¡Buenas noches (madrugada en mi caso jajaj)!

Aquí les traigo el segundo capítulo de "Atrápame" ^^

Antes que nada, quiero agradecer el buen recibimiento del fic a través de vuestros favoritos y seguimientos, además del comentario de zuad92 (que por cierto, me alegra saber que te está gustando esta historia y espero que disfrutes con la presente actualización ^^).

Sin andarme con más rodeos, os dejo ya con el capítulo, recordándoos siempre que la letra en negrita y cursiva son los pensamientos de los personajes.

Ahora sí: ¡Dentro capítulo!


CAPÍTULO II: Tropiezo

Los rayos de la luz solar se filtraban entre los huecos de la persiana con la intención de despertar a cierta rubia que se encontraba tirada en la cama, tapada hasta arriba con las sábanas y llegando a cubrir parte de su cara. Perezosa, abría sus ojos, que se cerraron casi al instante ante aquella traidora claridad que no suponía más que una molestia. Al menos por ahora... Desde que tenía uso de razón, Lucy siempre tuvo problemas a la hora de despertarse. Normalmente necesitaba un tiempo para "aclimatarse" a las circunstancias y así poder estar de un humor considerable… Al menos el suficiente para no responder a base de bofetadas o bien gruñidos, teniendo suerte, cuando alguien le decía cualquier cosa. Hasta un "buenos días" podría provocarle tal reacción.

En resumidas cuentas, Lucy no tenía muy buen despertar, independientemente de la hora que sea.

Apartó la sábana de su cuerpo y permaneció estática sobre el colchón durante un buen rato, preparándose mentalmente para el nuevo día. Cuando creyó que ya era conveniente levantarse, lo hizo a un ritmo pausado. Lucy era del tipo de persona que tenía la presión arterial tirando más bien para baja, no llegando a ser hipotensa, pero casi. Por eso se tomaba las cosas con mucha calma, pues así evitaba los mareos que se le pudieran ocasionar.

Observó su pequeño, pero acogedor, sanctasanctórum en el proceso, inspeccionando cada elemento que allí había. Una rara costumbre que adquirió con el paso de los años... A su derecha se encontraba un pequeño escritorio de madera, por ahora ausente de material. Tan solo había la presencia de: un flexo negro, el teléfono inalámbrico de color blanco y violeta, un taco de post-it con su bolígrafo al lado y… nada más. A la izquierda de la cama había una mesilla de noche y sobre la superficie de ésta estaba la lámpara, colocada en la esquina más alejada. En medio, un libro y, más a su alcance, un pequeño soporte donde descansaba su móvil.

En las paredes malvas no había nada. Ni un póster, ni una foto… Nada. Absolutamente nada. Solo algún estante vacío, que se llenaría enseguida gracias a su afición a la lectura, y un pequeño gancho sobresaliente, que no era más que un pequeño signo de que, en una época anterior a su llegada, había sido usado para colgar algún retrato o simplemente un cuadro con la imagen de un paisaje… En su caso, ella solo lo utilizaría para colocar un calendario. Nunca le vendría mal saber en qué día vivía.

Finalmente, cerca de la entrada a su habitación se hallaba una cómoda, más alta que ancha y también de madera, sobre la que descansaba un pequeño cuenco de plástico, que, visto desde fuera, parecía de cristal. Allí dejaba las llaves y la calderilla sobrante. Detrás del cuenco, había un marco de tres fotos plateado. La foto que se encontraba en la parte central del marco mostraba a un hombre de mediana edad de cabellos dorados oscuros, tirando más bien a castaños, y ojos no muy grandes, también oscuros. Tenía aspecto de británico, sobre todo vestido con aquel traje café y la presencia de aquel bigote. Al lado de este, se encontraba una mujer que se trataba de una copia exacta de Lucy, solo que con unos cuantos años más. Se encontraba agachada junto a una niña, que parecía una versión de ella pero en miniatura. La agarraba de la cintura, mostrándole su afecto a través de aquel abrazo y de su rostro, el cual salía con los ojos cerrados pero dándole una sonrisa deslumbrante. La pequeña niña llevaba puesto un vestido rosa clarito y ladeaba su cabeza con el mismo rostro alegre que el de la mujer.

Era ella y su familia, años atrás, antes de que toda su vida diese un giro de 180º…

Ver aquella foto siempre le provocaba un sentimiento agridulce, porque, aunque evocaba los buenos recuerdos, luego recibía el golpe de la realidad sabiendo que ellos no estarían más a su lado. A la izquierda de esa foto, aparecía la imagen de un perro blanquecino con cara bobalicona. Se trataba de su perro Plue… El pequeño boxer era tan manso y tan cariñoso, que era imposible no sentir afecto por ese animal. Tenía muy buenos recuerdos de la infancia con él. Por último, a la derecha de la foto central, se hallaba una imagen grupal, en la que aparecía ella rodeada de sus amigos y amigas más íntimos: Michelle, que era además su prima, Levy, Erza, Caprico, Loki, Virgo, Scorpio, Aquario…entre otros.

Ver aquella imagen le producía un sentimiento nostálgico, pues siempre era difícil dejar atrás la vida que una había llevado durante años, prácticamente toda su vida, y separarse tan repentinamente de sus seres queridos. Pero era algo que tenía que hacer. Además, todos se acabarían separando, ya que recorrían distintos caminos. El irse de su ciudad natal no fue solo por sus estudios, sino por algo más personal. Una corazonada le decía que en la ciudad de Magnolia encontraría lo que tanto buscaba y su sentido nunca le fallaba.

Sin embargo, aunque aquel sentimiento la motivaba a la hora de vivir allí, también era cierto que la mudanza le resultaba un poco dura. Aún tenía cosas que desempacar de las cajas de cartón, lo que le daba una pereza terrible… Pero lo peor de todo era dejar la casa tan alegre y llena de vida en donde convivía con su prima y sus tíos, para pasar a vivir allí, en esa casa tan solitaria. De lo malo no era un apartamento de grandes dimensiones. Se trataba más bien de un estudio… pero la ausencia de gente era palpable.

Lucy se dio un golpe en las mejillas para evitar aquellos pensamientos tan negativos. Ese cambio le haría bien y tampoco podía abusar de la confianza que tenía con sus tíos. Era hora de buscarse la vida e independizarse, a pesar de que ahora conatse con la pequeña ayuda económica de sus tíos, que tuvo que aceptar a regañadientes. Además, tener aquella casa para sí sola también conllevaba ventajas. Podía llevar a cabo sus investigaciones libremente sin algún tipo de restricción… Y, ya centrándose en el ámbito universitario, aquel lugar era el ideal para concentrarse a la hora de estudiar. No habría distracciones que se lo impidiera… aunque aún quedaba un tiempo para que dieran inicio las clases universitarias.

Estaban a principios de septiembre y ella no comenzaba hasta mediados de mes, lo que se dice, las clases reales. Si bien era cierto que tenía que presentarse la próxima semana ante el recinto universitario solo para las presentaciones, ello no quería decir que fuese a faltar... A fin de cuentas, la primera impresión importaba, daba igual el año que se cursara.

Se duchó con agua tibia y después se cambió para ponerse unos vaqueros y una blusa verde agua con unos estampados florales. De calzado llevó unas Converse rosas y, por último, cogió una chaqueta de punto de un tono ciruela. Desayunó algo ligero y se preparó para salir, no sin antes coger su bolso. Decidió que lo mejor era aprovechar el presente día para dar una vuelta por las calles y conocer un poco mejor la ubicación de los establecimientos que más le interesaban de la ciudad de Magnolia. Le sorprendió ver la cantidad de gente que paseaba por las calles. Era un número considerable… Se podría decir que había gran movimiento en la urbe.

El sonido de las sirenas, proveniente de un coche de la policía, le llamó la atención. Siguió la dirección de donde le pareció oír las sirenas y acabó llegando al edificio víctima del robo del día anterior: el MAGNO BANK. Ese banco era uno de sus lugares de interés desde que había visto la noticia de anoche. Le pareció interesante el caso de aquel ladronzuelo que se hacía llamar Salamander. Quería tener unos detalles más concretos sobre la operación del robo. Quería saber cómo actuaba, cómo pensaba… Y, sobre todo, si este tenía alguna relación con aquel maldito bastardo al que perseguía como una sombra, pero del que no encontraba ninguna pista...

Se acercó al edificio y pudo ver a una serie de agentes hablando con el que suponía Lucy que era el Director General. Al menos tenía pinta de alto ejecutivo. Se acercó a ellos disimuladamente para escuchar algo más sobre el incidente con sus propios oídos y de fuentes mucho más fiables, pero otro agente que rondaba por allí la pilló y la desvió de su camino.

Maldita sea… No van a dejar que me entere por las buenas.

Hizo una mueca, algo fastidiada por el entorpecimiento de su propia investigación, pero tuvo que obedecer. Estaba claro que no había camino fácil para conseguir lo que uno quería. Siguió caminando por las calles, todavía frustrada por no haber podido averiguar algo más sobre ese tal Salamander, hasta que oyó una voz que le resultaba conocida.

- Objetivo localizado. Lucy Heartfilia. 18 años. Residente en la ciudad de Magnolia. Estudiante de segundo año en la carrera de Medicina. Pariente de la familia Lobster – decía en un tono serio la voz de una mujer. Lucy se giró para ver a aquella persona que se dirigía a ella de esa forma.

- Erza Scarlet. 21 años, joven autoridad que actúa por el bien de la ciudadanía, cuidando el orden y el respeto de la Ley… en la ciudad de Magnolia – se miraron durante un segundo y comenzaron a reírse. La pelirroja de cabellos largos y sueltos se acercó a la rubia para recibirla con un gran abrazo.

- ¡Me alegra muchísimo verte por aquí! ¡Me lo habían dicho pero no me lo creía! Al menos ya no me voy a sentir tan solita por aquí. ¡No todo me va a resultar desconocido!

- Jajaja… Lo mismo digo – decía Lucy dedicándole una sonrisa – La verdad es que aún me inquieta la idea de abandonar todo y empezar de cero en un sitio que no conozco y sin tener a nadie como apoyo… Pero verte aquí me alivia mucho.

- ¿Cuándo llegaste?

- Hace unos días…

- Mmm… Entonces todavía has de estar un poco perdida por la ciudad, ¿no?

- Bueno… Me las voy apañando, pero es cierto que todavía no me conozco bien todo esto – murmuró apenada la rubia.

- ¡Bah! Pero eso es normal… Dime Lucy, ¿tienes un poco de tiempo?

- ¡Es lo que me sobra! ¿Qué me propones?

- Ya verás… ¡Ven, acompáñame! – la animaba la pelirroja.

Lucy obedeció y siguió sus pasos, poniéndose al día con ella de sus respectivas cosas durante el camino. Aún estuvieron caminando durante un buen rato a un paso bueno, ni muy rápido, ni tampoco lento, hasta que llegó el momento de detener sus pasos. Lucy no iba muy pendiente a lo que la rodeaba, pero en cuanto frenaron echó un vistazo y detuvo su vista al edificio que tenía enfrente: La Comisaría Local de Magnolia.

- Anda mira, otro de mis establecimiento de interés… – se le escapó a la rubia.

- ¿Establecimientos de interés? – repitió sin entender Erza.

- Nada, cosas mías… ¿Por qué me trajiste aquí?

- Bueno… Te conozco bien y siempre tuviste un interés un poco extraño por este tipo de cosas así que pensé que quizás te interesaría…

- Pues no te equivocaste – le interesaba. Y mucho. Sobre todo si podía tener sus contactos.

- Erza... Te estaba buscando, necesito que vengas conmigo adonde sucedió el robo de… ¿Visita? – decía un muchacho de cabello corto y oscuro y ojos rojizos, mientras observaba de arriba abajo a Lucy.

- Perdona Rogue… estaba algo liada. Se podría decir que sí, es una visita, pero sobre todo es mi amiga. Ella es Lucy Heartfilia. Lucy, él es mi compañero de trabajo, el agente Rogue Cheney.

- Un placer – decía Lucy extendiendo su mano a modo de saludo.

- Lo mismo digo… Un momento, ¿ella es esa Lucy de la que tanto hablas?

- La misma – respondió Erza orgullosa.

- ¿Qué hablas de mí? – preguntó Lucy en un susurro avergonzada.

- Nada malo, nada malo… Solo les hablo de la buena intuición que sueles tener y del buen coco que desarrollaste.

- Exagerada…

- Bueno… En todo caso es un placer tenerte por aquí – decía el pelinegro mostrándole una sonrisa. Después dirigió su vista a Erza – Lo dicho Erza, esta tarde ten en mente que tienes que venir conmigo a investigar lo de Salamander.

- ¿Salamander? – murmuró completamente interesada Lucy.

- Veo que es un tema que te importa.

- No exactamente eso, llámalo curiosidad… ¿Qué sabéis de él?– antes de que ella pudiera frenar aquellas palabras, ya las había soltado. Maldita fuera ella y su curiosidad – Perdón, me dejé llevar…

- No te preocupes. La verdad es que él es un tema que interesa mucho en los últimos meses. No sabemos mucho de él. Solo que su identidad salió a la luz hará como unos seis meses…

- Y es muy difícil encontrarle porque casi nunca deja pistas. Es muy escurridizo el condenado – prosiguió Erza.

- ¿Por qué sabéis que se llama Salamander?

- En uno de sus primeros robos dejó una nota telemática diciendo:

"Saludos queridos ladrones, ¿qué se siente al recibir un poco de vuestra propia medicina?

Atentamente: Salamander."

- ¿Se cree un justiciero o qué? – expresó ligeramente molesta la rubia.

- Pues es lo que parece… Incluso los ciudadanos lo consideran como tal. Cuenta con todo su apoyo. Nadie le recrimina nada y eso es un error. Si bien es cierto que cada vez que realiza un robo, se produce "misteriosamente" un beneficio para hospitales, hospicios y ONGs, ello no quiere decir que su conducta haya de quedar impune… – reflexionaba Erza.

- ¿Y sigue algún tipo de patrón?

- Ninguno concreto. Roba a discreción: roba a quien quiere y cuando quiere. Por eso es difícil seguirle la pista… Pero creo que ya te hemos dicho demasiado – se lamentó Rogue.

- No creo que sea un error. Pienso que Lucy puede echarnos una mano para atrapar a Salamander.

- Erza no debemos involucrar a civiles así porque sí…

- Lucy ya se ha involucrado antes, tiene conocidas las comisarías como la palma de su mano, ¿o no?

- Bueno…

- La ayuda nunca es mala, siempre y cuando no te perjudique Lucy. Teniendo en cuenta las cosas que me dijo Erza no me importaría tenerte en mi equipo de búsqueda. Obviamente, tendrías tu retribución por tu colaboración, pero eso depende de ti…

- Si me das unos días para pensar en la propuesta…

- Los que precises. Cuando tengas algo claro, siempre puedes pasarte por aquí – señaló Rogue.

- Gracias. Pues… Bien, no quiero entreteneros más, así que ahora me iré para ver un poco más de la ciudad. Me encantó verte por aquí Erza y, de nuevo, es un placer conocerte Rogue. Prometo que estudiaré la oferta – se despidió la muchacha mientras se dirigía a la entrada de la Comisaría para salir de allí.

Cuando salió del edificio policial no pudo evitar gritar un pequeño "¡Sí!". Sin proponérselo, había obtenido un contacto importante en la policía, lo que significaba que podía obtener información de primerísima mano. En ese preciso instante, creyó que no se había equivocado en la toma de su decisión siguiendo su corazonada: llegar a Magnolia supuso un cambio de tornas en su mala racha para volverse otra totalmente buena. No solo le ofrecían un trabajillo retribuido, sino que también podía saber más cosas sobre Salamander.

¡Hoy es tu día de suerte Lucy!

En realidad no tenía nada que pensar, iba a aceptar aquella oferta. Solo quería hacerse la interesante y dejar a mano todo tipo de documentación sobre su propia investigación que permanecía oculta en una de las cajas de la mudanza. Lucy no era capaz de ocultar su felicidad: estaba de muy buen humor gracias a aquello. Sentía que nada ni nadie podrían estropear aquel maravilloso día que estaba teniendo.

Menudo error había sido creer eso. Basta pensar en ello para que suceda todo lo contrario…

En una de las calles que discurría por una zona residencial, había un grupo de tres chicos apoyados contra un muro que delimitaba la casa que había en su interior. Echaron un vistazo rápido al cuerpo de Lucy y la rubia no pudo evitar sentir asco al percibir las miradas depravadas con las que la observaban.

Tch… Claro, como no – pasó por la mente de Lucy. Sin embargo, ella no se dejó afectar. Simplemente se dedicó a pasar de largo por aquel tramo de la calle. Si ocurría algo se las podría apañar bien.

- ¡Ffíu! – silbó uno de los muchachos – ¡Qué bombón! – la piropeaba. La rubia permanecía impasible.

- ¡Mírala, se hace la dura! – decía otro chico mientras soltaba una carcajada.

- ¡Eh, rubia! ¿Por qué no detienes un momento tu paso y tratas de pasar un buen rato con nosotros? ¡Podemos pasarla bien nosotros cuatro! – los otros muchachos rieron cómplices. Al oír eso, Lucy apretó una de sus manos en un puño para contener su ira creciente.

No te molestes. Ni siquiera los mires, Lucy. No merece la pena… Simplemente sigue adelante.

Ella obedeció a su cerebro y continuó con su camino, pero uno de los tres chicos, el más corpulento, se paró frente a ella con una sonrisa macabra, frenándole el paso.

- Oye… ¿Qué es eso de ignorar a aquellos que te hablan? ¡Qué maleducada! – Lucy hizo caso omiso a sus palabras y trató de salir de aquel sitio – Bueno, bueno, bueno… ¿Te lo tienes muy creído no? – continuó el moreno corpulento mientras agarraba la barbilla de la rubia, apretándola – No me gusta esa actitud de reina que traes amiguita… Si no lo quieres pasar mal, será mejor que te portes bien – le advirtió acercándose a escasos milímetros de su boca. A Lucy se le escapó una risa irónica ante su amenaza y esta vez le contestó:

- ¿O qué? ¿Me vas a rajar? Teniendo en cuenta que la Comisaría está tan cerca, no te lo recomiendo… – lo desafiaba.

- Te veo bastante perdida chica, no sabes con quién te estás metiendo… Si sigues provocando de esa manera te meterás en un buen lío.

- Tch… Lo estaría igual aunque no hubiese abierto la boca…

- ¿Siempre tienes que tener la última palabra, no? Quizás debería castigarte un poco para que aprendas modales… – el chico apretaba más la mandíbula de Lucy y ella comenzó a sentir un dolor que no mostró en su rostro. Ella no había perdido su temple.

- ¿Me vas a enseñar modales? Ver para creer… – no pudo continuar diciendo nada más porque el chico agarró su garganta con furia, bastante irritado por la actitud de Lucy. Pero, aun con esas, en la mirada de Lucy no se percibía ni una pizca de miedo.

- Te lo he advertido rubia… Ahora te va a tocar responder por tu actitud.

Vale se acabó – pasó por la mente de la rubia.

Iba a golpearlo, pero, antes de que pudiese hacer nada, ella ya se encontraba liberada del agarre de su agresor y todos los chicos que la habían rodeado estaban en el suelo derrotados. Lucy no entendió cuándo había sucedido todo aquello ni cómo, pero entonces vio delante de ella la figura de otro chico.

Lo que más le llamó la atención eran sus cabellos rosados opacos. Nunca había visto a un chico con esa tonalidad de cabello. Al menos, que lo llevara por voluntad propia… Pero lo que más le sorprendió de aquel muchacho no había sido su apariencia, que podría deslumbrar a cualquier chica, no. Fueron sus movimientos. No lo había oído llegar y ni siquiera lo había visto hasta ese momento... No lo vio llegar. Ello significaba que aquel chico era ágil y demasiado sigiloso, lo que le pareció sumamente raro. No le transmitía buenas vibraciones… El joven se dio la vuelta dándole la mano para ayudarla a levantarse, a la vez que mostraba una sonrisa amable.

No sabía el motivo, pero Lucy en ese instante se sintió muy irritada y muy cabreada con el pelirrosa por lo que había hecho… Se sintió ofendida. Ella no era una damisela en apuros. No era una persona débil y tampoco necesitaba ser rescatada. Se las podría haber apañado perfectamente sola… Además, ahora… ¿contra quién descargaba ella aquellas ganas incontrolables de golpear a esos idiotas?

Lo miró con desconfianza y se levantó sola, rechazando su ayuda. Los ojos verde musgo del chico mostraron cierta sorpresa durante un fragmento de segundo pero se recompuso, recuperando la sonrisa amable.

- ¿Estás bien? – le preguntó. Se veía algo más mayor que ella. A su juicio, parecía sacarle unos años considerables.

- No necesitaba tu ayuda – le reprochó la rubia. Nuevamente la sorpresa invadió la mirada del muchacho.

- Bueno, vale… tampoco hace falta que me hables así… Eres un poco grosera – le señaló aquel pelirrosa algo molesto, aunque trató de taparlo con una falsa sonrisa.

- Te metiste en donde nadie te llamó. Yo no te pedí ayuda, por lo que no te pienso agradecer nada… Pude habérmelas arreglado muy bien yo solita – expresó cabreada Lucy.

- Ya, claro – la miraba escéptico – Seguro que sí… También tenías muy bien controlado al cuarto hombre que estaba escondido ¿no?– ¿Cuarto?

- … ¡P-por supuesto que sí! – mintió la chica. El pelirrosa se dio cuenta de la falsedad de sus palabras y se rió – ¿De qué te ríes?

- De que no sabes mentir nada bien, querida… – expresó irónico.

- No utilices ese tonito conmigo…

- Usted perdone, pero es que no me sale otro.

- ¿Sabes que eres un poco imbécil?

- ¿Lo de ponerte a insultar a la gente es algo que haces cada vez que te quedas sin recursos? – se burló el chico.

- ¿Y tú te metes donde no te llaman porque te aburres o es que naciste así de entrometido?

- No sabía que estaba mal ayudar a alguien que, desde mi punto de vista, estaba en apuros.

- Quizás debas hacerte una revisión ocular…

- Quizás… Y tú quizás debas darte una alegría en la vida.

- ¡¿Cómo?!– Lucy sintió que sus mejillas se enrojecían. ¿Cómo se atrevía el muy condenado a…?

- Lo que oyes, cielo… Lo siento, pero haciéndote un favor a ti y otro a mí, me voy de aquí. Voy a dejar de "entrometerme en tu vida"… Pero si un día cambias de opinión y quieres agradecerme lo de hoy, puedes buscarme a nombre de Natsu Dragneel, aunque casi prefiero no volverme a topar contigo… Chao, querida – el pelirrosa había desaparecido tan rápido como había aparecido: en un soplo de aire.

- … ¡Maldito cretino! – lo maldijo Lucy. Jamás se había sentido tan humillada y él había logrado hacerlo en apenas unos minutos – Espero no volverte a ver Dragneel…


¡Y esto es todo por hoy!

Se ha producido el primer de los muchos encuentros que se producirán entre los protas jajaja Como veis esta Lucy tiene un poco de mala leche (y eso me encanta) jajaj

La siguiente actualización no sé cuando caerá, reconozco que estoy entrando en una época... complicada (aunque no será por mucho tiempo). Pero por si acaso, ruego paciencia .

Espero que os haya entretenido el capítulo y lo que os haya parecido podéis decírmelo en un comentario, que son siempre bienvenidos ^^

Sin mucho más que decir porque estoy muerta del cansancio, me despido de vosotros con un beso, un gran abrazo y deseándoos dulces sueños (cuando os corresponda, claro está)

¡Chaus!