Ilusionado


Al pequeño el beso más intenso lo aturdía, casi sentía que sus piernas no lo aguantarían; tímidamente se sostenía de la ropa ajena intentando ser partícipe de aquel beso, tratando de dar algo de pelea con su inexperta lengua acabando mas acalorado todavía; nunca había hecho nada similar, era demasiado todo eso para él.

El otro apenas se agarraba de él y Kise pasaba una mano por su cintura, para sostenerlo, su boca sabía dulce, tenía el gustillo fino del postre que este había pedido, pero su saliva caliente y espesa rápidamente lo mejoraba, a duras penas se separaba de él, y cuando lo hacía le lamia los labios, si se quedaban ahí alguien podría verlos, no sería nada bueno, aun así, de pronto se sentía extrañamente excitado, tanto como para no poder aguantarse, por eso le decía al oído.

—Vamos a mi habitación… —y lo jalaba del brazo hasta el elevador que era privado.

No recordaba cuando había sentido tantas ganas como ese día, y como nunca nadie se había negado a él, o más bien, se lo pedían a él, simplemente asumía que el chico lo seguiría, por eso lo arrastraba consigo hasta el ascensor donde volvía a atraparlo; no se paraba a pensar en que algo raro sucedía con ello, que estuviera mal o que el otro fuera menor, y por su reacción que él fuera el primero en tocarlo, estaba demasiado metido en su actividad en ese momento, y probablemente si lo hiciera solo se encendería mas.

La invitación ponía nervioso a Tetsuya y no alcanzaba a responder nada cuando era arrastrado, en el ascensor era acorralado y besado nuevamente por lo que su mente no podía formular algún reclamo o siquiera una opinión sobre ser llevado a la habitación del rubio. No era capaz de pensar en nada al ser tocado e intensamente besado por aquel hombre, se sentía como en una fantasía y sus manos aun dudosas apenas tocaba al otro; en ese momento tampoco le importaba el anterior enojo ni la decepción, solo le importaba seguir sintiendo aquel intenso calor en su joven cuerpo.

Llegaban hasta la habitación a tropezones, pues el rubio no dejaba para nada la boca ajena, y tampoco el cuerpo que acariciaba por sobre la ropa con necesidad, entonces lo dejaba caer sobre la cama, lo miraba de nuevo, de verdad que se le hacía algo increíble, pues, aunque era un galán con las chicas, difícilmente se acercaba a otro hombre, o más bien, les dejaba acercarse, y si lo hacía este tenía que ser tan apuesto que lo deslumbrara; ese chico… no sabía que era ese chico, y sinceramente, en ese momento poco le importaba, solo sabía que estaba mucho mas excitado de lo normal y eso se dejaba sentir entre sus piernas.

Sobre él, en la cama, seguían los besos que bajaban hasta el cuello delgado y blanco, su mano inquieta y experta acariciaba por debajo de la playera del otro, de verdad, no había dado cuenta antes, pero bajo su palma el otro cuerpo era demasiado pequeño tembloroso, entonces haría que se relajara, alcanzando maliciosamente con sus dedos uno de los pequeños pezones ajenos, lo acariciaba, no se paraba a pensar en las consecuencias, en su mente solo necesitaba poseer ese delicado cuerpo.

Aquellas sensaciones eran muy nuevas para Kuroko que con suerte se había tocado alguna vez al despertarse activo de un sueño húmedo que ni siquiera recordaba, pero ahí estaba ahora; en la cama bajo el cuerpo del hombre más atractivo que había conocido en su vida y siendo tocado por él. Se estremecía con facilidad ante cada toque y el calor iba en aumento, estaba excitado como nunca, con los ojos vidriosos y las mejillas intensamente coloreadas. No sabía bien que quería, solo sabía que quería más...

Le doblaba la playera hasta el pecho, dejándole al descubierto los dos botones rosas que acariciaba, le parecía la visión más perfecta y excitante que había tenido en su vida, en ese momento, bajaba a lamer el pecho blanco a lamerlos, mientras su mano bajaba a abrirle el pantalón y se colaba entre su ropa interior acariciando.

Al sentir como la boca ajena ahora jugueteaba con sus pezones se quejaba sorprendiéndose de lo bien que se sentía aquello, apretaba las piernas al sentir la mano tocando su entrepierna y gemía inesperadamente alto, llevaba una de sus manos a su boca para cubrir aquellos vergonzosos sonidos. No había imaginado para nada una situación así, pero eso no significaba que no disfrutara de aquello, no se paraba a pensar si era bueno o malo tampoco; solo sabía que se sentía genial y era suficiente para ceder casi inocentemente.

Todas sus reacciones eran lindas, ridículamente inocentes, y por demás eróticas, no era raro que Kise quisiera mas, ese pequeño cuerpo era como una nueva y extraña droga. Subía nuevamente a su boca, la lamía y le hablaba pegado a esta.

— ¿Alguien más te ha tocado así antes? —le decía mientras su mano empezaba a desalojar el pantalón ajeno, sin perderse de tocar la piel a su disposición.

Su mirada azulada se encontraba con la otra ambarina entre todo aquel vendaval de sensaciones, respondía negativamente con la cabeza y su suave voz a la consulta del mayor tan cerca de su boca; era el primero que lo tocaba así y también le había robado su primer beso, y sin temor a equivocarse, y sin querer cambiarlo también, seguro sería su primera vez.

Kise se mordía el labio inferior ante aquella afirmación, aunque lo sabía por su comportamiento, quería que él se lo dijera, y así era, sonreía para sí; a esas alturas poco le importaba que fuera un menor que recién conocía, solo estaba el deseo. Entre todo aquello tan repentino e intenso se calmaba unos segundos, para dejarle un beso en la frente, era muy lindo, y probablemente no se volverían a ver después de eso, así que planeaba darle la mejor noche posible, restringiendo sus ganas de tomarlo de inmediato, lo devoraría poco a poco.

Entonces terminaba de bajar sus pantalones, y junto a su ropa interior eran tirados fuera de la cama, junto con la camisa del mayor, entonces bajaba lentamente, lamiendo su pecho, pasando por su ombligo con el que jugaba un poco y por su vientre, llegaba hasta un lugar muy activo en el menor, esa era una atención especial que nunca daba pero, quería probar todo el pequeño cuerpo y verlo retorcerse antes de tomarlo, por eso es que pasaba también su lengua por la erección ajena, y luego la metía en su boca sin dejar de ver el rostro del más pequeño.

Sus ojos se abrían grandes al ver y sentir como el otro lo empezaba a "mimar" de aquella manera, temblaba de pie a cabeza y exhalaba un fuerte gemido; cubría con sus manos su boca para acallarse mientras el otro hacía de las suyas en su entrepierna. No había ni alcanzado a fantasear con algo así y ahí estaba, se agitaba rápido y gotas de sudor caían por su frente mientras el ritmo subía. Apretaba sus piernas sostenidas por las manos ajenas en un esfuerzo por resistir, se sentía tan endemoniadamente bien la boca del rubio complaciéndolo, lo hacía enloquecer mientras lo acercaba a su límite sumamente pronto.

Este lamía y succionaba con descaro viendo las suertes que hacía el menor para no hacer ruido, así que estiraba una de sus manos a atrapar las otras que le impedían hacer ruido, y las bajaba hasta la altura de su ombligo atrapándolas para que no pudiera callarse a sí mismo, sin detener la estimulación, era demasiado bueno como para perdérselo, quería imagen y sonido.

El pequeño sin poder usar sus manos para evitar hacer tan vergonzosos sonidos intentaba mordiéndose los labios pero poco y nada le duraba, de su pequeña boca salían gemidos altos y bajos, sin poder controlarlos; tenía tanto calor y sentía tanto placer ante lo que el rubio hacía que no resistía mucho mas.

—Kise—san ya no... Puedo más amh...— como podía le informaba al mayor entre jadeos y quejidos, y ya no aguantaba mas viniéndose sin importar mucho donde, solo que se sentía excelente.

Escuchar la excitada voz del otro solo le subía un nivel a su lujuria, la que lo cegaba esa noche. Recibía al menor en su boca y se relamía los labios viéndolo aun bajo suyo, entonces se llevaba los propios dedos a la boca, aprovechando el semen del chico, serviría perfecto, y volvía a subir hasta su boca agitada, dejándole cortos besos, dándole a probar el resultado de su placer, luego yendo a su oído para besarlo, lamerlo, mordisquearlo.

—Tienes un cuerpo tan lascivo… —le hablaba mientras con la punta de sus dedos acariciaba la entrada del chico tanteando terreno —Pobre de ti… tan caliente… estas muy mojado… —bien inundado por el placer le pasaba la lengua por la oreja y la metía en esta, estaba totalmente perdido por el aroma sexo en el aire, el que desprendía ese cuerpo, que sacaba el lado más activo de del ex modelo.

Kuroko quedaba muy agitado y sobrexcitado gracias a la reciente culminación, quedaba como despojado de si mismo sobre esa cama. Las cosas que el rubio hablaba lo avergonzaban completamente y la manera en que toqueteaba su entrada lo hacía estremecerse, se sentía muy extraño aquello pero las ganas no lo dejaban pensar ni por un momento en detenerse ahí, había que llegar hasta el final no importa que.

El mayor seguía devorando su oreja mientras presionaba contra el cerrado lugar, y aprovechando el estado, aun más vulnerable del estudiante, empezaba a meter uno, de un modo lento y suave.

—Tan lindo… —le hablaba mas, le gustaba eso, y le gustaba más como cambiaba la expresión del otro al escucharlo, casi parecía un crimen —Tan pequeño…

El primer dedo hurgando en su interior lo hacía removerse incómodo, se sentía raro pero no se quejaba, y es que apenas se podía concentrar en algo que no fuera el rubio mordisqueándole y susurrándole al oído; le daba escalofríos pero de manera placentera, su erección se recuperaba lentamente pero su excitación seguía intacta esperando mas sensaciones desconocidas.

— ¿Te gusto mucho verdad? —Le preguntaba mientras acariciaba con su otro dedo, y lo llevaba a acompañar al que ya se encontraba dentro, el espacio era realmente reducido, y lo prendía más —Tranquilo, te haré sentir incluso mejor… —Sonaba como un viejo verde, un viejo verde ridículamente atractivo, al que se lo comían las ganas mientras lamía el otro cuello.

El pequeño dejaba salir de su boca una sutil afirmación mientras sus manos, tratando de tomar confianza, se posaban sobre la ancha espalda que ardía bajo su palma. Al sentir como otro dedo mas hurgaba en su interior torcía un poco el gesto, además de incomodar eso dolía, no mucho pero por ser algo que no había sentido antes lo hacía temblar, intentaba relajarse entonces para hacer más llevadero aquel proceso pero la boca marcando su cuello no le hacía muy fácil la tarea.

El rubio sentía como sus dedos jugaban en el interior del chico, aunque estuviera con tantas ganas ya, y tuviera una casi dolorosa erección de aguantar, tenía que esperar un poco más, o solo le haría daño. Por eso bajaba de nuevo a donde sus pezones, le encantaban, y también jugaba con ellos de la manera más descarada posible, mientras un tercer dedo se hacía espacio en el apretado lugar.

Aquel tercer dedo le arrancaba un breve quejido al menor que resistía tratando de no ponerse tenso pero era difícil y más admirando a quien tenía encima, y que parecía querer comérselo de verdad. Lo mordisqueaba y lo lamía por todos lados, y hacía que su corazón golpeara duro en su pecho cada vez que lo miraba fijamente, estaba a completa merced de los deseos y caprichos del mayor que lo entendía a la perfección y lo aprovechaba. Cuando ya las tres falanges en su interior ya no causaban dolor se sentía listo para lo que vendría, aunque no podía dejar de estar nervioso y temblar un poco. Se avergonzaba de comportarse casi como una chica pero por más que tratara, no podía evitarlo, eran muchas emociones y sensaciones de golpe.

Sacaba al fin los tres dedos del lugar, y se enderezaba para quitarse al fin los pantalones y ropa interior, así sería más cómodo.

—Aguanta un poco, te juro que valdrá la pena… no tengas miedo —le susurraba acercándose de nuevo a él, que tenía una cara de ovejita asustada, que iba perfecto con su actitud de lobo feroz.

Acariciaba su frente retirándole los mechones de cabello en esta, empapados en sudor, y le dejaba un beso casi tierno, luego rosaba nariz con nariz y encontraba su boca en un fogoso beso, entonces se agarraba bien de su pierna y cadera, lentamente comenzaba al fin a entrar en él.

Gracias a las palabras y a las caricias del mayor, se distraía y relajaba mientras acomodaba sus manos en sus hombros, apretaba estos con fuerza cuando sentía que empezaba a entrar; la voz se le quebraba y gimoteaba adolorido a medida que avanzaba firmemente hasta el fondo. Cerraba los ojos y apretaba los dientes, lágrimas corrían por su rostro mientras luchaba por resistir, ahora si su cuerpo temblaba notablemente y se mordía con fuerza el labio inferior; Eso dolía mucho pero aguantaba por Kise y lo encantado que estaba por él en ese momento.

Cuando había conocido al chico, no imagino, ni creyó posible una escena así, pero ahí estaba, sobre él, robándole su primera vez sin ninguna culpa, pero tratando de ser lo más suave posible, aunque era difícil no dañarlo, era apenas un adolecente después de todo.

—Tranquilo… aguanta un poco más… —trataba de calmarlo dejándole cortos besos por todo el rostro, y luego uno más largo sobre los labios, para deslizarse hasta sus clavículas, mientras su mano libre viajaba a atender el miembro del chico para que se soltara más rápido.

De verdad, era un lujurioso delito.

Tetsuya respiraba hondo después de un rato, quería superar pronto aquel mal rato así que se esforzaba por aguantar y relajar su cuerpo así este se adaptaría a la intromisión sin problemas. La estimulación a su nueva y olvidada erección ayudaba a ese objetivo, con aquello mas caricias y besos el calor retornaba a su cuerpo, la excitación lo agitaba y el rubio tomaba confianza para empezar a llenar de ruidos la habitación.

Sin apresurarse tomaba un vaivén rítmico, lento, suave, en el que sus labios se encontraban y acariciaban, era un poco difícil moverse al principio, pero cuando el chico se calmaba todo iba mejor. Lo miraba dejado a su total voluntad sobre la cama, y él bien que lo estaba haciendo, esa actitud de total sumisión lo ponía a tope, lo volvía loco, le encantaba.

Poco a poco agarraba más confianza respecto a la resistencia del otro cuerpo, que de primera instancia, parecía que se rompería.

Tomaba un buen tiempo para que Kuroko le tomara el gusto a aquella actividad y dejara de sufrir, inexplicablemente para él cuando el mayor golpeaba con fuerza bien profundo en su cuerpo se sentía exquisito, le hacía gemir a gran volumen. Afianzaba sus manos con más soltura en la espalda ajena, atrayendo mas el cuerpo grande y trabajado del rubio para que quedara pegadito al suyo; su rostro subía en la escala de rojos hasta lo impensado y sudaba aun mas, jamás creyó que algo así pudiera sentirse tan bien; se llenaba de ansias de más y de la lujuria que estaba recién conociendo, le estaban arrebatando toda la inocencia que le quedaba y lo disfrutaba con desconocida malicia.

El mayor poco a poco aplicaba más fuerza a las arremetidas, probando piel, marcándola, y haciéndolo gemir alto, no era el sexo más espectacular del mundo pero, extrañamente, tenía una calidad divina, pensó que era muy probable que fuera la pervertida situación, una estrella de cine y un estudiante, adolecente apenas, el morbo era mucho y muy caliente, tanto como los pornográficos sonidos que invadían el elegante cuarto, estaba demasiado caliente.

— ¿qué… qué sientes? ¿Te gusta… tenerme dentro?

El menor mantenía los ojos cerrados totalmente entregado y disfrutando de lo que le hacía el otro, las preguntas lo tomaban por sorpresa, no esperaba tener que hablar mientras lo hacían; era vergonzoso y difícil pues entre gemidos y jadeos era complicado expresarse, aun así se esforzaba:

—se siente...rico...muy bien...s-si me gusta ah!— aquellas preguntas le habían causado una sensación muy extraña pero placentera, se preguntaba si causaría lo mismo en el rubio con sus respuestas.

Su inocente respuesta lo encendía más si se podía, estar con ese niño, de esa manera, era peligroso para su salud mental.

— ¿Te gusta que te toque? ¿Quieres más fuerte? —sentía la saliva espesa y le dejaba ir todo su aliento caliente por sobre la oreja, acariciaba las piernas delgadas que sentía se derretirían bajo su mano sin mucho problema.

Este entrecerraba los ojos sintiéndose superado por tantas sensaciones deliciosas, la cabeza le daba vueltas y el calor que sentía era sofocante, pero el placer era incomparable, no dejaba de gemir mientras sus dedos marcaban la espalda del mayor y apenas podía exhalar sus "sí~", se quedaba sin aliento en cada embestida. Su miembro punzante, ya húmedo, era frotado entre sus vientres y lo llevaba mas allá en su locura; no resistiría demasiado, era mucha intensidad para su joven cuerpo.

Aumentaba la velocidad al escuchar esas palabras, agarrándose bien de sus piernas, contemplando el rostro joven, demasiado joven, que se acercaba al orgasmo de nueva cuenta, derritiéndose entre sus dedos, apretándolo con fuerza, jadeante, casi suplicante, tan vulnerable y sumiso, no acabaría de describir todo lo que le provocaba en ese momento, así que solo lo resumía a querer comérselo, poseerlo hasta acabárselo.

—diciendo algo como eso… eres, un… niño muy malo…

Abría sus celestes ojos acuosos para mirar al mayor y negar, en una situación así no podía pensar en que lo del rubio era solo un decir, un jugueteo, así que negaba enérgicamente porque él no había hecho nada malo según sabía. Jadeaba ya en las últimas, solo un poco más y enloquecería, llegaría al límite y se derrumbaría; Kise lo era todo para él en ese instante, se descubría con el corazón latiendo a mil y por mucho más que la mera excitación, se sentía feliz de compartir eso con el rubio y ya no aguantaba mas...

—Sí que lo eres… —le refutaba después, esa inocente expresión, simplemente le volaba la tapa de los sesos, de verdad que nunca había visto nada parecido, miles de escenas se le venían a la mente, quería mas, lo quería todo.

Con un gemido fuerte y agudo el pequeño culminaba, gozando del breve placer insuperable del orgasmo para luego quedar como perdido respirando agitado y babeando bajo el caliente cuerpo ajeno, que seguía activo entre sus piernas embistiéndolo con fuerza.

El chico terminaba en medio de los dos, y Kise se mordía fuerte el labio inferior al ser apretado de esa manera tan imposible, no creyó poder encontrar tal placer nunca, por lo menos no en el cuerpo de un colegial; Se relamía los labios ante la imagen, demasiado pecaminosa, erótica, y lo impulsaba a hundirse en él lo mas que podía, era tan suave y caliente. Lo miraba y con una mano tomaba la otra, con su mirada llena de lujuria besaba y lamía los pequeños dedos, los mordisqueaba, viéndolo como si fuera su presa, o más bien que lo era, ese desposeído cuerpo ahora le pertenecía.

No podía callar sus gemidos y Kise no le daba pausa entrando y saliendo de él con rapidez y potencia, miraba al mayor, que jugueteaba con sus dedos, con sus ojos lagrimeantes, sus mejillas encendidas y su pequeña boca jadeante; se sentía agotado pero pleno en esa húmeda cama, llamaba al nombre del rubio como pidiendo algo entre un beso, un abrazo, que parara y que siguiera, no se entendía ni él.

Sin menguar ni un poco el rubio bajaba a cumplir su pedido mudo, lo besaba con ganas, como solo él sabía hacerlo, pasaba su mano por la nuca del pequeño para atraerlo hacía sí, porque parecía que no daba para más, dejaba cortos besos también sobre sus ojos que se cerraban y goteaban, era como si se estuviera derritiendo, y era esa clase de actitud la que estaba acercando al rubio rápidamente al final, o por lo menos, mas rápido de lo que acostumbraba, estaba con muchas ganas.

—Me voy a correr… —le informaba bien pegado a sus labios y le estrujaba la cadera con su mano grande.

Se abrazaba con fuerza al mayor aun avergonzándose por las cosas que este decía, su piel pálida seguro se llenaría de marcas, asimilaría cualquier agarre más o menos fuerte marcándose, era bastante fácil mancillar su piel. Sentía como el otro se hinchaba en su interior y arremetía con más fuerza, clavaba sus uñas en la piel cuando luego de un par de profundas y fuertes estocadas se sentía inundar por un torrente caliente que escurría también fuera de su cuerpo, era rarísimo para el menor sentir aquello pero el rostro y el gruñido de satisfacción del rubio lo valía.

A quien el orgasmo lo cegaba por un segundo, le sabía a gloria, no recordaba la última vez que había sentido eso, pese a que tenía una vida muy activa, sexualmente hablando. Al terminar respiraba agitado, sobre el cuerpo más pequeño, y se abrazaba a él aun cuidando de no aplastarlo, eso había sido muy bueno, su piel seguía caliente, lo besaba, que ganas le daban de hacerlo de nuevo.

Cerraba los ojos tratando de recuperar su ritmo normal de respiración, se abrazaba al mayor y recibía contento los besos que este le daba; se sentía sumamente agotado después del intenso ejercicio, su corazón latía fuertemente en su pecho percibiendo el aroma y calor ajeno cobijándolo. Jamás espero vivir algo así, y mucho menos con Kise que era inalcanzable hace un par de días, se sentía feliz e ilusionado como nunca.

Kise se dejaba caer a un lado y atraía al otro cuerpo hacía él, era como abrazar un muñeco de peluche, suave, lindo, calientito, y entre sus brazos lo descubría aun más pequeño de lo que lo había visto al principio, culpa de la previa actividad.

Ya más calmado entendía lo que había hecho, se había acostado con un menor, y encima era un chico que acababa de conocer, algo debería estar mal en su cabeza, pero ya lo había hecho, y más aun, lo había disfrutado al máximo, el chico también lo había hecho, miraba el reloj en la pared, era bien tarde y el chico estaba que se desmayaba de sueño, lo menos que podía hacer era cobijarlo hasta el amanecer, ya al aparecer el sol vería como arreglar el pequeño problema en el que se había metido por actuar como animal en celo. Ese niño olía muy rico.

Acunado cálidamente entre los soñados brazos del mayor se rendía ante el cansancio que embargaba su cuerpo, durmiéndose relajado en esa desconocida cama ajena. No soñaba nada, estaba muy agotado, pero dormía con una sensación cálida y recién encendida en su pecho. Era un amor nacido de la nada, avivado y creado por los labios del mayor que le habían quitado la cordura; e ilusamente alegre llegaba el nuevo día para el...

El sol que se colaba por una ventana lo despertaba, el famoso actor estaba inusualmente contento y se estiraba bostezando, luego miraba a un lado y… recordaba lo que había hecho la noche anterior, y que seguía durmiendo en su cama, se daba una palmada en la frente, que tonto era. Miraba al chico un momento, por lo menos era lindo, no tan lindo como en la noche, pero lindo; esperaba no fuera un problema más grande, justo en ese momento esa noticia sería una bomba en la prensa si al chico le daba por abrir la boca, tendría que convencerlo de que no lo hiciera antes que nada, o sería realmente grave la repercusión. Se felicitaba, y lo había hecho sin una gota de alcohol, de verdad que era un maldito genio, le daban ganas de colgarse.

Se levantaba llamando a la gente de servicio para que le trajeran el desayuno para dos, y se iba a tomar una ducha dejando a su adolecente aventura durmiendo en la cama, hablaría con él durante el desayuno.

Kuroko teniendo un sueño pesado no se despertaba cuando el rubio lo dejaba para irse a la ducha ni por nada hasta que el hambre hacía de las suyas y lo despertaba, se estiraba y restregaba los ojos, luego bostezaba y miraba a su alrededor, tardaba un poco en ubicarse y recordar donde estaba pero el dolor en sus caderas lo ayudaba a aclarar su memoria. Le daba un poco de vergüenza recordar todo lo sucedido pero a pesar de eso se sentía bien; veía al mayor saliendo del baño recién duchado y con solo una toalla encima, se sonrojaba y desviaba la mirada pero aun así lo saludaba:

—buenos días...

Sonreía al ver la expresión del otro, pues la verdad era que si era muy lindo.

—Buenos días —Le decía llegando hasta su armario y comenzaba a vestirse, se ponía unos pantalones simples y una playera cualquiera, aunque toda su ropa era de buen gusto, la gran mayoría regalos de diseñadores de modas de renombre, para él era lo más común del mundo.

—Oh, debe ser la comida —tocaban la puerta e iba por ello, el servicio era discreto y rápido, entonces iba con el carrito de comida hasta donde el menor descansaba —Espero que te guste lo que pedí —él era normalmente amable, pero ese día estaba más lindo debido a la futura charla que tendría con el menor.

Pedía poder ducharse antes de desayunar y es que se sentía muy raro su cuerpo, no estaba cómodo; se llevaba su ropa regada por el cuarto y bajo el agua caliente tranquilizaba a su agitado corazón, además de que sus músculos se destensaban y se aseaba bien. Salía pronto ya vestido y secándose el cabello, se acercaba al carrito y comía una tostada con cualquier cosa, moría de hambre. Se ponía agradablemente nervioso bajo la mirada del rubio e inocentemente se preguntaba qué pasaría de ahí en adelante...

Comían los dos juntos y callados, por distintas razones, el chico por no ser muy hablador y el mayor por estar pensando en cómo explicarle la situación, por lo menos no se veía como alguien que lo acusaría de violación o algo.

—Bueno, Kuroko…cchi… mmm, esto, ¿cómo explicarlo?... lo que paso anoche… ¿puedes guardar el secreto? —le decía al acabar de comer, tratando de usar un tono suave y más normal.

Miraba confundido al mayor, primero por lo de "Kurokocchi" y luego por lo del secreto.

— ¿Secreto? ¿Cuál? y... ¿de quién?— consultaba dudoso, ¿de quién querría esconder ese secreto? Había escuchado lo de "lo que paso anoche" pero quería ignorarlo, tendría que ser más directo si quería romperle el corazón.

Suspiraba rascándose un poco la cabeza, no era bueno en eso realmente no quería romper el corazón de un colegial, principalmente porque eso también podría romper su carrera…

—Escucha… lo que hicimos anoche, no fue lo más correcto, y fue toda mi culpa, lo acepto, de verdad lo siento —miraba a otro lado y luego al otro y su rostro inexpresivo al escucharlo, aunque por algún motivo creía que el chico por mas frio que se viera no estaría bien con eso —Solo, no se lo digas a nadie, se que suena mal, pero te juro que te lo compensare, cualquier cosa que quieras… —trataba de sonar lo más conciliador posible —Que este sea nuestro pequeño secreto...

Observaba en silencio el nerviosismo del otro, al parecer lo que más le preocupaba era que nadie se enterara de lo que pasó esa noche, es decir que aquello que a él le había parecido un maravilloso momento, para el otro solo era una vergüenza que ocultar. Tragaba saliva y mantenía su gesto serio, sin expresión a pesar de todo lo que sentía.

—No necesito nada de usted, no se preocupe, no me interesa arruinar su carrera...— seguro eso era lo que más lo asustaba.

Sin esperar nada más se ponía de pie y caminaba hasta la salida sin decir nada mas, saliendo del lugar a paso rápido pero no desesperado para alcanzar el ascensor e irse, y olvidar aquel "secreto" compartido.

El mayor llevaba su mano a su frente, ¿debía seguirlo? Por su marcha apresurada se veía que lo había afectado, bueno, esa había sido la primera vez del chico, pero era imposible, y decidía no ir a buscarlo, él no parecía como que iba a vender el secreto o algo, pero si lo seguía quizá sería peor, no debía ofrecer más de lo que podía dar, lo sucedido en la noche había sido una fantasía, la de un adulto pervertido y un adolecente con una estrella de cine, ¿debería ser suficiente para cualquiera no?

Algo le hacía pensar que este no era el caso, sería más sencillo si ese chico fuera más normal, nunca había conocido a nadie tan raro, de cualquier modo, no podía hacer nada más.


Sale, la porno prometida, esta largo (mmmmmm...) y porno, y Ooc también, ¿pero saben? ¡Es porno! ¡Y es gratis! :megusta:

Gracias por leer de verdad, perdón por las notas es por la gripe, creo y, bueno, pensé en poner las que escribía Mika, pero ya lo ven, es mi cuenta, así que se leería raro si pongo lo de ella cuando soy yo, usted sabe; perdón por la tontera.

Ciaus! Hasta la proxima parte de este rodaje porno-drama-algo.

:*****!

PD: No suelo hacer esto pero, por favor dejen aunque sea un saludo para que mi esposa sea feliz.