Disclaimer: Hetalia no me pertenece.

Solo mis de México del Norte y Sur

A través del tiempo

RoMex

Parte 2(Dedicado a RozenSword)

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Continúo ahí... inmóvil, comenzó a sentir como el mundo se oscurecía, solo permitiéndole observar la imagen que se desarrollaba frente a sus ojos. Ahí yacía su amado ángel, cubierto de vendas, respirando con dificultad mientras se encontraba sumido en un sueño del que no parecía que fuera a despertar...

La realidad lo golpeo directo en el alma... ¿Y... si nunca despertaba...?

No... no debía de pensar eso... era alguien muy fuerte; había sobrevivido a la inquisición, a enfermedades que eran desconocidas en sus tierras...
Simplemente no podía... no ahora...

Recordó el último día que se vieron...

. . .

—¡Romano...! ¡fratello Romano! — le gritaba el menor que... realmente ya no era tan pequeño, había crecido bastante, aparentaba alrededor de 14 años, aunque el seguía viéndose mayor, ya que aparentaba 17 y era una cabeza mas alto. Decidió ser bueno y dejar de caminar para permitir que le alcanzara.

—¿Qué ocurre, Nueva España? — pregunto mientras acariciaba sus cabellos, realmente disfrutaba la muerte de esa vieja arpía. Aunque nunca prestaron atención a sus palabras. Siempre lograban encontrar la manera de verse y no ser descubiertos, incluso para evitar ser descubiertos cuando se enviaban cartas utilizaban otros nombres... Noto como al mencionar lo ultimo el chico se ponía algo nervioso— ¿Qué ocurre?

—Emn... veras R-Romano yo... —trago algo de saliva para poder continuar— yo y mi hermano nos vamos a independizar de la Madre Patria— dijo con un pequeño brillo de determinación en los ojos mientras que Romano le veía entre asombrado y preocupado.

—¿E-es... estas seguro...? Bueno es que me parece un paso muy importante y...

Le callo con un leve beso en los labios —Si, estamos seguros, Señor Romano— dijo mientras sonreía con un leve sonrojo, Romano le miraba directamente a los ojos, estos; con un brillo que lograba impresionarlo.

—Hoy nos iremos... mi hermano ya se lo dijo a España— añadió sacando de sus pensamientos al suritaliano, se sintió algo triste; tanto por el hecho de que tal vez ya no volvería a verle, como por la reacción que debió de haber tenido España al escuchar aquellas desgarradoras palabras de la que en esos momentos comenzaría a entrar en proceso de volverse su excolonia.

—¡Hermano, tenemos que irnos! — el llamado que dio el mayor de los mellizos le hizo recordar la separación.

—Nos vemos... Lovino... cenca nimitztlailnamiqui— dijo mientras fugazmente unía sus labios en un beso superficial; pero aun así, colmado de sentimientos; emoción, tristeza, nostalgia y... esperanza... de que en algún momento lograran reencontrarse. Todo eso, sumado a los sonidos de las olas chocando contra las rocas y el reflejo del sol en el mar hacían que la despedida fuera aun más emotiva. Tanto, que al momento de separarse ninguno de los dos pudo ocultar sus lagrimas.

Romano observo como la espalda del menor se alejaba mientras subía a la embarcación a toda velocidad mientras este caía en cuenta de la situación. Corrió mientras el barco comenzaba a emprender viaje, siguiéndole de cerca por el muelle, entrando en contacto visual con los ojos color chocolate de su amor.

—¡Ti amo! — grito lo mas alto como podía, intentando no perder la carrera contra la embarcación— ¡Ti amo y nunca lo olvides bastardo! — esto ultimo lo grito mientras comenzaba a llegar al final del muelle. Solo alcanzo a ver como el contrario sacaba algo de su bolsillo y lo lanzaba a su dirección, este tuvo que saltar un poco para atraparlo. Lo tomo entre sus manos y observo lo que era: un Cristo de plata idéntico al que el le había regalado.

Rápidamente giro su vista hacia la embarcación, y noto que el otro se había desplazado hasta la popa mientras hacia ademan de despedida con una radiante sonrisa y los ojos que no tenían intenciones de detener el llanto. Vio mas atentamente la imagen y observo como alzaba algo que se encontraba en su cuello; era su Cristo, el que el le había obsequiado. Aquel al que le había inscrito en la parte trasera "Lovino". Observo el que el chico le había lanzado, este era prácticamente igual, pero al voltearlo se dio cuenta de que este tenia otro nombre, decía: "Tochtli"...

Apretó el Cristo con fuerza en su mano y lo llevo hasta sus labios para besarlo...

—Te amare... siempre, no importa que ocurra— murmuro en voz baja mientras observaba como el barco se alejaba en el horizonte hasta desaparecer.

. . .

Y ahora... en esos momentos, sentía la insana necesidad de asesinar, estrangular y desmembrar a aquel que le hizo eso...

Y juraría que no era el único, tanto España como su hermano e incluso el mismo Alemania habían ido a visitarle junto a el. Y en los ojos de todos podía observar lo mismo; odio, el mas puro y corrompido odio. Y apostaba que muchos mas, ya varios habían ido a visitar a los mellizos, amigos... familia... e incluso conocidos y el sentimiento era el mismo.

Aunque no en las mismas cantidades, algunos podían llegar a disimularlo fingiendo indiferencia, otros solo maldecían al causante en leves murmullos por seguridad propia; pero solo bastaba ver sus ojos.

El estaba en peor estado que cualquiera, parecía la encarnación del pecado de la ira, había destruido prácticamente todo lo que había en el recibidor al momento de que fue a reclamarle al estadounidense, le había gritado por ser una puta barata, un malparido que solo mancillaba a la humanidad y cientos de otras cosas, pero este solo había respondido viéndole sin el mínimo atisbe de emoción. Como si ni siquiera le importase su presencia y los destrozos ocasionados hacia su residencia.

"¿Y a ti por que te importa tanto lo que le ocurra?"

"¡¿Y a ti que demonios te hizo para que le hicieras tal puñalada por la espalda?! ¡¿Qué mal te hizo?! ¡Siempre estuvo a tu lado! ¡¿No eran amigos?! ¡¿No eran unos putos amigos?!"

"...Yo no quería que fuera solo un amigo, por que el es mío..."

Y esa frase... fue la gota que derramo el vaso; le golpeo en el rostro, una, una y otra vez, lo pateo, golpeo e intento asfixiarlo. Sin importarle que problemas le trajera aquello. No podía... ¡simplemente no podía! ¡Absolutamente nadie podía! ¡Nadie podía ver con esos ojos a su México! ¡Nadie mas que el!

El contrario no reaccionaba, como si la imagen de lo que le ocurría le fuese irreal, solo al momento en que callo al suelo con el labio y una ceja partidos logro despertar. Mientras un objeto que emanaba destellos titilantes se mecía de izquierda a derecha frente a sus ojos. Alcanzo a reconocer su forma... un Cristo... y tenía algo inscrito... "Tochtli", parecido... demasiado para ser una coincidencia al de su vecino...

"¿A-acaso...?"

"Que tonto e ingenuo fuiste al creer que podría a llegar siquiera a quererte como mas que un amigo..."

Y con eso le basto sabiendo que había dado entender su situación y dejando el orgullo obtenido por su "victoria" solo como una niebla que fácilmente se había esfumado.

. . .

Pero aun así en ese momento se encontraban solos... en esa habitación; uno, completamente inconsciente y; el otro... llorando, no por tristeza; no por odio, sino por impotencia. ¿Qué podía hacer? Nada, exactamente nada... y por eso lloraba, por ver como la vida de la persona que mas amo se le escapaba por las manos, justo frente a sus ojos. Y el solo sostenía su mano, apretándola con fuerza, con ambos Cristos unidos entre ellas mientras sollozaba a mas no poder...

Sintió como la mano contraria comenzaba a corresponder el tacto, uniendo la conexión aun más.
Mientras misteriosamente otra mano también se colocaba sobre sus manos que aprisionaban la mano izquierda del castaño. Alzo un poco la vista para ver a quien pertenecía cuando vio que esta pertenecía a la nación latina. Era su mano derecha.

Su llanto se intensifico al observar como le dedicaba una sonrisa algo melancólica pero alegre. Con los ojos un tanto cansados. Sin pensarlo dos veces le abrazo con fuerza dejando en su mano izquierda ambos Cristos y con esta misma mano el contrario comenzaba a sobar su espalda mientras el otro desahogaba su llanto.

—Yo... yo... lamento no haberte ayudado... — decía entre sollozos mientras intentaba regular su respiración.

—No se preocupe... Romano, eso ya esta pagado... — dijo mientras hacia que se separasen para que pudiere verle a los ojos.

—¿Q-que..? ¿C-como? — pregunto mientras el menor se encargaba de secar sus lagrimas mientras esta observaba atento su ojos.

—Por que... fuiste la primera persona a la que vi cuando desperté y... sinceramente, eras a la que mas añoraba ver— dijo para, ser esta ves el, quien le abrazara y comenzara a llorar; pero de felicidad.

Romano se alejo un poco de el para tomar ambos Cristos y colocarle con delicadeza el correspondiente al menor. Mientras este le imitaba colocándole el que al contrario le correspondía.

El ajetreo llamo a los demás que se encontraban en la habitación contigua, se sorprendieron al ver al menor despierto y sin pensarlo le abrazaron con fuerza.

Feliciano le abrazaba mientras gritaba alegremente "vee", mientras que su hermano y el mismo Antonio lo abrazaban llorando; incluso Ludwig se les había unido.

—Oigan lo van a lastimar bola de brutos— gruño Lovino al sentirse excluido.

Tochtli rio un poco al escuchar al suritaliano, obviamente se encontraba celoso. Soltó un pequeño quejido pues todos se encontraban sobre el —V-vamos... Romano, hace mucho que no nos vemos y cuando te veo estas molesto... no es justo— dijo sonriendo levemente para que los demás no se percataran del dolor que sentía emanar de su cuerpo. Puesto que apenas había despertado y se sentía bastante débil, claro; perder mas de la mitad de tu territorio no era algo fácil. Y aun faltaba que su apariencia resintiera esa perdida. Calculaba que aparentaría nuevamente 14 como cuando se independizo de España.

Soltó un largo y cansado suspiro, llamando la atención de los presentes —Hermano...

. . .

Y nuevamente, podía observar ese insano deseo hacerse presente...

No le importaba tener que pelear en su contra... le respetaría como enemigo, conocía la destreza guerrera de su sangre...

Pero...

No peleaba por que lo deseaba...

Y aunque eso le agradara y reconfortara, por otro lado no hacia mas que querer golpearle nuevamente en la cara... Por que nuevamente había sido obligado a ceder; había sido nuevamente manipulado por ese "héroe" y eso solo hacia mas que enfurecerlo. ¿Quería ponerlo en contra suya? Para ser sinceros, en un principio pensó que eso seria una casualidad; una enfermiza y retorcida casualidad... Pero, en vista de los hechos, se dio cuenta de que resultaba ser aun más astuto de lo que imaginaba.

Pero bueno... al menos no había sufrido grandes perdidas; físicas... por que emocionalmente... no dejaba de culparse por su estado.

—¡L-Lovino! — sollozaba fuertemente mientras se aferraba a las vendas que cubrían el torso del contrario. Lagrimas gruesas caían de sus ojos de sus ojos y comenzaban a humedecer tanto los vendajes como la ropa de Romano el cual le veía con una expresión cansada en el rostro.

—No es tu culpa, si el mensaje hubiera llegado a tu territorio directamente tal vez incluso ambos estaríamos en estas situaciones... —"Oh... tal vez, solo uno de nosotros lo estaría" pensó, recordando que seguía siendo fresco el deseo del norteamericano de hacer suyo al latino — fue nuestra culpa, además yo me recuperare rápido; en cambio tu...

Logro que se separara un poco de el para poder ver su cuerpo: parecía tener 14 años, tal como en su despedida, solo que ahora le faltaban sus anteojos, traía puestas unas ropas militares bastante arrugadas y desabrochadas, permitiendo ver la camisa blanca a botones que portaba debajo. Con su fiel paliacate rojo en el cuello ocultando una cicatriz y; debajo de todo eso, el Cristo de plata que el le había regalado. Su altura había disminuido bastante y ahora; si le comparaban con el, era mas bajo por una cabeza y media.

—Lo se... pero si tan solo yo nunca... hubiera confiado en el...— agacho la cabeza con pesadez, mientras Lovino solamente lo observaba, soltó un suspiro y acaricio sus cabellos mientras le besaba en la frente.

—El hubiera no existe... pero si te hace sentir mejor te castigare... —dijo mientras sonreía de lado.

—¿E-eh...? — pregunto con algo de confusión pero instantes después, con la misma mano que acariciaba su cabello, el suritaliano le jalo con fuerza de estos para besarle profundamente mientras comenzaba a recostarse sobre la nación latina.

. . .

—Que te quede claro... ahora eres mío... — dijo mientras se recostaba a su lado.

—Si... solamente tuyo... te amo Lovino...— dijo mientras se recostaba en el pecho de mayor, para; poco después quedarse profundamente dormido.

—Y no deseo que sea de otra forma... te amo Tochtli... — dijo mientras cubría al menor con las sabanas y le besaba en la frente. Solo para acompañarle en sus sueños.

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Y esos recuerdos le hacían poder dormir todas las noches...

No importaba si se encontraba al otro lado del mar, o en la habitación contigua...

Permanecían intactos, como la primera vez que los vivió en carne propia.

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—¿Qué haces Romano? — pregunto curioso al ver al suritaliano a esas horas de la noche, en la sala de la casa donde vivían.

—¿Eh? — dijo apresurándose a cerrar aquel libro sonrojado. El latino se acerco rápidamente para ver la página que estaba viendo el otro. De un movimiento repentino le quito el libro de las manos y observo la portada.

"Álbum de bodas", rio con sutileza mientras lo abría y observaba la imagen que aparecía al principio.

Mientras que la representación europea traía el traje acostumbrado, la latina portaba un vestido de bodas estilo princesa, pues algún "bromista" había cambiado su traje y no le quedo de otra.
Se volteo para ver al suritaliano, el cual tenía el rostro en dirección hacia otro lado pero aun así le veía por el rabillo del ojo sonrojado.

Se le acerco y le golpeo con sutileza la cabeza con el álbum —¿¡Y eso por que!?— le dijo algo alterado alzando la voz.

—Por no invitarme a verlo contigo— dijo mientras le sacaba la lengua y se sentaba en las piernas del mayor mientras abría el álbum sonriente.

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Por que los recuerdos eran su tesoro mas apreciado.

Y se mantenían a través del tiempo...

. . .

/ / /

¡AHHHHHHHHH!

Gracias por tu comentario RozenSword, realmente me alegro el día...

Y como prometí, aquí lo tienes.

Me disculpo con quienes leyeran el fic y no les gustara el final (ni el fic) :,( Hago lo mejor que puedo...

¡Saludos a mis hermanos y hermanas serpientes y larchos! :D

Nos vemos

Los quiere y admira

Yamileth.