Aquí está el segundo capítulo de mi fic, ¡disfrútenlo!


Capítulo 2: La decisión de Cymbeline, el duro entrenamiento.

-Brago, no importa lo que pase o incluso si me cuesta la vida, ¡tú vas a ser el rey del mundo mamodo! –Cymbeline estaba realmente decidida.

-Pero para llegar a eso primero tienes que entrenar, saber enfrentarte a tus enemigos, tu eres muy débil, al igual que el resto de los humanos, no entiendo por que tenemos que hacer equipo con ustedes –el mamodo sólo se resignaba.

-Sé que no te agradan los humanos y mucho menos que tu poder provenga de ellos, pero entiéndelo, sin nosotros ninguno de ustedes los mamodos podrían hacer algo así que confórmate y nunca me subestimes.

Y así, empezaron a entrenar, tanto en el día como en la noche. Cymbeline en ocasiones se cansaba demasiado, se caía al suelo y pensaba que ya no iba a poder aguantar más, pero siempre sorprendía a Brago volviéndose a poner de pie.

-Ya te cansaste. Un mamodo no estaría cansado después de eso.

-Esto no es nada…tengo otras cosas…de que preocuparme –la chica hacía lo que podía.

Brago no sabía de qué estaba hablando, pero de todos modos no le importó.

Después de un tiempo, Cymbeline se convirtió en una gran adversaria para las distintas batallas.

Aunque Cymbeline fuera una humana tenía tanta fuerza como un mamodo, inclusive para derrotarlo sin que usara conjuros por parte de Brago.

Cymbeline daba lo mejor que tenía en cada batalla:

-¡Reisu!

-¡Gigano reisu!

-¡Reisu!

-¡Aion Gurabirei!

-¡Gigano reisu!

-¡Dioga Gurabidon!

Cada vez podía leer más conjuros en el libro negro y eso los hacía más fuertes a ambos.

Cada batalla que tenían, siempre la superaban, cada obstáculo, cada dificultad los enfrentaban con decisión y pasión.

Pero todo cambiaría después de unos días.

Cymbeline conocía muchas historias sobre los mamodos y quería averiguar si eran reales o falsas, tenía una pregunta en especial para Brago sobre una mamodo en especial y esperaba ver el momento para ver que reacción tenía con eso.

-Brago…

-¿Qué? –preguntaba él sin mucho interés.

-Quiero preguntarte algo…

-…

-Es sobre una mamodo, que no se si exista en su mundo.

-¿De quién hablas? –inquirió con una pizca de curiosidad.

-De una mamodo llamada Arashi, dime ¿la conoces?

Brago tardó un momento en contestar.

-No, nunca he oído hablar de ella.

-Ah bueno…

Pero Cymbeline no estuvo muy segura sobre la respuesta que Brago le dio, pero no le importó, tal vez, se dijo a sí misma que esa era sólo una historia, pero aún así trató de preguntar otra cosa.

-¿Existen unos diamantes de cristal en el reino mamodo? ¿Los que les son otorgados a los mamodos cuando nacen?

-Así es, a cada uno sin falta, le dan uno. De hecho, estos cristales vienen acompañados del libro de conjuros, que se crea cuando un nuevo mamodo aparece en nuestro mundo. Ya es problema de cada quien si lo quiere conservar o no.

-¿Pueden cambiar de color, no?

-Sí –respondió el mamodo cortante.

-Se supone que cambia por alguien ¿o no?

-¿A qué te refieres? –Brago se estaba inquietando con tantas preguntas.

-A que yo conocía una historia y según ella, dice que estos diamantes les indican a ustedes los mamodos con quien podrían estar en un futuro no muy lejano, en otras palabras, te dicen de quién están enamorados ¿o me equivoco?

-No, estás en lo correcto.

-Entonces, esas cosas cambian de color cuando se enamoran ¿cierto verdad?

-Sí –Brago se estaba cansando.

-El tuyo es de color negro supongo, como tu libro.

- …

-¿Brago? ¬¬

-Sí, es negro.

Y eso hizo que Cymbeline sospechara aún más, porque según la historia que leyó, Brago estaba enamorado de una mamodo llamada Arashi.

Continuará...


Capítulo terminado. ¡Arigato a todos!