante la pausa que él le dio, deseaba dejarlo hacer lo que seguramente quería hacer, pero no podía, así como tampoco podía colocar los pies contra la cama para poder mover su centro contra el pecho de Bill descaradamente. Lo vio respirando fuertemente contra ella y por unos instantes se preguntó por la erección de él...sino la querría restregar contra ella, o si ya lo había hecho contra el colchón, más no siguió con esa clase de pensamiento cuando él empezó a subir, besándole suavemente la clavícula a diferencia de como lo había estado haciendo con sus senos. Los dos exhalaron cansados y Bill continuó, después pasó a su cuello. Ella también besándolo en ese momento en el cuello, repitiendo los besos que él le dejaba, su mentón, la oreja.
Cuando se miraron a la cara la sintió alerta, lo mismo pasándoles por la mente.
La boca.
Ginny hizo un sonido bajo que lo hizo reconsiderar sino sería extraño…y si ella lo deseaba…
Exhalando Bill se dejó ir hacia atrás, hacia su espalda. De inmediato sintiendo humedad fresca en su estómago. No le tomó mucho saber que era ella, estaba mojadisima…y como no después de todo lo que habían hecho. Sin palabras se acostó boca abajo, preguntándose si ella no se cuestionaba sobre el estado de él. Y al menos él se había corrido, pero ella no…ya se imaginaba como estaba.
Ginny necesitaba tocarse entre las piernas, ya se había esperado demasiado, ya no aguantaba, y se imaginaba que él también. Deseaba tanto tocarse que estaba empezando a cuestionarse si hacerlo ahí mismo, o mejor, pedirle a él que lo hiciera. "Mejor me voy." Le dijo, buscando su camisa y colocándosela, viéndolo apenas levantar la cabeza y asentirle. Se desapareció hasta su habitación.
Bill vio el brasiere en la punta de la cama y se inclinó a cogerlo. Sabía, sospechaba que si iba a la habitación de ella en ese mismo momento probablemente la encontraría masturbándose. Mierda, se dijo bajándose el pantalón y recordando todo lo que acababa de pasar acá adentro.
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Capitulo editado 7/1/19
Muchas gracias amigos por sus reviews.
