No tardaron mucho en llegar. Cuando apearon de las vagonetas, Clara observó la estación: El techo consistía en tablas de madera de abeto al igual que el piso, pero las paredes estaban hechas de roble y abedul. El lugar estaba amueblado con algunas sillas dobles y cofres. Clara se dio cuenta que la estación era idéntica a la anterior, a diferencia que esta estaba llena de polvo por todas partes y una que otra telaraña colgaba del techo.
El olor a cerrado era casi insoportable, sin mencionar el hedor a madera podrida. Clara estaba comenzando a sofocarse y a toser.
-Perdóname por el olor. Se me olvidó poner la ventilación y no vengo aquí muy seguido, así que está un poco descuidado -dijo Charlie mientras sacaba las cosas del cofre.
-¿Tú hiciste este lugar? -le preguntó Clara con la mano en la boca.
-Sí. Cuando tenía tiempo libre -dijo acompañado de un suspiro.
Charlie sacó su inventario extra y lo comenzó a llenar con las cosas del cofre. Los inventarios extra eran muy difíciles de conseguir, sin embargo, Charlie la consiguió por sólo tres esmeraldas y una docena de galletas con cocoa de la selva Zynix, la mejor cocoa del reino.
Subieron las escaleras de la estación hasta llegar a la entrada, la cual estaba obstruida por unas ramas y enredaderas que Charlie quitó con su espada como si se tratara de papel. Y una vez que salieron al exterior, llenaron sus pulmones con el aire fresco y húmedo del pantano. Sintieron como si hubiesen revivido y los sacaran de una tumba.
-Su casa no está muy lejos. Queda a unos cien bloques de aquí más o menos. -le dijo antes de empezar a caminar por el sendero que estaba bajo sus pies.
Era tarde. Habían aparecido al lado de un gran lago no muy profundo. Este estaba rodeado por una gran cantidad de cañas de azúcar. Los arboles tenían un color verde oscuro y estaban cubiertos por unas matas de enredaderas que caían de sus copas como cabellos mal peinados. Charlie y Clara las apartaban con sus manos y bajaban la cabeza tratando de no atorarse con las dichosas enredaderas; pero a pesar de tener cuidado, el cabello de Clara se atoró entre las enredaderas. Cuando Charlie escuchó los pequeños gemidos de dolor que hacía la muchacha al jalarse el cabello tratando de desatorarlo, se dio la vuelta y la ayudó.
-Si lo jalas solo lo enredaras más -le aconsejó.
Charlie estaba muy cerca de Clara, lo que hizo que ambos de sonrojaran ligeramente.
El cabello de Clara era sedoso, suave y agradable a la vista a pesar de que no había tenido la oportunidad de lavarlo. La luz del sol hacia que pareciera oro en hilos. Charlie quería tocarlo por horas, pero tenían prisa, y acariciar su cabello por tanto tiempo definitivamente sería algo muy incómodo para ambos. Aun así se tomó su tiempo.
Luego de desatar los nudos y quitar la basura que se había quedado en su cabello, pudieron continuar su camino. Esta vez con más cuidado de no caer en otra trampa de la naturaleza.
Conforme pasaban más tiempo en el pantano, más se percataban de que el aire estaba impregnado de un olor dulce y carameloso que se les hizo agua a la boca; pero luego se dieron cuenta de que el olor no provenía del lago, como bien habían sospechado y deducido por el nombre de este (Sugarlake), sino que provenía de una cabaña oculta entre los árboles. Sostenida por cuatro altas columnas de madera. Se camuflaba de tal forma que Clara creyó que se trataba de otro árbol. Las enredaderas colgaban de la cabaña al igual que el resto de los árboles, pero su estructura fue lo que le permitió a Clara descubrir que había sido construida por un ser inteligente. En una de las ventanas de la cabaña estaba un pay que emanaba unos hilos blancos semitransparentes, lo cual le provocó un instintivo antojo a los dos cuando lo vieron.
Ambos subieron por las escaleras de mano hasta llegar frente a la entrada. Charlie golpeteo la puerta tres veces y esperaron en silencio. Entonces se abrió la puerta de golpe y una joven con sombrero de cono púrpura y vestido del mismo color apareció con un arco en las manos, apuntando directamente hacia la cabeza del joven espadachín, pero en seguida su rostro pasó de mostrar hostilidad a sorpresa.
-¡Charlie! -gritó la bruja emocionada antes de tirar el arco y abrazar al chico con fuerza.
-A mí también me da gusto verte -respondió sonriendo.
-Creí que no ibas a volver.
-Te dije que nos volveríamos a ver.
-¡Pero te tardaste mucho! -dijo la bruja molesta mientras le pegaba.
-Lo sé. Es que he estado ocupado -replicó viendo a Clara a los ojos-. Necesito que me devuelvas el favor.
-Desde luego -respondió la bruja sin pensar y después miró a Clara-. ¿Quien es ella?
-El favor -replicó-. De hecho, yo también soy el favor. Necesitamos que nos hospedes en tu casa por unos días.
El rostro de la bruja fue cambiando poco a poco hasta tener una expresión de preocupación y sorpresa.
-¿Estás bien?
-Sí, sí. Es sólo que... ¿Podríamos hablar adentro? -le preguntó un poco nervioso pero con amabilidad.
-Claro, claro. Pasa -dijo al mismo tiempo que se hacia a un lado.
Cuando entraron en la cabaña, Clara observó con curiosidad las figurillas de madera decorativas que estaban sobre unos bloques también de madera. El amueblado de la cabaña estaba conformado por unos sillones de aspecto rustico, hechos de madera y lana café. En realidad, había pocas cosas que no estuviesen hechas de madera.
Unos cuadros con pinturas colgaban de la pared, mostrando unos paisajes nocturnos iluminados por las luces del cielo y las antorchas de las casas. Había algo en esas pinturas que podía encantar a cualquiera; sin embargo, lo que más encantaba era el olor del pay, el cual había aromatizado de calabaza dulce toda la casa.
-Por favor, siéntense.
-Gracias -respondieron al unísono antes de sentarse en uno de los sillones.
-¿Quieren tomar algo?
-No gracias, acabamos de desayunar -replicó Charlie-. Es mejor si hablamos sobre esto de una vez, pero antes... Clara, te presento a Aurora. Es la amiga de la que te hablé. Y Aurora, ella es...
-ya escuché su nombre -dijo Aurora en un tono burlesco. Entonces cruzó las piernas dejando apoyado su mentón sobre su mano-. ¿De qué se trata?
Charlie se acomodo en el sillón y habló en un tono preocupado pero directo al punto.
-La guardia real nos persigue.
Aurora se le quedó viendo a Charlie, asustada por lo que acababa de decir.
-¿La guardia real dices? -le preguntó incrédula.
-Sí.
-Pero... ¿Por qué? ¿Qué sucedió?
Entonces Charlie le resumió la historia, desde que salió de la cueva hasta llegar a la entrada de su cabaña. La bruja estaba atenta a cada palabra, al mismo tiempo que demostraba seriedad y angustia en su rostro.
Cuando Charlie terminó de relatar los hechos, la bruja observó detenidamente a Clara, y luego volvió la mirada hacia Charlie.
-¿Puedo hablar contigo? -le preguntó con un tono tan serio que Clara se sorprendió por el cambio.
Charlie y Aurora se levantaron en silencio y entraron en una habitación llena de objetos extraños y soportes para pociones.
-¿Cómo estas tan seguro de que en realidad no mató a una persona?- le preguntó la bruja en voz baja después de cerrar la puerta.
-No lo estoy, pero solo mírala ¿Acaso te parece una asesina a sangre fría?
-Los dos sabemos más que nadie que las apariencias engañan.
-Y por eso mismo te digo que ella no es una asesina.
-Charlie...
-Quiero que la mires a los ojos y me digas que es una asesina -le interrumpió-. Vamos, dímelo.
En el fondo, Aurora sabía que lo que decía Charlie era cierto; pero desde aquella noche, sólo podía confiar en Charlie.
-Tú ganas -masculló Aurora de mala gana.
Ambos salieron de la habitación y vieron a Clara a punto de agarrar una de las figurillas de madera; pero cuando los escuchó entrar en la sala, apartó sus manos de las figurillas y se las guardó detrás de la espalda. Clara los miró avergonzada.
-¿Qué sucede? -preguntó penosa.
Charlie miró a Aurora antes de volver a ver a Clara, y dijo:
-Nos quedamos.
...
Los guardias entraban y salían de la puerta principal con zancadas largas y firmes. Una docena de ellos tiraban las cosas al suelo y las movían de lugar, tratando de encontrar cualquier tipo de información que fuese de utilidad para capturar a los dos fugitivos que habían escapado hace unas cuantas horas.
-Señor, ya registramos el lugar por completo. El ojo no esta y los perdimos -confesó el guardia con dificultad-. Debieron haber ido en caballos. Si enviamos algunos guardias a la zona norte tal vez...
-No -le interrumpió con calma-. Seguramente fueron bajo tierra. El chico es inteligente. Probablemente haya pensado que era imposible escapar por la superficie. Busquen en el sótano algún pasaje secreto, botones, palancas, lo que sea que hayan podido usar para escapar bajo tierra.
-Disculpe señor, no lo quiero contradecir ¿pero por qué cree que un simple campesino podría ser tan astuto?
-Es Charlie Hawk -respondió
-¿Hawk? -exclamó el guardia abriendo los ojos como platos-. El hermano de...
-Sí...
Ambos quedaron en profundo silencio, y el guardia real sólo veía al vacío.
-¿Señor?
-Si en encuentran algo importante háganmelo saber de inmediato.
-Sí señor -respondió el guardia con firmeza y se dirigió al resto de los guardias para esparcir el mensaje.
...
Clara y Charlie no decían nada, pero Aurora sabía que se estaban muriendo por probar aquel pay de calabaza, así que le sirvió una rebanada a cada uno. Clara estaba asombrada por los increíbles dotes culinarios de Aurora y la halagaba sin parar con cada bocado, devorándolo con tanta devoción como con el desayuno que le había hecho Charlie en la mañana.
-No es para tanto. Aquí entre nos, es de las únicas cosas que se cocinar bien. Charlie es el experto en realidad.
-De todas forrmas sigue siendo delicioso.
Charlie veía con ternura a Clara como si fuera una niña indefensa, pero algo dentro de él le decía que esa chica estaba relacionado a algo grande y siniestro... Algo peligroso. Charlie miraba los ojos de Clara preguntándose cual sería la verdadera razón de que la persiguieran los guardias reales, como si pudiera encontrar la respuesta en ellos, pero por más que tratara de mirar en lo más profundo de su alma, Charlie sólo veía una niña perdida... Sin embargo, pronto descubriría la respuesta, en otro ojo.
-¿No recuerdas nada de esa noche? -le preguntó Aurora inquiriendo antes de darle un bocado a su rebanada.
En la mirada de Clara se veía que trataba de recordar algo, pero no lo conseguía.
-Clara -le llamó Charlie, y ambas chicas voltearon a verlo-. Cuando estábamos en la cocina, antes de que los guardias llegaran, tú me dijiste que recordabas algo...
El olvido se esfumo del rostro de Clara.
-Es cierto, te iba a decir algo -y después de unos segundos, Clara lo recordó mejor-. Un hombre.
-¿Un hombre? -replicó Charlie.
-Sí -dijo con timidez-. Llevaba puesto una capa azul oscuro, pero por más que trato no logro recordar nada más.
Charlie y Aurora se vieron entre si, para deducir en la mirada del otro si alguno conocía a dicho hombre, pero ninguno lo sabía, y volvieron a ver a Clara.
-¿Recuerdas su nombre? -le preguntó Aurora.
-Creo que empieza con "N"... siento que ese hombre es muy importante... demasiado... no puedo quitar su rostro de mi mente -respondió insegura-. Me gustaría poder describirlo con precisión, pero todavía está muy borroso el recuerdo.
-lo tendremos en cuenta -replicó el joven espadachín.
-¿Algo más? -inquirió Aurora.
-Creo que sí... -dijo antes de meter las manos en su inventario. Charlie observó su rostro con curiosidad mientras que ella buscaba, hasta que tocó algo en el fondo de su inventario.
-Lo encontré -dijo con una sonrisa antes de sacar un ojo azul con iris verde y ponerlo en la mesa. Charlie y Aurora se pararon sus asientos al instante junto con el ruido de las sillas tallando el suelo. Clara se espantó y los miró aterrada.
-¿De dónde sacaste eso? -exclamó Charlie aterrado pero con severidad.
Aurora le lanzó una mirada llena de desconfianza y miedo.
-Yo... -a Clara se le hizo un nudo en la garganta, no esperaba esa reacción-. No lo sé... solo recuerdo haberlo puesto en mi inventario, eso es todo -respondió tímidamente.
Charlie observó con miedo la esfera de color azul en forma de ojo de gato que brillaba ligeramente. Nunca creyó ver uno alguna vez en su vida. Ya había visto ese ojo unas cuantas veces antes, pero sólo en un libro de leyendas antiguas que le regaló su hermano hace muchos años.
Charlie volvió la mirada hacia Clara. Se veía muy asustada e indefensa, así que trató de tranquilizarse y desechar la idea de que ella era su enemiga.
-Por eso te persiguen -dijo Charlie un poco más tranquilo.
-No lo entiendo -dijo Clara confundida-. ¿Ustedes saben qué es esto? -preguntó.
-Es un ojo de ender -le explicó Charlie-. Se usan para encontrar y activar... un portal.
Todos quedaron callados. El silencio era muy incómodo para los tres. Una horrible esencia de inseguridad saturó la mente de los tres.
-¿Un portal? -replicó Clara algo insegura-. ¿A dónde?
El silencio volvió. Charlie abrió la boca para decir algo, pero tardó mucho en hablar.
-El Fin.
-¿De qué hablas?¿el fin de qué? -replicó Clara con el ceño fruncido.
Charlie miró a Aurora. Ya no había desconfianza en su rostro, pero sí preocupación.
-Primero hay que ocultar esto -respondió Charlie al mismo tiempo que agarraba un trapo y envolvía el ojo con cuidado antes de guardarlo en un bolsillo secreto dentro de su inventario.
-Vamos a tener que contarte todo... Desde el inicio.
Charlie y Aurora se sentaron de nuevo, mucho más tranquilos ahora que el ojo de ender no estaba frente a ellos.
-Hace décadas, un hechicero llamado Zafiro, creo un portal que llevaba al fin. Después de meses investigando la dimensión, el hechicero descubrió que si el dragón era asesinado, los endermans quedarían sin líder, sin embargo, el dragón poseía un huevo, el cual sería el heredero del poder que tenía el dragón si este moría... el hechicero comunicó al rey sus descubrimientos y el rey le dijo que asesinaría al dragón y destruiría el huevo para luego matar a todos los endermans fácilmente al no tener un líder que los guíe... pero el hechicero se escabulló entre los pasillos del castillo y descubrió que el rey quería domar al hijo del dragón para poder controlar a los endermans y dominar todos los reinos del mundo. El hechicero escondió el portal en una mazmorra custodiada por toda clase de monstruos, y destruyó los ojos de ender para que el rey no pudiese llevar a cabo su plan y se suicido... las leyendas dicen que la receta para crear los ojos de ender está escondida en alguna parte del mundo... tal parece que es verdad... y que alguien quiere el huevo de dragón...
-¿Entonces... alguien quiere controlar el mundo? -Preguntó Clara algo preocupada.
-Aparentemente -respondió Charlie-. Y yo creo que es el rey.
-¿El rey? -dijo Aurora- Ahora sí te volviste loco.
-Oye, yo no soy el que trajo un ojo de enderman a tu casa.
-El rey es muy anciano como para anhelar tal poder. Si le respiras encima seguro se muere de hipotermia.
Clara no pudo evitar soltar una pequeña risa, pero rápidamente se tranquilizó al ver la seriedad de Aurora.
-Bueno... tal vez sea alguien cercano al rey, el príncipe tal vez.
-¿El príncipe Dálton? -dijo Aurora con una sonrisa incrédula.
-¿Quién? -dijo Clara con la mirada un poco agitada.
Aurora quedó un poco confundida por la seriedad del tono de aurora.
-Dálton... hijo del rey George...
Clara se levantó de la silla y salió de la cabaña al balcón de atrás. Charlie miró a Aurora, y luego se levantó para salir con Clara. Charlie vio a Clara sosteniéndose fuertemente del barandal y respirando erráticamente. Se veía muy agitada.
-Oye ¿estás bien?¿Qué sucede?
-Yo lo conozco... creo que... él me quiere matar.
Un escalofrío invadió el cuerpo de Charlie fuertemente, pero no era por lo que le había dicho Clara, sino por el arquero de la guardia que alcanzó a ver escondido entre los arbustos tensando su arco directamente a la cabeza de Clara.
-¡ABAJO! -gritó antes de la jalara al suelo. Un silbido pasó por encima de ellos y después un mechón de cabello rubio bajó lentamente hasta el suelo. Charlie y Clara se deslizaron por el suelo hasta entrar en la cabaña.
-¡Aurora, nos atacan! -gritó Charlie alarmado.
-Tal vez pueda crear una poción que los ciegue temporalmente pero necesito tiempo.
-Yo trataré de distraerlos. Clara, escóndete, y hagas lo que hagas, no te asomes por la ventana -le dijo con firmeza.
Clara asintió torpemente con miedo en sus ojos.
-¡Charlie, si vuelven a incendiar mi casa te juro que tú la vas a reconstruir bloque por bloque!
-¡Creí que ya lo habías olvidado!
Fuera de la cabaña, el guardia real observaba con frialdad la escena, mientras sus hombres trataban de romper la puerta.
-¡Mátenlos a todos, y si le llega a pasar algo a ese ojo, les juro que les quitaré uno a todos con una flecha!
Un fuerte golpe comenzó a sonar desde la puerta, y Charlie la bloqueó antes de que pudiesen entrar.
-Charlie, no creo que pueda hacerlo a tiempo -dijo Aurora ante la inmensa presión que caía en sus hombros. La puerta estaba a punto de romperse, y la poción aún estaba a la mitad. Clara se escondió entre los muebles mientras se tapaba los oídos.
-No te preocupes -respondió con la voz un poco forzada por estar bloqueando la puerta-. De todas formas extrañaba esto.
-Eres un estúpido -respondió revirando los ojos.
Un pedazo de la puerta salió volando al suelo, y crujido de la madera comenzó a hacerse más fuerte.
-¡Ya van a entrar! ¡¿Lista?! -Aurora asintió con determinación.
Charlie se hizo a un lado para que finalmente la puerta cayera en pedazos al suelo, sacó su espada y se defendió de los guardias que empezaban a entrar. Cuando uno trataba de atravesarlo con su espada, se hacía a un lado y contraatacaba con una agilidad y precisión admirables. Dos guardias cayeron al suelo y la sangre comenzó a aparecer en la sala. El tercer guardia que entró supo defenderse un poco más de la espada de Charlie y logró quitársela, tirándola lejos de él. Charlie evadió la espada del guardia al mismo tiempo que trataba de quitársela, pero el guardia lo tiró al suelo. El guardia trató ferozmente de clavarle su espada, pero Charlie la evadió y esta se quedó atascada en el suelo, dándole tiempo suficiente para tomar una maceta que había caído al suelo y estrellarsela en el rostro, dejándolo un poco aturdido. Charlie se paró en menos de un segundo y corrió para tomar su espada, pero el guardia se lanzó sobre él. Un guardia más apareció y estuvo a punto de matar a Charlie, pero una flecha lo atravesó en la cabeza, dejándolo instantáneamente en el suelo. Dándole tiempo a Charlie para meter sus pulgares en los ojos del guardia que le estaba agarrando las piernas, para luego sacar una de ellas y patearlo en la cara, dejándolo noqueado en el suelo.
-Gracias Aurora -dijo Charlie tratando de recuperar el aliento.
-No fui yo.
Charlie volteó sólo para encontrarse a Clara con un arco en la mano. Tiró el arco al suelo y retrocedió aterrada.
-Yo... ¿hice eso? -dijo mientras otro guardia entraba. Charlie empuñó su espada y siguió peleando.
-Realmente me da igual si lo hiciste o no -dijo mientras golpeaba a otro guardia que había llegado- Si puedes hacerlo de nuevo no me molestaría.
Clara olvidó sus temores y agarró otra flecha, la cual enterró en del pierna al guardia que había llegado, dándole ventaja a Charlie de noquearlo con la empuñadura de su espada.
-Recuerdo que esto era más sencillo -dijo con la voz un poco cansada.
-No te preocupes, ya acabé. Todos tápense los ojos -Gritó Aurora antes de lanzar la poción afuera de la cabaña, y al momento que se estrelló en el suelo, una luz blanca incluso más fuerte que la del sol invadió todo el área, dejando ciegos a todos los guardias.
-¡Vámonos! -le gritó Charlie a ambas.
Antes de que Aurora saliera, guardó una figura de madera que tenía en la estantería. Rápidamente bajaron las escaleras y tomaron dos caballos de los guardias, quienes estaban totalmente desorientados. Charlie ayudó a Clara a subir a uno de los caballos antes de subirse él, y Aurora se subió a otro caballo.
-Sígueme -le dijo Charlie a Aurora.
-Espera, beban esto rápido -le respondió al mismo tiempo que le lanzaba una poción púrpura y luego bebía otra-. Es visión nocturna.
Charlie atrapó la poción en el aire y rápidamente se bebió la mitad antes de darle el resto a Clara. En seguida, todo quedó claro como si del día se tratase y se adentraron en el pantano con rapidez.
El efecto de la poción cegadora que había caído en los guardias lentamente desapareció, y pronto todos comenzaron a preguntarse a dónde habían ido. Uno de ellos gritó que los había oído cabalgando al Este, y en menos de un minuto, el guardia real iba a la cabeza del grupo con una antorcha en la mano.
-Charlie, nos siguen -le gritó Aurora-. Veo las antorchas.
-No hay luna llena, probablemente no nos han visto aún, demos la vuelta antes de que nos alcancen.
Cuando dieron la vuelta, se encontraron con el mar. Era un callejón sin salida.
-¿Y ahora que hacemos? -le preguntó Aurora.
Charlie bajó del caballo en un salto.
-¿No es obvio? -dijo al mismo tiempo que construía una mesa de trabajo.
-No estarás pensando en...
-Sip.
-Charlie... ¡sabes que no sé nadar! -exclamó preocupada.
-Justamente para eso son los botes chica lista.
Aurora volteó a ver las luces de las antorchas que se acercaban rápidamente y rezongó con profunda tristeza.
-¿Por qué a mí? -dijo antes de bajarse y tomar una poción contra las náuseas.
Charlie construyó los botes y los remos y los arrastró por la orilla de la playa hasta el agua con prisa.
-¿Estás lista?
-No -respondió angustiada.
-Qué mal -dijo al mismo tiempo que ayudaba a Clara a subir. Luego entró en el bote de un salto y empezó a remar mar adentro lo más rápido posible.
-Me debes una cabaña nueva -le respondió enfadada al mismo tiempo que subía a su bote y comenzaba a remar- ¡Y docenas de galletas!
Charlie se carcajeo mientras poco a poco se adentraban al mar.
-Vaya que extrañaba esto -dijo entre risas.
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