"Aquel Ayer"
By: Lita Wellington
Capítulo Dos "Mi pasado Vergonzoso"
El trayecto de la redacción al departamento donde hablarían Lucius y Diane fue de lo más silencioso, ella por su parte lo observaba discretamente por el retrovisor, comprobando que los nueve años de ausencia no han hecho ninguna mella en él, sigue siendo el hombre seductor que conoció en aquel pub de una concurrida calle en el centro de Londres años atrás.
Después de una hora de trayecto, llegaron a un conjunto de departamentos de una zona de clase media, Diane estaciono el auto en su respectivo cajón, subieron al elevador y ella apretó el botón del piso siete, el tiempo se le hizo eterno, tenía demasiadas preguntas y los nervios la carcomían por dentro, cuando llegaron al departamento 707, saco las llaves de su bolsa para abrir pero estas se le cayeron en dos ocasiones, se maldijo por tanta torpeza.
Lucius observo que no había ningún cambio en el departamento donde vivió los mejores años de su vida, los sillones, los cuadros, la cocina, una foto de ellos en St. James, todo estaba en su sitio, al llegar a mitad de la sala observo algo nuevo, era una foto de Diane y su hija Lavinia, una niña muy hermosa de cabello rubio cenizo y ojos grises como los de él.
- Es tu viva imagen Lucius – Diane tomo la foto de la repisa en sus manos- deseas tomar algo – volvió a dejar la foto en su sitio.
- Por favor, me apetece un brandy – respondió Lucius mientras tomaba asiento en uno de los sillones.
Diana regresaba con una copa de brandy y se la entregó a Lucius, un simple roce con los dedos de ella y todo fue cuestión de segundos, Lucius la jaló para abrazarla y fundirse en un beso lleno de deseo y pasión, la copa con brandy quedo hecha añicos aun lado de ellos, simplemente era la gloria, la redención anhelada, sus ropas cayeron descuidadamente en otro de los sillones, al tenerla desnuda y dispuesta la colocó sobre la alfombra, para volver a besar sus labios, cuello, hombros, saboreo el néctar de sus pechos, Diane jadeaba de deseo al sentirse mimada por las caricias que le prodigaba Lucius.
Al sentirlo dentro de ella, lo atrajo a su cuerpo enterrándole las uñas en la espalda, escucho que el pedía que lo volviera a hacer y lo complació, el orgasmo que vino después era el cielo mismo, sus respiraciones comenzaron a normalizarse, pero esto no acaba en la alfombra, se levantaron y se dirigieron a la habitación para continuar amándose el uno al otro.
El edredón, las cobijas quedaron olvidadas en el piso, la necesidad de amarse era su mayor prioridad, tenían que compensar los años que estuvieron alejados, Diane abrazaba a su amante con posesión, sus manos recorrían la espalda de él tocándolo en los puntos más sensibles, Lucius la admiraba como una diosa griega, su ego masculino se regocijaba al saber que ella aún lo amaba, le quedo más que claro cuando le exigía que no parara que deseaba ser solo de él, que tenían toda la noche para amarse.
Eran las 3:23 a.m., cuando Lucius despertó de una pesadilla, soñó que Diane y Lavinia, eran tragadas por la oscuridad, el corría para auxiliarlas, pero no llegaba a tiempo para rescatarlas y el sucumbía ante el dolor de perderlas.
Diane dormía plácidamente en sus brazos, su cabello negro azabache llegaba a la cintura y una delgada sábana cubría de la cintura hacía abajo dejando al descubierto sus senos y la respiración de ella era acompasada, tenía un sueño tranquilo y para él fue un alivio, era tanta su necesidad de tenerla de nuevo, volvió a colocarse encima de ella, besando su frente, sus mejillas.
- Lucius tengo mucho sueño, déjame dormir un rato quieres – Diane estaba despierta pero aun con los ojos cerrados.
- No quiero, eres mía y deseo estar de nuevo dentro de ti – Lucius la volvió a penetrar y comenzó a moverse lentamente.
La cama golpeaba con fuerza en la pared de la habitación, testigo de aquel encuentro y de aquellos años felices donde una noche fue concebida Lavinia, minutos después los amantes dormían abrazados, no importando el mañana, solo eran Diane y Lucius.
= o =
La luz de día entraba por la ventana de la habitación el reloj marcaba las 10:00 a.m.
- Buenos días amor, te traje el desayuno – Diane entraba con una bandeja llevando leche, fruta, jugo y tostadas y mostrando una sonrisa radiante.
- Gracias Diane, pero tenemos que hablar – Lucius se levantó de la cama tomo sus pantalones que Diane había dejado en la silla cercana al escritorio, tomo nuevamente asiento en la cama y poder hablar con ella.
- No puedes esperar por favor, quiero compartir este momento contigo, cuando terminemos de desayunar hablaremos de todo lo que tú quieras pero hazme feliz con este capricho que tengo por favor.
Lucius no pudo negarse, cuantas veces deseaba estar así con ella, nunca se perdonó el día que la abandono para servir a Lord Voldemort, dejo todo principalmente la felicidad verdadera con ella y Lavinia su pequeña purificación, su hija creció sin la figura paterna que necesitaba, una hora después de terminado el desayuno, ambos se encontraba vestidos y tomaron asiento en uno de los sillones de la sala, se miraron a los ojos y Diane esperaba.
- Diane, en primer lugar te pido perdón por haberte dejado sola con nuestra hija, en aquel entonces una fuerza mayor me obligo alejarme de ti para protegerlas, segunda son un mentiroso repulsivo, te dije que era viudo y que no tuve hijos de mi primer matrimonio, en realidad aún sigo casado y mi hijo se llama Draco tiene 23 años – Lucius guardó silencio, Diane no mostraba ninguna alteración – tercera yo no pertenezco a este lugar, yo… - tomando algo de aire – vengo de descendientes de magos, no son los magos que ustedes observan en los lugares que llaman circo y se divierten, mi procedencia es aún mayor te lo mostrare – tomo su varita que tenía en la chaqueta de su saco y conjurando un hechizo apareció un cisne blanco.
Dañe a gente inocente y lo más vergonzoso cometí asesinatos en nombre de un hombre repulsivo de mi mundo, mi familia los Malfoy somos magos de "Sangre Pura"- Lucius ironizo en la última frase - me enorgullecía de serlo, sin embargo al conocerte todo eso cambio, diste a mi vida una nueva esperanza y estaba dispuesto a afrontar lo que viniera para protegerte.
El tatuaje de serpiente que llevo en mi brazo izquierdo, significaba que pasara lo que pasara debía obedecer al Mago Tenebroso a quien le jure fidelidad, cuando me marche de tu lado, fue porque él regreso, no lo hice para buscar la gloria eterna quien siempre anhele, lo hice para proteger a mi hijo y a ustedes, no iba a permitir que mis errores pasados los perjudicara.
Nuevamente tuve que ser, el sirviente servicial y anhelante de poder, mi cuñada Bellatrix Lestrange, descubrió de su existencia, ella ferviente servidora de aquel mago y tuve que pagar su silencio obedeciendo en todo.
- Lucius, por favor ya no sigas, quería respuestas y esto pasa de la realidad, es una fantástica historia, solo que… no puedo creerte y por favor te pido que te vayas en este momento, olvídate que existimos – Diane se levantó del sillón para que Lucius hiciera lo mismo
- Diane por favor – suplicó Lucius
- ¡Te digo que te largues! – ella alzó la voz para que se callara – solo te agradezco el mejor regalo que me diste y fue ser madre de una maravillosa, entiendo que cometiste tus errores pero ya tienes una familia y debes respetarla, date la idea que nosotras ya estamos muertas para ti.
- Me niego a aceptar lo que me pides, no quiero volver a perderlas – Lucius trato de tomarla de los brazos, ella se negó rotundamente retrocediendo de su agarre.
- Lavinia sabe que su padre está de viaje y que no puede estar con nosotras, que estúpida mentira – Diane ya podía hablar un nudo en la garganta se lo impedía.
- Yo te amo, fuiste mi salvación, no niegues que no sientes nada por mí, ayer me lo demostraste al ser nuevamente mía.
- Vete por favor y cierra la puerta en cuanto salgas – Diane lloraba dejándose caer en el sillón.
- En mi mundo hay una escuela de nombre Hogwarts es donde personas como yo aprendemos magia y los estudios empiezan a partir de los once años, Lavinia ya tiene la edad autorizada para ingresar, el Ministerio de Magia que nos rige pudo localizarlas, además me dieron a escoger sobre su futuro y esto también te concierne a ti, dejar que Lavinia sea una niña normal como hasta ahora o que conozca el mundo de la magia y sea una Malfoy – Lucius dejo el sobre con la aceptación del colegio sobre la repisa donde estaba la foto de ellas y salió del departamento.
Diane se derrumbó sobre la alfombra hecha un ovillo, las lágrimas cubrían su rostro, no podía dar crédito a la plática que sostuvo con Lucius, siempre le pareció un hombre misterioso, de gustos elegantes, no podía aceptar que destruyo vidas inocentes para beneplácito de un tercero, pero ¿era justo que su hija sufriera las consecuencias?, ahora se encontraba entre la espada y la pared.
Ya no era momento de llorar, tenía que llegar a casa para estar con su hija, después se secarse sus últimas lágrimas, se levantó con algo de trabajo su cuerpo se encontraba entumecido por la posición en la que estaba, al pasar junto a la repisa de fotos vio un sobre con una caligrafía muy elegante con el nombre de Lavinia Grace, trato de abrirlo pero fue en vano, ahora era su decisión de aceptar o no que su pequeña fuera a ese colegio.
Diane se sobresaltó al escuchar que tocaban a la puerta, nadie sabía que estaba ahí, no quería abrir pensando que era nuevamente Lucius, sin embargo se arregló un poco el cabello y se dio unas palmaditas en sus mejillas para darse un poco de color después de haber llorado.
- Si, buenos tardes, ¿qué se les ofrece? – Diane observó que en su puerta estaban un hombre y una mujer vestidos de una manera muy extraña.
- Disculpe la Sra. Diane Grace – pregunto la mujer
- Si soy yo – cerro un poco la puerta a los visitantes
- Mi nombre es Minerva McGonagall, soy la directora del Colegio de Magia y Hechicería Hogwarts, la persona que me acompaña es el Ministro de Magia Kingsley Shacklebolt.
- Me imagino a lo que han venido, por favor si son tan amables de pasar, que a estas alturas de mi vida, puedo escuchar todo lo que esté relacionado con mi hija – Diane les indico que tomaran asiento en los sillones de la sala - les puedo ofrecer algo de beber, té, café.
- No se preocupe estamos bien, solo esperábamos que el Sr. Malfoy saliera de aquí y poder hablar con usted, tome asiento y le daremos nuestras razones para que su hija este con nosotros en nuestro mundo, muy pocas personas de su condición nacen con el don pero ella siendo hija de un mago de sangre pura, se encuentra marcada desde su nacimiento.
- Creo que el Sr. Malfoy le informo parte de su anterior vida – continuo con la conversación el Ministro de Magia – por eso me encuentro aquí para contestar todas sus dudas si eso le puede ayudar.
- Creo que esto va tardar y si tengo muchas preguntas, Lucius me hablo de un mago tenebroso al cual servía – Diane entrelazo sus dedos en su regazo.
- Como usted dijo Sra. Grace esto tardará – respondió Minerva McGonagall, saco su varita de la túnica y haciendo una floritura con la mano derecha apareció un servicio de té con galletas – no se preocupe tienen el mismo sabor que el que ustedes beben a las cinco de la tarde.
Diane acepto la taza de té humeante, al degustarlo comprobó que era el mismo sabor y mejor aún a los que ya había probado con anterioridad.
- Entonces comencemos… - dijo el Ministro de Magia
Al escuchar todas las respuestas a sus preguntas, Diane, poco a poco fue conociendo el mundo de Lucius, descubrió que su hija heredero un alto nivel de magia y era necesario que ingresara al colegio, sabía que no iba a ser fácil para ella por ser hija de quien era un mago de Sangre Pura y fiel seguidor del Mago Tenebroso que se hacía llamar Lord Voldemort y de una muggle como se referían a las personas no mágicas.
La levitación de juguetes, el reloj bailarín, las apariciones en los lugares más inaccesibles para que su hija pudiera llegar como una azotea o en la copa de un árbol, al fin podía comprenderlo todo.
= o =
En otra parte de la ciudad una pequeña niña leía un libro con mucha atención mientras se mecía en un columpio escucho el revolotear de un ave pero ella seguía con su lectura.
- ¿Qué es esto? – la niña vio que del cielo le cayó un sobre y una lechuza revoloteaba a su alrededor – ven pequeña – la lechuza se posó en su cabeza y ella seguía observando el sobre el cual indicaba su nombre Lavinia Grace, al pasar sus dedos por las letras de su nombre estas cambiaron drásticamente por Lavinia Malfoy, no se sorprendió por ese detalle ya estaba acostumbrada a muchas situaciones como esa y una más aumentaba su repertorio de vivencias.
Lavinia abrió el sobre desdoblo la hoja que se encontraba a la mitad y empezó a leer su contenido…
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA
Querido señor Lavinia Malfoy:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente,
Minerva McGonagall
Directora
Uniforme
Los alumnos de primer año necesitarán:
Tres Túnicas sencillas de trabajo.
Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.
Un par de guantes protectores.
Una capa de invierno.
Libros
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
El Libro Reglamentario de Hechizos Miranda Goshawk
Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot
Teoría Mágica, Adalbert Waffling
Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch
Mil Hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore
Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger
Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, Newt Scamander
Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble
Resto del equipo
1 varita.
1 caldero de peltre número 2.
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.
Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato, una rata o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS ALUMNOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS
Continuara:
Ya está listo el segundo capítulo de Aquel Ayer reeditado, anteriormente el capítulo se titulaba "Solo una cosa más", con los cambios realizados ahora se titula "Mi pasado vergonzoso".
Los personajes y la carta de aceptación de esta historia son propiedad de J.K. Rowling, a excepción de Diane y Lavinia Grace que son de mi autoría y es sin fines de lucro.
Lita Wellington.
