¡Muchas gracias por vuestros reviews en el capitulo anterior! Y siento si he tardado bastante en actualizar, pero casi no he tenido tiempo. En todo caso, agradezco a todos los que leen mi historia y espero que os guste este capitulo de "Amargo placer" :))

2. EL INTRUSO EN EL CASTILLO

Perona se habia levantado de bastante mal humor aquella lluviosa mañana en la que se habia visto obligada a preparar algo decente para desayunar, puesto que la comida que Mihawk encargó a Zoro que cocinara era horrible, y el mismo shichibukai se negaba a cocinar algo él mismo. Por eliminación, aquella tarea se la encasquetaron a la pelirosada, quién no era precisamente una amante de la cocina.

Preparó tres huevos fritos y frió unas lonchas de bacon mientras observaba de reojo a Zoro entrenar con las pesas de buena mañana y a Mihawk leyendo el periódico en una posición desinteresada con una copa de vino tinto, provablemente muy caro. Aquello era lo que no soportaba Perona, su tranquilidad.

Terminó de cocinar y dispuso la comida en tres platos junto a tres vasos y un envase grande de zumo de naranja que encontró en la nevera casi por la mitad, llevando los tres platos con la ayuda de sus fantasmas hasta el amplio, frío y para nada hogareño comedor.

Nadie hizo un comentario referente a la comida de la pelirosada, cosa que la enfadó aún más. ¿Ni un simple gracias? ¿Ni siquiera decir que estaba medianamente bueno? ¿Que estaba bueno? ¿O que no cocinaba mal?

Terminó su plato en silencio y lo llevó a la cocina, desapareciendo escaleras arriba algo desanimada. Hacia mucho tiempo que estaba en ese castillo. Primeramente sola, más tarde acompañada por el espadachín miembro de los Sombrero de Paja y posteriormente, junto a él y a Mihawk el shichibukai. Pero en ningúno de todos los momentos que vivió allí se sintió feliz.

¿Felicidad? La verdad era que hacia tiempo que no la sentia. Tal vez, cuando estaba junto a Moria llegó a sentirla... ¿tal vez? O junto a Kumashi... lo cierto es que se arrepentía un poco (solo un poco) de haberle tratado de ese modo. Ahora lo hechaba bastante de menos debido a que ninguno de los dos hombres allí presentes le prestaban la más mínima atención o muestra de afecto.

-¡Aaah!- Gritó, frustrada, mientras desaparecia volando en la espesura del bosque que rodeaba el castillo, sintiendo como una pequeña lágrima se colaba en sus ojos. Se sentía sola.

Desde el comedor, sin embargo, se escuchó el grito de Perona como si fuera muy lejano. Mihawk degustaba el último bocado del desayuno, y el peliverde había regresado a su habitual entrenamiento con las pesas de cada mañana, aunque lo detuvo solo un momento al escuchar la voz chillona de la muchacha.

-¿Qué ha sido eso?

-Probablemente sólo se sienta frustrada porque no le prestamos atención.- Mihawk bebió de nuevo de su copa como si lo que acababa de decir no fuera para nada importante. Aunque para él, de hecho, no lo era.- Se le pasará.

Zoro le miró algo extrañado, aunque sin poder evitar comparar aquel frío hombre con Luffy. Eran tan distintos... si bien el shichibukai ignoraba a Perona incluso más que él mismo, su capitán no hubiera permitido que alguien se sintiera de ese modo. Le daba algo de pena, pero con lo molesta que llegaba a ser tampoco le dió mayor importancia.

Y asi pasaron las horas. Perona deambulaba por el bosque fingiendo que no estaba llorando. Que no se sentía triste, huyendo. Habia pasado mucho tiempo sola en aquel castillo y ahora que encontraba alguien, se sentía del mismo modo.

Sabia que no podia culparles, pero era injusto.

Se sentó en la rama de un árbol y se acurrucó abrazando sus rodillas. ¿Cuanto tiempo llevaba de aquel modo, sintiendose sola? Mucho, muchíssimo. Había perdido tiempo de su vida tratando de sentirse bien en aquel maldito castillo en el que estaban dos hombres fríos y distantes que le hacían menos caso que un murciélago.

-Kumashi...

...

-Tengo hambre.- Gruñó Zoro, entrando en el cuarto de Perona sin llamar y con una mueca de desagrado al ver que la chica no se encontraba ahí.- ¿Oye? ¿Chica fanasma?- No recibió respuesta alguna, y suspiró mosqueado cerrando la puerta de nuevo.- ¿Dónde diablos está?

Mientras rehacia sus pasos en dirección al salón escuchó un ruido bastante fuerte en las escaleras que subían hacia una de las torres del castillo, que daban al despacho de Mihawk según tenia entendido. Subió sin pensárselo consciente de que si Perona se encontraba ahí no saldría muy bien parada.

Subió con tranquilidad los escalones, y abrió la puerta mientras observaba como un hombre de unos aproximadamente 25 años abría armarios y cajones con desespero, y no se percató de la presencia de Zoro hasta que éste mismo tosió un par de veces. Entonces, el chico giró su cuerpo, y el espadachín pudo ver que vestía una camiseta blanca de manga larga manchada en varias zonas, unos pantalones tejanos muy desgastados de los cuales colgaba un cuchillo. El espadachín entornó los ojos, preguntándose qué hacia un chico tan raro revolviendo las pertenencias de Mihawk.

-Oye...- Intentó dialogar, pero al instante el chico de pelo negro grasiento y algo greñudo se avalanzó sobre él con su cuchillo, tratando de golpearle numerosas veces.

Primero intentó golpearle directamente en la cara, pero viendo que el peliverde se defendía bastante bien cambió su estrategia y trató de darle en algun órgano vital, también sin demasiado éxito. Aun con esas, las estocadas que Zoro lanzaba con sus katanas no le alcanzaban, y el muchacho demostraba una gran ágilidad y velocidad cada vez que le esquivaba y le atacaba, a la vez.

-¿Quién eres?- Gruñó el peliverde en un momento en el que ambos se separaron para recuperar el aliento. Vió como el muchacho tenía la postura un poco encorvada y le miraba con los ojos negros, fríos, sin ninguna expressión a demostrar. Aunque le pareció notar un destello extraño en ellos, algo que le hacia un poco de angúnia, y no sabia el qué.

-¿Sabes quién es Perona-sama?

Aquella pregunta lo tomó desprevenido y sin evitarlo bajó la guardia, momento que el intruso aprovechó para avalanzarse contra él nuevamente, hiriéndole en el brazo con su cuchillo, aunque no lo suficiente como para que Zoro retrocediera. Al contrario, empuñó aún más fuertemente sus katanas y devolvió el ataque, entrando en el ciclo en el que ambos daban, pero ninguno recibía ningún daño.

Volvieron a separarse, exhaustos.

-¿Como sabes quién es ella?- Zoro se mostró molesto ante la presencia del recién llegado, quien al instante guardó el cuchillo y, para sorpresa del espadachín, regresó a su tarea de revolver las pertenencias del shichibukai.

-Esa es una pregunta que no tengo intenciones de contestarle a alguien que no sea, vaya, Perona-sama.

Se revolvió un poco al escuchar otra vez aquella mención de la pelirosada, sin comprender qué es lo que ocurría en aquel lugar.

-No creo que debas rebuscar en pertenencias ajenas.- Mihawk apareció detrás de Zoro, quién sintió un escalofrío que tan solo hizo que aumentar cuando el recién llegado observó con aquellos extraños ojos negros al imponente Ojos de Halcón.

-Vaya, es un placer conocerle, señor shichibukai.- El hecho de que no se disculpara solo hizo que extrañar aún más a Zoro, quien comenzaba a sospechar realmente si aquel muchacho era humano. Cualquier persona se habría visto intimidada por Mihawk (bueno, cualquiera menos Luffy, claro estaba).- Me gustaria saber en dónde puedo encontrar, vaya, a Perona-sama.

-Lamento decirte que no va a ser posible localizarla en este momento.- Mihawk recogió un par de papeles del suelo y los depositó en una silla cercana.- ¿Serias tan amable de decirme tu nombre?

-Oh, vaya, vaya, vaya, vaya, vaya~ ¿Perona-sama no se encuentra aquí ahora mismo?- El muchacho siguió rebuscando entre varios cajones.- Pero tengo entendido por varios papeles que he encontrado, vaya, fisgoneando, que dicen que no es así.

El shichibukai agarró con ambas manos su espada y la blandió a escasos milímetros de la cara del muchacho, amenazante, con la mirada más fría que le pudiera dedicar a un ser viviente. El del pelo grasiento observó la fina punta de la espada con los ojos abiertos y una sonrisa en su rostro que extrañó a ambos chicos.

-Parece enfadado, señor shichibukai.

-No has respondido a mi anterior pregunta.- Dijo, aún con los ojos fijos en las orbes oscuras del muchacho y sin bajar un solo mílimetro su espada.

-Mi nombre es Slawly, señor shichibukai.- Mihawk dejó la espada de nuevo en su funda, en su espalda, mientras miraba con recelo al muchacho.- Pero, ¡vaya! Perona-sama no se encuentra aquí ahora mismo.

-Ha salido.- Ojos de Halcón respondió fríamente, aunque preguntándose quién era exactamente ese individuo.

-¡Vaya! ¿En un día tan lluvioso y triste?- Slawly sonrió ampliamente y se levantó para caminar sobre las piedras del suelo con sus pies descalzos, bajando uno a uno los escalones seguido por los desconfiados espadachines, quien se lanzaban miradas incomprensibles.

El muchacho de pelo grasiento y despeinado alcanzó la puerta principal del castillo en apenas un par de minutos.

-Fue un placer conocerles, señor shichibukai, espadachín.- Se giró, algo encorvado.- Creo que ya es hora de que me marche.

-¿Como has venido aquí?- Dijo Zoro.- ¿Y como evitaste a los babuinos?

-Oh, espadachín, creo que quedó demostrada mi habilidad con el cuchillo en nuestro anterior combate, ¿no cree? Vaya, al menos eso creo yo. Con vuestro permiso, me despido.

-¿No quieres que le demos un mensaje a la chica fantasma?- Mihawk se sorprendió a sí mismo haciendo esa pregunta.

-Me ofende, señor shichibukai.- En aquel momento volvió a mostrarles su mirada oscura y anguniosa para el espadachín de pelo verde.- Conozco lo suficiente de Perona-sama como para saber encontrarla.

Y, en ese momento, cerró la puerta.

Zoro seguía estando un poco incrédulo ante el hecho de que aquel curioso personaje no se habia disculpado en ningún momento, y llamaba a la chica fantasma por la terminación "-sama", algo que no habia visto desde que se topó con la chica en Thriller Bark.

...

Y, en el bosque, Perona seguía viendo llover bajo las ramas de aquel árbol en el que se habia posado horas atrás. Nada parecía aliviar el dolor y su pena en ese momento.

Slawly se paró frente al árbol en qüestión, aunque la muchacha no notó su presencia hasta que él mismo la llamó.

-Perona-sama.- La chica se giró al instante y no pudo evitar su sorpresa de encontrarse a un completo desconocido llamarla de ese modo.- Perona-sama.- Insistió.

-¿Quién eres?

-Vaya, llevan haciéndome la misma pregunta desde que he llegado.- El muchacho se rascó la cabeza con indiferencia.- Aunque es un placer poder hablar con usted, Perona-sama. No la culpo por no saber quién soy.- La pelirosada entornó los ojos y parpadeó un par de veces, cosa que solía hacer cuando estaba confundida por algo.- Estoy convencido de que nos encontramos en Thriller Bark tiempo atrás. ¡Vaya! Usted se llevó mi sombra.

Perona se volvió de hielo al instante, poniendose en guardia durante esos segundos en los que todo se detuvo; el sonido del agua cayendo incesablemente era lo único que lograba escuchar.

-Lo siento pero no tuve el placer.- Dijo, alzándose con ambas manos en las caderas en señal de superioridad.

-Mi nombre es Slawly, y juraria, juraria que mi sombra estaba en posesión de uno de sus sirvientes, Perona-sama. De hecho, creo que era el más fiel de, vaya, de todos. ¿Kumashi, tal vez?

La palidez que adoptó el rostro de la muchacha confirmó las sospechas de Slawly, quien sonrió ampliamente y de un salto llegó al lado de la pelirosada con una aura de tranquilidad.

-Queria hacerle una interesante propuesta. Sé que su estancia en este castillo no es, vaya, de lo más placentera. ¿Querría viajar por los mares conmigo?- Perona abrió más los ojos de lo que realmente podía. Le estaba ofreciendo una oportunidad para salir de allí y respirar en libertad, además de sentirse querida y olvidar sus sentimientos y pensamientos de soledad.

-¡Horo, horo, horo, horo!- Se puso a reír.- ¿Yo a tus órdenes?

-No, Perona-sama, yo a sus órdenes.

La muchacha se descolocó aún más, observando curiosa a aquel individuo. Su sombra habia sido la de Kumashi, pero aún así la trataba como si ella fuera alguien superior. Le gustaba recibir ese trato que hacia tanto que nadie le daba.

-Claro que...

-No.- Dos voces graves, profundas y absolutamente imponentes cortaron la respuesta de Perona, poniendo sus espadas en el espacio entre ambos de un solo tiro. Por pocos centímetros podrían haberle cortado a Slawly la mano tendida hacia la muchacha, quien habia estado a punto de aceptar.

-Vaya, vaya, vaya, vaya, vaya~ señor shichubukai, espadachín. Qué grata sorpresa ver que aunque no os interese que interrumpa vuestro entrenamiento no permitís que sea libre de venirse conmigo.- Su voz sonaba algo amenazante aun con el tono cantarín que la precedía.

Zoro y Mihawk se encontraban de pie, debajo del árbol. Zoro tenía dos espadas en la mano, y la restante formaba una cruz con la de Mihawk, quien se mantenia de brazos cruzados observando fría y fijamente la escena.

Perona no supo qué decir. ¿Querían encerrarla en ese castillo y sus sentimientos de sole... no, no estaba sola. Lo vió en ese momento, realmente la querian con ellos.

-Perona-sama, espero su respuesta.- La chica se giró hacia Slawly con el semblane serio, aunque enseguida se puso a reír en su forma tan particular.

-¡Horo, horo, horo, horo! No me interesa la oferta. Yo solo sirvoa Moria-sama.

-Quién se encuentra, vaya, fallecido en este momento.- Acotó el muchacho. Perona lo observó con asco y desprecio, pero sobre todo dolor por hacerle recordar aquel detalle.

-Negative Hollow.

El muchacho se dejó caer al suelo, deprimido, triste y con un aura oscura rodearle.

-No valgo para nada, tengo que morir...¡quiero ser un mejillón!

-¡Horo, horo, horo, horo! ¡Mueve tu trasero hasta tu barco y desaparece de mi vista!

Slawly hizo, curiosamente, lo que la chica le ordenó y desapareció arrastrandose por el suelo del bosque, mientras ella continuaba riendo. Se giró en dirección al castillo y, tratando de evitar que ambos espadachines vieran sus lágrimas por la muerte Gecko Moria, emprendió el vuelo.

-Esto ha sido definitivamente muy raro...- Dijo Zoro al regresar. Observó como Mihawk mantenía su semblante serio, y se dirigía hacia la cocina, en dónde Perona estaba preparando la comida.

El shuchibukai se fijaba en los pequeños detalles. Le gustaban los pequeños detalles más que los grandes, además de admitir a regañadientes que, sin la chica fantasma, ese castillo seria una mancha gris carente de vida. No habia otro motivo por el cual haya interrumpido la conversación del muchacho extraño y ella.

-El desayuno estaba bueno, chica fantasma.- Dijo sirviéndose una copa de vino, mientras se marchaba en dirección al salón.

Perona derramó una pequeña lágrima. La última que derramaría aquel día, pues aunque ambos espadachines fueran fríos y a veces carentes de sentimientos, le acabavan de demostrar que no era así.

Uff, bueno, me ha costado un poco escribir este capitulo. Son las 3... digamos que aproximadamente algo más de una hora. Queria tener un capitulo de todos mis fics listo hoy, así que también me puse manos a la obra en este.

Un pequeño detalle; para crear la imagen de Slawly, inevitablemente me fijé en L, de Death Note. En el caracter, obviamente, para nada, pero fisicamente me vino su imagen asi que lo adapté.

Gracias por leerme :))