Cap. 02

Serpientes


A la mañana siguiente, la luz verdosa del lago le daba un toque casi místico a la habitación, la cual estaba completamente ordenada y limpia gracias a los elfos domésticos, quienes la habían dejado cual si ningún adolescente la hubiera echo pedazos la noche anterior.

En la única cama ocupada, Lucius comenzó a despertar moviéndose un poco, y aún entre el mundo de los sueños y la realidad, logró distinguir un cuerpo desnudo entre sus brazos.

No cualquiera tenía el honor de dormir a su lado después de una noche de sexo, así que le abrazó con cierto cariño, hundiendo su nariz en las hebras de cabello que había cerca de su rostro.

- Ejem…

Una voz femenina llamó la atención del delegado, el cual entre abrió un ojo y se giró en dirección a donde proviniera el sonido.

Unos ojos azules como el cielo y cabellos dorados como el oro engalanaban un bello rostro de porcelana, y Lucius sonrió.

- Hola Cissy.

- Buenos días, Lucius.

El muchacho sonrió ampliamente y se estiró, soltando así el cuerpo inmóvil de Severus, quien no dio señal alguna de vida.

- ¿Por que lo hiciste?

- ¿El que?

Preguntó el joven haciéndose el tonto mientras comenzaba a vestirse sin vergüenza alguna frente a Narcisa, la única capaz de deshacer sus hechizos.

- Tú sabes de lo que estoy hablando.

- No se por que te molesta.

- ¿Molestarme? En lo absoluto, pero Lucius…

La joven se puso de pié y se acercó al jovencito que yacía aún dormido en la cama, y delineó con sus largos y finos dedos las duras facciones, apartando los mechones negros de su rostro.

- Está en tercer año… es solo un bebé.

- No lo es, créeme.

- No, ya no lo es… pero antes de que tú llegaras y te metieras con él, lo era. ¿Por qué lo hiciste?

- Ya hace tiempo que le traía ganas.

- A mi no me vengas con cuentos.

Lucius sonrió mientras se terminaba de abrochar la camisa.

- Todo es sobre poder, Cissy, tú lo sabes.

- ¿Y que tiene que ver eso?

- El niño se negaba a doblegarse ante mi, ahora me pertenece, le guste o no.

- Puedes haber sido el primero en su vida, pero eso no te hace su dueño.

- Esque no estás comprendiendo.

Narcisa se encogió de hombros dándole la razón a Lucius, para luego sentarse a un lado de Severus, mientras continuaba acariciándole la cabeza.

- Narcisa… ¿Cuál es nuestro propósito en esta vida?

- Servirle al señor oscuro, por supuesto.

Respondió ella con solemnidad y llevándose una mano al pecho, Lucius aceptó con la cabeza.

- Pero Severus no comparte nuestras ideas, la perspectiva de ser mortífago no le seduce en lo absoluto.

- ¿Y eso que tiene que ver con lo que le hiciste a este bebé?

El rubio sonrió y se acercó, sentándose al otro lado de Severus y uniéndose a las caricias de Narcisa, ambos se miraron fijamente.

- ¿Sabías que Sev domina la Oclumancia?

La rubia enarcó una ceja de manera incrédula, y el joven aceptó con la cabeza, reafirmando que no se trataba de una broma.

- Tiene catorce años.

- Y domina la Oclumancia… y sabe manejar la Legeremencia.

- Estás bromeando.

Lucius negó, aparentemente divertido.

- Tu has visto su habilidad en los duelos, sabes como crea pociones, conoces su jodido temperamento, y a esa edad domina dos de los mas difíciles artes oscuros, que es la interpretación de los estratos de la mente… ¿Comienzas a entender?

Hubo un largo silencio entre ambos, y Narcisa bajó su mirada al muchacho que aún dormía.

- Un mortífago perfecto.

- Exacto… pero no podemos olvidar que Severus no está interesado en ser mortífago. Ama a las artes oscuras, si las artes oscuras fueran una mujer, él les haría el amor con tanta ternura y pasión como nunca ningún hombre lo ha hecho antes a ninguna mujer, pero no está interesado en usarlas para darse poder, o darle poder a otros.

La chica observó atentamente a Severus. ¿De veras era tan valioso?

- Su madre deseaba ser una gran maestra de pociones, la mejor, su sueño era revolucionar el mundo mágico con su trabajo.

- ¿Pero?

- Pero antes de empezar a estudiar su doctorado en pociones avanzadas, conoció a un tal Tobías Snape, y ahí se acabó el sueño. Ahora que ella ha muerto, ¿Qué crees que iba a hacer Sev?

No hubo que pensar demasiado esa respuesta.

- Iba a seguir los pasos de su madre y cumplir los sueños que ella nunca cumplió.

- Eso mismo… ¿Crees que alguna vez habría llegado a ser un mortífago?

- Jamás.

- Pero ahora, todo es diferente. Sev no va a saber reaccionar a lo que ocurrió anoche, va a depender de mí, y manteniendo la presión correcta, él se quedará con nosotros, y entrará también al servicio del Lord.

- Un arma invaluable.

Ambos sonrieron.

- Severus es mío.

- En eso te equivocas.

Lucius se giró a ver a la chica que tanto le gustaba, y ella se echó a un lado el cabello.

- Severus no es tuyo, a pesar de lo que ocurrió, él sigue siendo una entidad independiente, sigue pensando en que no necesita a nada ni a nadie, ni siquiera a ti.

- ¿Y te basas en?

- Si necesitara de ti, de tu cariño y comprensión, él habría dormido acurrucado en tu pecho.

El rubio se quedó sin habla, por que Narcisa tenía razón. Por la noche, Severus más que buscarle se había alejado. Y eso solo significaba que para él, su compañero Lucius no era en lo absoluto indispensable.

- No me voy a rendir por ello…

- No esperaba que lo hicieras. Este año sales de Hogwarts, y yo salgo el próximo, creo que lo correcto es que te ayude… ahora que me lo has dicho, el crimen estaría en dejar escapar a Severus.

- Me alegra que lo comprendas.

- Necesitas mantenerte cerca de él, ser su compañía y apoyo constante. Ahora que ha quedado el hueco de su madre, va a necesitar migajas de cariño, y puedes dárselas tú, después de lo que ha ocurrido entre ustedes, te será más sencillo.

- Y con el tiempo… dependerá de mí.

- Y al final…

Narcisa destapó un poco el cuerpo níveo del estudiante de tercero, y deslizó su dedo por su antebrazo izquierdo.

- Al final… tendremos a Severus de nuestro lado, luchando por la gloria del Lord Oscuro.

Los Slytherings se miraron, y finalmente sonrieron victoriosos, Lucius alargó su mano para tomar el retrato de Eileen Prince para mirarle despectivamente.

- Y el único obstáculo para lograr eso… Tobías Snape ya nos ha hecho el favor hacerlo a un lado.

Y tras decir aquello agitó la varita, haciendo que el baúl a los pies de la cama de Severus se abriera, para luego lanzar la fotografía dentro. Narcisa agitó su varita igualmente, y la tapa se cerró con un sonido seco.


Cuando Severus despertó, sus ojos recorrieron la habitación con cierta curiosidad. Había algo distinto, pero no sabía lo que era.

Se ladeó para poder quedar acostado sobre su espalda, para después enderezarse, sin embargo, aquella simple acción lo hizo arrepentirse y volver a tumbarse sobre la cama debido al punzante dolor que le había acometido en su parte baja.

Solo entonces recordó lo que había ocurrido durante la noche anterior.

Volvió a sentarse lentamente, esta vez listo para soportar lo que viniese, hasta que finalmente se pudo recargar contra el respaldo de la cama. Levantó la sábana para observar su cuerpo desnudo, y recorrió con un dedo algunos moretones que Lucius le hiciera la noche anterior.

Suspiró pesadamente por que no sabía que hacer, o que pensar, por lo que precedió a levantarse y dirigirse a su baúl, el cual al abrirse, le mostró el rostro de su madre.

Enarcó una ceja y tomó el retrato, preguntándose que diablos haría ahí cuando debía de estar encima de su buró.

Tuvo la intención por un instante de regresarlo a su lugar, pero los recuerdos de la noche anterior asaltaron su mente, aquél instante en que estando ya desnudo y boca arriba, sus ojos se posaron en el retrato.

El dolor de mirarla había sido tan fuerte, que había girado el rostro para volver a centrar su atención en Lucius.

Por tanto, mejor le regresó a su lugar en el baúl y extrajo algo de ropa muggle.

Se pasó una mano por el cabello y se lo arregló alisándoselo solamente, era algo casi bueno de tener el cabello grasoso, y esto era que se le aplacaba solo.

Siempre buscar lo mejor lo mejor de las peores cosas… eso decía su madre.

Abrió la puerta para enfrentar a la sala común, y su rostro se mostró tan huraño y tan frío como siempre, su expresión no denotaba ni su tristeza, ni su confusión, ni tampoco la culpabilidad y el arrepentimiento de sus acciones anteriores con Lucius.

Por que estaba arrepentido, de eso no había duda.

Apenas hubo aparecido, las miradas curiosas de los estudiantes le acribillaron cual si fuesen flechas ardientes, pero él hizo caso omiso a cualquier cuchicheo que se escuchase a su alrededor, frunciendo muy apenas su rostro ante esa molesta punzada que acompañaba cada uno de sus pasos.

Lo que en realidad no esperó, fue encontrarse a Lucius con camisa de vestir blanca, saco, corbata y pantalón negro, el cabello rubio perfectamente acomodado en una cintilla del mismo color, y a su lado, Narcisa Black, con un modesto vestido que hacía juego con la ropa del heredero Malfoy.

No tardaron en darse cuenta de que Severus estaba ahí, y ambos se giraron a sonreírle, el joven de diecisiete, por su parte, abrió sus brazos cual si esperara que el menor fuera a refugiarse a ellos como si fuera un cachorro asustado.

Severus solo frunció el ceño, mirándole interrogante.

- ¿Qué están haciendo? ¿Por qué están vestidos así?

- Hemos hablado con el profesor Slugorn y el anciano.

- Si Severus, nos han dado permiso a Lucius y a mi para acompañarte.

- ¿Y tú para que vienes?

Escupió Snape mirando a Narcisa con desprecio, ella le ofreció una maternal sonrisa y se acercó, abrazándole con ternura. El chico trató de detenerla, sin embargo, algo dentro de él se revolvió, una necesidad que no conocía.

Necesitaba una caridad de afecto, y la aceptó, aunque viniera de la joven Black.

Cuando los brazos de Severus se cerraron en torno a la espalda de Narcisa, Lucius sonrió triunfante.

- Te acompañaremos a tu casa, e iremos al funeral de tu mamá.

Severus aceptó con la cabeza débilmente.

- Yo voy a delegar algunas tareas, y Narcisa no encuentra a Bellatrix para despedirse, así que te alcanzaremos en un rato mas, tú ve con el profesor Slugorn.

Dijo Malfoy suavemente mientras le acariciaba la mejilla, Severus le miró un instante, aparentemente confundido ante aquella muestra de interés, y casi sin pensarlo, recargó su rostro contra la mano nívea de Lucius.

- Gracias… los veré después.

Se marchó sin mirar a nadie más y arrastrando levemente los pies, una vez hubo desaparecido, Narcisa se acomodó el cabello mientras Lucius se cruzaba de brazos.

- Igual que un niño perdido.

- Eso es lo que es, Lucius.

- Ah… es cierto.


Poco mas tarde, los tres se encontraban en el despacho del director, el cual les miraba con una breve sonrisa en los labios.

- ¿Estás seguro de que no quieres que vayamos Horace o yo, Severus?

- Estoy seguro, profesor.

- Como tú desees…

El anciano alargó su mano entregándole un galeón dorado al mas pequeño del grupo, quien le aceptó sin decir nada, los otros Slytherings tocaron aquella dorada moneda también.

- Uno… dos… tres.

Un gancho pareció haberles tomado por el ombligo y todos sintieron un profundo tirón que les llevaba a través de un torbellino de colores.

Severus cerró los ojos, si bien no asustado, si algo sorprendido, especialmente cuando sintió claramente como Lucius y Narcisa le abrazaban protectora mente, cual si desearan protegerle de cualquier daño.

Y así de repente, todo terminó, Severus sintió como si fuera a irse de bruces, pero en realidad no fue así, gracias al firme agarre que los mayores tenían sobre él.

Abrió los ojos y parpadeó para ajustarse al cambio de luz, encontrándose ante el triste panorama de la sala de su casa.

Miró todo con cierta nostalgia, tratando de imaginar que en cualquier momento aparecería su madre por alguna puerta, le vería sorprendida y correría hacia él. Cerró sus ojos un instante, lo que le impidió ver las expresiones de asco que hacían ambos rubios al ver la pobreza muggle en la que vivía su compañero.

- ¡Severus, pero que haces aquí, deberías estar en el colegio!

- ¡Mamá, mamá!! ¡Me dijeron que habías muerto!

- ¿Muerto?? ¿Yo?? ¡Por Merlin Sev, que cosas dices??

- Le mandaron una carta al director y… y…

- Amor… no llores… mírame, amor, mírame, aquí estoy, estoy bien… tranquilo, estoy bien…

Severus suspiró pesadamente y abrió los ojos, deprimido.

- ¡TU! ¡QUE HACES AQUÍ??

El muchacho, perdido en sus pensamientos no había escuchado las fuertes pisadas que venían del corredor, apareciendo de pronto su padre, el cual le miraba furioso a él y a las personas que le acompañaban.

- ¡QUIENES SON ELLOS! ¡A QUIENES HAS TRAÍDO A MI CASA, DESGRACIADO MOCOSO!

Y habiendo gritado aquello se acercó con la mano levantada para golpearle, sin embargo, padre e hijo no contaban con Narcisa, quien colocó al jovencito detrás de ella, ni con Lucius, quien apuntó al hombre con la varita.

Tobías se detuvo de golpe, horrorizado al ver el mágico instrumento.

- Severus… tú… pequeño imbécil… te has atrevido a traer a mi casa… a más… a más… fenómenos… como tu y tu madre…

La mención de Eileen hizo hervir la sangre de Severus, quien le miró furioso.

- ¡MALDITO ASESINO!

Y se hubiera lanzado contra el hombre que le diera la vida, de no ser por que la rubia le había sujetado por los hombros para luego abrazarle, alcanzando su oído con sus finos labios.

- Ya Sevie… ya… shh… ya… no vale la pena… ya será en otro momento… deja que Lucius se encargue, ¿Si?

Severus fijó sus ojos negros en los azules de ella, haciéndola sonreír. Luego giró su mirada a Lucius, quien mantenía la varita firme y la expresión fría.

Algo se expandió dentro de él… un calor que solo había sentido con su madre… se sintió protegido, y fue ese mismo sentimiento lo que le hizo acurrucarse contra la joven Slythering.

- Mi nombre es Lucius, y ella es Narcisa. Somos amigos de Severus… y mientras estemos aquí, más le vale que no se atreva a ponerla una mano encima a su hijo… o se las verá con nosotros.

- Mocoso idiota… ¿Quien me has creído para seguir órdenes de un montón de niños imbéciles? Se que no pueden hacerme nada, no puedes hacer magia fuera del colegio, no puedes…

Pero antes de que completara la frase, Lucius se lanzó hacia delante y clavó la punta de su varita en el cuello del hombre, mientras con la otra mano le empujaba fuertemente el pecho, estampándolo contra la pared.

- Para su información… señor Snape… Narcisa y yo somos magos mayores de edad, y fuera del colegio podemos hacer toda la magia que se nos pegue la gana. ¿Lo ha entendido?

Tobías entrecerró los ojos, para luego aceptar con la cabeza, completamente intimidado ante los ojos grisáceos.

- Y ahora… quiero saber que ha preparado para el funeral de su esposa.

- ¿Preparar?

Lucius le soltó, mirándole luego con arrogancia. Tobías gruñó.

- No he preparado absolutamente nada, en cuanto me entreguen el cuerpo les voy a decir que no tengo un centavo, para que la lancen en cualquier maldito pozo.

- ¡TÚ NO HARÁS ESO!

Chilló Severus echándose hacia delante, y siendo detenido nuevamente por Narcisa, Lucius sonrió en cambio.

- Ya veo… pues bien… mis abogados se encargarán de todos los trámites competentes, y su esposa… o mas bien, puesto que usted no debería de ostentar el honor de que se le llamase así a esa mujer… la madre de Severus será llevada al cementerio mágico, pero antes será velada entre la gente que ella conocía, así que tiene hasta el día de mañana para avisar a sus conocidos, y yo me encargaré de lo demás.

- Lu-Lucius… no es necesario.

Susurró el muchacho sintiéndose repentinamente agobiado ante las molestias que su compañero iba a tomarse, sin embargo, el rubio se giró y abarcó el rostro de su amigo en una mano, acariciando con su dedo pulgar sus labios.

- No es ninguna molestia… Sev.

Tobías entrecerró los ojos.

- Cissy, ¿Por qué no llevas a Severus a su habitación y te quedas con él un rato?

- Como digas, Lucius. Vamos Sevie.

El muchacho aceptó vagamente con la cabeza y pasó a un lado de su padre, quien le miró con el desprecio usual, sin embargo, Severus sonrió vagamente al saberlo completamente aterrorizado.

Narcisa caminó detrás de él, pero antes de alejarse demasiado, sintió la mano de Lucius en su hombro, así que se giró a mirarle, él se acercó a su oído.

- Deprime un poco al niño, yo iré mas tarde.

Ella sonrió brevemente y aceptó con la cabeza, marchándose luego y dejándoles solos.

Un tenso silencio cayó sobre ambos, y Lucius, restándole importancia abrió su saco y acomodó su varita en un bolsillo interior, bajo la penetrante mirada de Tobías, quien le miraba de arriba abajo inquisidoramente.

- No sabía que mi hijo conociera gente de la clase alta.

- Usted no sabe prácticamente nada sobre su hijo… pero él si sabe muchas cosas de usted.

- Que tanto puede saber un chiquillo idiota como él.

Malfoy clavó su mirada de acero en el muggle, el cual tembló, aunque trató de ocultarlo.

- Vuelva a hablar de esa forma de Severus, y se las verá conmigo… Snape.

- Si no tuvieras esa cosa en el bolsillo, no te atreverías a amenazarme.

- No es mi culpa si usted no nació con magia, yo nací bendecido por ella, y no por que usted no la tenga, yo no la voy a utilizar. Solamente lo estoy previniendo… tóquele un solo cabello a Severus… y no vivirá para contarlo.

- Ya…

Tobías sonrió ampliamente y se sentó en uno de sus viejos y destartalados sillones.

- Y eso me lo dices por que… el encargado de tocarle sus cabellos, y otras cosas, eres tu, ¿Cierto? Tú te has estado tirando a mi hijo.

Lucius sonrió desvergonzadamente en respuesta.

- ¿Tiene algún problema con ello?

El hombre quiso contestar mordazmente, pero sus ojos se dirigieron al bolsillo donde sabía guardada la varita del heredero Malfoy, así que se mantuvo callado. Lucius sonrió y se acercó rápidamente al hombre, con un deslizar de serpiente que hizo retroceder al muggle en el sillón, donde el rubio colocó ambas manos y le enfrentó, acercando su rostro al del padre de su compañero.

- Ya se lo he dicho… métase con Severus, y no lo va a contar… así como no lo contó su esposa.

Tobías se puso pálido.

- Yo no le hice nada a mi esposa.

- En ningún momento dije que hubiera sido usted.

Respondió Malfoy con una orgullosa sonrisa, a lo que el hombre enrojeció.

- Pero si siente alguna culpabilidad… no se preocupe… el tiempo lo cambia todo, la venganza cae sobre aquellos que se lo merecen, y… su hijo no siempre será un menor de edad imposibilitado para usar la magia.

Aquella afirmación era la sentencia de muerte de Tobías, quien apenas y tragó saliva, dándose cuenta de que su vida habría de acabar a manos de su propio hijo, tarde o temprano.

- Y cuando su sangre sea derramada… yo estaré ahí para verlo.

Ambos hombres se quedaron mirando el uno al otro, desafiándose, fijos… hasta que Lucius hizo un rápido movimiento cual si se le echara encima, al tiempo que hacía un ruido parecido a un bufido, y el muggle brincó asustado.

Lucius sonrió.

- Haga lo que le dije. Severus, Narcisa y yo debemos volver pronto al colegio.

Dicho aquello se enderezó, acomodó un mechón rubio que se había escapado detrás de su oído y caminó en la dirección en que se fueran sus compañeros, dejando al hombre quieto y asustado en su asiento, sudando copiosamente.


En su habitación, Severus miraba a Narcisa bastante sorprendido.

Nunca había visto a su padre asustado, no creía que aquello fuese posible. Siempre había creído que él era una especie de ser todo poderoso a quien nada ni nadie podía hacer daño, pero Lucius lo había domado en dos segundos.

- ¿Estás bien, Severus?

- Yo… si…

La chica miró a su alrededor, tratando de ocultar el asco que le provocaba la pequeña y mugrienta habitación. Sus ojos se posaron en la cama, perfectamente tendida, sonrió y se acercó, deslizando una mano sobre las viejas sábanas que cubrían el duro colchón.

- Supongo que… tu madre es la que mantiene… mantenía… en orden tu cuarto durante tu ausencia en el colegio… ella debió… tender tu cama.

Severus observó su cama un instante, y sus ojos se desviaron al retrato en su repisa, donde aparecían él y su madre.

Sin quererlo, las lágrimas empezaban a empañar sus ojos negros.

Se acercó y deslizó sus dedos sobre la cama donde durmiera toda su vida, recordando a su madre tendiéndola por las mañanas, mirándole mientras le explicaba algún hechizo, o como se hacía una poción.

Sus dedos provocaron una breve arruga, y retiró su mano espantado.

Narcisa, por su parte, sonrió al reconocer aquél sencillo gesto, y lo que debía hacer, siguiendo la misión que le encomendara Lucius.

- Severus… se que te gustaría conservar tu cama cual como está, como un recuerdo de su madre, pero no la tendrás así por todos los años que te restan de vida, tendrás que usarla en algún momento.

- No, yo…

Desvió sus ojos negros, y Narcisa se acercó, abrazándolo con ternura.

- Vamos, ven, acuéstate.

Severus se giró a mirarla, obviamente receloso de lo que esa acción pudiere conllevar, pero ella solamente se rió dulcemente.

- No te voy a hacer nada, yo sería incapaz de dañarte, Severus. Necesitas descansar, y necesitas empezar a superar el dolor que te causa haber perdido a tu mamá.

Finalmente, el muchacho aceptó y se sentó, acostándose luego poco a poco, la rubia le acarició la cabeza.

- No hay problema si lloras frente a mi, Severus, quiero que confíes en mí.

En toda respuesta, el muchacho sollozó, y Narcisa se sentó a su lado.

- De veras, no pasa nada… desahógate… toma.

Dijo ella entregándole el retrato donde aparecían madre e hijo, y aquella imagen rompió al chiquillo, quien abrazó aquél recuerdo y no pudo detener por más tiempo el llanto.

Por su parte, la rubia se dedicó a acariciar los negros cabellos, manteniendo siempre su falso aire maternal, pero guardando silencio, pues no quería que el niño se creyera la sarta de estupideces que podría decirle.

Lucius había sido claro, había dicho "Deprime un poco al niño, yo iré mas tarde" Su tarea era dejarlo débil, la del joven Malfoy destruirlo cuando tenía sus barreras abajo.

Ella ya había echo su parte.

La puerta se abrió lentamente y el joven delegado asomó la cabeza, cruzando su mirada con la de Narcisa, quien le sonrió amplia y orgullosamente, el muchacho observó con gusto la figura que temblaba lastimosamente en la cama, abrazando un retrato.

Aquella dependencia al objeto le pareció un toque maestro a Lucius.

- Narcisa, ¿Nos dejas solos, por favor?

- Claro… ¿Sevie?

El rubio ladeó el rostro para esconder la risa, ese tonito cariñoso y el nombre de "Sevie" también eran una trampa mortal de la rubia.

- ¿S-Si?

- Voy al cuarto de tus padres… quiero decir… de tu madre… buscaré algo bonito para que vista en el funeral, ¿De acuerdo?

Severus se encogió de hombros, pero la chica se acercó a él, dejando un espacio de pocos centímetros entre sus rostros, provocando que las mejillas del muchacho se colorearan de un tenue carmín.

- Dime, ¿Hay algún vestido con el que te gustara ver a tu madre?

El joven Snape lo pensó un momento, cerró sus ojos largo rato, dejándose envolver por los recuerdos, abrazando el retrato entre sus brazos.

- Ah... ah… ¡Señora Seller, señora Seller!

- Oh, Severus, buenos días. ¿Por qué vienes corriendo, hijo?

- Señora Seller… usted estaba… vendiendo un vestido verde con… tirantes… ¿Verdad?

- Si, así es.

- ¿Podría… separármelo?

- Ah Severus, esque me lo han pedido para…

- ¡Por favor! ¡A mi mamá le gustó mucho! Y se acerca su cumpleaños… el señor de la tienda… ha prometido pagarme por ayudarlo esta semana… por favor… por favor… señora Seller…

- Hum… ah Sev, ¿Quién se puede negar a esos ojitos negros que tienes? De acuerdo, diré que lo he vendido y te lo guardaré, ¿De acuerdo? Pero solo esta semana.

- ¡Gracias!

Finalmente, el muchacho miró a su compañera, la cual continuaba con esa sonrisa dulce en los labios.

- Un vestido verde… con tirantes… y un… medallón plateado en el pecho.

- De acuerdo, lo buscaré.

Dicho aquello se puso de pié y salió de la habitación, cruzó su mirada de nuevo con la de Lucius y sonrió altanera, abrió la puerta y salió, para luego extraer la varita y colocar un par de hechizos sobre la vieja madera.

Tenía muchas cosas que hacer, solo esperaba que Severus realmente valiera la pena y estuviese destinado a ser un mortífago sin igual, por que sinceramente, ese desgraciado papel de madre ya la tenía harta.

En el interior de la habitación, Lucius se sentó en el borde de la cama y le retiró el retrato de los brazos al jovencito, observándolo largo rato.

- Tienes sus ojos.

Severus aceptó con la cabeza.

- Y su color de cabello…

- Pero en lo demás… soy idéntico a… él.

- Si, se parecen bastante, especialmente en esa nariz tuya.

El muchacho gruñó en respuesta y se cubrió su nariz con una mano, sin saber si estaba molesto con el comentario.

- Duele.

- ¿Qué te duele, Sev?

- Aquí.

Susurró el chico poniéndose una mano en el pecho, en un gesto que Lucius consideró como una reverenda cursilada, sin embargo se abstuvo de decir nada, más bien le permitió a ese dolor crecer.

- Quisiera… que dejara de doler.

- ¿Te duele más que ayer?

- No lo se… ella es… era…

No terminó la frase, no podía terminarla, se hizo un ovillo y cerró sus ojos negros, tratando de evitar que más lágrimas continuasen fluyendo.

- Ya… ya Severus… yo estoy aquí… yo siempre voy a estar aquí.

- Duele mucho…

- Yo siempre… voy a estar aquí.

Ambos se quedaron en silencio, mientras Lucius deslizaba sus dedos entre las negras hebras de cabello del menor, quien levantó su mirada para poder observar a su compañero.

La noche anterior, el dolor había sido tan grande, su pecho se había sentido tan lleno de rabia, de impotencia, de soledad… y Lucius había cambiado todo eso.

Una de las manos del joven se levantó, trémula y vacilante hasta tocar la mejilla del rubio, quien se recargó en ella afectuosamente, deslizando ahora sus dedos por las mejillas cetrinas del pequeño Slythering.

- Yo siempre… voy a estar aquí para ti, Severus.

Aquellas palabras hicieron que el muchacho se partiera, que buscara el consuelo donde no debía, que confiara en quien no debía confiar.

Hizo una breve presión en el rostro de su compañero y este acató la orden sin vacilar, siguiendo la trayectoria que Snape le marcaba hasta inclinarse encima de él, rodeándole con sus brazos, tomando los labios que le ofrecían, sellándole así todas las salidas.


Poco mas tarde, la corroída puerta de madera se abrió y Lucius emergió aún arreglándose la ropa, encontrándose fuera a Narcisa, quien se mantenía cruzada de brazos y recargada en la pared.

- Necesitamos bajar la presión Lucius, vamos a romper al bebé.

- No la bajaremos de ninguna manera.

- Si sigues así, es probable que el mocoso acabe enamorándose de ti.

- Eso no pasará, Severus no es tan idiota como para hacer eso.

- ¿Y si te enamoras tu de él?

Lucius la miró un segundo, luego sonrió con tristeza.

- Eso no pasará, Cissy… yo ya estoy enamorado de alguien.

Ambos se miraron, y la rubia se mordió el labio, sin saber si eso que estaba sintiendo en su interior eran nervios por saber si la persona que Lucius amaba era ella, o miedo, por que fuera alguien mas.

- ¿Encontraste el vestido?

- Se lo entregué a uno de tus abogados, se ven muy extraños vestidos de muggles.

- Tendré que pagarles extra por eso.

Ambos se encaminaron por el pasillo, para luego escudriñar la sucia sala. No había ni rastro de Tobías, y eso era bueno, por que mientras no estuviera cerca, menos contacto con la mugre tendrían.

Lucius agitó su varita en el aire y materializó dos butacas de terciopelo color vino, donde tomaron asiento él y su acompañante.

- Lucius…

- ¿Umm?

- Es en serio, no debes presionarlo tanto. Va a terminar dependiendo de ti si sigues de esa manera.

- No puedo.

- ¿Por qué?

El rubio se recargó en uno de los brazos de su butaca y cruzó su pierna, poniendo su mentón en una de sus manos, adoptando así un aire pensativo.

- Estás torturándolo, es solo un bebé, y lo estás torturando.

- Es la única manera, Narcisa. Si no mantengo la presión, tendrá tiempo de afligirse, no voy a permitir que se aflija, no hay lugar para que se aflija. La aflicción se convierte en aceptación… la aceptación en perdón.

Se hizo un tenso silencio, y Lucius se puso de pié, paseando de un lado al otro de la habitación.

- Si se aflige… el crío perdonará lo que nunca debe perdonarse.

Luego, sus ojos metalizados se encontraron con los azul cielo de Narcisa, en un gesto feroz que la hizo acercarse, atraída hacia él como un imán, la hizo abrazarse a su espalda colocando sus manos sobre sus hombros.

- Los muggles… Narcisa, los muggles no merecen el perdón.

Ella sonrió cuando el muchacho, aún mirando al vacío apretó una de las manos de ella entre las de él.

- Si Lucius… tienes razón… lo había olvidado.

TBC…


Hola!!

Nota especial. Todo eso sobre la aflicción, la aceptación y el perdón, no son completamente originales míos, es una pequeña adaptación de las sabias palabras del maestro Frank Miller en su exitoso trabajo "Batman y Robin, el joven maravilla" No. 2.

El texto original dice:

"¿Que estoy haciéndole a este niño? ¿Quién demonios creo que soy? Estoy torturando a este niño. Torturándolo. Solo mírenlo. Es un bebé. Y estoy torturándolo. Estoy haciendo algo terrible. Pero es la única manera. Si no mantengo la presión, tendrá tiempo de afligirse. No puedo dejar que se aflija. La aflicción es el enemigo. No hay tiempo para afligirse. No hay lugar para la aflicción. La aflicción se convierte en aceptación. En perdón. La aflicción perdona lo que nunca puede perdonarse. Nunca."

Esto fue colocado con la intención de que vean todo el sentimiento de estas frases, y no con ninguna intención de lucro, pues yo no gano absolutamente nada, pero me parecieron excelentes para demostrar lo que Lucius le estaba haciendo a Severus.

Espero que les gustara.

AVISO IMPORTANTE

Mañana, sábado 26 de Julio, voy a tener una cirugía para que me extraigan las cuatro muelas del juicio.

Después de la cirugía, (o sea, que me abran las cuatro encías, me saquen las condenadas muelas y me vuelvan a coser) me esperan cinco días de MUCHO dolor y reposo absoluto, además de una dieta de licuados y comida no mas dura que el aire.

Los que ya han pasado por esto, me comprenderán.

Me retiran los puntos el próximo sábado 2 de Agosto. Sin embargo, ese mismo día me van a colocar una banda, y al día siguiente me van a colocar los brakets. (Si, me estoy poniendo frenos)

Obviamente, (y para aquellos que también traen, o han traído frenos) voy a quedar con la boca echa garras y según me han informado, después de que te los colocan te trae de cabeza un dolor de la fregada. Es por tanto, que siento decirles que en por lo menos dos semanas no van a saber nada de mi, sin embargo, apenas me sienta un poquito bien, y que mi mamá me permita salir, les PROMETO que vengo a subir los siguientes capítulos. ¿De acuerdo?

Las respuestas de los reviews se las voy a deber para la próxima, de veras lo siento, pero ya es muy tarde y me van a cerrar el ciber, y mi cirugía es mañana a las once, así que no tengo tiempo de publicar mas tarde ni mañana temprano.

A la próxima se los contesto, de acuerdo??

De todas maneras, muchas gracias a todos! Ya saben que los llevo en el alma a todos y cada uno!

Cuídense mucho, y los quiero bastante a todos.

Atte. Lady Grayson, la oscuridad