Aaaaa: Diálogos en élfico.
Un escape a medias
–Deberías ir tú y tomar las llaves, no se extrañarán si te ven allí… –dijo Bilbo a Ithladin mientras, durante la madrugada, veían desde lejos y ocultos como los elfos que estaban en el sótano dormían después de la fiesta que se habían dado la noche pasada mientras se preparaban para poner en práctica el plan que habían armado para que la compañía pudiera continuar con su camino de una vez por todas.
–No puedo, mi único trabajo desde hace ciento treinta años es tocar el arpa… No me dan ningún otro trabajo sencillo como limpiar las cocinas, mucho menos me dejarían con los prisioneros a mi cargo… Si alguien me ve nos meteríamos en serios problemas –susurró la elfa–Lo mejor es que vayas tú, después de todo ya te infiltraste en el palacio sin que nadie lo notara, esto no debería ser un problema para ti… –continuó acomodando un poco de su cabello detrás de su oreja –Luego solo hay que liberarlos y hacer que entren a los barriles… Yo vigilaré que nadie se acerqué, el amanecer se acerca, ¡apresúrate! –terminó alentando al hobbit para que entrara en el sótano y sacara las llaves.
Bilbo se acercó con cautela a las llaves, volteó hacia atrás para asegurarse de que Ithladin no estaba pendiente de sus acciones, cuando se dio cuenta de que la elfa se dedicaba únicamente a ver el pasillo, sacó el anillo de sus bolsillos y se lo puso. Inmediatamente se volvió invisible a ojos de todos y pudo descolgar las llaves sujetándolas con ambas manos para evitar que su tintineo despertara a los elfos que dormían sobre la mesa. Se apresuró a regresar con Ithladin rápidamente, no sin antes quitarse el anillo.
–Listo, hay que movernos, continúa vigilando –susurró Bilbo mientras él y la elfa comenzaban a avanzar con cautela, no era muy difícil para ninguno de los dos pero aun así se mantuvieron en guardia. Se detuvieron en cuanto comenzaron a escuchar voces.
–Apuesto a que el Sol está saliendo… –fue lo que pudieron escuchar con claridad al principio, Bilbo pudo reconocer las voces de los enanos y apresuró a Ithladin tirando de su brazo al tiempo que su paso se volvía cada vez más acelerado.
–Amanecerá en un rato… –el hobbit ahora pudo distinguir con mucha más claridad la voz de Bofur que sonaba desgastado, aburrido y sin esperanzas.
–Nunca vamos a llegar a la montaña, ¿o sí? –preguntó Ori, por su tono de voz se podía decir con mucha facilidad que cada vez perdía más y más la esperanza de salir de las celdas a tiempo. Esta pregunta solo fue respondida por un jadeo cansado por parte de Fili, fue entonces cuando Bilbo decidió hacer su aparición.
–No se quedarán aquí encerrados –dijo Bilbo mientras se mostraba ante los enanos y les enseñaba las llaves que había en sus manos provocando que los enanos se emocionaran y llamaran su nombre asombrados y llenos de alegría provocando un poco de ruido –Shhh, hay guardias vigilando –silenció Bilbo liberando a los enanos uno por uno, el primero fue Thorin, quien no tardó en notar la presencia de Ithladin en el lugar.
–¿Qué haces aquí? –preguntó confundido, ella dijo que no podía ayudarlos entonces, el que estuviera allí significaba que sí era capaz de delatarlos? No, el rostro de la elfa decía algo completamente diferente.
–No hay tiempo, no ahora… Si nos volvemos a ver prometo contarte todo sin perder ningún detalle pero ahora mismo tienen que escapar o no llegarán a la montaña a tiempo y yo debo regresar a mi habitación antes de que alguien me note aquí… –contestó con rapidez la oji-verde tocando con sus dedos el rostro del enano para darle a entender que ella lo estaba apoyando y que lo apoyaría en todo momento.
Algunos de los enanos vieron la escena extrañados, otros confundidos y algunos incluso con ojos un tanto severos... Su rey con una elfa? Ni Thorin mismo se lo creía pero había sentido con claridad el tacto suave y dulce de la elfa en su mejilla. Kili sonrió risueño ante la escena, acaso la atracción por las elfas era algo de familia? Alentados por Bilbo y por Thorin debieron olvidar esa escena, al menos por un rato, y comenzar a movilizarse, siendo corregidos por el hobbit cuando iban a subir las escaleras. Fueron guiados por Bilbo e Ithladin hacia el sótano en donde estaba la vía de escape más segura en la que pudieron pensar con tan poco tiempo de planificación.
–Increíble, esto es el sótano –gruño Kili en un susurro al pensar, erróneamente, que no había salida por aquel lugar.
–Tú ibas a sacarnos, no a encerrarnos –continuó susurrando Bofur con una notable disconformidad. Cuando Bilbo intentó explicar la situación, simplemente lo silenció.
De pronto, Ithladin escuchó exactamente lo que no quería escuchar, menos en ese momento.
–Ya se dieron cuenta… –susurró mirando a Bilbo con rostro preocupado –Muévanse o serán atrapados de nuevo… –se dirigió a los enanos quienes la miraron con desconfianza, pero no le importó, era más que obvio que desconfiaran de ella pero ahora tenían que escucharla a ella y a Bilbo, eran la única salida que tenían en ese momento tan crítico.
–Rápido, ocúltense en los barriles, todos –susurró Bilbo señalando a los barriles que debían ser exportados a Esgaroth dentro de poco.
–Estás loco? Van a encontrarnos –se quejó Dwalin encarando al hobbit con clara disconformidad en su rostro.
–No, no, no lo harán, te lo prometo. Pronto, pronto. Deben… confiar en mí –rogó Bilbo a los enanos pero estos solo se miraron entre ellos sin hacer caso a Bilbo lo que provocó que el hobbit mirara a Thorin pidiendo ayuda.
–Hagan lo que dice –ordenó Thorin en un susurro y los demás no tuvieron más opción que acatar aun entre varios quejidos y susurros.
–Qué hacemos ahora? –preguntó Bofur una vez estuvieron todos dentro de los barriles, provocando que todos sacaran sus cabezas de ellos con curiosidad y nervios.
–Tomen aire –sugirió Bilbo tomando la palanca para jalarla. Ithladin trató de detenerlo porque debido a la presión de la situación al pequeño hobbit se le olvidó un pequeño detalle… Debía ser ella quien bajara la palanca o él se quedaría sin un barril para poder irse, que fue exactamente lo que pasó.
Ambos pudieron escuchar como los elfos que estaban en el lugar comenzaban a despertar y también escucharon como Tauriel se acercaba al lugar apresuradamente acompañada de varios guardias. Instintivamente Ithladin se colocó detrás de Bilbo colocando ambas manos en los hombros del hobbit y comenzó a caminar hacia atrás olvidando completamente que los pasos de los hobbits no eran tan ligeros como los de un elfo y que provocarían que la plataforma se inclinara cayendo los dos al río dando un grito cada uno.
–Bien hecho, señor Bolsón –dijo Thorin, sus ojos se encontraron por un milisegundo con los de la elfa –Fili, sujétala –ordenó a lo que el enano rubio la atrajo hacia su barril y le dijo que se sujetara con fuerza de las orillas a lo que ella asintió sin entender en su totalidad lo que estaba pasando –Ya avancen, ahora! –ordenó con voz firme mientras volteaba hacia adelante y se comenzaba a avanzar por el río –Sujétense! –gritó al ver que se dirigían directo a una caída de agua, lo que provocó que tanto Ithladin como Bilbo se aferraran con aun más fuerza a los barriles.
La corriente los movía a su voluntad, a algunos los hizo chocar contra las rocas por un segundo para luego continuar avanzando. Todos habían quedado un tanto desconcertados por la cantidad de agua que les había dado directo en la cara justo después de caer pero dejaron que la corriente los llevara hacia la salida. En medio de su escape no pudieron hacer más que escuchar un cuerno élfico sonar… Iban a tener problemas… Todos voltearon hacia atrás y luego de nuevo hacia adelante para ver como un elfo corría rápidamente a jalar la palanca para cerrar la puerta, consiguiéndolo cuando a ellos solo les faltaba un segundo para poder salir. Los elfos se pusieron en guardia al tiempo que la compañía e Ithladin llegaban a la puerta pero ninguno de los dos bandos se esperaba que un orco atravesara a uno de los elfos atacando el lugar y a todo lo que se le interpusiera para llegar a los enanos, más y más orcos llegaron trepando los muros y listos para atacar, algunos incluso se lanzaron al río preparados para asestarle a los enanos con sus armas.
–Todos bajo el puente –ordenó Thorin al tiempo que observaba como los orcos comenzaban a atacarlos, los enanos y el pequeño hobbit daban pelea.
Ithladin miró hacia todos lados buscando una solución cuando recordó la daga que siempre llevaba con ella. La tomó entre sus manos y pudo ver como Kili miraba a la palanca que abría las puertas.
–Ve, yo te cubro –dijo saliendo del río y ayudándolo a salir del barril para que se encaminara a la palanca. Kili avanzaba y ella se dedicaba a cubrirle la espalda por lo que él se encargaba de abrir el paso. Fili los salvó a ambos dándole a un orco en la cabeza. Parecía que lo iban a lograr pero ninguno estaba preparado para la flecha de Morgul que dio directo en la pierna del enano.
Ithladin, harta de no ser de verdadera ayuda en ese momento, mató con dificultad al orco que se aproximaba hacia ellos, después de todo no era fácil luchar solo con una daga. Se agachó ligeramente, tenía poco tiempo, y cortó la falda de su vestido hasta las rodillas para tener mayor libertad de movimiento. Repentinamente, un orco la atacó provocando que no fuera capaz de ayudar al enano que ahora yacía en el suelo por culpa de la flecha y al que se aproximaba un orco más que dispuesto a asesinarlo… Como si fuera un rayo, una flecha élfica cruzó el río hasta llegar directamente al orco, derribándolo por completo; lo mismo pasó con el orco con el Ithladin peleaba en ese momento.
–Ithladin! –gritó Tauriel provocando que la morena dirigiera su atención hacia su amiga, quien le arrojó una espada élfica para que pudiera luchar con más libertad. Tauriel conocía más que nadie las habilidades de la elfa peli-negra en batalla, era ella quien le enseñaba en los ratos libres que ambas tenían por lo que Ithladin era al menos capaz de defenderse con una espada.
Los orcos comenzaron a aproximarse hacia Tauriel al verla como una clara amenaza, pero todos fueron detenidos cuando el resto de la guardia del bosque llegó anunciándose con una flecha siendo clavada directamente en la cabeza de uno de los orcos, flecha lanzada por nada más y nada menos que por Legolas.
Ithladin siguió batallando hasta que escuchó el sonido de la puerta abrirse y sonrió ligeramente, los enanos habían conseguido salir… Inmediatamente volteó su vista hacia Kili quien ya se arrojaba a un barril en el río. Ella, por otro lado, continuó por tierra, saltó los muros de piedra y continuó su camino siguiendo de cerca a los orcos. Destrozó a varios que se le cruzaron en el camino y logró correr casi al lado de los barriles. Una sonrisa cruzó por su rostro cuando vio como Thorin atrapaba a un orco contra un tronco usando únicamente un trozo de madera, tenía mucha más fe en ese enano de la que ella misma esperaba. Ver a los enanos luchando fue algo increíble, Tauriel le había enseñado cómo defenderse con la esperanza de que algún día ella pudiera salir sin tener que preocuparse por un ataque de las arañas pero los enanos se cuidaban la espalda entre ellos usando no más que tres armas entre todos… Fue algo magnífico.
Varios elfos los seguían de cerca, eran bastante veloces… La elfa peli-negra sintió de inmediato como su sangre se concentraba en sus mejillas cuando a vio a Legolas saltar sobre las cabezas de los enanos con tanta agilidad y destreza que parecía no estarse esforzando para nada en hacerlo pero, al igual que la cruda realidad, un orco se le cruzó en frente provocando que mantuviera su atención en la pelea. Llegó hasta una roca, que parecía ser el lugar perfecto para saltar al río y continuar con los enanos, cosa que Ithladin pensaba hacer, a nadie en su sano juicio se le ocurriría volver con Thranduil después de haber liberado a sus prisioneros; pero todo salió mal cuando se vio rodeada por orcos… Afortunadamente, esto solo duró unos segundos pues antes de que se diera cuenta Legolas ya había acabado con la mitad de los orcos que estaban a su alrededor y en el momento en el que Thorin lanzó un trozo de madera a un orco que planeaba atacarlos (momento que Ithladin iba a aprovechar para saltar), la sujetó arrebatándole su espada y poniendo un brazo tras su espalda y el otro en su abdomen, inmovilizándola por completo.
Ithladin no pudo hacer más que limitarse a observar como los enanos se alejaban y como Thorin le dedicaba una última mirada, ella simplemente asintió con la cabeza asegurándole que estaría bien, por más que fuera mentira. En cuanto Thorin volteó, soltó un suspiro de decepción, mirando el río y prefiriendo estar ahí a su lado en vez de haber sido atrapada por Legolas, esto no pasó desapercibido por el elfo quien no hizo más que fruncir el ceño hasta que una flecha que había sido desviada pasó al lado de su cabeza. Al voltear ambos vieron perfectamente a Tauriel preparada para cortar la garganta del orco que los había atacado.
–Tauriel, espera! –ordenó el rubio con voz firme –A este lo dejaremos vivo…
La aludida asintió lentamente manteniendo al orco amenazado con su cuchillo para luego mirar preocupada a su amiga que miraba perdida y preocupada al camino por donde habían ido los enanos. Ella también miró hacia el mismo lugar; Kili, el enano con el que había conversado hacía unas horas, se alejaba del lugar herido… La preocupación era inevitable… En cuanto tuvo oportunidad envió al orco al palacio con otros dos elfos y se acercó a Ithladin con rapidez… Parecía que a su amiga se le habían ido todos los ánimos de escapar, se agachó junto a ella quien reaccionó asustada pues aún tenía la mirada perdida en el horizonte. Tauriel entendía a la perfección por qué… Había desarrollado sentimientos por el enano al que llamaban Thorin Escudo de Roble, sabía que tenía deseos de haberse ido con él pero no escapaba por una simple razón… Ella y Legolas la mantenían atada al Bosque Negro… Por más que ella se portara fría y distante con Legolas, lo apreciaba y él siempre estaría en su lista de prioridades. Y ellas dos habían pasado mucho tiempo juntas, eran casi hermanas y no tenían nada que ocultarse entre ellas… Por eso ella no había saltado al río cuando Legolas la había soltado para ir tras los orcos…
Ambas se miraron la una a la otra con preocupación, sabiendo de sobra que una parte de ellas se había ido por el río con los enanos…
