Capítulo 2: La curiosidad de Vanidoso
Lo primero que hizo Vanidoso al despertar fue aplicarse una crema que Pitufina le había regalado, era parte de su rutina diaria. Desde que había visto una arruga en su rostro había comenzado a seguir un tratamiento intensivo para cuidar de su piel, si bien había sido una falsa sabía que el tiempo no tendría piedad con su rostro por lo que prefería hacer algo para evitarlo.
Se encontraba intranquilo, no había encontrado nada fuera de lo normal en su rostro pero no podía dejar de pensar en el espejo que tenía Papá Pitufo. No lo había visto ni tenía idea de lo que ocultaba pero sí que había algo en el mismo que lo hacía sentirse atraído, tenía muchísima curiosidad por descubrir lo que había bajo esa manta. Verse reflejado en el espejo no le causaba tanta curiosidad, sabía que se vería bien, que siempre lo hacía pero que adoraba apreciar.
Lo único que lo detenía eran las palabras de Papá Pitufo, seguía dudando que un espejo pudiera ser peligroso aunque tenía sus dudas si estaba manchado, en ese caso sería horrible el no poder verse a sí mismo. Trató de alejar esos pensamientos e ir a buscar a Pitufina, ella le había dicho que la visitara en la tarde aunque ciertamente no tenía idea de lo que haría.
Cuando llegó a la casa de su amiga lo primero que hizo Pitufina fue mostrarle una planta nueva. Era de un color rojo muy intenso y también de gran belleza. Vanidoso pensó fue en lo bien que se le vería en su sombrero una parecida e incluso consideró el pedirle a su amiga que se la obsequiara.
—¿Me ayudas a plantarla? —le preguntó Pitufina —, Granjero dice que estas plantas crecen rápido y que en poco tiempo tendré muchas de ellas.
—Se verían muy bien en mi sombrero.
La trompeta de Armonía convocó a todos los pitufos. Ellos terminaron de plantar la rosa antes de dirigirse al punto de la reunión. Papá Pitufo se encontraba en el centro, cargando a un sonriente Bebé Pitufo, el pequeño se veía entretenido con su sonajero. No tardó en decirle el motivo por el que los había convocado a ese lugar.
—Saldré a buscar los ingredientes que me hacen falta para reforzar la seguridad de la aldea —les dijo Papá Pitufo —. Espero poder terminar con la lista pronto, hasta que regrese necesito se porten bien y no causen ningún problema.
—Te acompaño —comentó Filósofo —. Mi último libro podría serte de mucha utilidad.
—No te preocupes, de momento preferiría que terminaras con la tarea que te he encomendado.
—Haré mi mejor esfuerzo —agregó Filósofo.
Antes de irse, Papá Pitufo le encargó a Pitufina que cuidara de Bebé Pitufo. Ella aceptó dicha tarea gustosa, adoraba cuidar del pitufo más pequeño. Vanidoso se ofreció a ayudarla, había cumplido con todas sus tareas por ese día por lo que no implicaba ningún problema para él, además adoraba al pequeño.
Por idea de Pitufina se dirigieron al Río Pitufo para jugar. Tontín, Goloso, Pintor, Genio y Gruñón se unieron al viaje. Goloso preparó varios bocadillos para llevar aunque él se comió la mayoría de estos durante el recorrido y el resto cuando llegaron. Quedaron bocadillos para los otros pero fueron muy pocos y Goloso continuó con hambre por lo que Pitufina sugirió recolectar algunas pitufresas.
Vanidoso recogió algunas pitufresas pero se distrajo demasiado rápido, en cuanto pasó por el río su reflejo lo distrajo. En cuanto vio su reflejo de lado se olvidó de lo que estaba haciendo y se acostó en la orilla para hacer una de las cosas que más adoraba. Lo hubiera hecho por un largo tiempo más de no ser por Bebé Pitufo quien se había acercado a ver lo que estaba mirando.
—Está bien, tú ganas —dijo Vanidoso entre risas al ver a Bebé Pitufo tomando sus dedos.
—Creo que ya reunimos suficientes pitufresas —Pitufina cargó a bebé Pitufo —. Mejor date prisa, no querrás que Goloso se acabe con todas las provisiones.
Vanidoso le dedicó una última mirada al río antes de seguir a Pitufina. No estaba seguro de llegar a tiempo pero sabía que había recogido algunas pitufresas, en ese momento se arrepentía de no haber recogido más aunque sabía que de volver a empezar haría exactamente lo mismo o pasaría más tiempo contemplando su reflejo.
Pitufina fue la encargada de guardar las provisiones, Bebé Pitufo quería jugar y todos estaban de acuerdo en jugar con él, incluso Goloso quien era quien tenía mayor prisa por comer. Tontín fue el primero en sumergirse en las aguas, no por ser el más emocionado sino porque tropezó y cayó sobre las aguas del río.
Vanidoso se tomó su tiempo para dudar, no porque el agua estuviera fría, simplemente no se le antojaba arriesgarse a que se le arrugara la piel, en especial la de su rostro, de su cuerpo esa era su parte favorita. Pero quería a Bebé Pitufo y si él quería jugar le era difícil decirle que no. Al final terminó aceptando, Vanidoso se dijo que un poco de agua no le haría daño y que si hacía feliz a Bebé era menos sobre lo que tenía que pensar.
Pitufina sostuvo a Bebé Pitufo en el agua mientras que este movía sus piernas en un intento por nadar. La única mujer del grupo sonrió al ver sus progresos, no dudaba que aprendiera a nadar con rapidez pero nada de lo que hiciera la haría soltarlo, no quería arriesgarse.
Tontín se acercó a dónde estaban tropezando varias veces en el camino, si bien el agua le hacía más difícil caminar también evitaba que se lastimara, como el agua era poco profunda no corría el riesgo de asfixiarse. En cuanto estuvo cerca de Bebé Pitufo fue salpicado por el más pequeño del grupo. Tontín lo salpicó como respuesta, aquello dio inicio a un juego entre los dos pitufos. Ocasionalmente Pitufina ayudaba a Bebé pero en ningún momento lo soltó, si bien eran aguas poco profundas Bebé Pitufo no podría tocar el suelo.
Genio les mostró un pequeño bote con el que podría navegar el río. Había comenzado a trabajar en él varios días atrás por lo que tuvo que hacer unos detalles menores para poder terminarlo. De todos ellos Vanidoso fue el más emocionado, desde el bote podía ver su reflejo, o al menos eso fue lo que pensó, entre el movimiento del vehículo y las ondas que se producían era difícil poder ver admirarse.
A pesar de que el bote era resistente no se alejaron demasiado de la orilla ni del lugar en el que se encontraban. Genio fue el capitán y el encargado de regresar cuando el recorrido terminó, Goloso había sugerido que fueran a buscar comida, su estómago confirmaba lo hambriento que estaba. Estaba orgulloso de ver que su reciente trabajo había funcionado tan bien.
Fue un momento agradable para todos ellos. Cuando comenzó a atardecer regresaron a la aldea. Lo primero que hicieron Vanidoso y Pitufina fue dirigirse a la casa de Papá Pitufo, tenían curiosidad por saber si había regresado. Encontraron la puerta abierta por lo que entraron esperando encontrarlo, no había nadie.
Nuevamente la atención de Vanidoso se concentró en el espejo que Ómnibus le había dado a Papá Pitufo. Durante todo el día no había pensado en él y sin embargo en ese momento la curiosidad que sentía había aumentado considerablemente. De manera inconsciente fue acercándose al espejo bajo la manta, ansiaba tanto poder verse reflejado en el mismo. Dirigió su mano hasta el manto pero se detuvo antes de dejarlo caer, no solo eran las advertencias de Papá Pitufo era el recuerdo de lo que ocurrió con el otro espejo, si bien no era mágico terminó ocasionando que un pitufo surgiera de él.
Su curiosidad permaneció intacta, quería verse reflejado en el mismo pero una parte de él le decía que esperara a que Papá Pitufo terminara de investigarlo, después de todo había dicho que sería el primero en usarlo. Tomó su espejo y se contempló, podría hacerlo mientras que esperaba.
—¿Encontraste los pañales de Bebé? —escuchó a Pitufina, en ese momento recordó que había olvidado uno de los motivos por los que se encontraban en ese lugar, en el río gastaron los últimos limpios que le quedaban.
—No —Vanidoso guardó el espejo y continuó con la búsqueda.
No tardó en encontrarlos, estaban al lado del espejo y también en uno de los lugares más visibles. Aquello no tenía nada de extraño, Papá Pitufo debió dejarlos para que pudieran cambiar el pañal de Bebé Pitufo cuando fuera necesario. Llamó a Pitufina para hacérselo saber. Fueron pocos minutos los que pasaron antes de que Bebé Pitufo tuviera su pañal limpio.
Mientras que Vanidoso y Pitufina se encargaban de los pañales del más pequeño de los pitufos este se había escapado para jugar con las cosas de Papá Pitufo. Tiró algunas pociones que encontró durante su camino. Varias flores crecieron en el lugar en el que caían, varias chispas brotaron del mismo lugar e incluso quedaron algunas manchas pero nada que resultara peligroso o causar un daño considerable.
Bebé Pitufo se detuvo cuando estuvo frente el espejo, retiró la manta pero no llegó a reflejarse, Vanidoso lo detuvo antes de que eso ocurriera. De no haber estado preocupado por Bebé Pitufo habría aprovechado la ocasión para poder contemplarse en el espejo como tanto lo había deseado. Pitufina fue quien lo cubrió, ella no había escuchado del espejo pero supuso que si estaba oculto era por un motivo en especial, no tardaría en descubrirlo.
Papá Pitufo regresó al anochecer, nadie habló del tema. Cuando lo hicieron era demasiado tarde como para intentar ocultar las consecuencias.
