Chapter 2
-No olvides llamarme los fines de semana, cariño.- escuché la voz de mi madre en el auricular. Rodé los ojos.
-Como hacerlo, si ya es la 20va vez qué me lo repites, madre.- reí.
-Por favor cuídate mucho. Vuelve pronto.- dijo poniéndose seria.
Asentí.
-Descuida, lo haré. Te amo.- colgué sin esperar respuesta, nunca la había.
Me acomodé el cinturón de seguridad y miré un poco por la ventana sin ver nada realmente.
Mi viaje tan repentino a México no era por otra cosa, más qué trabajo. Habían contratado nuestros servicios en una pequeña cadena mexicana, en la cual se enfocaban en el promocionar el café de la Republica, a mi jefa le había parecido un buen proyecto y me había asignado a mí el contrato. A pesar de no llevar demasiado trabajando ahí, había logrado posicionarme dentro de la empresa. Nos iba bien, y me enorgullecía decir que algunos de todos esos trofeos o grandes reconocimientos qué descansaba en la vitrina del recibidor eran porqué yo había ayudado un poco.
La muerte de mi abuela nos había destruido a todos, era parte fundamental de nuestra pequeña familia, y era a su vez lo único que nos unía o más bien ataba a la vida en México, eso y mi carrera, pero para vivir en el pequeño estado al Sur, ella era lo único que nos hacía olvidar el mudarnos. Las relaciones entre la familia entera estaban un poco-demasiado hechas mierda, por cuestiones absurdas que cada uno había adoptado, lo qué hacía a ese punto, algo irreconciliable. Al morir la matriarca de la familia, nosotros habíamos puesto tierra de por medio. Era lo mejor que pudimos haber hecho.
Sentí como el avión aterrizaba en la pista y como de a poco nos acercábamos al túnel.
Suspiré.
La empresa con la qué trabajábamos estaba ubicada en el estado en él que había escogido realizar mi carrera, no sabía del todo si era coincidencia o solo una remota y ahora real posibilidad. En fin. Tenía que terminar el proyecto y encargarme de algunos asuntos relacionados con una pequeña sucursal de nuestra agencia en México.
Al sentir el cálido clima de la ciudad sonreí, era todo como lo recordaba, bueno, a excepción que al salir del aeropuerto no debía correr a la universidad. Tomé mi maleta con fuerza y me encaminé a la salida para detener a un taxi. Debía llegar rápido al hotel y poder ordenar algo de servicio a la habitación.
Dejé qué el joven me ayudará con el equipaje, y una vez le indiqué la dirección, me permití perderme en los recuerdos, mientras veía por la ventana. Había pensado en pasar a visitar a algunos profesores o incluso si corría con suerte después de la cita de hoy, podía darme una vuelta por la propia Universidad.
Cuando por fin llegamos, pagué al taxista y me apresuré a registrar con la reservación y correr a mi habitación.
Había escogido un hotel en la avenida principal de la ciudad, era céntrico, conocía el rumbo y me quedaba cerca de la mayoría de mis planes. Sonreí. Deje la maleta en la entrada y tomé una botella del pequeño mini bar y mientras me quitaba los zapatos, me disponía a observar el menú de la comida. Tomé mi móvil y mandé un corto mensaje a mi hermana. Lo dejé en la mesa de un costado y me dispuse a ordenar mi merienda.
-No olvides comentarle el último presupuesto Isabella, debe dar su aprobación.- asentí.
-Lo sé. Cuando termine le marco de nuevo, jefa.- sonreí.- Ya he terminado la presentación y tengo las carpetas completas. Sonreímos.
Asintió y despidiéndose con la mano corté la pequeña video llamada. Suspiré y miré el reloj. Faltaban 2 horas para la reunión. Dejé la portátil cerca de la charola qué tenía los platos de mi merienda y me encaminé al teléfono.
-Recepción, buenas tardes. Habla Verónica.- dijo la chica del otro lado de la línea.-¿En qué puedo ayudarle?
-Buenas Tardes, deseo contratar un coche de servicio como transporte.- dije sacando mis tarjetas de la cartera.
-Claro que sí señorita. Si me proporciona su número de habitación y su nombre, puedo conseguirle un auto dentro de una hora aproximadamente.- dijo mientras se escuchaba como tecleaba algo. Asentí.
-106. Isabella Swan .- dije mientras guardaba de nuevo las tarjetas.- Muchas Gracias. Por favor cuando lo haya hecho devuelva la llamada.
-Así será, señorita. Disfrute su estancia.- asentí y colgué el teléfono.
Me quedé acostaba viendo al techo por un rato, mientras me perdía en mis pensamientos.
Tenía ya tiempo qué no venía a está ciudad, pero seguro no sería muy difícil transitar de nuevo en ella con un coche. Me gustaba alquilar los autos, porqué me daban más soltura, y era más barato. Escuché a lo lejos el sonido de un teléfono. Me desperece un poco y me estiré para contestar.
Mierda había pasado ya una hora.
-¿Diga?.
-Señorita Swan, hemos conseguido su transporte. Cuando baje por favor pase a recepción para qué se le indique cual es.- dijo la chica detrás de la línea. Asentí.
-Muchas Gracias.- colgué la llamada y me senté en la orilla de la cama. Me sentía bastante molida, pero tenía que ir a esa reunión. Observe el reloj de mi teléfono móvil y comprobé que me faltaba menos de hora y media para la dichosa reunión. Suspiré y me encaminé al baño mientras me quitaba la ropa. Debía darme una ducha.
Cuando salí subí la maleta a la cama, tomé unos pegados vaqueros de color negro, que hacían lucir bien mis piernas. Al año de haber muerto mi abuela había aceptado por completo que tenía que empezar a asistir al gimnasio y no me había ido mal. Mis piernas eran gruesas desde siempre, habían adelgazado un poco por la eliminación de grasa, pero seguían viéndose gruesas y ahora torneadas. Mi culo había crecido considerablemente desde esto, tomando en cuenta que antes parecía no tener apoyo en el trasero. Mis senos se habían reducido, pero se seguían viendo decentes. Promedio, pero decentes.
Acomodé mi cabello ondulado en una coleta alta y me calcé los pantalones, me puse una cazadora negra lisa sobre la delicada camisa blanca y mis zapatillas de rejilla frontal negras.
Caminé a la pequeña sala de la habitación y me dediqué a acomodar mis cosas en el bolso de trabajo, acomode las carpetas, los papeles del contrato, y mi portátil. Una vez verifique por tercera vez no olvidar nada. Sonreí. Tomé la llave de la habitación de la mesa y me encaminé a los ascensores. Cuando llegué una joven pareja veían un pequeño mapa de la ciudad dentro. Les dediqué una sonrisa y me adentré en el cubículo.
El coche qué había conseguido la recepcionista no estaba mal. Era automático, eso ya era algo, siempre había manejado standard, y me gustaba, pero no tenía tiempo para lidiar con recordar como manejar standard. Acomodé el bolso en el asiento del copiloto y me encaminé a ubicar el lugar de la reunión.
Al parecer no estaba tan lejos como recordaba, la ciudad había crecido más comparado con mis épocas de estudiante. Había llegado con los clientes y me había recibido amablemente, la junta había salido mejor de lo planeado, pues una vez expuse la forma de abordar el proyecto por parte de mi empresa, habían decidido incrementar el paquete de publicidad, lo cuál era un punto extra a nuestro favor, pues era más material con qué trabajar, sí, pero igual podíamos contar con el proyecto completo, lo cuál lo hacía más cómodo, para nosotros.
En mi tiempo en esa empresa había logrado vender paquetes publicitarios y de difusión de forma prometedora, pero era grato encontrar proyectos más allá de un posicionamiento de marca, proyectos con "alma" como nos gustaba llamarlos. Debido a los cambios había improvisado un pequeño brief basado en toda la información, así qué me despedí de los directivos no sin antes comprometerme a mandarles por correo el brief mejor estructurado y los documentos del presupuesto y el contrato.
Sonreí.
Me despedí con un saludo cordial de la recepcionista en el hall de las oficinas y salí a encontrar el coche. Una vez arriba comprobé que no había tardado más de una hora. Encendí el motor y comprobando de nuevo el reloj, me encaminé a encontrar la avenida principal, para ir rumbo a mi antigua Universidad.
Suspiré al vislumbrar la entrada de mi alma mater. Estaba casi igual que antes a excepción de qué ahora parecía mucho más lujosa, seguía con el característico color blanco, pero se veían más pasos de tecnología. En la entrada las casetas de vigilancia estaban climatizadas, y poseían un costoso sistema de intercomunicación. Cuando la fila avanzo y mi turno llego, el pequeño parlante a un costado rugió.
-Buenas tardes Señorita ¿cuenta con tarjeta de visitante?.- dijo una voz de hombre mayor.
-Buenas tardes. No cuento con una.- dije mordiendo mi labio. Mierda.
Después de un pequeño silencio.
-Subiremos la baya, por favor estaciónese a un costado de la caseta para llenar unas formas. Le proporcionaremos una.- dijo mientras veía como la baya se alzaba. Agradecí e hice lo qué me pidió.
Una vez llené y firmé algunos papeles, me dieron un pequeño talón de acrílico para poner en el espejo delantero del coche, me encaminé a encontrar un lugar para estacionarme. Cuando por fin bajé opté por pasar a la sala de maestros directamente. Hacía ya algunas generaciones que no sabía nada de la universidad por lo tanto no me toparía a nadie conocido en los pasillos.
Cuando logré entrar habían algunos cambios también ahí. Suspiré y me acerqué a la recepcionista.
-Buenas Tardes, soy ex alumna y me preguntaba si sería posible pasar a saludar a algunos profesores.- dije cortés.
La señora me miró y sonrió. Lleno un pequeño papelito que me hizo firmar y me abrió la puerta. Le sonreí de vuelta y ella asintió. Cuando logré entrar me encontré con el primer profesor de dibujo que había tenido en está Universidad. Me miró y frunció el seño.
-Hola!.- murmuré soltando una media sonrisa. Él me estudió un poco con la mirada y después sonrió.
-Bella?.- dijo algo extrañado. Asentí.-Esto si es una sorpresa. Pero pasa, qué gusto volver a verte por acá. ¿Cómo te va en la vida?.- dijo mientras me saludaba con un beso en la mejilla. Sonreí.
-No me puedo quejar, y en efecto ha sido ya tiempo qué no venía por aquí. Ahora estoy trabajando en una Agencia de Diseño en Canadá. Nos mudamos ahí con mi familia después de recibirme.- comenté.- Vine por trabajo, decidí darme una vuelta para saludar.- reímos.
-Me alegro mucho. Como ves algunas cosas han cambiado.- señalo a su alrededor. Asentí.- Pero algunos aún seguimos aquí.- Sonreímos.- Pasa, por favor. De hecho algunos de tus compañeros han venido, no juntos, pero si han vuelto a pasarse a saludar igual.
Sonreí con nostalgia.
-Abraham está en clase ahora, pero seguro lo topas por el pasillo.- dijo mientras me daba un pequeño tour. Yo me quedé viendo sus facciones mientras hablaba. Cuando muy comencé la carrera y lo conocí acepto que me gustaba. Demasiado. Seguía igual que antes, un poco más de arrugas en sus ojos, pero era alto, su cabello estaba un poco más largo que como solía llevarlo. Tenía la presencia de algunas canas, pero no era para tanto.- Te ves muy bien ahora, B. Me alegro qué estés ejerciendo.- Sonreí sintiéndome un poco nerviosa. El calor en mis mejillas me hizo desviar la mirada.
-Sí, es muy grato que la universidad rinda frutos.- acepté.- más con la situación actual.- asintió de acuerdo.- Profesor.- dije dudando.-¿De casualidad sabe algo de alguno de mis compañeros?.- lo miré mientras abría la puerta para mí. Entramos a su oficina y me ofreció una silla. Asentí.
-No mucho realmente.- dijo recargándose en el escritorio.- Y por favor, ya no soy tu profesor, dime Tyler.- dijo sonriendo. Le devolví la sonrisa y asentí.- Creo que de tu grupo más cercano están en el Estado, según sé entre Jessica, Gerard y Angela crearon un despacho que esta por el poniente de la ciudad, son algo conocidos.- Asentí. Junto sus manos y puso gesto pensativo.- Lauren y Eric se casaron hace algunos meses.- dijo a lo qué lo miré sorprendida.- Creo que siguen de luna de miel, siguen trabajando para el profesor Richards.- dijo encogiéndose de hombros. En los tiempos de Universidad nos daba clase un gran genio creativo, que había fundado su propia empresa y reclutaba a los mejores. Era un excelente profesor.-No sé mucho de los demás. Morelli se perdió de nosotros en el ámbito laboral, creo que puso un pequeño despacho, pero no estoy seguro, me lo he topado algunas veces por la ciudad, pero no se ha dado la oportunidad de preguntarle.- Asentí.-¿Quieres algo de tomar?.- Asentí.
-Agua estaría bien. Gracias.- se puso de pie y sacó una pequeña botella del mini refri que estaba en una esquina. Arqueé una ceja.- Vaya.
Río.
-Sí, nos han dado con el tiempo algunos privilegios.- reímos.
-Como está la profesora Esquinca?.- pregunté antes de beber un sorbo de la botella. Su rostro de descompuso un poco. Fruncí el seño pero no dije nada.
-Nos separamos hace dos años, se fue de viaje a Europa hace dos meses, regresa en un mes más. Es directora de su área en la Universidad.- dijo bebiendo el un poco de agua.- La vida siempre da vueltas.- dijo encogiéndose de hombros.
-Lamento oír eso.- dije dejando la botella frente a mí.- Pero es cierto. Ya vendrá algo mejor.- Sonreímos.
-Edward sigue en Mérida, su hermana es mi alumna, igual de tu carrera.- dijo mirándome a los ojos. Como evaluando mi mirada. Sonreí.
-No he hablado con él ya tiene mucho tiempo. Perdí contacto con todos los compañeros. Y no había vuelto a México hasta ahora.- aclaré. El asintió lentamente.
-Sí, lo mencioné porqué tenía entendido que hubo algo entre ustedes antes de graduarse.- Sonrió apenado.
-Descuide.- Recargué mis brazos en el asiento y cruce mis piernas.- La mayoría se enteró, no fue bien.- torcí los labios.
-Lo siento.- estiró su mano a mí pero no me acerqué.- Hasta cuando piensas quedarte?.- preguntó recargándose en el asiento.
-Tengo que esperar las ultimas revisiones de mi cliente. Supongo que será un mes o dos...- dije encogiéndome de hombros.- Estoy en el Hotel de la principal, la agencia lo cubre, pero tengo que buscar algo que hacer.- sonreí.- No puedo estar todo el día en mi habitación.- Él asintió.
-Si pudieras venir el día de la reunión con el comité sería fabuloso, tal vez te encuentres con algunos de tus compañeros.- sonrió.- Es el próximo jueves.
-Muchas Gracias. No puedo prometer nada, pero haré lo posible.- sonreí.- Debo irme, quiero descansar un poco. Un gusto volver a verte Tyler.- dije poniéndome de pie. Besé su mejilla a modo de despedida y salí de la oficina. Agradecí a la señora del mostrador y bajé las escaleras rumbo a la planta baja. No había podido verlos a todos, seguro estaban impartiendo clase, no sé, podía volver otro día.
Me permití echar un vistazo por los pasillos. Las clases no tenía mucho habían comenzado, los pasillo estaban casi desiertos y me permitía admirar un poco mejor los cambios que habían aplicado en la Facultad de Diseño. Según se veía, por fin habían construido una cafetería en este lado de la Universidad, aún recordaba los siglos qué perdías de vida, entre tus clase e ir a comprar, muchos habían perdido faltas solo por eso. La biblioteca estaba casi igual, había acondicionado con pequeños sillones un poco más cómodos según notaba.
Me distraje viendo un pequeño póster publicitario del periódico escolar que no noté a la persona que se paró a mi lado hasta que habló.
-¿B?.- dijo una voz ronca provocando que me girará.
