No tengo idea de por qué la gente por aquí dice que yo los hago sufrir, si yo soy incapaz de algo así. ;D

DISCLAMER.- Todo lo que puedan reconocer le pertenece a J.K. Rowling, la Warner y no sé a quien más, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro. La estrofa del principio de la historia le pertenece al grupo Sylvania y la canción se llama No Sé Que Será De Mi.

Este trabajo está dedicado a Violette Moore por que todas mis historias le gustan, eso o es muy buena fingiendo. XD


OTRO LUGAR

por

Adrel Black


HABLANDO DE FANTASMAS

Ya no sé si volverás,

si te quedas o te vas.

Si puedo mirar atrás

y no verte junto a mí,

no sé qué será de ti…

(No sé qué será de mí, Sylvania)

En el techo flotaban enormes globos de luz que bañaban las paredes blancas de luminosidad. De las paredes colgaban numerosos retratos cuyos ocupantes no me prestaban atención. San Mungo ahora se veía relativamente tranquilo en comparación con el caos que había reinado apenas unos días antes, al final de la batalla en Hogwarts. En aquel momento me acercaba hacia la puerta donde Harry estaba internado, recuperándose de sus heridas después del enfrentamiento con Voldemort.

Yo intentaba poner atención a lo que me rodeaba, aunque en los últimos días me sentía despegada del universo, sentía que Severus Snape se había llevado con él una parte que me ataba al mundo.

Estaba por llamar a la puerta, fue entonces cuando lo vi, caminaba dándome la espalda hacia el otro lado del pasillo. Sin duda era un error, él estaba muerto, él sucumbió ante la mordedura de Nagini. Me quedé mirando sin que mi mente pudiera procesar lo que veía.

Cuando iba a la escuela muggle había ocasiones, sobre todo cuando se acercaba Halloween que a mis compañeras les gustaba hablar de fantasmas. Historias absurdas, que reflejaban los miedos de un montón de niñas de diez años. Yo no creía en nada de eso, por supuesto.

Entre todas las niñas siempre había alguna que contaba las historias, la que llevaba la voz cantante, mientras todas las demás formábamos un corro alrededor, jurando no creer, pero ávidas de escuchar una historia que todas sabíamos mentira.

Éramos, sin duda, las mejores oyentes, suspirábamos, lanzábamos grititos y nos cubríamos la boca en los momentos oportunos, pero llegaba un momento en que, entre tanta locura yo recuperaba la cordura y obviamente me cruzaba de brazos, chascaba la lengua y decía en mi mejor voz de incredulidad.

—No hay pruebas de que eso sea posible.

—Claro que si —me respondía alguna de ellas, desafiante, y se embarcaba de inmediato en un cuento sobre como un pariente cercano le había contado de algún conocido que tenía un amigo que había visto un fantasma.

Yo bufaba enfadada sin creer ni una palabra, recogía mis cosas mientras las demás soltaban palabras ofensivas hacia mí: "ratón de biblioteca", "come-libros", "sabihonda".

Luego llegaba a mi casa, me iba a mi habitación y hacía levitar los objetos, cómo podía decir que no creía en tales patrañas cuando yo misma era capaz de hacer cosas que no sabía cómo explicar. Al menos hasta la llegada de la carta de Hogwarts, y entonces resulta que soy una bruja.

Nunca olvidé al mago que trajo la noticia, Severus Snape, alto y delgado todo vestido de negro, con los brazos cruzados y la mirada triste, se presentó prudentemente con mis padres y luego de una pequeña demostración nos convenció.

—Entonces —le dije interrumpiéndolo mientras convertía las flores del jarrón de mamá en murciélagos y luego de vuelta en girasoles — ¿lo que hago es magia?

—Así es Señorita… —miró de nuevo el sobre que llevaba en la mano —Granger.

Yo asentí, sin decir nada ¿qué podría decir? Mi madre lloraba en silencio tomada del brazo de mi padre, ambos parecían aliviados de saber por fin el motivo de todos los "accidentes" que ocurrían a mí alrededor. El hombre me tendió el sobre y yo leí, enviado a mí sin ninguna duda:

Srita. Hermione Jean Granger

El dormitorio de la izquierda

13 Bartholomew St.,

Exeter,

Devon.

Sin apenas pensarlo me dirigí al hombre vestido de negro, y me abracé a su torso, me hizo una leve mueca, pero yo estaba tan feliz que no me importó.

De modo que, volviendo a las historias de las niñas de mi colegio muggle debo decir en su favor, que en efecto los fantasmas existen y que obviamente Hogwarts está plagado de ellos, lo cual es extraño, esa sería la palabra que mas se ajusta a la situación.

Entonces como toda una sabihonda apenas llegada a Hogwarts me dirigí a la biblioteca, lo investigué, los muggles no pueden ver a los fantasmas, por lo que las historias que aquellas niñas contaban, tenían forzosamente que ser mentiras. Si un muggle está cerca de un fantasma, siente frío y tal vez miedo, pero no puede verlo.

Pero los magos, podemos verlos. Hay muchas cosas que decir de los fantasmas, fueron personas a las que el miedo, la añoranza o como dicen los muggles "los asuntos pendientes" atan a este mundo, particularmente a un lugar y que llevan una existencia extraña, rememorando lo que fueron en vida pero sin tener ni una cosa ni otra, ni vivo ni muerto, ni vida, ni descanso, solo un extraño limbo en el que vagar.

El problema no es que fuera un fantasma lo que yo veía allí en el pasillo de San Mungo, el problema es que dudo mucho que él deseara quedarse vagando en este mundo, el problema es que yo lo vi, lo vi, como veo a cualquiera de los demás, con su capa ondeante, vestido de negro resaltando por el corredor de paredes blancas de San Mungo, resaltando como un cuervo entre palomas, en medio de un pasillo lleno de medimagos que iban vestidos de color verde lima, con su paso cauto y el cabello negro. Pero nadie mas pareció notarlo, tal vez estaba tan ansiosa de verlo que mi mente me jugó una mala pasada, entorné los ojos, no podía ser, estaba muerto, yo estaba presente cuando el medimago lo cubrió con una sábana blanca como una mortaja, apartándolo de mi por siempre, pero lo vi, estoy segura que lo vi.

Caminaba absorto y daba vuelta en uno de los pasillos perpendiculares a aquel en el que yo estaba, sin que ninguna de las personas de alrededor le prestara la menor atención.

Me olvidé por un segundo de Harry y me dirigí hacia aquel pasillo en el que lo había visto dar la vuelta, pero cuando llegué no había nadie en el pasillo, salvo una enfermera tomando notas en una carpeta de color manila con una pluma de pavorreal.

—Disculpe —le dije y ella levantó la vista de sus anotaciones — ¿Ha visto pasar a un hombre? —Me miró frunciendo el ceño como si pensara que yo le tomaba el pelo, tal vez debía ser más específica —pensé que había tomado este pasillo —me expliqué tratando de enmendar la primera mala impresión —alto, delgado, cabello largo, negro, vestido también de negro.

—No he visto a nadie pasar por aquí Señorita —sentí ganas de llorar, la mujer debió de darse cuenta por que añadió —pero acabo de salir de una de las habitaciones, señaló las numerosas puertas que plagaban el pasillo tal vez entró en alguna de ellas o en la sala 49 –hizo un gesto con la cabeza señalando un par de puertas al final del pasillo.

—Gracias —dije y avancé hacia el final del pasillo, reconocía aquel lugar, sentía la mirada de la mujer en la nuca, quizás preguntándose si no debía yo misma estar encerrada en aquella sala.

Miré por los ojos de buey que tenían las puertas de tambor, tenía conocidos en aquella sala, los padres de Neville deambulaban al fondo, unas camas antes Lockhart se miraba en un espejo intentando acomodar un rizo rebelde que le caía sobre la frente.

Claro que Severus Snape no estaba ahí, una lágrima se me escapó, tal vez quien debía estar recluida fuera, efectivamente yo, al parecer estaba viendo visiones.

—Está muerto —me dije a mi misma mientras limpiaba la lágrima con furia.

Me estaba comportando como una estúpida, caminé de regreso por el pasillo ya vacío, la enfermera se había retirado, o tal vez había entrado en alguna otra habitación, tomé de vuelta el pasillo principal y me dirigí hacia la habitación de Harry.

—Hora de volver a la realidad Hermione, —me dije a mi misma era tan fácil decirlo y tan difícil hacerlo.


Y entonces ¿alguien tiene idea de lo que sucede aquí?

Adrel Black