CAPÍTULO II

Me aterré cuando vi que se acercaba ¿Era un fantasma? ¿Su espíritu no estaba descansando en paz? Esto tenía que ser mi culpa por destruir algo que ella amaba tanto. Tal vez había descendido de lo más alto para castigarme. Mi respiración se aceleró y cerré los ojos cuando la tuve frente a mí, estaba aterrado.

- ¿Souichi eres tú? Preguntó con una dulce voz.

Despeinó mi flequillo y luego secó con delicadeza mis lágrimas. Podía sentir el agradable calor que provenía de su tacto, ella no podía estar muerta, esta persona era real. Sujeté bruscamente sus muñecas, asustándola, y observé con cuidado sus facciones. Claramente pude notar las marcas del paso del tiempo en su rostro, no era idéntica a como la recordaba. Cambió, su alma envejeció.

- ¿T-tú no puedes ser real, cierto?

Se impresionó por mi pregunta y evadió mi mirada concentrándose únicamente en el suelo. Se puso nerviosa y cuando intentó escapar la detuve. No entendía lo que sucedía, era incomprensible que estuviera tomando su brazo después de tantos años. Después de verla partir. Si esto se trataba de un sueño que cruel sería despertar, desde el fondo de mi corazón rogué porque esto fuera real.

- ¡Lo siento! Perdóname por favor. Me arrodillé frente a ella para que me disculpara.

- ¿Eh? Pero parecía no comprenderlo.

- Siento haber sido el causante de que el incendio consumiera nuestra casa. Por la venganza de un idiota perdí un recuerdo que era muy importante, el tuyo. Te ruego que me perdones.

Me mantenía de rodillas y no soltaba su mano. Estaba tan arrepentido que antes de que este sueño terminara quería escuchar su perdón aunque fuera sólo una ilusión. Igual que yo se puso de rodillas y rompió en llanto en el momento que me abrazó. Me sentí muy emocionado, lloré mientras correspondía su abrazo y llegaba hasta mí su olor maternal. Distinguía la fragancia del shampoo de flores que solía usar. La extrañaba tanto y me había hecho tanta falta por un largo tiempo. Intenté compartirle mi sentir pero mis palabras no se acomodaban correctamente en mis labios y de mi boca sólo salían palabras aisladas y frases sin sentido ¿Cómo expresar la soledad de tantos años o el cariño guardado a través del tiempo?

- Yo no tengo nada que perdonar. Después de lo que hice, luego de tantos años, me quedé sin ningún derecho como tu madre.

- ¿Pero de que hablas?

Sus palabras me desconcertaron. Al tenerla aprisionada en mis brazos y sentir el latir de su corazón sabía que estaba viva. El querer convencerme que era un sueño era un acto para encontrar lógica a este enredo. Pero no era la verdad. La mujer que tenía en brazos, mi mamá, guarda un secreto que de revelarlo sería un fuerte golpe para mi estabilidad. ¿Había logrado superar la muerte? Yo conservaba los dolorosos recuerdos y el maldito olor del hospital. Yo la vi dormir en un profundo sueño y me dijeron que no despertaría más. Aunque no estuve presente durante su funeral papá me dejó a cargo de mis hermanos para asistir, ese no era un lugar para un bebé como Kanako.

- ¿Acaso tu padre no se los dijo?

Se separó de mi lado y notó mi confusión. Nos sentamos en la acera y su explicación continuó.