Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.
Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction
Sarai, Yani, como siempre muchísimas gracias por ser mis cómplices en esta y otras tantas locuras!
Las invito al grupo:
www. facebook groups/ eraseunavez. dannysk (recuerden, sin espacios o en mi perfil pueden ir directamente al link)
Por la mañana, los tenues rayos del sol se colaron por la ventana, dando directo en el rostro de Bella. Al estirarse su cuerpo protestó como si hubiera dormido en la misma posición toda la noche. Abandonando la habitación de los niños, caminó con temor por el pasillo que daba hacia la suya. Abrió la puerta, teniendo cuidado de no hacer ruido. Edward estaba acostado boca abajo, dormido y aún vestido, su cabello esparcido como hilos cobrizos por la almohada, y sus labios ligeramente abiertos deberían ser cualquier otra cosa menos algo tan terriblemente seductor.
Tragó saliva, encaminándose apresuradamente hacia el baño, sacudiéndose mentalmente de esa imagen visual. Su esposo era todo menos amistoso o adorable. Dándose prisa, se sumergió en el agua caliente, esparciendo por todo su cuerpo el gel con esencia a fresas, su favorito. Sin embargo, el agua caliente que siempre lograba relajarla esta vez no lo consiguió. Al salir de la ducha, maldijo no haber metido su uniforme al baño, así que con un suspiro, se envolvió en una enorme toalla blanca y salió tan solo para congelarse en la puerta.
Ojos verdes la traspasaron con la mirada. Edward estaba sentado al borde de la cama reclinado hacia adelante, con los brazos apoyados sobre las rodillas, y de nuevo, con esa mirada de hambre que amenazaba con desbaratarla. Sintiéndose casi desnuda ante esos ojos, Bella desvió la mirada, apretando más la toalla que la cubría, pasó de largo hacia su ropa, detestando que a pesar de tener tantos años viviendo juntos, él aún lograra hacerla sentir de esa manera. Se vistió lo más rápido que pudo, sintiéndose en todo momento observada por aquel depredador que tenía por marido. Gracias a todos los cielos que había planchado el uniforme. De forma igual de rápida terminó de abotonarse la camisa. Frente al espejo, comenzó a peinarse el cabello con los dedos, observando de reojo hacia la cama, Edward seguía mirándola. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, pero apretando la mandíbula, evitó que su cuerpo se estremeciera. Todavía no estaba lista, pero no podía soportarlo más, así que sin decir una palabra y con el cabello húmedo, se apresuró hacia el cuarto de los mellizos sin mirar a Edward, ni una sola vez.
—¿Cariño? —Sam se removió entre las cobijas, colocando un bracito sobre su rostro, tapándose del sol—. ¿Bebé?, ya es hora de levantarse.
Con mucha pereza, Sam se levantó, su cabello oscuro apuntando en todas direcciones en esa forma caótica, sus ojitos verdes perdidos en un punto fijo le indicaron a Bella que tendría que apurarse para ayudarle a vestirse. Suspirando se encaminó a la cama de Eli.
—Elizabeth, ya es hora, princesa. —Ella gimió, mascullando algo que Bella no entendió, antes de volver a dormirse.
Tuvo que vestirlos casi dormidos, sus cuerpos parecían los de un pequeño maniquí, el cabello lleno de rizos de su hija hoy parecía un nido de pájaros. Bella suspiró viéndose en la necesidad de hacerle una trenza, y cuando miró el reloj supo que sin duda llegaría tarde al hospital. Una vez que los mellizos vestían el uniforme de la escuela, Bella preparó rápidamente el desayuno, y mientras Sam masticaba distraídamente, la miró molesto.
—Prometiste hacer waffles.
—Lo siento, cariño, se nos ha hecho tarde.
—No, tú no cumples tus promesas... —Estaba refunfuñando cuando pesados pasos se escucharon por las escaleras.
Bella se mordió el labio, podría reconocer sus pasos incluso a kilómetros. Edward apareció en la puerta de la cocina, viéndose impresionante en el traje oscuro que marcaba su tonificado cuerpo, el cabello húmedo indicaba que recién había salido de la ducha, aunque bien podría acabar de salir de rodar algún comercial. Lucía como si no hubiese estado de fiesta toda la noche, como si no hubiera dormido menos que ella. Su loción inundó la cocina al entrar, sus ojos oscuros se suavizaron al ver a sus hijos. Bella chilló cuando aceite caliente la salpicó, ensuciando su uniforme y trayéndola abruptamente de vuelta a la realidad. Su realidad. Enfurecida, comenzó a tallarlo casi de forma frenética, odiando la vida. Mientras que su marido era el desastre andando, se las arreglaba para lucir absolutamente caliente, ¿en cambio ella? Bueno, ni siquiera había tenido tiempo de darle un pequeño retoque a sus ojeras producto de la noche anterior.
O~O~O~O
—¡Paaapiii!
Eli corrió en su dirección, apretujándose con fuerza contra su pierna, arrugando su intachable pantalón. Edward suspiró, poniéndose en cuclillas, tratando de esbozar una media sonrisa, algo que no lo dejara como un absoluto ogro frente a los niños. Le costaba mucho trabajo manejarse alrededor de ellos, se sentía tan fuera de lugar.
—Hola, Elizabeth, hoy los llevaré yo a la escuela, ¿te gustaría eso?
—¡Sí! —canturreó contenta
—¿Por qué? Mami ya está lista… ella siempre nos lleva —preguntó Sam, mirándolo a través de esos ojos verdes tan suspicaces.
—Porque hoy quiero hacerlo yo.
Y luego, dirigió la mirada hacia su esposa, para ver si había alguna objeción de su parte. Ella elevó ambas cejas, parecía sorprendida antes de que se recompusiera, desviando la mirada para continuar haciendo el desayuno, como si no le importara quién de los dos llevara a los niños. Lucía hermosa en su furia. El cabello largo y castaño se esparcía a lo largo de su espalda, haciendo un increíble contraste con su uniforme blanco. Momentos antes había tenido que controlarse al verla cambiándose, su lencería blanca podía ponerlo por las nubes, y odiaba cómo esa puta falda abrazaba su silueta. Ahí en el comedor parecía un ángel, y si no fuera por sus hijos, se abalanzaría sobre ella y la tomaría sobre la mesa. La necesitaba desde la noche anterior, siempre la deseaba. Sin embargo, ella había hecho algo que nunca a lo largo de los años había ocurrido: lo rechazó. Despertando en él una especie de monstruo, de pronto en sus venas corría la imperiosa necesidad de darle caza.
—¡Estoy lista! —gritó Eli, sacándolo de su estúpida ensoñación, extendiendo dubitativamente la mano hacia él.
Edward la tomó en silencio y salieron mientras Sam gritaba adiós, despidiéndose de su madre. Él, por supuesto, ni siquiera la volvió a mirar.
O~O~O~O
Isabella apretó fuertemente el volante, no iba a llorar, no lo haría otra vez. Se concentró en mirar el espantoso tráfico, aunque claro, su mente volvió a él, particularmente al extraño acto generoso de Edward de ofrecerse a llevar a los mellizos. Quizás era su manera de pedir disculpas, quizás… no.
Rebuscó dentro de su bolso en busca del celular para consultar la hora y suspiró al ver que se lo había olvidado, pero ya era tan tarde que no había manera de que pudiera regresar por él. Al llegar al estacionamiento, se bajó rápidamente, pero una de las correas de su bolso se atascó con el asiento, provocando que éste cayera abierto sobre el pavimento, esparciendo todas sus cosas. Bella cerró los ojos, apretando los labios mortificada, finalmente con un suspiro, se colocó el cabello tras las orejas, inclinándose para recoger sus cosas apresuradamente. Era demasiado torpe, ¿pero con prisa? Podía ser toda una calamidad.
—¡Hola, Bells! ¿Se te hizo tarde? —Desde el suelo donde se encontraba, elevó la mirada tan solo para encontrarse con aquellos ojos azules como zafiros mirándola divertidos, se sonrojó sin pensarlo. James era... bueno, muy atractivo.
—Un poco… ya sabes, Sam se quedó dormido y yo…
—¿Edward no te ayudó con los niños otra vez? —interrumpió el rubio.
Bella se mordió el labio inferior, a veces quería cortarse la lengua cuando hablaba de más de su vida personal, pero en realidad él era su mejor amigo, un fuerte soporte en su vida, ¿cómo no hacerlo?
—Sí, sí me ayudó, él llevó a los niños esta vez.
Él agrandó los ojos en claro signo de incredulidad, pero no agregó nada más mientras se arrodillaba a su lado. Una vez que todas sus cosas estaban de nuevo dentro de su bolso, caminó junto a James y entraron al hospital donde ambos trabajaban como enfermeros.
Muchas gracias por por su increíble respuesta! Y tal como se los prometí estoy tratando de actualizar más seguido, espero me den chance para que la historia se desarrolle antes de platicarles porque estos dos se llevan así, nos leemos pronto!
