Merde. Me ha quedado corto. aún así disfrutadlo, y lo siento por las faltas, mi teclado está un poco cascadito el pobre.


Capítulo 1: La sorpresa inesperada

Edgeworth y Veronica estaban en la lujosa oficina del fiscal jefe, tomando té. La chica se había levantado y había empezado a dar vueltas por su oficina, diciendo:

-Así que dices ser capaz de convertirte en un lobo gracias a un… anillo.

-Así es. – El fiscal jamás perdía la calma, menos ante una de su "especie".

-Que curiosamente es el mismo que yo llevo en la mano, heredado, o más bien dicho, regalado, de mi madre.-No parecía entender o querer entender lo que el hombre le decía.

-Exactamente.- Edgeworth tomó un sorbo de su taza, que volvió a dejar en la mesa.

-Lo siento, pero creo que me está mintiendo. No me voy a creer que por ponerme un anillo de cuarzo y plata me pueda transformar en un lobo. Y sobre todo no me voy a creer que usted sea el que puede convertirse en lobo. Porque los lobos son criaturas muy sociables. Y usted no parece ser muy sociable que digamos.

-Los lobos tienen una fe casi ciega. Sin embargo, a usted no le veo ni una pizca de fe en mí y puede convertirse en un lobo. No depende de todos los detalles el hecho de ser un lobo.

-Pues debería. Debería depender de todos los detalles, incluso de los más pequeños.

-Pues sí, coincido con usted. Sin embargo, y cambiando de tema, ¿no ve algo inusual en todo esto?

-¿El hecho de que este don sólo es otorgado a los abogados o fiscales cuando yo no quiero ser una cosa ni la otra?- Veronica se acercó para beber un sorbo más del esplendido té.

-Exactamente, Srta. Fernandez. Exactamente.

-Pues entonces explíqueme: ¿Cómo es que esto solo me tenía que pasar SÓLO A MÍ!?-Veronica acabó gritando, como en el bosque.

-Pues la verdad, no lo…-No le dio tiempo a acabar la fase antes de ver al detective y a su mayor rival, al igual que la puerta abierta.

Wright. Phoenix Wright. Y el detective Dick Gumshoe. Perfecto. Simplemente PERFECTO.

-¡Sr Edgeworth! Tenemos una noticia que le va a dejar anonadado.- Gumshoe sostenía un recorte de periódico en la mano.

-Por favor, si…

-¡No! ¡Tienes que leer el recorte YA, Edgeworth!- Phoenix no le iba a dejar en paz, tampoco.

-¿Me dejáis poner una palabra aunque sea de canto? ¡Estaba hablando con esta hermosa niña, probablemente sobre el recorte, y vosotros habéis interrumpido sin ton ni son! Tened un poco más de cuidado. Y vete olvidando de la subida de este mes, inspector.

-Mientras sea la subida y no el trabajo… ¿Quién es esa niña de quién estaba hablando antes?

-Soy yo.- Ambos abogado e inspector giraron la cabeza y se encontraron con ella. Una preciosa niña de ojos grises y 14 años, con uno de esos anillos tan emblemáticos ya no solo de fiscales sino de abogados también.

-Vaya, amiga… Siento haberla interrumpido. Soy el detective Gumshoe, amiga. No lo olvide.

-Así que… Una niña, ¿eh? Phoenix Wright a su servicio.

-Sí, una niña. Ahora, por favor, abandona mi oficina.- Edgeworth era rudo con él. Y la niña no sabía el porqué. Y lo preguntó.

-¿Porque es tan rudo con él, señor Edgeworth? Es muy simpático.

El abogado de azul sonrió. El de rojo se aproximó a la confusa preadolescente y le dijo:

-… Hemos tenido malos tragos que yo he tenido que sufrir más que él.- Casi no podía pronunciar por los recuerdos que se agolpaban en su mente, sin dejarle pensar.

-¿Y eso? ¿Cómo pudo ser que...?...Oh. Mierda.- Por fin lo había entendido.

-Será… Mejor que os retiréis. Usted también, Srta. Fernández. Necesito estar a solas.- Nos fuimos del despacho y nos dirigimos al ascensor. Una vez en el vestíbulo, el abogado me susurró:

-A las séis en el Starbucks. Nos vemos allí.

Esto a Verónica la intrigó mucho porque, después de todo, ¿quién se interesaría por alguien como ella?

A no ser que fuera…

Mierda. El anillo.


Otro capítulo que me queda corto. Mierda. Ya van tres. Aún así no judgéis. Reviews serán celebradas.