Capitulo 2
Los dos vampiros eran jóvenes, tal vez llevaban sólo algunas semanas convertidos, y no eran capaces de dominar completamente la sed. Si bien podrían haber atacado a Damon y tal vez lo hubiesen herido, lo ignoraron completamente ante el aroma de la sangre que bajaba por el cuello de Elena, y ese fue su error. La chica apenas tuvo tiempo de gritar cuando ambos caían a sus pies.
-Quien los convirtió debía estar muy aburrido, realmente no eligió muy bien.- Comentó el vampiro mientras se agachaba a revisarles los bolsillos, quitándole las carteras y aprovechando a limpiarse un poco las manos con la chaqueta de uno de ellos.- Aunque puede ser que la orden de matarte se la dieron a éste y él convirtió a estos dos para no hacer el trabajo solo.-Mientras seguía hablando encontró sus amuletos para el sol y se los quitó, viéndolos convertirse en polvo rápidamente.- Me pregunto que bruja está metida en esto.- Dijo revisando los amuletos.- Lo que si es seguro, es que ya no puedo decir que soy el presidente de tu club de fans, quien los envió te estima tanto como yo.- Bromeo con una sonrisa mientras abría el maletero del coche y tiraba dentro todo lo que les había quitado antes de volver a cerrarlo.
Se giró a ver a la chica y la encontró observando las manchas de sangre en el suelo.
-No te preocupes, mataré un par de animales del bosque y les pasaré un par de veces el coche, parecerá que la sangre es de cuando los atropellaron.
-No se supone que esto fuera así- Elena caminaba en círculos y negaba con la cabeza.- Klaus necesita mi sangre para romper la maldición y liberar su lado de hombre lobo. La primera luna llena luego del solsticio él preparará un sacrificio, pero me necesita viva hasta ese día por eso mi única preocupación era mantenerme alejada de él.- Se paró mirando la luna, estaba casi llena, como la vería por última vez en poco menos de tres meses.
Damon se paró junto a ella y le dio una palmada en el trasero para sacarla de su ensoñación. -Parece que no sabes toda la historia. Si eres buena tal vez te la cuente.- Su sonrisa de lado y su tono sugerente no dejaban dudas de a qué se refería con ser buena.
-En tus sueños, vampiro.- Respondió comenzando a caminar hacia la casa y deteniéndose cuando sintió el cosquilleo que anunciaba que estaba en el límite de su distancia permitida.
-O en los tuyos, princesa.- Susurró en su oído llegando hasta ella instantáneamente.
Una hora después llegaban a la mansión, les tomó más tiempo de lo que pensaban disfrazar lo sucedido, ya que la vecina de junto había estado mirando por la ventana y Damon tuvo que borrarle la memoria. Cuando llegó la patrulla la anciana no recordaba haberlos llamado y en la calle sólo se veían los restos de un par de conejos que no sabían cruzar de vereda.
Para ese momento ambos estaban agotados, subieron directamente a acostarse y Damon encontró a los tórtolos durmiendo en su cama. En otro caso los habría corrido o se hubiese acostado en medio esperando que despertaran y lo vieran allí, pero no estaba de humor así que prefirió dormir en el cuarto de huéspedes que no estaba en uso. Primero pasó por el armario de blancos y sacó lo que necesitaba, luego colocó sábanas en la cama y se fue a dar una ducha, salió cubierto con una toalla y se acostó así.
Estaba por dormirse cuando le llegó el aroma de la sangre de Elena, la chica pasó frente a su puerta y el vampiro percibió el olor de su shampoo, del jabón de ducha pero más que nada, el dulce de la sangre que había probado unas horas antes.
No se equivocaba cuando dijo que debía ser deliciosa, su sabor era único y embriagante. Y aunque no lo reconociera no podía esperar la oportunidad de volver a degustarla, pero sabía que no debía hacerlo, no volvería a hacerlo. Decidió bajar a buscar una bolsa de sangre, el aroma y los recuerdos habían despertado su sed.
Luego de la ducha Elena pensaba descansar un rato, pero su estómago le recordó las horas que llevaba sin comer nada. Recogió su cabello en una cola, se puso unos shorts de jean, una blusa de la que prendió un par de botones y luego la anudó en el vientre, y bajó a prepararse algo. Estaba poniendo a tostar algo de pan para sus huevos revueltos cuando lo vio bajar.
Sus pies descalzos daban pequeños saltos bajando la escalera, una gran toalla blanca cubría casi por completo sus piernas, pero estaba enganchada tan baja en sus caderas, que dejaba al descubierto la parte superior del triangulo que guiaba a su masculinidad, y en él la sensual línea de bello negro que se perdía bajo la tela. Luego aparecieron a su vista su abdomen firme y levemente marcado, y su pecho musculoso. Un segundo después de recorrer su cuello decorado con algunas gotitas de agua y su mandíbula perfecta y masculina, la sonrisa burlona que decoraba sus labios le urgió a subir la vista a los ojos celestes que brillaban divertidos.
-¿Quieres que vuelva a bajar, un poco más despacio? Aunque quizás prefieres salvar esas tostadas a medio quemar.- Su tono y su rostro engreído, la hicieron odiar su momento de debilidad.
-Estaba fantaseando con la idea de que te cayeras y te desnucaras.
-¿Para poder espiar bajo la toalla? No es necesario, si me lo pides me la quito.
La joven soltó una queja de desagrado y se giró a sacar el pan, que no estaba para nada quemado.
-Eres insoportable, engreído, cínico, arrogante…
-Irresistible…- Habló tan cerca de su oído que su aliento acarició su piel y ella se erizó.
-Sin dudas, para eso es la compulsión, ¿no? Para que nadie se resista a darte lo que quieres.- Su voz cargada de desdén, marcando cuan bajo pensaba de él.
-Jamás necesité usar compulsión para meter a una chica en mi cama, aunque si la he usado para que se vayan.- El vampiro no se movió ni un centímetro, y cuando hablaba ella seguía sintiendo su aliento, pero también sentía el rose de su piel desnuda y ligeramente húmeda, contra la parte descubierta de su espalda cuando respiraba.- O para que olviden cuando me alimento de ellas.
Esa frase le recordó lo sucedido en su casa.
-¿Quieres hacerme olvidar, para no tener problemas con Klaus? – Se giró para mirarlo a los ojos, ella sabía que podía resistir la compulsión, pero quería saber si él era capaz de usarla con ella.
Si lo pensaba era lógico que lo hiciera, era solamente la doble, él la cuidaba para que Klaus la usara en el sacrificio, nada más. Sin embargo ella quería creer que él no lo haría, que no la obligaría a olvidar.
Damon la miró a los ojos, dudando por un momento si hacerlo o no, el celeste y el marrón fundiéndose, conectándolos de una extraña manera. La intensidad de sus miradas, enmarcaba el desafío en lo ojos de chocolate y la tormenta en el mar azul. Un mar que sin saber muy bien porqué, ella pensó que debía navegar, que escondía en sus profundidades muchas cosas que necesitaban ser halladas y que era indudablemente una de las cosas más hermosas que jamás había visto. Hasta que notó como sus pupilas se dilataban, como el negro le ganaba espacio al celeste, como el vampiro se sobreponía al humano.
-Vas a olvidar lo que ocurrió esta tarde, sólo sabrás que fuimos a buscar tus cosas y regresamos a la mansión, tomarás de mi sangre para curar esa herida y luego no recordaras nada de lo ocurrido aquí.
El vampiro mordió su propia muñeca y la llevó a la boca de la joven, que no se opuso a beber.
El sabor del espeso líquido que llenaba su boca no era tan desagradable como ella había imaginado, además de que la hizo sentir llena de energía, de fuerza y sanó sus heridas en pocos segundos. Cuando ella pestañeo el desapareció de su vista, dejándola sola en la cocina con una sensación de vacío, pero sin haber olvidado nada de lo ocurrido.
Durante toda su vida había convivido en mayor o menor medida con vampiros, creía saber todo de ellos y estaba segura, que sacando a Kat y Elijah, todos eran despreciables monstruos sin corazón. Sin embargo encontraba a Damon intrigante, cuando vio su verdadero rostro, no le pareció un monstruo sino simplemente una criatura increíblemente poderosa y fascinante. Y cuando se perdía en sus ojos recordaba las palabras de Kat,
Su gran error fue amar demasiado a quien no se lo merecía.
-¿Qué haces hermanita?- Jeremy la sacó de sus pensamientos y se giró a encararlo completamente enfadada por lo que había pasado unas horas antes.
-¿Yo? ¿Qué haces tú?- Primero pensó en bajar la voz, pero no tenía sentido, los vampiros oirían todo de igual forma- Esa ya no es Viky, hace casi un año que dejó de serlo, es un vampiro ahora. Deberías clavarle una estaca de madera no acostarte con ella.
-No sabes de lo que hablas.
-Nos han entrenado como cazadores Jer, ¿para qué te crees que lo hicieron?- Estaba cada vez más enfadada, ¿cómo podía seguir teniendo sentimientos por ella? Ningún humano en sus cabales podía amar a un vampiro, era como un antílope enamorado de un león.
-Lo hicieron para que Klaus no te atrapara y te usara en su sacrificio. Todo lo demás son las ideas que tus amigos pusieron en tú cabeza. Nos entrenaron vampiros Elena. ¿De verdad crees que fue para que nos dedicáramos a matar a los de su especie?
-Nos enseñaron a cazar para sobrevivir, Jer. Nos dieron destreza y conocimientos para que no nos convirtiéramos en una cena. Y no metas a Mer y Ric en esto.
-Viky no es un peligro para mí, nunca lo ha sido. Jamás se ha alimentado de mí, ni ha tratado de obligarme, ni nada. Incluso se alejó de mí cuando la transformaron hasta que pudo controlarse, solo la veo cada tanto y dedico el resto de mi vida a tratar de mantenerte a salvo. ¿Por qué no puedes entender lo que tengo con ella?- Elena vio a la aludida parada en la escalera y su cara se tensó, su hermano se giró a ver que miraba y se encontró con el dolor en el rostro de la vampira.
-Sólo quiero decir algo, jamás dañaría a Jer. No espero que lo entiendas pero él,-señaló al chico que la contemplaba intensamente, pero no quitó su mirada de la de Elena, quería que ella viera en sus ojos la sinceridad de sus palabras,- es lo que mantiene viva a la persona que una vez fui. Necesité convertirme para saber cuan importante es para mí, como humana me negaba a lo que sentía pero como vampira es imposible ignorar lo que sientes.
Sin dar tiempo a que nadie respondiera nada desapareció hacia el sótano.
El resto del día Elena lo pasó encerrada en su habitación, escuchando música con el volumen tan alto, que para los vampiros era como estar en un recital. En cuanto oscureció, Jeremy fue hasta la casa Gilbert a buscar ropa y otras cosas personales y Viky lo acompañó, lo que dejó a Damon sin la posibilidad de salir esa noche.
Cuando el aburrimiento hizo que se esfumara la poca paciencia que le quedaba, Damon salió y arrancó el cable de la energía eléctrica del poste frente a la casa. Volvió a entrar sonriendo, disfrutando del silencio, que le duró bien poco porque un minuto después escuchaba el torrente de insultos que salían de la boca de Elena, al bajar la escalera alumbrándose con su teléfono celular.
-¿Qué rayos pasa ahora? ¿Es mucho pedir tener una noche tranquila en esta maldita casa?
-Lo siento, no sé que pudo pasar.- Zach bajaba tras ella con una linterna encendida.- Voy a chequear la caja de fusibles.
-No es necesario, digamos que es mi forma de ahorrar energía. Repentinamente sentí la necesidad de luchar contra el calentamiento global.- Comentó Damon mientras se servia un Bourbon, ante la mirada incrédula de su "sobrino".
-Eres un idiota.-Le soltó Elena.
-Tengo trabajo pendiente, me voy a un motel. Regresaré cuando se te pase el ataque ecologista, genio.-Suspirando sonoramente volvió a su habitación.
Elena le dio una última mirada reprobatoria al vampiro y subió tras Zach.
Silbando salió, encendió el generador portátil, lo cubrió porque estaba por comenzar a llover y llevo la extensión para conectar los refrigeradores. Satisfecho con la casa en silencio y a oscuras subió a dormir.
Estaba segura que Damon hacía todo eso sólo para molestarla. Para una vez que la noche parecía casi normal, llega él y arruina todo, como siempre. Sacó los cuadernos que tenía desparramados por su cama, guardó su diario bajo la cama y se alistó para dormirse. A lo lejos escuchó un zumbido de motor y más allá el inicio de una tormenta. Lo que le faltaba, tormenta y apagón mientras estaba sola encerrada con un vampiro de 500 años, no es que fuera miedosa pero no era la mejor situación.
Los minutos pasaban y el sueño no llegaba, su mente repasó primero cientos de películas de terror de la chica encerrada en una casa sin luz durante una tormenta. Luego cada película de vampiros que había visto, antes de la era Twiligth obviamente. El pensar en eso la llevo a recordar lo que había vivido en la tarde.
Damon los había matado con tanta rapidez, con tanta facilidad, ¿cuan fácil sería para él acabar con ella?
Entonces recordó como había cambiado el perfecto rostro del joven cuando estaban en su habitación, como sus hermosos ojos celestes habían sido rodeados por el rojo sangre, las venas que aparecieron enmarcando su cara, y los dientes blancos y afilados. Estaba segura de que si hubiese presionado sólo un poco con su dedo, le habrían rasgado la piel. ¿Qué sentiría él en ese momento?
Estaba segura de que Damon había sentido perfectamente la caricia de su dedo en su colmillo. Esos dientes debían ser extremadamente sensibles, recordó con la delicadeza que los pasó por su piel, sensual y amenazante la noche anterior. E inevitablemente pensó en como los sintió penetrar en su cuello esa mañana.
Cerró los ojos y le pareció sentir nuevamente la tibieza de su boca en su cuello. Como lentamente y por sólo unos segundos esa boca había succionado contra su piel y la punta de su lengua la había acariciado, haciendo que cosquillas de placer la recorrieran. Era incomprensible, pero parecía que el dolor que sintió en el primer instante sólo había logrado aumentar el placer que sintió luego, con esos recuerdos se quedó dormida.
Sintió la cama moverse bajo el peso de alguien que se subió a ella y eso la despertó.
-Necesito tu sabor una vez más, nada más. Sólo eso quiero.
Sin decir más se recostó sobre ella, colocando un brazo a cada lado de su cuerpo y sus piernas entre las de ella, dejando su peso parcialmente apoyado sobre sus codos y presionando suavemente con la mitad baja de su cuerpo contra ella, para dejarla pegada a la cama.
Corrió con dos dedos el pelo que le cubría el cuello para dejarlo libre. Pasó su nariz por la delicada piel, sintiendo su aroma, luego acarició con sus labios el lugar donde la sangre pulsaba llamándolo y lo humedeció con la punta de su lengua, anticipándose a su sabor.
Elena quería gritar, o empujarlo, forcejear de alguna manera, pero las sensaciones que la recorrían la dejaban totalmente desconcertada. Sintió el roce de los dientes y una corriente eléctrica la recorrió. Cerró los ojos rindiéndose a lo que su cuerpo quería, deseando que la tomara y pudo apreciar cada centímetro del cuerpo del vampiro pegado al de ella. Su respiración se aceleró por su deseo, estaba viviendo la experiencia más sensual de su vida y cuando los colmillos entraron en su carne para reclamar la sangre que ella con gusto le daba, un sonoro gemido de placer dejó sus labios.
-¿Estás bien?- la sacudió de nuevo, porque oía que su corazón cada vez se aceleraba más y su respiración se entrecortaba.-Elena, despierta.
Luego de un gemido de inconfundible placer la chica abrió los ojos.
-Yo preocupado por ti y tú estabas teniendo un sueño caliente conmigo.- Comentó con una sonrisa presumida, sin saber en ese momento cuanto había acertado.
La chica le cruzó la cara de una bofetada.- ¿Cómo te atreves a meterte así en mis sueños? ¿Qué más pensabas hacerme?- Él la miró completamente sorprendido, en ese momento recordó que se suponía que los vampiros no podían entrar en su sueño, para eso era la verbena que estaba cocida entre las costuras de cada una de sus ropas de dormir. Su rostro cambió y Damon lo notó enseguida, la sonrisa el vampiro se hizo más marcada y se humedeció los labios antes de hablar.
-Así que realmente estabas teniendo un sueño caliente conmigo, princesa.- Comenzó a acercarse milímetro a milímetro, sin apartar la mirada de la de ella.-Lo bueno de que hayas despertado es que ahora podemos hacerlos realidad.
Gracias por leer ;)
