Off: Antes de continuar, se me hace necesario aclarar que la edad actual de todos en esta historia, es de 11 años. Para que no se generen confusiones.


Debido al hecho de que vivían en un pequeño pueblo montañés, ni a Tweek ni al resto se les hacía largo el trayecto a la escuela, pero a él le costaba tolerarlo más que nunca. Sus espasmos nerviosos habían regresado, y estaban haciendo estragos con su motricidad. Dentro del autobús, estaba perdiendo poco a poco su cordura, incentivado mucho más por el hecho de que Token Black, que se supone que se sentaba hoy a su lado, no estaba presente.

Estaba muy intranquilo, rasguñando sus piernas mientras las movía, e intentando mantener la poca estabilidad que le quedaba. Hacía mucho más ruido de lo usual, sin embargo nadie parecía percatarse. Nadie salvo Craig, quien miraba de reojo mientras Clyde Donovan le hablaba, hasta que el castaño le golpeó un hombro para que le prestara atención, lo que le hizo consciente de que se supone que ya no debía mirar al rubio de cabellos alborotados. Un trato era un trato.


[Tweek]

Tweek, cálmate amigo, calmado. Ya habías superado la ansiedad. Tú, puedes, relájate, agh

Me doy ánimos a mí mismo, pasando los dedos por mi cabello y desarreglándolo aún más.

¡Mis mejillas hierven, y n-no puedo parar de moverme!—Me digo mientras froto mis mejillas con fuerza—¿Estaré loco ya? ¡Oh Dios! ¡Oh Jesús! Creo que es inevitable, algún día tenía que volver a ser un maldito inseguro.—Suspiro.—Vamos, no es tan malo, sólo es el primer día de quinto año, el primer día de clases del jodido septiembre.

Golpeo mis piernas con los puños cerrados, intentando verme determinado a quedarme quieto. Pero ni a mí me convence.

¿Por qué me pasa esto a mí? Esto, justo ahora, cuando me había superado a mí mismo. ¿Qué me hizo cambiar? A-ah, ahora lo recuerdo todo. Tuve ayuda. Craig confió en mí, y me dio confianza cuando tuve que fingir la ruptura. Necesitaba apoyo emocional. ¡Necesito apoyo emocional!

Me giro a la derecha para demandar la ayuda de Craig, pero tengo el presentimiento de que eso es malo por alguna razón que no quizá no recuerdo, y algo en mí en ese momento hace que me estremezca y coloque una mano en mi pecho.

¡Dios qué mierda fue eso! ¡Mamá, papá, tengo un preinfarto! ¡Por qué carajo nunca están en los momentos en los que los necesito!—Tironeo de mis cabellos.—No, he visto a personas tener preinfartos en nuestra cafetería, y parecen casi desmayar. No, estoy bien. ¡Oh, es un alivio!

Despierto de mi lapsus de miedo y vuelvo mi mirada hacia Craig sólo para ver que Clyde y él hacen una clase de experimento raro. Una clase de ritual compartido que me resulta de íntima confianza, en el que uno usa un audífono del otro y el propio a todo volumen, y se aturden y se ríen. Se ve divertido. ¿¡Por qué eso nunca lo hizo conmigo!?

Golpeo mi cabeza contra el asiento frente a mí de forma constante sin darme cuenta. Aparentemente eso molesta a las de los asientos frente a mí, por lo que automáticamente me hacen consciente de lo que hacía.

—¡Tweek, deja de hacer eso, aparte de que es súper molesto, vas a lastimarte!

Farfulla Wendy, que ni siquiera estaba en el asiento frente a mí, pero aún así me lanza una mirada recriminadora mientras Bebe, quien sí estaba enfrente, me miraba muy consternada. Tuve que bajar la mirada y suspirar. No es mi culpa, no me merecía un regaño dotado de compasión falsa.

Justo en ese entonces, miro a mi lado, hacia mi asiento vacío,y luego a Craig que reía hasta hace muy poco junto con Clyde, pero que ahora de repente había cambiado su rostro a uno enojado,que apunta hacia mi dirección. ¿Qué ocurre? ¿Le molestó el ruido que hice? ¿Soy acaso muy escandaloso para que lo soporte? ¿Interrumpí la música? No sabía que yo podía llegar a ser tan molesto.

L-lo siento.

Le respondí con una voz tenue mientras tomaba mi mochila y la abrazaba fuertemente, presionándola contra mi rostro apenado. Espié a Craig por debajo de los mechones de cabello que cubrían mi rostro, observando cómo se quejaba, pero no supe distinguir lo que dijo ya que mis oídos estaban tapados contra parte de mis hombros y mis brazos, queriéndose fusionar contra la piel de mis orejas. Así, por lo menos podría sentir que ya no estaba ahí.

El bus frena de golpe, y todos pasan uno a uno por la puerta, resignándose a sufrir el primer día de escuela. Eso me calmaba. Quedarme solo y tranquilo, sin el traqueteo del vehículo colmando mis oídos. Cerré los ojos, respiré profundo, y recuperé un poco mi compostura.

Saliendo casi último y a paso lento, decido ir directo al sector de los casilleros. De camino hasta allí, vi de reojo que el resto de niños, por alguna razón, estaba aglomerado frente a las pizarras de corcho que poseían nuevos anuncios colgados. A mí ese tipo de cosas, hoy no me interesan, hoy no quiero saber de nada.

Me tomo mi tiempo acomodando mis cosas en mi casillero. De hecho mucho tiempo. Necesito pensar en muchas cosas. Necesito ordenar mis pensamientos. ¿Qué me pasa hoy?

Sólo dejo en mi mochila lo básico y vital para empezar el día. Mis útiles, el libro de la primer mitad de semestre, algunos pañuelos para la nariz y el rostro, y mi termo lleno de café. Aún no entendía muy bien por qué hoy llevé conmigo un termo de café. Ya no necesitaba más café. Se supone que me ayudaba con mis problemas de ansiedad y mi trastorno de déficit de atención. Pero gracias a Craig, pude superarlo... Ya no era tan inseguro ni desatento. Mis padres me solían decir que iba a fracasar toda mi vida, pero a mitades de este año, mi padre me dijo que él ya podía tener fe en mí. ¿Si él puede tenerla, yo puedo? ¿Puedo tenerme fe? No, no puedo, aún siento que necesito café. Hoy estaba nervioso y decidí prepararme café en casa. Sólo lo tomo cuando estoy nervioso por algo, y ya no pasa a menudo. Entonces, ¿Por qué lo sigo trayendo? ¿Por qué lo sigo empleando cuando tengo signos de nervios? ¡¿Por qué, justo ahora mismo, me muero por tomar café?!

Bajo mi mochila y me sirvo café en la taza de mi termo. Mis temblores y mis tics regresan, mientras intento beber sin derramar algunas gotas en el suelo del pasillo... ¡No quiero que me regañen! ¡Por qué existe el suelo! ¡Malditos tics! ¡No tengo esto bajo control! ¡Si hubiera podido hablar hoy con Craig, nada de esto estaría pasando! Craig... Es cierto. No es como si pudiera estar molestándolo a cada rato.

Nunca terminamos. Fingir ser gays duró durante todo el año escolar, pero el último día de clases, él me dijo que sería mejor que no nos vieran juntos, así la gente olvidaría. Yo estuve de acuerdo, y es que era muy incómodo tener que fingir ser homosexuales. Así que por eso, no lo vi durante las vacaciones... No lo vi. ¿Eso es lo que está mal en mí? ¡¿Dependo de depositar mi confianza en base a alguien más para tenerme fe?! ¡Eso es patético! ¡AAGHH!

De espalda a mi casillero, le dedico un gran golpe a este de la angustia. Las expectativas que tenía sobre mí acababan de caer cien mil metros al vacío. ¡Cómo no pude haberme dado cuenta antes! ¡Mi seguridad es una puta ilusión! Me sirvo más café al borde de las lágrimas y comienzo a beber nuevamente, cuando de repente una estampida de alumnos atiborrada de desesperación pasa sobre mí empujándome y llenándome la camisa de café. ¡MALDITOS HIJOS DE PUTA! ¡¿AHORA CÓMO SE SUPONE QUE ENTRE A CLASES?!

Guardo mi termo, levanto mi mochila y corro hasta el baño para mirarme en el espejo, contemplando cómo mi camisa había quedado arruinada. Ya no queda nada más que hacer. Me dejo caer en el suelo junto a los lavabos, con la mochila a mi lado y el rostro cubierto sobre mis rodillas flexionadas, como si ocultarme de alguna forma detuviera mi llanto. ¡Vaya día de mierda, y apenas comienza! ¡Lo sabía! ¡Tenía el presentimiento de que este día empezaría muy mal! ¡¿Y qué hago haciendo el ridículo aquí?! ¡¿Por qué tarde o temprano termino en este estado tan lamentable?!

¡Tweek, levántate, pareces un pendejo! ¡¿Acaso lo eres?! Deja de llorar aquí y no hagas el ridículo, te ves como un jodido marica.—Me incentivé de aquella manera tan brusca, y aún así no era capaz ni de levantar la cabeza.

Escucho unos pasos y vuelvo a cubrirme el rostro. Cómo desearía que fuera Craig para que me ayudara tal y como él supo hacerlo, pero ya lo dudaba mucho.

—No deberías llamarte marica. No es bueno acusarse mucho de ese modo, yo lo hago seguido y mira cómo me va, termino acobardado buscando pretextos para huír.—una risita nerviosa se hizo presente.—Bueno, no se lo cuentes a nadie, ¿Sí? Pero bien, no hablemos de mí, hablemos de ti. No debes llamarte marica, está mal, eso ya no se debe decir. ¿Y qué te atormenta amiguito?

Una voz inocente que reconozco se hizo presente. De alguna forma me calma un poco, así que me digno a alzar mi rostro, y efectivamente era Leopold Stotch. El único niño de la escuela, aparte de Craig, Kyle y Stan, que no se burlaría de mi llanto. Apenas hago contacto visual con él, mi compañero de clases se sienta a mi lado y me coloca una mano en la espalda, dando palmadas sobre uno de mis hombros para serenarme. Con ese confort que me aliviaba la conciencia, tomo ánimos para limpiarme el rostro con la manga de mi camisa.

—Lo, lo siento. Es que ngh, mis compañeros, me arruinaron toda la ropa, y no quiero que en el primer día de clases me saquen del salón por entrar así. Debería irme a casa, este día es muy malo.—El chico frente a mí me dedicó una mirada de compasión y ternura.

—Sé que los chicos pueden ser algo crueles, no te preocupes. Sólo lo hacen porque así se tratan los amigos, aunque ya quisiera yo que no me colgaran del asta de la bandera, me escupieran o me arrastraran por el suelo del patio, casi siempre me castigan por eso. Pero no desesperes, yo siempre vengo preparado, tengo jabón de ropa en barra por si acaso me mancho, si vieran mi ropita sucia o estropeada significaría al menos cinco semanas de castigo. Cinco largas y duraderas semanas de castigo.—Lo vi sacar el jabón en barra y un secador de cabello.—Y esto, esto es para que no dure mucho en el recreo esperando a que se seque mi ropa, no quiero llegar tarde a clases tampoco, aunque generalmente al señor Garrison nunca le ha importado si estoy presente en clases o no. Pero bueno, no está tan mal, sólo está sucia tu camisa. ¿Sabes lavar tu ropa? Dame tu camisita, yo lo haré por ti. Sólo ya no llores, ¿Está bien?

Dudo por unos segundos, pero sonrío y cedo a darle mi camisa, mientras comienzo a frotarme las manos, perturbado e impaciente. El muchacho se coloca de pie y comienza a abrir el grifo del agua y a aplicar jabón en barra sobre ella.—G-gracias Butters, yo no hago esas cosas en mi casa, lo único que hago son los quehaceres de la cafetería, atender a los clientes de vez en cuando, barrer el suelo y realizar los encargos.

Leopold es un buen chico. Hasta siento que puedo confiarle mis problemas cuando los tenga. Sólo me gustaría dejar de lado esa idea de que tal vez lo esté usando como reemplazo momentáneo de Craig...

No pasó mucho hasta que el rubio hubo terminado de lavar mi camisa. Se improvisó con unas pinzas extrañas una forma de colgarla al borde de unos lavabos y comenzó a secarla rápidamente con la mayor potencia del aparato secador.

—Listo. Todavía está húmeda, pero no se nota de un color diferente, se secará en unos minutos. Sería mejor que ya te la pusieras, o llegaremos tarde a clases. Al menos los anuncios nos hicieron tiempo.

—¿Anuncios? ¿Qué anuncios?—Digo completamente confundido.

—¿No los escuchaste? Pero si estabas en los pasillos... No importa. Yo no quise escucharlos, y prefiero no pensar en eso, me da mucho miedo. Quizá si no escuchaste eso, tal vez puedas quedarte conmigo en la escuela ese día, y no tendremos que ir.—Saca los broches y me entrega mi camisa.—Toma, a que seguro ya pasaron lista y nosotros aún no estamos allí.

Me quedo contemplando a Butters esperando a que me hable del anuncio, pero no lo hace. Así que me apresuro a cambiarme, tomo mi mochila y voy detrás de él hasta que llegamos al salón y tomamos asiento.