Heya. Estoy Vivooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo. Breve historia, lamento la gran demora, pero estuve pasando por un momento muy difícil en mi vida... Dicho momento se conoce comúnmente como: Una cantidad desmesurada de cansancio, verán, adoro escribir para ustedes, pero bueno, como escritor también debo darme un tiempo para descansar, aclarar ideas, y revisar bien el rumbo de mis historias, nosotros los escritores también tenemos vidas, amigos, familias y algunos trabajamos como espías de la unión soviética... No escucharon eso de mí.

Como se habrán dado cuenta me tomé una semana de descanso, pero ya estoy de vuelta, y les traigo el culminante final de "Noches lluviosas"

Para su deleite, disfruten.


"Si amas algo debes dejarlo ir" Un dicho muy popular en estos días, algo que se repite y se repite una y otra vez, tal vez haya verdad en él, tal vez solo sea un juego de palabras sin ningún significado, eso corresponde a quien decida interpretarlo ¿Cómo saber qué es lo correcto respecto a tal dicho? Simple, o tal vez no tanto, mi punto de vista es este; no puedes retener absolutamente nada, nada dura para siempre y debes aprender a dejar ir las cosas, incluso las que más amas, sin importar lo doloroso que pueda llegar a ser, lo verdaderamente importante descansa en la manera en la que las dejes ir.

Judy

Ha pasado un mes, un largo mes desde que aquél pelaje anaranjado salió por las puertas del ZPD para nunca volver, quisiera decir que he pasado los últimos 30 días recordando sus ojos color esmeralda, ese atardecer pintado sobre todo su cuerpo, esas curiosas orejas de puntas negras, las garras que por alguna extraña razón siempre limaba, parecía ser que temía convertirse en nada más que un animal, aunque al final de todo, fuimos nosotros quienes lo vimos como uno. No hay día que no lamente aquella maldita noche, todo, absolutamente todo lo que hice, más allá de esa noche, lamento los días anteriores, todos aquellos en los que desconocí a Nick; cada noche pareciera ser un resumen de uno de esos días, sueño todo tal cual pasó, solo que ahora logro ver a Nick, pintado en blanco y negro detrás de Jack, él siempre estuvo ahí, pero yo no lo vi, todo lo que hacíamos juntos, hasta la última cosa se fue perdiendo poco a poco; primero las conversaciones en el trabajo, los chistes, los pequeños buenos momentos en nuestros tiempos libres, lo más pequeño desapareció primero, fue avanzando hasta que a apenas y lograba recordar su nombre. Me tomó tiempo, demoré demasiado a decir verdad, pero al fin lo entendí, al fin entendí por qué Nick se fue, por qué nunca me perdonará, después de haber repasado todos los días antes de aquella noche, todos esos días ignorándolo fue una manera de mandarlo al diablo, y de la nada imploro su perdón, qué estúpida, pero era lo único que pude pensar en ese día, lo único que pude pensar en cuanto abrí los ojos a lo que verdaderamente estaba pasando con Nick, todo el dolor que lo hice pasar, más allá de su cuerpo, su mirada mostraba que lo había roto por dentro, ya no era el mismo, lo destrocé parte por parte, y aun así, esperaba su perdón.

Lo que pasó con Nick fue un completo secreto, por lo tanto, toda la ciudad se enteró, como dije, me gustaría decir que pasé esos 30 días solo pensando en él, pero no; todo fue un caos en la estación, lo que hizo Jack, más allá de haber usado a Nick había dejado una marca muy profunda, todos los animales desaparecidos, nosotros debíamos entregar cuenta a las familias. Todo lo que el ZPD significaba en se entonces se vio comprometido como nunca, no solo fuimos el hazmerreír, eso hubiera sido agradable, fuimos el objeto del odio público, todos y cada uno de los animales de Zootopia no reparaba en mostrar su desdén hacia nosotros, nuestra "Incompetencia" como los medios lo manifestaron innumerables veces, había ocasionado la muerte de más de 20 animales mientras que nosotros tratábamos al responsable como uno de los nuestros. Hubo entrevistas, en más de una ocasión se le preguntó a Bogo si dejaría su placa, y en más de una ocasión nos hizo saber que lo estaba considerando; todos teníamos miedo, era algo sin precedente alguno, pero aun así, aun con el odio de todos, debíamos mantenernos firmes, aunque ya no confiaran en nosotros, debíamos mantener la ciudad a salvo de animales como Jack.

Por debajo de las oleadas del desdén público, habíamos ocasionado algo aun peor, algo que no podíamos resolver de ninguna manera conocida por un policía; Nick era el primer zorro en la fuerza, más allá de eso, se había convertido en un héroe para todos los zorros de la ciudad, les daba esperanza, algo que ni él no yo, ni nadie de toda la estación sabía, Nick era un ejemplo a seguir para ellos, se presentaba como algo a lo que podían aspirar, no debían ser lo que los demás animales decían sobre ellos. Nunca creí que en Zootopia vivieran tantos zorros, tal vez nadie del ZPD lo sabía, hasta que aquél desfile de anaranjado, blanco, y gris se hizo presente en nuestras puertas. El asunto de Nick también se había hecho público, ocasionó una gran conmoción, para el resto de los animales solo había sido un hecho repudiable, permitir un trato así a un oficial, sí, era malo, pero para todos los zorros frente a nuestras puertas, es difícil expresar cómo se sentían, soy una coneja, no un zorro, pero en sus ojos, más allá de odio e ira, había dolor, estaban heridos, todos y cada uno de ellos lo estaban, cargaban con el sufrimiento de Nick en sus hombros, era como si todos y cada uno de ellos hubiesen vivido lo que él, era un caos total, querían la cabeza de todos los oficiales del ZPD, y nosotros no podíamos bajo ninguna circunstancia usar ningún tipo de fuerza, solo nos quedó aguantar, nada más que eso.

Los días pasaban, las protestas, los insultos, los desprecios, todo empezó a mermar, los zorros frente a nuestras puertas poco a poco empezaron claudicar, al igual que varios de nuestros oficiales, Francine fue uno de ellos, Delgato también, incluso sentí que Bogo estaba a punto de rendirse, a decir verdad, la idea de regresar a la granja familiar empezó a sonar tentadora. De alguna manera, logramos permanecer, pero no era lo mismo, perdimos mucho, todo lo que el ZPD había sido, se terminó, pero los animales de Zootopia aún nos necesitaban, tal vez con desgano, tal vez inconformes tal vez porque no tenían ninguna otra opción, pero las llamadas empezaron a llegar nuevamente, supongo que eso ayudo a levantar la moral de la estación, en parte fue algo positivo, pero fue también fue perjudicial; ya no había oficiales suficientes para cubrir todas las alarmas, fue el mes más difícil de toda mi vida como policía, muchos de nosotros no regresamos a casa en días, Bogo era uno de ellos, al menos volvió a gritarnos como solía hacerlo, al parecer, todo el trabajo le ayudaba a mantener la mente alejada de lo que pasó, en cuanto a mí, los pocos días que podía ver mi cama eran lo único bueno en mi vida, aunque no por ello hacían la carga más amena, cada noche, en cuanto cerraba los ojos, veía a Nick, siendo golpeado una y otra vez por ese desgraciado, algunas veces sueño con su muerte, lo que hubiese pasado si yo no lo hubiera detenido, en cuanto despierto no puedo parar de llorar, es una tortura incluso mayor a tener que ir a la estación, la moral está baja, el trabajo es demasiado, y para variar ya no tengo compañero. Bogo me ofreció varias veces a alguien más, incluso Lobato y Colmillar se ofrecieron a ayudarme, pero ninguno de ellos era Nick, y ninguno de ellos lograría tomar su lugar nunca

.

.

.

Ahora son 4 meses desde que se fue Nick, las cosas en la estación al fin se normalizaron, la academia logró apoyarnos con nuevos reclutas, los crímenes en la ciudad se normalizaron, y al parecer salimos de la mala vista de los animales, a este punto parecía ser que todo finalmente fue olvidado.

Los odio.

¿Cómo pueden olvidar tal atrocidad? ¿Cómo pueden seguir sus vidas con lo que pasó? ¿Cómo pueden siguiera perdonarme? En la estación a penas y se menciona el nombre de Nick, ni siquiera susurros, tal vez simplemente quieren olvidarlo, tal vez se sienten igual que yo, pero no es justo, ¿Por qué ellos pueden hacerlo? ¿Por qué ellos pueden olvidarlo tan fácilmente? ¿Por qué me sigue doliendo su ausencia? No había tenido noticias de él desde que se fue, no lo encontraba por la calle, no lo veía en el metro, me asusta pensar que volvió a su vieja vida, que yo lo orillé a eso. Necesito verlo, saber que está bien, saber que no arruiné su vida por completo, ¿Es demasiado pedir? Sí, claro que lo es.

.

.

.

-Entonces, usted es la famoso oficial Judy Hopps-

-Sí soy yo, y él es mi compañero Nick- Respondía llena de dicha y alegría.

-Qué tal- Soltó el zorro, haciendo un leve ademan con su mano.

-Según sabemos, trabajará con nosotros a partir de ahora señor…-

-Savage, Jack Savage-

Tenues rayos de luz se colaban por la ventana, las sombras en el interior del departamento se disipaban, dando claridad a la madera del piso, reflejándose en la pantalla del celular sobre la mesa al lado de la cama, golpeando levemente el rostro del único animal habitante de aquél lugar; el pelaje grisáceo cubriendo todo su cuerpo, las enormes orejas, resguardadas tras su espalda, siendo cubiertas por las frazadas, su pequeña nariz rosada empezando a calentarse a causa de los rayos del sol.

Lentamente, sus parpados empezaron a romper su unión, los superiores se elevaron, los inferiores descendieron, dejando así ver los singulares ojos color violeta, resaltando sobre todo el sombrío color gris. Aquellos vividos ojos solían reflejar dicha, alegría, brillaban a la par con el cálido sol en lo alto del cielo, brillaban cual pequeños candiles, un violeta tan brillante que podía ser confundidos fácilmente por un par de joyas. Aquél brillo se marchito, el color se había vuelto opaco, no había alegría, no había optimismo, solo melancolía, solo esa amarga sensación de culpa, golpeándola día tras día al despertar, solo ella, ya ni siquiera tenía necesidad de usar un despertador, los horridos sueños que tenía eran suficiente para despertarla justo a tiempo, ahora regresar a casa a descansar era algo más habitual, podría dormir, pero no lograba descansar.

Judy se levantó con desgano, sus orejas, las cuales, usualmente estaban siempre a lo alto al despertar, no se despegaban de su espalda, ni siquiera los molestos sonidos de sus vecinos lograban hacerlas reaccionar. Un prolongado bostezo le dio energía para salir de la cama, una vez de pie, estiró su espalda hasta estar satisfecha, y entonces miró a su alrededor, la luz del sol fuera de la ventana era una clara señal de que era tarde, ella no se alteró, no salió corriendo de su departamento hasta la estación, no había motivo para ello, no, no la habían despedido, aunque parte de ella seguía pensando que lo merecía, ahora no se sentía digna de la placa en su pecho, la miró sobre la mesa, reluciente, brillando con la luz del sol, representando todo lo que ella debió ser hace cuatro meses, lo que debió ser cuando su mejor amigo más la necesito, ya no se sentía como un policía.

Judy abandonó el departamento en silencio, ignorando todo a su alrededor, la madera rechinando bajo sus pies, los escalones crujiendo al sentir su peso, los animales que conversaban por los pasillos del edificio, hacía caso omiso de ello, simplemente siguió adelante; el clima no era favorable, había sol en lo más alto, resplandeciente, iluminando toda la ciudad, pero no había calor, el ambiente era frío, el aliento de Judy se manifestaba en forma de vapor al escapar de su boca, alzó la mirada, observando a todos los animales andar por las aceras, los autos transitando las calles, un día común y corriente en la maravillosa ciudad de Zootopia, una mañana tranquila.

Nostalgia, al ver tanta calma, le recordaba los buenos tiempos, aquellos junto a Nick, simples días de trabajo que él se encargaba de volver extraordinarios, incluso el más insulso de los días podía volverse algo para nunca olvidar, no todos eran buenos momentos, habían peleas, discusiones, pero todo tenía solución, a veces Judy tenía la razón, de vez en cuando era Nick quien estaba en lo correcto, una visita sorpresa por la noche y una pizza se encargaban de solucionar el problema sin mayor esfuerzo, era una amistad pura, de lo más hermosa que podía haber, y ella la arruinó, y se encargaba de recordárselo a sí misma día tras día.

Un prolongado suspiro la impulsó a caminar, tarde o temprano tendría que dejar la "Seguridad" de su hogar, ese solía ser su refugio, un lugar tranquilo para relajarse, pensar, para pasar buenos momentos con alguien especial, ahora era únicamente una caja de recuerdos de una vida perdida, las fotos, los regalos, todo lo que llevaba consigo a Nick de alguna manera, todo eso seguía en su hogar, se negaba a deshacerse de él, Judy sentía que de hacerlo, olvidaría por completo al zorro que fue su mejor amigo, cortaría todo vínculo, quedando únicamente en el olvido ¿Qué había sido de Nick en esos cuatro meses? Era completamente ajeno a la coneja, no lo había visto en todo ese tiempo, ella esperaba encontrarlo vendiendo popsipatitas un día por la tarde, tal vez estafando animales en la vía pública por la mañana, incluso sorprenderlo robando algo al anochecer, pero no había nada, desde que salió por las puertas del ZPD, parecía haber desaparecido de la faz de la tierra, en parte era reconfortante, saber que no había regresado a su antigua vida, pero no saber nada de él en tanto tiempo, era una de las muchas cosas que no la dejaba descansar por las noches.

Al caminar por las calles, se percataba de algunos animales, dirigiéndole miradas despectivas, el odio hacia los oficiales del ZPD se había mitigado hace mucho, pero Judy se había convertido en una decepción; ella solía ser el rostro de las presas, la prueba de que hasta los pequeños son capaces de lograr grandes cosas, después del fiasco de Savage, la imagen pública de Judy cayó hasta los suelos, ella lo sabía, por eso ya no se sentía cómoda en la estación, los veteranos, Bogo, Lobato, Garraza, entre muchos otros, conocían a Judy desde los aulladores, sabían el tipo de animal que era, pero los nuevos reclutas de la academia, ellos no querían tener nada que ver con ella, en más de una ocasión se había visto envuelta en pequeñas riñas, riñas en las que irónicamente, ella ni siquiera participaba, insultos, comentarios desagradables, durante un tiempo hubo incluso acosos, no es que ella no pudiese protegerse sola, le era más que sencillo poner contra el suelo a cualquiera de los novatos, pero con qué punto, su reputación no haría nada más que empeorar, por fortuna todo eso había cesado gracias a la intervención de sus colegas, quienes la conocían bien, Colmillar, el enorme tigre a menudo cuidaba la espalda de la pequeña coneja, Bogo se encargaba de hacerle la vida imposible a quienes se metían con Judy, Lobato era el líder de la manada, tenía controlados a los nuevos lobos que habían llegado. Ella agradecía el gesto, pero remarcaba que no era necesario, aun así, la reconfortaba saber que podía contar con otros, tenía más amigos después de todo, pero ninguno de ellos era Nick.

El pequeño viaje terminó, ahí estaban, las dos grandes puertas de cristal, al otro lado, la estación de policía de Zootopia, ya desde fuera la coneja era capaz de ver que los labores diarios habían comenzado, seguramente las tareas habían sido dadas a todos los oficiales. Lentos eran sus pasos, se veía temerosa de atravesar esas puertas, no había hecho nada malo, y estaba más que segura de que su retraso no molestaría a Bogo, entonces ¿Por qué no simplemente entrar? Judy sintió su corazón latir de manera más lenta, todo a su alrededor se unió a aquella ilusión, todo parecía en cámara lenta, y de pronto, lo vio, empujando las puertas con una mano, apoyándose en su bastón con la otra; un fantasma de su pasado, un mero recuerdo manifestándose como una breve ilusión, ahí estaba, Nick bajaba por las escaleras lentamente, tratando de no tropezar, su brazo temblaba al apoyar todo su peso sobre el bastón, aquella vieja mochila a sus espaldas, llena con todas sus pertenencias, aquellos ojos verdes, ausentes de todo brillo, ahora lo recordaba, eso fue lo último que vio de él, su partida, dejó de ver al zorro, regresó su mirada hacia las puertas, y se vio a sí misma, con la misma melancólica mirada de todas las mañanas, recordando la impotencia de ese momento, no pudo ir tras él, algo en su mente le dejaba muy en claro que no podía recuperarlo, y después de eso nada había sido igual desde aquél día, nada volvería a serlo jamás. Por una última vez miró hacia atrás, pero ya no estaba, Nick había desaparecido, Judy había vuelto a la realidad, todo a su alrededor recobró su curso.

La coneja estrujó fuertemente su pecho, no lograba explicarse cómo o por qué, pero lágrimas habían empezado a brotar de sus ojos, lloraba en silencio, resguardaba su rostro de cualquier animal que pudiese descubrirla, eso jamás le había pasado, pero no podía seguir lamentándose por lo ocurrido hace 4 meses, de igual manera ya era muy tarde para remediar lo que fuera, solo le quedaba seguir adelante. Normalizó su respiración, secó las lágrimas de sus ojos, miró su reflejo en las puertas, se veía como cualquier otro día, deprimente, derrotada y agobiada, nadie notaría la diferencia.

-¿Hopps?- La gruesa voz de Bogo fue lo primero que escuchó al entrar.

-Lamento la demora jefe- Respondió cabizbaja, ocultando sus manos detrás de la espalda.

-No deberías estar aquí- Agregó el búfalo, cruzándose de brazos. No era un regaño, eso claro, de ser así, sus gritos habrían ensordecido a Judy desde que comenzó a hablar, el búfalo se veía, confundido.

-Lo sé, es solo que…-

-Judy- Interrumpió Bogo –Tú, junto con todos mis oficiales de mayor antigüedad, se ganaron éstas dos semanas libres, después de los meses anteriores, lo merecen más que nadie- Explicó con tranquilidad.

-Sé lo que dijo jefe, pero seguramente necesita la ayuda de alguno de nosotros, tenemos más experiencia que los nuevos reclutas- Dijo con una sonrisa nerviosa, temía tener que regresar a casa, temía regresar a ese deprimente agujero en el que se escondía del resto del mundo, temía estar sola de nuevo.

-Escucha, ambos sabemos por qué te has negado a todos los descansos que te he ofrecido, también me siento mal por lo que pasó con Wilde, pero no podemos quedarnos atrapados en eso toda la vida, somos policías Hopps, y la ciudad nos necesita-

-¡Por eso debo estar aquí!- Declaró casi desesperada.

-¡Por eso debes descansar! ¡Te prohíbo la entrada a la estación hasta que las dos semanas de descanso hayan pasado!- Gritó con ímpetu, el eco de la estación se encargó de hacer énfasis en ello.

Judy bajó la cabeza, era una pelea perdida, Bogo se dio media vuelta y comenzó a alejarse. La coneja dejó escapar un largo suspiro y se resignó a irse, no sin antes ser detenida por Bogo una última vez.

-¿Cuánto ha pasado?- Preguntó el búfalo sin darle la cara.

-¿Qué?-

-¿Hace cuánto que se fue?- No hubo necesidad de una explicación después de eso, Judy abrió los ojos sorprendida, del último animal que esperaría ver algún tipo de interés en alguien más era de Bogo. Sus labios temblaban, en cierta manera le costaba trabajo hablar, era extraño, hacía un momento no estaba así, ¿Por qué? ¿Por qué hablar de Nick le resultaba tan difícil? ¿Por qué no podía simplemente superarlo y ya?

-Cuatro… Cuatro meses- Respondió con la voz cortada, sintiendo una vez más un nudo en su garganta, sintiendo que su mundo se venía abajo.

-Tal vez sea hora de hacerle una visita- Fueron las últimas palabras del jefe, fueron lo suficientemente contundentes como para sacar a Judy de su bucle de pena y dolor. ¿Ir a visitar a Nick? No había tenido noticias de él desde Jack, pero si algo era seguro es que él no tendría ningún ánimo de verla, mucho menos de hablar con ella, pero nada perdía con intentar, además, sonaba mejor que ir a encerrarse en casa otra vez. Giró la cabeza hacia la puerta, y sin más, simplemente salió.

.

.

.

.

El reloj sobre la mesa al lado de la cama marcaba 10:00 AM. De entre las frazadas sobresalía una larga cola de color anaranjado, mezclado con un tono marrón justo en la punta de la misma, había completo silencio, la única ventana del lugar estaba cubierta por persianas, las paredes estaban agrietadas, la pintura se había caído y partes de los muros caían a pedazos, dejando ver los ladrillos detrás del cemento, el frío del exterior se colaba sin mayor dificultad al interior. La habitación era oscura, iluminada brevemente por la poca luz que lograba colarse a través de las persianas, simples líneas de gran fulgor pintadas en el suelo.

Un gruñido se manifestó desde el centro del montón de sábanas y cobijas sobre la cama, aquél bulto lentamente comenzó a moverse, dejando que los cobertores resbalaran a medida que el animal refugiado dentro de ellos se incorporaba sobre la cama; el último gran trozo de tela cayó al suelo. Las orejas inclinadas hacia atrás, los ojos entrecerrados, observando únicamente el muro frente a él, una mirada carente de toda emoción, su pecho contrayéndose por la respiración, y sus manos, estrujando con fuerza el pantalón que llevaba puesto, la presunta tranquilidad con la que se había levantado había desaparecido, apretó los dientes, arrugó la nariz y frunció el ceño hasta sentir que su rostro se rompería a causa del esfuerzo, estaba molesto, estaba furioso, la amarga sensación de traición no lo dejaba en paz, aquellos recuerdos lo golpeaban noche y día, era una pelea sin cuartel, odiaba a Jack, el bastardo que lo condenó a tal sufrimiento, odiaba a toda la estación de policía, aquellos que se hacían llamar sus amigos, aquellos a quienes no les importo el arduo trabajo y esfuerzo que siempre brindó en nombre de la justicia, se odiaba a sí mismo por haber sido tan estúpido, por haber confiado en todos esos animales, pero más que nada, lo que mantenía la herida abierta, lo que no lo dejaba dormir por las noches, lo que lo carcomía desde entro hacia fuera, no podía odiar a Judy. No podía despreciar a quien más daño le había hecho; los huesos que Jack rompió sanaban con el tiempo, las heridas en su piel se convertían en cicatrices, el sentimiento de abandono se mitigaba con el pasar de los días, pero lo que Judy hizo, no podía olvidarlo, nada le costaba cortar todo lazo con sus colegas del trabajo, era muy fácil para un animal como él, pero ella, la coneja que cambió su vida, no podía.

-¿Por qué lo hiciste?- Musitó con la voz cortada, lágrimas empezaban a brotar de sus ojos, cayendo sobre la cama, se sentía más desprotegido que nunca, estaba devastado, desde el día en el que dejó la estación, no hubo cosa más difícil para él que abandonarla, atravesar esas puertas sin siquiera decir adiós, las memorias parecían ser del día anterior, recordaba a la perfección cómo se había sentido ese día, sabía que de haberla mirado, de haber dicho algo, se habría quebrado; ese día no lo mostró, pero estaba acabado, aquella fría expresión que adornó su rostro ese día era una simple máscara de porcelana, que fácilmente pudo haber sido destrozada con algo tan simple como un adiós, incluso en el momento en el que su bastón resbaló cerca de la entrada, en cuanto vio a Judy acercándose para socorrerlo, tuvo que sacar fuerza de lo más profundo de su persona para levantarse y seguir adelante. En ese entonces no estuvo seguro de ello, no se dio el tiempo de comprobarlo, pero creía haber sentido la mano de Judy tomando su hombro, era pequeña, suave, era algo familiar, era una de las cosas que no quería olvidar.

.

.

.

.

4 meses atrás

Un escalón a la vez, siempre cuidando tener un punto de poyo fijo para no caer nuevamente, un zorro de pelaje anaranjado descendía por las escaleras de la entrada del ZPD, su brazo temblaba al hacer presión sobre la vara de madera, cuando por error hacía más presión de la debida sobre su pierna izquierda un dolor punzante recorría toda la extremidad, como respuesta, arrugaba la nariz, tratando de ignorar el dolor, constantemente se cansaba, era agotador caminar solo con una de sus patas; en el camino a casa debía hacer paradas continuas para descansar y recobrar el aliento, parecía un recorrido por la nostalgia, no se explicaba cómo ni por qué, pero estaba recorriendo el mismo camino que él y Judy solían transitar a diario, todos esos buenos días, a veces con la coneja sobre su espalda, motivo de alguna apuesta perdida, los innumerables cafés que el debió pagar "No traje mi billetera" Era la excusa que siempre usaba. Una pequeña, casi invisible sonrisa se dibujó en su rostro al ver la tienda de café, los mismos muffins que él siempre compraba los fines de semana, la cebra que siempre confundía a Judy con una niña. Nick sintió su barbilla temblar, su corazón latiendo más rápido de lo normal y parecía estar quedándose sin aliento, apartó su mente de todos esos recuerdos, clavó la vista únicamente al frente y siguió su camino lo más rápido que pudo, quería llegar a casa, quería sentirse a salvo, quería olvidarse de todo aunque fuera solo por un momento, quería paz.

Finalmente llegó, en movimientos borrosos sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta, azotándola detrás de él una vez se encontró dentro, sin ninguna delicadeza dejó caer la mochila en el suelo, justamente frente a él, estaba alterado, necesitaba calmarse, debía hacer algo para mitigar todas esas emociones que él no quería, miró a su alrededor, sin saber lo que buscaba, ¿Comida? ¿Bebida? ¿Alguno de los medicamentos que el hospital le había dado? No lo sabía, no podía pensar con claridad, ni siquiera se había separado de la puerta, y entonces lo escuchó, el tiempo parecía haberse detenido, pues hasta ese momento, la mochila chocó contra el suelo, eso no fue lo que llamó su atención, sino el sonido de vidrio fracturándose. Dudoso, introdujo su mano dentro de la mochila, buscando en el fondo, y ahí la encontró, él y Judy, el día en el que se graduó de la academia, el cristal que protegía la imagen estaba fracturado, no pudo contenerse más, empezó a temblar, se recargó en la puerta tras él y empezó a descender por la misma, su espalda se arrastró por la puerta hasta que se encontró sentado en el suelo, miraba fijamente la foto, hasta que pequeñas gotas de agua empezaron distorsionar la imagen, eran lágrimas, eran sus lágrimas. Nick presionó fuertemente el marco contra su pecho, y finalmente, en mucho tiempo, lloró a viva voz, se suponía que debía ser liberador, es lo que siempre pasaba en las películas, el personaje principal llora de manera desgarradora, dejando salir así todo el dolor que había acumulado durante toda la película, pero era solo un invento de Hollywood, para nada estaba aliviando el dolor de Nick, solo estaba haciéndolo más grande, más amargo, sentía como si algo estrujara su corazón, buscando aplastarlo, tal vez así lograría encontrar la paz que con tanta desesperación anhelaba obtener, no, eso no era lo que quería, eso no era lo que buscaba, lo que tanto buscaba, era Judy.

.

.

.

.

Aquél amargo recuerdo lo seguía acosando, habían pasado 4 meses, ¿Por qué no podía olvidarlo? Él no quería hacerlo, el marco con el cristal roto y la foto dentro de él eran la prueba, aún conservaba ese recuerdo, se encontraba en la mesa a lado de la cama, la misma en la que se encontraba el reloj.

-(Suspiro) Voy a llegar tarde- Murmuró levantándose de la cama, su vista periférica captó un trozo de madera alargada recargada en la pared a lado de la cama, el único compañero que había tenido desde que abandonó la estación, claro sin olvidar a Finnick; detrás de aquella pequeña bola de odio, se encontraba el mejor amigo de Nick, el mismo que siempre cuidaba su espalda sin importar la situación, de hecho, gracias a él, Nick había conseguido lo que él esperaba, sería la solución a todos y cada uno de sus problemas.

Ya no necesitaba el bastón, su pierna había sanado por completo, tuvo suerte, no perdió movilidad y no hubo secuelas de ningún tipo, al parecer las balas no rompieron nada importante.

El zorro se arregló para salir, un día normal, sin embargo, más allá de simplemente vestirse, retiró todas las sábanas y cobijas de la cama, tomó la poca ropa que tenía en el armario y alojó todo en un par de maletas, por último, tomó su abrigo y revisó el bolsillo interior, en él, había un boleto de tren, destino: Lejos de Zootopia.

Después de un interminable camino pensando en las palabras que diría, imaginando la reacción del zorro al verla, decidiendo de qué manera suplicaría, Judy finalmente llegó a casa de Nick, al igual que ella, un viejo departamento, parecían estar de moda, se detuvo frente a la puerta, aun vestía su uniforme de policía, no sería una buena manera de comenzar, que Nick admirara dos de las cosas que arruinaron su vida, el ZPD y Judy, tal vez debía regresar a casa a cambiarse y luego ir a ver a Nick.

"No"

Judy sabía que no podía seguir huyendo de eso más tiempo, inhalo profundamente y al exhalar, había juntado valor suficiente para llamar a la puerta.

-Aquí voy- Dijo para sí misma. Lenta y dudosamente, extendió su brazo hacia la puerta, estaba a escasos centímetros de ella, pero la coneja buscaba prolongarlo lo más que pudiera, hasta que sus nudillos tocaron la madera; sintió su corazón latiendo rápidamente, su respiración empezando a agitarse, parecía ser que estaba huyendo de algo, pero siguió adelante, no retrocedió, pero no hubo necesidad de golpear la puerta, apenas hizo algo de presión, ésta cedió, se abrió levemente dejando ver una muy reducida parte del interior del lugar.

-¿Nick?- Ahora estaba confundida, sin estar segura de porqué lo hacía, Judy empujó la puerta, logrando así entrar, esperaba ver al zorro, sorprendido de verla, e inmediatamente decirle que se fuera, pero no hubo nada de eso, solo el silencio sepulcral, digno de un edificio abandonado, a diferencia de su departamento, Nick no tenía molestos y ruidosos vecinos, de hecho, no había muchos animales alojándose en ese lugar, y los pocos que habían se alojaban en los pisos de abajo, en ese nivel, solo se encontraba Nick, o así solía ser.

-¿Nick estás aquí?- Soltó a la espera de una respuesta que no quería escuchar, pero solo había silencio, ya ni siquiera estaban las pertenencias del zorro, Judy tardó un poco en percatarse de ello, pero al hacerlo, un profundo temor despertó en su persona, empezó a revolver lo poco que quedaba, tales cosas como el armario, sin ninguna prenda dentro, el colchón de la cama, totalmente desnudo, no había nada, hasta que vio algo justamente a lado de la puerta, algo que la coneja había ignorado al entrar, un trozo de papel arrugado, Judy se acercó y lo tomó, lentamente lo hizo recobrar su forma original, entre las arrugas lograba distinguir las palabras escritas.

Finnick

Quería agradecerte por ayudarme a conseguir el boleto, solo dejé esto en la ventana de tu camioneta, ya sabes que soy pésimo para las despedidas y… Esto es ridículo, me iré hoy de la ciudad, no te volveré a ver y soy pésimo para escribir cartas de igual manera así que….

No había continuación después de eso, seguramente Nick se frustró y trató de deshacerse de ese intento fallido de carta, sea como fuere, Judy no necesitaba nada más, muy poco fue visible, solo un destello grisáceo moviéndose rápidamente por la puerta, salió corriendo directo a la estación de trenes.

-No lo hagas Nick-

Nick

Ésta ciudad me vio crecer, he vivido aquí toda mi vida, me cuesta trabajo creer que en verdad voy a dejarla, después de todo lo que pasé, la mudanza, los exploradores, Finnick, todos esos años de estafas y tretas, Judy…

Son innumerables las veces que la vi ir a trabajar en estos cuatro meses, casi a diario me levantaba temprano y buscaba esconderme cerca de la calle en la que solíamos encontrarnos, ella jamás me vio, me aseguré de ello, hubo días en los que no la vi, estoy casi seguro de que ni siquiera regresaba a casa, cómo podría hacerlo, en las noticias no paraba de hablar sobre la vergüenza del ZPD, incluso recuerdo haber escuchado una que otra mención mía. ¿Cómo habrá sido estar ahí en esos días? Si hay un animal capaz de soportar algo así, esa debía ser Judy. Sí, ella siempre era la que debía mantener la cabeza en alto, se supone que era la más confiable, se suponía que era mi compañera, no de Jack. Desde el primer día que vi a ese conejo sentí que algo saldría mal, en ese entonces debí ponerle más atención a mis instintos, se supone que están para protegerme, no fui un zorro torpe, fui un zorro estúpido, Judy, Judy fue…

¿Por qué no puedo odiarla? ¿Por qué debo sentirme así por ella siendo que seguramente ya ni siquiera recuerda mi nombre? ¿Por qué debo quererla tanto? Ella había sido el único animal que creyó en mí, esperaba que fuera así siempre, esperaba que sin importar nada ella estaría a mi lado, eso fue lo que me prometió, supongo que al final solo eran palabras vacías, ese bastardo sacó lo peor de Judy, o tal vez, simplemente se encargó de mostrarme cómo era ella en realidad.

Había tantas cosas que quería hacer con ella, en cuanto Bogo autorizara nuestras vacaciones, le mostraría los lugares más geniales de la ciudad, esa coneja rara vez salía del centro de la ciudad, quería llevarla al mejor restaurante de Tundratown, el pequeño sauna en Sahara Square, y claro, un fin de semana entero solo en la playa, ansiaba ver a esa pelusa metida en un traje de baño. ¿Por qué sigo pensando en ella de esa forma? ¿Por qué sigo recordándola como si nada hubiese pasado? ¡¿Por qué?! Ella me mintió, me usó, me traicionó y me manipuló de la peor manera posible, quiero odiarla, quiero despreciarla, quiero despertar cada mañana sin haber soñado con ella la noche anterior, quiero olvidarla.

.

.

.

La estación de tren, tan concurrida como de costumbre, animales entrando y saliendo de a sus respectivos horarios, los silbatos eran la música de fondo, maquinaria pesada y grandes vigas de metal eran la escenografía en aquella obra. Nick se detuvo en medio de toda la multitud, admirando la edificación en la que se encontraba, solía usar el metro muy seguido, pero viajar en un tren, era algo poco común para él, se sentía abrumado por tan grandes vehículos, aun a pesar de la apacible e incluso adorable apariencia que algunos llegaban a tener, tenía la sensación de que el destino podría jugarle una mala broma, un accidente de tren no estaba en sus planes, mucho menos después de todo lo que había pasado. Había llegado algunos minutos antes de que su tren partiera, no tenía animo de comer, ni de beber, solo se limitó a sentarse en una banca, esperando, ¿A qué con exactitud? Esperaba el tren, o de alguna manera esperaba que Judy apareciera en medio de todos los animales, que saltara sobre él rogando perdón, quería verla llorar, verla humillarse por él una vez más, quería saber que ella aun no lo olvidaba. Constantemente miraba a sus alrededores, se justificaba diciéndose a sí mismo que lo hacía para asegurarse de no perder su tren, pero en su subconsciente, sabía que estaba buscando a Judy; veía a varios conejos, pero ninguno encajaba en la descripción del que estaba buscando, esa nariz rosada, las enormes orejas, el tono de gris en su pelaje y sus ojos, aquellos ojos en los que había buscado fuerza tantas veces, los mismos que lo vieron con desprecio y decepción, los mismos que según él, quería olvidar.

"Maldición Nick"

Judy corría desesperada, evadía a todo animal, señal o cualquier otro obstáculo que se pusiera en su camino. Su respiración era agitada, su pulso acelerado, en su mirar había miedo, desesperación, confusión, no podía, no debía terminar así, 4 meses sin saber nada de él, 4 meses sin siquiera verlo, todo para que el zorro que tanto amaba terminara yéndose de la ciudad sin darle la oportunidad de pedir perdón, sin darle la oportunidad de persuadirlo, de convencerlo de quedarse, de darle otra oportunidad, de poder verlo a los ojos, de recordar su apariencia, su pelaje anaranjado, sus orejas puntiagudas, sus ojos color esmeralda, ambos brillantes como siempre los había visto, esa sonrisa en su rostro que había desaparecido, ansiaba verla otra vez, anhelaba escucharlo riéndose de ella, "Torpe coneja" Necesitaba escucharlo, y así, saber que todo estaría bien.

Pero no fue así.

El tren estaba por partir, Nick se levantó de su asiento, decepcionado, miró hacia atrás una última vez, pero ella no estaba ahí, el zorro suspiró, y regresó su atención al frente, sería el único lugar al que miraría desde ahora, jamás vería hacia atrás de nuevo, eso fue justamente lo que debió haber hecho, en cuanto se alejó de aquella banca, Judy apareció, buscándolo, examinando a todos los mamíferos que su vista alcanzaba a cubrir, pero no lograba dar con quien estaba buscando.

-¡Nick! ¡Nick!- Repetidas veces gritó su nombre, pero entre las múltiples voces de la multitud, los silbatos de los trenes y el metal chocando entre sí, era imposible que lograse escucharla.

-No puedes hacerme esto, no así, no, no es justo- Decía para sí misma, empezaba a caer en la desesperación, en el pánico, perdía toda esperanza, hasta que un destello anaranjado, muy pequeño, muy lejano, pero de alguna manera logró verlo; a la distancia, haciendo fila para subir al tren.

Judy sintió alegría, dicha que no había experimentado en mucho tiempo, inconscientemente esbozó una sonrisa, mientras sus ojos se cristalizaban, empezó a sollozar, no podía creerlo, ahí estaba, y se veía bien, sin golpes, sin heridas, sin marcas del horrible suceso de hace 4 meses.

-Nick- Musitó empezando a correr nuevamente, estaba segura de que lo alcanzaría, pero entonces, todo comenzó a actuar en su contra; largas hordas de animales recién llegados a la estación interrumpieron su campo visual, perdió a Nick de vista, la alegría de segundos atrás empezó a menguar, mientras el miedo afloraba nuevamente, trataba de abrirse paso entre rinocerontes, lobos, jirafas, hipopótamos, jaguares, uno que otro roedor, había demasiadas especies para nombrarlas a todas. En los pequeños vistazos que tenía de Nick, revisaba el progreso para entrar en el tren, se estaba cercando, estaba a punto de abordar, Judy no lo iba a dejar ir, empezó a saltar a quienes podía y a rodar debajo de los animales más grandes, Nick estaba a escasos segundos de abordar y Judy estaba a escasos metros de alcanzarlo, se cegó a sí misma, cerró los ojos, negándose aceptar la idea de Nick saliendo de su vida para siempre.

-No te voy a dejar ir, no te voy a dejar ir, no te voy a dejar ir, ¡Nick!- Gritó a todo pulmón, atravesando los silbatos, las charlas entre animales, atravesando todos los sonidos y entonces lo atrapó –Te extrañé-

-Am, señorita, creo que me confunde- Abrió los ojos por completo, un tic nervioso apareció en su ojo y lentamente miró hacia arriba, estaba abrazando a un lobo, muy confundido al parecer.

-Lo, lo siento mucho- Dijo separándose del cánido, éste no le dio mayor importancia y siguió con su camino.

No lo podía creer, Nick ya no estaba, lo buscó con la mirada pero no lograba dar con el color anaranjado de su pelaje, hasta que su mirada la paralizó, dentro del tren, observándola con la misma fría indiferencia, con el mismo odio. El tren empezó a avanzar, pero Judy no se movió, solo miró a Nick hasta que por la distancia lo perdió de vista.

"Se acabó"

Había sido todo, todo el esfuerzo, esa falsa esperanza de que lograría llegar a él no fue más que una ilusión. Se arrodilló, ignoró a todos a su alrededor y se abrazó a sí misma, su mirada estaba perdida en el suelo, no había lágrimas, solo silencio, aun a pesar de sus sensibles oídos, no escuchaba nada.

-Adiós Nick-

Estrujaba con fuerza sus orejas, estaba inclinado hacia adelante, gruñía, apretaba los dientes y trataba de contener las lágrimas, ahí estaba, había ido a buscarlo, pero era demasiado tarde, no, claro que no lo era, pudo haber salido, haber corrido hacia ella, pero no pudo, fue débil, y ahora estaba pagando por ello. Entre gemidos, sollozos y llantos, Nick logró articular un par de palabras, las más amargas, crudas y dolorosas que alguna vez llegó a pensar, algo que esperaba jamás tener que decir.

-Adiós Judy-

Fin

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.


Volví, hahaha, díganme la verdad, cuántos esperaban un final así? Bueno, lamento decepcionarlos, pero no es el final, la historia era demasiado larga, tuve que partirlo en 3 partes, la tercera será la última. Les gustó? Los asusté? Sean sinceros y bueno, si hay los comentarios suficientes consideraré hacer la tercera parte... Mentira, la haré de igual manera, pero en verdad espero que puedan comentar, quiero saber si les gusto, conocer su opinión y a ustedes... (Sigue sonando raro) hehe, ya fuera de juegos, espero puedan comentar, así sabré si les gustó, les encantó... O si ya no me quieren ver :'c Bueno, eso fue todo, pórtense bien, si estafan a un policía aseguranse de que no los persiga, coman frutas y verduras, y nos vemos en la siguiente actualización.

Paz