2. Tom Marvolo Riddle
Tom Marvolo Riddle, mejor conocido como Lord Voldemort, estaba de pie en medio de una sala desconocida. Su mirada, era más sombría que de costumbre. ¿La razón? Encontró a su hija… viviendo con muggles.
Tras una larga búsqueda dio con ella, y resultaba que la chica en cuestión, era nada más y nada menos que la mejor amiga de su enemigo: Harry Potter.
¿Quién se hubiera imaginado dicha suerte?
En su rostro se pintó una mueca que aparentemente debía de pasar como sonrisa.
Todo resultó mejor de lo que había pensado: el ministerio se estaba derrumbando en pedazos; Cornelius Fudge abandonó su puesto y fue sustituido por Percy Weasley, un chico con muy poca experiencia como para controlar la situación de manera apropiada.
Actualmente el Weasly no manejaba tan mal las cosas, sobre todo al decir que Fudge salió del país para atender algunos asuntos de suma importancia.
Aunque claro, él estaba mucho mejor informado que cualquier otra persona en el mundo mágico, pues tenía uno que otro espía infiltrado en el ministerio... Fue de esa manera como obtuvo información acerca del paradero de la chica.
Al parecer, Amanda; la madre de su hija, la abandonó en la puerta de una casa desconocida. Sus recuerdos lo llevaron a sus años en Hogwarts, cuando la conoció dándose cuenta que ambos compartían un oscuro pasado y tenían las mismas aspiraciones.
Amanda quería encontrar al padre muggle que las abandonó; a ella y a su madre, para asesinarlo con sus propias manos, luego del abuso que ambas tuvieron que soportar. Él por igual, quería deshacerse de las personas que tenían el privilegio de ser introducidos en el mundo mágico…
en su mundo mágico.
Respiro profundamente. Los dos se alimentaban del dolor de otro…
Su tren de pensamientos se vio interrumpido por uno de sus seguidores, respiró profundo y en su rostro se hizo evidente el enojo.
-Mi Señor, la chica ha aparecido en la esquina y se dirige hacía aquí. -
Voldemort asintió y sostuvo la varita con más firmeza; conocía el temperamento de la chica. Las cosas no iban a ser fáciles, claro que no, trató de evitar decir quién era por esa misma razón.
Por un momento consideró la opción de torturarla para poder obtener la información que necesitaba, Incluso estaba dispuesto a matar a quien
fuera que osara oponerse a cualquiera de sus decisiones. Pero temía, que si ella no cooperaba, tendría que recurrir a las maldiciones.
Volvió a sumergirse en sus recuerdos…
Mantuvo una relación con Amanda hasta el séptimo año, pero ya al salir de la escuela no supo de ella hasta que la volvió a ver, hacía más o menos un año.
La había encontrado alejada en las montañas…
… Lord Voldemort caminaba a oscuras con la luz de la luna que se colaba a través de los árboles iluminando un poco el camino.
El crujir de las ramas en el piso hizo que perdiera la paciencia en uno u otro momento, odiaba el ruido. No había otra cosa en el mundo que lo pudiera sacar mas de quicio, que el ruido de algo mientras el disfrutaba del silencio.
Levanto la mirada. Ahí estaba, la cabaña: Hecha de piedras, y camino de caliche. Se notaba que las rocas fueron puestas cuidadosamente tratando de hacer la superficie lo mas lisa posible. No fue un trabajo fácil, lo sabia, pues el fue participe de su construcción.
El techo hecho de paja, le daba el toque final.
Tenía una cerca, poco perceptible para alguien poco observadora, pero totalmente visible para una persona que no estuviera invitada a ese lugar. Se encontraba localizada en un claro del bosque, a unos cuantos metros del rió. Podía escuchar el susurro de este al pasar por las rocas.
Cuando finalmente se detuvo, tocó la puerta de la cabaña. Trato de verse lo más humano posible pero había sido difícil porque su rostro y su
cuerpo tenían rasgos de serpiente; su nariz se había convertido en dos ranuras y sus ojos eran ligeramente amarillentos, con el iris color marrón rojizo.
Había perdido el pelo, pero con una poción resolvió ese problema. Llamó a la puerta. Pasaron unos pocos minutos y empezó a impacientarse.
Una señora la abrió; Esta era de tez blanca y una que otras arrugas en la cara, Llevaba puesta una falda y una camisa de cuadros; tenía el pelo castaño, un poco canoso. En ese momento lo llevaba suelto y uno que otro rizo frágil se enmarcaba en su rostro. Tenía unos grandes ojos marrones.
Debía de rondaba cerca de sus cuarentas.
La mujer le examinó por un largo rato, hasta que en su rostro se reflejó la sorpresa y levantó sus manos para cubrirse la boca por el asombro.
-Por Merlín… - susurró ella. Voldemort sentía que lo que hacia no era buena idea.
-Hola – dijo él secamente.
La mujer se hizo a un lado, dejándolo pasar a la pequeña y humilde casa.
Las paredes no estaban pintadas así que mantenían su respectivo color gris de las rocas de la cual fue construida. Había una televisión en medio
de la sala, un sillón y un niño sentado en una alfombra. El pequeño levantó el rostro y lo observó con curiosidad pintada en su rostro infantil.
Debía de tener alrededor de tres años.
El niño continuó mirándolo con curiosidad incluso después de que Amanda le ofreciera asiento; se sentía como un extraño en ese lugar.
-Iré directo al punto – dijo Voldemort mirando a mujer una vez más -: necesito saber dónde está mi descendiente.
-¿A qué te refirieres? - preguntó ella. La mujer movió su pelo castaño al otro lado de su cuello, cruzó las piernas y lo miró atentamente.
-Veo que no pierdes tu encanto – murmuró él sonriendo complacido, recordaba que ella solía hacer eso en modo de coqueteo.
-La vejez es un estado mental, Tom – respondió ella con una sonrisa parecida a la del hombre. Sacó una caja de cigarrillos del bolsillo del vestido, tomó uno y lo encendió.
-Eso dicen…- Se mantuvo en silencio. Volvió a mirar al niño y este le devolvió la mirada, Voldemort alzo una ceja.
El niño tenía los ojos de color violeta. Retiro la mirada y miro a la mujer.
-Ahora, Amanda, ¿dónde se encuentra? Sé que lo tuviste…-
-¿Cómo puedes estar tan seguro?-respondió ella a la defensiva, levanto el cigarrillo y se lo llevo a los labios. Inhalo, y respiro de manera profunda. El humo salio por su nariz.
-Tengo pruebas, así que no pienses siquiera en intentar engañarme – dijo él y por un momento su tono de voz fue amenazante.
Se acercó al sillón donde ella estaba sentada –. No tienes ni la menor idea de quién soy, Vyse.-
-¿Volvemos a llamarnos por apellidos, Riddle? – preguntó ella. Inhaló humo del cigarrillo y luego lo dejó escapar lentamente, sosteniendo el cigarrillo entre sus dedos.
Respiró profundamente; la mano libre agarró un rizo de su pelo y lo apretó ligeramente haciendo que este perdiera su forma
– La dejé frente a una casa – respondió finalmente. Movió sus piernas de lugar y continuó mirándolo. Voldemort la miro a los ojos, tratando de
leerla con más precisión.
-¿Qué quieres hacer con la niña? – preguntó ella –. Sé las cosas que estás haciendo, Tom. Son horrendas son… Inhumanas – su voz tembló ligeramente al terminar de decir eso.
Tom la tomó fuertemente por las muñecas, la levanto del sillón y la puso contra la pared. -Lo que estoy haciendo no es horroroso, Amanda. Estoy tratando de limpiar el mundo de personas como nuestros padres, de personas muggles que invaden nuestro territorio.-dijo en un siseo. La mujer
se estremeció
- ¿Es que no recuerdas cuáles eran nuestras aspiraciones? ¿Las que íbamos a completar cuando saliéramos de Hogwarts?-pregunto un tanto decepcionado.
-Yo ya superé lo de mi padre, Tom. Ahora es tu turno de hacerlo - susurró la mujer.
Él frunció el ceño, enojado por la actitud de ella. Colocó una mano sobre su boca y con la otra apretó fuertemente cuello.
-Ahora, te pregunto una vez más, Amanda. ¿Dónde está?- La mujer empezó a forcejear. Notaba como ya casi no le llega aire a sus pulmones. -¿Donde esta?- exclamo desesperado, el sabia que ella era un única alternativa.
Amanda podía observar como las venas de la cien de Tom latían y su mirada era enojada. Estiró el brazo y apuntó hacia una gaveta. Él la soltó. La mujer cayó violentamente al suelo y empezó a toser mientras se sostenía el cuello. Él se acercó a la gaveta y la abrió. De ella sacó una carta y un mapa.
- La casa está marcada con un asterisco – dijo con dificultad.
Voldemort desdobló el mapa y al divisar dicho asterisco asintió. Volvió a cerrarlo y tomando la carta, se acercó a Amanda. Se acuclillo quedando a la altura de la mujer. Él continuaba mirando la carta.
-La carta es tuya- dijo esta. Él la miro y un destello de satisfacción brillo por los ojos de Amanda.
Voldemort le apunto.
-¿Qué piensas hacer? – preguntó ella con cierto temor.
-No puedo dejar nada que indique dónde he estado, Amanda. Además no puedo dejar en el aire a alguien con esa información -. La mujer tragó en seco.
-Tom, no lo hagas. Sabes que puedo mantener la boca cerrada, sabes que sí puedo. No lo hagas Tom-
-No puedo tomar riesgos – murmuró él. Se acercó al rostro de la castaña y con el dedo índice surcó el rededor de sus labios. Una lágrima empezó
su descenso por el rostro de la mujer.
-Morirás, muy pronto Tom…morirás - dijo en un susurro. Tom se levanto.
-¡Te matarán!- gritó.
-Avada Kedavra -.
Un chorro de luz verde salió de la varita y dio justo en el pecho de Amanda. La mujer cayó al suelo con la misma expresión de terror que había visto tantas veces en sus víctimas. No sintió ni una pizca de remordimiento.
Tom miró al niño una vez más. El pequeño se acercó a su madre.
-Está muerta – dijo Tom con voz ronca.
El niño continuó mirando a su madre, y luego levantó su rostro en dirección a él. Voldemort se agachó, quedando a la altura del pequeño.
-Tienes dos opciones niño: te quedas aquí con el cuerpo putrefacto de tu madre, o te vas conmigo - el niño continuó mirándolo pero este no tenía intensiones de hablar.
Voldemort empezó a caminar con dirección a la puerta y él lo siguió. Este se detuvo y volvió a mirar al niño.
– Supongo que esa es tu decisión –. El pequeño permaneció mudo; salió de la cabaña y sujetó su mano -. No me sueltes – dijo Tom.
Sintió cómo la mano del niño se apretaba con más fuerza alrededor de la suya propia…
…La voz de uno de sus seguidores lo trajo nuevamente a la realidad.
-Ya está llegando - le susurró Croke.
Voldemort quería estar presente para cuando capturaran a la chica. En ese momento la puerta de la casa se abrió; hubo un sonido ahogado que venía de donde estaban los muggles. Alguien les apuntó con la varita y volvió a reinar el silencio.
El aire estaba tenso y todos trataban de hacer el menor movimiento posible. Alguien a su lado respiraba de manera ruidosa. La chica cerró
la puerta lentamente y se veía que sostenía la varita con la mano.
Hubieron unos breves segundos de no movimiento. Hasta que ella encendió la luz. En ese momento se vio todo: la casa estaba llena
de mortífagos, y sus padres estaban amordazados en el suelo.
-Expelliarmus – exclamó ella. El haz de luz dio contra la pared.
La sujetaron por detrás. Trató de dar un brinco para poder equilibrar el peso de la persona y al menos tirarlo al suelo, pero le era casi imposible. Una mujer de tez blanca y de cabello color negro algo enmarañado lleno de rizos sin definición, se detuvo frente a ella. Tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro: -Bellatrix – susurró.
La mortífaga le apuntó con la varita y las palabras salieron de sus labios como agua:
-Desmaius.-
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Un Fic con Post, es un Fic Felíz
Así que porfis, háganme feliz y díganme que tal:
si mal o bien,
podrías mejorar en esto o en aquello.
Lo apreciaría.
Besos
