¡Hola de nuevo!
Estoy actualizando.
Bueno espero les guste este capítulo, por lo regular los haré así de largos.
Que disfruten.
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Nuestro Tiempo
Capítulo 1. Después del regreso
—¡Pasa el balón! ¡Estoy libre! —gritó un chico a su compañero, un joven castaño que corría hacia la canasta contraria para tratar de encestar un punto o dos a favor de su equipo. El aludido pasó el balón y gracias a una buena finta por parte de su amigo a él lo dejaron libre para volver a recibir el esférico.
—¡Vamos Aoba! ¡Es tuya! —Escuchó que le gritaron. Aoba lanzó el balón y por fin pudo anotar un punto a favor.
Mientras estuvo en la preparatoria, no tuvo oportunidad de jugar baloncesto, por mucho que habló con el director para que diera permiso de abrir un club dedicado a este deporte, no tuvo muchos resultados, siempre obtuvo la misma respuesta –no hay presupuesto jovencito–, Aoba sabía que eso no era totalmente necesario para poder abrir el club, pero la falta de miembros que quisieran ingresar fue lo que terminó por hacerlo desistir. No había nadie, más que él, sus dos amigos Junichi y Ryutaro, y tal vez otro de sus compañeros de primer año, y siendo sinceros un equipo de baloncesto no se forma con solo cuatro integrantes.
Al menos, durante esos tres años que estuvo en la Preparatoria Seio, se dedicó a practicar el deporte en la pequeña cancha que había. No le quedó de otra y aun así cada pequeño desafío lo disfrutaba al máximo pues le ayudaba a relajarse y a olvidar. Aoba sabía que no podía distraerse en un juego tan importante como ese, pero no podía evitar que su mente viajara al pasado y recordó cuando regresó de su viaje al año 2088.
Flash Back
Al abrir los ojos hubo un momento en que se sintió desorientado, poco a poco levanto el rostro, no sabía dónde se encontraba, todo a su alrededor estaba oscuro. "¿Habrá… que pasó? ¿Estoy en mi casa?", se preguntó. De pronto, una serie de imágenes inundo su mente dejándolo totalmente atónito, sus ojos se abrieron tanto por el asombro.
—¿Habrá sido un sueño? —Preguntó en voz baja con la conmoción tintando cada palabra. Lo último que recordaba es que después de ser tragado junto a Hina por aquella anomalía temporal él inmediatamente había intentado comunicarse con ella, pero el equipo no le respondió pues parecía que prácticamente se había apagado. Cayendo en lo que estaba pensando miro a su alrededor dándose cuenta que no había sido para nada un sueño. Estaba dentro de la cabina del Luxon Next, todo había sido real y si estaba en lo cierto, ya había regresado a casa, a su tiempo. No perdió tiempo y encendió el Luxon para poder observar fuera de la cabina, al principio solo distinguía algunas sombras así que iluminó un poco el lugar con ayuda de la unidad, parecía ser un edifico en ruinas. Con cuidado se levantó para salir de ahí, una vez fuera se dio cuenta que era de noche y que se hallaba dentro de uno de los edificios que se estaban derrumbando cerca de su escuela para construir un nuevo complejo habitacional. Sonrió emocionado, todo parecía indicar que si había vuelto.
Ya más tranquilo logro divisar su escuela, con cuidado de no ser visto se acercó hasta quedar frente a la Preparatoria Seio, observo el lugar dándose cuenta que se encontraba completamente intacto y todo estaba en calma. De súbito escucho a una mujer gritar haciendo que se moviera por la sorpresa y sin querer tirara parte de uno de los salones de clase. La mujer volvió a gritar, al parecer estaba asustada de ver al enorme robot, así que antes de causar más daños y de que alguien más lo viera, salió volando de ahí. Con la poca energía que le quedaba al Luxon Next se las ingenió para esconderlo en el Inage Seaside Park junto a la costa, ya que no podía dejar que alguien, mucho menos el gobierno, lo hallara. Cuando terminó decidió volver a la escuela, pero a medio camino se dijo que no tenía caso puesto que no encontraría a nadie allí, supuso que la habían cerrado una temporada debido al incidente y que ya habían reparado los daños producidos por Bizon en esos meses. Decidió que lo mejor era ir a su casa, después de todo ya era de noche, no quería imaginar lo que le dirían su madre y su hermana al verlo después de tantos meses desaparecido. Al llegar se sorprendió al ver autos de la policía fuera de su hogar, eso lo preocupo ya que no había razón para que la policía siguiera en su hogar en el supuesto caso de que su madre los hubiera llamado en cuanto desapareció. Pensando que algo malo le había pasado a su familia, corrió dentro de la casa.
—¡Mamá, Tsubasa! ¿Dónde están? —Gritó apenas cruzar la puerta del recibidor.
Pero cuál fue su sorpresa cuando al acercarse a la sala su hermana salió al pasillo con los ojos hinchados, la cara completamente roja y llorando, el trato de preguntarle qué había pasado, pero no le dio tiempo pues la adolescente se le echó encima, abrazándolo.
—¡Tonto! ¡Aoba tonto! ¿Dónde diablos estabas? Mamá y yo hemos estado tan preocupadas por ti, dijiste que llegarías temprano, tratamos de comunicarnos, tus amigos no sabían nada y tú no llegaste a casa… ¡Oh Aoba! ¡Hemos pensado lo peor! —Decía su hermana entre sollozos.
—Tranquila, estoy aquí ¿ves? No quise preocuparlas a mamá o a ti, de verdad no quise desaparecer tantos meses y es bueno oír que esa cosa no le hizo nada a Junichi y Ryutaro —respondió, abrazando más a su querida hermana. Sintió que la chica trataba de separarse de él al tiempo que observaba como su madre se acercaba a ellos con los ojos llorosos y detrás de ella unos oficiales de policía.
—¿De qué hablas? —Preguntó Tsubasa, mirándolo extraño cuando logro separarse un poco de él—No ha sido tanto tiempo, han sido horas, más de medio día. ¿Y de que "cosa" hablas?, tu no volvías, tratamos de llamarte, nadie supo nada, nos dijeron que saliste a mitad de clases, seguimos llamando, pero no respondías, nadie sabía dónde estabas… pensamos que… tu… —su llanto le impido seguir con lo que estaba diciendo y solo pudo volver a abrazar a Aoba.
—Aoba, hijo… —llamó su madre al llegar a ellos. Tsubasa aun envuelta en lágrimas lo soltó dándole paso a Tomoyo para abrazar a su hijo—. No sabes lo preocupada que he estado por ti, no vuelvas a desaparecer de nuevo de esa manera. Todos hemos estado muy preocupados, incluyendo tus amigos.
—Lo siento mamá —Aoba se sentía perdido—. Llamaré a los chicos para decir que ya estoy en casa, tranquila.
Aoba abrazó a su madre, prometiéndole que jamás lo volvería a hacer. Les dijo a ellas y a los oficiales que había salido de clases por que se sentía un poco malo, y que después había ido a observar las nuevas obras que están cerca de la preparatoria, que había sufrido un accidente cayendo de un muro y que había estado desmayado, también dijo que su teléfono había sido destruido durante la caída y que por eso no pudo comunicarse.
Para cuando llego media noche, su madre y su hermana ya estaban tranquilas y felices de tenerlo ahí, como si nada hubiera pasado, al parecer no dudaron de su historia, no creyó que los policías lo hicieran, pero al ya no ser requeridos se marcharon sin decir nada más. Ya en su habitación se recostó en su cómoda cama. Las palabras de su hermana lo habían dejado muy confundido, al parecer no habían pasado más que unas horas desde el momento en que desapareció, cuando en realidad Aoba estuvo en el futuro por varios meses. Se dio cuenta en el calendario de su cocina que justo había vuelto al mismo día en que se había ido, con la diferencia de que el valiancer de Bizon nunca apareció y que nadie conocía a Yumihara Hina –eso lo descubrió después de hablar con sus amigos y preguntarles si sabían algo de ella–, ahora comprendía porque en la escuela o la ciudad no había indicios de reconstrucción mientras volaba para esconder al Luxon Next.
—A lo mejor al regresar Hina a su tiempo, el bucle temporal desapareció, borrando todo lo relacionado a este —se dijo. Aunque eso no explicaba cómo es que él recordaba todo. Otra cosa será, supuso. Se durmió pensando en sus amigos, se sentía triste por haberse ido sin despedirse como era debido. Recordó lo último que le dijo a Dio y de pronto se sintió vacío, entonces pensó en Hina, las lágrimas llenaron sus ojos, el vacío aumento y así se quedó dormido.
Fin Flash Back
"Y hubiera pensado de verdad que todo fue un sueño de no ser porque cada cierto tiempo voy y reviso el valiancer escondido en la costa", pensó.
Desde entonces no había hecho la gran cosa, se dedicó a ser un estudiante promedio, no le gustaba llamar mucho la atención y si alguien le llegaba a preguntar por lo sucedido ese día, Aoba les contaba lo mismo que a su madre y a los policías. Durante su segundo año busco un pequeño trabajo de medio tiempo para ayudar con los gastos de su educación ya que por ese entonces su hermana Tsubasa salía de la secundaria para pasar a la preparatoria, no había querido ir a la misma que Aoba, en su lugar se decidió por una preparatoria técnica privada –quiero ahorrarme el ir a la universidad hermano, es lo que yo quiero– había dicho por ese entonces y el y su madre apoyaron su decisión, después de todo siempre había sido una jovencita muy responsable y ambos sabían que lo que decidiera la llevaría muy lejos en su vida. Durante esos años, varias veces pensó en destruir al Luxon con el sistema de auto destrucción que venía integrado, pero siempre que lo intentaba había algo que se lo impedía. Tampoco nunca pensó en moverlo de lugar puesto que creía que la poca energía que le quedaba solo era suficiente para una cosa.
«¡Punto para el Chiba Club!», se escuchó en voz del narrador del partido.
Faltaban unos cuantos minutos para que terminara el partido, su equipo iba ganando por un par de puntos; si ganaban este partido estarían calificados para ir a la competencia nacional y eso lo entusiasmaba en sobre manera, aunque después de todo, este era su último partido. Llevaba un año de Universidad en el Chiba Institute of Technology, ya estaban en marzo, justo en primavera y faltaba poco para que terminara el ciclo escolar 2017-2018; había sido verdaderamente difícil mantener el ritmo de vida que llevaba, hace unos meses se había desmayado durante uno de los entrenamientos, el doctor le dijo que no era nada grave pero que necesitaba moderar sus actividades, darse un tiempo para descansar y comer de manera saludable; y es que entre su carrera y el equipo de baloncesto que se había formado en su colonia, su vida se mantenía prácticamente ocupada casi las 24 horas del día.
«¡Un par de minutos más y se acaba el partido señoras y señores!», alcanzó a escuchar mientras que, con un pase, hacia lo que probablemente sería la última anotación de su parte.
La ovación de la gente en el pequeño gimnasio de la ciudad de Narashino lo emociono y su mente se volvió a sumir en sus propios recuerdos mientras esa sonrisa se ensanchaba cada vez más amenazando con convertirse en un grito de alegría pura. Recordó su primera semana en la Universidad, había estado tan emocionado por ese entonces; sabía que no debía forzar las cosas, así que pacientemente espero a que su encuentro con ella se diera de manera natural.
Flash back
Iba caminando tranquilamente al lado de sus nuevos compañeros, los conoció en la ceremonia de ingreso del Instituto, la cual había sido hace casi una semana, en ese entonces esperaba que con el tiempo llegaran a ser muy buenos amigos, ambos chicos eran agradables, sumamente inteligentes y responsables, Ichijo Ryu era un chico de cabello oscuro azulado tan revuelto que parecía que no había conocido lo que es un peine en mucho tiempo, era de su misma estatura pero un poco más delgado, sus ojos de color verde olivo eran amables y tan grandes que lo hacían parecer un joven de secundaria en vez de uno de universidad; Holzer Akira, por el contrario, tenía una expresión en su rostro como si todo le fastidiara, al principio le pareció un poco intimidante, y le resultó extraño que un chico como el estuviera al lado de alguien que parecía tan frágil como Ryu. Tenía el cabello castaño claro que le llegaba a la altura de los hombros, sus ojos eran de color gris tan profundos y brillantes que parecían plata fundida y era más alto que él.
"Definitivamente las apariencias engañan", pensó al recordar su primera impresión. Ya sea porque su apariencia lo obligaba a demostrar a los demás que no era un niño o porque simplemente así era, Ryu era una persona directa y llena de confianza, con gran energía y positivismo. Siempre los motivaba a él y a Akira para dar lo mejor en todas las clases. Por su parte, Akira era una persona noble y tranquila, un poco más considerada que su amigo. Su cara de fastidio era más por aburrimiento que por estar verdaderamente molesto, y es que en el trascurso de esa semana pudo notar que era una persona con un vasto conocimiento, era obvio que se aburriera fácilmente. Ambos le habían agradado mucho, le recordaban de cierta manera a sus amigos de la preparatoria y… a los que aún no conocía.
Cuando regresó del futuro, pensó en lo que quería hacer para su vida, no le importó que aún le faltaran los tres años de preparatoria; ya sabía, por medio de los recuerdos de Hina, que iría a la universidad, que ahí la conocería y que ambos estudiarían unas de las nuevas carreras que en ese momento se estaban implementando en las universidades enfocadas en el estudio, manejo y posible manufactura del nuevo material conocido como nectoribium y que con el tiempo ambos llegarían a formar parte de los primeros estudios en el Sistema de Acoplamiento para los valiancer. Todo con la finalidad de hacerlos más poderosos para luchar contra la oposición. Y eso último, era precisamente lo que él no quería, de acuerdo a sus cálculos aún faltaban algunos años para que Zogilia llegara a ser lo suficientemente poderosa para lograr el dominio sobre los países de Rodina Union y Dahua, aun no sabía cómo lograría impedir la inminente guerra, pero no se rendiría hasta conseguirlo, junto a Hina y sus amigos, estaba seguro que lo conseguiría.
Es por eso que ahí estaba, rumbo a su siguiente clase de ese día en el Chiba Institute Of Technology, un camino que apenas hace una semana había emprendido. Pero justamente ese día se encontraba sumamente ansioso que prácticamente no estaba prestando atención a nada en absoluto. Por la mañana había tenido un pequeño ataque de nervios, sabía que había soñado con los sucesos de hace tres años, pero no lograba recordar con que exactamente había soñado, estuvo muy ensimismado con eso que no presto atención alguna a su vestimenta, afortunadamente no había escogido nada que lo hiciera parecer un payaso, una simple camisa y pantalones de mezclilla en colores blanco y hueso y un suéter abierto color gris, definitivamente había tenido suerte. Tan distraído se encontraba que no se dio cuenta cuando se detuvieron en medio del camino justo frente al edificio donde se impartía la tan esperada clase, lo que provoco que casi chocara con Ryu.
—¡Ah! Lo siento —Se disculpó.
—¿Ansioso Watase? —preguntó Ryu de manera burlona al ver que no estaba atento a lo que sucedía a su alrededor—. No te preocupes, nosotros estamos igual, ¡pero vamos! no hay que demostrarlo a los demás.
—Cuantas veces les he dicho que me llamen Aoba —suspiro—. Además, no estoy nervioso, solo un poco emocionado, se supone que esta clase solo se imparte los lunes. —Trato de convencerse más a si mismo que a los otros dos.
—Además de que es impartida de manera simultánea con las otras carreras del Programa para Manejo del Nectoribium, pero Ryu tiene razón Wa… Aoba —se corrigió—, no tienes por qué estar nervioso, tenemos las mismas clases, no es como si fueras a estar tu solo con un montón de desconocidos —contestó Akira en un tono simple, mientras observaba hacia los demás estudiantes que parecían dirigirse al mismo destino que ellos.
—Bueno, ustedes no son precisamente conocidos de toda la vida —dijo Aoba en tono de broma a los otros dos, quienes parpadearon confusos mirándose entre ellos para después mirar a Aoba y sonreír de manera malévola.
—Oh, ¡tienes razón! Bueno supongo que Akira y yo nos aseguraremos de hacer tus clases miserables —dijo Ryu de manera seria—. Después de todo eres un completo desconocido que nos lo ha dejado claro.
—No sabes en lo que te has metido Watase Aoba, te aseguro que ahora ya no tendrás ningún amigo en lo que te queda de estancia aquí —siguió el otro mirando a Aoba de manera intimidante, para después de unos momentos de silencio abrazar por los hombros a Ryu y ambos comenzar a reír al ver la expresión atónita de Aoba.
—Si sabes que estamos de broma, ¿cierto? —aseguraron los dos jóvenes. Aoba no sabía si reírse o suspirar de puro alivio. Aun no se acostumbraba a su extraño sentido del humor.
—Claro… —dijo y rio torpemente. Fue lo único que pudo contestar mientras rascaba su nuca nerviosamente.
La verdad es que, por fin, gracias a las bromas de esos dos, sus nervios y ansiedad habían logrado disminuir lo suficiente para que pudiera prestar atención a todo aquello que lo rodeaba. Definitivamente Akira y Ryu eran extraños pero notablemente agradables, y como esperó en un principio cuando los conoció, los tres se habían llegado a convertir en muy buenos amigos. De improvisto una voz muy conocida lo saco completamente de sus pensamientos, su corazón dio un vuelco y mentalmente se preparó para por fin poder verla de nuevo.
ooo
«¡Hina espera!», decía una chica de cabello castaño oscuro a otra, que probablemente era su amiga.
«¡No tienes por qué ir tan deprisa!», decía una tercera jovencita a la misma chica, que apresurada tenia a sus dos amigas corriendo detrás de ella.
«Pero si no nos damos prisa, llegaremos tarde a la próxima clase», les contestó volteando a verlas, dispuesta a apresurarlas aún más ya que parecía no estar dispuesta a llegar tarde a esa clase tan importante. Y tan distraída estaba en ir rápido que no se dio cuenta del chico que estaba justo en medio de su camino.
—¡Ay! —gritó la chica, cayendo al suelo de sentón.
—Ah, disculpa, ¿estás bien? —dijo Aoba ofreciéndole no solo disculpas, si no también, su mano para ayudarla a levantar. Lentamente y un poco conmocionada por la caída, la jovencita de largo cabello oscuro y hermosos ojos purpura levanto su mirada para ver al dueño de la voz y la mano que se le presentaba justo frente a ella.
—No te preocupes, yo debería disculparme contigo —contestó la chica mirando a los ojos de quien tenía en frente, sintiendo una extraña sensación en el pecho. —¿Nos hemos visto antes? —preguntó. No sabía la razón, pero sentía que ya había visto a ese chico en algún lado.
Aoba se sintió un poco avergonzado cuando Hina conecto sus ojos con los de él, se veía radiante y totalmente hermosa, llevaba una falta color verde militar con una blusa ligera en color blanco y un suéter abierto en tono rojo, lo que hacía resaltar aún más su inusual color de ojos.
—Vaya Hina, ¿Quieres ligar con él? —dijo una de sus amigas, logrando que un lindo sonrojo cubriera su blanca tez.
—No-no es… —trató de defenderse.
—No. Nunca nos habíamos visto —interrumpió Aoba, con voz suave—. Soy Watase Aoba, ¿y tú? —preguntó. Era obvio que sabía quién era, reconocería su voz y su rostro sin importar el tiempo que pasara, y gracias a que los nervios se habían ido hace un rato, suspiro internamente y actuó como si eso no fuera así porque sabía que tenía que disimular frente a ella. Al menos por ahora.
—Yu-Yumihara Hina —respondió por fin aceptando la mano que le ofrecía ayuda.
Fin Flash Back
—Fue igual a como recordaba —se dijo a sí mismo, mientras veía lo que suponía iba a ser la última anotación del partido. Sonrió.
Así había sido su primera semana de universidad y también fue así como por fin la había encontrado de nuevo, desde ese entonces hizo lo posible para que también Hina se convirtiera en su mejor amiga. Fue gracias a ella y a sus amigos –Junichi, Ryutaro, Ryu y Akira–, que tuvo la determinación de entrar al Club Chiba de baloncesto. El club no existió hasta que ya tenía 18 años, prácticamente casi al terminar de estudiar la preparatoria. Un hombre llamado Jon había llegado del extranjero a mediados de enero de 2017, había comprado un viejo edificio con forma de nave industrial localizado cerca de la costa entre Narashino y Mihama Ward, gastando lo que parecía ser su propia fortuna –acumulada durante su juventud les había dicho–, para poder condicionar ese lugar como un pequeño gimnasio con cancha de baloncesto profesional y así poder formar un equipo que según decía, lograría llevar al éxito. Al principio estuvo indeciso entre entrar o no. Sabía que las responsabilidades aumentarían al ingresar a la universidad y eso era incentivo suficiente para hacerlo olvidarse de esa idea.
Pero Ryutaro y Junichi no lo dejaban en paz diciendo que, si era lo que quería, lo hiciera; no fue hasta que encontró a Hina que ella lo terminó de convencer para que entrara al equipo, que en ese momento apenas se estaba formando para representar a la ciudad de Narashino. La verdad es que ellos cinco le ayudaban mucho con los deberes de la escuela para que ya no se sintiera tan presionado. Ryutaro y Junichi, con la ayuda de Jon, decidieron montar una pequeña tienda de deportes a la par que estudiaban la carrera de administración, ellos dos eran el apoyo del resto de sus amigos, incluyéndolo. En un principio le había preocupado que Junichi y Ryutaro no se llevaran bien con sus dos nuevos amigos, pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta que sus miedos estaban totalmente infundados. Casi de manera inmediata los cuatro habían congeniado como si se hubieran conocido de toda la vida, no supo si ayudo el que todos fueran de visita al parque de diversiones en Tokio, de todas formas, eso es algo trascendente. La amistad que se tienen todos desde entonces, eso es lo importante.
«Termina el partido, ¡Club Chiba son los ganadores!», escuchó que decía el comentarista, todos sus compañeros de equipo corrieron hacia donde él estaba y lo levantaron en brazos. Todos mostraban expresiones de inmensa felicidad y jubilo. Cantaban y silbaban por haber ganado.
Aoba les sonreía a todos y les daba las gracias por su esfuerzo, pues pensaba que el triunfo era debido al gran trabajo en equipo. Sonrió cuando al mirar hacia las gradas vio a sus cuatro amigos, aplaudiendo y gritando. A estas alturas supuso que ya no sabría que hacer sin ellos en su vida. Los saludo agitando su mano en al aire y les sonrió agradeciendo su presencia ahí.
—¡Ah! Cuidado, aun no quiero morir —dijo Aoba a quienes lo cargaban ya que de la emoción casi lo tiraban al suelo. Soltó una pequeña risotada cuando de improvisto todos lo lanzaron por el aire, para luego atraparlo y repetir el proceso una vez más.
Y entonces la vio, mientras era lanzado al aire por tercera vez. Definitivamente Hina se había convertido en su mayor apoyo. Ahí mientras ella lo miraba y le sonreía de esa manera tan dulce, él solo podía pensar que no podía permitir que su futuro se viera afectado por la sombra de tristeza y dolor que trae consigo una guerra. Aoba aún no había hablado con ella sobre lo que le sucedió hace ya casi cuatro años, no sabía si ella le creería o lo tacharía de loco para después alejarse de él para siempre. Sabía que solo estaba buscando escusas para posponer el momento y aunque no sabía exactamente cuál era la razón, muy en el fondo creía que tenía que ver con que esta Hina no era la misma que él conoció, y aunque tenía miedo de perderla, su mente le decía que la había perdido desde el día en que regreso del año 2088. Hina era su mejor amiga y la quería demasiado, de eso estaba completamente seguro. Aoba no quería que al enterarse de su secreto sus amigos lo dejaran solo y lo único que Aoba llegaba a comparar a ese sentimiento de pérdida, era el hecho de haber perdido a su padre cuando era tan solo un niño y también cuando tuvo que dejar a sus amigos del futuro, sobre todo a Dio, que fue de quien tanto le había costado ganarse su confianza y amistad para, como le dijo al final, irse así sin más.
A Aoba todo aquello le hizo recordar que hacía tiempo que no pensaba en eso ya que siempre lo ponía triste, no importaba que hubieran pasado ya varios años, el sentimiento de desasosiego seguía ahí. A simple vista su vida era perfecta, tenía amigos incondicionales a su lado y una familia que, si bien faltaba su querido padre, era feliz. Él también creía que tenía la vida más perfecta que podía pedir, solo que a veces, cuando recordaba a sus amigos del futuro un vacío se le formaba en el pecho, y si bien recordaba, ese sentimiento se hacía más fuerte en cada aniversario de su regreso.
—¡Aoba! ¡Baja ya de ahí! Tenemos que ir a celebrar —dijo Ryu acercándose a él y al equipo, junto a los demás.
—¡Valla partido! Estuviste increíble —dijo Ryutaro dándole palmadas en la espalda una vez que los compañeros de Aoba lo bajaron para que pudiera acercarse a sus amigos.
—Gracias chicos —dijo Aoba mientras era abrazado por todos ellos—, aunque no fue para tanto, además no solo fui yo, todos hicimos lo mejor que pudimos y bueno, al final lo logramos —dijo a sus amigos mientras una brillante sonrisa adornaba su sonrojado rostro, obligándolo a apartar los nostálgicos recuerdos.
—Felicidades Aoba —dijo Hina acercándose a ellos. Ella no había podido estar en todo el partido por cuestiones de un proyecto que tenía que entregar para antes de que terminara el ciclo escolar. Se había esforzado mucho para llegar al menos a ver el final del encuentro, aunque estaba segura que el equipo de Aoba quedaría como ganador.
—Gracias Hina —correspondió Aoba recibiendo un fuerte abrazo por parte de la muchacha. Al separarse se miraron a los ojos y así se quedaron un momento, sin darse cuenta que eran observados por los otros chicos que reían silenciosamente tratando de no interrumpirlos.
—Ta vez deberían ir a festejar ustedes dos solos —murmuró Junichi al aire, reprimiendo la risa que bailaba en la punta de sus labios.
Hina y Aoba se sonrojaron completamente, se miraron de nuevo totalmente avergonzados, desviaron la mirada por un segundo para volverse a mirar y sonreírse de manera tímida. Y sin que Aoba pensara en ello, Hina sí pensó que tal vez la idea de Junichi no era para nada una mala idea.
ooo
Esa tarde después de esperar a que Aoba se aseara en los vestidores del gimnasio y se despidiera de sus compañeros, los cinco se reunieron en un pequeño bar cerca del centro en la ciudad de Narashino. Hina sentía que algo no estaba bien, tenía un presentimiento extraño, pero trató de ignorarlo. Se lo atribuyó a todo el estrés que se le había acumulado durante esa semana debido a su tonto proyecto de investigación. Y pensar que al principio del ciclo escolar Hina esperaba que esa materia se convirtiera en su favorita.
—Eso era esperar demasiado —dijo al aire. Lavó sus manos en el lavabo frente a ella y al terminar se miró en el espejo—. Todo estará bien —dijo a su propio reflejo, tomó su bolso y con una sonrisa en la cara se dirigió a la salida de los baños para regresar a la mesa junto a Aoba y los demás.
—¡Eh! Hina por aquí —escuchó como la llamaba Ryu. Lentamente se acercó a la mesa donde todos estaban platicando animadamente.
El lugar no era muy grande y tampoco entraba mucha gente y no por que el servicio o los alimentos fueran malos, simplemente que ese lugar permanecía un poco oculto entre unos edificios del centro, era como regresar al pasado, donde no había tanta tecnología por todos lados, por eso a ellos les gustaba y prácticamente ya eran clientes habituales de ese lugar. El interior estaba decorado por diferentes tipos de cuadros, viejas fotografías de los antiguos gobiernos de ese país, al parecer otros eran lienzos pintados a mano y otros tantos eran telares tejidos con preciados materiales –según el dueño del lugar–, aunque ella dudaba que fueran auténticos. Las paredes eran de un suave color crema, que contrastaba con el techo de madera oscura y el piso de piedra pulida de colores marrones y claros. Era un lugar verdaderamente agradable.
—…todos se pusieron muy tristes cuando se los dije —decía Aoba al resto del grupo mientras ella tomaba asiento a su lado—, el entrenador no lo podía creer, me dijo que lo pensara bien, que aún había tiempo para que al menos pudiera jugar el primer partido del torneo Nacional pero yo le dije que el nuevo ciclo de la escuela se volvería más intenso todavía, los deberes aumentarán —Hina, al igual que los demás, miró hacia donde estaban los viejos amigos de preparatoria de Aoba—, tanto los nuestros como los de ustedes —dijo Aoba dándoles una sonrisa que decía lo infinitamente agradecido que estaba por la ayuda que le habían brindado.
—Bueno, no nos hemos quejado de ayudarlos, ¿verdad Junichi?
—Ryutaro esta en lo cierto, no nos es ninguna molestia el hacerlo, nos hemos apoyado entre todos haciéndote menos pesada la carga con respecto a los deberes que te deja el equipo de baloncesto dándote más tiempo para que te encargues de los del Instituto. No es para tanto, a nosotros no nos llenan de tanto trabajo—dijo Junichi hacia Hina y los demás, mientras Ryutaro solo daba asentimientos con la cabeza a cada palabra que su amigo decía.
—Aun así… —dijo Hina mientras todos centraban su atención en ella—, Aoba tiene razón, ustedes ya han hecho mucho por nosotros y estoy segura que los demás piensan lo mismo. No despreciamos ni desestimamos la ayuda que nos han dado ya que en verdad nos han ayudado en los momentos más estresantes —todos la miraban sorprendidos por sus palabras y eso hizo que Hina se sonrojara—. No tenemos como agradecerles por todo eso Ryutaro, Junichi —dijo, sonriéndoles aun avergonzada de tener toda la atención sobre ella.
—¡A su salud amigos! —dijo Aoba, levantó su vaso de bebida y brindó a la salud de sus mejores amigos.
—¡Salud! —dijeron todos levantado sus respectivas bebidas.
—Así que no se preocupen, al final el entrenador Jon entendió que era mi momento de dejarle el lugar a nuevas generaciones —dijo con una sonrisa. Hina miro hacia Aoba y pudo notar que estaba verdaderamente feliz de la decisión que había tomado. Después de todo, hizo lo que más le gusta hacer durante todo un año antes de enfocarse completamente en su carrera. O al menos eso era lo que él le decía para justificar sus decisiones.
—Bueno, ahora ya tendrás más tiempo para dedicarte de lleno a tu carrera, pero, aun así… —comentó Junichi, pasando su mirada por cada uno de los rostros de sus casi hermanos —si necesitan ayuda ya saben a dónde llamar, ¿de acuerdo? —ofreció, y los demás solo asintieron volviendo a levantar sus copas al aire.
Hina sabía que había algo más que motivaba a Aoba a tomar esas decisiones. Era como si él supiera exactamente qué consecuencias –buenas o malas– se producirían a partir de ellas. Trato de alejar esos pensamientos de su mente que lo único que hacían era incrementar la extraña presión en su pecho y se dispuso a seguir disfrutando de la compañía de sus queridos amigos entre risas y bromas.
Ya por la noche, Aoba la acompaño hasta su hogar, era una noche cálida y aunque se había divertido, esa sensación que oprimía su pecho no había desaparecido por completo. Sabía que tenía alguna relación con el chico que caminaba a su lado en ese momento, porque cada vez que pensaba en él y en todo lo que había vivido a su lado en el tiempo que llevaba de conocerlo la sensación se hacía más intensa; pero por más que se preguntaba que podía ser, nada le llegaba a la mente.
—¿Estas bien? —preguntó Aoba. No se había dado cuenta que ya estaban enfrente de su casa y seguramente le había estado llamando y ella no lo había escuchado de tan ensimismada que se hallaba.
—Si. Estoy bien, solo estaba pensando en lo lejos que todos hemos llegado hasta este momento —respondió Hina aun con un tono de duda en su voz. Si Aoba lo noto, no dio señales de haberlo hecho, y ella se lo agradeció internamente, aunque estaba segura que después le preguntaría por ello.
—Bueno… creo que nos veremos mañana en el Instituto, gracias por lo de hoy —dijo Aoba.
—De-De nada… Aoba —dijo débilmente acercándose tímida y lentamente a él. Era como si todo estuviera pasando en cámara lenta, no podía dejar de ver los hermosos ojos verdes de aquel chico que había llegado a su vida de la manera más inesperada. Todos sus sentidos habían despertado de repente, podía sentir la ligera respiración de su amigo sobre su rostro, su intensa mirada observándola y al ver que Aoba no se alejaba se sintió invitada a acercarse aún más. Llego también a percibir un poco de duda en los ojos verdes de Aoba, pero no le tomo importancia. Todo a su alrededor había desaparecido en ese momento y ella se sintió flotar.
Poco a poco se fueron acercando hasta que la distancia entre ellos desapareció por completo. Era un beso tan dulce. Y mientras este continuaba, una ligera brisa sopló a su alrededor, agitando sutilmente los largos cabellos oscuros de Hina. Cuando se separaron ambos estaban con la respiración agitada y un lindo sonrojo coloreaba las mejillas de ambos.
—Hina, bueno… se-se está organizando un festival por parte del Club Chiba, aunque ya no forme parte del equipo ellos quieren que siga visitándolos cuando pueda, sé-sé que todavía faltan algunos meses, pero ¿te gustaría ir conmigo? Será durante las vacaciones en verano —preguntó Aoba manteniendo una distancia prudente entre ambos, pero sin haberse separado demasiado.
—Sí-Sí, claro, me encantaría —respondió Hina con una tímida sonrisa. En respuesta Aoba le dio un abrazo y volvió a besar sus labios, apenas un roce tímido y dulce, todo tan rápido que a Hina le supo a poco.
Para cuando por fin Hina llego a su habitación, se sentía como en un sueño. Sabía que amaba a Aoba, lo amaba mucho y una preciosa sonrisa no dejaba de adornar sus labios, era simplemente que ella no podía ni quería dejar de sonreír al saber que su primer beso fue con la persona que quería para compartir el resto de su vida. Había sido maravilloso. Solo una cosa nublaba su tan inmensa felicidad, y era esa estúpida sensación que aún no lograba desaparecer de su pecho. Aun así, ignorándolo y sintiéndose en las plenas nubes, entró al cuarto de baño para unos cuantos minutos después, salir ya lista para caer en los brazos de Morfeo. Sin embargo, de no ser por la inmensa felicidad y ese extraño pesar que nublaban sus sentidos, Hina hubiera podido notar que Aoba mostró cierto desconcierto en su dulce y verde mirada, justo antes de girarse rumbo a su propio hogar.
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—¿Tienen todo listo? —decía una voz áspera y ronca que provenía de una parte escondida entre las sombras de aquel cuarto de hotel.
—Sí-sí. Todo está listo señor, las instalaciones ya están funcionando, las primeras investigaciones ya han dado comienzo, una vez terminadas podremos comenzar con los experimentos y las practicas in vitro para después proseguir con lo verdaderamente importante —contestaba un hombre a la voz que provenía de la oscuridad.
—Excelente, puedes retirarte, encárgate de que los hombres comiencen a actuar de acuerdo a como lo necesitamos, justo a como está planeado para la primera parte de la operación, que no haya errores o ellos y sobre todo tu pagaran con su vida —el tono que había empleado era tan oscuro y siniestro, que aunado a la forma tan insipiente de arrastrar las palabras sonaba como si el mismísimo demonio hablara desde el infierno, tanto que el hombre que estaba recibiendo las ordenes sintió escalofríos recorrer todo su cuerpo.
—Co-Como usted ordene, con su permiso —contestó el aterrado hombre, retirándose lo más rápido que podía de aquel lugar.
Continuara.
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N.A.: Espero sus reviews. Ojala les haya gustado.
