Hola! Aquí dejo el segundo capítulo de esta historia que espero les siga gustando. Me hice una promesa a mí mismo que de este sábado no pasaría sin actualizar así que me puse en modo "inspiración" (xD) y aquí está el resultado. Por cierto aunque revisé el escrito minuciosamente, por cosas de tiempo solamente lo revisé una vez, así que cualquier error, dedazo o lo que sea no duden en informármelo. De todas maneras espero mañana pegarle una releída para ver errores o frases que necesiten un arreglo de sintaxis, así que seguramente corregiré un par de detalles, pero nada que sea relevante.

Por último, me despido agradeciéndoles mucho el apoyo a quienes comentaron, dieron favs y follows y espero que disfruten este humilde capítulo que hice con mucho cariño para los fans Braten ^^ No es la gran cosa pero ojalá lo disfruten :D


La Prohibida, Capítulo II


Sin duda alguna, el amor es muy difícil de ocultar. Y es todavía más difícil siendo adolescente, cuando aquel estrepitoso sentir fluye por primera vez a través de las venas.

Sí, Bra ya sabía muy bien lo que sentía por él. Totalmente enamorada hasta el punto que necesitaba hacerlo saber o el inmenso sentir que la acosaba terminaría reventando su corazón. De hecho, mantenerlo en secreto por varios meses había sido una proeza digna de las mayores alabanzas.

¿Goten tendría una idea de lo que ella sentía? ¿La correspondería si lo decía? La facultad de conocer el futuro no estaba entre sus variados dones, de modo que debía jugarse sus cartas y conseguir la deseada respuesta. En primera instancia, se había atrevido a lanzar algunas indirectas, pero él no se daba ni por enterado de ellas. Y Bra sabía perfectamente que no se trataba de que se hiciera el tonto o la ignorase, sino que él realmente no captaba que sus gestos, actitudes o miradas iban más allá de la amistad. Cualquiera se habría dado cuenta de ello, pero Goten era Goten...

Y no cambiaría.

Por ello, no le quedó mas remedio que verbalizar sus reales sentimientos. Y al parecer tal decisión se convirtió en la mejor que pudo tomar, pues él también parecía sentir algo muy fuerte por ella. La reacción de su mirada y la intensidad de su lenguaje corporal así lo denotaba. Sin embargo, necesitaba confirmarlo desde sus labios. Sentir, vibrando en su corazón, la maravillosa felicidad del amor correspondido.

Su suerte, empero, no estuvo acorde a sus expectativas. Lo que terminó recibiendo fue un tierno ósculo en la frente. Ciertamente no era lo ideal para comenzar un idilio. Aún así, su intuición la conminó a no amilanarse, pues podía ver claramente como los ojos de Goten destellaban inusitada emoción.

Se miraron detenidamente y sumamente conmovidos, aniquilando de cuajo la importancia de cualquier cosa adyacente o alejada. Por más extraordinario que fuera, si la luna cobrase vida y hubiera comenzado a hablarles ni siquiera le habrían puesto atención. En este momento, solo ellos importaban. Nada y nadie más que ellos.

—Bra —como si le costara respirar, tomó aire profundamente antes de proseguir —me gustaría mucho responder tu pregunta, pero creo que ahora no es el momento —intentó censurar sus sentimientos, pero lamentablemente (o afortunadamente) Bra no era de las chicas que reculaban sus acciones.

—Si no lo niegas es porque yo te gusto —sentenció a la par que una sonrisa rellena de satisfacción aparecía para maquillar sus níveas facciones. Estaba segura que ella debía gustarle. La química que ambos tenían era, simple y llanamente, imposible de rechazar.

—No lo niego... pero tampoco lo afirmo... —quiso darle alas a la duda y que se encumbrara hasta enquistarse en la mente de su amiga. Para ambos, lo más conveniente es que así fuera.

—El que calla otorga —aquel famoso refrán venía de perillas para contradecirlo—. No te atreves a negar que sientes algo por mí; así como yo tampoco podría negar lo que siento por ti —gracias a la emoción que la embargaba, sus ojos proyectaron brillantes y móviles resplandores.

Él, incómodo con aquella verdad, le quitó la mirada y ladeó su cabeza como si hacer tal cosa le otorgara la facultad de esquivar sus palabras. La situación era complicada, pero no tenía más salida que aceptar que Bra tenía toda la razón del mundo: no sólo le gustaba, lo que sentía por ella iba incluso mucho más allá. Amor incondicional y devoción infinita serían términos que calzarían a la perfección con su sentir. No era sólo la química que se desataba como un vigoroso enjambre cada vez que estaban juntos. No. Iba mucho más allá de eso: era una vesania de atracción psicológica ineludible. Una atracción magnética, incluso gravitacional, hacia el otro. Algo que dejaba al cariño y al sexo como meras comparsas de algo que merecía tener un nombre mayor a la suma de ambas cosas.

Así de grande e impetuoso era lo que él sentía por ella. Lo que ambos sentían por el otro.

Sin embargo, aquel amor voluptuoso lo había confinado sólo a lo platónico. Y así estaba bien, pues no necesitaba ni quería nada más. Bra era una chica prohibida. Pero ahora que había confesado su sentir, todo estaría a punto de adquirir ribetes muy distintos...

Lo negativo es que en este momento admitir sus sentimientos no tenía ningún sentido. Bra apenas tenía dieciséis años a cuestas, además de ser la hija de Vegeta y la hermana de Trunks. Coloquialmente hablando, estar con ella sería «meter la pata» hasta lo más profundo. Definitivamente no podía plantearse nada más con ella. Hacerlo sería un pecado total. Quizás más adelante, cuando ella tuviera más años y cargara más madurez encima, podría suceder algo más. Pero por ahora admirarla y quererla como amigo era todo lo que necesitaba y lo cual le podía brindar. ¿Para qué derivar su relación hacia el romance si ambos podían ser perfectamente felices siendo los mejores amigos del mundo? Goten ya tenía la experiencia de haber arruinado grandes amistades por amor. Y es que cuando una pareja termina, la amistad nunca volvía a ser igual que antes. Sólo aislados casos lograban ser la excepción que precisamente confirmaban la regla.

Habían demasiadas cosas en contra como para admitir abiertamente que la amaba. Sin embargo, tampoco podía decirle que no sentía amor romántico por ella. Aquello sería mentirle y desde pequeño le habían inculcado que tal cosa no era algo bueno. ¿Qué podía hacer? Analizó la situación y no tardó mucho en obtener la respuesta que le pareció más apropiada. Sin duda, a su parecer, la solución que llegó a su mente era la más sabia y sagaz que podía emplear. De hecho, él mismo se asombró de su gran intelecto; aquel que le ayudaría a salir airoso de esta complicadísima disyuntiva.

—Tengo que irme —anunció de improviso a la vez que brindaba una pequeña sonrisa, sorprendiéndola completamente.

El ceño de Bra fue sometido por un par de arrugas. Unos segundos después dijo: —¿Vas a huir? —lo encaró decidida a la vez que endurecía su voz. Ni siquiera pestañeó. Estaba determinada a teñir de seriedad la conversación. Este asunto así lo requería.

—Lo mejor es que simulemos que esto nunca sucedió —dio un consejo para ambos.

—Si vas a tomar la decisión de alejarte de mí te voy a matar —amenazó aumentando el tono de su voz, a la vez que cerraba puños en sus caderas. Una vivaz copia de su madre.

—No podrías hacerme nada porque soy más rápido que tú. Nunca lograrías alcanzarme—bromeó incluso en este momento en que la situación tomaba tonos más drásticos.

Ella simplemente no pudo evitar curvar sus labios. Una de las grandes cualidades de Goten era el don innato de relajar incluso los momentos más tensos.

—Quédate conmigo —estuvo a un tris de tomarle la mano, ya que deseaba sentir su calor. No obstante, desistió para no parecer demasiado atrevida. Incluso alguien de carácter tan fuerte como ella podía tener sus momentos de timidez. Sobre todo si se trataba de él.

—Pero Bra... —quiso seguir hablando y explicar mejor sus motivos, pero la impetuosidad de ella coartó de plano sus intenciones.

—Goten, no me salgas con que es un pecado y esas tonterías porque yo no pienso que sea así. No es un pecado amar a alguien mayor que tú, ni tampoco lo es enamorarse siendo menor de edad.

Son Goten dio un largo y particularmente sonoro suspiro, pero esta vez Bra no supo dilucidar si el mismo se debía a emoción o cansancio. Generalmente Goten era un libro abierto y a través de tantos años que llevaba conociéndolo había aprendido a interpretar muy bien cada uno de sus gestos y miradas. Hasta podría jurar, por todos sus antepasados saiyajin, que nadie en esta vida podría leer a Goten tan bien como lo podía hacer ella. Sin embargo, aquel don del que sólo ella podía alardear se esfumó en esta singular ocasión. Era la primera vez que Goten parecía cubierto por una espesa bruma que camuflaba los sentires de su alma. Estaba tan confundido y desorientado que ni siquiera ella podía predecir lo que estaba pensando o sintiendo.

Él, de improviso, le dio la espalda y caminó hacia el inmenso ventanal, intentando evitar la determinación que Bra lucía por cada poro. Sabía que a pesar de su juventud ella no era de las que dudaba; una herencia directa de sus progenitores. Mirándola de soslayo, le dijo con tono suave y sin ningún ánimo de reproche: —Bra, me pones en una situación muy difícil. ¿Qué pensaría tu hermano? ¿Qué diría tu familia? ¿Qué reacción tendría tu padre?

Ella se acercó hasta quedar a su lado y, con un poco de timidez, le puso una mano en su hombro como señal de apoyo. Tenía que hacerle sentir y ver que no estaba solo en esta empresa; que contaba con ella y que así sería siempre, pues el amor se trataba precisamente de eso: de apoyo recíproco constante.

—Deja de pensar en los demás, piensa en nosotros. Son nuestras vidas, no las de ellos. Yo sé que esto es difícil y créeme que lo medité muy bien antes de confesártelo. Pero por ti estoy dispuesta a enfrentar al mundo entero si es necesario. Incluso si eso significa enfrentarme a mi padre para que acepte que te amo lo haría sin dudarlo... Pero... —tambaleó un poco su voz antes de continuar — ¿tú estás dispuesto a hacer lo mismo?

Goten giró sobre sus talones para replicarle. Quería mirar directamente aquellos ojos que emulaban perfectamente el cielo. —Lo dices porque tu padre te ama y hagas lo que hagas no te hará daño alguno, pero a mi me torturará de una manera que no quiero ni imaginar. Y luego, como remate, me dará un pasaje directo al otro mundo —colocó un brazo detrás de su cabeza y esbozó una sonrisa nerviosa, tal como solía hacer su padre. La innegable herencia mendeliana resaltó una vez más.

—No será así porque yo se lo impediré— en forma innata alzó su barbilla, orgullosa de sí —. Él tendrá que aceptar que te amo, le guste o no. Yo sé que puedo manejar a mi padre... al final lo terminará aceptando. Sé que quiere lo mejor para mí y tú eres lo mejor para mí.

—Te sobreestimas mucho, Bra. Nadie maneja al «tíogro» Vegeta.

—Oye —le dio una palmada en el hombro—, si mamá pudo yo también —sonrió desplegando plena autoconfianza y determinación.

Goten se rió por varios segundos. La conocía tan bien que ya se esperaba esa respuesta. Lo sorprendente habría sido que le dijera otra cosa.

—Pero se te olvida que tu mamá tuvo que sufrir mucho para terminar amansándolo —le precisó aquello que convenientemente estaba pasando por alto.

—Lo sé, Goten; pero mi mamá lo logró finalmente, ¿o no? Sé que mi papá es un hombre duro, pero en el fondo tiene buen corazón.

—Muy en el fondo, eso si —puntualizó Goten riéndose.

Ella apoyó su espalda contra la pared y compartió su risa. Luego prosiguió con lo importante —: Ya verás que todo saldrá bien y mi papá tendrá que ceder. Aunque me dijo que no podía tener pareja hasta los setenta años, no creo que lo haya dicho en serio. Como tampoco eso de que cuando tuviera un novio le rompería todos los huesos.

La frente de Goten, inexorablemente, se perló de frío sudor. Y si seguía pensando en aquellas palabras recién mencionadas por Bra, terminaría bañándose a sí mismo en miedo. Pensar en cortarse las piernas o morir congelado después de un naufragio, resultaba mucho más agradable que imaginar lo que le haría Vegeta si iniciaba una relación con su hija. Incluso era peor que un día sin pan.

—¿El tío Vegeta dijo eso? —no fue Goten quien preguntó, sino la entidad llamada miedo. Tragó saliva y por alguna razón sintió una amargura quemante en su garganta al hacerlo. No fue una impresión física, sino completamente psicológica.

—Sí, pero no le des importancia. Yo te protegeré —le guiñó en signo de complicidad, muy divertida por el nerviosismo de su amado.


La familia Brief disfrutaban de un opíparo desayuno especialmente preparado para saiyans, a excepción de la integrante más pequeña que muy pronto se uniría a la reunión matinal. Trunks, a pesar de vivir en su propio departamento, también se había dejado caer en su antiguo hogar para recordar viejos tiempos junto a su adorada familia. Era algo que solía hacer cada semana o como máximo plazo, cada dos.

Bra pronto se unió al apetitoso banquete mientras todavía se secaba el cabello después de la larga y placentera ducha que se había prodigado. Y cómo no podía ser de otra manera, la malicia de hacerle una broma a Trunks no fue capaz de evitarla. Sabía muy bien que hoy tenía una importante reunión con accionistas de mucha entidad.

—¡Hermanito! ¡Llegarás tarde a esa reunión importante! —se burló con una gran sonrisa burlona; aquella que los hermanos solían emplear a menudo.

—Genial, gracias por recordármelo y arruinarme el desayuno. Con razón no tienes novio —le devolvió la burla con una sonrisa tremenda. Sabía muy bien que el contraataque había sido letal.

—¡Oye! ¡No tengo novio porque no quiero! —dijo muy ofendida, mientras su presión sanguínea subía algunas escalas —¿Sabes cuantos chicos matarían por ser mis novios? — mencionó llena de vanidad desbordante, alzando su mentón en forma petulante.

—Bah, eso es porque no te conocen. Si supieran como eres en realidad créeme que nadie querría estar contigo —dicho esto, se rió a carcajadas inevitablemente.

—Uy, tan insoportable como siempre —le sacó la lengua para complementar su respuesta.

—Tú empezaste la guerra.

Siguieron la dinámica de molestarse como buenos hermanos hasta que Vegeta tomó de improviso la palabra, inaugurando una solemnidad abismal a través de sus labios.

—Bra, ya te dije que nada de novios insectos hasta que tengas setenta años, que te quede claro mujercita —como si la seriedad esgrimida no fuera lo suficientemente aclaratorio, también alzó su puño cerrado y ajustó el guante que lo cubría.

—Pero papá —protestó al instante— ¡no es justo! Algún día quiero tener un novio. Tu princesita merece ser feliz —le puso su cara más inocente, aquella capaz de derretir hasta al más malvado demonio. De hecho esa carita angelical ya había logrado convencerlo muchas veces de que la acompañara a realizar sus compras. Sin embargo, en esta ocasión él no se dejó engatusar. Ni siquiera se dio por enterado de la expresión «domadora de tiranos».

—Bah, sólo hay insectos en este planeta. Nadie merece a una hija mía —sentenció sin derecho a réplica a la vez que hacía una mueca de asco al pensar en los terrícolas.

Trunks tuvo que poner una mano en su boca, intentando camuflar las carcajadas que deseaba dar. Que Vegeta no le diera permiso de tener novio resultaba demasiado gracioso.

Bulma, entretanto, ante la faz decepcionada de su retoño, se vio obligada a intervenir para que no iniciara uno de sus épicos e inolvidables berrinches.

—Déjalo hablar Bra, ya sabes como es tu padre. Si te enamoras lo terminará aceptando sea quien sea —acarició la cabellera a su hija, enredando sus dedos allí.

—¡Sí! ¡Así va a ser!—exclamó emocionada con el consuelo de su madre.

—Eso ya lo veremos —renegó el príncipe dando un golpe moderado en la mesa, que, sin embargo, logró mover los objetos en ella—. El día que tengas novio le romperé los huesos. Eso te lo prometo —sentenció con su cara más grave para dejar totalmente claro que sus palabras denunciaban una seriedad ineludible.

—Vegeta... —recriminó su esposa sólo diciendo su nombre, pues lo demás lo expresó por medio de sus enojados zafiros.

—Pobrecita, nunca podrás tener novio —azuzó Trunks nuevamente.

—¡Cállate! —le sacó la lengua a su hermano y luego miró firmemente a su progenitor — Papá, ¿no crees que me proteges más de la cuenta?

—No.

Bra sólo suspiró con frustración. Entendió que discutir con él no valía la pena a menos que quisiera perder el tiempo. Su padre no cedería ni le daría mayor vueltas al asunto. Y de todas maneras tener novio no era un asunto que le interesara mayormente todavía. Pero sabía que un día llegaría el momento en que tendría que enfrentarse a él y a su sobre protección.

Y ese día finalmente estaba a punto de llegar...


—Si no quiere aceptarte yo le obligaré a hacerlo —cerró los puños con tal firmeza que los nudillos se volvieron completamente blancos.

Goten abrió más sus ojos, conmovido ante su inquebrantable determinación; admiraba el temple absoluto que el amor podía otorgar. No cabía duda que la fascinación que esa chiquilla le provocaba era algo fuera de este mundo.

—Bra... —buscó las palabras precisas— esto no corresponde. Todos lo verían como un pecado.

—Ya te dije que esa excusa no me sirve. Y si esto es un pecado, entonces creeme que seré muy feliz pecando —la decisión se petrificó nuevamente en su perfil.

—Es mejor que estuvieras con alguien de tu edad. No alguien que te saca doce años de diferencia. Quizás si le pusieras atención a otro chico...

Ella ni siquiera lo dejó continuar: lo cortó en seco. —No me interesa nadie más que tú y me importa un comino tu edad. Tú no eres sustituible para mí, ni tampoco eres un capricho. Yo te amo a ti y punto —remarcó claramente sus últimas palabras. Goten debía entender que dijera lo que dijera no la haría cambiar de parecer, pues los sentimientos no son manejables. Mucho menos uno tan grande y complejo como el amor.

—Bra... no sé que decirte —musitó su nombre, aturdido pero emocionado ante la solidez de cada una de sus palabras.

—Sólo dime la verdad. Sólo eso.

Goten se restregó la cara, los ojos y de paso también los pensamientos. Tras ello, un silencio sepulcral se apoderó del ambiente. Luego miró primero a la izquierda y entonces a la derecha. Después alzó su faz al techo como si tal cosa inerte pudiera darle el consejo que necesitaba. Finalmente la miró a los ojos y, sumiéndose en la emotividad más profunda, dijo su única verdad:

—Yo también te amo. Te amo demasiado.

Bra tembló de pies a cabeza y de cabeza a pies; desde las raíces de sus cabellos hasta el dedo más pequeño del pie, tembló. Su cara permaneció ajena a la sublime energía interna que la sacudió, pero sus zafiros si demostraron claramente el regocijo abrumador que invadió su corazón. Fue tan aturdida por la felicidad que a su cerebro le tomó algunos segundos asimilar que Goten realmente había aceptado que también la amaba. Pero cuando tomó por fin conciencia de aquello, una vorágine de emoción trepó del corazón hacia sus ojos, ansiando hallar en la mirada del otro la luz salvaje del amor correspondido; como una enredadera que, oculta entre desvencijados muros, trepa hacia lo más alto en búsqueda de la luz del sol. Porque eso era él para ella: su adorado sol.

Indudable, dio unos pasos hacia él y lo abrazó tan fuerte que, sin exagerar, de haber sido Goten un humano común y corriente habría terminado con los huesos rotos.

El hijo de Goku y Milk se conmovió tanto que cerró los ojos y expandió desmesuradamente el resto de los sentidos. Quería sentir, no ver. Sólo sentirla.

La cobijó cariñosamente en su pecho, disfrutando el aroma de las sedosas y finas hebras turquesas de la mujer que tanto amaba. Pero aun volcado sobre la pasión romántica, tenía que mantener los pies sobre la Tierra. Él era el adulto y eso no debía olvidarlo jamás.

—Bra —tiñó su voz en sublime dulzura— tenemos que esperar para estar juntos. Faltan... —guardó silencio para sacar la cuenta mentalmente— trece meses —señaló una vez hecho lo anterior— para que cumplas la mayoría de edad. Yo te amo con todo mi corazón, en serio, pero no podría estar tranquilo si pasara algo contigo ahora. Eres tan joven y estar junto a ti a espaldas de Trunks y de tus padres no corresponde. No es correcto.

Ella dio un suspiro con sabor a desilusión. Existían tantos sabores para escoger y Goten elegía ser el más amargo de todos...

Se separó unos centímetros de él y comenzó a rascarse las orejas como si tal cosa pudiera borrar las palabras recién escuchadas. Ahí estaba una vez más la moral para coartar el verdadero sentir...

Meditabunda, bajó la mirada hacia su pecho y vio algo que la sorprendió: había un pelo de gato al borde de su escote. Tama Segundo muy probablemente había comenzado a pelechar. Sonrió con la distracción y un clic en su mente provocó una curiosa analogía. Quizás esa pelusa gatuna representaba la disensión de edades y a su padre Vegeta también. Extraña idea, pero sabía muy bien que la mente humana siempre ha destacado por su gran imaginación. Todavía sonriendo, escatimó el tiempo y quitó del camino el negro pelo que mancillaba su ropa. Y exactamente lo mismo haría con cualquier óbice que se atreviera a impedir el amor que sentía por Goten; ya fuera la edad, su padre Vegeta o inclusive hasta al mismísimo Goten. Nada podría obstaculizar el verdadero amor.

¡Nada!

Totalmente decidida, alzó su mirada para contactar la de él y planteó lo siguiente: —Hay muchas parejas que se esconden del resto. Nosotros haremos lo mismo.

Goten abrió un poco su boca a causa de la sorpresa. Pero tal sentir no duró mucho... sabía de sobra que quien tenía enfrente no era cualquier chica. Ella no conocía la palabra rendición.

—Ya no somos niños para jugar al escondite, ¿no crees? —comentó divertido —Yo creo que el amor no es para ocultarlo de tu familia, sino para compartir tu felicidad con ellos.

—Pues yo creo que el amor es algo íntimo. No me interesa que ellos lo sepan.

—Son tu familia —le recordó.

—Lo son, pero es mi vida y yo decido como vivirla —fue la tajante respuesta. Tan concluyente que Goten sintió por primera vez en su vida lo que era ser mudo. Ni siquiera un intento de réplica intentó escapar de sus labios esta vez.

Dio un suspiro que mezcló emoción y frustración a partes iguales. Por más que le pesara, aquellas palabras no podría refutarlas ni aunque se esforzara todo un mes buscando una respuesta digna. Sin nada que replicar, suspiró relleno de resignación y sólo se limitó a decir lo evidente:

—Eres demasiado terca.

Ella sonrió con declarada suficiencia. Era terca, sí, y le encantaba serlo. Simplemente siempre lo sería, puesto que era una característica intrínseca a su personalidad. Sin tal cualidad simplemente no sería Bra. Pero aunque Goten no se diera cuenta, él tambien demostraba ser contumaz.

—Pues tú también lo eres.

—Pero no tanto como tú —contraatacó enseguida.

—Ahora mismo me pruebas que sí, por algo me estás protestando.

Goten no tuvo más remedio que sonreír. Hasta en la manera en que discutían forjaban una complicidad única.

Por un momento dirigió su campo visual hacia el gran ventanal y se deleitó con el bello paisaje natural de la corporación. El jardín lucía muy bonito y los faroles nocturnos parecían posarse precisamente sobre una bella rosa roja. Por un momento fue inevitable comparar aquella flor con la testaruda que tenía enfrente y las encontró más que idénticas.

—¿Sabes? —le dijo inopinadamente— eres como una rosa: bella, pero espinosa.

Bra parpadeó repetidas veces sin entender del todo. —¿Eso es un halago o una afrenta?

—Las dos cosas —se rió muy divertido.

Y tenía toda la razón del mundo, pues Bra podía ser bella tanto por dentro como por fuera, pero también podía ser una criatura llena de espinas cuando requería serlo. De hecho, si su terquedad fueran espinas él ya habría muerto atravesado por ellas incontables veces.

Una vez más, la adolescente contempló fascinada la bella sonrisa que Goten a menudo forjaba. ¡Como le encantaba ese ánimo inmortal que siempre tenía! En eso se parecía mucho a su padre Goku: fuera como fuera la situación siempre tenía tiempo para bromear o ver el lado positivo de las cosas. E impulsada por una fuerza irresistible, siguió observando a su amado como lo hace una adolescente enamorada: con devoción. Él se lo había ganado con creces, pues siempre la había cuidado y apoyado sin esperar nada a cambio.

—Sólo quiero decirte una cosa... —se decidió ella a salir de la abstracción— Estoy dispuesta a dar todo de mí para que esto resulte. Sé que soy una chica con millones de defectos; terca, vanidosa, mañosa; pero te aseguro que a pesar de ellos todo valdrá la pena. Todo lo que vivamos valdría la pena porque te amo como nunca pensé que podría amar a alguien.

Una gran emoción emergió por parte de él. El mismísimo corazón emitió incontables suspiros de amor.

—Lo sé, Bra. Lo sé muy bien. Sé que nunca, jamás en la vida, conoceré a nadie como tú. De eso tengo la más absoluta certeza. —Se dio una pausa, buscando las palabras precisas con las cuales proseguir— Pero también creo que debemos hacer las cosas de forma correcta. No podemos apresurar esto, pues si estuviera ahora contigo yo no podría estar bien conmigo mismo. No quiero arrepentirme de nada o tener un cargo de conciencia encima. Hay que esperar estos trece meses que vienen por delante hasta que cumplas los dieciocho.

Bra sintió que alguien le había echado encima un balde de agua proveniente de la mismísima Antártida.

—Para mí tener dieciséis, diecisiete o dieciocho no hace ninguna diferencia. Mis sentimientos no cambian por tener más o menos años.

—Pero para mí si hace una diferencia. Además legalmente sólo a los dieciocho tienes autonomía plena.

—Tonterías. Somos saiyajins, las estupideces humanas no tienen porque atañernos.

Goten negó con su cabeza. —Sólo mitad saiyajins —corrigió—. Que no se te olvide que también tenemos un lado humano.

Bra chistó disconforme. —Si quieres que esperemos dame un argumento verdaderamente sólido y entonces estaré de acuerdo contigo. A mí me importa la nada misma ser mas chica que tú o ser menor de edad. Me parece una tontería suprema.

La juventud solía ser muy arrojada y Bra estaba siendo ejemplo perfecto de ello. Goten la maldijo y la bendijo al mismo tiempo. No podía negar que esa impetuosidad le encantaba y la odiaba a la vez. Otra contrariedad señaladamente humana. Enfocándose, comenzó a reflexionar y guardó silencio varios segundos. Bra, aunque impaciente por una respuesta, decidió esperar a ver qué razonamiento esbozaba para convencerla.

Finalmente, el hijo de Milk y Goku retomó la palabra: —Bueno Bra, quizás no lo demuestre a menudo, pero si he aprendido algunas cosas a través de mis años de vida. Y una de ellas es que para iniciar una relación ambos deben estar completamente seguros de ello. Sino no vale la pena. La inseguridad sólo trae más inseguridad, además que se contagia. Por eso, para amar, ambos deben estar seguros de dar el paso. —Desterró cualquier duda que pudiera hacer tambalear su voz y prosiguió gallardo— Para construir algo, ese algo debe tener buenos cimientos. Imagínate que el amor es como un edificio. Si lo construyes con cimientos de dudosa calidad ese edificio se vendrá abajo al menor sismo. En cambio, si desde un principio lo construyes con solidez podrá resistir todos los embates y temblores que vengan. Y exactamente lo mismo sucede con el amor —se dio una breve pausa y su mano derecha se dirigió sutilmente hacia la mejilla de su amada—. En este momento yo no estoy seguro, por lo tanto no podríamos construir una relación sólida. Terminaría contagiándote mi inseguridad y esta no sería una relación linda. No sería lo linda y bella que debería ser. Si vamos a estar juntos, entonces tenemos que hacerlo como realmente se debe.

Bra fue abriendo la boca poco a poco en cada frase que Goten iba construyendo. Y sin darse cuenta, cuando concluyó su argumento ella ya plasmaba perfectamente la penúltima vocal. Realmente no se esperaba una respuesta así de profunda de Goten.

—¿También tienes un lado sabio? Realmente me sorprendes.

—Oye, ¡más respeto! —dijo con simulado aire ofendido — No sólo soy simpático, también soy todo un filósofo —bromeó mientras enderezaba más su espalda e inflaba artificialmente el pecho.

Ella rió, como siempre lo hacía cuando estaba junto a él.

—Así que —tomó Goten la palabra nuevamente— dejemos que pasen estos meses hasta que cumplas la mayoría de edad. Y si sigues sintiendo lo mismo por mí, entonces enfrentaremos al mundo entero y viviremos nuestro amor.

Bra buscó en su mirada dilucidar si sus palabras eran verdad o una ilusión. Temía que la segunda opción fuera la que se concretara finalmente.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo. Hasta al tío Vegeta le daremos una paliza si se opone —se rió de buena gana con lo último.

Ella también dio una risotada.

Sólo había que ser pacientes. Invocar la paciencia de una tortuga escalando una montaña era lo que necesitaban. Sin embargo, aquello era algo muy complicado cuando el amor puja y pulsa por vivirse intensamente exigiendo el «ya mismo». ¿Lograrían tener la paciencia de esperar trece meses para vivir su amor?


Muchas semanas pasaron una tras otra y lo que ya parecía imposible se volvió posible: el fluir de los sentimientos se intensificó todavía más. Era como si algo estallara en el aire cada vez que estaban juntos. Algo que los conminaba a conversar por largas horas que se trastornaban en simples minutos. Algo que también los impulsaba a explorar nuevas fronteras que iban más allá de las conversaciones, miradas y encantadoras sonrisas...

Sin embargo, tenían la obligación de reprimir sus verdaderos sentires. Enviarlos al cajón más distante de sus almas. Fingir no amarse cuando si lo hacían y despachar sus sentimientos a un maldito escondrijo que sus almas no pudieran descubrir. Fingir ser sólo amigos cuando sus almas exigían ser mucho más que eso.

Estaban «juntos». Sí, el amor había ganado la batalla a pesar del peligro inminente que significaba, pero no de la manera en que realmente deseaban. Estaban clandestinamente juntos; cobijados por las oscuras sombras del secretismo.

Ambos parecían novios y sentían como tales, pero novios que ni siquiera podían vivir la delicia de los besos... ¡Ni siquiera besos!

Quizás Goten podía soportar la situación mejor que ella por sus años de experiencia. Quizás cuantas mujeres ya habían pasado por sus sábanas...

Sin embargo, ella ansiaba vivir aquello que le era esquivo. Como toda chica soñadora, quería conocer las maravillas del amor a plenitud... Pero, a cambio, estaba recibiendo algo que se parecía a una lenta tortura medieval...

Él, obviamente, y a pesar de su renuencia artificialmente creada, también deseaba vivir el amor con esa chiquilla impetuosa que se había ganado su corazón. No obstante, siempre debía conminar a su raciocinio a triunfar por sobre sus reales deseos. Él era el adulto, ella la niña. Él debía mantener la compostura sucediese lo que sucediese, ya que era el adulto. El hombre responsable.

Aunque eso de adulto responsable no le quedara como anillo al dedo precisamente, puesto que a pesar de sus casi treinta años seguía teniendo el corazón de un infante. Goten en realidad era un niño en cuerpo de hombre.

Quizás precisamente por ello ambos congeniaban tan bien: en el fondo ambos eran jovencitos muy similares el uno al otro. Sus almas eran definitivamente gemelas e incluso más que eso. Por tal causa, la restrictiva promesa de no vivir su amor plenamente hasta que Bra cumpliera la mayoría de edad y sus familias supieran la verdad, estaba convirtiéndose en un hiriente maleficio. Uno que Vegeta ni siquiera sabía que había lanzado, pero que estaba haciendo pleno efecto...

Evadir los fieros embates que sus corazones enamorados daban, se había vuelto un esfuerzo sobrehumano para ambos. Simplemente se deseaban como dos enamorados lo hacen; se anhelaban como la luna añora las estrellas o una planta la luz del sol. Era inevitable la sensación de querer unirse, ¡fusionarse!, con el ser amado.

Ella era su diva, musa y diosa. Para Goten todo eso y más significaba.

Y para Bra, él era el amor de su vida, su inspiración e ídolo al mismo tiempo. Lo admiraba como a nadie en el mundo.

Todo los propiciaba a amarse en totalidad. A dejarse llevar y envolverse en las alas de la pasión y así conocer nuevas fronteras inalcanzables para quienes no son capaces de amar con toda el alma.

¿Podrían resistir la tentación por más tiempo?


Varios meses después.


Goten avanzaba rápidamente a través del cielo estrellado, ansiando pronto vislumbrar aquel que consideraba su segundo hogar: Capsule Corporation. ¿El motivo de su visita? Aquella a quien conocía desde la más tierna infancia y que ahora era su «amigovia» lo invitó a ver películas, pues esta noche tendría la excepcional coyuntura de quedarse sola en casa y había que aprovechar la ocasión. Su madre había partido al simposio científico más importante del mundo y Vegeta se encontraba entrenando con Whis a quien sabe cuantos años luz de la Tierra. Respecto a Trunks, él ya hacía mucho tiempo que vivía en su departamento propio. De este modo, Bra había recurrido encantada a su fiel Goten para amenizar la nocturna soledad. Por supuesto, él no puso ninguna traba a la agradable invitación. Además la motivación inclusive aumentó todavía más cuando ella le mencionó que deseaba ver una película épica de acción llamada 300, una que él también tenía pendiente desde hacía muchos días y de la cual había escuchado excelentes comentarios.

Son no tardó mucho en llegar finalmente a la corporación que conocía tan bien como la palma de su mano. Frente a la amplia puerta, se encargó de tocar el timbre varias veces imprimiendo con sus dedos una divertida melodía. Unos segundos más tarde su anfitriona apareció con una radiante sonrisa adornando sus brillantes y vívidos labios rojizos. Se dieron un ósculo en la mejilla y Bra comentó animada:

—Así me gusta, que seas puntual —lo felicitó al ver que estaba superando uno de sus defectos más comunes.

—Ya me has regañado no sé cuantas veces por lo mismo. No quería otro regaño más en mi colección —sonrió.

Risueña, contestó rápidamente. —Pues así tienes que serme siempre: muy obediente. Recuerda que ahora soy tu ama y dueña—dijo con cierto aire de presunción y orgullo que a menudo se le hacía muy difícil de evitar. Goten sólo miró al cielo simulando que invocaba paciencia. —Por cierto —añadió Bra de repente, recordando algo— hay que hacer las palomitas de maíz.

Si antes Goten sonrió, lo que ahora hicieron sus labios merecía un nombre mucho mayor al anterior.

—¡Por supuesto que hay que hacerlas! Ya me abriste el apetito; me las estoy imaginando en mi boca ahora mismo —se sobó la panza como complemento para tales palabras—. Ver una película sin palomitas es como una tortuga sin su caparazón.

Así, ambos partieron a la amplia cocina a preparar las delicias que en un rato agraciarían sus bocas. No es que alguno de ambos fuera un buen chef, pero por suerte hacer palomitas de maíz era lo más fácil del mundo.

Terminada la apetitosa labor, se dirigieron al living con dos ollas que iban rellenas de «popcorn» hasta el tope. Tantas habían que se desbordaban por la orilla y varias, a cada paso que avanzaban, terminaron cayendo inevitablemente al suelo.

Llegando al destino antes trazado, se arrellanaron alegremente en el fino sofá de felpa, comiendo ansias por cultivar de una vez uno de sus pasatiempos favoritos.

El silencio y quietud exteriores señalaban que la luna había avanzado audazmente a través del cielo. Gracias a lo tardío que ya era, no se escuchaba tráfico, salvo por algunos noctámbulos chóferes que aparecían cada prolongados intervalos.

Mientras esperaban que la emocionante película elegida iniciara, las azucaradas palomitas de maíz se encomendaron a la labor de deleitar sus bocas. Y muy pronto las sabrosuras mutaron de alimento a munición, pues como dos chicos revoltosos se lanzaron varias por toda la habitación en una pequeña y loca guerra llena de dulzor.

No dudaban siquiera segundos en juguetear como lo que realmente eran: dos sonrientes niños traviesos.

Cuando hubo terminado la «palomienta» guerra se culparon mutuamente del desastre causado y discutieron ávidamente sobre quién sería el responsable de ordenar después. Aunque en honor a la verdad la reyerta no tenía mucho sentido: ambos sabían perfectamente que terminarían ayudándose para limpiar. Después de tantos años de amistad se conocían demasiado bien.

Una vez introducido el DVD que protagonizaría la velada, Bra afirmó su cabeza en el hombro de su amigo con toda naturalidad. Y es que ser semi-novios les había asignado una confianza muy especial. La que sólo cómplices muy íntimos pueden tener.

La película avanzó a ritmo vertiginoso, atrapándoles la atención enseguida. Tenía un estilo visual llamativo y la historia se hizo interesante de inmediato. Definitivamente los espartanos si que eran todos unos guerreros.

A medida que el film transcurría, Bra intercalaba curiosas miradas a las facciones de Goten. Le encantaba verlo atento y concentrado, cosa que no muchas veces tenía el placer de disfrutar. Camufladas miradas que en compañía de otras personas siempre cuidaba de no otorgar, pues quedaría completamente en evidencia. Y gracias a tales precauciones había logrado disimular —no sin inconvenientes— su estado de enamoramiento.

Ajustó más su cabeza en el hombro masculino; dio un par de suspiros y se acurrucó cariñosamente junto a su fibroso y fornido pecho.

Él, por simple casualidad, toma nota visual de que está descalza; las zapatillas de casa se habían caído de sus pies y ahora los mismos descansaban sobre la alfombra de granate linóleo. Se distrae de la película y observa los pies de ella con mucha curiosidad. Son pequeños y delicados; finos en toda la extensión de la palabra. Tambien da cuenta de que por alguna razón tenía los dedos encogidos. ¿Por qué? No hacía frío; de hecho estaba temperado y quedó pensando en la causa del encogimiento. Podía ser una nimiedad para cualquiera, pero para él cualquier cosa relacionada con Bra tenía una importancia suprema.

Tan insistente fue su mirada que ella no tardó en percatarse de la misma.

—No sabía que eras un fetichista de los pies —bromeó por la singular forma en que se los estaba mirando.

Él alzó sus ojos, sonriendo nuevamente. Sonriendo como siempre solía hacerlo.

—Nunca me había fijado en ellos. Son muy finos y frágiles, como si pertenecieran a una muñeca de porcelana —dijo atraído por la sublime delicadeza de su cuerpo. Sus pies corroboraban perfectamente la misma.

Bra se puso roja sin saber la razón. De hecho, un volcán hizo instantánea erupción bajo sus mejillas. ¿Por qué rayos estaba enrojeciendo tanto? ¡Si tan solo era un tonto comentario sobre sus pies! Pero esa sinceridad en su voz, esa ingenuidad y pureza que mostraba a pesar de sus años de vida recorridos, resultaba increíblemente seductora.

Goten era un seductor sin quererlo. Alguien que no pretendía, de ningún modo, serlo. Y eso era muchísimo más atractivo que alguien que si pretendiera tal cosa...

Bra se dejó envolver por la nebulosa invisible que nace cada vez que está cerca de él y, emocionada, hace colisionar su mirada contra él. A Ambos, por un largo instante, les costó reanudar la atención en el film.


La película llegó a su final y Goten quedó realmente maravillado e impresionado. La cinta en sí era espectacular, pero el clímax de la historia fue realmente apoteósico. No se esperaba algo tan bueno. Si hasta le dieron ganas de coger una espada y un escudo y luchar junto a aquellos trescientos valientes espartanos que daban una gran lección de honor, compañerismo, amor a la patria y fidelidad inclaudicable a los valores que te sostienen como persona.

—Guau, que final tan emocionante —comentó Bra animada tras el épico final de la cinta.

—Muy buena película. Si hasta me dieron ganas de participar en la batalla de las Termópilas —dicho esto, hizo el gesto de lanzar un espadazo al aire.

—A mí también me gustó mucho. De hecho feliz te daría una patada espartana —imitó a Goten e hizo el gesto de la famosa patada que aparecía en la película.

—¿Y a mí por qué? —preguntó algo asustado.

—Porque te la mereces. Así de simple.

—¿Pero por qué? ¿Ahora qué hice? —preguntó inocentemente.

—No seas tan curioso —se rió—. No todo tiene una respuesta lógica —guiñó alardeando complicidad. Luego tomó una de las últimas porciones de palomitas y bebió un sorbo de su gaseosa.

Los créditos de la película finalmente terminaron y el menú del DVD volvió al inicio.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Goten, quien imitó a su «amigovia» y devoró las últimas palomitas que habían sobrevivido hasta ahora.

—Ni idea. Miremos la luna o algo —sugirió lo primero que se le vino a la mente; una sonrisa mediante.

—Sí, conversemos un rato amparados por la luna y luego vemos otra película. ¿Te parece?

—¡Claro que sí!

Presto y atento, el hijo de Goku movió el sillón hacia el ventanal, ubicándolo precisamente en el lugar más propicio para admirar la belleza del satélite natural terrícola.

Se dispusieron a sorber nuevamente sus bebidas y comentar la película, además de conversar de otros temas. Entre ellos uno muy importante que no podían pasar alto: ya sólo restaban dos semanas para el cumpleaños número dieciocho de Bra.

Sí, dieciocho años. Faltaban sólo dos semanas para que Bra cumpliera su mayoría de edad y ambos se propusieran desafiar el destino. Enfrentar ese destino que en este caso tenía un nombre que empezaba con la letra «V» y terminaba con la «A».

Conversaron de ello arduamente hasta que Goten emergió con una pregunta que, aunque relacionada, se escapó del tema principal:

—¿Qué quieres que te regale para tu cumpleaños?

—¿La verdad? —dio una pausa y dudó en continuar, pero finalmente lo hizo— A ti mismo... —sonrió coqueta; tal como lo hacía Bulma en su juventud. No cabía duda que madre e hija eran como dos gotas de agua.

Y esa era la absoluta verdad: aunque recibiera millones de obsequios, ella realmente sólo ansiaba uno...

A Goten.

La confianza absoluta que le tenía le hizo revelar sus deseos sin ningún tipo de tapujo. Además, sabía que diciéndole eso lo pondría nervioso y moría de ganas por ver su reacción.

Y no se equivocó en lo más mínimo en su presunción: Goten se puso rojo como un tomate.

—¿En serio?

—Pero claro, si llevamos más de un año «juntos» —remarcó la última palabra sarcásticamente— y ni siquiera nos hemos dado un beso. ¡Esto es peor que tener un novio imaginario!

Goten rió a carcajadas; tan fuertes fueron que hicieron eco. Cuando logró dominarse, procedió a explayarse:

—Para mí también es difícil, no creas que no. Pero ya falta poco para que podamos ser novios de verdad —irradió optimismo a través de esas últimas palabras.

—Lo sé, es lo que más ansio Goten. Estar contigo sin importar nada más.

Guiado por el cariño, Goten entrelazó sus manos entre las tersas de su amada. Ella, como tierna respuesta, se acurrucó placenteramente en su pecho y suspiró emocionada.

Apenas Bra ajustó su oído, escuchó como el corazón de su hombre pasó de latir cual cronómetro a acelerarse ininterrumpidamente. El órgano vital de ella hizo exactamente lo mismo. A ambos los estaba invadiendo una emoción y una ternura que no dudó en derretirlos como si de mantecados puestos al sol se tratara. Así se sentían en la inefable compañía del otro.

Al alero de la dulce luz selenita se miran como lo hacen dos almas gemelas: completamente hechizados por la mágica intimidad lograda. Lo hacen de una manera en que la palabra «mirar» se queda totalmente corta e inexpresiva. Se «tocan» con la mirada; fijamente, sin parpadear, sin mover un solo músculo. Esos ojos tan diferentes por fuera, pero tan similares por dentro, se miraban mágicamente de hito en hito. Ambos reverberaron inspiración infinita. Aquella inspiración maravillosa que comparten dos corazones que se aman...

El puzzle del sentido que conforma sus existencias estaba a punto de enjacar sus piezas y revelar todos sus secretos. Ventinueve años atrás por parte de él y diecisiete años atrás por parte de ella, se habían conjugado para unir eternamente sus destinos en este preciso momento. Quizás lo vivido anteriormente por ambos, los distintos caminos recorridos y las diferentes vivencias que cada uno había experimentado eran un camino marcado desde el principio... el de estar juntos ahora, en este exacto momento, en este mismo instante. «El destino baraja las cartas, pero somos nosotros quienes jugamos» es una famosa frase de Shakespeare. No obstante, quizás el destino no sólo baraja las cartas, sino que también se atreve a jugar... a participar decididamente en el juego...

Tal como un león está destinado a comer carne y un caballo salvaje a una bella pradera que recorrer, Bra y Goten estaban destinados a enamorarse y amarse con todo el corazón...

Quizás su amor era algo tan fuerte y vigoroso, que tal designio estaba escrito en las mismísimas estrellas del firmamento...

No hay duda alguna que pueda retener sus sentires. Nada podría detener la magnanimidad del amor que profesan hacia el otro.

Ella tenía algo muy claro: como Goten no habían ni habrían dos. Motivada por ello, es Bra quien no vacila en inclinarse hacia él, imitando hábilmente la gracia de una felina. Está sólo a unos centímetros de la boca, distancia mucho más peligrosa que la anterior. Acto seguido, sin dilaciones de por medio, contacta sus almas a través de los labios y le transmite el dulzor de su deseosa lengua adolescente. Lo besa con una decisión inusitada e irrefrenable, como si fuera ella quien tuviese la experiencia. Vence los miedos gracias al ímpetu que la insolente juventud suele brindar.

Si antes el corazón masculino estaba agitado, ahora comienza a galopar precipitadamente cual corcel desbocado. Uno que deseaba alcanzar la libertad del amor puro y verdadero. Uno que desea correr a través del alma de la mujer que tanto amaba.

Él era el corcel, ella la hermosa llanura que lo invitaba a recorrerla...

Sin embargo, a su vez y de una paradójica manera, todas las alarmas de supervivencia se activaron en su cuerpo. Se volvieron un murmullo que creció exponencialmente hasta transformarse en gritos de descarnada moralidad: ella es la hija de Vegeta y además todavía era menor de edad. Cierto era que faltaba muy poco para que cumpliera los dieciocho, pero seguía siéndolo.

No responde el beso. Paraliza sus músculos y queda inmóvil en la mitad del túnel que une tiempo y espacio. Se congela de manera tal que pareciera que todos sus átomos ingresaron al cero absoluto. Mas no tiene otra salida; es lo que tiene que hacer. Él es el adulto. Y tiene que comportarse como tal.

La culpa de todo lo que estaba pasando era de él y sólo de él. Casi treinta años a cuestas y todavía seguía siendo un ingenuo.

Ver películas...

Debió prever y presentir que, aunque los dos intentaran evitarlo, aquella invitación terminaría transformándose en algo mucho más bello y peligroso...

Goten desarrolló el eterno conflicto que los seres humanos padecen y sufren: la lucha entre la razón y el instinto, entre el animal y el humano, entre lo moral e inmoral. Y de una vez por todas tendría que resolver la tesitura más dificultosa de todas.

De súbito, en su mente todo dejó de existir a excepción de Bra. No existe Capsule Corporation. No existe moral, ni diferencia de edad. No existe Vegeta; tampoco Trunks o Bulma. Lo único que existe es el amor que le profesa. Lo único que existe es el verdadero sentir. Lo único que existe es el real significado de sus existencias reflejado en el otro. Lo único que tiene cabida son sus miradas rellenas de amor.

Bra estaba adherida a su corazón como pareja desde hacía más de un año. Pero la verdad es que el cariño que tenía por ella existía desde muchísimo antes. Desde que jugaban en el patio cuando ella todavía era solamente una mocosa. Desde que intercambiaban consejos como lo hacen los grandes amigos o cuando le ayudaba en cualquier cosa, por más nimia que esta pudiera resultar para cualquiera.

»Te quiero desde siempre.

Abre sus ojos; sus labios todavía pegados a los de ella.

La mira nuevamente. Fijamente; sin parpadear. La mira, como si mover una sóla célula significara el más terrible de los pecados. La mira, ansiando desvelar cada secreto oculto bajo esos hermosos zafiros cobijados por largas pestañas. La mira, ansiando ver su alma. Si las almas poseyeran colores, no le cabía duda alguna que la de ella sería un arcoiris. Uno resplandeciente, brillante y anómalo, puesto que personas como ella nacían una vez cada muchos años.

No. En realidad se equivocaba rotundamente. Personas como ella nacían una vez en siglos, milenios o inclusive eones.

Era realmente única. Su sempiterna musa y diosa.

Sí, se puede aparentar muchas cosas y renegar una y otra vez el verdadero sentir. Pero aunque puedas engañar al resto, jamás podrás engañar a tu propio corazón.

Y por primera vez desde que la conoce, se rinde.

Se rinde porque él la desea tanto o más que ella a él.

Se rinde porque la ama.

¡La ama!

Bra siente claramente como se rompen las malditas cadenas de la moralidad y la lengua de Goten toma posesión de la suya salvajemente. La respuesta de ella es ardiente, incendiaria, fogosa como nunca atisbó que sería capaz de darla. No podía permitirse quedarse atrás; contestó con la misma vehemencia animalesca. Saiyans eran y y saiyans serían por los siglos de los siglos.

La sintonía que adquirieron sus corazones se desgajó constantemente en una ópera maravillosa de latidos precipitados. Una sinfonía inigualable de emociones creada por la maravillosa orquesta de sus almas.

Sienten locura, frenesí, deseo, vesania lujuriosa.

Se besan como locos, como si tuvieran la certeza que el día de mañana una manada de leviatanes los devoraría por la ignominia que estaban cometiendo.

Besan, muerden, ¡gimen! Estan poseídos e incluso más allá de eso.

De repente, Bra sintió en su cintura, por el talle, la presión cariñosa del brazo fuerte de su amado. E impulsado por un deseo irresistible, el hombre de su vida se lanzó como un lobo sobre el cuello de su víctima. Goten ya no es Goten, ha sido reemplazado por un animal carnívoro. Un lobo que anhela hacer feliz completamente a su mujer, a la hembra que se apoderó de su alma. Un ser que decidió caer en la irracionalidad y navegar en el delicioso mar de los impulsos amatorios.

Era su pecado. El pecado del amor; el pecado más bello que alguien podría cometer.

Ella sintió una increíble y prodigiosa combustión celular en la zona cervical. Jadeando, angula todavía más su cuello para que Goten se deleite a placer; para que se convierta en el vampiro que ansiaba ser.

Más jadeos por parte de ella. Más besos por parte de él.

Bra le prodiga un abrazo ferviente y febril. El interior de sus muslos comenzó a temblar y, a cada beso recibido, su cuerpo entero se va enardeciendo más y más. Su corazón realmente iba a estallar.

Sí, amar definitivamente sabía a gloria. Quiere ser la dueña eterna de Goten. Que cada segundo de su vida pensara en ella. En nadie más. En absolutamente nadie más.

La fiebre amatoria aumenta su volumen de manera sideral. El que todavía no estuvieran unidos carnalmente los comenzaba a quemar, a torturar. Querían incendiarse y destruirse en placer hasta el punto que sus almas se volvieran familares muy cercanos de las cenizas. Consumir totalmente el deseo fulgurante que padecían.

Más de un año esperando este momento los había vuelto locos. Trece meses de paciencia había sido demasiado. Ansiaban hacer el amor ya mismo. Era una obligación, una completa necesidad. Embriagados por la necesidad de amar, estaban.

Goten hace esfuerzos sobrehumanos para no perder la conciencia. Quiere tratarla como la princesa que era y no como si ella también fuera un animal salvaje. Bra, después de todo, no tenía la experiencia de él. Pero mantener la cordura le estaba costando mucho más de lo que pudo haber imaginado.

—No te reprimas... —exigió ella en un gimoteo sensual, leyéndole con fenomenal claridad los pensamientos. Una vez más quedaba claro que lo conocía demasiado bien.

Bra no tuvo que decirlo dos veces: Goten contactó su frente con la de ella, dejando que su cálido aliento acariciara los dichosos labios carmesí. Sin demora, reanudó los fogosos besos mientras comenzaba a recorrer con sus dedos las curvas de la afrodisíaca y adictiva figura femenina. Por debajo de la blusa abotonada, se entregó a la maravillosa labor de explorar su delgada cintura y amplias caderas.

Ella hace exactamente lo mismo con él: explora fascinada los fornidos brazos y el abdomen perfectamente trabajado. El amor de su vida era un genuino adonis de sensualidad y fortaleza.

Se examinan cuidadosamente, aumentando el atrevimiento a cada segundo transcurrido. El desparpajo propio que otorga la posesión los conminaba a ir más y más lejos...

Las manos se volvieron cada vez más deseosas y lujuriosas. Goten empieza a palpar sus senos y podría haber jurado que fluir a través de una corriente cósmica multicolor no podía ser mejor que la sensación que ahora estaba sintiendo. La suavidad de aquellos pechos era sencillamente incomparable.

Entretanto la vista, celosa del tacto, no resistió que este último se llevara toda la gloria. Por lo mismo Goten abrió la blusa con vehemencia y los botones de la misma no tienen más opción que saltar por todos lados. Y antes que pueda llevar sus manos a la espalda de ella, es Bra quien realiza la maniobra de despojarse definitivamente del infame y egoísta sostén que aprisionaba sus pechos.

Y Goten, por primera vez, la descubre y admira de una forma en que nunca pensó que realmente sucedería. Emocionado, observa la indómita juventud destellando a través de cada célula que componía su nívea piel.

La contempla anonadado, obnubilado hasta la raíz de los cabellos. Estaba completamente embelesado ante la perfección que había creado la madre naturaleza.

Inexorablemente, se mordió los labios...

Los suspiros de Bra aumentaron su intensidad y cerró los ojos, abandonándose a ser poseída por el hombre que amaba. Quiere genuinamente, con su alma entera, que la haga suya de todas las formas posibles. ¡Que haga lo que quiera con ella!

Goten, derrotado por el instinto y sin esgrimir sutilezas de por medio, tomó fieramente entre sus dedos los cabellos turquesas y dejó que el cálido aire proveniente de sus pulmones la golpeara en toda la zona pectoral. Un lago de suspiros surgió de ambos. Y tras varios segundos, la desenfrenada excitación se transformó en un verdadero océano de ansiedad sin igual.

La dilación que estaba provocando Goten se estaba transformando en una tortura. Bra, impaciente, dejó su momentánea pasividad a un lado y, esta vez, es ella quien lo toma fuertemente de los cabellos. Mirándolo salvaje, exigió a su amado que hiciera de una vez lo que tenía planeado.

A sus diecisiete años y sin experiencia previa, inclusive se daba el lujo de exigir el siguiente paso. No cabía duda de que era toda una mujer saiyajin...

Goten no se permite la osadía de desobedecerla: desenvainó su húmeda lengua hacia los pezones y se deleita a cada jugosa succión que les propina. A intervalos no calculados, viaja del seno izquierdo al derecho y viceversa, volviéndose loco con la exquisita alquimia resultante del amor y el deseo maximizados. No satisfecho con eso, sus dedos, lentamente, iniciaron el sublime trayecto hacia su feminidad...

Sí, la va a hacer gozar hasta que estallara como una supernova. Que oleadas irrefrenables de placer se apoderaran de ella hasta hacerla temblar. Que sintiera una epifanía que pareciera proveniente de otra dimensión; una en que la espiritualidad y la carnalidad se fusionarían de una manera completamente inolvidable. Que el sexo con amor abriera sus mágicas alas multicolores en toda su extensión.

¡Eso es lo que haría! La marcaría con una felicidad indescriptible y le tatuaría el gozo en la piel para siempre. Que jamás olvidara quien fue su primer hombre; quien fue el que la hizo sentir mujer, quien la hizo vivir hasta un límite celestial que jamás habría soñado siquiera alcanzar.

El momento más maravilloso y culminante estaba a punto de ocurrir...

No obstante, algo terriblemente macabro estaba a punto de suceder. Un imprevisto ominoso que ni siquiera al mismísimo Satanás se le habría ocurrido acometer. Pero el destino, cuando así lo quería, podía ser incluso más cruel que una vil jauría de demonios...

—¡Pero qué está pasando aquí! ¡Qué rayos significa esto!

La brutal anormalidad yacente en esa voz sobrenaturalmente encolerizada y energúmena, no les impidió el hecho de reconocerla de inmediato como la menos esperada de todas...

Y entonces supieron que el más pavoroso y sanguinario terror estaba a un tris de desatarse. Algo infinitamente peor que cualquier hórrida pesadilla...

Inexorable y mortífero, el verdadero infierno aguardaba...


Continuará.