Hola! he vuelto pronto y es porque hoy es un dia feliz :D
Gracias a los seguidores, favoritos y sobretodo mil gracias a quienes se toman un ratito para dejarme saber que opinan :)
Y como lo prometido es deuda, este capítulo va dedicado a la mariposa jefe... Dany (deja de chantajearme bruja -_-)
ahora si, espero que lo disfruten
Capítulo II
Desgarrador
En el argot profesional del diseño y el patronaje, el desgarrador es un utensilio para descoser costuras y abrir ojales. En la vida los desgarradores, puedes soltar el último hilo del punto cadeneta y abrir más que un ojal, todo un hueco profundo que otros pueden aprovechar para llenar.
La vida suele jugar de manera especial sus cartas, jamás repite el juego y siempre elimina a los más débiles, Regina lo había comprado en todo su largo y difícil ascenso al éxito, en ese instante estaba comprobando que por mucho que se esforzara no podía controlarlo todo, que aunque su palabra fuera ley en cuestión de moda, sus deseos no siempre eran declaración en su interior y que sus planes cualquier astuto 'desgarrador', los podía tirar abajo como cartas endebles en castillo sin estructura.
Intentó llamar a Robin mientras su hijo la mantenía colgada en la línea, estaba dando órdenes sobre la organización del desfile de beneficencia que su colegio llevaría a cabo; era digno hijo de su madre y eso hizo que Regina sonriera.
-Lo siento má, es que ya sabes, cuando quieres que las cosas salgan bien, debes hacerlas tú mismo-, aquella frase se la había repetido montones de veces y quizás de momento le daba fuerza para viajar, sí quería que el desfile en Valladolid saliera bien, tendría que encargarse personalmente, -me decías…-, la diseñadora eligió las palabras, -la semana de la moda en Valladolid empieza el viernes-, Henry sonrió, -espero que me traigas algún recuerdo-, la llave para irse tranquila acababa de ser entregada, -ojalá que tu papá lo tome igual-, el joven le aseguró que así sería y le envío un beso cariñoso.
Mientras Regina se destornillaba la mente para decirle de la mejor manera a su marido, que no podrían pasar el fin de semana juntos, Robin recibía una noticia que cambiaba sus planes de tal manera que podía acabarle hasta el matrimonio.
El café donde se reunió con Leopold, era uno de los más exclusivos de la ciudad, estaba perfectamente decorado y hasta ese momento le parecía que era un lugar bastante acogedor, sin embargo tan pronto como empezó a hablar su hermano mayor el lugar le pareció lúgubre, triste y tan pequeño que parecía querer tragárselo.
-¿Cuál es el misterio? -, bebió del café que estaba caliente, -se trata de Marian-, Robin palideció, -¿qué con ella?-, Leopold se frotó las manos, -murió hace algunos meses-, el rostro del poderoso ingeniero se transfiguró, -¡Dios!-, la noticia pareció afectarle sobremanera, -¿por qué me lo dices hasta ahora?-, la respuesta era simple, nadie lo sabía, -porque hasta hace dos días se comunicaron conmigo para darme la noticia-, de pronto un peso de encima le fue quitado a Robin, con Marian muerta ya no persistía el recuerdo de la mujer que había amado pero abandonado cruelmente, -bueno pues que Dios la tenga en su gloria-, sonrío y Leopold le tomó las manos, -eso no es todo-, la sonrisa se desvaneció mientras un gesto aterrorizado se hacía preso de sus facciones, -tienes una hija-, la negación fue la primera reacción de Bradley, la desesperación la segunda y los gritos el final.
Una hija, un hija que no quería, que no podía aceptar en su perfecta vida, no cuando para él solo existía Henry, cuando su único heredero sería el hijo de su esposa Regina, no podía ser la vida tan cruel y sacudirle la estabilidad de esa manera, menos en ese momento en que las cosas con la diseñadora Mills estaban tambaleándose.
-¿Quién me garantiza que sea mi hija?-, decir aquello era de un poco hombre y lo sabía, -tiene treinta y cuatro años, y es igual a mamá a esa edad-, que Robin estuviera tratando de calmar su preocupación negando a su hija era una alternativa débil y engañosa, no la realidad que su conciencia le ordenaba aceptar. A Marian la había abandonado con la sospecha de haberla embarazado, y a través del paso de los años había comprado que su ex mujer se había encargado de borrar cualquier rastro para que no pudiera hallarla, como si escondiera algo, ahora sabía que desde siempre lo que había escondido era a su hija, su hija mayor.
-¿Por qué hasta ahora me lo hizo saber?-, Leopold sacó una carta y se la entregó, -fue muy clara, sí la habías abandonado a ella, a su criatura igual, pero al verse a puertas de la muerte quiso hacerte saber que tenías una hija, por si algo podía ocurrirle-, siempre había sido así, firme en su posición y sacrificada por sus seres amados, y solo hasta ese momento Robin comprendió el daño que le había causado tanto a ella como a sí mismo. El remordimiento se hizo más fuerte y la tristeza lo atormentó.
Para Robin Bradley la vida hasta ese momento, había sido un peregrinar sencillo, pero con algunas piedras en el camino que había sabido eliminar. A sus veinte años había amado con locura a Marian, una joven procedente de Cádiz, que desde siempre le había entregado todo de sí, pero él, irreverente y poco comprometido estaba en un época difícil, de esas en las que los jóvenes eran solo muchachitos dispuestos a comerse el mundo sin ninguna precaución, años en los que se amaba y odiaba con tal facilidad que nada parecía ser trascendente. En una tarde simplemente le había dicho a Marian que otra mujer ocupaba su corazón y sin más la había sacado de su vida, aunque ésta tenía mucho que decirle el orgullo le pudo más y no le contó nada de la vida que ya se gestaba en su interior.
-¿Qué harás?-, la conciencia de Robin le exigió redención después de tantos años de descarado comportamiento, donde se empeñó en negar la existencia de la madre de su recién enterado hijo, -hablar con Regina-, conociendo a su cuñada como lo hacía, creía que ésta podría no perdonar a su hermano, y eso lo regocijó, -voy a buscarla-, el interrogante quedó suspendido en el aire, -¿tomarás el papel de padre?-, el ingeniero asintió y bebió algo de café, -es lo menos que puedo hacer-, con las cartas sobre la mesa, acordaron iniciar la búsqueda de la hija de Marian mientras una segunda taza de café era servida junto a dos platos de galletitas de avena.
…
Afortunadamente y por el bien de su salud mental, había cualquier cantidad de trabajo, lo suficiente como mantenerle la cabeza ocupada y centrada en todo lo que debía dejar listo antes de su viaje a tierras españolas. Siguió dibujando dos bocetos más para la nueva colección que iniciaría después de su viaje y decidió que era momento de dejar de dramatizar. Se estaba ahogando en un vaso de agua y no era comprensible nada de lo que estaba haciendo.
Tomó dos lápices de color marrón y trazó tres líneas con caída discreta, diseñar en soledad hacía que la verdadera Regina saliera y abandonara esa armadura de frialdad y prepotencia que siempre la resguardaba de comprometer su corazón, a la hora de pintar la mujer soñadora y tierna sonreía, esa que adoraba las películas románticas y había visto más de veintidós veces 'The mirror has two faces' y la seguía encontrando maravillosa y muy especial. La mujer que a la hora de hacer el amor deseaba ser acariciada hasta el amanecer y era capaz de gritar cuando la cima la recibía y le hacía cosquillas. La mujer dulce que nada tenía que ver con la furiosa e impetuosa diseñadora de modas a quien nuevos talentos del diseño temían y menos con aquella editora inescrupulosa que no le temblaba la mano, a la hora de publicar fotos comprometedoras aunque éstas acabaran con noviazgos y matrimonios de años.
Satisfecha por lo productiva que había sido su tarde suspiró. Hacía bastante tiempo que no podía sentirse tan relajada y menos cuando tantos problemas parecían arremolinarse a su alrededor para sustraerla de su perfecto mundo de canutillos y lentejuelas. Dispuesta a dibujar un boceto más se levantó de la mesa y eligió dos piezas de tul y lino, quería iniciar la temporada con trajes que indicaran el comienzo de otra estación, deseaba cambiar el impulso consumista más a su favor que al tradicional de la competencia.
-Qué bueno que no te has ido-, sonrieron y Coco inspeccionó los diseños, -eres perfecta-, el halago no le subió los humos, con Ruby era real y no permitía que la insolencia le ganara o la falsa modestia le burlara la personalidad, -vine a decirte que no debes preocuparte por tu ropa para el viaje-, la mayoría de las veces ella solía vestirla, sus mejores trajes siempre eran para Regina, convirtiéndola en objeto de envidia, más que merecida.
Se abrazaron con sincero cariño. En el mundo en que ambas vivían era difícil tener amigas, cultivar amistades capaces de soportar el embate de la envidia, la lluvia de los reclamos, las estocadas del éxito y las toneladas de desencuentros.
-Gracias-, le dijo ella y Coco solo le acarició las mejillas, -te vas a ver más hermosa de lo que estás-, Regina le creyó, -no me cabe la menor duda-, se dieron la mano y por ese día la afamada diseñadora dio por terminada la jornada laboral.
…
Las calles adoquinadas de Valladolid eran todo un espectáculo de luz y color. Emma caminaba retratando a cuanto turista le pagaba por un foto del recuerdo y uno que otro grupo de modelos que quería aumentar el tamaño de sus respectivos 'books'.
Dispuesta a capturar el momento en que un par de niños jugaba en la fuente del parque principal a las afueras del hotel Santa Ana, su teléfono celular sonó, dejó la foto para después y atendió la comunicación, que según la pantallita era internacional.
-Hola-, dijo con tono claro, -del convento me dieron ese número, ¿eres chica libre?-, Emma rió, -según mi asesora vocacional tengo problemas para aplicarme, así que me dio dos semanas-, feliz de recibir la llamada de su amiga de toda la vida continuó hablando, -¿eso quiere decir que podrás ser mi fotógrafa?-, la propuesta no podía haberle caído mejor, sin duda Dios estaba con ella y no la desamparaba, -si claro que si-, Ruby le explicó todo lo que tendría que hacer, -perfecto-, aseguró con sonrisa brillante, -renta una habitación en el Palacio de Santa Ana, la compañía lo paga-, bromeó con alquilar una de las suites, pero Coco le aseguró que ya estaban ocupadas, por su jefe y ella misma, -tendrás que conformarte con alguna de las habitaciones dobles-, no le vio problema y de palabra cerró el contrato de trabajo, una semana y media en compañía del gurú de la moda americana, -por cierto, ¿con quién trabajaré?-, Ruby se atragantó, -qué horror, ¿estabas metida en la selva o qué? Todo el mundo sabe quién es la dueña de Celebrity-, pero ella no lo sabía, no tenía ni idea de la famosa diseñadora, y menos de lo importante que iba a ser en su vida, -en la selva no, pero si en un convento-, rieron y Coco aseguró comentarle todo sobre su jefe tan pronto como llegara a Valladolid, -la conocerás en la fiesta de Valentino-, colgaron con la promesa de verse pronto y siguieron con lo que quedaba de sus días.
Sentada en la plazoleta del prestigioso hostal se sintió orgullosa, ya tenía un hotel cinco estrellas dónde hospedarse, y además un trabajo que le gustaba, según su amiga sería difícil porque su jefe era muy exigente, pero ella sabía hacer su trabajo y tenía el presentimiento que todo lo que se le avecinaba sería una experiencia única y muy enriquecedora.
-A trabajar-, se dijo poniéndose en pie, antes de que llegara la semana de la moda, quería aprovechar un poco la ciudad y tomar las fotografías que deseaba. Después con tanto trabajo no podría hacerlo, y era una pena perderse los rostros iluminados de los niños al jugar en la fuente, o las parejas de enamorados besándose bajo la luz de la luna.
…
Cuando llegó a la casa, encontró a su marido sin corbata y con delantal de cocina. Había flores y un aroma a hogar que la estrujó con violencia. Se sintió miserable. La noche anterior había juzgado a su marido, en ese momento lo veía tal cual era, dulce, romántico y encantador.
-Qué bueno que llegaste-, Regina lo besó en los labios y anticipó que la salsa de bechamel estaría deliciosa, -preparé tu plato favorito-, ella sonrió, era su culpa que aún Robin creyera que el brócoli con salsa bechamel ligeramente gratinada al horno, era su plato preferido, cuando en realidad prefería la pasta en tornillos con jamón y mayonesa. Algo simple sí, pero que la hacía sonreír sinceramente.
Le aseguró que no se tardaría mientras se ponía cómoda para cenar. Preguntó por Henry y Robin le informó que pasaría la noche en casa de uno de sus amiguitos, ya que al otro día tendrían que llegar más temprano al colegio y organizar el evento del cual era responsable.
La noche sería larga y seguramente terminarían en la cama, aunque no pudieran hablar como ella deseaba, sentía la necesidad expresa de satisfacer a su marido y luchar por la felicidad que se le había olvidado.
-Robin respecto al viaje del fin de semana…-, empezó diciendo antes de que su esposo empezara a hacer planes que no podrían llevar a cabo, -había pensado en que podríamos ir a las fiestas del pueblo, ya sé que no te gusta pero…-, Regina hizo un gesto para detenerlo en su perorata, -no habrá fin de semana-, él no la comprendió, -tengo que ir a Valladolid, es la semana de…-, incapaz de seguir hablando esperó el torbellino de su marido, -sí, la semana de la moda, el día del diseño o cualquier otra cosa tonta relacionada con tu trabajo más importante que yo-, se dolió por la violencia de sus palabras, pero no lo culpó, ella misma lo había acusado de prestarle más atención a sus pozos petroleros que a ella, -lo siento-, el ingeniero se dobló, la conciencia que nunca abandona le recordó del secreto que lo estaba ahogando y le había hecho comportarse tan dócil y hasta convertirlo en cocinero esa noche.
-No, el que lo siente soy yo-, se miraron retándose, conteniendo la ira y negando la rabia que tenían, -entiéndeme Robin, es importante-, odiaba considerarse doblegada, pero se sentía con la responsabilidad de ser indulgente con su marido, más cuando era ella la culpable de que su matrimonio se estuviera desmoronando, -te prometo que al regresar todo habrá cambiado-, se acercó para besarlo, consiguiendo que Robin dejara de mirarla con discordia, -¿me lo prometes?-, ella asintió, -más te vale-, rieron, -¿qué podría pasar?-, le pasó los brazos por el cuello y lo besó con avasallante pasión, el preludio de una noche desenfrenada de relaciones íntimas muy satisfactorias.
Serían alrededor de las tres de la madrugada cuando Regina se levantó de la cama y se dispuso a preparar su maleta, quedaba solo un día para el viaje y necesitaba arreglarlo todo, aunque ella se sintiera lo más desbaratada posible.
El corazón le latía desbocado y esa angustia de sentirse sin piso le estaba fastidiando. Se preguntó en qué momento había perdido su norte y los recuerdos de la noche en la que su cuñado había intentado abusar de ella, le martillaron la cabeza con desespero. Tendría que aprovechar el viaje para exorcizar sus fantasmas y recuperar su equilibrio, no podía seguir negándose la seguridad que tantas veces se había preciado en tener.
Oyó que Robin la llamaba y se le partió el alma, por ser tan dura. Afuera, lejos de la confianza que le daba su casa, no le importaba ser catalogada como una mujer cruel, despiadada y hasta prepotente, pero adentro añoraba sacar a flote a la mujer dulce y comprensiva que su fama le había robado. Sí era la representación de los pecados capitales no deseaba serlo en la intimidad de su hogar. No ahí donde solo quería ser feliz con su familia.
Volvió al calor de su cama y abrazó a su marido, solo por un par de minutos porque durante su matrimonio no le había agradado sentir el calor de otro cerca suyo, aunque secretamente sentirse protegida por los brazos de su hombre había sido su más grande anhelo. Tarde parecía haberlo comprendido.
…
…
Con un abrazo fuerte y un sinfín de besos Regina se despidió de su hijo, serían diez días de trabajo intenso y si acaso un par de fiestas, que no le gustaban, pero su trabajo exigía asistir a montones de eventos y sonreír aunque todo pareciera tan superfluo. Besó a Robin con tanta pasión que a quienes pasaban por su lado, logró sonrojarlos. Era extraño que por momentos sintiera tanto por su marido, y en otros simplemente le fastidiaba en sus planes. Ojalá y el viaje le sirviera para reflexionar y reconstruir su matrimonio.
-Los voy a extrañar-, se abrazaron y la despedida fue capturada por uno de sus paparazis, la fotografía iría en la portada de Celebrity, y cientos de personas comprarían la revista, los chismes sobre Regina siempre eran los más leídos y comprados, como si ella fuera más importante que la cantidad de noticias que daban las estrellas de la televisión.
Ruby se despidió de su novio de turno y tomó su equipaje de mano, no sin antes advertirle a uno de los montacargas, que las maletas azules debían ser protegidas con sus vidas sí era necesario, llevaban la ropa que usaría Regina.
Un vuelo de doce horas sería suficiente para que Ruby le contara a su amiga, la historia de vida de la fotógrafa que trabajaría con ellos, aunque a Regina parecía no importarle. Tan pronto como la azafata indicó que era posible utilizar aparatos electrónicos, la afamada diseñadora encendió su computadora portátil y empezó a trabajar, dejando fuera a su amiga que se mordía los labios por no poder hablar como siempre le gustaba.
-¿No te he contado quién es Emma, verdad?-, Regina hizo un gesto exasperado, -habla, sino te vas a envenenar-, se conocían tan bien que soltaron la risa, -ya que insistes-, les ofrecieron ginebra y tras rechazarla continuaron con su plática, -la conocí cuando ella tenía diez años, tenía una cámara de juguete pero tomaba algunas fotos, su pasión por la fotografía me llamó mucho la atención, para ser una niña era demasiado madura y su talento no tenía límites-, continuó hablando hasta que se dio cuenta que Regina no le prestaba atención, -y es casi perfecta-, hizo un par de bromas y solo consiguió un 'aja' de parte de su amiga, -Mills préstame atención-, la diseñadora la miró asustada, -creí que se estaba cayendo el avión-, las carcajadas se hicieron más fuertes, -¿y por qué es casi perfecta?-, Regina sonrió, -ah ya sé, no es lesbiana-, era bien conocido por Regina que Ruby, siempre se había definido "con dudas" razón por la cual seguía con su vida de soltera, Regina en algún momento de su juventud, también se definió como "dudosa" cosa que desapareció con la llegada de Robin a su vida.
La diseñadora dijo que era algo mucho peor que eso, -¿está casada?- negó
-me rindo-
-se está ordenando como religiosa-, Regina dejó de digitar y abrió los ojos como platos, -no inventes-, jamás habría creído que su amiga de toda la vida podía conocer a alguien del clérigo.
Las siguientes horas de vuelo trascurrieron entre charlas traviesas, chismes y el tema preferido de Ruby, Emma, como si la historia de la fotógrafa tuviera que a fuerza interesarle a Regina.
Mientras tanto en Valladolid, Emma estaba a la espera de Ruby, según ella, a eso de las dos de la tarde se estarían hospedando en el hotel y a las seis lo esperarían en el salón Diamante del centro de convenciones junto al Palacio de Santa Ana, donde se llevaría a cabo la primera de muchas fiestas de la semana de la moda.
Eligió un traje negro de falda tipo pitillo con camisa púrpura, pantimedias negras y tacones no muy altos, ante todo debía estar cómoda, se maquilló, demasiado para su gusto y pensó en que las monjas no tendrían que sufrir por que tonos usar de día o de noche, su cabello era su más preciado bien, sabía que debía ocultarlo bajo el hábito, pero ahora podría presumirlo, lo dejó libre sobre su espalda, la gente seguiría envidiando su rubio, natural y muy largo tesoro. Sacó dos de sus cámaras fotográficas más modernas y las preparó, la fotografía era su pasión, y estaba dispuesta a ser la mejor, más cuando su jefe tenía fama de implacable y estricta.
…
En Nueva York las cosas se manejaban solas, la revista de Regina caminaba sin necesidad de tener a la 'jefe puma blanca' encima de cada asunto. La edición de esa quincena estaba por salir a la venta y ya en algunos puestos la exigían con presión. Celebrity era la biblia para las mujeres y la piedra filosofal para los hombres.
-Hola-, saludó Killian, un apuesto muchacho, hijo de uno de los industriales textiles más importantes de la ciudad, quien además de ser amigo personal de Regina era uno de sus proveedores, -¿puedo servirle en algo?-, quien lo atendió en la entrada de la sala de redacción de Celebrity sonreía con misterio, -quiero hablar con Regie-, la carcajada nerviosa de Henry sorprendió a Killian, -da gracias a Dios que REGINA no está, o si no te habría mandado a volar por llamarla de esa manera-, El joven recién llegado no comprendió, -no le gustara que la llamen así sus empleados-, su gesto desdeñoso molestó a el heredero del emporio Mills, -por eso mismo, a mi madre le molestan las confianzas-, tras escuchar aquello el atrevido de ojos azules, se disculpó y salió corriendo de las oficinas de la prestigiosa revista.
Esas eran las situaciones que Henry tenía que soportar día a día. Montones de atrevidos modelos que intentaban hablar con su madre y olvidaban que la fórmula efectiva era el respeto, que a pesar de que Regina tenía fama de despiadada jamás le faltaba al respeto a sus empleados aunque a veces la sacaran de casillas.
Continuó trabajando como hacia todos los viernes, en la revista. Se encargaba de los books de las nuevas modelos y la revisión de la redacción de las crónicas que hacían parte de 'Nueva York contada', su sección favorita del magazine. Mientras sacaba unas fotocopias, observó la oficina inmaculada de su madre, hacia pocas horas que se había ido y ya la extrañaba. Cuando creciera soñaba ser como ella, por lo menos la mitad de lo que era la famosa Regina Mills.
A veces pensaba que era un poco injusto al querer más a su madre, cuando claramente el era la luz de los ojos de su padre. Había leído un artículo de internet donde un sicólogo explicaba que no era grave tener preferencia por alguno de los progenitores, la mayoría de los niños sentía favoritismo por sus madres, contrario de las hijas mujeres que preferían más a sus padres.
Recordó las frases de aliento y los cientos de enseñanzas que le había dado Regina, si la prefería era porque lo merecía y nunca le iba a fallar. Lo pensó mejor, solo había una manera de que Henry se sintiera defraudado, que Regina dejara de luchar para conseguir la felicidad, que tanto le había inculcado se debía perseguir, sin embargo en esa búsqueda de la felicidad, muchos podían salir lastimados, incluso Robin.
La llegada al aeropuerto de Valladolid estuvo bien, sin embargo el desembarque resultó fatal, los cientos de flashes sobre el rostro de Regina estaban logrando enfadarla, entrevistas y preguntas tontas estaban acabando el trabajo. Y eso que hasta ahora estaba empezando la semana.
-Las maletas-, Ruby ordenó que recogieran el equipaje, en especial las maletas azules donde tantos tesoros llevaba, estaba empeñada en que su amiga se viera más que hermosa, y como siempre lo iba a conseguir.
El camino hasta el hotel fue largo, más de diez kilómetros en un auto último modelo lograron cansarla, estaba algo ofuscada y quería que toda la acción de su trabajo la hiciera vibrar. El agite de los desfiles, el corre-corre de las sesiones de fotos, la ira al no conseguir el tono deseado, la molestia con las modelos, los chismes que no servían y hasta las coreografías mal hechas, eran su pasión, era la energía que entraba por sus venas y la hacía sonreír.
A la llegada del hotel se sintió satisfecha, ya había montada una tarima gigante de la cual salía una pasarela de más de doce metros, las luces las estaban terminando de montar, oyó las pruebas de sonido y entonces sintió que la sangre le hervía y las sonrisas salían sin razón aparente.
-Voy a hablar con Emma, mientras tanto descansa-, le besó la mejilla, -cuando te entres a bañar, dejaré el traje sobre la cama-, se dieron la mano en un gesto que las dos sabían desde que se habían vuelto amigas, después de un beso, tomaron rumbos diversos.
Emma que había visto a Ruby desde lejos corrió a saludarla, hacía más de cuatro años que no se veían y el saludo fue tan efusivo que causaron varias miradas a su alrededor. Los halagos de Coco hicieron sonrojar a la fotógrafa que aún no se acostumbraba a la forma de ser tan folclórica de su amiga. Le preguntó por su jefe y tras indicarle que ya estaba en la recámara quedaron en verse en la fiesta de apertura del desfile principal de Valentino.
Ruby sabía los colores que Regina siempre debía usar. Aunque la gama de tonos tierra le quedaban de maravilla, muchos coincidían en que el rojo y el negro eran los colores que resaltaban su belleza, de ahí que el traje diseñado por Coco, tuviera esas tonalidades y unos detalles que sabía la harían lucir perfecta y deslumbrante.
La parte de arriba era en seda negra con un escote pronunciado y sin tirillas para sostener, la cinturilla terminaba en punta de barco y cerraba con una flor del mismo color adornada con swarovski. La falda, que sin duda era la parte favorita de Ruby, era rojo cereza con dibujos de filigrana en negro, era ajustada al principio de la cadera, pero con vuelo al finalizar sobre los tobillos delicados de Regina. El complemento perfecto eran los zapatos de Jimmy Choo, eran negros despuntados y con cristales del mismo color. Todo maravillosamente puesto para que luciera tan hermosa como realmente era.
Los labios los pintó de rojo y los ojos los profundizó con sombras negras y algo de iluminador sobre los pómulos, aplicó rubor coral difuminado sobre las mejillas de manera ascendente logrando perfilar su rostro. Esparció brillo sobre el pecho y colocó una gargantilla de rubíes, -rió al pensar, que era una forma de llevar a Ruby cerca de su pecho- le acariciaba el arco del busto con delicadeza y provocación. Eligió dos anillos, uno negro y otro del tono de la falda de su vestido, uno para cada mano, en el índice derecho y en el corazón izquierdo.
El perfume especial de Estée Lauder lo aplicó por todo su cuerpo, llenando de exquisita aroma cada centímetro de su piel, tras de las orejas embellecidas por un par de pendientes iguales a la gargantilla, regó cuatro gotitas de la fina fragancia, sí la besaban allí podría provocar toda una explosión de sensaciones y ni que decir de la esencia sobre su pecho o en la piel suave de sus piernas. Estaba hermosa y se estaba esmerando tanto en su arreglo que, parecía dispuesta a conquistar a toda una legión de caballeros apuestos y atrevidos y como negarlo una que otra mujer, seguía sin entender que le ocurría, o cual era la razón para que estos pensamientos llegaran a su mente.
Luces y una alfombra roja, todo dispuesto para la gran gala de lanzamiento de la semana de la moda de Valladolid. Los fotógrafos acomodados en cada lado de la pasarela no dejaban de disparar sus flashes a cada instante, cada uno quería capturar el mejor momento de los invitados y las estrellas del diseño, que luchaban por remarcar su nombre en el salón de la fama del diseño.
Ruby con un traje negro diseño de Regina, lucía terriblemente hermosa, enfundada en ese vestido se veía mucho más atractiva y simpática. Junto a Emma se dio cuenta que palidecía un poco, su toque encantador e interesante, tenían cautivada a más de uno, que ya le había puesto el ojo, pero ella seguía firme en su vocación.
-¿Sigues firme en tu idea absurda de servirle a Dios?-, Emma le dijo que no era absurda y ratificó que nada ni nadie lograría que ella desviara sus pasos de la senda hacia el todopoderoso, -deja que te presente a un par de amigas y verás cómo se te olvidan esas palabras-, la fotógrafa no le dio importancia a Coco, sabía, que le encantaba picar esa parte de ella, desde un día, años atrás, que notó como Emma le miraba los pechos, siempre le restó importancia y siguió con la firme creencia de que aquello era simple admiración a alguien que tenía, según Emma, una figura mucho más escultural que la propia; Continuó disparando el flash, cuando la figura bien cuidada y perfectamente arreglada de una dama a dos colores se cruzó por su lente. Era hermosa y el cabello liso, bailaba al vaivén de su cadenciosa caminata sobre la escalera del salón Diamante.
Muchos guardaron silencio, mientras la dama del buen vestir caminaba con elegancia hacia el centro de la pasarela, donde algunos diseñadores la esperaban para halagarla. Emma guardó silencio y la fotografió tantas veces como le fue posible.
-Llegó el diablo-, murmuró uno de los fotógrafos, -¿qué cosa?-, un periodista que seguía anonadado le contó a Emma quien era la mujer a quien ella miraba con tanto interés, -¿no me creo que sea tan terrible?-, alguien bromeó que era mucho peor, -cuando la conozcas sabrás que es el pecado en persona, ¿no la ves?-, sonrió exhibiendo esa mirada felina capaz de hipnotizar, mientras se pasaba las manos por el cabello.
Ruby le ordenó que la siguiera, era hora de conocer a su jefe, -como quieras, pero después me presentas a alguien que vi-, la mirada de Coco fue inconfundible, -¿no que nada te quebrantaba la vocación?-, y hasta ese momento creía que nada podía sacarla del camino que había elegido, pero se equivocaba.
Regina respondió dos preguntas y se dejó fotografiar junto a Donatela, exhibiendo los regalos que le había dado a su colega. Dejó que algunos comentaran sobre su traje y cuando creyó prudente comentó que era diseño de Ruby a quien consideraba la mejor diseñadora.
A pesar de seguir dando las declaraciones sus ojos se cruzaron con los de Emma, y una nube de juegos pirotécnicos empezó a explotar en todo su torrente. Soslayó la mirada de la mujer y sonrió para la cámara, segundos después viró y quedaron dándose la espalda, como si así lograran ignorar la presencia de la otra.
-Emma quiero que conozcas a Regina, tu jefe-, juntas voltearon a verse y la sorpresa se dibujó en sus rostros, -mucho gusto-, dijo la diseñadora al tiempo que una descarga eléctrica le recorría la espina dorsal, -el gusto es mío-, le estrechó la mano y un calor extraño le quemó el interior del estomago, ese fuego del que su consejera Granny decía que sentiría, cuando disfrutara de una pequeña parte de los placeres del mundo, pero quizás la más importante, el amor.
Ruby se sintió como mal violinista y aunque se odió por romper el momento tejido entre sus dos amigas, interrumpió, -ahora sí, ¿a quién querías que te presentara?-, Emma sonrió haciendo que Regina contuviera el aliento, -a mi jefe, a ella-, sonrieron al tiempo y se sintieron como adolescentes que no saben que decir, -en ese caso, yo voy al backstage y prepárense para el desfile-, las dos asintieron y tomaron asiento en una de las mesas principales.
A pesar de que había decenas de bebidas alcohólicas, notó que Regina recibía una copa de vino y la cambiaba por otra de color diferente, lo que le generó inquietud y sorpresa. Pensó que bebía algún trago especial, ¡presumida!, luego que le agregaba alguna sustancia extraña, ¡desmedida!
-No bebo, y suelo arreglarlo todo, para que me den soda o agua con colorantes-, en un mundo donde todos bebían y hasta ingerían otro tipo de sustancias le pareció admirable, -entonces salud-, chocaron sus copas y sus miradas no se dejaron de entrelazar, ni siquiera cuando anunciaron que el desfile comenzaba y podían disparar el flash a toda velocidad.
Tras asistir a sus clases de equitación, se encontró con que su padre había tenido que salir al pozo de Louisina, según por el mensaje escrito junto al teléfono, una de las instalaciones hidráulicas estaba presentando problemas y su presencia era necesaria.
-¡Claro, como siempre!-, a veces le molestaba más que su padre se fuera, no podían culparlo de injusto porque con su madre podía compartir en la revista y cientos de actividades que el siempre exigía. No era caprichoso, sólo disfrutaba de ser la luz de los ojos de alguien, cuyo nombre estaba escrito en oro y brillaba con luz propia.
Se recostó en uno de los sillones y con una caja de colores empezó a dibujar un traje, que esperaba aprobara su madre para la siguiente temporada. Encendió el equipo de sonido y una canción salsa sonó, ojala que algún día pudiera volver a ver a Regina bailar, hacía tanto tiempo que no la veía relajada y disfrutando de sus aficiones, que ya había olvidado la última vez que eso había sucedido.
Suspiró cansado y retiró la libreta con el boceto, esperaba que el tiempo pasara rápido y pudiera ver a su madre, aunque se temía que el famoso viaje, le devolvería a su progenitora algo cambiada, y no es que tuviera poderes, solo una conexión terriblemente fuerte con su preciosa y singular mamá.
Sí le hubiesen preguntado el color del traje que usaba la modelo que acababa de desfilarle en la cara, no habría podido responder, tenía la mente en el mar profundo que se alzaba dentro de los ojos de su fotógrafa y, ella que era experta en colores y tonalidades, no podía descifrar el color exacto que tenían, y eso la estaba inquietando. Tenía las manos frías, no frías no, heladas, sus uñas golpeaban el cristal fino de la copa que poco a poco bebía y sus labios al contacto con el líquido dentro de ella provocaban un sonido extraño, Emma imaginó que así sonaban sus besos.
Siguieron mirándose sin dejar de contarse cosas que nada de importancia tenían para muchos, pero que sin saberlo estaban tejiendo un lazo irrompible entre los dos. Regina acababa de saber que el juego favorito de Emma cuando niña, era la golosa, casualmente el mismo que a la diseñadora la había mantenido ocupada por largas horas. Sin poder evitarlo rieron dichosas, a las dos les gustaba el agua con goticas de limón y aunque a la diseñadora le gustaba jugar dominó, Emma prefería 'verdad o reto'.
El último traje que se desfiló era diseño de Regina y aunque nunca se sentía lo suficientemente orgullosa para elogiarse, no pudo dejar de sonreír cuando Emma comentó, que era el vestido más hermoso de toda la noche, -quien lo diseñó, tiene demasiado talento-, la guapa Regina se mordió los labios, y ella dizque fuerte en su vocación, dejó caer la copa sobre la mesa, regando todo su contenido, llamando la atención de la mujer, cuyos ojos eran los más perfectos que había visto, mucho más que los del niño Jesús en la estampita que guardaba en la billetera.
-Gracias-, le dijo, -el traje es mío-, sonrió como gata que recibe caricia de su amo y continuó bebiendo.
A su lado se arremolinaban grupos de modelos que querían sus impresiones, diseñadores que esperaban por retratarse con ella, y montones de fotógrafos que esperaban su mejor pose, lo que les garantizaría un excelente sueldo.
-¿Los ves?-, señaló los tres grupos, -¿qué pasa?-, vació el contenido de su copa en otra y rechazó una de vino que dos meseros corrieron a ofrecerle, -ellos-, punteó a los diseñadores, -son sólo un grupo de hipócritas, ahí sonríen y se halagan hasta casi empalagar, pero tan pronto como se dan la espalda, se despedazan, critican sus diseños y aseguran que jamás habrían hecho algo como eso, sin embargo la siguiente temporada, Bertolli usará los mismos colores que Lanzel, y él las líneas de Cantillo, y así la lista continua-, Emma no pudo evitar tomarle las manos, -y ellas-, al dirigirse a las modelos, éstas sonrieron buscando algún halago de Regina, -flacas, deslavadas y sin gracia, se mueren por probar los pastelillos de chocolate, pero con solo imaginar que subirán de peso, se muerden la lengua para no hacerlo. Son vacías y sus sonrisas parecen pegatinas que se quitan y ponen, cada vez que salen a la pasarela necesitan un contrato, no son sinceras y aunque ahí están abrazadas y juran ser las mejores amigas, solo necesitas verlas tras bambalinas donde sus verdaderas personalidades salen a flote, se cambian el maquillaje, y hasta esconden los vestuarios para hacerse quedar mal-, la fotógrafa estaba sin palabras, ella sabía de lo que hablaba su jefe, pero no podía creer que hablara así, y no era cuestión de tragos, ¡era de sinceridad!.
El último grupo, los fotógrafos, de ellos no había tanta critica, solo compasión. –No tienen la culpa de tener que cazar la mejor imagen para sobrevivir, aunque destruya. De eso yo también soy responsable, pago más cuando la foto revela más de lo que se debe, pero no creas tengo mi código, nunca publico fotos que puedan destruir matrimonios con hijos-, Emma la miró confundida, -soy mala, pero no tanto-, ella no estaba muy segura de su grado de maldad.
Dos fotógrafos le pidieron permiso para retratarla y la morena accedió. Sus ojos revelaban una fuerza que Emma jamás había visto, brillaban como los cientos de focos que adornaban las calles en navidad y de fondo dejaban una pregunta en el aire que ella se moría por contestar.
Antes de continuar hablando Coco se acercó y le besó la mejilla, -ya sabes cómo es-, le mostró el grupo de diseñadores que lo esperaban, -no te preocupes, una hora más y desaparezco-, se abrazaron en un gesto tan personal que Emma quiso hacer parte de él.
Cuando Ruby las dejó solas, sintieron que la intimidad del instante perfecto las envolvía, se acababan de conocer y se sentían tremendamente cercanas.
-Y aunque no lo crea en este mundo, yo soy una mujer normal que espera aprender algo antes de irse a dormir -, cruzaron sonrisas, -pero ¿qué hay de usted?-, Regina hizo una mueca similar a una insinuación, -ya Coco se lo dijo, de resto no hay mucho que decir, mi madre murió hace unos meses y no tengo padre-, la diseñadora sintió pena y esperó a que su empleada hablara porque parecía morderse la lengua para contener un torrente de palabras, -¿puedo hacerle una pregunta?-, Emma sintió que la fuerza de voluntad respecto a su futuro se diluía como tinta en agua, mientras Regina asentía, -adelante-, entrelazaron los dedos sin darse cuenta y no pudieron evitar las sonrisas coquetas, -¿cree en el amor a primera vista?-, las mejillas de la implacable morena, se sonrojaron, -no-, la risita la puso en evidencia, aunque en los ojos de la inquietante rubia cuya mirada parecía quemarla, había decepción, -¿ahora puedo preguntarle yo?-, hubo un si callado y ella habló, -¿cómo es que una casi monja, me hace esa pregunta?-, la boca de Emma se secó, -yo solo…-, no sabía decir mentiras, -usted no puede responder si me sigue mirando los labios de esa manera-, se pasó los dedos muy cerca de la boca y vio como la novicia se saboreaba.
El silencio que los sobrecogió aunque a su lado había mucho ruido, pareció dejarlos desnudos, tan expuestos que casi podían leerse los pensamientos.
-Buenas noches-, dijo Regina incapaz de controlar su pulso y mucho menos sus pensamientos, -descanse-, se dieron la mano, pero se arrepintieron de hacerlo, porque sus cuerpos experimentaron la descarga abrumadora de lo prohibido, aquello que siempre sería más apetecido.
Como si estuviera cubierta por una nube de humo, salió del salón de convenciones dejando sola a su fotógrafa, sin que nadie lo notara, la mayoría de invitados ya estaban perdidos en alcohol y los que no, ya cerraban los ojos del cansancio. Dio los pocos pasos que le faltaban para llegar al hotel y sin esperarlo sintió las manos de Emma cerrarse sobre su brazo.
-Tiene razón, no puedo responder si le sigo mirando los labios-, ella la miró inquieta, -pero podría hacerlo, sí los pruebo-, las luces de la ciudad se apagaron y, solo dos gatos que cruzaban el parque fueron testigos de un beso…el inicio de una cadena de pecados.
Continuara…?
No me culpen por ser mala xD... déjenme saber que les pareció
