Ya está aquí la segunda parte. Estoy un poco cabreada, porque la gente entra por todo el morro¡pero nadie deja reviews! ( y sois muchos los que entráis) No os preocupéis, que no soy como nuestros hermanos los anglosajones. He llegado a leer cosas tan inverosímiles como: "Continuo la historia a partir de cinco reviews" o "Como no me habéis dejado reviews, no escribo. Es vuestra última oportunidad"
¡Consiguen reviews por amenazas! En fin, lo único que pasa es que la gente me diga si le ha gustado, si algo le parece mal, o lo que sea. Sin tirarme huevos, eso sí.
Menos mal que lo hago porque me gusta...
¡Dedicado a la quedada del 27 de Octubre¡Y a Hachi!
Cuando recuperó el conocimiento, se hallaba completamente desorientado. Notaba la luz natural que entraba por los ventanales envolverlo, aunque estuviera con los ojos cerrados. Se encontraba muy mareado y le dolía la cabeza. No sabía dónde estaba y no se sentía con las fuerzas necesarias para incorporarse y abrir los ojos. Prefirió dar margen a su cerebro para que se despejase, y así pudiese recordar lo que había sucedido. Ya empezaba a notar que los sentidos se le iban desembotando. Aún con los ojos cerrados, notó la presencia de dos personas situados a su vera. Por el agradable aroma a lavanda que emanaba de la almohada donde descansaba, supo que estaba en una de las enfermerías. Incluso era capaz de empezar a captar fragmentos de la conversación que mantenían, ajenos a su presencia. La primera era una voz femenina, que hablaba calmadamente, y que le hacía sentir un inquietante dèja vù:
- No te preocupes, Taka-nii. Yo estaré aquí con él. Tú vete al Club de Hosts tranquilo.
Kasanoda comenzó a abrir los ojos, dejándolos sólo levemente entreabiertos; de tal manera que la habitación empezó a adquirir siluetas y profundidad. La persona a la que le había hablado la voz se había levantado, y cuando escuchó sus palabras, graves pero ágiles, su corazón comenzó a latir con un ritmo desenfrenado. ¡Era él!
- Por favor, quédate hasta que se despierte.
- Tú no eres el responsable. Fuimos nosotros los que lo usamos de piñata.
Takashi no dijo nada más, tan sólo se marchó tan inadvertidamente que parecía que se hubiese pasado la vida recorriendo pasillos de hospitales. A Bossanova le dolía todo el cuerpo, especialmente el costado derecho. No tardó en darse cuenta de que le habían escayolado el brazo izquierdo por debajo del codo. Pero la cabeza le dolía menos y se arriesgó a abrir los ojos y mirar a la persona que lo estaba velando. Cuando pudo enfocar con normalidad descubrió sorprendido que se trataba de la misma chica que había visto antes en el dôjo. Lo miraba con ojos escrutadores, como si no pudiese decidir si realmente Casanova merecía vivir. Con la mente lúcida hizo una rápida asociación de ideas: se trataba, nada menos, de ¿la hermana de Mori?
¿Pero es que acaso Morinozuka Takashi tenía una hermana? De ser así, habría sabido que existía mucho antes. Todo el mundo conocía a Satoshi. Y Satoshi era temido por muchos. Al fin y al cabo, tenía la fuerza y el valor de los Morinozuka. Cualidades de las que esa señorita que lo miraba como un búho no estaba exenta. Sólo había que fijarse en el lenguaje corporal.
- Bienvenido de nuevo al mundo de los vivos. Cuidado, no te levantes- añadió al ver que Bossanova lo intentaba- tienes dos costillas y el brazo rotos.
- Me siento como si me hubiesen dado una paliza monumental...- incluso su voz sonaba resquebrajada.
- Ya. Yo... quería decirte sinceramente que nos hemos pasado, y que todo el dôjo lo siente y espera que te recuperes pronto.
- ¿El dôjo? – Kasanoda la miraba como si hubiese visto un espectro. No tenía ni idea de lo que le estaba hablando. De hecho no recordaba nada de lo que había hecho ese día. Su mente estaba completamente en blanco.
- ¿No recuerdas nada?
- No.
- ¿Nada?
- ¡Que no!- pero la jovencita permaneció displicente ante la ira del pobre diablo. Daba bastante pena así, todo vendado. Y el demonio de la culpabilidad la corroía las entrañas, pese a la convicción de que, de volver a la misma situación, habría hecho lo mismo.
FLASH BACK
Cuando Kasanoda pronunció esas dos palabras, se desató el infierno en el dôjo. Ante los sorprendidos ojos de Takashi, que había entrado en shock ante tan estrambótica declaración, cruzó un rayo fulgurante que de un solo certero golpe con su shinai, mandó a Bossanova a la otra esquina.
-¡Satoshi, no! – Se oyó el gritó angustiado de Meiko – Si vuelves a zurrar a otro estudiante esta semana, papá te castigará. ¡Déjame matarlo a mí! – y allá que iba, toda mona, con su shinai asesina. Habían sido los primeros en reaccionar. Porque en realidad, existe una norma secreta en su familia: Si el Haninozuka de turno está a salvo, y quien corre peligro es un de los suyos, se le defiende hasta la muerte y reaccionan antes que nadie. Hasta la muerte del pobre tonto, se entiende.
Y comenzó a golpearlo en todas las lorzas, que es donde duele. Y como Satoshi conocía el final de cada llamada que hacía el director a su casa, siguió pegándole a gusto. Estaban liberando mucha tensión acumulada. Y fue entonces cuando Mitsukuni llegó hasta donde estaba el aspirante a cadáver de la morgue. Si para bien o para mal, ni siquiera el forense podría decirlo, ya que cuando sonó un inquietante crujido en las costillas del infortunado, Hani tomó el relevo. Y aunque no llevaba shinai, dejó a los Haninozuka por las nubes. Le pegó con Usa-chan hasta hacerle moraduras, lo pisoteó como a un gusano (él nunca pisa a los gusanos), y hasta le mordió los pezones. Se los dejó hinchados y rojos color cereza. Sobra decir que hacía tiempo que Kasanoda había perdido el conocimiento. Pero, aún así, la afrenta que había cometido contra su admirado capitán era de tal magnitud, que no les importó a los del Club y comenzó el linchamiento popular. Ahí los Haninozuka y Morinozuka se apartaron, porque no cabían todos, y observaron, entre horrorizados y satisfechos, como Bossanova era engullido por la multitud.
Y mientras tanto, el aguerrido capitán continuaba inmóvil, petrificado en su sitio. Incapaz de reaccionar, pues había presenciado tal violencia que necesitaba procesarla. Eso que estaba pasando estaba mal. Los Morinozuka nunca se ensañaban con un adversario. Debía ponerle fin en seguida. Pero entonces, como oleadas que presagian un maremoto, sonaba en su cabeza: me gustas, me gustas, me gustaaaass... Y ya no se podía mover.
Y como siempre que la masa violenta se deja llevar por sus instintos, llegó un momento en el que pensaron que no había vuelta atrás: lo habían matado, seguro. Estaba hecho un guiñapo en una esquina. De los meneos que le habían dado, seguro que tenía el intestino entre los pulmones. Incluso había algunos que no sabían exactamente por qué le estaban pegando. Actuaron de manera refleja. La gente, confundida, comenzó a dispersarse para irse a sus casas. Pero Hani todavía quería más. Takashi era suyo. ¡Qué frescura al declarársele!
Pero Mori lo sujetó del hombro:
- Habría que llevarlo a la enfermería.
- ¡Taka-nii! – replicó Satoshi - ¡ese degenerado quería violarte! Deberíamos entregarlo a las autoridades. – Se calló, ante la censuradora mirada de Takashi.
- Vosotros os habéis pasado... un poco. La culpa es mía. Debí impedirlo.
- ¡Takashi¡Tú no tienes la culpa de nada! Ha sido una imprudencia por parte de Casanova¡y ya está!
- Mitsukuni...
Viendo que pensaban quedarse haciendo el paripé, Meiko se cargó a lo que quedaba de Ritsu Kasanoda como si fuera un saco y lo llevó a la enfermería. Sólo Takashi fue tras ella, y ambos quedaron aliviados al ver los resultados de los análisis. No era tan grave: dos costillas, el brazo izquierdo, y múltiples contusiones. Pero viviría. Con secuelas permanentes pero viviría.
Y ahora, teniéndolo delante de ella, Meiko no sabía qué palabras utilizar. No era tan fácil como decir "te pegamos una paliza que casi te mata" y ya está. No, todo era más complicado.
- Te declaraste a mi hermano, y todo el mundo te oyó.
Se hizo un silencio tenso. Ahora Kasanoda podía imaginarse perfectamente lo que había pasado. Aquello había sido como una bomba de relojería: tenía todos los detonantes listos para explotar. Asumiendo su parte de culpa, prefirió no hacer más preguntas de ese tipo:
- No sabía que el maestro tuviese una hermana.
- Me llamo Meiko. Yo soy la que te ha traído aquí. Deberías estarme agradecido.- sus facciones se habían endurecido, lo miraba con reproche. Y es que, en fin, todo el mundo conocía a Satoshi. Pero ella pasaba un poco más desapercibida. El consejo de su madre era arreglarle el uniforme tirando de la sisa, y cortándole un escote pronunciado en V. Meiko no había querido hablar del asunto.
- Lo siento...- se veía tan apenado que le volvió a inspirar lástima. Bossanova se había ruborizado, humillado, y ella se dio cuenta de que en realidad sólo era un pobre tonto. Le dio unas leves palmaditas en la cabeza, intentando animarlo.
- Lo que tienes que hacer es recuperarte. Has pasado por un trauma enorme y tienes el orgullo de decir que has sobrevivido al club de kendo. No todos lo consiguen.
Dicho esto, se levantó, dispuesta a volver a su casa. Ya había oscurecido, y el chofer debía de llevar horas esperando. Pero iba contenta porque había cumplido su cometido hasta el final. Podía estar orgullosa de sí misma. Kasanoda se concienció que iba a pasar esa noche en la enfermería, prácticamente solo. Había estado tan mal que no habían querido correr el riesgo de trasladarlo a un hospital, teniendo en cuenta los cuidados excepcionales que recibiría en el propio instituto. No tenía hambre, aunque tampoco le habrían dado de comer tan pronto. Tendría que esperar un poco. Lo peor de todo era tener que matar el tiempo. Los minutos se le iban alargando, haciéndose como horas. Por mucho que intentara encontrar la respuesta a su problema en el techo, no iba a aparecer espontáneamente. De todas formas, no tenía suficiente fuerza como para dedicarla a dar giros perifrásticos en su cabeza.
El ruido de la puerta al abrirse y volverse a cerrar lo sacó del estado de sopor. Intentó incorporarse, pero el dolor le recordó de nuevo las costillas rotas. Se movió con lentitud, intentando mitigarlo. Y frente a él, con su sonrisa habitual, estaba Tetsuya. Su fiel amigo. Bossanova se sintió culpable al no haberse acordado para nada de ellos. Vio que Tetsuya portaba una bolsa de deporte, y no hacía falta ser adivino para saber qué contenía: cosas para el aseo, ropa, muda. Todo lo necesario para el tiempo que tuviese que pasar allí. Su amigo se sentó en la silla que antes había ocupado Morinozuka Meiko; sin perder su optimista sonrisa. Para Casanova era como un bálsamo, después de un día tan áspero. Y estaba utilizando un eufemismo.
- ¿Cómo te encuentras? Nos hemos preocupado al ver que no volvías. Menos mal que Morinozuka-kun ha llamado para avisar.
- Me encuentro bien. – no iba a decirle que le dolía todo. Los hombres son fuertes. Y tenía que guardar las apariencias.
- Pues por lo visto te han dado con ganas. Intenta descansar. Todos queremos que vuelvas cuanto antes.- ¿era un ligero rubor lo que Kasanoda había visto en las mejillas de Tetsuya? Realmente debía apreciarlo mucho. Se merecía quince puntos de frescor.
- Eso es lo que haré.- su rostro se iluminó con la firme decisión, y levantó el brazo escayolado.- ¡Juro que regresaré, más fuerte si cabe!
- Tómatelo con calma- una gota de circunstancias bajó por la nuca de Tetsuya.- Mientras tanto, te he traído algo para que leas.
- Pero, con una sola mano... no podré.
Como toda respuesta, Tetsuya sacó el libro de la bolsa. Era bastante grueso, estarían entretenidos bastante tiempo.
- "Todos los perros odian a Drake"; primer capítulo:
Drake era un perro rubio, de un país muy, muy lejano...
Estuvo leyendo hasta que se durmió. Entonces intentó acomodarse en un sofá que había al fondo, y sus últimos pensamientos fueron dirigidos a la tortícolis del día siguiente.
Bossanova se despertó por la luz de los ventanales, otra vez. No le costó abrir los ojos para descubrir que en la habitación habían surgido flores por doquier. Al ver a Tetsuya inmóvil en el sofá, no pudo evitar dudar de que hubiese fallecido durante la noche y él no se hubiera dado cuenta. Pero cuando llegó la enfermera y le entregó los sobres, pudo cerciorarse de que las flores iban para él, y las habían mandado del Club de Hosts. En fin, era un bonito detalle. Se sintió conmovido, desde el día que había suplicado al maestro que lo instruyese, había podido llegar a la gente. En ese momento Tetsuya se despertó, con horribles dolores en el cuello. La visión de Kasanoda entre miles flores le impresionó, la verdad. Resultaba un tanto inquietante. Retomaron el libro donde lo habían dejado, en una estampa bucólica que desentonaba con las circunstancias. Más tarde Tetsuya fue a recoger todos los deberes de esos dos días, para que pudiera adelantar parte del trabajo.
Takashi apareció después de que se cerrase el Club de Hosts. Se le notaba, hasta cierto punto, incómodo. Tetsuya salió de la habitación, cerrando tras de sí la puerta, dispuesto a impedir que nada los interrumpiese. Mori se sentó en la promiscua silla, cerca de él. Casanova no pudo por menos que agradecer interiormente ese sencillo gesto. Al menos, no lo repudiaba. Pero es que Takashi respetaba los sentimientos ajenos, su actitud tenía; a pesar de su innegable gallardía, la suavidad de una flor de loto. Y sin rehuir la mirada de Kasanoda, pareció que iba a empezar a hablar. Pero sin saber exactamente qué decir. Supo, que fuera lo que fuera lo que le dijese; sería la verdad.
- Permíteme que te pida perdón, maestro.- Mori se sobresaltó, no había dejado de sentirse culpable por todo lo que había pasado, y además, después de las confianzas de ayer ¿por qué lo trataba de maestro? – Ayer provoqué una situación desagradable para todos, por culpa de mi estupidez. Debería haber confiado en tí. Tendría que haber sabido, que aunque no compartas mis sentimientos, no me echarás de tu lado. No te pido nada. Sólo me gustaría que supieras la razón de mis sentimientos hacia tí.
- Ritsu... No se trata de eso. Estoy en el Club de Hosts. Yo no puedo salir con nadie, aunque no fueras cliente; ni siquiera con alguien que no sea del instituto. Si se supiera, las clientas se pondrían celosas, se crearían; de nuevo, situaciones desagradables. Da igual que fuera hombre o mujer. Eso perjudicaría al Club.- por primera vez, lo había llamado por su nombre. Aunque le estaba dando puerta, el corazón de Bossanova no desfalleció.
- Pero terminas este año... y yo te esperaré mientras tanto.- Mori puso cara de circunstancias. No se enteraba.
- Los estudios universitarios siempre son una etapa difícil. Es una vida diferente al instituto. Yo debo seguir a Mitsukuni. Es mi papel.
- ¡Nada de eso me importa! Cuando el amor es verdadero nada puede pararlo. Si podemos tener un futuro juntos¡lucharé con toda mi alma!
- "Ése es el problema" pensaba Mori "que no podemos¡pedazo calabacín!" suspiró "No se da cuenta de que no me estremezco de ilusión ante la idea... en fin, siempre ha sido bastante corto."
Y así, entre las rosas, se cerraba lo que a la vista de todos era una bella historia de amor ambientada en la enfermería de un instituto de élite.
