Día 2, la mañana
Habitación de Saga
Un rayo de sol calentaba tibiamente un pedazo de la cama donde dormía Saga boca abajo. Con pereza entreabrió sus ojos y el azul de su iris se hizo más visible al encogerse la pupila.
Se dio media vuelta para colocarse boca arriba. Bostezó largamente y echó un vistazo a la cortina blanca que dejaba traspasar fácilmente la luz de la mañana.
La ventana daba al jardín con piscina privada. Los pájaros piaban revoltosos. Los polluelos estaban aprendiendo a volar.
Una magnífica mañana de finales de primavera.
Toda la habitación era blanca, incluso los muebles. Saga se sentía increíblemente relajado y tranquilo. Sin hermano dando por saco ni compañeros reclamándole atención.
Suspiró quedamente mientras se recolocaba la melena azul y sonrió feliz.
Unos golpes suaves en la puerta de su habitación le despertaron de su ensimismamiento.
-Adelante- dijo incorporándose en la cama.
Una bella joven camarera entró en la habitación empujando una mesa de aluminio y encima del mantel un juego de café, azúcar, leche, unas tostadas y su acompañamiento de mantequilla y mermelada en tarritos individuales, un zumo de naranja recién exprimido y el periódico del día.
-Servicio de desayuno, señor- dijo haciendo una reverencia la muchacha.
-Gracias- respondió Saga recogiendo el periódico, y con una leve inclinación de cabeza, indicó a la camarera que podía retirarse.
-Esto es vida- murmuró para si el caballero de Géminis, mientras vertía dos cucharaditas de azúcar en el café.
Habitación de Kanon, Deathmask y Afrodita
-¡Afrodita, sal ya de ahí coño, que tengo que hacer mis necesidades!- gritaba Deathmask aporreando la puerta del baño. –¡Vale, tú lo has querido, tiraré la puerta abajo!- amenazó.
El italiano se echó hacia atrás para coger impulso y embestir. Justo cuando su cuerpo iba a tocar la puerta del baño, ésta se abrió hacia dentro y Deathmask cayó al suelo incapaz de frenar. Se pegó de morros contra el suelo del húmedo baño, mientras el vapor concentrado se dispersaba por el resto de la habitación. Afrodita apareció detrás de la puerta, con una media sonrisa en la cara y envuelto en un albornoz, y caminó por encima del cuerpo caído de su amigo.
Un gruñido surgió de la garganta del italiano, pero el sueco hizo caso omiso y envolvió su cabello celeste en una toalla. Cuando se terminó de incorporar, Deathmask cerró la puerta de golpe y echó el pestillo maldiciendo a Afrodita.
-Un día se vengará- dijo Kanon divertido ante la escena de la que fue testigo. Tenía entre las manos la caja de galletas con el grillo.
Afrodita retiró la toalla de su melena y los mechones húmedos cayeron lánguidamente sobre su pálida piel.
-Siempre lo intenta, pero nunca lo consigue- resolvió el de Piscis buscando un cepillo.
Kanon se revolvió inquieto entre las sábanas.
-Tengo hambre, ¿cuándo vendrá la camarera con el desayuno?- preguntó –Tengo que…no…DEBO ir a incordiar a mi hermano, pero necesito tomar algo antes- murmuró pensativo.
Afrodita desenredaba su cabello celeste divertido.
-¿Esos son tus grandes planes de hoy? ¿Molestar a tu hermano?-
Kanon cerró los ojos y cruzó los brazos.
-Es mi deber, como hermano gemelo del caballero de Géminis. Yo no descanso nunca en mi misión de conseguir portar la armadura dorada. Aunque estemos de vacaciones, él debe ser incordiado. Así ha sido siempre y así seguirá siéndolo- contestó vehementemente.
Afrodita abrió los ojos sorprendido por tal declaración de intenciones.
-No sé a quién de los dos compadecer- respondió mientras alborotaba su pelo.
-¿Por qué te alborotas el pelo después de haberlo cepillado?- preguntó curioso Kanon.
-Para que al secarlo me quede con más volumen. Si lo seco recién desenredado, se me quedará aplastado- Unos golpes sonaron en la puerta – Mira, aquí llega el desayuno.-
Kanon se levantó de un salto de la cama y abrió la puerta. Un hombre de unos cuarenta años entró decidido empujando el carrito de metal con el desayuno de los jóvenes. Zumo de pomelo, té de frutos rojos y gachas con mermelada de arándanos para Afrodita; café capuccino, sorbete de pistacho y un brioche para Deathmask; y para Kanon…¿nada?
-Oiga ¿y mi desayuno?- preguntó lastimeramente el caballero de Géminis.
El camarero miró la lista de la habitación, confuso
-Disculpe señor, pero aquí solo me aparecían dos desayunos para su habitación.- Dijo tendiéndole la nota a Kanon. El joven leyó las notas que escribieron para indicaciones de desayuno.
-Pero si lo pedimos por teléfono…Deathmask pidió lo mío- dijo angustiosamente.
-¡Eso es verdad, yo llamé y pedí el desayuno de los tres!- gritó Deathmask desde el baño.
El camarero continuaba confuso.
-Debió haber algún malentendido. Lamentablemente a partir de las diez no realizamos más desayunos, así que lo que le aconsejo es que baje al bar y tome algo allí.- El camarero dejó el desayuno de los otros dos caballeros y se marchó rápidamente.
Kanon se llevó la mano al estómago que rugía de hambre.
-Tengo la impresión de que esto ha sido hecho adrede…- dijo pensando en su hermano.
Habitación de Aldebarán, Aioros y Shura
El camarero depositaba más y más platos encima del pequeño escritorio de la habitación. Aldebarán contemplaba maravillado el megadesayuno que se iba a meter entre pecho y espalda. Había desde tostadas hasta huevos fritos con panceta, pasando por judías dulces, café, agua y jamón cocido. Cuando terminó, el camarero desapareció rápidamente.
Aioros salió del baño secándose la cara, puesto que estaba recién afeitado. Comparó su desayuno, una taza de cereales y un zumo de piña con el de su compañero.
-¿Esa es tu "dieta", Aldebarán?- preguntó divertido el griego.
El brasileño miró suplicante a su compañero.
-Es que esto es el desayuno…la dieta la hago a la hora de comer…ahora necesito tomar energías- dijo mientras masticaba una tostada con jamón.
Aioros sonrió mientras daba un trago a su zumo de piña.
-¡Shura, ya está el desayuno, date prisa o se te enfriará!- le gritó al español.
-¡Por la mañana yo me levantooo y voy corriendo desde mi camaaa para poder ver a esa chiquilla por mi ventaaanaaaa…¿eh?...¡Vale, no tardaré!...y es que la quiero con toda el almaaaa….- respondió el caballero de capricornio desde la ducha.
Aioros se preguntó qué demonios cantaba Shura.
El ruido del agua cesó, y al cabo de un minuto salió el español, envuelto de cintura para abajo con una toalla y secándose el pelo con otra.
-¡No hay nada mejor que una buena ducha por la mañana!- dijo inspirando profundamente.
Justo cuando iba a coger su café, llamaron a la puerta. Shura se dirigió a la puerta y abrió. Había un carrito y una camarera de espaldas, que se dio la vuelta cuando sintió la puerta abrirse. La joven se quedó con la boca abierta al ver al caballero de Capricornio con el torso desnudo, el cabello revuelto y húmedo en el marco de la puerta.
-¿Sí?¿Querías algo?- preguntó el español. Pero la muchacha no reaccionaba, recorría el musculoso cuerpo de Shura con ansia. Shura sonrió complacido.
-Creo que te has equivocado de puerta, a nosotros ya nos han servido el desayuno-
Por fin la camarera despertó de su sueño.
-¡Eh…sí…creo que sí…perdón!-miró a la puerta de enfrente. Sonrió nerviosa a Shura y con la cara colorada dirigió el carrito a la puerta de enfrente.
-No te preocupes- respondió Shura cerrando la puerta divertido.
-¿Quién era?- preguntó Aldebarán con los carrillos repletos de comida.
-Una camarera algo despistada- respondió Shura con media sonrisa.- No hay nada mejor que atraer a las mujeres aún estando recién duchado-
Aioros y Aldebarán rieron.
-¿En qué quedamos, es mejor darse una ducha o que una tía babee por ti?- preguntó el griego.
Shura lo pensó un segundo.
-Sin duda, sentir que soy irresistible- dijo bromeando.
Habitación de Camus, Shaka y Dohko
En la habitación reinaba el silencio. Shaka hacía estiramientos después de haber realizado sus ejercicios de yoga diarios. Camus y Dohko jugaban al ajedrez, el caballero de Libra tenía una cajita de minijuegos portátiles.
-No puedo hacer enroque…- musitó Dohko.
Camus negó con la cabeza.
-Maldito…¡siempre que juego contra ti, pierdo! Mueva donde mueva, mi rey está en jaque- dijo soltando una risa el anciano.
-Shion me ganó un par de veces…pregúntale a él- dijoel francés retirando las piezas del tablero.
Shaka terminó sus estiramientos y se sentó en la cama pensativo.
-¿No hay demasiada tranquilidad?- preguntó.
-Sí, por primera vez en muchos años puedo despertarme escuchando el canto de los pájaros y no un "¡Camus, no tienes nada en la nevera, ay que ver, que no compras nunca!"…-respondió Camus recordando los asaltos mañaneros de Milo.
-O "Maestro, llevo toda la noche intentando darle la vuelta al curso de la cascada, pero no puedo, enséñame cómo hacerlo otra vez"…-continuó Dohko imitando la voz de Shiryu.
-Al menos vosotros les oís llegar…que Mü se teletransporta a mi templo sin avisar y me pega unos sustos…- confesó Shaka arremangándose – Mirad, esta quemadura me la hice el otro día sacando del horno unas magdalenas. De repente ¡plop! Apareció Mü detrás de mi y me quemé- dijo señalando una marca alargada rojiza.
Los tres caballeros suspiraron encantados de poder estar en paz, sin agobios.
Unos suaves golpes llamaron a la puerta.
Los tres se asustaron.
-No debimos nombrarles…- musitó Camus, mientras se ponía de pie para abrir la puerta.
Respiró aliviado cuando delante de él apareció una señora no muy mayor empujando un carrito con el desayuno. Tostadas de pan integral, zumos variados, té verde, bollería diversa…
-Buenos días caballeros, aquí les traigo su desayuno. Que aproveche.- sonrió la señora mirando de reojo al francés.
-Merci beaucoup, madame.- contestó Camus despidiéndola mientras se colocaba alrededor de los alimentos dispuestos en la mesa del cuarto.
La camarera cerró la puerta y se llevo una mano a la mejilla, colorada.
Los dos jóvenes y el anciano dieron buena cuenta del desayuno.
-Oye Camus- inició conversación Dohko.
-Dime- contestó el francés mientras le daba un bocado a un croissant.
-¿No te has dado cuenta?- prosiguió el anciano sorprendido.
Camus puso expresión interrogativa.
-¿De qué?-
Dohko se rascó la cabeza.
-Dime que tu también te diste cuenta Shaka- El mencionado estaba a punto de darle un mordisco a una tostada, cerró la boca y levantó la vista.
-¿Darme cuenta de qué?- preguntó mirando a Camus. Éste se encogió de hombros.
Dohko se secó la boca con una servilleta.
-Pero bueno…¿estáis ciegos? ¿No habéis visto la reacción de la señora?- preguntó atónito.
Los dos jóvenes se miraron de nuevo, confusos.
-¡Vamos, si era evidente! Camus…¡le gustaste a esa señora!- Camus se atragantó con el café que estaba tomando. Se limpió la boca rápidamente.
-¡No digas tonterías Dohko! Si me doblará la edad…además, yo no estoy para esas cosas, soy feliz con mi vida inmersa en libros y en entrenar a Hyoga. No necesito a ninguna mujer a mi lado- contestó el francés decidido.
Dohko dejó escapar una risita.
-Sólo he dicho que le gustas, no que te guste a ti. Pues es una pena…porque aunque sea mayor…yo le echaría un buen polvazo…-dijo pensando en la camarera.
Shaka abrió los ojos asustado.
-Viejo Maestro por favor…¿desde cuándo utiliza ese lenguaje?-
Dohko sonrió dejando entrever un brillo en sus ojos
-Ser viejo no significa que sea ciego…y la moza tiene buen pase- dijo dando un sorbo a su té.
Shaka y Camus miraron aterrorizados al caballero de Libra.
-Algo le pasa al Maestro- murmuró Camus.
Habitación de Mü, Aioria y Milo
La imagen no podía ser más evocadora.
Las tres camas, colocadas en paralelo, contenían tres hermosos cuerpos.
Mü dormía en la cama más cercana a la ventana, Aioria en la del medio y Milo en la más cercana a la puerta. Mientras sus compañeros estaban desayunando, los tres mosqueteros seguían roncando a pierna suelta.
Mü dormía de lado, de espaldas a la ventana. Su melena lila estaba desparramada por detrás.
Aioria dormía boca abajo, roncando con la boca abierta y un hilillo de baba se escurría por el labio en la almohada.
Milo dormía boca arriba, con los brazos y piernas extendidos ocupando toda la cama. Su cabello azulado estaba revuelto de dar tantas vueltas durante la noche. La almohada estaba casi caída en el suelo.
Al oír los golpes en la puerta, Milo entreabrió los ojos. Se giró en la cama y se colocó en posición fetal dando la espalda a la puerta. Aioria no se enteró, por lo que continuó roncando y Mü abrió los ojos de golpe, despertándose sobresaltado. Pestañeó un par de veces y miró el despertador.
-Buf…qué tarde…- dijo dejándose caer en la cama de nuevo. El sueño le cerraba los párpados. Se quedó semidormido de nuevo, hasta que escuchó otra vez unos golpes, ahora más fuertes y una voz.
-¡Servicio de habitaciones!-
El lemuriano abrió los ojos de golpe y se estiró.
-¡Ya va!- gritó.
Milo se revolvió en la cama y se dio la vuelta de cara a la puerta. Abrió los ojos lentamente.
-¿Qué jaleo es este?- dijo pasándose la lengua reseca por los labios.
Mü tropezó con las deportivas de Aioria mientras se ponía una camiseta blanca por encima. Sacó el cabello atrapado entre su espalda y la camiseta y abrió la puerta restregándose los ojos.
Era la camarera que se había equivocado al llamar a la puerta de Shura. Esta vez se quedó mirando al caballero de Aries que trataba de mantenerse despierto sujeto a la puerta.
-¿Pu-puedo entrar…a dejar…esto…el desayuno?…por favor- musitó la joven poniéndose colorada. Mü espabiló.
-Ah, sí, claro, pasa- dijo apartándose de la puerta y dejando entrar a la joven.
Ella miró a los dos caballeros que estaban en las camas.
Milo estaba despierto ya y miró con curiosidad a la joven, que desvió la mirada tornándose aún más colorada. Y es que el caballero de Escorpión, recién levantado con los calzoncillos negros y la erección matutina era digno de verse.
Mü miró a su compañero que disfrutaba provocando a la joven. La camarera fijó la vista en los platos y no quiso levantar la mirada mientras depositaba los cubiertos y la comida en el escritorio.
-Anda, despierta a Aioria- dijo Mü con una mirada reprobatoria a Milo. Así que el escorpión se colocó el pantalón del pijama azul oscuro, una camiseta negra y se inclinó sobre el caballero de Leo.
Con delicadeza destapó un rotulador y garabateó en la cara de su compañero. Mü se acercó a Milo y le arrebató el rotulador. En ese momento Aioria despertó.
-Qué pasa…-dijo bostezando - ¿qué hacéis?- preguntó desperezándose.
Mü empalideció y lo escondió detrás de su espalda.
-Eh nada, que te despiertes ya, que la camarera ha traído el desayuno- dijo echando una mirada furibunda a Milo, que se metió en el baño, no sin antes repasar el cuerpo de la joven camarera.
La muchacha terminó de colocar todo y se marchó sin despedirse.
-Qué antipática…-murmuró Aioria. Mü miró horrorizado la cara del caballero de Leo. Tenía pintarrajeado el entrecejo, aparte de varias rayitas por la mejilla y la nariz la tenía totalmente pintada de negro. Una rayita negra bajaba de la nariz hasta el labio superior.
-¿Qué pasa, tengo monos en la cara o qué?- preguntó. Mü no sabía donde meterse.
-Juro que yo no he sido, fue Milo- soltó el de Aries.
Aioria se levantó de un salto de la cama y se dirigió a la ventana para ver su reflejo.
-¡LO MATO!- gritó Aioria hecho una furia.
Milo abrió la puerta del baño. Como una flecha Aioria agarró a Milo del cuello de la camiseta y le sostuvo mirando la cara.
-¿Qué me has hecho desgraciado?- murmuró entre dientes.
Milo sonrió divertido.
-Ahora pareces un león de verdad-
-Más te vale que se quite con alcohol, porque te juro que te reviento, cretino- dijo metiéndose en el baño.
Milo se ajustó el cuello de su camiseta dado de si.
-Qué humor, no acepta una bromita- dijo mirando a Mü.
El lemuriano tapó el rotulador y miró la etiqueta "permanente".
-Pues…te va a calentar el lomo pero bien- dijo mostrando el rotulador al griego peliazul.
El escorpión tragó saliva.
NOTAS:
Este fic me va a llevar mucho tiempo escribirlo, porque son capítulos bastante largos. Al principio me iba a limitar a 7 capítulos, uno por cada día en el balneario, pero he escrito tanto en el segundo día, que he preferido separarlo XD (es que eran 17 páginas, para que os hagáis una idea) La segunda parte la subiré mañana, que quiero terminar de escribir el tercer día para ver cuán largo será.
Me alegra muchísimo ver que me seguís leyendo ^^
¡Un saludo a todos!
